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22 de Febrero, 2007
Dos acusados ratifican que unos desconocidos estuvieron en Morata los días previos al 11-M
Ayer se acentuaron algunas de las incógnitas que rodean a los atentados: Harrak negó que su amigo Kounjaa le hubiese entregado la carta de despedida que apareció en la comisaria de Canillas. Además, otros dos implicados corroboraron que personas no identificadas estuvieron en Morata la semana previa.
MADRID.- La quinta jornada del juicio del 11-M fue un repaso sobre la figura de Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo de la célula y uno de los siete suicidas de Leganés. En él se centraron los interrogatorios a su primo, Hamid Ahmidan, Rachid Aglif y Abdelilah Fadoual Akil, acusados por la Fiscalía de pertenecer al grupo terrorista.
Pese a que sólo respondió a su defensa, la declaración más interesante fue la última de la jornada, la de Hamid. El primo de El Chino fue detenido el 25 de marzo. En el interrogatorio relató que cuatro o cinco días antes había llevado a su primo a Leganés. Le había dejado en una rotonda próxima al piso franco de la célula, lo que daba a las Fuerzas de Seguridad una pista de su escondite una semana antes del suicidio colectivo.
El marroquí también relató su trabajo en la finca de Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Allí estuvo haciendo chapuzas junto al también procesado Otman Gnaoui. Allí vivían de manera continua El Chino y los suicidas Abdenabi Kounjaa y Rifaat Anuar, además de Mustafá Hadad. Los dos obreros no dormían allí ni comían con el resto.
Según declaró ayer, Hamid nunca vio armas ni escuchó explosiones, pero sí observó que cuando entraba en la habitación en la que estaban los otros, éstos escondían «algo que tenían en la mano y que tenía cables». Tras su detención, dijo ante el juez que lo que vio era muy similar a los detonadores que le mostraban.
A primeros de marzo, Jamal le dijo que no volviera en una semana porque «una mujer y su familia» iban a estar viviendo allí. Regresó pasado ese tiempo, pero se encontró con un candado nuevo en la verja y un coche desconocido. Un Toyota Corolla que provenía, supuestamente, de la trama asturiana. «Ven mañana», le dijo Jamal. Volvió, pero su primo le dijo que el trabajo se había acabado.
Tras la masacre, estuvo en la finca cuatro o cinco días, hasta el día en que Jamal le pidió que le llevara a Leganés. No volvió a verle.
La jornada de ayer, se abrió con el interrogatorio a Rachid Aglif. El amigo de El Chino explicó al tribunal la transformación del suicida tras pasar por una prisión marroquí. Si antes se le podía describir como «un conocido de la noche madrileña», a su regreso, en el verano anterior a los atentados, «estaba más serio, más consigo mismo». «¿Se había vuelto extremadamente religioso?», insistió el fiscal Carlos Bautista. Aglif fue lacónico pero contundente: «Sí».
Sobre el súbito silencio telefónico entre ambos entre el 11-M y el 17 de marzo, respondió: «Supongo que estaría haciendo sus cosas, luego se ha visto lo que hizo ese hombre».
Rachid fue uno de los asistentes a la reunión en un McDonald's en la que, supuestamente, comenzó a hablarse de intercambio de hachís por dinamita. Allí estaban, por un lado, él y Rafá Zouhier, que llegaron juntos. Por otro, Emilio Suárez Trashorras y su mujer, Carmen Toro, junto a un tercer español, que no reconoció como Antonio Toro. Por parte de la célula llegaron tres suicidas: El Chino y los hermanos Oulad. Según su versión, Carmen y él se mantuvieron al margen de las conversaciones.
También dijo que había mentido ante Del Olmo para vengarse de Zouhier por las supuestas «burradas» que éste contó al juez y que le habían acabado enredando en el 11-M.
A preguntas de su abogado, Andreas Chalaris, el marroquí concluyó su declaración asegurando que no es una persona religiosa -«llevo aquí 17 años y no he leído ni una palabra en árabe»- y condenando «rotundamente» los atentados.
El segundo interrogado de la mañana, el menudo Abdelilah Fadoual, se presentó nervioso ante el micrófono e hizo una declaración torrencial. Cada pregunta de la fiscal era seguida de una aturdidora parrafada que incluía la respuesta a esa pregunta y por lo menos a otra docena.
Fadoual reconoció una visita el 3 de marzo a la casa de Morata. Según explicó, para recoger un Volkswagen Golf en el que supuestamente se habían transportado los explosivos desde Asturias. Según dijo, pudo ver varios coches estacionados en la finca. Aseguró que El Chino no le dejó entrar ni le permitió dejar el Golf allí aparcado unos días, como él le había pedido.
Tras ofrecer varias y largas explicaciones sobre quién le llamó para decirle que lo fuera a buscar, el tribunal le pidió que lo aclarara de manera precisa «¿Hicham o Jamal?». Ni aun así. «Es que la cosa está muy mezclada, lo digo para que lo sepa...».
LOS CONTACTOS CON JAMAL AHMIDAN
RACHID AGLIF
El presunto hombre de confianza de Jamal Ahmidan, 'El Chino', reconoció ayer ante el tribunal haber asistido a una reunión a finales de octubre de 2003 en un restaurante McDonald's de Carabanchel a la que acudieron varias personas, entre las que más tarde reconoció al ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su ex mujer Carmen Toro y donde se habló, según dijo, de la venta de hachís pero no de explosivos.
ABDELILAH FADOUAL
El marroquí reconoció ayer durante la quinta sesión del juicio haberle comprado a 'El Chino' un Volkswagen Golf, que recogió el 1 de marzo de 2004 en la finca de la localidad madrileña de Morata de Tajuña, donde según la investigación se prepararon mochilas-bomba. Además, admitió haber proporcionado a Ahmidan un BMW que condujo hasta Madrid desde Ceuta.
