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Juicio 11-M: Magistrados y Fisclaes (17 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 17 de Febrero, 2007, 9:00, Categoría: Magistrados y Fiscales

Un juez contra molinos de viento

Gómez Bermúdez, un hombre sosegado amante de El Quijote y la música clásica, deja al descubierto su fuerte carácter. Horas después de reprender a los intérpretes de árabe pide disculpas

Madrid - Javier Gómez Bermúdez, malagueño, 45 años, preside el segundo macrojuicio que celebra la Audiencia Nacional por hechos relacionados con el terrorismo islámico. El año pasado la vista contra la considerada célula española de Al Qaida; y ahora el del mayor atentado terrorista perpetrado no sólo en España, sino en Europa. Ya en la primera sesión dejó la impronta de su fuerte carácter y firmeza, «que no autoritarismo», dicen quienes conviven con él habitualmente. No permitió a los letrados plantear ninguna cuestión previa, cortó de raíz todo intento de demorar el inicio de las declaraciones, y no dudó en reprender a los intérpretes de árabe porque «no estaban finos» en su labor. Y a los diez minutos, ya estaban rindiendo cuentas en su despacho.

Si en esa primera sesión dejó su sello de carácter y firmeza, ayer también mostró que no le duelen prendas por disculparse cuando se equivoca. Y así lo hizo, delante de todos los que acudían a la vista, con Endika Zulueta, abogado de Rabei Osman, «Mohamed El Egipcio»: «Disculpas por el comportamiento que pude tener... Cuando crea que he tenido un exceso haré esto siempre al inicio de la sesión». Una actitud de un presidente de Tribunal que es algo más que un gesto, quizás porque se pueden contar con las dedos de una mano las veces que ha podido ocurrir algo similar en unos estrados de Justicia. Desde que llegó en diciembre de 1999 a la Audiencia Nacional, ha ido progresivamente adquiriendo un mayor protagonismo, hasta llegar a presidir la Sala Penal. Se opuso a la concesión del tercer grado al etarra «arrepentido» Soares Gamboa y mantiene una doctrina de firmeza en todo lo que se refiere a la progresión penitenciaria de los terroristas.

Madrugador por costumbre, antes de acudir a su trabajo tiene una cita casi obligatoria: una hora de gimnasio, al que acude en compañía de su mujer, para mantenerse en forma y rendir luego en las pistas de tenis y paddel.

Pero detrás de su toga se esconde una persona profundamente melómana, apasionada por la música clásica y la ópera, abonado al Auditorio Nacional y al Palacio Real. «Wotzeck», de Alban Berg, ha sido la última que ha presenciado, y «La Boheme» es su referencia en este apartado.

Con la música como excusa, todos los años suele perderse unos días en la que considera su ciudad preferida: Budapest. Y antes o después, visita también casi obligada a Viena, para acudir a uno de sus famosos conciertos.

Junto con la música, la lectura ocupa también importantes ratos de su ocio, alternando ensayos jurídicos (últimamente priman los relacionados con islamismo y terrorismo) con obras más de «relax». Una novela policiaca centra ahora su interés literario.

Pero si tiene algún referente en este apartado es El Quijote, del que colecciona ediciones. De hecho, se tiene impuesta como «obligación», leerlo una vez al año. Comenzó hace más de diez y así sigue.

Miembro de la Asociación Profesional de la Magistratura, sus compañeros le definen como un juez «vocacional, amante de su trabajo, honesto y obediente con la Ley». Lo que parece que no deja dudas es que tiene un sello muy personal.

Una información de F. Velasco publicada por el diario LA RAZON el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

El presidente pide disculpas

Madrid - El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, sorprendió ayer a propios y extraños al pedir públicamente disculpas al abogado de El Egipcio, al que en la primera jornada había machacado en el interrogatorio de su cliente. Gómez Bermúdez estaba muy enfadado por una sesión inaugural cargada de problemas -retraso en un traslado desde prisión, dificultades con la traducción simultánea y rumores de peticiones de suspensión por parte de determinados letrados- y la pagó con Zulueta.

Esa misma tarde, acabada la sesión, el presidente del tribunal, nobleza obliga, recabó de los periodistas acreditados para el juicio el teléfono de Zulueta y le llamó para disculparse personalmente.

Ayer, en un caso insólito en los tribunales españoles, Gómez Bermúdez lo reconoció al inicio de la sesión: "Pido públicamente disculpas al señor Zulueta por algunas expresiones que pude tener ayer y que considero que son inconvenientes y que no eran necesarias, atendiendo sobre todo a la corrección, buen hacer y el buen trabajo que está haciendo".

La gallardía de Gómez Bermúdez fue bien recibida por los abogados, que se temían un juicio de gladiadores pleno de protestas.

Los periodistas habituales de la Audiencia Nacional conocen bien la técnica del palo y la zanahoria con la que se adorna Gómez Bermúdez. Es un estilo.

Si alguien pensó que éste se había ablandado, le sacó de su error en el acto. De la manera más agria cortó un atisbo de risa de Jamal Zougam, cercenó de raíz el intento de su abogado, José Abascal, de interrumpir a la fiscal y fulminó al propio Zougam cuando respondió con un sarcasmo. "Las impertinencias, se las guarda", espetó.

Texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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