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Juicio 11-M: Opiniones (21 de febrero de 2007)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Opiniones

“Matones de hoy” por Federico Jiménez Losantos

Desde dos años antes de llegar al poder, Zapatero convirtió la política española en un gigantesco acto de repudio castrista, en un alarde callejero, antiparlamentario y antidemocrático contra el PP y todo lo que supusiera derecha. Y aquello, siendo malo, no hubiera sido lo peor si, tras el Prestige y la Guerra de Irak, no hubiera utilizado como herramienta esencial para acceder al poder el 11-M y su manipulación inmediata, dudosa hazaña sobre la que cada vez penden más preguntas sin respuesta, al menos sin respuesta honorable para el PSOE. Pero incluso fechorías al hilo de la masacre, como la de los «terroristas suicidas», propalada por el propio Zapatero y la Ser, o la del 13-M, protagonizada por el PRISOE en pleno, podrían haberse archivado si, al llegar a La Moncloa, no hubiese puesto en marcha una campaña pacífica o violenta, según los días y la conveniencia del momento, para echar de la política a la media España que vota PP, liquidando el régimen constitucional del 78 y abriendo por las bravas un proceso de acuerdo con los partidos separatistas y la ETA, prefigurado en el Tinell y Perpiñán pero ahora a escala nacional, o más exactamente, antinacional.

Entre otros episodios, hay que recordar la persecución sistemática contra la AVT, la detención ilegal de militantes del PP, la manipulación de pruebas sobre el 11-M y, sobre todo, la campaña contra la Cope a través del CAC y la jauría nacionalista, y contra Pedro J., EL MUNDO y los medios que se niegan a comulgar con las ruedas de molino de la versión oficial sobre la masacre.

Los últimos actos de repudio montados por el zapaterismo son elocuentes.

A muchos les ha escandalizado el numerito del escriba de Polanco en la televisión pública francesa pidiendo el cierre de la Cope y EL MUNDO, a los que atribuyó falsedades más que notorias. A otros, por ejemplo al sindicato CEP que lo ha tachado de «fascista», les ha indignado más el portacoz del SUP, el sindicato de Santano, que aprovechó otra televisión pública, Telemadrid, para amenazar de muerte a Luis del Pino por su tarea de investigación sobre las mentiras del 11-M. Ahí está Pilar Bardem insultando a los periodistas de Libertad Digital TV. Ahí está la campaña contra Pedro J. a cuenta de la piscina, incluyendo el asalto a su domicilio y la exhibición del carné parlamentario por los matones. ¿Cómo no recordar el vídeo y otras fechorías gálicas? Y la manipulación de la Justicia por el Gobierno y Polanco, como contra Liaño: ahí están las querellas concertadas de Polanco, ABC y Gallardón contra la Cope y contra mí, o la demanda de Rodríguez Ibarra contra la Cope y EL MUNDO. O la del eviterno Polanco y el provecto Luis del Olmo sobre el Micrófono de Oro. Ahí están, en fin, todos los actos de repudio a la cubana desde Barcelona a Maracena. Matones ayer, matones hoy, matones siempre.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Operación camuflaje” por Victoria Prego

En la dirección de este sangriento crimen masivo puede que no los hubiera más fanáticos, pero lo que ya ha quedado claro es que los había mucho más listos que el considerado oficialmente como autor intelectual de la matanza. Entre el jueves pasado, en que pudimos ver y escuchar a Rabei Osman, 'El Egipcio', y el día de ayer, en que se produjo la actuación estelar del estudiante de ingeniería Fouad Morabit, hubo un abismo. El estudiante es muchísimo más inteligente, más agudo, más rápido, más entero y, puestos a ello, sería más líder que el egipcio detenido en Italia. No hay duda.

