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Juicio 11-M: Editoriales (16 de febrero de 2007)

Por Narrador - 16 de Febrero, 2007, 9:00, Categoría: Opiniones

“Una apariencia diminuta para una acusación monumental” (Editorial de EL MUNDO)

Será difícil encontrar en los anales de la historia judicial otro caso de una mayor disparidad entre la monumental pena que solicita la Fiscalía y la imagen diminuta que dio ayer uno de los principales acusados -Rabei Osman, El Egipcio- en el comienzo del juicio por el 11-M.

El Egipcio se presentó como un musulmán moderado, maltratado por la vida, de buen corazón y que repudia la violencia. No dudó en condenar el atentado de Madrid y el resto de los actos terroristas cometidos en Europa y en EEUU. La imagen que ofreció no concuerda nada con la que refleja el sumario, donde se le presenta como el fanático cerebro e inductor de la masacre para el que la Fiscalía pide 38.656 años de cárcel.

Sin duda, las apariencias engañan porque el acusado sí es un exaltado islamista que, como reflejan las cintas grabadas en Italia, justifica y alienta el terrorismo. Significativamente, El Egipcio se negó ayer a responder a las preguntas de la Fiscalía y el resto de las acusaciones, pero contestó luego a un cuestionario de su abogado.

El principal elemento incriminatorio son esas cintas grabadas por la Policía italiana, en las que él se jacta de haber organizado los atentados de Madrid. Pero caben serias dudas de que sus palabras sean algo más que un farol, ya que demuestra en esas grabaciones una enorme ignorancia sobre los autores y los detalles del atentado. En una cinta grabada dos meses después de la masacre, afirma que el islamista El Morabit había muerto en Leganés cuando se había publicado que estaba detenido.

Su conexión con los miembros del comando parece endeble y lo único que quedó acreditado ayer es que había sido alumno de El Tunecino, que le dio clases de castellano.

El Egipcio afirmó categóricamente que abandonó España en febrero de 2003, un año antes del 11-M, y que jamás volvió hasta su entrega por el Gobierno italiano. Para condenarle, harían falta pruebas más sólidas que su probablemente fantasiosa autoincriminación en las cintas, habría que acreditar la naturaleza criminal de sus contactos con otros imputados o habría que demostrar que estuvo en Morata en vísperas del 11-M, como mantiene una testigo.

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermudez, interrumpió con buen criterio la sesión para que acusado y abogado pudieran escuchar las grabaciones antes de responder a las preguntas de hoy. Gómez Bermudez presidió con autoridad el juicio, demostró que conoce el sumario y que tiene una gran experiencia procesal. Pero intimidó al abogado defensor de El Egipcio y se excedió al no permitirle que preguntara si el acusado condenaba el 11-M y al reprocharle con ironía fuera de lugar que quisiera asumir el papel de la acusación. Tal vez actuó así porque quiso transmitir el mensaje de que no va a tolerar que el proceso se le escape de las manos.

Entre tanto, fuera de lo que sucedía en el juicio, la cuestión de los explosivos seguía centrando ayer la atención de los medios y los dirigentes políticos. Especialmente llamativas resultan las declaraciones de Rubalcaba, que, emulando el «vale ya» de la fiscal Olga Sánchez, aseguró que no cabe duda de que los análisis corroboran que el explosivo de los trenes fue Goma 2 ECO, al igual que el hallado en Morata, la Kangoo y la mochila. El problema para el Gobierno es que la Goma 2 ECO no contiene el dinitrotolueno (DNT) que han detectado los nuevos análisis. Ello queda reforzado hoy por un informe del Ministerio de Industria, que se suma a los de la Guardia Civil y del fabricante, y corrobora que ese componente no forma parte de la Goma 2 ECO. Es más, señala que esta dinamita se comenzó a producir para eliminar el DNT que sí tenía la Goma 2 EC, lo que implica que la tesis de la contaminación supondría atribuir a Unión Española de Explosivos el mayor de los fiascos comerciales.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“La hora de la verdad” (Editorial de ABC)

Desde ayer, la Justicia es imparable en su tarea de encontrar la verdad sobre los atentados del 11-M. Sin duda, esta es la principal valoración que merece la celebración de la primera jornada del largo juicio oral que va a oír a veintinueve acusados y más de seiscientos testigos. Ese juicio, que tan improbable parecía, toma cuerpo y demuestra, frente a críticas desmesuradas y escepticismos infundados, que el Estado de Derecho funciona en España y que es la única vía legítima para dar justicia a las víctimas y hacer que el peso de la ley caiga sobre los culpables. Aun así, habrá que asumir que este proceso no podrá reparar los terribles daños sufridos por las familias de las víctimas y por los heridos. Hasta ahí no puede llegar la justicia humana, pero sí está en condiciones -debe estarlo- de aclarar qué pasó, quién fue y por qué sucedió.

