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8 de Octubre, 2006

"Efectos perversos del ácido bórico" por Casimiro Garcia-Abadillo

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 14:00, Categoría: Informe del Acido Bórico

La detención del máximo responsable del Grupo Islámico Combatiente Marroquí, Hasan Haski, en diciembre de 2004, fue considerada por la Comisaría General de Información como un gran paso en la investigación sobre la autoría intelectual del 11-M. La relevancia del papel de este islamista no sólo no ha disminuido, sino que ha ido ganando enteros con el paso del tiempo, hasta el punto de que la fiscal del caso, Olga Sánchez, le considera, junto a 'Mohamed El Egipcio', como el «instigador fundamental» del atentado.

En el mes de marzo de 2005, la UCIE remitió a la Policía Científica para su análisis una sustancia encontrada en el piso de Haski en Lanzarote. La UCIE no sólo quería saber de qué se trataba, sino que pidió a la Policía Científica que la relacionara con otros grupos o acciones terroristas.

El día 21 de marzo, los peritos Manuel Escribano, Isabel López y Pedro Manrique concluyeron y firmaron el informe 48-Q3-05 en el que se determinaba que la sustancia en cuestión era «ácido bórico». En el mismo escrito hacían mención a dos informes periciales anteriores en los que dicha sustancia había aparecido: el 868-Q1-01, en relación al registro de un piso franco de ETA en Salamanca; y el 524-Q1-99, en relación a la detención de Iván Martínez Gómez.

Los peritos afirmaban en su escrito que aunque ignoraban «su verdadera aplicación en relación a estos hechos, existen varias posibilidades, tales como: conservante de los explosivos de tipo orgánico, enmascarar al explosivo para no ser detectado por los perros especialistas en detección de explosivos, etc.».

La misión de los peritos es relacionar las sustancias con los posibles hechos delictivos que se investigan, no relatar el uso común de las mismas, lo que no aportaría ningún dato de valor a los encargados de la investigación. Por ejemplo, sería absurdo que en un informe sobre la cloratita, los peritos se dedicaran a reseñar los usos en jardinería y agricultura de algunos de sus componentes.

Sin embargo, en el caso del ácido bórico parece que los peritos han cometido un sacrilegio al indicar (como le pedía la UCIE) sus posibles usos en relación a acciones terroristas. Según algunas versiones, se extralimitaron en sus funciones y lo que deberían haber hecho en su informe debió limitarse a relatar sus cualidades como matacucarachas o conservante para gambas.

Los graciosillos de turno, siempre dispuestos a hacer chistes al gusto del Gobierno, pasan por alto el hecho de que los peritos de la Policía Científica son profesionales cualificados que hacen su trabajo en relación siempre a hechos delictivos.

A la labor de desprestigio de los peritos, instigada desde la propia dirección de la Policía Científica, se han prestado gustosos muchos periodistas y políticos para los que el ácido bórico se ha convertido de súbito en elemento de uso común en todos los hogares españoles. ¿Quién no ha comprado un kilo de ácido bórico para matar cucarachas?

Si en la relación de hechos terroristas anteriores a la detención de Haski los peritos hubieran detectado ácido bórico, por ejemplo, en los domicilios de 'El Tunecino' o de Jamal Ahmidan, todo estaría clarísimo: el ácido bórico sería entonces un elemento imprescindible para la conservación de la Goma 2 ECO (explosivo con componentes orgánicos).

Sin embargo, el problema es que el grupo terrorista que apareció en los archivos de la Policía Científica era ETA y no cualquier grupo salafista.

Lo que a Francisco Ramírez y a Miguel Angel Santano les molestaba del informe de los peritos no era que no se reseñaran en él los múltiples usos domésticos de la sustancia analizada, sino que a través de dicha sustancia se podía establecer un nexo, por más débil que fuese, entre el 11-M y ETA.

Y, para el Gobierno, ETA en relación al 11-M es anatema. Los informes que se han remitido a la Audiencia, casi siempre a petición del juez y tras la publicación de informaciones en EL MUNDO, sobre indicios que podían relacionar a ETA con el 11-M no sólo son sesgados, sino que carecen del más mínimo rigor. Cualquier observador imparcial que haya leído con detenimiento el sumario del 11-M habrá podido comprobar hasta qué punto los mandos policiales han esquivado, cuando no eludido, las referencias a ETA en pistas en las que su mención era absolutamente relevante, como en el caso de la fórmula de la cloratita encontrada en un papel manuscrito en la celda de Abdelkrim Bensmail.

Tras presionar sin éxito en dos ocasiones a Escribano para que modificara las observaciones del informe 48-Q3-05, Ramírez, en connivencia con Santano y probablemente con el conocimiento del comisario general de Información, Telesforo Rubio, decidió modificar el informe, eliminando las observaciones, retirando el nombre de los peritos y atribuyéndose falsamente la realización de los análisis en el laboratorio que determinaron la naturaleza de la sustancia.

Para hacerlo, hubo que llevar a cabo una cadena de falsedades (en el libro de custodia de muestras, en el sobre con los requerimientos desde la UCIE, etcétera).

Ni Ramírez, ni el jefe de la Unidad, Andradas, ni, por supuesto, Santano, informaron a Escribano y a sus dos compañeros de que el informe remitido al juez Del Olmo no había sido el realizado por ellos el día 21, sino otro falseado de forma chapucera el día 22 de marzo y firmado en solitario por el jefe de Sección.

Por esa razón, cuando el día 11 de julio de 2006, a instancias del ministro del Interior, los tres peritos rescataron del servicio de documentación los seis análisis que habían hecho sobre sustancias relacionadas con el 11-M se llevaron las manos a la cabeza al descubrir que, en el sobre que contenía dichos informes, el 48-Q3-05 no era el suyo, sino el falsamente realizado por Ramírez.

