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Juicio 11-M: Opiniones (16 de febrero de 2007)

Por Narrador - 16 de Febrero, 2007, 8:30, Categoría: Opiniones

“Justicia, melancolía” por Federico Jiménez Losantos

El comienzo del juicio del 11-M habrá despertado en el ciudadano consciente de sus derechos, pero también de sus problemas para hacerlos valer, muchas y encontradas sensaciones. Se dice que lo que está realmente en los tribunales o sometido a juicio es la propia administración de Justicia. Y se añade que la condena debería darse por hecha tras el ominoso desastre de la instrucción del sumario a cargo del juez Del Olmo, que ha quedado ya para la Historia como la mayor calamidad que haya caído sobre la Justicia, en el más grave de sus casos.

Sin embargo, los partidarios de ver el vaso medio lleno dicen que precisamente por la calamitatis et miserie de Juan del Olmo y la fiscal Valeyá, todo gesto de Javier Gómez Bermúdez y sus compañeros de tribunal será especialmente apreciado, porque, del mismo modo que a los ciudadanos les da miedo pensar que gente del PSOE o del Gobierno pudiera haber participado en los atentados o, como mínimo, obstruido la acción de la Justicia para perseguir a los asesinos, hay muchos que quieren creer en los jueces porque no se atreven a confesarse a sí mismos que el Estado de Derecho no existe en España. O que tiene dificultades insalvables para existir cuando se atraviesa en su camino la política, como es el caso de esta masacre que buscaba echar al PP del Gobierno y que, evidentemente, lo consiguió.

Yo creo que las dos posturas son defendibles. Ha sido tan horrenda la actuación del juez instructor que cualquier desconfianza en la Administración de Justicia está avalada por los hechos. Pero la intolerable manera de instruir el Restario y el modo de actuar de la fiscal Sánchez -«en los trenes estalló Goma 2 ECO ¡y vale ya!»- nos hacen anhelar vehementemente la existencia de jueces y fiscales dignos de esos nombres.

Y como, sin duda, hay muchos fiscales y jueces respetables, nos aferramos a ellos como a un clavo ardiendo. Lo malo es que la desvergonzada operación político-mediática para hacernos comulgar con la rueda de molino de la Versión Oficial constituye un obstáculo difícilmente superable. Y lo normal es que gente que ha sido capaz de actuar de forma tan infame en estos tres años se supere a sí misma. Eso, aparte de que la deficientísima y probablemente delictiva investigación poli-judicial haga intransitable el camino hacia la verdad de los hechos.

Ojalá me equivoque. Ojalá los jueces del 11-M sean capaces de remediar y no sólo de remendar el desastre institucional que los precede. Triste es reconocer que la invocación a la Justicia por encima de la política es de orden melancólico, como explicó Juaristi en su libro sobre el nacionalismo vasco, instalado en el empeño de recuperar algo que nunca existió. Nuestro Aitor se llama Gómez Bermúdez, y, de momento, pertenece más al orden del deseo que al de la esperanza.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“11-M (I)” por Erasmo

Babel de traductores, portátiles, sumarios, encausados, testigos, Audiencia Nacional: súbitamente, elmundo.es. Esos rostros dan presunta corporeidad al terror, al océano de letras en pos de lo ignoto: Mohamed, El Egipcio, Rasputín silente: inocente. Dice. El régimen lo explica, autor intelectual (sic) aparente: pobre. Un secreto, dentro de un misterio, dentro de un enigma, dentro de un arcano: 192 tumbas.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un principio anodino” por Luis del Pino

Inercia. Comienza el juicio del 11-M. Durante tres años, hemos estado avisando de que nos ocultaban los informes de explosivos de los trenes, que todo el caso está basado en pruebas sobre las que pesan graves sospechas de falsedad. Los hechos han venido a darnos la razón. Los nuevos análisis químicos han revelado que en los focos de los trenes pudieron estallar unas bombas que nada tienen que ver con la Goma 2 ECO en que está cimentada la versión oficial. Hubiera sido normal aplazar el comienzo del juicio hasta aclarar las dudas que existen sobre el arma del crimen, pero la maquinaria judicial no puede ya detenerse: se quiere juzgar a estos precisos imputados y se quiere hacerlo ya. La inercia ha ganado la primera batalla. Aunque no está mal que podamos, por fin, interrogar a los testigos sobre tanto enigma pendiente.

Generalidades. Sin sorpresas en la sesión inaugural. Gómez Bermúdez no va a dejar que un juicio tan complejo se le escape de las manos y rechaza los intentos de plantear cuestiones previas. Se entra directamente a interrogar a los acusados, en el orden marcado por la fiscal. Hubiera sido más lógico comenzar por los autores materiales, porque permitiría a la opinión pública entender mejor qué relación tiene el juicio con los hechos. Pero Olga Sánchez ha preferido enfriar las expectativas y ha elegido comenzar por los presuntos ideólogos de los atentados. Se ha hablado mucho, por tanto, de las tendencias islamistas de uno de los imputados, pero poco del propio 11-M. Quien haya seguido la sesión, sale hoy con la misma idea del atentado que tenía ayer.

Condena. Mohamed El Egipcio ha declarado primero. No estaba en España el 11 de marzo de 2004 y ni siquiera sabía cuánta gente había muerto en Leganés, pero le acusan de ser el autor intelectual de la masacre. Niega cualquier participación en los hechos, cosa lógica, pero también ha condenado la matanza del 11-M. ¿Éste es, de verdad, un peligroso líder islamista?

