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16 de Octubre, 2006

Un 67% de españoles cree que aún no se sabe la verdad sobre el 11-M

Por Narrador - 16 de Octubre, 2006, 9:00, Categoría: Encuestas

SONDEO SIGMA DOS-EL MUNDO.- El 75% pide que la prensa siga investigando los atentados Un 50% piensa que «no está claro» qué fue lo que explotó en los trenes y un 29%, que sí lo está El 39% opina que «se han desdeñado los indicios» relacionados con ETA Un 38% considera que los mandos falsificaron el documento enviado al juez y sólo un 12% cree culpables a los peritos

MADRID.- No todos se lo creen todo. Los ciudadanos están muy lejos de darse por satisfechos con la versión oficializada sobre lo que sucedió en los atentados del 11 de Marzo de 2004. En el sondeo elaborado por Sigma Dos para EL MUNDO, y preguntados sobre si, en su opinión, ya se conoce toda la verdad sobre el atentado, hay una clarísima mayoría, un 67,5%, que contesta que no. Incluso los votantes del PSOE consideran, aunque en menor porcentaje (55,1%,), que sigue sin conocerse todo lo ocurrido.

La consecuencia lógica a esta respuesta es el aplastante respaldo (75%) que los españoles otorgan al trabajo de los periodistas que se esfuerzan por encontrar algún tipo de explicación a tantas incógnitas. Una de ellas es, precisamente, la que se refiere al tipo de explosivo que estalló en los trenes, de cuya composición exacta sigue sin haber noticia. El 50% considera que ese dato no ha sido aclarado aún.

La aplastante mayoría que se muestra convencida de que todavía quedan cosas por saber en torno al 11-M, se mantiene en los tramos establecidos por género y por edad. La variación más llamativa se produce cuando las respuestas se agrupan por recuerdo de voto: los que apoyaron al PSOE están de acuerdo en que aún no se sabe lo sucedido, pero lo están en una proporción mucho más pequeña (55,1%,) que se contrapone además con un 36,3% de esos votantes de izquierda que aseguran que ya está todo claro. Más evidente todavía es la respuesta cosechada entre los seguidores de Izquierda Unida, que opinan por una ajustada mayoría (47,2%) que no hay nada más que averiguar, frente a un 46,1% de esos mismos votantes de IU que piensan que las cosas no están definitivamente despejadas.

Éste es un caso en el que las posiciones se dividen, no tanto por criterios basados en la lógica ciudadana sino por espacios ideológicos. Por eso mismo, son los votantes del PP los que responden abrumadoramente (84,2%) que no se sienten satisfechos con los resultados de la investigación y quieren «saber más». Y en esa línea están también los ciudadanos que se agrupan en el epígrafe «Otros», y que responden a los votantes de otras formaciones y, quizá a los abstencionistas electorales.

¿Qué dicen los jóvenes a esto? Los que tienen de 18 a 29 superan con creces la tónica general y opinan, en un 74,1% que los vericuetos de la investigación sobre la trastienda de aquella matanza deben ser todavía recorridos a fondo.

Hay división de criterios, sin embargo, en la consideración ciudadana sobre el interés que pueda tener el Gobierno en que se conozca toda la verdad sobre el 11-M. Aquí las opiniones están muy repartidas. Es decir, muy divididas. El 46,3% del cómputo general cree que el presidente Zapatero es el primer interesado en el esclarecimiento de los hechos. Lo que sucede es que la media general queda condicionada por ese 72,2% de los votantes socialistas que responden en ese sentido y que, como es natural, no están dispuestos a dudar de la voluntad democrática de su líder. También los partidarios de IU refuerzan en un 68,3% esa posición. Pero, en términos generales, esa es la tónica de todas las repuestas: aunque por un margen muy estrecho, de dos o tres puntos máximo de diferencia, la mayoría concede al presidente la voluntad de ayudar a esclarecer todos los aspectos del atentado.

