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Juicio 11-M: Las Victimas (15 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 15 de Febrero, 2007, 9:40, Categoría: Victimas

Ante la batalla de sus emociones

Los psicólogos han preparado durante meses a las víctimas para que afronten el juicio que se inicia en la Casa de Campo

MADRID.- Para muchos será un auténtico calvario. Para otros, los menos, una gran liberación. La posibilidad de cerrar una puerta anima a muchos ante el gran reto que se inicia hoy. Pero la gran mayoría entiende que tendrán que atravesar de nuevo un largo desierto, un desierto del que no han podido salir durante tres años. Tendrán que revivir día a día todas las pesadillas que se iniciaron tras la matanza del 11-M.

Son ellas, las víctimas, las grandes protagonistas. Son ellas las que deberán estar en primera línea de la sala de la Casa de Campo, donde harán frente de nuevo a todos sus miedos, todos sus temores, todas sus frustraciones.

Fueron muchos los que durante meses y meses no se atrevieron, siquiera, a volver a subirse a un tren. Fueron muchos los que durante meses evitaron pasar por cualquiera de las estaciones donde se perpetró la matanza. Fueron y son muchos los que durante la noche, no una ni dos veces, se despiertan rememorando el ruido de la explosión y las imágenes crueles que aquella fatídica mañana del 11-M tuvieron que contemplar y que les acompañarán toda la vida.

Ellos son los protagonistas, las víctimas, los que lo vivieron en primera persona y lograron sobrevivir y los que tuvieron que enterrar a sus seres queridos. Aquella mañana, Madrid perdió a 191 de sus ciudadanos. Más de 1.500 personas sufrieron heridas físicas que han ido cicatrizando y heridas sicológicas «que no se cerrarán jamás», recuerdan los sicólogos que les atienden.

Estos profesionales han tenido que poner en marcha un estricto programa para preparar mentalmente a las víctimas de cara al juicio que se inicia hoy. «Es que van a tener que revivir su pesadilla diariamente durante meses. Van a tener que escuchar cómo se desmenuza cada uno de los datos, informes, estudios, análisis que hagan relación a la matanza. Y para hacer frente a ello es imprescindible una preparación previa», recuerda Syra Balanzat, sicóloga que trabaja con la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

Durante varios meses se han puesto en marcha talleres grupales encaminados a este objetivo: preparar mentalmente a las víctimas para afrontar un proceso que será muy largo. «Será una vuelta en el tiempo», recuerda.

Y la primera pregunta que se plantea es por qué quieren acudir al juicio, por qué quieren presenciar el desarrollo del proceso. No son todos los que quieren estar pero la razón principal es muy clara: quieren ver, ser testigos de que la Justicia trata de esclarecer lo que pasó aquella mañana en Madrid. Porque son muchos aún los que sospechan que la instrucción judicial realizada por el juez Del Olmo no ha logrado desentrañar todo el caso del 11-M. Sus dudas son aún tremendas. Y estos mismos están prácticamente convencidos de que estas dudas no se verán resueltas durante la fase de juicio oral. No obstante, quieren vivirlo en directo para avalar sus sospechas.

En esas reuniones previas, las víctimas han expuesto sus grandes temores: de lo que van a oir, de lo que van a ver, de cómo creen que les puede afectar el juicio... El primer gran miedo es muy escénico: cómo van a reaccionar al ver en directo la cara de los imputados de los acusados de participar en la matanza. «Esa es una inquietud que han mostrado muchos de los afectados», recuerda esta profesional de la sicología. No saben si los verán con temor, con odio, con afán de venganza, con dolor... El gran temor es «no poder controlar sus emociones», resume Balanzat.

Lo que han intentado en una segunda fase los profesionales de la sicología es tratar de familiarizar a las víctimas con el ambiente y el lugar en el que desde hoy se va a celebrar el juicio. «Se trata de que el entorno les resulte cómodo».

Así, en pequeños grupos de cinco o seis víctimas, la asociación ha estado ilustrándolos sobre cómo es la sala donde se celebrará el juicio, dónde se sentarán, cómo es el orden de intervención, quiénes componen el tribunal, cómo se sientan... El máximo posible de detalles para que las víctimas estén en un ambiente conocido. Les han mostrado fotos de la sala y croquis con la distribución interior. Una de las mayores curiosidades de ellos es saber dónde se sentarán ellos y dónde los acusados. Esta terapia, según los profesionales, reduce la ansiedad.