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un hombre, dos personajes” por Victoria Prego

Vayamos con calma, que esto no ha hecho más que empezar. La sesión inaugural del juicio del 11-M careció casi por completo de la carga de emoción que, sin embargo, merece, y que parte de la opinión pública, pero también los partidos políticos, tienen depositada en él. Si exceptuamos la beligerante actitud de Pilar Manjón, presidenta de la asociación mayoritaria de víctimas de aquel atentado, quien hizo notar desde el primer minuto a los acusados que está decidida a perseguirles moral y judicialmente hasta donde sus fuerzas se lo permitan, el resto de los afectados se comportó con una mesura sorprendente. Tanto, que ni siquiera la sala habilitada para ellos llegó ni remotamente a llenarse. Puede que no se atrevieran aún a enfrentarse a quienes están señalados como los causantes de tanta tragedia. Puede que hayan querido esperar a que los periodistas vayamos abandonando el campo para ir acudiendo, poco a poco, a hacer lo que ayer hizo Manjón: mirarles a la cara uno por uno y retarles con su presencia. El caso es que asistieron pocas víctimas y las que lo hicieron se comportaron con extrema discreción, como en voz baja. Nada que ver con los últimos juicios contra los grandes asesinos de ETA, en los que familiares de los muertos dejan resbalar incontenible su ira ante los cristales blindados que encierran a los terroristas.

No fue por tanto la de ayer una sesión cargada de electricidad, pero sí permitió hacer dos constataciones importantes.

La primera, que a partir del momento en que el llamado 'El Egipcio' se decidió a hablar, pudimos los presentes atisbar por dónde pueden ir algunas cosas en esta vista que va a durar meses. Puede que muchos de los acusados, y no sólo éste, vayan a presentarse como víctimas inocentes de una injusticia sin base. Habrá que esperar a la presentación de pruebas para comprobar si es posible pulverizar esa versión arcangélica. Éstos serán los momentos clave: todas las ocasiones en las que las pruebas inculpatorias se presenten y permitan al tribunal -y en cierto modo a los observadores- calibrar la solidez de los datos que señalan la responsabilidad criminal de estos 28 hombres y de esta mujer. Hoy mismo tendremos la primera oportunidad: asistiremos al enfrentamiento de Rabei Osman con su propio personaje. Hoy se celebra una especie de careo entre la versión ovina que él ofreció ayer de sí mismo y las cintas grabadas en las que el propio acusado se jacta de haber inspirado y planificado la matanza. El hecho, ya apuntado por este periódico, de que en sus conversaciones telefónicas intervenidas por la policía haya cometido errores de bulto sobre datos que él debería conocer perfectamente si fuera verdad que había organizado el crimen, otorga mucho interés a la sesión de hoy por la mañana.

Por lo que se refiere al tribunal, se vio ayer con nitidez que su presidente, Gómez Bermúdez, no está ni mínimamente dispuesto a que las partes intenten conducir el juicio según su conveniencia. Es muy posible que con dos o tres jornadas más nadie albergue ya la menor duda de que las cosas se van a hacer bien y se van a hacer todo lo rápido que el rigor procesal permita. Bromas, ni una.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un tipo modesto” por David Gistau

Más allá del perímetro policial, había corredores en chándal y paseantes con perro. El simulacro de una mañana cualquiera en la Casa de Campo, rota por el zumbido del helicóptero y por el trasiego de los furgones celulares que aún preservaban el misterio de los rostros. Sobre todo, rota por la procesión de los dolientes. Las víctimas caminaban como si desde la avenida de Portugal hasta la puerta del búnquer de ladrillo hubieran de atravesar como funambulistas un fino alambre anímico: los psicólogos, los botiquines, eran la red tendida para amortiguar el golpe de los que fueran cayendo. Dentro, a los 29 de la infamia, Pilar Manjón los recibió a portagayola, con una mirada que acaso sea la más viva de las que le quedan y que intentaba decir lo que James Stewart en un Western: «Cada vez que te des la vuelta, ahí estaré yo, persiguiéndote». Una mota de polvo que se agranda.

Oscar Wilde decía que él sólo necesitaba un público.

En la medida en que también puedan tenerlo y necesitarlo los autores de una masacre celebrada en la rapsodia de su ambiente, resulta que Rabei Osman El Sayed, El Egipcio, decepcionó al suyo. No le pudo el ego, como en esas conversaciones telefónicas intervenidas por la policía italiana en las que se ufanaba del atentado como si hubiera dejado impresa la primera huella en la Luna. Tampoco se comportó como los etarras que patean el cristal del habitáculo, cargados de orgullo de ser y entregados a su público.

Hubo de reparar mediante un receso de cinco minutos, una descoordinación con su abogado defensor. Pero, cuando por fin se avino a responder a sus preguntas, fue para retratarse, metido en su abrigo que le quedaba grande e impostando cortesías y respetos, como un paria cualquiera de los que descubren en las luces de costa europeas una oportunidad de mejorar. Como un náufrago social, piadoso, negado a cualquier habilidad, incapaz incluso de enviar sin ayuda un correo electrónico -no digamos, entonces, de aportar conocimientos sobre explosivos a un plan criminal-, que habría malvivido en las calles amparándose en la caridad. Se puso a condenar las acciones de la yihad, 11-M y 11-S incluidos, y si le dejan habría condenado incluso la toma de Jerusalén por Saladino antes de desear la paz mundial igual que una reina de la belleza.

Por más que El Egipcio se pretendiera incapaz hasta de colarse en el Metro, sobre esa silla estaba sentado el presunto organizador del más cruel atentado de nuestra Historia. Que según las escuchas, por cierto, habría sido tramado dos años y medio antes del 11-M: antes, por tanto, de esa fotografía en Azores que tanto ha servido como coartada y como justificante. Al observarle, uno se preguntaba por qué El Egipcio no es para la sociedad española lo mismo que Bin Laden para la estadounidense: un rostro en un cartel de Wanted. Por qué los corredores en chándal y los paseantes con perro vivían una mañana cualquiera llena de desdén por el asesino, y eso si es que les suena.

Ocurre que todo el odio alentado por aquella jornada terrible se volcó en Aznar: contra él tuvo lugar la catarsis colectiva. Aliviada así la ira, cabe preguntarse si a alguien le importa todavía si El Egipcio es algo más que un vendedor de bolsos que tenía discusiones con su mujer y problemas para llegar a fin de mes. Gente de la que viajaba en los trenes.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Entre la expectación y el escepticismo” por Justino Sinova

Para el juicio que empezó ayer no se ha podido dedicar mayor esfuerzo organizativo ni mayor presupuesto. La Audiencia Nacional echó el resto para que no faltara detalle y -lo más importante- lo presiden tres jueces de indiscutible categoría profesional -Gómez Bermúdez, Guevara y García Nicolás- distinguidos por su afán en la búsqueda de la verdad jurídica. Por primera vez se televisa en directo toda la vista -gracias a Telemadrid-, que se puede seguir también desde el ordenador -gracias a elmundo.es-, lo que amplía hasta confines insospechados el principio de la publicidad de la administración de la Justicia. Su inicio pone fin a la primera etapa de la expectación añadida al dolor traumático que nos fue invadiendo desde las primeras noticias del 11-M.