Muchos se habrán sorprendido al comprobar en directo los medios técnicos y humanos que se han puesto a disposición de este juicio. Sorpresa justificada, pero a la que debería seguir un claro e incondicional voto de confianza para el tribunal, porque, al final, y en contra de lo que anunciaban los agoreros del oscurantismo, están sentados en el banquillo los presuntos responsables de la matanza y todo se va a discutir a la vista de la opinión pública. La aparición de nuevos rastros de explosivo ha podido empañar este arranque de la vista oral. También ha sido motivo, sin duda, para juzgar críticamente la instrucción sumarial, pero aun así lo importante es que también este capítulo esencial del atentado -los explosivos empleados- será aclarado por los peritos, en juicio oral y ante el tribunal sentenciador. Es decir, en el lugar que corresponde.

Parece evidente que el presidente de la sala va a conducir con mano de hierro las sesiones del juicio, porque, en otro caso, se puede romper la cadencia de declaraciones e interrogatorios, que siempre es conveniente mantener, entre otras cosas, para que el propio tribunal tenga una mejor impresión de conjunto sobre el resultado de la prueba. Pero, además, en poco más de un año empiezan a extinguirse los plazos máximos de las prisiones provisionales y, si no hay sentencia -y condena- para entonces, no podrán prorrogarse los encarcelamientos. El tribunal deberá encontrar el punto de equilibrio entre el mantenimiento del ritmo del proceso y las incidencias que vayan surgiendo, sobre todo si éstas pueden comprometer el derecho de las partes a su defensa y a las pruebas.

La primera sesión no deparó sorpresas, ni en la declaración de Rabei Osman El Sayed, Mohamed «El Egipcio», uno de los principales acusados, ni en los interrogatorios del fiscal y de los abogados de la acusación y la defensa. El Sayed anunció que no contestaría a nadie, razón por la que se dio lectura íntegra a su declaración sumarial. Finalmente sólo respondió a las preguntas de su letrado defensor, -después de que por la mañana rechazara hacerlo-, para negar su participación en los atentados y para condenarlos, una vez que la fiscal del caso y el resto de letrados de la acusación y la defensa dieran lectura a sus respectivos interrogatorios al acusado, quien no se inmutó. Interrogatorios que, por otro lado, no reflejaron preguntas con las que se pretendiera dar cobertura a las teorías alternativas que se han construido en paralelo al sumario.

Las que se hicieron sobre la posible colaboración de los islamistas procesados con otros grupos terroristas fueron planteadas de manera que encajaban perfectamente en el interrogatorio a un acusado por delitos de terrorismo. Ahora que el proceso judicial del 11-M entra en su fase decisiva se va a comprobar que es muy fácil propalar versiones extrasumariales que no tienen que pasar el filtro de la prueba, del debate judicial y del veredicto jurisdiccional, porque quien las fabrica actúa como juez y parte, prejuzgando el resultado y descalificando todo aquello que no sirva a su teoría.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Víctimas en el juicio” (Editorial de EL PAIS)

El juicio sobre el 11-M, cuya primera sesión estuvo dedicada ayer al interrogatorio del primer acusado Rabei Osman, El Egipcio, uno de los presuntos autores intelectuales de la masacre, ha comenzado envuelto en los ecos de la polémica sobre la composición química de los explosivos que estallaron en los trenes. Los datos sobre esa composición no cuestionan lo establecido en la instrucción sumarial de que fue Goma 2 Eco, procedente de la mina asturiana Conchita, lo que estalló en los trenes y en los otros escenarios de actuación terrorista, pero la polémica amenaza una vez más con dejar fuera del principal foco del proceso a las 191 víctimas mortales y a las 1.824 que resultaron heridas de diversa gravedad en aquel terrible atentado.

Los efectos políticos atribuidos al 11-M (la pérdida del poder por parte del PP) han envenenado las relaciones entre los principales partidos, y su bronca permanente se ha proyectado de manera perversa sobre la investigación policial y la instrucción judicial, absurdamente cuestionada sobre la base de hechos y datos circunstanciales, objetivamente irrelevantes. Lo más lamentable es que esa división se haya trasladado a la consideración de las víctimas mismas, objeto en ocasiones de actitudes de menosprecio del todo incomprensibles.

Este clima y esta actitud tendrían que desaparecer durante el juicio y quedar a las puertas del tribunal. Sin embargo, hay indicios de que no va a ser así. Resulta procesalmente anómalo y moralmente escandaloso que dos de las acusaciones que ejercen la acción popular en representación de las víctimas -no la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo- compartan estrategia con las defensas para debilitar los indicios de prueba acumulados por la instrucción contra quienes se sientan en el banquillo de los acusados. Algo chocante en cualquier juicio, y mucho más en uno sobre terrorismo. Estas acusaciones parece que buscan dar verosimilitud a las teorías conspiratorias empeñadas en buscar unos supuestos "autores intelectuales" (o verdaderos culpables) diferentes de los que figuran en los casi 100.000 folios de la instrucción. Con el efecto de exculpar o al menos de difuminar la responsabilidad de aquellos a los que la justicia ha identificado, con el aporte de innumerables pruebas.

