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Juicio 11-M: Editoriales (15 de febrero de 2007)

Por Narrador - 15 de Febrero, 2007, 12:00, Categoría: Opiniones

“11-M: La hora de la verdad” (Editorial de LA RAZON)

El juicio oral arranca hoy con demasiadas lagunas y muchas contradicciones              

Casi tres años después del más sangriento atentado terrorista sufrido por nuestro país, empieza hoy en Madrid el juicio oral con más incógnitas que certezas. La instrucción del sumario, realizada con relativa celeridad, ha suscitado enconadas polémicas a las que no han sido ajenos los intereses de partido. En todo caso, a la luz de lo esclarecido hasta la fecha, la ciudadanía se muestra muy escéptica sobre los resultados del juicio, tal y como puso de manifiesto la encuesta publicada por LA RAZÓN el domingo pasado. El propio sumario instruido por el juez Del Olmo, con sus aciertos y limitaciones, alimenta esa impresión generalizada de que en la masacre del 11-M se ignora más que se sabe. Para empezar, en el banquillo de los acusados se sientan 29 presuntos terroristas, pero sólo tres de ellos están imputados como autores materiales, aunque sólo hay pruebas sólidas contra uno de ellos. De los 26 imputados restantes, la mayoría son presuntos colaboradores indirectos. Tampoco se sabe quién dió la orden de atentar, ni quién eligió ni por qué el 11 de marzo. Por no saberse con seguridad no se sabe ni qué tipo exacto de explosivo utilizaron, ni cuántos terroristas intervinieron en la planificación y ejecución del atentado, ni lo que hicieron aquel fatídico día y los sucesivos... De todas las lagunas e incógnitas no despejadas tal vez las más inquietantes para el ciudadano son las que tienen a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluidos los servicios de inteligencia, en su epicentro. No se entiende ni puede digerirse fácilmente el hecho de que los principales sospechosos fueran confidentes o estuvieran estrechamente vigilados por la Policía. Y que, a pesar de ello, pudieran perpetrar la matanza con asombrosa facilidad. Es muy probable que las incongruencias, contradicciones y «chapuzas» que tachonan la instrucción del sumario tengan su explicación en esta especie de «pecado original». Entre las escasas certezas a las que ha llegado la investigación sobresale una: el porqué del atentado. El propio juez instructor, amén de sólidos estudios universitarios, ha sido concluyente: derrocar al Gobierno de José María Aznar. Tal vez por eso, porque era notorio el propósito que buscaban los terroristas, la investigación de la masacre ha tropezado con tantas incógnitas, sospechas no confirmadas y confirmaciones sospechosas. Por todo ello, del juicio que hoy comienza no cabe esperar ni grandes revelaciones, ni el esclarecimiento más convincente de los hechos, ni que se desenmascare a los verdaderos inspiradores de la matanza. Pero eso no significa que el juicio sea estéril o innecesario. Muy al contrario, el Estado de Derecho asienta su fortaleza en el ejercicio de la justicia, a pesar incluso de sus limitaciones. No cabe otra actitud democrática que la de confiar plenamente en los tribunales. Lo cual no impide que se siga investigando hasta alcanzar toda la verdad y nada más que la verdad. 192 asesinados y 1.500 heridos así lo exigen.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“11-M, el juicio que nos espera” (Editorial de EL PERIODICO)

Nunca la instrucción de un sumario judicial ha sufrido tantos acosos para tratar de ser desacreditada. Las presiones y ofensas sufridas por el juez Juan del Olmo y los funcionarios que le han acompañado en la instrucción solo pueden ser calibradas por ellos mismos. Pese a todo, han logrado terminar su trabajo que, con las imperfecciones de toda obra humana, no presenta carencias graves que menoscaben los objetivos procesales que permiten abrir hoy el juicio oral.

El fiscal tratará de demostrar durante el juicio que la masacre del 11 de marzo del 2004, el mayor atentado ocurrido en Europa desde el final de la segunda guerra mundial, y en la que murieron 191 personas y resultaron heridas otras 1.824, fue obra de una célula islamista de Al Qaeda como acción de respuesta a la invasión de Irak. Los cuerpos de seguridad han identificado a 12 de los 13 presuntos autores materiales (siete de ellos se suicidaron en Leganés cuando se vieron rodeados por la policía). En total, hay 29 personas procesadas y se piden más de 200.000 años de cárcel. El atentado fue inspirado, siempre según las conclusiones de la instrucción, por Rabei Osman, el Egipcio, que fue detenido en Milán y trasladado a España. El narcotráfico sirvió para financiar el atentado, que se realizó mediante la compra de explosivos robados por el minero español José Emilio Suárez Trashorras, también procesado.

Teoría conspirativa

Sin embargo, una teoría de la conspiración ha tratado de poner en duda esas conclusiones básicas. El motivo es que desde el instante mismo en que se produjeron las explosiones de Atocha se desencadenaron consecuencias políticas con intereses contradictorios. En realidad, en los trenes se dinamitó algo más que la vida de 191 inocentes, porque se alteró el ánimo de los ciudadanos españoles, que acudieron a votar tres días después inevitablemente influidos por los acontecimientos y por la gestión de la catástrofe hecha por Aznar. Se produjo entonces lo que en sociología se llama vuelco electoral. La sorpresa por un resultado difícilmente imaginable antes del atentado alimentó todo tipo de elucubraciones para restar legitimidad al Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Los dirigentes del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, podían haber optado por digerir la derrota, realizar la autocrítica de los hechos ocurridos durante aquellos tres días de marzo que fueron determinantes y haber extraído lecciones para el futuro. No fue así y, como en tantas ocasiones de la vida, la tentación fue esquivar las responsabilidades propias y tratar de debilitar al adversario que había ganado la partida.

El propio expresidente Aznar, durante su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, se encargó de alimentar la convicción de que nunca se llegaría a saber la verdad de lo ocurrido, ocultada por los más siniestros intereses. La insistencia en tratar de introducir a la organización terrorista ETA en la autoría del atentado ha tenido sus altibajos, con pretensiones absolutamente carentes de todo rigor. Por eso uno de los puntos calientes del juicio será el interrogatorio de tres etarras que comparecerán como testigos.

Nos esperan largos días de forcejeo entre lo que se conozca en la vista pública y lo que sostengan en los medios de comunicación habituales quienes han tratado de buscar contradicciones y sembrar dudas sobre la versión expuesta en el sumario. Muchos tratarán estos días de justificar sus actos políticos o sus ensoñaciones periodísticas, aunque sea pasando por encima de la verdad.

La hora de la Justicia

Es la hora de la Justicia con mayúsculas, en la que el tribunal de la Audiencia Nacional dictará una sentencia y sancionará a unos culpables. No habrá nada más que decir cuando el recorrido judicial acabe en las instancias de casación o, en caso de que alguien considere vulnerados sus derechos fundamentales, en el Tribunal Constitucional. Habrá quien insista en no darse por contento, pero un Estado de derecho es lo que determinan sus instituciones y quien quiera cuestionar la legitimidad de las mismas solo podrá esperar el más severo juicio de la historia.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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