Pero el inicio del juicio no borra la desconfianza que se ha ido acumulando con la instrucción del caso. Estamos ante un juicio materialmente espléndido que cuenta con un sumario evidentemente dudoso. Dicen en la Audiencia que el juez Del Olmo es un buen tipo, lo será, pero su obra en este caso no es el trabajo que ofrece certidumbre. Es seguro que en los 93.226 folios del sumario hay aciertos indudables, pero los cabos sueltos y las incógnitas sin despejar que se detectan son de tan grueso calibre que el juicio no puede ser contemplado sino con gran dosis de escepticismo.

El dato de que el día de su inicio los jueces no disponen de un informe definitivo sobre el explosivo empleado en el atentado es una irrefutable tacha de la instrucción. La solidez formal del juicio no es suficiente antídoto para la inseguridad anímica con que tantos han empezado a asistir a él. Tampoco lo es la musculatura jurídica de los magistrados.

En España estamos invitados ahora al escepticismo político, o sea, a la sospecha, en relación con lo que sucede en los campos del terrorismo. El último motivo de desconfianza lo ofrecen las declaraciones del portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, quien ha asegurado que su formación concurrirá a las elecciones municipales de mayo. Desde el Gobierno se le ha contestado con rapidez que sólo será posible esa pretensión si Batasuna cumple la ley, y debería ser normal que todos creyeran al Gobierno frente a las palabras de un vocero de los terroristas. Pero es que el propio Ejecutivo no deja que se le crea: esa ley que dice que se va a cumplir se está incumpliendo todos los días porque Batasuna es una organización ilegal -terrorista, según el Tribunal Supremo- que desarrolla una intensa actividad a la vista de todos como una organización legal en la práctica. Si hasta el Gobierno le considera a Otegi el portavoz y le responde en calidad de tal...

En estas circunstancias, sería un error de interpretación confiar en que Batasuna vaya a encontrar impedimento para presentarse a las elecciones, no con ese nombre naturalmente, pero sí con cualquier otro que le sirva de disfraz pero no impida que sus electores sepan lo que votan. También sería un error dudar de que Otegi no sepa de qué habla cuando afirma que recibirá al terrorista De Juana Chaos próximamente en la frontera, o sea lo que para los demás españoles es la raya de la provincia. Desgraciadamente, el escepticismo encuentra mucho alimento en este tiempo. Nos gustaría aceptar a pies juntillas que no hay pactos con ETA, que De Juana Chaos cumplirá la condena en la cárcel, que los terroristas no ocuparán sitio en las instituciones mediante la trasgresión de las normas electorales, pero... También nos gustaría confiar en que durante el juicio del 11-M conoceremos toda la verdad, incluso sabremos quién planeó el atentado, pero... Hay muchos motivos para la expectación, pero hay también muchos otros para el escepticismo.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“11-M: la hora de la verdad” por Enrique López

Nadie debe temer, más allá de los responsables criminales, la consecución de la verdad      

Hace ya casi tres años de los terribles y fatídicos atentados del 11 de marzo, que además de causar la muerte de 191 personas, y miles de heridos, han cambiado muchas cosas en España. Tras una larga instrucción judicial, ha llegado el momento de la justicia, el momento de enjuiciar a los que, hoy por hoy, aparecen como responsables y colaboradores de los atentados. El juicio se presenta como una gran prueba para la justicia española. Estamos ante un juicio muy complejo y difícil.

Todavía hoy, resuenan en el tímpano de nuestra tierra española las tremendas explosiones producidas en aquellos trenes llenos de ciudadanos acudiendo a sus trabajos, totalmente ajenos a la barbarie terrorista y al fundamentalismo, que suele dar cobertura intelectual a las organizaciones terroristas de uno u otro signo; en España sabemos bien de qué hablamos cuando se trata de terrorismo, puesto que siempre tiene el mismo rostro, el terror, el dolor, la muerte y la desolación; lo de menos son las razones por las que matan, porque ninguna de ellas debe ser atendida; coartadas morales, las mínimas, Madrid e Irak están muy lejos y deben seguir estándolo.

La justicia española se convierte desde el día de ayer en un referente mundial, más de 170 periodistas acreditados, televisiones de los cinco continentes, los periódicos más prestigiosos del mundo se dan cita en la sede de la Audiencia Nacional de la madrileña Casa de Campo. Todo ello hace que se abra una ventana a todo el mundo, desde la cual se observará la actuación de nuestros jueces. No debemos tener ninguna preocupación, tenemos a los mejores y se han puesto los medios necesarios. El juicio se va a poder seguir en directo todos los días por un canal gratuito en internet y en La Otra de Telemadrid, además de la cobertura que otras televisiones puedan dar; para ello, se ha montado un sistema de cámaras excepcional, y no sólo para garantizar el principio de publicidad, que ya lo estaría sin tales medios, sino para que la difusión del juicio sea máxima.

Los medios técnicos con los que se cuenta son pioneros, notificaciones telemáticas a los procuradores, plena digitalización de procedimiento, y magníficos profesionales de la justicia, fiscales, abogados, procuradores, funcionarios. Se han adoptado todo tipo de medidas de seguridad, a fin de garantizar el normal desenvolvimiento del juicio. Se ha previsto un marco temporal, que salvo imponderables, va a posibilitar que la sentencia pueda estar dictada en octubre o noviembre de este año.

No podemos olvidarnos de las víctimas, los involuntarios protagonistas de este juicio; se ha dispuesto una sala anexa a la de celebración del juicio, donde casi doscientas van a poder seguir todas las sesiones a través de pantallas de televisión, además de estar asistidas diariamente de psicólogos, habida cuenta el incremento de dolor que va a suponer el recuerdo de los acontecimientos de aquel maldito día.