En una tercera fase, los sicólogos han explicado una serie de técnicas para lograr relajarse durante los meses que durará el juicio. No es fácil. Saben que durante meses van a revivir sus miedos y sus pesadillas. No estarán solos en la Casa de Campo, un equipo de sicólogos estará pendiente de su evolución. Quizá, el temor más importante es volver a contemplar en las televisiones las imágenes de los trenes después de los atentados. Las fotografías en los periódicos también están en el marco de ese temor. «Las imágenes de los trenes, de las bolsas negras, son lo que más conflicto sicólogo puede provocar», recuerdan los profesionales.

Y para ello, además de unos completos métodos de respiración, los especialistas les han explicado técnicas de relajación para que pongan en marcha en el momento en que noten que la respiración se les acelera. Deberán tratar de desviar la atención, de alejarse mentalmente del juicio y recrear situaciones placenteras fuera de la sala, fuera del 11-M. Difícil misión para los que tendrán que vivir siempre con el recuerdo de la masacre.

Una información de Fernando Lazaro publicada por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un dispositivo especial de atención

Los 36 centros de salud mental de la Comunidad de Madrid atenderán «sin demora alguna y de forma inmediata» a los afectados y víctimas que sufran crisis traumáticas durante la celebración del juicio. Estas personas también podrán recurrir a la Unidad de Trauma Psíquico del Hospital Clínico San Carlos, dirigida a adultos, y a la recién creada Unidad de Psicotrauma Infantil del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, si se trata de niños y adolescentes.

Además, para completar esta asistencia psicológica y médica, el Gobierno regional desplazará al lugar de celebración de la vista judicial un psiquiatra y un psicólogo y, aparte, un Vehículo de Intervención Rápida del Servicio de Urgencia Médica de la Comunidad de Madrid, dotado con «un médico, un enfermero y dos técnicos de emergencias sanitarias», dispositivo que se mantendrá «todo el tiempo» que dure el juicio. Así lo explicó a Europa Press la directora general del Servicio Madrileño de Salud, Almudena Pérez, quien justificó esta iniciativa en vista de que los afectados «pueden revivir el trauma psíquico que sufrieron» en su día. Pérez explicó que la Consejería de Sanidad ha mantenido activo desde el 11-M un dispositivo especial de salud mental que ha atendido a 3.229 personas de las que 250 todavía reciben tratamiento.

Una información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

Otra prueba para las víctimas

MADRID. Laura lleva ya tres años en vía muerta, protegida por la discreción y el amor de los suyos. El silencio que la ampara es, quizá, la mayor reserva de dignidad entre los manejos e intereses de parte que vienen lacerando a las víctimas del 11-M desde el día mismo de los atentados. Laura, tan joven, quedó en estado vegetativo, hasta hoy, la jornada en la que comienza un juicio capital para que la sociedad española restañe la brecha abierta por una conmoción sin precedentes. Laura tomó un tren de cercanías y su vida cotidiana se detuvo en esa estación sin retorno que los médicos denominan «coma irreversible», un limbo amarguísimo en el que su familia ni puede aferrarse al duelo de la pérdida ni tiene a su alcance atisbo alguno de esperanza. No la hay. Las explosiones de los trenes arrancaron la vida a 191 personas marcaron para siempre a más de 1.800 heridos y postraron a Laura en su túnel oscuro.

Han transcurrido 36 meses desde el brutal ataque terrorista de Madrid, el mayor de todos los tiempos en Europa, y las víctimas son hoy el reflejo doloroso del recelo enquistado desde entonces en la sociedad española y de la disparidad de apreciaciones sobre lo sucedido. Dos asociaciones las representan desde posiciones antagónicas: mientras la de Afectados 11-M, presidida por Pilar Manjón, se enfrenta a este complejísimo juicio con la convicción de que en él «todos los que están, son» , según aseveró la propia Manjón el pasado martes; la de Ayuda a Víctimas 11-M, encabezada por Ángeles Domínguez, al igual que algunas personas que se han afiliado a la AVT, se han sumado a la «teoría de la conspiración» con el trasfondo de una pretendida inconsistencia del sumario instruido por el juez Del Olmo.