Pero ésta fue la conclusión final. No la única, claro, pero sí una de las más evidentes. En una jornada agotadora por la reiteración de las preguntas formuladas por los letrados de las acusaciones y de las defensas, vivimos la primera sorpresa del día nada más comenzar la sesión porque el hombre que se sentó en la silla de los acusados parecía talmente un ejecutivo de cualquier multinacional de la informática. Perfecto traje de corte occidental, modales del lado de acá de la Alianza de Civilizaciones y corbata de seda amarilla, como de pijo madrileño. Un impacto esa imagen, porque aquel señor era nada menos que el casero del piso-pensión-guarida de la calle Virgen del Coro de Madrid por el que pasó en su momento lo más granado de la banda de terroristas que perpetró los crímenes del 11-M, incluido uno de los suicidas de Leganés, que fue inquilino regular de aquel habitáculo. Tan occidental resultó el sirio Mohamed Almallah en sus maneras que hasta puso de vuelta y media a su ex mujer, que parece que ha testificado contra él en este proceso, de la que dijo eso tan clásico de «me quiere hundir, es una prostituta, se ha aprovechado de mí». Pero es que, a pesar de que sus explicaciones fueron relativamente precisas y bien formuladas, resultaron demasiadas veces increíbles y, en ocasiones importantes, contradictorias. El tribunal determinará.

Fue después cuando entró a declarar el sujeto más brillante que ha comparecido en la sala hasta este momento. Contestó con energía, introdujo matices del tipo «Rifaad era más que un conocido pero menos que un amigo» y lanzó al final un mitin en reclamación de un europeísmo garantista que produjo auténtico estupor en la sala. Un camuflaje perfecto si no fuera por lo imposible que resulta explicar y creer cosas tales como que un joven, hijo de un notario marroquí, que estudia primero ingeniería aeronáutica y luego lo deja para iniciar ingeniería electrónica, un señor políglota al que sus padres financian con largueza los gastos de estudios y estancia en España, deje su carrera, se meta a albañil ocasional y vaya a alojarse en un cuartucho del agujero de la calle Virgen del Coro -cuyas ventanas de la planta baja estaban tapadas con papel de periódico- para ir a relacionarse con gentes de nula formación y escasa actividad laboral. Lo que sucede es que ésta, que no es ni mucho menos decisiva, fue la duda más clara que destiló su declaración porque, del resto de preguntas y respuestas escuchadas, no apareció ningún signo llamativo ni escandaloso que dejara en evidencia su auténtico papel en el atentado. Quizá haya pruebas sólidas que lo incriminen, pero eso ayer no se vio.

La intervención cansina y espesa del último de los comparecientes, el marroquí Otman Gnaoui, fue un desastre. Si no fuera porque estamos hablando de una tragedia espantosa, habría que reconocer que sus idas y venidas en torno al «clavo» [pistola] que 'El Chino' -uno de los asesinos que se suicidaron en Leganés- le había pedido, estuvieron a la altura de aquel magistral episodio de la empanadilla de Encanna, de Martes y Trece. Fue incapaz de dar una explicación coordinada, no digamos ya solvente, sobre sus estancias en la casa de Morata de Tajuña o sobre su participación en la caravana de coches que vinieron de Asturias cargados de explosivos el mismo día en que una segunda caravana de la muerte, ésta de ETA, se dirigía también a Madrid. Se escabulló con extraordinaria torpeza y sus murmullos se estrellaron contra el silencio de la sala y quedaron ahí desnudos, flotando en el aire. En el aire y en las muchas pantallas de plasma que cuelgan de las paredes del recinto, que demostraban, una y otra vez, que había vuelto a mentir. Éste, como los dos anteriores, quiso pegarse al terreno. Pero carecía de capacidad para confundir ni al más lego.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“'Todo encaja' y guerra policial” por Victor De la Serna

Una jornada bastante plúmbea del juicio del 11-M, con comparecencia de islamistas acusados de haber instigado el atentado -se negaron a responder a demasiadas preguntas y se declararon inocentes de todo-, incita a toda la prensa a titular de manera semejante: los islamistas niegan su presencia en el piso de Leganés pese a que allí había rastros de su ADN. Toda la prensa, salvo un periódico: la jornada ha servido para que El País, que no se ha distinguido particularmente por indagar en los entresijos de aquellos terribles sucesos, volviese a demostrar su amplia superioridad sobre la competencia a la hora de interpretar lo que se dice en el juicio.