Ha llegado pues, la hora de la justicia, y la que debe hablar es la justicia a través de su sentencia; el objetivo de cualquier proceso penal es la fijación de los hechos y la determinación de las responsabilidades, en suma, la búsqueda de la verdad material, y nadie debe temer, más allá de los responsables criminales, la consecución de la verdad; cuanto esta más se acerque a lo que realmente ocurrió, cuanto más alcance a las personas que lo perpetraron, que los inspiraron, que los financiaron, mejor y más eficaz habrá sido el juicio. No sólo se habrá hecho más justicia, sino que además se podrá satisfacer a las víctimas con el conocimiento de la verdad. Por ello todos deberíamos ayudar a los jueces a la consecución de tal fin.

Por último no se debería desaprovechar la oportunidad para hacer algo que hasta el momento no se ha producido, revisar nuestra legislación terrorista; en cualquier país en el que ha ocurrido un hecho de esta naturaleza, lo primero que se ha comenzado a evaluar es su legislación contra el terrorismo, con el fin de buscar soluciones legislativas, que respetando el Estado de Derecho y las libertades fundamentales, sean más eficaces en la lucha contra el terrorismo; mirar hacia atrás no vale, debemos prepararnos para el fututo, pensar que ningún país esta exento de sufrir esta lacra, y que la misma se puede repetir. En España, salvo un cambio legislativo en materia de control de explosivos, no se ha hecho nada en los últimos tres años; a veces cuando se escuchan peticiones de cambio en materia antiterrorista en sentido inverso, rebaja de penas para los colaboradores, derogación de la Ley de Partidos políticos, etc., uno piensa si realmente somos conscientes de lo que está pasando en el mundo.

Las posibles negociaciones con una banda terrorista, además de injustas e inoportunas, no pueden justificar reformas legislativas que pretendan desarmar al Estado de Derecho frente al terrorismo, no puede olvidarse que cualquier trato de favor legal a un terrorista es automáticamente extensible a todos, puesto que las ideologías que puedan sustentar su acción delictiva no los hace de mejor o peor condición; un terrorista es un terrorista.

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Las víctimas ante «El Egipcio»” Carmen Gurruchaga

Los terroristas de ETA son diferentes a los de Al Qaeda. O por lo menos, no actúan de la misma manera ante un magistrado o un Tribunal. Esta diferencia hizo que ayer algunas de las víctimas del 11-M, presentes en la vista, se sintieran confusas ante la negativa total de Rabei Osman «El Egipcio» a asumir responsabilidad alguna en la matanza de Atocha. La extrañeza fue creciendo al ver que el principal inculpado de aquella barbaridad condenó los hechos. Y no sólo éstos, sino también los de Nueva York contra las Torres Gemelas, así como los de Londres, en julio del año pasado.

Los españoles hemos interiorizado que si una persona acusada de ser etarra, durante la celebración de un juicio, niega su vinculación con la banda y condena sus atentados, lo hace porque no pertenece a la organización terrorista vasca o se ha desvinculado de ella. Lo contrario sería impensable, porque su gente, la que a él le importa, no lo aceptaría y sería rechazado socialmente. En cambio, los fundamentalistas islámicos pueden negar un hecho por la simple razón de que en ese momento le conviene, sin que sea mal visto. Apelan al oportunismo, sin rubor y sin vergüenza. Tienen un código deontológico distinto, una manera de actuar que no se corresponde con nuestros parámetros occidentales. En el mundo árabe, una persona puede defender al día siguiente lo contrario que el anterior o no cumplir un compromiso verbalmente adquirido sin que le ocasione ningún problema social o de otro tipo. Cuando alguien con mentalidad occidental le recrimina su comportamiento su respuesta es bien sencilla y muy clara: «Es que de ayer a hoy he aprendido muchísimo». Y se queda tan tranquilo.

Ayer, los pocos familiares de las víctimas del 11-M que acudieron a la Casa de Campo para seguir el juicio, apoyados por psicólogos, no podían creer lo que estaban escuchando. Acostumbrados a ver la actitud chulesca y desafiante de los etarras en la Audiencia, se sorprendieron de que los presuntos culpables se mostraran sumisos, no les miraran de frente y les rehuyeran. En este sentido, Gabriel Moris, vicepresidente de la AVT y padre de un joven muerto en el 11-M, manifestó su perplejidad ante la reacción de Rabei Osman, pero afirmó: «Los humanos, con tal de eludir responsabilidades, decimos lo que no sentimos, salvo en el caso de los etarras». Y seguro que los tiros van por ahí.

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El valor pacificador de la Justicia” por Luis Martí Mingarro

Ayer empezó el juicio frente a los acusados de haber perpetrado el horrendo crimen que el 11 de marzo de 2004 inundó de sangre, de tragedia y de angustia a la ciudad de Madrid, a España entera. Es un momento para que todos nos concentremos en hacer buena la convicción, de la que tanto se alardea, de que España es un Estado de Derecho.

Esperemos que, del trabajo de todos, surja un resultado justo y convincente, que permita superar los recelos e incomprensiones que se han generado durante la fase de instrucción. Estamos en el juicio plenario, donde se debe construir la verdad.

Sobre jueces, fiscales y abogados recae ahora la responsabilidad de conducir bien, con luz y taquígrafos ante todo el mundo, la forma de impartir justicia en este concreto y extremoso caso. A todos nos compete asumir y desempeñar lealmente el papel que a cada uno nos reserva el aparato de justicia que la Constitución ha puesto en nuestras manos.

Víctimas e imputados tendrán sus abogados -no pocos de oficio-, que con plenitud de independencia y con el valor necesario afrontarán las respectivas posiciones de acusación y defensa. De todos va a depender que el juicio transcurra con orden y rigor, dando cauce a la contradicción que pone en valor la presunción de inocencia y la tutela judicial efectiva. Sólo así el resultado del juicio tendrá el efecto pacificador que se espera de la justicia de los hombres.

Nada reparará suficientemente el daño que los autores causaron, arrebatando la vida de las víctimas mortales y dejando secuelas imborrables en unos y otros.