HAMID AHMIDAN
El primo de 'El Chino' explicó ayer haber visto a Jamal Ahmidan y a otro de los suicidas de Leganés manipular «un aparato con cables» en el interior de la finca de Morata de Tajuña, donde acudió junto a uno de los acusados, Otman Gnaoui, y un carpintero de nombre Mustafá para hacer «unas chapuzas».
Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Harrak niega que el suicida Kounjaa le entregase la carta que apareció en Canillas
Dos imputados corroboran que días antes del 11-M hubo en la casa de Morata personas que 'El Chino' no permitía ver a nadie
MADRID.- El presunto miembro de la célula del 11-M Saed Harrak aseguró ayer ante el tribunal que no sabe nada de la carta de despedida del suicida Abdenabi Kounjaa, aparecida en su bolsa de trabajo un mes después de la explosión de Leganés. El procesado negó que se la hubiera entregado la última vez que vio a su compañero de trabajo, la noche antes de los atentados.
La carta llegó a manos de la Policía por medio del jefe de Harrak en la obra en la que trabajaba. Después de la detención, este hombre se desplazó a la comisaría de Leganés para entregar una bolsa de deportes con efectos personales de su empleado. Contenía, según había revisado él mismo y se comprobó en la comisaría, 26 cintas de casette, algunas con anotaciones en árabe, un CD y ropa.
La carta no fue encontrada hasta que la bolsa fue a parar a Canillas, la sede central de la Policía. Según informó recientemente EL MUNDO, el informe allí elaborado concluía diciendo: «Revisados los efectos recibidos, en un bolsillo lateral de la bolsa de deportes se encontró un sobre blanco, de pequeño tamaño, conteniendo en su interior tres cuartillas cuadriculadas, con escritura manuscrita en idioma árabe. Dicho sobre y las cuartillas no figuran en la relación de efectos remitidos por la Comisaría de Leganés».
Ayer, Harrak consideró absurdo guardar en un lugar tan poco seguro y de fácil acceso a otras personas una carta tan comprometida. Más aún cuando ya había pasado más de un mes desde el suicidio de Kounjaa. Según explicó, lo lógico al descubrir algo así sería deshacerse de ello inmediatamente o hacérselo llegar a su familia, y no conservarlo.
Buena relación
Harrak conoció a Kounjaa en el verano de 2002 y mantuvo con él una buena relación. La última vez que le vio fue apenas unas horas antes del atentado. En la noche del 10 de marzo, el suicida fue a casa de Harrak casa para devolverle algunas herramientas de trabajo. La pregunta del fiscal Carlos Bautista fue tan directa como la respuesta: «¿Le dio esa noche la carta de despedida?» «No».
Cuando el fiscal le pidió una explicación sobre el hecho de que apareciera en su bolsa de trabajo, Harrak sugirió que, dado que compartían el coche con el que iban a trabajar, Kounjaa podía haberla dejado allí para que él la descubriera y se la hiciera llegar a su familia.
Harrak negó que Kounjaa le pareciera una persona especialmente religiosa. «En ningún momento me habló de la yihad», dijo.
Donde sí se habla de la guerra santa es en el supuesto testamento de Kounjaa a su familia: «Vuestro padre tenía moral y pensaba mucho en la yihad [...]. Os pido que tengáis fe en Dios y que sigáis a los hermanos muyahidin en todo el mundo».
Al margen de la carta-testamento, Harrak vivió durante un tiempo en Mocejón, donde la célula terrorista colocó el explosivo contra el AVE. La Fiscalía considera especialmente sospechosos los dos desplazamientos de Harrak a la zona apenas cuatro días antes del 11-M. Según el escrito de acusación, lo hizo acompañado de Kounjaa, y mantuvo contactos telefónicos con los también suicidas Rachid y Mohamed Oulad Akcha, que supuestamente participaron en la colocación del explosivo.
Respondió que nunca inspeccionó las vías sino que sólo veía pasar el tren desde el campo en el que estuvo empleado sembrando cebollas.
El marroquí también reconoció algunos contactos con tres suicidas que no había admitido anteriormente ante Del Olmo. Según dijo ayer, «por miedo». Aseguró no conocer a El Chino, pese a que sus teléfonos sí llegaron a contactar. También afirmó que nunca había estado en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que entre los escombros aparecieran papeles de un coche suyo, explicó que se lo había comprado a Kounjaa y que aún tenía pendientes trámites.
Harrak es el único presunto integrante del grupo terrorista que se encuentra en libertad. Un error de plazo del juez y de la fiscal impidió prorrogar la prisión provisional.
ORDEN EN LA SALA: ZOUHIER, EXPULSADO
El presidente del tribunal que juzga el 11-M, Javier Gómez Bermúdez, expulsó ayer de la sala de vistas al acusado Rafá Zouhier, que comparece en el habitáculo blindado por estar en prisión. Antes de hacerlo, el magistrado dijo: «Estoy harto de sus gestos». Gómez Bermúdez adoptó esta decisión cuando el abogado de Zouhier, Antonio Alberca, interrogaba al acusado Rachid Aglif, 'El Conejo', presunto lugarteniente de 'El Chino'.
Tras un descanso de unos minutos en la sesión, el presidente del tribunal autorizó a Rafá Zouhier a regresar a la sala blindada. Ya el pasado lunes, el tribunal ordenó a Zouhier, ex confidente de la Guardia Civil para el que la fiscal pide 20 años de cárcel, que se sentara en el primer banco del recinto y que se situaran diversos agentes de Policía entre el público para evitar que se produjeran tensiones y enfrentamientos entre los acusados y las víctimas.
Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
El mensajero de 'El Egipcio' niega siquiera conocerle
Larbi será juzgado hoy por otra causa, en la que declarará 'Cartagena'
MADRID.- Asegura que ni siquiera le conoce. Mohamed Larbi ben Selam, a quien la fiscal Olga Sánchez atribuye la condición de mensajero de El Egipcio, declaró ayer que nunca coincidió personalmente con el presunto ideólogo del 11-M. «Sólo conozco a su cuñado, que vivía en su casa», señaló.
El Ministerio Público sostiene que Larbi era el encargado de transmitir el material propagandístico y de adoctrinamiento de El Egipcio a la célula islamista que atentó en Madrid. Pide para él 27 años de prisión por integración en organización terrorista e inducción al suicidio.
La acusación por este segundo delito se basa en que Larbi, presuntamente, coordinaba una trama para enviar muyahidin a Irak. Entre estos suicidas se encontraría, según el relato de la fiscal, Mohamed Afalah, uno de los presuntos autores materiales del 11-M, que huyó del cerco policial de Leganés. La Policía informó en mayo de 2005 al juez Del Olmo de que Afalah podría haberse inmolado en un atentado en Kerbala (Irak).
Larbi confesó que conocía a Afalah, pero negó que le hubiese adoctrinado para el suicidio o que le recomendase desprenderse de sus bienes antes de viajar a Irak vía Turquía. A este respecto, dijo que había sabido de la posible muerte de Afalah a través de un amigo y de la Policía.
Larbi tampoco admitió conocer a El Tunecino -al que también se le vincula- ni a ninguno de los suicidas de Leganés. De entre los presuntos autores, reconoció una relación superficial con Basel Ghalyoun y con el huido Said Berraj. A Jamal Zougam dijo conocerle «de vista». También desmintió que se desplazase a Cataluña tras los atentados para facilitar la huida del comando que colocó las bombas.
Asimismo, Larbi rechazó que hubiese estado alguna vez en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que una huella dactilar suya apareciese en un Corán encontrado allí, Larbi explicó que él solía tocar el libro sagrado cuando entraba en una mezquita, por lo que -dijo- los suicidas quizá lo tomasen de una de ellas.
Muchas de las preguntas de acusaciones y defensas giraron en torno a otro juicio que se celebra hoy en la sede ordinaria de la Audiencia Nacional. Larbi está también acusado de integrar una célula terrorista, dirigida por Mustafá Maymouni (el cuñado de El Tunecino al que ayer dijo conocer).
Según el escrito del fiscal Pedro Rubira, de ese grupo salafista (Larbi se desvinculó ayer de este movimiento) también habrían formado parte los implicados en el 11-M El Egipcio, El Tunecino, Said Berraj, Mohamed Afalah y Jamal Zougam, por lo que los hechos que se juzgan están estrechamente vinculados con la matanza de Madrid.
La célula fue desmantelada gracias a las confidencias del imam Cartagena. Éste, que declarará como testigo, estuvo informando desde octubre de 2002 a la Policía y al CNI de los movimientos del grupo que atentó el 11-M.
Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Intenta fugarse de Córdoba un preso islamista tras un 'vis a vis'
CORDOBA.- Un preso interno de la cárcel de Córdoba, Mohamed Idrissi, perteneciente al Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), intentó fugarse del centro el pasado lunes intercambiándose con su tío, que tiene el mismo nombre, durante un vis a vis al que también acudió la madre del preso.
El intento de fuga se produjo sobre las 19.00 horas, cuando el detenido tenía concertado un encuentro con sus familiares. Al finalizar la visita, los funcionarios de la prisión llamaron a Idrissi para tomarle las huellas dactilares y conducirlo nuevamente a su celda. Tras realizar dicha prueba, los funcionarios detectaron que la persona que regresó del encuentro no era el preso, sino su tío, mientras que Idrissi permanecía en la sala de vis a vis.
La madre y el tío fueron detenidos y puestos a disposición judicial, informa Efe.
El Gobierno desclasificará el informe del CNI
El Gobierno desclasificará el informe del CNI relativo a una información aportada como confidente por José Emilio Suárez Trashorras, atendiendo a la providencia dictada por la Audiencia Nacional. Dicho informe se refería a unas declaraciones del ex minero en las que aseguraba que 'El Chino' le dijo que conocía a los dos etarras de la 'caravana de la muerte'.
Prorrogan la prisión para Belhadj y Almallah
El tribunal que juzga el 11-M acordó prorrogar dos años más la prisión provisional de Youssef Belhadj, supuesto autor intelectual de los atentados, y de Mohamed Almallah, considerado miembro de la célula dirigida por 'El Tunecino'.
Información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
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Tres suicidas pactaron con la «trama asturiana»
Rachaid Aglif declara al tribunal que, además de «El Chino», estaban los hermanos Oulad Akcha. Otro procesado admite que estuvo en la finca de Chinchón diez días antes, aunque no vio a ninguno de los miembros de la célula islamista
MADRID - A la reunión celebrada el 28 de octubre de 2003 en un McDonalds del barrio madrileño de Carabanchel, donde presuntamente se pactó la entrega de los explosivos utilizados en el 11-M a cambio de hachís, no sólo asistió uno de los suicidas de Leganés, Jamal Ahmidan «El Chino». Otros dos, los hermanos Mohamed y Rachid Oulad Akcha, también acudieron a esa cita que supuso el primer cara a cara de la «trama asturiana» con la célula islamista. Así lo declaró ayer en el juicio por los atentados de Madrid el procesado Rachid Aglif, «mano derecha» de «El Chino», quien indicó que éste estaba acompañado en esa ocasión por dos personas «delgadas y altas» que posteriormente identificó fotográficamente con los hermanos Oulad. Esta versión contradice la mantenida por la Fiscalía en su escrito de calificación, según la cual sólo asistieron a esa cita seis personas, entre ellas Ahmidan, el propio Aglif, el confidente Rafa Zouhier y el minero José Emilio Suárez Trashorras, pero no los hermanos Oulad Akcha.