Fue entonces cuando Escribano sacó de su ordenador una copia del informe auténtico y lo pasó a sus compañeros para que lo firmaran de nuevo. Para que quedara constancia de que el informe 48-Q3-05 del 21 de marzo era el bueno, le hicieron firmar un documento al jefe de Unidad Andradas en el que éste reconoce que la autoría de todos y cada uno de esos seis informes es de Escribano, López y Manrique.

La publicación por EL MUNDO, el pasado 21 de septiembre, del informe auténtico y del que se falseó con la intención de ocultar al juez la vinculación con ETA supuso un auténtico terremoto.

En primer lugar, porque pone de manifiesto la comisión de dos posibles delitos penados con cárcel e inhabilitación en los que podrían haber incurrido los mandos de la Policía Científica.

En segundo lugar, porque dicha falsificación demostraría documentalmente que la investigación del atentado ha estado orientada desde la Policía a ocultar cualquier vínculo con ETA.

Y, en tercer lugar, porque deja en mal lugar a los medios que han defendido a capa y espada que los hechos y la autoría del 11-M están muy claros y que la investigación policial ha sido modélica.

La enorme presión mediática, la utilización espúrea de la Justicia y el nerviosismo del Gobierno sólo tienen una explicación. Los hechos acaecidos son graves y pueden llevar a la cárcel a algunos de los jefes policiales más identificados con el PSOE.

Como puede verse, el ácido bórico tiene, además de probadas cualidades como conservante e insecticida, unos demoledores efectos secundarios... políticos.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 9 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

"El festín de Baltasar" Pedro J. Ramirez

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 12:00, Categoría: ¿Garzón ha Prevaricado?

«Fuego de insania brilla/del ebrio soberano en la mejilla,/que el vino en él provoca/ temeridad fatal y audacia loca,/llevando su osadía/hasta ultrajar a Dios con lengua impía./Y blasfema, y blasfema, y cada instante/su impiedad es mayor; y delirante,/la cortesana multitud lo aclama».

(Baltasar de Heinrich Heine)

Pocos minutos antes de la medianoche del martes 7 de febrero de 1995 llamé por teléfono al juez Garzón a su domicilio para mostrarle mi solidaridad frente al infundio que, según acababa de escuchar por la radio, publicaría al día siguiente uno de los dos diarios que con más entusiasmo han aplaudido ahora sus desmanes procesales. La banda de Interior le acusaba nada menos que de haber pagado con dinero de los fondos reservados unas vacaciones que había pasado en la República Dominicana junto a su esposa y su cuñada.

- Mira, Baltasar, tú sabes que cuando nos ha parecido mal algo que has hecho lo hemos publicado y ahí están las peripecias de estos últimos años, pero cuando se recurre a cosas de este tipo...

- La presión es tremenda. Hay momentos en que me dan ganas de dejarlo todo...

- No, eso no puedes hacerlo.

- Pues ya ves, de momento ya han metido a mi familia. Y preparan no sé qué historias de putas y de droga...

- Que sepas que te vamos a apoyar a tope porque lo que está en juego es que en España la Justicia sea igual para todos...

- Van a decir que voy violando prostitutas, que consumo cocaína y que me he reunido en secreto contigo y con el PP...

- Pero es imposible demostrar lo que no ha existido...

- Eso no importa. Pedro J., están desesperados. Son capaces de matar si hace falta. Tengo razones para temer por mi vida.

Tal y como recordé en mi libro Amarga Victoria y vuelvo a recordar perfectamente ahora, «aquella noche colgué el teléfono con un nudo en la garganta». No era para menos: un juez de la Audiencia Nacional me estaba confesando que temía que agentes del Gobierno le asesinaran. El antecedente más inmediato de aquella conversación había sido la alocución contra Garzón por parte del ex director de la Seguridad del Estado Julián Sancristóbal, retransmitida en directo por la televisión pública desde el plató de la cárcel de Alcalá Meco. Y su secuela directa fue la corroboración por EL MUNDO de que algunos de los temores del juez estaban más que fundados, al desvelar tan sólo nueve días después que 20 policías a las órdenes del comisario jefe Carlos Rubio habían elaborado el infamemente bautizado como Informe Veritas, entregado en secreto al Juzgado número 46 de Madrid.

En dicho informe se aseguraba literalmente que un grupo de narcotraficantes, «conocedores de su obsesión por las mujeres», había logrado introducir a Garzón «en fiestas aparentemente inocuas y en orgías donde puede disfrutar de dos y hasta tres mujeres a la vez, donde se consume coca y se abusa del caviar y del champán francés, y en más de una fiesta se hicieron filmaciones en vídeo y fotografías».

Si hubiera imaginado la que me iban a montar a mí un par de años después, probablemente la burla despectiva ante tan patético relato no se habría abierto camino junto al escalofrío que producía pensar que si los agentes de Corcuera y Vera habían intentado endosarle lo de las putas, tal vez también estuvieran, en efecto, preparando el darle matarile. «Me temo que alguien quiera quitar de en medio al juez Garzón», llegó a advertir por esas mismas fechas el coordinador de Izquierda Unida, Julio Anguita. «Reclamo una especial protección para él».

Tanto los lectores más jóvenes como aquellos especialmente desmemoriados comprenderán ahora que, con estos antecedentes, yo entendiera mejor que nadie cuánta sabiduría había en las palabras del presidente del Poder Judicial, Francisco Hernando, cuando el jueves comentó que un juez «con la entidad y la experiencia» de Garzón difícilmente podría sentirse «intimidado» por la gavilla de críticas periodísticas que ha disonado estos días del coro de loas generalizadas con que la mayoría de los medios ha acogido su montaje contra los tres honrados policías que osaron intentar advertir al nuevo ministro del Interior de la falsificación de su informe.