Esperemos, sin embargo, que el buen funcionamiento de la Justicia alumbre la verdad y haga posible que se recupere la serenidad y que, compartiendo el dolor de las víctimas y la esperanza de un futuro sin terrorismo, reforcemos la convivencia en paz que los asesinos quisieron truncar.

Luis Martí Mingarro es Decano del Colegio de Abogados de Madrid

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ciento noventa y dos” por Carlos Herrera

Los nombres y apellidos de las ciento noventa y dos personas que perdieron la vida y de las cientos de ellas que resultaron heridas en la explosiones del fatídico once de marzo del 2004 merecen estar por encima de cualquier otra consideración, de cualquier otra noticia, de cualquier otro comentario. Hoy cabría considerar las maniobras de ETA-Batasuna para estar presente en las elecciones municipales de mayo, cosa que conseguirán merced a la inacción del fiscal general del Estado y a la voluntad política del Gobierno de Rodríguez, esa que se adivina tras la iniciativa del eurodiputado Yáñez en el Parlamento europeo proponiendo quitar a Batasuna de la lista de organizaciones terroristas con la excusa del diálogo y esas zarandajas.

Hoy cabría valorar las informaciones según las cuales el trato de favor a De Juana Chaos llevó a que éste se quitara amenazante la sonda con la que se alimenta por la nariz al saber que la novia con la que se encama estaba siendo registrada para impedirle entrar el aerosol con gas pimienta que portaba no se sabe bien para qué.

Hoy cabría analizar cómo Rodríguez Ibarra reconoce que Rodríguez Zapatero maniobró para apartar de la primera línea a los barones socialistas de aire más españolista y así no tener estorbos internos para desarrollar su política de «descentralización».

Hoy cabría hablar de las propuestas de ley de Rafael Simancas al efecto de que el derecho a una vivienda digna y a precio accesible deje de ser una frase retórica y se pueda exigir ante los tribunales, lo cual no deja de ser un brindis fantástico no sé si al viento o al vacío.

Hoy cabría hablar de la pretensión del nacionalismo catalán de que Aragón asuma el idioma de Verdaguer como idioma oficial, lo cual es otro brindis, pero no sé a quién. Hoy cabría hablar del viaje imposible del «Marine I», el barco auxiliado frente a Mauritania y que ha servido para darnos cuenta, de nuevo, de la birria de nuestra significación exterior; los inmigrantes hacían aerobic y los policías dormían en cartones, significación perfecta de la política de Interior.

Hoy cabría hablar de la intención del Gobierno de escandalizar a cuenta del viaje de una delegación española a la base de Guantánamo, supuestamente a interrogar prisioneros entre torturas y vejaciones, cuando la realidad reconocida por el juez Garzón es que quienes allí fueron lo hicieron por cuenta de un mandamiento del juez, al que nadie hacía caso, al objeto de intentar repatriar a los posibles españoles capturados en las operaciones anti-talibán.

Hoy cabría hablar de la sensata decisión que ha tomado la Comunidad de Madrid de prohibir el uso de los teléfonos móviles en las aulas de los colegios, cosa que, por lo que se ve, no estaba prohibida, pásmense.

Hoy cabría hablar, por terminar, hasta de la mamarrachada de gala carnavalesca que endosó a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife -a cambio de un buen puñado de euros de presupuesto- el bailarín Rafael Amargo, al que se le van a pedir hasta daños y perjuicios.

Pero todo lo relacionado se me queda en nada ante la imagen de «El Egipcio», acusado fundamental del atentado de los trenes de Madrid, declarando ante el tribunal que le juzga a él y a otros veintiocho sujetos más. Se acaba de abrir la vía final de la justicia, después de una complicada instrucción, para que ciento noventa y dos almas descansen en la paz definitiva. Ciento noventa y dos razones para que no olvidemos nunca que los enemigos de nuestra civilización están pendientes de cómo hacernos el mayor daño posible. Ciento noventa y dos nombres en el mármol de la historia para que todos los creadores de excusas y componendas recuerden que no hay alianza posible con quienes nos quieren eliminar.

Ayer comenzó en la Casa de Campo de Madrid el aquelarre de los justos, la ceremonia de la restitución, la suprema celebración del más exquisito ajuste de cuentas. A partir de ayer deberíamos tener muy presentes los nombres de los que entregaron inconscientemente su vida por pertenecer a una sociedad muy por encima de las que aún persisten en el medievo. En su memoria, no desviemos la atención. No les olvidemos nunca.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Un juicio inoportuno” por M. Martín Ferrand

Como mi responsabilidad en la factura de ABC se circunscribe al cultivo de esta parcelita que me tiene encomendada su director, puedo, sin pecar de vanidad, sacar pecho y mostrar mi orgullo por el hecho de ser una mínima parte en el esfuerzo cotidiano de su elaboración. Un repaso cuidadoso de la prensa nacional, a propósito de los largos prólogos del juicio que comenzó ayer, pone en evidencia a las cabeceras -digamos- de la izquierda que, en esta ocasión como en cualquier otra, ven al PP como una perversa sucursal del averno. La mayoría de los diarios, conservadores o incalificables, se han entregado a distintas teorías conspirativas que enrarecen el ambiente, dificultan la percepción del hecho judicial, empalidecen cualquier sentencia que pueda producirse y, sobre todo, amplifican el mucho ruido que ya soporta nuestra incómoda convivencia. Creo que estas páginas son, en ese sentido, excepcionales y meritorias, una luz en un túnel oscuro, y lo digo para que conste, porque el juicio del 11-M llegará a producir una hinchazón social de imprevisibles consecuencias.

Ignoro si el talento que ha convocado la vista que nos va a entretener, por lo menos, hasta el verano es de naturaleza jurídica o de fibra política; pero, vistos los primeros cohetes de la fiesta, puede anticiparse que, en vísperas de comicios autonómicos y locales, el acontecimiento judicial -sus ecos mediáticos- serán la clave de una campaña que, golpe a golpe, irá desgastando, por mucho que fuere, que no lo es, la capacidad de resistencia del partido que, según las crónicas, dirige Mariano Rajoy.