El proceso tiene como principal cometido hacer justicia, en especial a las víctimas, cuyo recuerdo y dolor de sus próximos merecen todo el respeto por parte de la sociedad y no debates abstrusos sobre minucias convertidas en categorías por especialistas en crear confusión, aprovechando la credulidad de un público sediento de emociones. En la sesión de ayer, El Egipcio, que en una conversación privada grabada por la policía italiana se atribuía el diseño de la matanza, se negó a responder a la acusación, pero sí lo hizo a su defensor para declararse inocente e incluso condenar de boquilla los atentados de Madrid, Londres y Nueva York. Es prematuro sacar conclusiones de esas palabras pues lo que ha de condenarle o absolverle son sobre todo los indicios de pruebas acumulados contra él en la instrucción sumarial y que el tribunal debe valorar.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Que nadie olvide a las víctimas” (Editorial de EL PERIODICO)

El juicio por los atentados del 11 de marzo del 2004 empezó ayer en un clima de gran expectación y sin que decayera la guerra mediática entre quienes agitan el fantasma de la participación de ETA en la masacre y quienes juzgan razonable la instrucción del sumario por el juez Juan del Olmo sobre la base de las investigaciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Esta vez fue a cuenta de los informes periciales sobre los explosivos que estallaron en los trenes. Los ventiladores para crear dudas sobre la instrucción no van a parar, pese a que la maquinaria judicial sigue su camino inexorable. Lo triste es que en medio de esta batalla muy pocos se han acordado de las víctimas directas: de los familiares de los 191 asesinados y de los 1.824 heridos en las explosiones.

Hubo un tiempo en el que las víctimas del terrorismo eran protagonistas solo de las informaciones de los entierros. Pasada la conmoción de los atentados, poco más se sabía de viudas, madres, padres o huérfanos. El Estado tampoco era capaz de compensar económicamente de forma adecuada y de hacer sentir la solidaridad a quienes tanto habían perdido. Después la situación mejoró. La gigantesca movilización por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, en 1997, fue una sacudida a las conciencias. Una ola de afecto con quienes sufrían recorrió el país y los sucesivos gobiernos fueron mejorando el trato a las víctimas. Pero en los últimos tiempos, estas han sido utilizadas demagógicamente por el PP y sus medios afines. En una operación revestida de proclamas humanitarias, lo que se ha intentado ha sido utilizar a las víctimas como ariete contra el Gobierno y el proceso de paz inspirado por Rodríguez Zapatero. Si alguna de ellas discrepaba, se le silenciaba o se le vejaba, como es el caso de Pilar Manjón, madre de uno de los jóvenes asesinados el 11-M y mujer que tuvo ayer el valor de mirar a los ojos a los acusados.

Un vistazo a las informaciones sobre la apertura del juicio oral del 11-M indica que las víctimas han pasado a un segundo plano. Vale la pena hacer un llamamiento a la solidaridad y el respeto a quienes estos días van a soportar testimonios terribles, mentiras hirientes y reproducciones de escenas que causaron tanto dolor. Una llamada extensiva a unos medios de comunicación poco acostumbrados a la reflexión a la hora de reproducir imágenes que devuelven el horror a quienes no consiguen olvidar.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“Normalidad en la Casa de Campo” (LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

El balance de la primera jornada del juicio del 11-M, celebrado en medio de una inusitada expectación en el local preparado al efecto en la Casa de Campo de Madrid, podría resumirse con una frase de corte marcial, que subraya la ausencia de sobresaltos: Sin novedad en el frente. Estamos ante un frente judicial, ante un frente mediático y, sobre todo, ante un frente social, que ha vivido bajo la abrumadora presencia de un hecho terrible, sucedido hace tres años: la matanza de casi doscientas personas en el mayor atentado cometido en España. La primera sesión de la vista oral contra los acusados por esa masacre, que probablemente cambió el curso de nuestra historia, ha transcurrido con normalidad.  

Hay que felicitarse por ello y agradecer a los magistrados —en especial al presidente Gómez Bermúdez— su firmeza frente a las dificultades, porque tienen ante sí el difícil reto de poner el punto final a los enigmas abiertos aquel 11 de marzo de 2004. El primer acusado, el Egipcio, ha hecho uso de su derecho a negar toda participación en los sucesos, y ello también forma parte de la normalidad. Como lo es que su abogado haya tenido que ser llamado al orden en ocasiones, y que el trabajo de los intérpretes no haya sido todo lo fino que sería de desear.  

Sin embargo, al margen de pequeños contratiempos, será bueno para todos que la Justicia se abra paso, en la mayor medida posible, en un asunto que ha enfrentado al Gobierno y a la oposición, que ha desatado enormes pasiones y que ha producido un inmenso dolor a un grupo muy numeroso de personas. Las víctimas, presentes también en la Casa de Campo, se merecen que este juicio esté a la altura de su tragedia.  

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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