En sentido contrario, son los votantes del PP los que condicionan la proporción total de las respuestas negativas a esta pregunta: el 73,3% de los seguidores de Rajoy dicen estar convencidos de que Zapatero no quiere seguir adelante con las investigaciones sobre el atentado. Y, como resumen perfecto de la división de opiniones sobre esta cuestión precisa, aparecen los agrupados en el epígrafe «Otros» que reparten sus respuestas equitativamente: el 42,3% piensa que el presidente está interesado en que se conozca toda la verdad y el 42,1% piensa que no. Una perfecta división de opiniones, como decíamos antes.

En lo que tienen pocas dudas los ciudadanos consultados es en quién tiene el mayor interés en investigar los hechos. Dejando subrayado de antemano que aparece un altísimo porcentaje (22,1%) de los que confiesan no tener ni idea de quién es el que tiene la determinación de averiguar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, aparece una mayoría de un 43,7% que opina que es la prensa, o alguna prensa, la que está husmeando más a fondo entre los pliegues de aquella matanza.

Esa mayoría se debilita claramente en las respuestas de los votantes socialistas que, aunque sí le reconocen a la prensa ese papel investigador (33,6%), no dejan de señalar, con un 23,5% que es la Justicia quien más se esfuerza en investigar los hechos. Proporción que, en el caso de los votantes de IU, se invierte (30,3% a favor de la Justicia y 21,% a favor de la prensa) porque, una vez más, como en casi todos los sondeos, son los seguidores de la izquierda comunista quienes defienden con mayor rotundidad las tesis que originalmente proceden del PSOE.

Por descontado, los españoles consultados en este sondeo, consideran que la prensa debe seguir investigando lo ocurrido el 11-M. Ahí el porcentaje de síes es masivo (75%) porque, ciertamente, no debe de resultar fácil atreverse a sostener que los periodistas deben dejar de meter la nariz y la pluma en los asuntos más importantes de la vida nacional. Todos están de acuerdo, pues, en que los periodistas deben investigar, y lo están en proporciones altísimas. Con un matiz y con una excepción. El matiz corresponde a los votantes socialistas que, aunque muy mayoritarios, se muestran mucho menos entusiastas con la idea (67,2%). Y la excepción la encarna de nuevo el votante de IU que reparte sus opiniones sobre este asunto entre el 48,5% que está de acuerdo en que alguna prensa cumpla su función natural, y el 46,2% que lo que quiere es que se deje de husmear en las incógnitas del atentado.

De todas las preguntas que EL MUNDO ha hecho y se ha hecho sobre lo ocurrido aquella trágica mañana, hay una que parece haber calado firmemente en la opinión de los ciudadanos. Preguntados sobre si creen que ha quedado claro qué tipo de explosivo estalló en los trenes, la mayoría, el 50,4% dice que no. Y, aunque también en este punto hay que consignar una elevada tasa de abstención (20,4%), los consultados coinciden en afirmar que este dato esencial se desconoce por el momento. Incluso entre los simpatizantes del PSOE hay serias dudas. El 38,7% de ellos dice que sí se sabe qué explotó, pero hay un muy significativo 36,7% que, aún votando al PSOE y participando, suponemos, de su línea política, reconoce que esa pregunta sigue todavía sin respuesta. Por supuesto, los seguidores de Izquierda Unida son quienes lo tienen más claro y van en sentido contrario al de la opinión general: el 48,9% no tiene dudas de lo que explotó aquel día y sólo un 27% cree que esa incógnita sigue sin despejar.

Entrando en el asunto del caso de los peritos policiales que acudieron al juzgado de Garzón como testigos y salieron como imputados de falsedad mientras sus mandos quedaban exonerados de toda responsabilidad penal por parte del juez que no tenía competencias para abrir diligencias sobre el caso, la ciudadanía ha pasado por su propio tamiz todo el zafarrancho de acusaciones cruzadas y de confusiones buscadas y ha llegado a una conclusión: el 35,5% opina que quienes falsificaron el documento que conectaba eventualmente a ETA con el 11-M no fueron los peritos sino que fueron los mandos policiales que enviaron al juez un texto distinto al auténtico.