A mí no me gusta que en ningún periódico, y menos aún en el nuestro, se ridiculice la apariencia física de nadie o se incurra en la exageración de etiquetar su conducta como «nazi», pero coincido con Hernando en que parece inverosímil que tal licencia de un columnista -y ese pellizco de monja es lo más fuerte que se ha escrito sobre Garzón en estos días- haya llegado realmente a inquietar su «independencia» o menos aun a «perturbar ferozmente» -como él mismo alega- a quien comenzó a forjar su leyenda de adalid de la justicia universal combatiendo la calumnia de Estado y temiendo fundadamente por su vida.

Y en cuanto a lo del «montaje», lo de la «criminalización de los peritos», lo de la «trampa procesal» y lo de los «elementos indiciarios de la prevaricación tal y como ha sido definida por la doctrina del Tribunal Supremo», conceptos que aquí mismo mantengo y reitero, pues ajo y agua. ¿O es que ni siquiera va a caber en la libertad de expresión de una democracia que haya un periódico, una radio y un par de sitios de internet que puedan decir y argumentar en ese orden de cosas sobre un juez al que todos los demás cubren de flores?

Agradezco las múltiples llamadas de afecto, aplauso y apoyo, pero no es cierto que los productores de 59 segundos manipularan la realidad mediática al organizar el miércoles un cinco contra uno. Más bien se quedaron cortos ya que, si se trataba de servir de espejo al debate periodístico, lo justo habría sido que me hubieran puesto a diez compañeros enfrente, pues no es otra la correlación de fuerzas. Claro que ni las batallas de la opinión pública ni menos aún las de los tribunales se deciden en función de la cantidad de voces, sino por mor de la calidad argumental de cada una. Y algo querrá decir que entre los juristas la ecuación sea más o menos la inversa: por cada estudiante de Derecho, letrado en ejercicio o catedrático de Penal capaz de justificar lo que procesalmente han hecho Garzón y su compadre el fiscal Zaragoza hay como mínimo una decena cuya percepción de lo ocurrido oscila entre la vergüenza ajena y la recomendación de que se deduzca testimonio contra ambos.

Cuando se produjo mi llamada de hace 11 años la situación era exactamente la opuesta: se contaban con los dedos de la mano los periodistas que le apoyábamos, pero el mundo del Derecho estaba rotundamente de su lado. Aunque ya se había producido su viaje de ida y vuelta a las listas de míster X, el empeño de Garzón por esclarecer los crímenes de los GAL era, efectivamente, tal y como yo se lo dije aquella noche, la causa de «la igualdad ante la ley», de la tutela judicial efectiva que merece cualquier víctima y de la primacía del Derecho sobre la razón de Estado. Cuando el instructor del Tribunal Supremo refrendó todos y cada uno de sus pasos procesales y el pleno de la Sala Segunda convirtió en hechos probados sus averiguaciones sumariales, quedó reivindicada no sólo una persona sino, contra viento y marea, la propia concepción democrática de la Justicia.

De entonces a ahora ha llovido de todo con remite del Juzgado de Instrucción Central número 5. Desde la villanía contra Liaño hasta la audaz y encomiable persecución de Pinochet, desde la chapuza de la operación Nécora hasta los macrosumarios que retratan atinadamente la poliédrica realidad de ETA, desde la sensibilidad del cooperante en la lucha contra la droga, la exclusión y la pobreza hasta la ofuscada megalomanía del activista capaz de incitar en un mitin a que se coree el grito de «¡asesino!» contra el presidente del Gobierno. Y eso sin entrar en los aledaños del 11-M y la espantada neoyorquina, que tiempo habrá para ello. Hay en él tantos heterónimos jurídicos, que hasta ahora era imposible responder si se estaba a favor o en contra de Garzón sin pedir la aclaración previa de a cuál de ellos se refería la pregunta. Pero es midiendo a todos esos siempre osados garzones por el único rasero posible -el del principio de legalidad- como peor parado sale el malabarista marrullero de estos días.

Si el Garzón bregado en mil batallas, acostumbrado a ver muy de cerca las orejas -y los colmillos- de los peores lobos se hace ahora la damisela ofendida por columnistas, tertulianos y diputados a quienes en la práctica desprecia es, de hecho, porque sigue siendo lo suficientemente inteligente como para darse cuenta del hondo escándalo, de la profunda decepción, de la sensación de sacrilegio y de blasfemia que su oportunismo sin escrúpulos está causando entre esa escogida élite que componen los más amantes del Derecho y los mejores conocedores de las leyes.

Garzón necesita que el barullo, la confusión y el ruido fruto de sus arbitrariedades sea lo más intenso y duradero posible, no vaya a resultar que cada pieza vuelva a quedar encajada en su sitio y la serenidad permita que se escuchen las voces de la ciencia y la decencia e incluso que entre ellas aparezca, pidiendo asilo y refugio, la de la propia conciencia de aquel juez honrado que hace ya muchos años él mismo pretendió ser.

Y, efectivamente, hablo de «blasfemia» en sentido análogo al inducido en el sentimiento romántico del poeta alemán cuyos versos, arrojados sobre los manteles del hijo de Nabucodonosor con toda la cólera del sturm und drang, han servido de introducción a este artículo. O tratando, desde luego, de transmitir con los pobres recursos expresivos a mi alcance el mismo mensaje que tan magistralmente plasmó Rembrandt en su famoso lienzo sobre el mismo asunto, inspirado en el capítulo V del Libro de Daniel.

Era tanta mi admiración por el historiador británico Simon Schama que, cuando después de escribir Citizens -la mejor historia de la Revolución Francesa de la segunda mitad del siglo XX- publicó Rembrandt's eyes, a la primera oportunidad que tuve acudí a la National Gallery de Londres con su libro bajo el brazo para volver a ver la media docena de lienzos emblemáticos del gigante holandés allí depositados, con la mirada de esos ojos que, de repente, se me abrían.