En pleno mutis de José María Aznar, Rajoy era el líder y candidato de su partido y Ángel Acebes, el titular de Interior. Ahora, cada mañana, la reseña de las declaraciones y los silencios de los implicados, los alegatos de las defensas y acusaciones, el conocimiento -¿morboso?- de nuevos detalles y todos los demás vagones que arrastra un tren de dos centenares de muertos serán, incluso desde la mejor de las voluntades, una denuncia contra de la inteligencia, la solvencia y la capacidad previsora de Rajoy y su equipo. Vamos a oír hablar del 11-M como un efecto colateral de nuestra presencia en Irak más de lo mucho que hemos oído desde que se produjo y así, poco a poco, con la perseverancia y precisión de un campeón de los pesos pesados, se irá doliendo el hígado de un partido que no tiene demostrada gran capacidad fajadora.

Si la fecha del macrojuicio es buscada, no podría su promotor haber hecho más daño con menos esfuerzo. Si resulta casual, debe entenderse que los dioses no le son propicios a un equipo que, por no atender nunca los más mínimos detalles, no podrá llegar a encontrar el camino de la buena suerte. El ombligo propio es el espejismo del paisaje. De ahí que no convenga mirarlo fijamente.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Lo que niega «el egipcio»” por Germán Yanke

La vista oral del atentado del 11-M ha comenzado sin la solemnidad estética de otros recintos de la Justicia, pero con toda la gravedad formal que el asunto merece. Y con la emoción contenida de las víctimas presentes -no todas las previstas- que se enfrentan a una nueva prueba. «Desde aquel día, todos son para nosotros el 11-M», decía el padre de uno de los asesinados. Estos, naturalmente, de modo especial, aunque el juez Gómez Bermúdez no parece dispuesto a aceptar florituras ni desviaciones.

Comenzaba la vista, con un dato contundente sobre el eco de la última polémica precedente: el explosivo incautado a Trashorras en Asturias en 2001 tenía el famoso DNT de los usados el 11-M, como publicaba ayer ABC. Parece, según los sondeos, que aún hay un porcentaje de españoles que cree o espera que ETA aparezca de algún modo relacionada con el atentado. Pero «El Egipcio», que tuvo que acceder a responder por la tarde a su abogado porque por la mañana no le permitieron una declaración al margen de los interrogatorios, daba la impresión de haberle captado otro aire en el juicio. Porque su empeño, en contra de evidencias y expedientes policiales, era negar vinculación alguna con Al Qaida, la militancia yihadista y la red de grupos del terrorismo islámico. Hasta en las películas se sabe que al acusado se le permite mentir.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“El 11-m como pretexto” por César Alonso de los Ríos

¿Islamistas o etarras? Sea cual fuere la respuesta, los seguidores de las tesis del Gobierno están dispuestos a poner la otra mejilla. En el caso de que la masacre del 11-M hubiera sido organizada por Al Qaida, la actitud de los españolitos más próximos a las tesis del Gobierno es fortalecer la «Alianza de Civilizaciones», introducir los ritos musulmanes en la Catedral de Córdoba o incluso reconvertir esta en Mezquita; fomentar la enseñanza del Islam en las escuelas públicas y, por supuesto, denunciar la política de Israel como una expresión del imperialismo americano; incluso del «holocausto» palestino.

Pero esta actitud habría sido también de «generosidad» con el enemigo en el caso de que ETA hubiera sido la autora del 11-M. De hecho, esta lleva practicando el Terror durante cuatro décadas y, sin embargo, el Gobierno y sus sostenedores de izquierda han renunciado a perseguirla hasta el exterminio con los medios que recomienda el Estado de Derecho y, por el contrario, intentan transar con ella y han puesto en marcha un «proceso de paz» basado en el diálogo y que deberá culminar en el triunfo de aquella: excarcelación de presos, soberanía territorial, reconocimiento de Euskal Herria...

Desde luego, no creo que haya que atribuir este comportamiento a un espíritu «evangélico». Me inclino a pensar, más bien, que es una prueba del desprecio que les merece lo propio, es decir, todo lo que forma parte de las creencias que tienen que ver con la civilización occidental (en el caso de la Alianza de Civilizaciones) o con la realidad histórica y cultural de España (en el caso del reconocimiento de las tesis de ETA). Quizá lo que está detrás del comportamiento aparentemente dialogante es mera flojera de espíritu, relativismo moral, aceptación acrítica de la realidad.

Es más: pienso que tanto el «proceso de paz» como la «Alianza de Civilizaciones» no son sólo formas de reconocimiento de ETA y del fundamentalismo islamista sino una forma de buscar aliados contra su verdadero enemigo, que es aquel que le disputa el poder.

En este sentido, las posiciones ante la autoría del 11-M vienen dictadas por los intereses de poder, no por la búsqueda de la verdad. La masacre es un mero pretexto.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

“Marcando pautas” por Jesús Zarzalejos

La sesión inaugural de la vista oral por los atentados del 11-M mostró algunas de las pautas principales del probable desarrollo del juicio. La primera es la clara voluntad del Tribunal de mantener un ritmo constante en la práctica de las pruebas, evitando interrupciones por cuestiones de orden que, según indicó con meridiana claridad el Presidente de la Sala, quien no está para bromas, habrán de presentarse por escrito. Cabe presumir que no correrán mejor suerte las solicitudes de suspensión de la vista para practicar nuevas pruebas, aunque las decisiones que afectan al derecho de defensa deben tomarse con suma precaución. La dirección del juicio oral es un aspecto esencial en proceso como el del 11-M, con una pluralidad de acusaciones y defensas, que, legítimamente, utilizan los medios procesales para mejorar las expectativas de sus representados. Pero si no hay un criterio estricto por parte de la Presidencia del Tribunal -para lo que no es necesario hacer comentarios con sorna sobre el interrogatorio que está practicando el letrado-, el juicio corre el riesgo de ser sometido a continuas interrupciones y dilaciones. Aunque esta lucha contra el tiempo para evitar, antes de que haya sentencia, el vencimiento de las prisiones provisionales de una buena parte de los acusados tampoco puede justificar la desestimación por principio de toda petición de los letrados sobre cuestiones sobrevenidas. Aun así, si la jornada inaugural no ha permitido siquiera concluir el interrogatorio del primer procesado, difícil será predecir un plazo máximo de duración del proceso.