Tan sólo un 12,2% cree que los responsables de la falsificación fueron los peritos que hicieron el análisis y el informe técnico. Esa mayoría que adjudica la presunta falsedad a los jefes de la Policía Científica es, de todos modos, relativa, porque lo más llamativo de esta respuesta es que cuenta con un aplastante porcentaje de quienes no saben o no pueden contestar a la pregunta. El 52,4% prefiere no pronunciarse, cosa nada sorprendente, habida cuenta de la tela de araña tejida por el juez y por otros medios sobre la cuestión.

De todos modos, y manteniéndose en todos los segmentos esa mayoría que se declara superada por los datos y no se siente capaz de tener opinión, lo llamativo de esta respuesta es que en ninguno de los tramos, ni siquiera entre los votantes del PSOE y hasta de Izquierda Unida, hay discrepancias sobre la conclusión de quienes sí opinan: los falsarios fueron los mandos, no los peritos.

La siguiente cuestión que Sigma Dos ha planteado a los ciudadanos consultados recibe una respuesta muy repartida. Se trataba de pulsar la opinión de la ciudadanía sobre si la Policía y los jueces han indagado en todas las pistas que se les han abierto en el transcurso de sus investigaciones o si, por el contrario, se ha desdeñado sistemáticamente todo indicio que, directa o indirectamente, pudiera vincular los acrónimos ETA y 11-M.

Y las respuestas han sido éstas: el 39,2% del cómputo total se inclina por la segunda hipótesis, la de que en este asunto sólo se ha investigado en una dirección y se han ignorado todos los indicios que desviaran la atención hacia las posibles connivencias entre los islamistas y los etarras. Quienes opinan lo contrario suman un 35,5%. Lo que sucede es que, si se observan los porcentajes tramo por tramo, se encuentran muchos saltos en la opinión expresada por los consultados.

Los hombres, las mujeres, los jóvenes y los votantes del PP, éstos de forma mayoritaria (56,5%), creen que se ha huido de investigar cualquier relación entre el atentado y la banda terrorista. Pero quienes tienen entre 30 y 64 años, los votantes del PSOE (51,6%), y los de Izquierda Unida (61,7%) piensan que la investigación ha sido amplia y exhaustiva. Y aquí aparece también un muy alto porcentaje de abstención en las respuestas, cosa no sorprendente en la medida en que no es fácil para un ciudadano no especializado el apreciar tal cúmulo de datos, de matices y de deliberadas confusiones.

Finalmente, se le hacen a los electores dos preguntas muy concretas. La primera, si creen que existe alguna relación entre el atentado del 11-M y los servicios secretos de Marruecos. La respuesta mayoritaria es «no sé» (44,9% en el cómputo global) y, fuera de esa mayoría, son más quienes creen que uno y otro elemento no tienen relación entre sí, que quienes creen que los servicios de inteligencia marroquíes estaban de alguna manera enterados de los preparativos del atentado. Sólo el votante del PP despunta en esta respuesta de hipotética vinculación, pero lo hace en un porcentaje pequeño (36%) en relación con la proporción de los simpatizantes populares que realmente son incapaces de tener opinión al respecto (44,6%).

Otra cosa es la pregunta en torno a la posible relación entre ETA y el 11-M. Aquí el porcentaje de quien no sabe o no contesta es relativamente bajo (15,2%) pero la mayoría (52,3%) piensa que esa relación no ha existido. Esa mayoría se mantiene en todos los tramos, se incrementa de manera muy notable entre los votantes del PSOE (76,6%) y mucho más entre los seguidores de IU (86,8%). Pero cambia de signo cuando quien responde es simpatizante del PP porque ahí la mayoría (65,2%) dice estar convencida de que algún nexo ha habido entre la matanza de Madrid y las acciones de la banda terrorista.