Si durante el fin de semana explicó la notable teoría de que las afirmaciones de inocencia por parte de los imputados demuestran que son culpables, ayer, tras apenas tres sesiones de la vista, ya llegaba a la conclusión de que Todo empieza a encajar (su sorprendente titular principal de la información del juicio, más propio de un editorial). Resalta que lo importante de las declaraciones de Bouchar y Ghalyoun es que Dos supuestos autores del 11-M dan pistas del atentado en la vista oral al reconocer que conocían a «los jóvenes terroristas que se suicidaron en Leganés».

También interpreta libremente, como suele, Ernesto Ekaizer al titular El veredicto sumarísimo del PP un comentario en el que acusa a la oposición de negar la vinculación de los acusados con grupos islamistas porque hay organizaciones de víctimas del terrorismo que lo hayan hecho. Resulta que éstas están «vinculadas al PP». Y, por ello, «los acusados tienen una ventaja de partida inusitada». Para sumarísima, la conclusión de El País, ¡a estas alturas!, de que todo empieza a encajar...

Lo del PP no es casual. Los medios de Prisa acompañaban ayer a la perfección al Gobierno en sus reproches al PP por «atacar a la Justicia» al sumarse a la manifestación de la AVT en recuerdo de las víctimas de De Juana. La Ser abría su informativo nocturno con esa noticia: el PP, «por primera vez», se suma a una manifestación «contra el Tribunal Supremo».

Al final, una serie de acontecimientos paralelos a la vista oral tienen tanto significado informativo como el propio desarrollo de ésta; a veces, más. Las operaciones de amedrentamiento, en particular: un representante de El País clama en Francia contra EL MUNDO y la Cope, y al mismo tiempo el portavoz del Sindicato Unificado de Policía, Maximiliano Correal, repite en Telemadrid sus escalofriantes amenazas (ya se las había hecho directamente semanas antes) contra Luis del Pino, uno de los periodistas que han investigado los agujeros negros del 11-M. El lunes, Correal decía en la Cope que las amenazas fueron en «tono coloquial», pero de paso acusa a los miembros del sindicato rival de no ser verdaderos policías, sino sicarios de la extrema derecha. Aterrador el portavoz.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La larga sombra de 'El Chino' de Luis del Pino

Contradicción. Las declaraciones de Abdelmajid Bouchar ayer nos dejaron con las mismas dudas que ya teníamos acerca del episodio de Leganés. Bouchar es, según un policía, la persona que huyó del piso tras depositar una bolsa de basura, horas antes de la explosión, pero Bouchar niega que estuviera nunca en ese piso. Imposible resolver nuestras dudas hasta que los testigos desfilen. Cuando eso suceda, tendremos que hablar mucho de bolsas y de basura. Y también de otras cosas, como por ejemplo de cercos policiales.

Utilidad. Mouhannad Almallah ha declarado con papeles, como ayer Basel Ghalyoun. Resulta curioso que los únicos acusados que llevan papeles en este juicio son, precisamente, aquéllos de los que más se sospecha su vinculación con el CNI. ¿Serán papeles clasificados? Por lo demás, Almallah ha iniciado la estrategia de cargar el muerto a los muertos: El Tunecino era un radical de cuidado, nos dice. ¡Hay que ver lo útiles que resultan los muertos para que se coman el marrón!