Fue una experiencia inolvidable repasar con tan sabia y a la vez intuitiva guía literaria los retratos de ancianos que reflejan la pletórica confianza de aquella primera burguesía flamenca de comienzos del XVII segura de sus valores o el cuadro que muestra a su amante Hendrickje levantándose el camisón y contemplando el reflejo de sus muslos en el agua porque, como bien dice Schama, «Rembrandt no la admira como a una posesión, sino por su dominio de sí misma, y la capta como si fuera de soslayo en un acto de ensimismamiento». Pero el éxtasis llegó con su reinterpretación de El festín de Baltasar, teniendo el lienzo delante.

La escena recoge el estupor del príncipe babilonio y sus invitados cuando la mano misteriosa del destino escribe en la pared la profecía del fin de su reino. Pero más importante aún que lo que nos cuenta que está sucediendo en ese momento es lo que nos recuerda que acaba de suceder poco antes: la exuberancia, el derroche de sensualidad, pompa y circunstancia de un banquete en el que el desenfreno ha desembocado en la profanación de lo más venerable. Los metales preciosos, el armiño, la seda, el resplandor de la carne desnuda, los chorros de vino que derraman los cálices sagrados... todo estalla ante los sentidos, todo nos deslumbra, nos embriaga y nos seduce hasta acercarnos, en un viaje de pictórica operística, a la frontera en la que la transgresión engendrará la tragedia que engullirá a los transgresores.

Schama lo explica así: «Aquí el oro no cae sobre el relato en forma de bendición, sino como maldición: no como irradiación, sino como una especie de contaminación leprosa que recubre el manto ornamentado del rey y resplandece ominosamente en las vasijas incautadas por el príncipe de Babilonia del templo de Jerusalén y profanadas al usarlas como vajilla para su banquete».

Pues bien, no podría describir con mejores imágenes ni palabras más precisas la sensación de agravio en sus convicciones más íntimas que he percibido yo estos días tanto en grandes juristas a los que admiro como en los aprendices y amateurs -aquellos que más aman lo que hacen- que pluma en ristre han convertido el Derecho en su referencia y vocación. Aunque durante las siete horas en las que tuvo a su principal víctima haciendo antesala el juez sólo consumiera una cerveza y dos chapatas, para todas estas personas el verdadero y oprobioso festín de Baltasar no ha sido ninguna de aquellas bacanales de las «tres mujeres a la vez» -ya me contarán cómo, por mucho que ayudaran el «caviar» y el «champán francés»...- imaginadas por los esbirros del electricista palurdo, sino esta bien real orgía de abusos procesales perpetrada contra unos funcionarios indefensos. (Indefensos, pero ofensivos para un Gobierno a cuyo presidente Garzón trata de asociarse como diunviro, bien sea para la paz, bien sea para la guerra).

Y es que para toda alma sensible penetrada por el espíritu de las leyes observar cómo un juez que desde el primer momento sabe que no es competente recurre a los más burdos ardides para practicar diligencias para las que no está habilitado, arrolla en las formas y en el fondo las garantías procesales de sus víctimas, dicta un auto de imputación sin base racional alguna, desencadena un proceso de linchamiento de quienes -insisto- están desamparados ante la apisonadora mediática gubernamental y aún recurre a ruines trampas a título póstumo para seguir embarrando el terreno procesal, pues equivale, en efecto, a contemplar la «contaminación leprosa» en la que las «vasijas del templo» de la Justicia se convierten en la «vajilla del banquete» de la arbitrariedad inquisitorial.

No es difícil imaginar el sonido de la voz atiplada del juez convirtiendo a los testigos en imputados con los elementos que ingenuamente ellos mismos le habían suministrado. Para quienes desde fuera del cuadro seguimos sometidos a los mismos principios sagrados que en aquel turbulento invierno del 95 es el sonido -sí- de la «blasfemia» y la impostura, aunque no haya que buscar en el vino el origen de su «temeridad fatal y audacia loca».

Mira Schama a los ojos de Rembrandt y descubre la jugada del maestro al condensar un festín multitudinario en el encuadre de tan sólo cinco personajes: «Así consigue intensificar la agobiante sensación de claustrofobia. Esta es una fiesta en la que no hay salida de emergencia». ¿Qué otra cosa pudieron pensar los pobres peritos cuando descubrieron que estaban siendo empapelados por haber vuelto a firmar su mismo informe original, extraído del ordenador sin alterar ni una sola coma de su literalidad, mientras se exculpaba a quienes lo habían falsificado todo? Aquello era secreto. Allí sólo estaban el juez, su fiel secretaria, la fiscal Olga Sánchez -«¡vale ya!»-, el fiscal Pedro Rubira -quién te ha visto y quién te ve- y tal vez algún oficial de confianza. Era fuera del encuadre donde ya comenzaban a rugir las rotativas, los postes microfónicos y los enlaces de ondas hertzianas -«la cortesana multitud» de Heine- que en cuestión de horas aplastarían, triturarían, machacarían y calcinarían a los «tramposos del 11-M», a los «mentirosos del ácido bórico». Buen trabajo, Baltasar.

Pero cuidado, porque el profesor de Oxford y de la Universidad de Columbia no sólo ha calado las intenciones del artista sino también el verdadero móvil de su personaje. «Se había emborrachado de orgullo», sentencia Schama precisando que su estado de ebriedad no es físico sino moral, que cuando te devora la sed de dominarlo todo puede bastar una Mahou para estar como una cuba. Y atención también, porque si «en esa fiesta no hay salida de emergencia», quien tendrá al final el mayor problema será el propio anfitrión.