Información de Victoria Prego publicada por el diario EL MUNDO el lunes 16 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Gráfico de la Encuesta de EL MUNDO sobre el 11-M

"11-M: aún no se sabe la verdad" (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 16 de Octubre, 2006, 8:00, Categoría: Opiniones

La última entrega de la encuesta de Sigma Dos arroja algunos datos reveladores sobre la actitud de la opinión pública española en torno a la investigación del 11-M y es un estímulo para quienes seguimos y seguiremos empeñados en esclarecer qué ocurrió aquella mañana. Pese a la chapucera instrucción del juez Del Olmo, al descarado obstruccionismo de Interior y al nutrido coro mediático que da por cerrado el caso, más de dos tercios de los españoles están convencidos de que en lo esencial no se conoce la verdad sobre los atentados. Contra lo que pudiera parecer, esta opinión no es patrimonio de los simpatizantes del PP: el 55,1 de los socialistas y el 46,1% de los de IU comparten el convencimiento de que no se ha aclarado lo ocurrido.

De la encuesta se deduce también que la opinión pública no canaliza sus dudas hacia una hipótesis alternativa. Apenas un tercio cree que ETA tuvo alguna vinculación con los atentados y tan sólo un 26,3% involucran a miembros de los servicios secretos marroquíes. Pero el hecho de que aún no haya arraigado mayoritariamente una tesis que explique globalmente los hechos hace aún más llamativo el convencimiento general de que quedan datos relevantes por descubrir.

En el terreno de los detalles, los resultados del sondeo son todavía más significativos. Un 50,4% de los encuestados sigue creyendo que no está claro qué tipo de explosivo estalló en los trenes. Y en cuanto a la polémica de la manipulación del informe que vinculaba 11-M y ETA, la mayoría de los que tienen una opinión formada piensan que los falsificadores no fueron los peritos (12,2%) sino sus jefes (35,5%).

Más dividida se halla la opinión pública en torno al papel del Gobierno. Apenas hay diferencia entre quienes defienden su empeño en esclarecer la masacre (46,3%) y quienes no lo hacen. Sin embargo, sólo un 35% cree que la policía y el juez han investigado las pistas sin prejuicios y hasta un 39,2% cree que se han desdeñado aquéllas que vinculan los atentados con ETA.

De lo que no cabe duda es de que los ciudadanos saben dónde buscar las piezas que todavía faltan para completar el complicado rompecabezas del 11-M. Preguntados sobre quién ha mostrado más interés por averiguar la verdad -y frente al raquítico 8,4% del Parlamento, el 10,1% de la policía y el 15,8% de la Justicia-, el 43,7% de los encuestados dice que la prensa. Se refieren a los pocos medios que investigamos la masacre, no a quienes prefieren apuntalar la desdentada versión oficial. Aun sin los datos de este sondeo, seguiríamos empeñados en saber la verdad, pero este fuerte respaldo social hace nuestra labor doblemente estimulante. Advertimos de nuevo que no cejaremos. Digan lo que digan el Gobierno y nuestros rivales y sea cual sea el resultado de la vista oral.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 16 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

"La verdad sólo inquieta a los que la temen" por Casimiro García-Abadillo

Por Narrador - 16 de Octubre, 2006, 7:00, Categoría: Opiniones

La gran mayoría de los ciudadanos españoles (un 67,5%, según el sondeo de Sigma Dos) sigue pensando, dos años y medio después del 11-M, que aún se desconoce la verdad sobre aquel monstruoso atentado.

A pesar de que desde el Gobierno, desde la inmensa mayoría de los partidos políticos, y desde casi todos los medios de comunicación se insiste machaconamente en que ya se sabe todo lo esencial sobre lo que ocurrió ese trágico día, los ciudadanos, incluidos la mayoría de los que votan al PSOE, siguen sin tragarse la versión oficial. A saber, que un grupo de islamistas radicales de carácter local provocó la mayor matanza de la historia de España y, como consecuencia de ello, un cambio de gobierno inesperado en las elecciones del 14-M.