La actitud de Rabei Osman el Sayed, «Mohamed el Egipcio», procesado como autor material, será también una opción probable para otros acusados. Los derechos constitucionales a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable comprenden el derecho a guardar silencio y a contestar a quien plazca al acusado. Así lo hizo «El Egipcio», forzando una larga y tediosa, pero necesaria, lectura de la declaración que prestó ante el juez instructor, lo que habrá de hacerse, con toda seguridad, cada vez que un acusado se niegue a declarar o incurra en contradicciones con sus manifestaciones hechas en el sumario. De esta manera, tras ser sometida a publicidad y a contradicción de las partes, la declaración sumarial tendrá plena condición de prueba, según los cánones constitucionales, y podrá ser valorada por el Tribunal, junto con los restantes medios probatorios, para decidir sobre la responsabilidad del acusado. En cuanto al silencio, obviamente, no es una prueba de cargo que desvirtúe por sí misma la presunción de inocencia, pero sí supone una actitud que el Tribunal puede valorar en sentencia, más aún si ese silencio se mantiene después de que, como sucediera ayer, el Ministerio Fiscal y los letrados leyeran los interrogatorios que tenían preparados para «El Egipcio».

Por otro lado, el papel protagonista del Fiscal se puso de manifiesto ayer al llevar la iniciativa del interrogatorio, no sólo porque es siempre el primero en interrogar a los acusados, sino también porque el Tribunal emplazó a todos los abogados a evitar la repetición de preguntas que hubiera formulado el Ministerio Público. Este criterio de «economía procesal» es, sin duda, muy útil. Pero a veces sólo gracias a la reiteración de una pregunta es posible poner de manifiesto una contradicción o, simplemente, una falsedad en la declaración anterior del interrogado.

En definitiva, es un proceso con un guión escrito, una dirección estricta y un calendario más abierto de lo deseable.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Rabei Osman, el memorioso” por Ernesto Ekaizer

"Nadie había percibido el calor y la presión de la realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre él", escribe Jorge Luis Borges en su conocido cuento sobre Ireneo Funes, aquel muchacho que tras sufrir un accidente desarrolla una potentísima memoria. Si en el abarrotado mundo de Funes, según narra Borges, no había sino detalles, inmediatos, en el de Rabei Osman, Mohamed El Egipcio, lo que hay es una versión contada ya en diciembre de 2004 ante el juez Juan del Olmo. Y su voluntad de repetirla.

Que un acusado sólo acepte declarar ante su abogado es una táctica muy ejercitada. Pero la secuencia de lo que ocurrió ayer quizá tenga algún interés.

Endika Zulueta, letrado de Osman, dijo en sus contactos con la prensa de la mañana de ayer que el misterio sobre si su cliente prestaría o no declaración se desvelaría, claro, al comenzar el juicio. Ya en la sala, el acusado dijo que no respondería a las preguntas, "incluso", añadió, a las de su letrado. Un conciliábulo de cinco minutos entre abogado y acusado persuadió a este último para que se sometiera a las preguntas del letrado. Antes, empero, se procedió a leer la declaración sumarial de Rabei Osman de diciembre de 2004.

Bien. Y cuando se produce el interrogatorio, Rabei Osman repite, casi de memoria, ante un tribunal que lo advierte inmediatamente, lo que había declarado al juez instructor. El acusado niega su participación en el 11-M y rechaza haber tenido contactos con los autores del atentado para tal fin. No niega, por supuesto, su conocimiento con uno de los líderes, Serhane El Tunecino, a quien recuerda como su profesor de español en los alrededores de la mezquita de Estrecho.

Es interesante seguir el relato de Rabei Osman, por intérprete, a través de sus manos. Su mano derecha, de largos dedos, marca la cadencia de un discurso que enfatiza con golpecitos sorbe su regazo. La mano izquierda empuña el aparato de traducción simultánea y lo mueve hacia adelante y atrás como si se tratase de un control remoto. Sus grandes ojos están mirando al mundo con una concentración extraordinaria.

Como Funes, Mohamed El Egipcio, al recitar de memoria su declaración de 2004, padece de hipermnesia. Su capacidad para retener y evocar hechos -aquéllos referidos a su servicio militar obligatorio en el Ejército egipcio, a su relación con su padre, a su trabajo como conductor de camión y autobús, a sus viajes por Europa- está fuera de toda duda. Quizá haya tenido el tiempo y la soledad en prisión para memorizar. Puede ser.

Pero he aquí que incluso cuando se trata de una declaración preparada con asistencia de letrado tanta capacidad para el detalle biográfico más lejano choca con la página casi vacía que ofrece sobre su vida más reciente, en los años 2003 y 2004, por ejemplo.

Sobre su voz nada se puede apreciar, sencillamente porque Rabei Osman se expresa a través de un intérprete de árabe. Y conocer su voz interesa. Porque una parte del material probatorio contra él son las grabaciones que la justicia italiana autorizó en su domicilio de Milán.

A Rabei Osman le empezaron a controlar por reclutar yihadistas para enviar a Irak. Y mira por dónde, tras escuchar las grabaciones y micrófonos instalados en su casa, salió su voz explicando cómo había organizado el atentado del 11-M.

El acusado negó en Milán, donde se le ha condenado, que su voz es la que reproduce las cintas.

Se supone que estas cintas se reproducirán en el juicio. Pero no es menos cierto que las pruebas acumuladas en la instrucción sumarial contra Rabei Osman exceden las cintas italianas.

Según el escrito de acusación de la fiscal Olga Sánchez, Rabei Osman recibió en su tarjeta de teléfono SIM española 0034653263295 un mensaje de bienvenida a Italia tras desplazarse a España el 1 de febrero de 2004, un mes y 10 días antes del atentado del 11-M. Fue precisamente después de su regreso de España, el 4 de febrero de 2004, que Rabei Osman activó en el servidor Yahoo el buzón de correo electrónico Kishkmohammed@yahoo.com, usado por él, y en cuyo formulario de solicitud colocó como su fecha de nacimiento el 11 de marzo de 1970. Y hay más conversaciones interceptadas.