De blanco inmaculado, Aglif, apodado «El Conejo», contestó cada vez más nervioso a las preguntas que le formuló el fiscal Carlos Bautista. Señalado como la «mano derecha» de «El Chino», lo primero que hizo fue negar que fuese una persona de confianza de Ahmidan. Y cuando salió a colación la reunión de Carabanchel, confirmó que asistió acompañado de Zouhier pero negó que fuese él quien, como mantiene la fiscal, le propuso a Suárez Trashorras que les vendiese 60 kilos de explosivos a cambio de droga.
Contradicciones
A partir de ese momento, Aglif (que se enfrenta a 27 años de cárcel por integración en organización terrorista y cooperador necesario en el transporte de los explosivos) comenzó a contradecir sus declaraciones ante el juez Juan del Olmo. Para empezar, precisó que «El Chino» no estaba en el piso de Zouhier cuando a éste le explosionó, antes de los atentados, un detonador que manipulaba. «Lo dije en venganza porque Zouhier ha dicho tres mil barbaridades de mí y por eso estoy sentado aquí, para que le metieran el marrón», aseguró notablemente soliviantado. Pero a Aglif, sobre todo, le comprometen el «tráfico fluido» de llamadas con «El Chino». Una de ellas se produjo el 28 de febrero de 2004, cuando Ahmidan estaba en Avilés a la espera de recoger los explosivos. Ese intercambio de llamadas se interrumpió abruptamente del 9 al 17 de marzo de 2004, como se encargó de recordarle la letrada María Ponte en representación de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo. «Como se hablaba que era uno de los que ha atentado en Madrid», arguyó el acusado. «Pero eso no se supo hasta el 3 de abril» (cuando se suicidó en Leganés con otros seis terroristas), le interrumpió la abogada. Aglif replicó que Ahmidan «estaría haciendo sus cosas, como luego se ha visto, y por eso no tuvo tiempo de contactar conmigo». «El Conejo» -que se mostraba cada vez más gesticulante e inseguro- negó que guardara armas en casa («las metralletas y todo ese rollo sólo las he visto en las películas»). Y se abonó a dos explicaciones ya escuchadas por boca de otros procesados.
En primer lugar, contó que acudió a la tienda de Zougam en Lavapiés porque vendía más barato. Y poco después aseguró que solo vio tres veces al procesado Mouhannar Almallah Dabas (que reincidió con su corbata amarilla, esta vez combinada con camisa roja) cuando éste acudió a su carnicería del barrio madrileño de Antón Martín para arreglarle, cómo no, un frigorífico. «No pinto aquí nada. No sé de qué va esto», entonó tras proclamar su inocencia. Cuando regresó a la «pecera», se sentó detrás de Rafa Zouhier, pero ni se miraron a la cara y no cruzaron palabra el resto de la vista.
El «show» de «El Enano»
El segundo de los cinco procesados que ayer declararon ante el tribunal, Abdelilah El Fadual El Akil, otro de los colaboradores de «El Chino», reconoció que visitó la finca de Morata donde se montaron los explosivos diez días antes del 11-M, pero no vio allí a ningún miembro de la célula islamista. Acudió, explicó con un hablar atropellado inasequible al cansancio, a recoger un Volkswagen Golf que compró a Ahmidan, el vehículo en el que se habían trasladado los explosivos desde Asturias a Madrid unos días antes. Pero él, insistió, no lo sabía. «Si lo sé cambio la tapicería, que vale doce euros», dijo al tribunal. El acusado -apodado «El Enano»- se apresuró a negar que fuese una de las personas de confianza de «El Chino» y relató que fue en una ocasión al domicilio de los hermanos Oulad Akcha para venderles ropa y les sorprendió viendo en un ordenador imágenes de Ben Laden. «Ellos se reían de mí porque estaba asustado les decía que no quería verlo porque era delito», contó.
En sus prolijas explicaciones -que encadenaba mirando de soslayo al presidente del tribunal, que ya le había instado a ir al grano, y advirtiendo que no quería «que el señor se enfade conmigo» -negó que falsificara documentos para facilitárselos a «El Chino».
Sin embargo, no dio una explicación convincente a las numerosas llamadas telefónicas entre él y «El Chino» y los hermanos Oulad Akcha. Eso sí, condenó, como todos sus compañeros de banquillo, los «salvajes» atentados de Madrid.
Zouhier, expulsado de la «pecera»
Los frecuentes gestos y sonrisas del confidente policial Rafa Zouhier colmaron ayer la paciencia del presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, que terminó por ordenar su expulsión de la «pecera», el habitáculo blindado donde siguen el juicio los 19 procesados presos. El procesado está acostumbrado a regalar sus gestos a diestro y siniestro y ni siquiera la fiscal Olga Sánchez se ha librado en estas primeras sesiones de los efectos de su personalidad expansiva, poco adecuados para un juicio. El primer aviso «sonó» muy pronto. «Señores agentes, a Rafa Zouhier lo quiero en la última fila pegado a la pared», ordenó el magistrado. Pero como la declaración de su amigo Aglif no contribuía a su tranquilidad y los gestos continuaban, Gómez Bermúdez interrumpió a su abogado cuando le estaba interrogando. «Se expulsa a Zouhier momentáneamente de la sala. Señores agentes, bájenle al calabozo. Ya estoy harto de sus gestos». Tras el siguiente receso, sin embargo, el acusado fue «indultado» y volvió a la «pecera». Nada más sentarse, juntó las manos en señal de perdón mirando a unos magistrados que ignoraron su penúltima pantomima. Y es que Aglif, al sentirse traicionado por su amigo Zouhier, no ahorró ayer calificativos para echarle en cara sus «chorradas». «El Conejo» negó que Zouhier acudiese a reuniones religiosas. «Ha sido un fiestero desde siempre. De religión nada». Y explicó que no se enteró de que era confidente policial. «Me sorprendió y me hubiera gustado que detuvieran a esa gente».
Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
El excarcelado por un error judicial estuvo con un presunto autor horas antes del 11-M
El Harrak niega que uno de los suicidas le diera la carta de despedida que fue hallada en su bolsa
Madrid - De lo dicho, nada de nada. Saed El Harrak se sentó ayer frente al tribunal del 11-M con una frase -«tenía miedo»- y un montón de declaraciones judiciales por rectificar. «Ahora lo digo todo. Yo no he hecho nada para tener miedo», dijo de buenas a primeras cuando las contradicciones con las palabras que escuchó el juez Del Olmo en sus diez horas de declaración judicial eran más que flagrantes.
El procesado, que quedó en libertad el 10 de mayo del pasado año cuando ni el juez ni la fiscal solicitaron la prórroga de su prisión provisional, comenzó por revelar a la sala un hecho hasta ahora desconocido. Uno de los suicidas de Leganés y presunto autor material de los atentados, Abdennabi Kounjaa, le visitó en su domicilio de Parla la noche del 10 de marzo, horas antes del 11-M. «Vino a entregarme una caja de herramientas que le dejé», explicó. Pero no fue la única vez, porque tres días antes, el 7 de marzo, viajó junto a Kounjaa al pueblo toledano de Bargas para llevar un coche a un garaje. «Tenía miedo a que me llevaran a la cárcel. Lo negué todo por eso», adujo para justificar por qué no había relatado antes estos hechos.
Ya lanzado, contó que trabajó plantando cebollas en otro pueblo toledano, Mocejón, cerca de las vías del AVE Madrid-Sevilla donde se produjo un atentado frustrado el 2 de abril de 2004. Pero negó que fueran él y Kounjaa quienes colocaran los explosivos.Tampoco ofreció una explicación demasiado creíble cuando el fiscal le recordó que en una bolsa que guardaba en la taquilla de su trabajo (una empresa de encofrados de Alcorcón) apareció un manuscrito que resultó ser el «testamento» de su amigo Kounjaa, en el que éste se despedía de su familia por carta asegurando que no soportaba vivir «humillado y débil ante los ojos de los infieles y los tiranos». «Como me dejó un par de semanas su coche y se lo devolvía el fin de semana, a lo mejor puso la nota en mi bolsa. A mí no me entregó ninguna carta». Además de Kounjaa, el procesado (para quien la Fiscalía pide doce años de cárcel) mantuvo un «intenso» contacto telefónico con otros tres suicidas de Leganés: los hermanos Oulad Akcha y Rifaat Anuar. Pero en este caso achacó esas llamadas al hecho de que dejara en ocasiones su móvil al terrorista fallecido en Leganés.
«Me querían hacer comer carne de cerdo»
El cuarto de los procesados en comparecer ayer, Larbi Ben Sellam, siguió la estela de El Harrak y se rectificó a sí mismo. «Yo declaré muchas cosas, pero no ciertas», aseguró. Y aunque achacó sus declaraciones ante el juez Del Olmo a las presuntas torturas de la Policía, sorprendió a la sala cuando contó que los agentes le amenazaban «con que me iban a hacer comer carne de cerdo». Con esa máxima, Ben Sellam (controlado por la Policía desde 2002) negó que fuese el «mensajero» de «El Egipcio» y que ayudase a escapar a tres de los terroristas huidos tras los atentados. Sí reconoció que hizo llegar un teléfono móvil a la familia de uno de ellos (según la fiscal para que se despidiera antes suicidarse en Irak), pero sin saber que fuera a cometer un atentado.
El acusado ofreció una peregrina explicación al hecho de que un libro en árabe con sus huellas se hallara entre los escombros del piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas. “Es un libro del Corán. Siempre rezo los fines de semana en la mezquita de Villaverde. Cojo el Corán y lo leo. No tengo otra explicación”.
Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Ahmidan, primo de «El Chino», le vio manipular un «aparato con cables»
Madrid - Hamid Ahmidan, acusado de colaboración con organización terrorista y tráfico de drogas, sólo contestó ayer a preguntas de los abogados de la defensa y al suyo propio, Andrés Arévalo, para afirmar que no sabía nada de los atentados pese a que estuvo trabajando en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan, que se enfrenta a una pena de 23 años y seis meses de prisión, es primo de Jamal Ahmidam «El Chino». En su declaración relató cómo éste le consiguió un trabajo como «chapuza» en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan declaró que un día entró en la casa de la finca y vio a «El Chino» y a los que estaban allí manipulando un «aparato con cables», que dejaron de tocar en cuanto le vieron llegar; que él abandonó la casa y continuó con su trabajo en la finca. Además, relató que el día de los atentados no fue a trabajar a la finca, pero que sí lo hizo el día siguiente y cuatro o cinco veces después de la masacre. En dos ocasiones vio a «El Chino» en la finca, pero no a otras personas que solían estar por allí, informa Servimedia.