Para los que seguimos haciéndonos preguntas sobre lo ocurrido y nos negamos a cerrar página sobre un suceso tan importante como oscuro, no deja de ser reconfortante que el 75% de los ciudadanos quiera que la Prensa continúe investigando los hechos.

Es a esos ciudadanos, que votan a distintas opciones políticas pero a los que no asusta la verdad, es a los que la prensa no puede decepcionar.

Lo que pone de manifiesto esta encuesta es que no es tan fácil engañar a la gente como parece. Un ejemplo. Desde los medios afines al Gobierno, cada vez más numerosos, se ha lanzado una campaña feroz contra quienes han denunciado la falsedad documental de sus superiores con tal de ocultar una conexión (ETA y 11-M) que no cuadra con la tesis oficial. Se les ha lapidado públicamente bajo la cínica bandera de la «defensa de las instituciones». Pero, ¡hay que ver cómo se apalean las instituciones cuando éstas no se rigen por los valores que marca el imperio Polanco! ¿O es que no es parte de las instituciones el Consejo General del Poder Judicial?

El caso de los peritos de la Policía Científica es paradigmático de lo que cuesta saber la verdad. Quien se atreve a denunciar una irregularidad, se ve condenado al averno. Las medallas pensionadas sólo se conceden a los que dan por bueno lo que concuerda con la tesis oficial.

A los que tantos elogios hacen a los mandos de la Policía, les recomiendo que se lean el sumario del 11-M para que comprueben hasta qué punto algunos de ellos (la palma se la lleva el señor Manzano) han intentado tomarle el pelo al juez Del Olmo.

Otra enseñanza de la encuesta. Los pusilánimes dirigentes del PP a los que les pone nerviosos el 11-M porque quieren salir indemnes de las llamadas guerras mediáticas, que miren y vean lo que piensa la inmensa mayoría de los votantes de su partido sobre el asunto.

Las amenazas de los que agitan la mierda, aunque sea de toro, sólo amedrentan a los que temen la verdad o a los que no se creen que vivimos en una democracia.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 16 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La 'Conspiración' que nunca ha existido (16 de octubre de 2006): Juan Cierco pierde 'el norte'

Por Narrador - 16 de Octubre, 2006, 6:00, Categoría: ABC y EL PAIS contra EL MUNDO

“Periodismo español, doce años después” por Juan Cierco

Doce años seguidos residiendo en el extranjero y quince sin dejar de viajar por el mundo te dan una perspectiva muy distinta de España. Doce años en Moscú y Jerusalén te hacen mirar las cosas que pasan de distinto modo y te permiten descubrir los cambios a golpe de vista. Doce años dan para mucho. Sobre todo, aunque digan que son odiosas, para poder hacer comparaciones.

Aterrizar en España y en particular en Madrid doce años después, te hace reflexionar pero sobre todo te obliga a contener la respiración. Según dicen algunos, escupen otros, vomitan los de más allá, España es un desastre, se desintegra, no merece la pena, es corrupta, sucia, golpista. Vivimos en una república bananera, nada funciona, el país se hunde miserablemente, los jueces, los fiscales, los policías, los guardias civiles, los políticos, los diplomáticos son imitadores baratos de Videla, compinchados para acabar con el Estado de Derecho.

Mentira. España, vista desde el extranjero, desde esas comparaciones quizás odiosas pero imprescindibles, es un país envidiable y envidiado; que no ha dejado de crecer en los últimos años ya sea con Gobiernos del PSOE o del Partido Popular; cuya transición política y desarrollo económico se han convertido en un ejemplo a imitar en el resto del mundo y en materia de estudio en las más prestigiosas Universidades del planeta.