Islamista. Hoy sí hemos visto declarar a alguien que podría dar el perfil de auténtico islamista. Fouad Morabit es un hombre culto, preparado y religioso. El único problema es que el ser un musulmán religioso no te convierte necesariamente en terrorista islamista, y Fouad ha negado su participación en el 11-M y ha condenado la violencia. Ha declarado tranquilo, sin ayuda de papeles, y no ha dado en ningún momento la sensación de sentirse acosado o asustado.

Transporte. La versión oficial nos dice que la Goma 2 ECO asturiana se transportó a Madrid en un VW Golf, haciendo de lanzadera un Toyota Corolla propiedad de Trashorras y conducido por El Chino. Hoy, la fiscal le ha preguntado a Otman Gnaoui por ese Toyota que El Chino conducía. «¿Toyota? ¿Qué Toyota? Lo que El Chino conducía ese día era un Golf. No había ningún Toyota». Pregunta para iniciados: ¿qué parte de la historia del transporte de los explosivos desde Asturias es falsa? Respuesta: probablemente todas.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“'El Egipcio' y sus chunguitos” por David Gistau

Los interrogatorios son fríos y educados como una entrevista de trabajo para un puesto de dependiente de ultramarinos. Por más que algunos insultos rebasen la caldera, es una cocción a fuego lento que posterga para otras jornadas el descenso al Hades de Atocha. Cuando otros testimonios harto más emotivos nos obligarán a encontrarnos con los 191 espectros familiares que de momento no son evocados sino como estadística. Mientras, la emisión en sesión continua da al juicio un cierto aire de reality show cuyos personajes apenas empiezan a asociarse a un arquetipo.

Como si la audiencia, bastante desinteresada en realidad, prefiriera a las teas y las horcas de la rabia un simple mensaje sms como el que se estila en otros formatos semejantes. En ese sentido, el que sin duda estaría ya nominado a estas alturas es Abdelmajid Bouchar, el atleta que confundió Belgrado con la casilla de seguridad del parchís.

Durante estas primeras sesiones, con los acusados ha ocurrido lo mismo que con las cucarachas cuando se enciende la luz. Se han desperdigado para ocultarse, no debajo de un mueble, sino detrás de una imagen calculada y llena de palabras de paz y amor con las que una presunta banda terrorista se hace pasar por el grupo Mocedades cantando a la Alianza de Civilizaciones. 'El Egipcio' y sus chunguitos.

Lo que sí han aportado Mouhannad Almallah y Fouad Morabit es una variación en los arquetipos redentores.

Nada que ver con la máscara de la humildad a la deriva que se pusieron El Egipcio y Haski. Fouad, lleno de recursos dialécticos y de templanza, se postuló como el yerno ideal: un joven políglota, sofisticado y de buena posición con suficientes propósitos personales en la vida como para resistirse a la tentación épica propuesta por «torpes» y «extremistas» como aquéllos con los que en algún momento coincidió en la mezquita de Estrecho o en el chiscón de Virgen del Coro. También Mohamed Atta, uno de los pilotos del 11-S, era el hijo acomodado de un médico egipcio, y eso no evitó que fuera abducido por la iluminación con el mismo entusiasmo que un suicida de los de chamizo de adobe. Pero Fouad exudó confianza y solvencia, y habrá que esperar para comprobar si las pruebas le desarman.

Almallah, el presunto conseguidor logístico, el que se afilió al PSOE como si se acogiera a sagrado al saberse perseguido, alegó que de su implicación la culpa la tiene el chachachá. O sea, una ex vengativa que se habría traído de una expedición putañera a Tánger y que ahora estaría intentando arruinar la existencia de un perfecto padre de familia tan alejado de los preceptos islámicos que en su videoteca, además de las filmaciones yihadistas, el gusto morboso también encontraría lugar para el porno duro. El juicio es una maraña. Cada acusado es un nudo por destrenzar. A la espera de las pruebas, los peritos y los testigos, no sabemos a quién hay que aborrecer y a quién compraríamos un coche de segunda mano. Lo que sí ha dejado demostrado el celo garantista de Gómez Bermúdez es que la más terrible matanza terrorista de la Historia española no la resolverá la venganza, sino la Justicia.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Santidad de la mentira” por Gabriel Albiac