Los «no asociados»

No faltan en ese escenario de división intentos de atribuir a unos u otros una mayor representatividad, siempre relativos, ya que la mitad de los familiares de las víctimas mortales ha renunciado a apuntarse a cualquiera de las «terminales» de este dispar movimiento asociativo. En la vista judicial que hoy comienza en la Casa de Campo se han personado 23 acusaciones particulares, de las que tres corresponden a las asociaciones (Ayuda a Víctimas 11-M, Afectados 11-M y AVT) y las restantes a un muy significativo número de personas (el propio desarrollo del juicio aclarará cuántas) sin «carné» de estos colectivos. Ante el Tribunal se ha acreditado que la entidad de Pilar Manjón representa a las familias de 81 asesinados y la de Ángeles Domínguez a las de 12 fallecidos.

Pese a sus discrepancias, todos los colectivos coinciden en que el paso del tiempo no sólo no ha aligerado el peso de su labor psicológica y asistencial con las víctimas de la matanza, sino que lo ha incrementado. Hacen notar, por ejemplo, que los casi tres años transcurridos marcan la forzada reincorporación a la vida laboral de personas que, en muchos casos, no están en condiciones de asumir aún esa responsabilidad, pese al alta médica, ya sea por problemas psíquicos o por dolores crónicos ocasionados por restos de metralla o lesiones auditivas.

Revivir el trauma

El alud informativo sobre el comienzo del proceso judicial está también atenazando a muchas de las víctimas, ya que estas circunstancias de notoriedad pública les hacen revivir el trauma sufrido, según reseñan sus psicólogos. Una realidad que reflejaba esta semana la mirada empañada de Isabel Casanova. Tres años sin Jorge, su hijo, y una reválida diaria desde aquel momento: «No he vuelto a ser la misma. Jamás lo seré. Después de aquello, hasta freír un huevo puede convertirse en una heroicidad». Todo se quebró a raíz de la tragedia. Isabel, que vive en Alcalá de Henares, dejó su trabajo como auxiliar de clínica para atender a sus otros tres hijos, ya que su ex marido también fue asesinado en los trenes.

Para Isabel y para otras 190 familias, el juicio a los veintinueve acusados por el 11-M, tan necesario, es también abrir de nuevo la puerta de aquella espiral de angustia. Refrescar la búsqueda enfebrecida y las llamadas sin respuesta a un teléfono móvil, hasta tropezar de bruces con la evidencia del abismo. Otra vez se les pone a prueba.

El comienzo del juicio del 11-M ha servido como recordatorio de que una joven herida en los atentados continúa postrada en un coma irreversible, mientras otras víctimas reviven el trauma

Un tercio de los afectados siguen yendo al psicólogo

Un informe de la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M, que preside Ángeles Domínguez, revela que, tres años después, el 27 por ciento de los afectados por los atentados de los trenes reciben aún tratamiento psicológico y que el 50 por ciento de las personas que se vieron involucradas en los salvajes ataques tiene todavía miedo y ansiedad.

La psicóloga de esa Asociación, Syra Balanzat, explicó que el atentado de Barajas y el inicio del juicio del 11-M están generando en las víctimas «estrés postraumático» y comentó que otras secuelas que aún padecen son problemas de ansiedad, inseguridad, desconfianza en los demás, disminución de la autoestima, trastornos en el sueño e irascibilidad y rabia que les dificultan la convivencia familiar en muchos casos.

Subrayó que muchas de las víctimas no han superado aún el miedo a viajar en tren (el 16% no ha podido volver a subirse en uno) e insistió en la importancia de que los medios de comunicación no difundan imágenes de aquel día.