Una información de C. M. publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
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Un primo de «El Chino» le vio manipular un artefacto «con cables» en Morata
MADRID. La última declaración de la sesión de ayer del juicio del 11-M aportó nuevos datos de enorme interés sobre la autoría islamista de los atentados. Fue el primo de uno de los autores materiales de la matanza -en concreto de Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe operativo de la célula-, quien a preguntas de su defensa describió cómo a finales de febrero de 2004 vio a este individuo manipular un artefacto «con cables» en la finca de Morata. En ese lugar, y desde principios de febrero de 2004, él realizaba trabajos de reforma -«chapuzas», según dijo-, junto al también procesado Othman el Gnaoui y un carpintero de nombre Mustafá.
Hamid Ahmidan explicó que la escena se produjo un día que bajó desde la primera planta de la vivienda, en la que hacía unas reformas, hasta el salón para ir a beber agua. En ese momento vio a su primo y a varios de los que luego se suicidaron en Leganés manipular un objeto cilíndrico del que salían «unos cables». Al verle, el grupo ocultó el artefacto. Hamid Ahmidan no le dio importancia, entre otras cosas porque, según declaró, nunca vio hacer pruebas con dinamita en la casa, ni oyó disparos, ni detectó ningún tipo de arma.
Una semana
Pero Hamid Ahmidan aportó otro dato interesante. Explicó que a finales de febrero su primo le dijo que no volviera hasta pasada una semana, con la excusa de que iban a pasar unos días en la casa «una mujer y su hijo».
Pasado ese tiempo -corrían los primeros días de marzo-, Hamid regresó a Morata, pero no pudo entrar en la finca porque habían puesto una nueva cerradura. Tocó el claxon de su coche y salió su primo, que le dijo que no podía atenderle porque estaba «acompañado», y le pidió que ya no regresara, ya que de momento «no había trabajo». Había otro detalle importante, que le llamó la atención: en la puerta estaba aparcado un Toyota Corolla, igual al del ex minero José Emilio Suárez Trashorras y que, según la investigación, fue utilizado para el transporte de la Goma 2 ECO desde Asturias a Madrid. Una prueba más que confirma de dónde procede el explosivo de la matanza.
Separados por no rezar
Hamid Ahmidan, como el día anterior Othman el Gnaoui, situó también a buena parte de la célula del 11-M en la mencionada casa de campo -citó expresamente a uno de los hermanos Oulad, a Abdenabbi Kounjaa y a Rifaat Anouar- y aportó algunas pinceladas muy significativas. Así, explicó que ninguno de los dos comía con los ocupantes de la finca, «porque no nos dejaban, ya que no rezábamos». Precisó que sin embargo Mustafá, el carpintero, sí lo hacía.
Hamid añadió que el último día que vio a su primo fue el 20 o 21 de marzo -ya era buscado por la Policía, aunque él lo desconocía- después de recibir una llamada suya en la que le pedía que fuera a recogerle al Puente de Vallecas porque se le había estropeado su coche. Hamid lo llevó a Leganés -precisamente la localidad donde los miembros de la célula del 11-M habían alquilado un piso, en el que después se suicidaron- y desde aquella tarde no volvió a saber de él.
Hamid Ahmidan vivía en Madrid con su primo Rachid, en la actualidad preso en Italia por tráfico de estupefacientes. Precisamente cuando el primero de ellos fue detenido se intervinieron en la vivienda 59 kilos de hachís y 32 de éxtasis, así como una importante cantidad de dinero en efectivo. Las investigaciones judiciales y policiales sostienen que la célula del 11-M se financiaba con el dinero procedente del tráfico de drogas.
Ayer, Hamid Ahmidan aseguró que sabía que su primo Hachim se dedicaba a traficar con drogas. Pero añadió que no sabía que había droga en la casa que compartían y, evidentemente, aseguró que él no se dedica a esa actividad.
Desclasifican los papeles del CNI sobre Trashorras
El Gobierno desclasificará el documento del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con la información aportada en su día como confidente por el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, según informaron fuentes gubernamentales. El Tribunal que juzga los atentados del 11-M dictó el pasado lunes una providencia en la que volvía a instar al Ministerio de Defensa a desclasificar un documento del CNI que se refiere a una supuesta información aportada por el ex minero Trashorras acerca de que Jamal Ahmidan «El Chino» le dijo que conocía a los dos miembros de ETA de la «caravana de la muerte».
Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Aglif confirma la reunión de «El Chino» y Trashorras para la compra del explosivo
MADRID. La quinta sesión del juicio por el 11-M arrancó ayer con la declaración de Rachid Aglif, alias «El Conejo», considerado hombre de confianza de Jamal Ahmidan «El Chino» y de Rafa Zouhier y uno de los partícipes en las reuniones que estos mantuvieron en Madrid con los miembros de la trama asturiana. En perfecto castellano, el acusado negó toda relación con los atentados.
En la que ha resultado la jornada más distendida de la vista oral -algunas de las explicaciones ofrecidas por los procesados lograron arrancar las primeras carcajadas del público-, tres fueron las palabras más empleadas por Aglif para tratar de convencer al Tribunal de la Audiencia Nacional de su inocencia: «Burradas, tonterías, barbaridades», términos todos ellos referidos a las declaraciones con las que procesados (en especial Rafa Zouhier) y testigos le han relacionado con el 11-M.
«Un amigo más»
A preguntas del fiscal Carlos Bautista, que se estrenó en el juicio con el interrogatorio a este procesado, Rachid Aglif admitió que conocía a Jamal Ahmidan (uno de los suicidas de Leganés y cerebro, junto a Emilio Suárez Trashorras, de la trama de explosivos) desde que los dos «eran niños», si bien negó haber sido una «persona de su confianza». El amigo de la infancia se convirtió ayer, en palabras de Aglif, en poco más que «un buen cliente» de la carnicería de su padre, en «un amigo más».