Mentir ante el enemigo infiel es mandato coránico. Dios es verdad. El enemigo, basura. Vivo o muerto              

Muchos meses después de la matanza del 11 de septiembre en el World Trade Center, Osama ben Laden seguía declarando a Al Yazeera su absoluta inocencia y la de sus hombres en aquella horrible matanza, que sólo le producía compasión. Exactamente en los mismos términos en que los yihadistas de Madrid entonan, estos días, lacrimoso testimonio de piedad hacia las víctimas de Atocha. Un buen musulmán no mata a inocentes, declaraba el sacrificador de Al Qaeda, entre 2001 y 2002. Un buen musulmán no mata a inocentes, declaran ahora Zugam y compañía: da igual lo que digan los análisis de ADN. Su tono era -es- compungido. Hubiera resultado hasta conmovedor -lo de Ben Laden entonces, los de éstos ahora-, si las pruebas materiales no fueran aplastantes. Pero era y es, sobre todo, misterioso. Para quienes, por edad, forjamos nuestro oído y nuestra mente en la específica retórica del terrorismo revolucionario europeo de los años setenta y ochenta del pasado siglo.

El terrorismo revolucionario de la segunda mitad del XX nace de la aplicación literal de la tesis que inaugura la Europa moderna. Para constituir un Estado existen sólo dos vías: la corrupción o la virtud. La virtud, en política, tiene su nombre: terror. Y, como virtud que es, en el terror no cabe resquicio a la mentira. Para ser virtud, el terror exige del revolucionario jamás mentir. La verdad es siempre revolucionaria. Y el terror, ejemplar: ocultar el dolor necesario para alzar un paraíso sobre la tierra, sería indigno. No es -como ignorantemente se escribe a veces- una tesis personal, más o menos maniática, del Robespierre que dicta la ley del 22 Prairial del año II: Ley del Gran Terror. Es una percepción colectiva, aun para los menos vertiginosos de los protagonistas de 1794. Bajo léxicos en mayor o menor medida modificados, es lo que todas las corrientes revolucionarias han explicitado durante dos siglos: del Zinoviev que reclama, en 1919, el exterminio del 10 por ciento reaccionario de la sociedad rusa, al borrado de las fracciones no analfabetas -contaminadas, pues, por la corrupción burguesa-, que, con certidumbre arcangélica, practicaron los khmer rojos.

Nada de eso hay en el teocratismo yihadista. Ante un Dios de voluntad absolutamente trascendente a la comprensión humana, sólo cabe obediencia. No hay verdad que razonar. Menos aún, ante los kafires (cafres) infieles. A los cuales el Libro ordena matar, sin más, allá donde se les encuentre. Donde sólo hay obediencia, la razón no juega papel. Ni la verdad. Pues que verdad sólo la hay en el Libro, y sólo ante el Dios del Libro debe reconocer verdad su devoto. Mentir -y mentir siempre- al enemigo infiel es deber del buen musulmán, que el Corán dicta. Como dicta la inanidad de todo tribunal que no se atenga a la ley islámica. Éste de Madrid, por supuesto. Cualquier otro.

Nadie espere de este tipo de piadosos asesinos, arrogantes reivindicaciones al estilo de las de los traedores del cielo a la tierra que forjaron la RAF alemana, las BR italianas, la patriótica ETA. El musulmán da testimonio, sí. Pero sólo ante Dios. Lo demás, es basura. También los muertos.