Un país portada una y otra vez en los grandes medios de comunicación internacionales por razones positivas. Un país donde, por supuesto, se respeta el Estado de Derecho; donde la democracia no está en cuestión; donde la economía crece y no para; donde las instituciones del Estado cumplen con rigor con sus obligaciones; donde las libertades individuales y colectivas están garantizadas.

Un país con empresas que se han instalado con enormes beneficios por todo el mundo; con políticos y diplomáticos que ocupan puestos de responsabilidad de primer nivel en organismos multinacionales; con catedráticos en las mejores Universidades occidentales; con jóvenes y mayores cooperantes y solidarios en cualquier rincón del orbe; con científicos que trabajan en los principales centros de investigación; con arquitectos que se han convertido en referente internacional; con actores que triunfan en Hollywood y en Europa; con deportistas que han conquistado el mundo...

Un país cuyo Rey se ha convertido allá donde uno viaje, por muy lejos que sea, por muy poco que se conozca de España, en una figura respetada, admirada, querida y reconocida.

España es un país trabajador, descentralizado, multicultural, amable, divertido, responsable, solidario, que ha cambiado, a mejor, su faz en las últimas tres décadas. Con problemas, como otros países de su entorno, víctima del terrorismo, con la inmigración, las diferencias territoriales, la corrupción urbanística, la vivienda, la inseguridad en el centro de las preocupaciones de sus ciudadanos pero dentro de una realidad ejemplar y con un futuro envidiable.

Una España, en cualquier caso, que ha crecido en estos últimos doce años en dirección contraria a mi segunda reivindicación, el Periodismo.

Un periodismo que cumplió un papel fundamental en la etapa de la transición pero que ahora no está a la altura del país, de sus ciudadanos, de sus empresarios, catedráticos, cooperantes, científicos, arquitectos, artistas, deportistas.

Un periodismo que ya no está protagonizado por periodistas, donde importan más los intereses políticos, comerciales, conspiradores que la verdad, el servicio al ciudadano, la vigilancia responsable del poder.

Un periodismo profundamente amarillo, sensacionalista pero disfrazado de una seriedad risible. Un periodismo desde el que no sólo se cuestiona el Estado de Derecho sino que, por intereses políticos, personales y comerciales, se pretende dinamitarlo. Donde se mezclan en el 11-M servicios de inteligencia marroquíes, con guardias civiles, policías, islamistas, etarras, jueces (Baltasar Garzón es la última diana), fiscales, periodistas, políticos, partidos, olvidando el daño que a las víctimas inocentes les produce la utilización asquerosa de su dolor.

Un periodismo donde no se deja que la realidad se imponga para no estropear un buen titular. Donde impera el insulto, la mentira, la manipulación.

Un periodismo de trinchera en el que se quiere meter, con nombres y apellidos, a los ciudadanos españoles, instándoles a que se avergüencen de sí mismos, de su país, de su democracia, de su historia, de sus empresas, de sus políticos y diplomáticos, de sus científicos, de sus catedráticos, de sus cooperantes, de sus artistas, de sus deportistas.

Esos profetas fundamentalistas del periodismo deberían provocar arcadas en las redacciones de sus propios medios, compuestas por excelentes y admirables periodistas, (miraros al espejo y reconoceros), que se suman a la locura colectiva o callan acogotados ante los dictados de unos conspiradores irresponsables que han perdido el norte, el cariño a esta noble profesión, el amor a España. Que han dejado de ser, desde hace ya mucho tiempo, periodistas.