De hecho los peritos están siendo gradualmente rescatados de sus garras por los autos de la Sala de lo Penal y las nuevas diligencias de la juez Gallego -¿quién les devolverá ahora su honor y su prestigio?-, pero Garzón continúa bajo la lupa de la inspección del CGPJ. Probablemente saldrá tan airoso de ésta como de las anteriores investigaciones disciplinarias porque, si no se grabaron los interrogatorios, al final será la versión del clan contra la de sus damnificados. Pero eso es lo de menos. Lo de más es que las palabras fatídicas -Mane, Thecel, Phares- han quedado ya escritas en la pared y todos lo hemos visto. Como su homónimo babilonio, Baltasar Garzón ha sido puesto en la balanza y no ha dado el peso requerido. Al fin sabemos de qué va. Queda por determinar el cuándo y el cómo irrumpirán en escena los nuevos persas que pondrán término a esa borrachera del orgullo, a ese reinado de la ambición, a ese imperio del sectarismo y a ese despotismo del autoenamoramiento, pero -claro- sólo él conoce lo que ocultan sus sumarios.

Publicado por el diario EL MUNDO el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Opinión en EL PAIS

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 9:00, Categoría: Opiniones

“Aquel día memorable” por Santos Juliá

Entre todos han ido amontonando basura sobre el 11-M de Madrid

Hay fechas en la historia de las ciudades que merecen ser recordadas con unánime devoción porque en ellas se fundieron sentimientos que apenas pueden aflorar en la rutina cotidiana. Una de esas fechas es el 11 de marzo de 2003 [suponemos que se refiere a 2004], en Madrid, cuando todos los que vivimos en esta ciudad comenzamos la tarea diaria sumergidos en la pesadumbre por los terribles atentados de aquella mañana. Luego, de inmediato, la ciudad dio lo mejor de sí: cientos, miles de personas, modificaron sus horarios, echaron horas extras, donaron sangre, colaboraron en el transporte de heridos, acondicionaron espacios para atender a quienes ingresaban en los hospitales. La ciudad se llenó de silencio que, en lugar de originar un caos y multiplicar los efectos buscados por los terroristas, potenció la eficiencia y permitió que jóvenes y jubilados, médicos y personal sanitario, taxistas y policías, servicios de urgencia y autoridades municipales, ofrecieran un impagable ejemplo de civismo y solidaridad.

Era el 11 de marzo de 2003 un día para el recuerdo sobre el que ha caído un periódico, El Mundo, empeñado en propalar relatos de fantásticas conspiraciones elaborados por delincuentes dispuestos a contarnos, si les pagan, la guerra civil; una emisora de radio, propiedad de la Conferencia Episcopal, experta en el insulto y la injuria; unos policías sedicentemente científicos, autores de un par de folios que les habrían valido el despido como vigilantes de tercera categoría; unos políticos a los que el rencor ha dejado indelebles marcas en el rostro, y unos dirigentes de víctimas de otro terrorismo que no saben ya qué consignas balbucear ni qué camisas vestir para llamar a la rebelión.

Entre todos han ido amontonando basura sobre una de las memorables jornadas de la villa de Madrid. Fueron primero las consignas emitidas por el ministro del Interior y los servicios diplomáticos del Exterior en el sentido de que había que atribuir la comisión de los atentados a ETA. Vino más tarde la denuncia de una conspiración en la que habrían participado las policías de Francia, España y Marruecos, más los terroristas de ETA, más ciertos dirigentes del PSOE. Ahora lo que se propala es que alguien ha manipulado un informe de la policía científica que establecía la vinculación de ETA con los islamistas. Y que esa manipulación exige seguir investigando. Queremos saber más, repiten hasta la hartura los dirigentes del PP, ministros de un Gobierno bajo cuya mirada se cometieron los atentados y se suicidaron los terroristas.

Manipulación ¿de qué informe? Porque si toda la prueba que unos policías han esgrimido para fantasear sobre la vinculación de ETA con los islamistas es que en la guarida de éstos apareció un bote de ácido bórico similar a otro hallado hace cuatro años en la guarida de aquéllos; si eso es todo lo que la policía científica española ha descubierto para fundamentar un vínculo entre etarras e islamistas, aviados estamos con nuestra policía, con nuestra ciencia y con nuestra España. De verdad, si hay algo irritante en este caso, es que el Horatio que recibió los dos folios del trío de subordinados no les echara una de sus penetrantes miradas y les impusiera la tortura de contemplar doce horas seguidas durante un año todos los episodios de todas las series de policías científicas que pululan por televisión.

Es desolador que todo este enredo en el que se encuentra empantanada la política española, con jueces a la greña y políticos y periodistas arrojándose su habitual sarta de piropos, no pase de ser una tomadura de pelo. No sabía bien el jefe de los científicos que, al rectificar los términos del supuesto informe, echaba verdadera carnaza a todos los pescadores en río revuelto. Y ahí están, machacando una y otra vez hasta que la gente olvide el impresentable texto origen del barullo y centre su atención en una supuesta manipulación que, siguiendo la lógica de nuestros brillantes policías científicos, sólo podría explicarse por un intento de ocultación.

Y ya tenemos a Rajoy y a toda la ristra clamando contra la ocultación. Es el mundo al revés: los que tendrían que dar explicaciones, Rajoy, Acebes, Zaplana, quieren saber más: se ve que en el momento de la verdad estaban en babia y todavía no se han enterado de que los autores del crimen fueron terroristas islámicos y que esta gente se basta y se sobra para matar y matarse, sin necesidad de vinculación alguna con nadie. Deberían pararse un momento, pedir a los ciudadanos excusas por su monumental error al atribuir a ETA el atentado, rendir homenaje a la memoria de los muertos y dejar de sembrar de sal el recuerdo de aquel día, por tantas razones inolvidable, de la historia de Madrid.