Texto de Blanca Torquemada publicado por el diario ABC el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

Tres años con el miedo metido en el cuerpo

La mitad de las víctimas aún sienten miedo e inseguridad y no han podido recuperar su vida previa al atentado, mientras que dos de cada diez afectados aún no han vuelto a montar en un tren

Madrid - Las 10 bombas que estallaron en cuatro trenes de Madrid rompieron para siempre la vida de 2.000 familias, las de los 191 asesinados y los 1.824 heridos en el amanecer del 11 de marzo de 2004. Casi tres años después, la mitad de las víctimas aún presenta ansiedad, depresión, miedo e inseguridad, que le ha impedido recuperar su vida social previa al atentado, o incluso moverse con tranquilidad en los medios de transporte públicos. Dos de cada 10 afectados aún no se ha visto con fuerzas para volver a montarse en un tren, según un estudio llamado Las víctimas, 36 meses después, elaborado por dos psicólogas y dos trabajadoras sociales para la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.

El estudio fue elaborado con 300 víctimas del atentado, de las que el casi el 60% eran afectadas directas y, el resto, familiares, padres, madres o hijos de fallecidos o heridos. Casi tres años después de sufrir el atentado, el 59,3% de las víctimas sigue con problemas auditivos (muchos se quedaron completamente sordos como consecuencia de los estallidos), el 50,4% sigue padeciendo las secuelas psicológicas de aquella tragedia y el 9,7% arrastra problemas neurológicos.

Durante la presentación del estudio, la psicóloga Syra Balanzat explicó que la proximidad del juicio, así como el atentado que ETA perpetró el 30 de diciembre en el aeropuerto de Barajas, han generado "estrés postraumático" en las víctimas, que incluso presentan "nuevos síntomas". El juicio ha supuesto una "victimización secundaria" de los afectados, por las dificultades para afrontar el sistema jurídico penal, lo que se traduce en "reactualización del trauma, sentimientos de indefensión y desemparo". Además, la constante presencia de las imágenes de los ataques en los medios de comunicación, o incluso la emisión de imágenes de nuevos atentados, provoca las mismas sensaciones en las víctimas del 11-M.

Los psicólogos de la Comunidad de Madrid advirtieron ayer de que, "en el momento de afrontar un juicio como es el del 11-M" muchas víctimas "puedan dar marcha atrás y revivir aquellos momentos que fueron muy especialmente traumáticos para ellas y, en general, para todos". En el edificio de la Casa de Campo en la que se celebrará el juicio a partir de hoy habrá "varios psicólogos, asistentes sociales y personal sanitario, atentos ante cualquier necesidad de ayuda psicológica o médica". Las asociaciones de víctimas también llevarán al juicio a sus propios psicólogos.

El estudio de la asociación que preside Ángeles Domínguez y patrocina la Comunidad de Madrid, asegura que el 50,4% de los afectados aún presenta "síntomas como ansiedad, depresión y una sensación constante de miedo e inseguridad", e incluso "desconfianza hacia los demás y ante ellos mismos". Una cuarta parte sigue en tratamiento psicológico.

El 16% de las víctimas directas "sigue sin poder utilizar el tren", pero los que sí han podido volver a montar "manifiestan síntomas de ansiedad durante el trayecto o necesitan ir acompañados de otras personas". El porcentaje de quienes mantienen fobia a los trenes es algo más alto entre los familiares de fallecidos o heridos en los atentados (17,3%).

El informe explica que el 28% de los afectados aún no ha conseguido su reconocimiento como víctima del terrorismo, y la mayoría de ellos ha tenido que pasar hasta dos veces por un tribunal médico para que se hiciera una valoración de sus heridas. El 70,4% no está satisfecho con la baremación de las secuelas psicológicas y físicas de dichos tribunales.

Ésta y otras situaciones han dificultado la adecuada reinserción de la víctima y de su familia, hasta el punto que "la mitad de las familias dicen no haber recuperado todavía su vida anterior al atentado". El 23% de los afectados directos, además, no ha podido volver a trabajar, y la mitad de ellos se encuentra ahora en el paro, jubilado o, los menos, cobrando una pensión de invalidez. El 42,4% ha tenido que acudir a un profesional en busca de apoyo por "las dificultades para la convivencia" que el atentado ha producido en ellos.

Las víctimas resumen sus problemas en cinco: dificultades en la convivencia familiar, sensación de desinformación, necesidad de contacto con las instituciones y necesidad de apoyo frente a las secuelas físicas y psicológicas. Es decir, ayuda y comprensión.

Texto de José Manuel Romero publicado por el diario EL PAIS el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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