Publicado por el diario ABC el lunes 16 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La 'Conspiración' que nunca ha existido (16 de octubre de 2006): Garzón, Gil Calvo y la cínica desmemoria

Por Narrador - 16 de Octubre, 2006, 5:00, Categoría: ABC y EL PAIS contra EL MUNDO

“Garzón” por Enrique Gil Calvo

El fraudulento montaje mediático que ha urdido desde hace dos años la derecha radical para minar la credibilidad del sumario del 11-M, y que la sociedad civil española está soportando impávida sin vergüenza ni oposición, ha entrado en una nueva fase, quizá decisiva, tras la intervención del juez Baltasar Garzón. Me refiero, claro está, a su denuncia jurídica de la trama del ácido bórico: la falsificación documental de unos absurdos informes periciales que vincularían a los asesinos islamistas del 11-M con los terroristas vascos. Pero Garzón no se ha limitado a revelar el fraude, sino que se ha atrevido a señalar con el dedo a sus patrocinadores y responsables últimos: la banda de mercenarios mediáticos, antaño motejada de sindicato del crimen, que le hace el trabajo sucio a la fracción extremista del Partido Popular.

"¡Otra garzonada!", exclaman con ira los estafadores, acostumbrados desde hace 15 años a que sus constantes fechorías informativas salgan adelante con total impunidad, pero que aún se duelen de cómo Garzón logró desactivar la trama fraudulenta que montaron hace casi dos lustros con el caso Liaño. Pues bien, con el caso ácido bórico podría pasar esta vez otro tanto y aún más, pues el Garzón con el que hoy se han topado es incomparablemente más poderoso y experimentado que el de entonces, reforzado como está por su éxito a escala internacional con el caso Pinochet, que le enfrentó a su defensor el fiscal Fungairiño, y por su éxito a escala española con el caso de la trama civil de ETA, que ha obligado a esta banda terrorista a iniciar el sendero de su autodisolución. Hoy Garzón es mucho más Garzón.

Pero resabiado por sus precedentes de impunidad, ahora el sindicato del crimen ha reaccionado a la denuncia de Garzón escenificando una vez más el mismo viejo truco de devolver el golpe volviendo el caso del revés por pasiva, a sabiendas de que la mejor defensa es un buen ataque. Para eso basta con redefinir el caso falsificando la realidad para invertir la carga de la prueba y pasar de acusado cogido en falso a acusador justiciero, en tanto que presunta víctima inocente cargada de razón. Por eso intentan convertir el caso ácido bórico en el caso Garzón, acusando al juez de prevaricar y de prostituir a la justicia al servicio de intereses políticos, que es justo lo que ellos intentan hacer no sólo desde hace dos años, con el caso 11-M, sino desde hace 15 años, cuando se inició la pinza mediática entre el PP de Aznar y el sindicato del crimen. Cree el ladrón que todos son de su condición. ¿O es que acaso lo dicen porque saben con quién se las entienden, dada su pasada participación en el caso GAL, cuando el sumario instruido por el juez Garzón y aireado por El Mundo inició el principio del fin de la era González? ¿Estamos ante una reedición de aquella campaña de acoso y derribo del felipismo, en la que todo vale con tal de destruir la confianza en el gobernante, esta vez dirigida contra Zapatero?

No lo parece, pues hay dos grandes diferencias entre los escándalos de los noventa y la experiencia actual. La primera es que los hechos denunciados en los casos GAL y Filesa eran ciertos, y por eso los electores expulsaron a González del poder que se resistía a abandonar, mientras que ahora las acusaciones del sindicato del crimen en la trama del ácido bórico y en el sumario del 11-M son absolutamente falsas. La segunda diferencia, debida a lo anterior, es que en esta ocasión el juez Garzón, que parece ahora como entonces fiel servidor de la verdad, no está con ellos, sino que se enfrenta abiertamente en su contra. El problema es que aunque no cuenten con Garzón, a cambio cuentan con la mayoría del Consejo del Poder Judicial, una mayoría que sí parece bien dispuesta a prevaricar y prostituirse, poniendo la máquina de la justicia que controlan al servicio de su partidismo político, con la connivencia de una derecha social siempre dispuesta a aplaudir los fraudes jurídicos dictados a su favor. Una tarea ésta, la de luchar contra el injusto sectarismo de la derecha mediática y judicial, a la medida de la ambición de un juez como Baltasar Garzón.

Publicado por el diario EL PAIS el lunes 16 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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