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Circunloquios” por Germán Yanke

Poco a poco se va viendo la quiebra de tanta declaración exculpatoria, de tanto aparente despistado sentado en el banquillo sin saber nada, sin haber estado siquiera en los lugares citados, sin conocer a nadie con un ápice de inclinación a la violencia. Poco a poco se va dando cuenta de las contradicciones y de los absurdos, de la magia contra la ciencia (Ghalyoun y Bouchar no entendían ayer como su ADN estaba en Leganés si nunca estuvieron allí), de lo poco que valen las valoraciones contradictorias de los personajes.

Anteayer, según Ghalyoun, «El Tucenino» sólo quería robar bancos; ayer, según Almallah, quería convencerle de que se fuera a combatir a Irak y según el Morabit era un radical no violento. El Morabit dice que es pacífico pero sólo es un tipo que no se altera, que no es lo mismo. Como no se alteró cuando se detuvo en Italia a «El Egipcio» por su delación. Cada uno dice lo que le conviene pero no a todos conviene lo mismo y vamos, poco a poco, separando la impostura de las pruebas.

El presidente del Tribunal -confirmado ya por el Supremo como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia- pide que se eviten los circunloquios. Pero los circunloquios se usan para dar rodeos y no decir las cosas claramente, que es lo que se trata de evitar, cada vez con menos fuerza, en las declaraciones de acusados como autores intelectuales y materiales.

Ha hecho bien Mariano Rajoy en recordar a las víctimas aunque sea exagerado decir que nadie las cita. La preocupación del Tribunal por ellas va más allá de lo habitual en los juicios. Dicen en el PP que Rajoy ha pedido prudencia a los suyos en las manifestaciones, algunas sorprendentes, sobre la vista. Y él añade, refiriéndose a los jueces: «Ojalá acierten». Si no es un circunloquio, por breve, es un salto acrobático, por si acaso.

Publicado por el diario ABC el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Aumentan las pruebas” por Jesús Zarzalejos

El juicio oral del 11-M ya ha despachado el interrogatorio de los acusados que, según la Fiscalía, integran la autoría de la trama islamista, lo que supone un avance importante de las actuaciones. Una característica común a estas seis declaraciones es la progresión de las pruebas de cargo contra los imputados. A medida que el juicio se ha adentrado en acusaciones con mejor y/o mayor apoyo probatorio, los interrogatorios se han endurecido y precisado de forma notoria, aun cuando los procesados hayan seleccionado a su libre arbitrio tanto a los interrogadores como las preguntas que querían contestar. Es la diversa entidad de las pruebas presentadas contra ellos lo que les ha obligado a mantener una estrategia de defensa diferenciada. Los llamados «ideólogos» del atentado (Rabei Osman «El Egipcio», Hassan el Haski y Youssef Belhadj) ofrecieron una versión «doméstica» de los viajes al extranjero o de las entradas en España, relacionados todos con sus familias o sus trabajos. Similar sesgo dio a su declaración Mouhannad Almallah, el primero de los acusados por el «frente logístico» de captación y apoyo a terroristas islamistas. La verosimilitud de sus coartadas no depende tanto de las declaraciones prestadas, como del resto de pruebas que aún deben practicarse.

La progresión creciente de los indicios de cargo resultó más visible en el caso de los supuestos autores materiales (Zougam, Ghalyoun y Bouchar). Así se comprobó en los interrogatorios de la fiscal, centrados en los medios de vida de los imputados para demostrar que podían haberse financiado ilícitamente; en los elementos vertebradores del grupo islamista, como la relación con Abu Dahdah, líder integrista en España, y con «el Tunecino», impulsor principal de la célula del 11-M; y en las relaciones de sus integrantes a través del uso compartido de teléfonos y de encuentros en locales y mezquitas madrileñas. En todo juicio hay pruebas de cargo y de descargo que tienen «vida propia», y otras cuya eficacia requiere una defensa argumentativa intensa. No es lo mismo apoyar una acusación en pruebas indirectas o condicionadas a su ratificación que en datos objetivos, como la presencia de restos genéticos en los principales escenarios del atentado. Esta diferencia siempre debe reflejarse en la planificación de una defensa y en la presión de los interrogatorios de la acusación. Por eso, tanto Zougam como Ghalyoun anticiparon, con respuestas bien preparadas, la descalificación de los testigos que los reconocieron fotográficamente y combatieron las pruebas singulares que los relacionan con el 11-M. Bouchar no pudo hacer nada parecido. La valoración aislada de estas declaraciones puede producir efectos engañosos. Cuando lleguen los investigadores policiales y, en concreto, los testigos protegidos, se verá si las dudas que quisieron sembrar los acusados toman cuerpo o son rebatidas.