Publicado por el diario EL PAIS el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

«Las víctimas quieren conocer la verdad para poder pasar página»

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 8:00, Categoría: General

Syra y Ana, psicóloga y asistente social de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, atienden a 500 afectados por la masacre

MADRID.- Fueron 192 muertos y más de 1.500 heridos. Y muchos más los afectados directa o indirectamente por las explosiones de los trenes. Pero en el dolor no están solos. Han pasado más de dos años y medio y son muchos los profesionales que atienden diariamente las necesidades de las víctimas, son sus ángeles de la guarda.

Son los grandes desconocidos, aquéllos que diariamente se sientan y comparten el dolor de los que vivieron en primera persona el terror del 11-M. Syra Balanzat y Ana Zapardiel dedican su vida a atender todas las necesidades de las víctimas. Pertenecen a la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que aglutina a más de 500 personas afectadas por los atentados. Y todas, todas reviven diariamente la masacre. «A diario atendemos entre 10 y 12 personas», indica Ana, que es una de las trabajadoras sociales de esta asociación. Son profesionales que tienen una de las labores más duras: asistir psicológicamente a unas víctimas que día tras día reviven la pesadilla y atenderles y orientarles sobre todas las prestaciones a que tienen derecho.

Pero ahora, dos años y medio después de la masacre, ¿cómo están las víctimas? Syra es precisa: «Les cuesta mucho, les cuesta mucho incorporarse sociológicamente a la vida diaria. A los que tienen, además, importantes secuelas físicas les cuesta aún más y se aíslan de la realidad social que les rodea. Cronifican el duelo. Crean un mal endémico que no les permite recuperarse».

Y la psicóloga pone el dedo en la llaga: la investigación del 11-M, las revelaciones periodísticas, las dudas sobre las actuaciones judiciales y policiales en la resolución del caso... Todo incide en que estas víctimas no logren superar del todo el trauma, que lo revivan diariamente. «El hecho de ver diariamente el caso del 11-M en la televisión, en la radio o en la prensa tiene un claro reflejo en las víctimas».

Estas profesionales tienen clara la incidencia del actual momento de las investigaciones. Cuando hay nuevos datos sobre la masacre, el número de consultas aumenta de forma significativa. Ellos quieren pasar página pero reivindican primero «conocer toda la verdad de lo que ha pasado el 11-M». Además, «la gran mayoría tiene enormes dudas de lo que se está haciendo desde la Audiencia Nacional y desde la Policía; dudan del trabajo de las instituciones», recalcan.

Pero, ¿tienen la sensación de que aún no se sabe quién ha matado a los suyos? La respuesta de Ana y de Syra es contundente: «Claro, ésa es la sensación que tienen. Están confusos. Sienten que están en completa indefensión».

Ana explica que están elaborando un estudio sobre las víctimas que se hará público en el tercer aniversario de la masacre, que ya apunta algunas conclusiones. «La mayoría se siente muy desinformada, muy perdida. Sienten que algo o alguien les está tomando un poco el pelo. Se sienten con derecho a saber la verdad, sea la que sea. Si ya de por sí las secuelas físicas y psíquicas son enormes, las víctimas, además, tienen que sufrir la sensación de que aún no está todo claro porque nadie les dice nada», añade Ana.

Y su malestar es con el mundo en general, detallan las profesionales. La desconfianza de las víctimas ante el hecho de que aún no se haya resuelto la masacre no excluye a nadie.

Syra sufre día a día también cómo las revelaciones sobre la masacre afectan a la evolución psicológica de sus pacientes. Y estos datos también se contemplarán en el minucioso estudio que esta asociación está realizando sobre los afectados.

La actualidad es motivo de debate en el seno de muchas de las familias de las víctimas y las situaciones de tensión y crispación también se trasladan a esos hogares, lo que dificulta enormemente la evolución positiva de las víctimas. «Son heridas que aún no han ni comenzado a cicatrizar en algunos casos».

Pero estas facultativas alertan de otro fenómeno que está comenzando: «Las víctimas se sienten rechazadas y poco apoyadas por la sociedad, como si fueran unas figuras que estorban, que no deben aparecer tanto para que se pueda olvidar el 11-M». Además, se sienten despreciadas. «Son muy sensibles con la negociación con ETA. Entienden que se les debe preguntar a los que han dejado a sus seres queridos por el camino, que se han ganado el derecho a opinar. Y como no se produce, las víctimas del 11-M se entristecen y comparten la indignación de las de ETA».

En la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M el número de asociados ha crecido de forma significativa durante los últimos meses. Y muchos de los que llegan, aseguran Ana y Syra, provienen de otras asociaciones de víctimas donde, en dos años, no han sido atendidas por ningún psicólogo y únicamente les han orientado de cara a la percepción de las ayudas, «pero asistencia emocional, cero».

Tanto desde el prisma de la asistente social como del de la psicóloga se considera aún imprescindible que aumente la atención estatal a las víctimas. «El Estado tiene que echar más manos». No niegan que se ha avanzado, pero también advierten de que existe riesgo de que los males psicológicos de las víctimas queden de forma permanente si la atención no es constante. Estas profesionales de la asistencia explican también que están haciendo un peritaje médico a casi un centenar de víctimas cuyo reconocimiento fue rechazado por el Ministerio del Interior para conocer cómo están dos años y medio después de la masacre.

¿Y cómo se logra desconectar? No se borra, no se olvida. «Nuestros amigos tienen nuestros números de teléfono móvil para cualquier necesidad. Siempre estamos con ellos, siempre pueden llamarnos, en cualquier momento. Son nuestros pacientes y nuestros amigos».