La negación de los hechos por parte de Rabei Osman será, seguramente, el patrón de comportamiento de los demás 28 acusados. Será difícil que salgan elementos inculpatorios de peso a partir de las declaraciones testificales de los acusados. Por aquí no van los tiros.

La idea de que esto es un juicio a la americana donde el acusado se te desploma ante el interrogatorio de la fiscal es una ilusión. Los acusados de la matanza echarán balones fuera.

Publicado en diario EL PAIS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“Tranquilidad y buenos alimentos” por Álvaro Delgado-Gal

La esperanza es que el 11-M deje de ser utilizado como un instrumento de recíproca deslegitimación

Concluida la instrucción, comienza el juicio sobre el 11-M, propiamente dicho. En la experiencia política, rige un principio parecido al que teorizó Freud para la vida síquica: las verdades no reconocidas por el sujeto consciente subsisten como represiones y producen patologías varias. En rigor, no sabemos qué sucedió el 11-M, ni un sumario imperfectamente instruido nos ha ayudado a averiguarlo. La conciencia pública se ha polarizado en torno de una serie de cuestiones inquietantes, y de lectura no fácil. Enumeremos algunos de los elementos que parecen menos discutibles:

1) El atentado contribuyó a la victoria del PSOE. El mecanismo por el que esto tuvo lugar está perfectamente filiado por los expertos en demoscopia. Los socialistas ganan cuando su electorado se moviliza: la mala gestión de la crisis por el Gobierno, la asociación del atentado con la causa irakí, y la terrible campaña desarrollada por el Partido Socialista contra el Popular entre el 11 y 14 de marzo, invirtieron el signo del sufragio, o, al menos, deshicieron un empate.

2) Hubo servicios de inteligencia que conectaron con el Partido Socialista a espaldas del Ministerio del Interior. Entra dentro de lo muy probable que, además, suministraran información falsa al Gobierno.

3) Algunos de los elementos más activos en estas labores subterráneas fueron promovidos poco después por la nueva Administración.

4) La Comisión de Investigación encargada de estudiar los hechos en el Congreso no sólo fue inútil, sino contraproducente. Uno de los depositantes llegó a reconocer que había redactado su declaración en Gobelas. De modo inexplicable a mi entender, no se concedió a este hecho la dimensión escandalosa que objetivamente tenía.

5) Se ha verificado una muerte en cadena de testigos. La proximidad de muchos de los imputados a la policía, añadida al hecho de que ni las trazas de los que siguen vivos, ni su condición social, encajan del todo con la pericia técnica que la comisión del atentado parece presuponer, ha desatado toda suerte de especulaciones.

Los enemigos del Gobierno se han valido de todo esto para insinuar, o temerariamente afirmar, una complicidad de los servicios de seguridad prosocialistas con el atentado. Los amigos del Gobierno han replicado que la derecha no acepta el resultado de las elecciones cuando éstas le son adversas, abundando en la tesis de que el PP no consigue desprenderse de sus adherencias franquistas. Este agrietamiento, de consecuencias potencialmente nefastas, se ha acentuado por obra de la política agresiva del presidente. Varios millones de españoles, unos de izquierda, otros de derecha, cultivan en este instante nociones atroces sobre la honorabilidad del rival. El país, en fin, está dividido, y esto no es una broma.

El juicio que ahora se inicia suscita una pregunta e impulsa una esperanza. La pregunta, es si llegarán a determinarse hechos que todas las partes reconozcan sin reticencias ni reservas. La esperanza, es que el 11-M deje de ser utilizado como un instrumento de recíproca deslegitimación. La pregunta, y la concomitante esperanza, se encuentran, obviamente, vinculadas entre sí. Si los hechos son contundentes, habrá menos pretextos para apoyarse en ellos con el fin de desautorizar sin fundamento al interlocutor político.

Sospecho que sería imprudente esperar novedades dramáticas, o estupendas revelaciones. Y temo que los mal dispuestos seguirán encontrando razones para no cambiar de actitud. Valga, por lo menos, el siguiente recordatorio: la llamada “verdad judicial” no equivale a la verdad a secas. Los señores togados alcanzan conclusiones y emiten veredictos siguiendo procedimientos altamente ritualizados. El fin de la justicia no consiste en esclarecer, meramente, los hechos, sino en determinar si alguien es culpable a la luz de la evidencia acumulada con arreglo a las garantías que prevé la ley. Dar a cada uno, sin más, lo que se merece, es una tarea más propia del Llanero Solitario que de un servidor del Derecho en un Estado constitucional.

Los partidos, al revés que los ciudadanos normales, están obligados a resolver ciertas dudas sin subrogarse en el fallo de los tribunales. La razón reside en que los partidos, en principio, no son sólo depositarios de intereses particulares, sino del interés público.

Su altísimo ministerio exige que inspiren una confianza que no se puede obtener sólo de los trámites de la ley, excogitada para que el inocente no sea injustamente condenado, más que para asegurar que el culpable arrostre los costes de su delito. Hasta la fecha, los partidos no han estado a la altura de su cometido. La Comisión, como se ha dicho, fue un desastre. ¿Qué deberían hacer los partidos ? Primero, ser discretos a lo largo del juicio. Dos, no sacar los pies del tiesto si, por ventura, se levantan algunas piedras y sale corriendo, por debajo, un escorpión.

Publicado en diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La verdad y el juicio” por Joaquín Madina  

En apariencia, todas las partes están de acuerdo en la inmensa mayoría de los asuntos importantes. Todas afirman querer saber la verdad sobre el crimen del 11 de marzo de 2004, que costó la vida a 192 personas, además de las secuelas de los heridos. Sin embargo, al inicio del juicio se advierten muchas ideas preconcebidas y bastantes certezas difíciles de modificar. El obligado reduccionismo informativo practicado ha simplificado la matanza y parece que sólo nos importa saber si ETA participó o no en el asesinato masivo. Los políticos están divididos sobre este punto, al igual que las víctimas y la prensa. El 11-M no condujo a nada. Nos lo hemos tragado como una purga. Su mayor éxito ha sido el enfrentamiento que ha creado entre españoles.  

Publicado en diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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