Rachid Aglif reconoció su participación en la reunión que «El Chino» mantuvo con los asturianos en Madrid para cerrar la compra de los explosivos a cambio de droga, un encuentro que tuvo lugar en el McDonalds de Carabanchel. Sin embargo, precisó que se limitó a acompañar al suicida y que no intervino en las negociaciones, pues se sentó en otra mesa con Carmen Toro y otro español que no era ni Emilio Suárez Trashorras ni su cuñado Antonio Toro. A este último dijo que no lo ha visto nunca, mientras que al ex minero lo conoció ese día y lo identificó como a una de las personas que compartió la mesa en la que presuntamente se fraguó el acuerdo con Jamal Ahmidan, los hermanos Oulad Achka (ambos también se suicidaron en Leganés) y Rafa Zouhier.
El procesado aseguró que en ningún momento se enteró de lo que hablaban: «Me senté solo y lo único que hice fue reírme de Zouhier y hacerle burlas», dijo. En este sentido, negó haber sido «el portavoz de la compra de explosivos» y «enlace» entre Ahmidan y Zouhier. Aglif aseguró que al salir del local no le preguntó nada a Zouhier (a pesar de la relación de amistad que mantenían) y que éste se limitó a decirle que «iba a sacar tajada». Fue a Zouhier al que acompañó al encuentro del McDonalds, y no a «El Chino», con quien negó haber contactado antes y después del 11-M, haberle ayudado a alquilar el piso de Leganés o haberle acompañado a ningún lado (viaje a Asturias). Finalmente, de Jamal Ahmidan destacó su cambio de actitud cuando, en el verano de 2003, volvió a España de Marruecos. A partir de ese momento, «todo el mundo sabía que era muy religioso, eso se veía en su cara».
Otro episodio relevante en el que también estuvo presente Aglif fue el accidente sufrido por Zouhier cuando un detonador -que el procesado definió como «petardo»- le estalló en las manos a su amigo. Era domingo por la noche y ambos estaban en casa de Rafa Zouhier.
Aglif responsabilizó al que fuera su amigo de su procesamiento por el 11-M y llegó a admitir que situó a «El Chino» en casa de Zouhier para «vengarme por todo lo que ha dicho de mí». No fueron pocos los momentos de su declaración en los que se palpó la mala relación que ahora tienen: Zouhier no paró de hacer gestos y aspavientos durante el interrogatorio, lo que llevó al presidente del Tribunal a expulsarle.
Los siete corderos de «El Chino»
MADRID. «¿Sabía que Jamal Ahmidan había alquilado una finca en Morata de Tajuña?», preguntó el abogado de una de las acusaciones. «Sí», contestó Rachid Aglif, aunque no podía imaginar cuál iba a ser su explicación: «Cuando se llevó los corderos, nos dijo que los iba a matar a su manera, así que imaginé que lo iba a hacer en algún sitio al aire libre, en una finca, porque matar siete corderos en casa es muy difícil». El procesado retomaba así un episodio que había relatado momentos antes, cuando explicó que su hermano vendió a «El Chino» siete corderos para una celebración religiosa, que éste se los llevó vivos en una furgoneta blanca y que dejó a deber 140 euros.
Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
«El conejo» se siente traicionado
MADRID. Rachid Aglif es conocido como «El Conejo», y hace honor a su apodo. De sus labios sobresalen dos generosos dientes muy blancos que le proporcionan un aspecto inconfundible. Ayer estaba muy nervioso, se frotaba continuamente las manos, pero sobre todo demostró que su amistad con otro de los procesados, el inefable Rafa Zouhier, que incluso fue expulsado de la sala, es ya irrecuperable. Zouhier habló de él, y todo lo que dijo le perjudicó. «El Conejo», a pesar de tantas juergas y andanzas compartidas, no lo olvida.
Con aspecto propio de ligón de discoteca de medio pelo -se nota que cuida su aspecto-, Aglif no da la imagen clásica del islamista radical. Sin embargo, la investigación policial y judicial le atribuye un papel determinante en la matanza, ya que fue la persona que puso en contacto al grupo de Jamal Ahmidan, «El Chino», de quien al parecer era lugarteniente, con la trama asturiana a través de su ex amigo Zouhier. Se enfrenta a una petición de condena de 21 años.
Junto con sus amigos Ahmidan y Zouhier participó en las reuniones con Suárez Trashorras y su grupo para conseguir explosivos. Además, mantuvo numerosos contactos telefónicos con el primero (incluso compartieron terminales telefónicas) y sus amigos en fechas inmediatas a los atentados.
Aglif insiste en su inocencia y advierte que escuchará muy atento lo que los demás digan de él. Aviso a navegantes.
Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Un acusado afirma que los hermanos Oulad veían vídeos «delictivos» del yihad
MADRID. La declaración del segundo de los procesados que compareció ayer en el juicio por los atentados de Madrid fue una caja de sorpresas. Sus largas explicaciones, sin duda consecuencia de sus nervios y de sus dificultades para defenderse en castellano, provocaron risas entre los acusados y el público y llegaron a arrancar tímidas sonrisas incluso a algunos abogados y representantes del Ministerio Fiscal. Fue inevitable.
Los intentos de Abdelilah El Fadual El Akil por demostrar su inocencia (se enfrenta a 12 años de prisión por integración en organización terrorista) se tradujeron en respuestas cargadas de anécdotas que nada tenían que ver con los hechos enjuiciados y plagadas de enredados detalles que acabaron con la paciencia del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, quien llegó a interrumpirle para saber «si le queda mucho para contestar a la pregunta». A partir de ese momento, el procesado fue más breve y preciso y más de una vez respondió a las preguntas de los letrados con un «si quiere yo se lo explico, pero este señor se va a enfadar conmigo».