Una información de Fernando Lazaro publicada por el diario EL MUNDO el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Reacciones Políticas (8 de octubre de 2006): Reaparece Majón y Blanco sigue a lo suyo

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 7:00, Categoría: General

El PP quiere que «la gente siga enredada» con el 11-M, dice Blanco

VALLADOLID/MADRID.- El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, acusó ayer al Partido Popular de querer que «la gente siga enredada en una conspiración que ellos mismos inventaron» mientras que «no habla nunca de los gobiernos que quieren que su ayuntamiento, su comunidad, avance al mismo ritmo que el resto de España».

Blanco, que participó en Valladolid en el Comité Regional del PSOE de Castilla y León, definió a los populares como «inventores de una conspiración exclusivamente para tapar sus vergüenzas». Dijo que «en España la gente escucha y piensa y ve, no se deja engañar», y señaló que «eso es lo que le pasó al PP en 2004, que no pudo engañar a nadie».

La diputada del PP Alicia Castro aseguró, sin embargo, que su partido va a seguir exigiendo que se investiguen los atentados del 11-M porque desde el «PSOE se sigue negando información». En su opinión, con esta actitud cabe sospechar que existen «motivos oscuros».

Una información publicada por el diario EL MUNDO el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Manjón, «harta hasta la saciedad» de la 'teoría de la conspiración'

MADRID.- La presidenta de la Asociación 11-M, Pilar Manjón, señaló ayer que se siente «harta hasta la saciedad» de la teoría de la conspiración sobre los atentados de Madrid y apuntó que, aunque desconoce la «verdad oficial», en el sumario «no se encuentra» por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad «ni un solo cabo suelto que una a ETA con el terrorismo islamista».

No obstante, Manjón admitió que si se hubiera encontrado el enlace entre la banda etarra y el terrorismo islamista, a ella le habría dado igual, puesto que «la verdad es que yo no tengo un hijo».

En declaraciones a Onda Cero recogidas por Europa Press, subrayó que «33 meses después de los atentados, es importante que se empiece a asumir que las víctimas no somos ni bandera ni derrota de nadie, entre otras cosas, porque nunca nos hemos dejado utilizar por nadie ni entrar en el juego de nadie».

Por tanto, indicó que lo que las víctimas «no van a consentir» es que, «porque se quiera enmarañar este sumario», los 29 imputados «acaben estando en la calle». «Nadie va a consentir que éstos en cuatro años estén en la calle; ya sufrimos bastante con que lo que pasó con el marroquí Saed Harrak», indicó.

Por último, lamentó que en la lucha política y mediática «se hayan olvidado una vez más que detrás de la misma están los fallecidos y los heridos en el 11-M».

Una información publicada por el diario EL MUNDO el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

EL PAIS entrevista al Presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional

Por Narrador - 8 de Octubre, 2006, 6:00, Categoría: General

Javier Gómez Bermúdez: "En el caso del 11-M existe un exceso de presión" 

Madrid - Javier Gómez Bermúdez, 44 años, malagueño de Álora, preside la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional desde julio de 2004. Miembro de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura, su nombramiento fue polémico, ya que el sector conservador del Poder Judicial lo prefirió a candidatos más antiguos y de renombre, como Baltasar Garzón. El Supremo anuló el nombramiento y el Consejo volvió a designarle. El nuevo nombramiento también ha sido impugnado.

Javier Gómez Bermúdez presidió el macrojuicio contra la célula española de Al Qaeda y trató de presidir, sin éxito, el juicio contra el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, por las jubilaciones millonarias a José María Amusátegui y Ángel Corcóstegui. Ahora, ha reclamado la presidencia del juicio por los atentados del 11-M.

Pregunta. ¿Cómo va a presidir usted el caso del 11-M si no pertenece a la sección segunda de lo Penal, a la que le corresponde juzgarlo?

Respuesta. Lo voy a presidir por sustitución legal de un magistrado que se marcha, Ignacio Bigeriego. En cualquier caso, desde el principio aparezco encabezando las providencias para impulsar este procedimiento y que llegue a juicio. Además, como presidente podría, mediante un acuerdo motivado, explicar las razones por las que entro a presidir, pero no es el caso, porque como digo, se ha producido este hecho de la sustitución. De todas formas, presidir un juicio como el del 11-M profesionalmente es muy gratificante y además constituye una responsabilidad que debe asumir el presidente de la Sala.

P. ¿No teme que alguien considere que no es un juez predeterminado por la ley?

R. No, porque, como reiteradamente ha señalado el Tribunal Constitucional, lo somos todos los magistrados de la Sala de lo Penal, porque las secciones tienen lo que se llama un carácter funcional. Es decir, que la sala es una y las secciones no son estancas, un magistrado de una puede sustituir a la de otra. Por tanto, todos los magistrados de la sala somos jueces predeterminados para resolver cualquiera de los asuntos de la Sala.

P. ¿Siente limitada su independencia para presidir el tribunal que juzgará el 11-M con la presión de algunos sectores sobre este caso?

R. Este es un caso en el que existe un exceso de presión, cierto. Pero los jueces somos unos profesionales de la presión, más los jueces de la Audiencia Nacional y, por tanto, no va a influir en mi decisión.

P. ¿Ha leído el sumario del 11-M?

R. No, sólo lo que ha sido necesario para decidir lo que corresponde a este momento procesal. Hay una regla además que impide un estudio profundo del sumario antes del juicio.

P. Ya, pero con 238 tomos de sumario principal y cientos de piezas separadas... ¿Cree que el 11-M es el atentado más investigado de la historia?

R. Sin duda, junto con el de la colza, es al que más tiempo y más medios se le han destinado, pero sobre la profundidad de la investigación, por lo que le he mencionado, no puedo, ni debo pronunciarme.

P. ¿Cuál es el calendario previsto para este juicio?

R. En principio, la fase llamada de instrucción de las partes acaba a finales de este mes de octubre, el tribunal tendrá que decidir si revoca la conclusión del sumario o si abre lo que se llama juicio oral, lo que ocurrirá a principios de noviembre, y las partes presentarán ya los escritos de calificación, para que justo después de navidades se señale el juicio y comenzarlo en febrero. La idea es terminarlo en el mes de agosto y que la sentencia esté a finales de octubre o noviembre.