Publicado por el diario ABC el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“El 'muerto', para el difunto Serhane” por Ernesto Ekaizer

La declaración de tres acusados de participar, en distinto grado, en el atentado -integración o pertenencia a banda terrorista en los casos de Mouhannad Almallah Dabas y de Fouad El Morabit; tráfico, transporte o suministro de explosivos en el de Otman el Ghanoui- ha permitido entrar en el submundo de aquellos dirigentes de la matanza que se suicidaron el 3 de abril de 2004. A partir de ayer, Serhane Ben Abdelmajid Faked, El Tunecino, o Jamal Ahmidan ya no serán más una invención de todos aquellos interesados en ocultar la verdad. Las referencias hacia ellos por parte de los acusados, que siguieron ayer a otras realizadas el pasado lunes, como fue el caso de Basel Ghalyoun, pintan unos personajes de carne y hueso.

Aquello que ya era evidente desde hacía tiempo para algunos expertos en contraterrorismo, tanto en EE UU como en la UE -la relevancia de Serhane El Tunecino, o de otros personajes clave, como son Amer El Azizi y Youssef Belhadj, presunto portavoz militar de Al Qaeda en Europa- ya está situado. El juicio tendrá que colocar, como en un gigantesco puzzle, cada pieza en su sitio. Y eso ocurrirá sólo cuando quede atrás la fase actual de confesión o declaración de los acusados. Y falta bastante. Que no cunda el pánico porque hay tela para rato. Juicios como estos son como una maratón y ya se sabe que en éstas lo que se exige es método para aguantar.

Varios acusados han decidido poner la directa y amortizar a Serhane El Tunecino, uno de los líderes que se suicidó con otros seis en el piso de Leganés. El primero en echarle el muerto fue Ghalyoun, quien dijo que Serhane vaticinaba hechos violentos. Ayer le siguió Mouhannad Almallah Dabas, quien seguramente para dar mayor credibilidad a su declaración fue más lejos que Ghalyoun, y definió a Serhane como un hombre que tenía vocación de líder y que pretendió convencerle de que marchara a la guerra de Irak. No dudó en calificarle varias veces como un hombre violento de ideas extremistas y radicales. Tanto Almallah Dabas como Ghalyoun creen, según explicaron, que Mustafá Maymouni, marroquí acusado en el atentado de Casablanca, en mayo de 2003, fue uno de los hombres que enroló a Serhane en la violencia fundamentalista islámica.

El nombre de Amer El Azizi salió a relucir ayer a cuenta de lo que Almallah Dabas achaca a una campaña de la familia de su ex mujer, la que le acusa de haber colaborado en la fuga de El Azizi de España, proporcionando peluca, ropa y pasaporte. El Azizi, se cree, fue la tercera persona que participó en una reunión en Tarragona donde se ultimaron detalles del 11-S, el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Ayer, El Morabit, que niega toda relación con el atentado, dijo que para un terrorista el juicio es la mejor oportunidad para defender su ideología. Pero lejos de Al Qaeda los alegatos en tribunales de justicia. Ésa no es su estrategia.

Otman el Ghanoui, por su parte, admitió haber trabajado para Jamal Ahmidan en Morata de Tajuña, Chinchón. La fiscal le acusa de haber trasladado explosivos de Asturias a Madrid.

Publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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