P. ¿Qué obstáculos se puede encontrar para celebrar el juicio?

R. Desgraciadamente, obstáculos en estos juicios tan largos y tan importantes son muchos. Básicamente, son la posibilidad de que se presenten cuestiones de nulidad, porque consideren tanto las acusaciones como las defensas que ha habido vulneraciones de sus derechos fundamentales, peticiones de revocación de la conclusión del sumario, planteamiento de determinadas cuestiones formales, que se llaman de previo pronunciamiento, que harían que el caso tuviera que ir antes al Tribunal Supremo...

P. ¿Y qué opinión le merece que de 120 imputados en el caso del 11-M sólo haya finalmente 29 procesados?

R. Ese dato puede interpretarse de varias formas. Por una parte, se puede interpretar que a todo aquel que aparecía en la investigación en relación con los hechos o con las personas que tenían relación con los hechos se le otorgaba la condición de imputado para proteger sus derechos a la defensa. Otra interpretación es que la investigación no tuvo una línea clara y definida en algún momento y eso provocó que se imputara a muchas personas. Y la tercera interpretación es que fue tan exhaustiva la investigación que eso ha afectado a un número excepcionalmente alto de personas, que en un primer momento hubo alrededor de 120 imputados, de los que quedan 29 que se van a llevar a juicio ahora. O puede ser una mezcla de todas estas razones. Caben todas esas posibilidades.

P. ¿Y qué pasa con los derechos de los 91 restantes que no han sido procesados?

R. Sobre eso ha de pronunciarse el tribunal, dictando un auto de archivo provisional, sólo temporalmente, por si aparecieran nuevos datos, o definitivo. Un sobreseimiento definitivo equivale a una sentencia absolutoria. Y, por supuesto, también cabe que puedan seguir siendo investigados en piezas separadas, como ocurre, por ejemplo, con los que están en busca y captura, porque no están a disposición del tribunal.

P. Habrá seguido usted el episodio ocurrido estos días con el juez Garzón, al que han llamado prevaricador y servidor del Gobierno. ¿De qué parte se pone usted? ¿No cree que se trata de ataques a la independencia judicial? ¿Cree que el Poder Judicial debería amparar al juez?

R. En primer lugar, creo que hay algunas querellas y denuncias pendientes de resolución, por lo que creo que no debo pronunciarme. En cualquier caso, los ataques personales no son admisibles y sí la crítica profesional. El amparo o no corresponde decidirlo al Consejo del Poder Judicial. En mi opinión, lo que ocurre es que el amparo está previsto para los ataques materiales a los jueces, pero será el Consejo el que deberá específicamente pronunciarse con los datos de que dispone y de los que yo carezco.

P. El Supremo anuló su nombramiento como presidente de la Sala de lo Penal, y el Consejo le designó de nuevo. Si el Supremo volviera a anular su nombramiento, como ha pedido el fiscal, ¿volvería a presentarse?

R. Sí. Sí, porque los defectos formales en los que incurrió el Consejo durante 20 años y que dan lugar a la anulación de un nombramiento en 20 años, no cuestionan ni mis méritos ni mi gestión. Y los nuevos motivos alegados en este recurso contra este nuevo nombramiento también son meramente formales, por lo que el razonamiento que le acabo de exponer sigue siendo válido.

P. ¿Y entendió que en el informe que utilizó el Poder Judicial para nombrarle, su currículo tuviera cuatro folios y el de los otros candidatos Baltasar Garzón o Alfonso Guevara se redujera a cinco líneas?

R. Yo no lo habría hecho así.

P. Ahora se va a renovar el Consejo General del Poder Judicial. Algún juez de la Audiencia se ha presentado como candidato. ¿A usted le gustaría formar parte de ese órgano?

R. No, no tengo ninguna ambición en ese sentido. A mí lo que me gusta y lo que es mi vocación es la jurisdicción, o sea, dictar sentencias.

P. Usted, que habitualmente juzga casos de terrorismo, considera que en este momento es posible alguna medida de favor para acercar a presos al País Vasco.

R. En este momento y en cualquier otro. Depende de que el delincuente muestre signos de resocialización; pero, en cualquier caso, quiero aclarar que no son medidas de favor. Están en la legislación penitenciaria que las vincula a la evolución del interno, también el acercamiento.

P. ¿En los casos que usted ha juzgado, todos los aspectos de un atentado han quedado totalmente probados?

R. No, porque el hecho probado en una causa penal es aquel absolutamente incontrovertido para el tribunal, aquel sobre el que el tribunal no alberga duda razonable alguna; por lo tanto, hay aspectos de los atentados que quedan plenamente probados, otros sobre los que sólo hay pruebas suficientes pero bastantes para hacer un pronunciamiento judicial, y otros que no quedan probados. Eso sucede habitualmente, es parte del sistema.

P. Entonces, ¿cuál es la técnica jurídica para condenar a alguien sin que estén el 100% de las pruebas confirmadas o absolutamente demostradas?

R. La ley sólo exige que el tribunal tenga la convicción del hecho más allá de toda duda razonable. El tribunal valora la prueba y la ley no exige, porque somos humanos, que tengamos la convicción al cien por cien. Siempre cabe una hipótesis alternativa. Claro, si lleváramos eso hasta el extremo, nunca se podría condenar a nadie. Se trata de que haya una convicción más allá de una duda razonable, convicción a la que se llegue tras un razonamiento lógico que hay que expresar en la sentencia para garantizar su conocimiento por el propio acusado y por las demás partes.

Una entrevista de José Yoldi publicada por el diario EL PAIS el domingo 8 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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