Considerado «estrecho colaborador» de Jamal Ahmidan «el Chino», Fadual El Akil (que se dedicaba a vender ropa italiana y a la compra-venta de coches usados), declaró haber conocido al suicida en 1999 cuando éste paseaba a su perro y dijo haber mantenido con él una relación «normal».
Sabía que traficaba con drogas -«Jamal era un ladrón», indicó varias veces-, actividad en la que negó haber colaborado, así como negó también que facilitara a «el Chino» documentación falsa («nunca en mi vida, con los papeles no me meto, lo mío son los coches»).
Sólo una vez coincidió con Mohamed y Rachid Oulad Akcha (ambos se suicidaron en Leganés) y fue cuando «el Chino» le llevó a casa de los dos marroquíes para vender ropa. Una vez allí, vio cómo uno de los hermanos, que estaba ante un ordenador, llamó al otro y le enseñó unas imágenes de Osama Bin Laden. Cuando le invitaron a acercarse, el procesado se negó «porque lo que estáis viendo es delito», lo que provocó, dijo, que se rieran de él.
El coche de la dinamita
A la finca de Morata fue el 1 de marzo de 2004, cuando compró a Jamal Ahmidan un vehículo Volkswagen Golf, el mismo que emplearon los terroristas para trasladar parte de los explosivos desde Asturias a Madrid. Restos de la dinamita fueron hallados en el maletero de ese coche. Sin embargo, a preguntas de su abogado, el procesado aseguró que no podía saber lo que habían transportado («yo sólo comprobaba si el vehículo que iba a comprar había sido robado») y afirmó no haber oído nunca por boca de «el Chino» que tuviera intención de cometer un atentado.
En cuanto a sus propias creencias religiosas, indicó que no es musulmán practicante y que el «yihad», tal como le enseñó su padre, «es trabajar por tus hijos».
Uno de los episodios que más risas provocó entre los procesados se produjo cuando El Akil -que mide poco más de metro y medio de estatura- enumeró los apodos que no reconoció como suyos pero sí leyó en el sumario: «enano», «panchito» o «chiquitín».
Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Harrak plantó cebollas a 400 metros de las vías del AVE objetivo de los islamistas
MADRID. Saed El Harrak, el primero de los procesados en libertad que declaró ayer ante el Tribunal del 11-M, aseguró que estuvo trabajando durante un año en el campo (sembraba cebollas) a apenas 400 metros de las vías del tren de Mocejón, donde el 2 de abril se encontró una bomba con la que los islamistas pretendían cometer una nueva matanza.
Este procesado, para quien la Fiscalía solicita 12 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista, aportó al tribunal versiones completamente distintas a las que depuso en sus declaraciones policiales y judiciales. Justificó su cambio de actitud en que «tenía miedo» a decir la verdad porque la Policía le había amenazado. De esta forma, ayer sostuvo que las llamadas interceptadas el 7 de marzo en la zona de Mocejón desde su teléfono a los hermanos Oulad Akcha, suicidas de Leganés, no las hizo él, sino el también suicida Abdennabi Kounjaa, que aquel día no llevaba teléfono y El Harrak le prestó el suyo.
Respecto al «testamento» que Kounjaa le dejó, Saed El Harrak aseguró que nunca llegó a ver esa carta de despedida, aunque reconoció que la noche anterior a los atentados, es decir, la del 10 de marzo, fue la última vez que estuvo con el suicida, que se acercó a su domicilio para devolverle una caja de herramientas.
Curiosamente, esa misma noche hay un cruce de llamadas entre el teléfono de El Harrak y el de uno de los hermanos Oulad, algo que el procesado justificó de la misma forma que el episodio de Mocejón: que Kounjaa, a quien nunca oyó hablar de sus planes suicidas, le pidió que le prestara el teléfono.
Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
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El subalterno del suicida se confiesa
Las revelaciones de un compinche de El Chino aportan detalles sobre la obtención de la dinamita
Madrid - Dice Rachid Aglif, El Conejo, que su amigo El Chino volvió cambiado de aquel verano en Marruecos. Dejaron de interesarle los tres motivos que les habían unido hasta entonces, las juergas, las drogas y las mujeres. Dice también El Conejo que El Chino se fue volviendo cada vez más serio, más cerrado, más religioso. La noche del sábado 3 de abril de 2004 ya era un hombre completamente distinto. Al saberse acorralado por la policía en el piso de Leganés, se despojó de su pasado, entonó cánticos religiosos y se suicidó junto a otros seis terroristas con la dinamita que les había sobrado de la matanza del 11 de marzo. El Chino dejó mujer e hija, y a El Conejo temblando en su carnicería de Antón Martín.
La policía lo detuvo tres días después. No tardó en admitir su relación con El Chino -a quien en una ocasión llegó a guardar 500 pastillas de éxtasis en la carnicería- y también con Jamal Zougam, el ya famoso dueño del locutorio de Lavapiés donde se vendieron las tarjetas de los móviles que activaron las bombas. El caso es que El Conejo, vestido de blanco y gesticulando constantemente, admitió ayer ante el juez haber estado presente en una reunión que a la postre sería fatal para el destino de 191 personas.
Fue en el McDonald's de Carabanchel. A finales de octubre de 2003. De una parte acudió El Chino. Lo acompañaba El Conejo en labores de subalterno. De otra, un ex minero asturiano llamado José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. También estaba, según declaró ayer El Conejo, el oscuro personaje que los había presentado, un tal Rafá Zouhier, marroquí de Casablanca, delincuente habitual y confidente de la Guardia Civil. En aquel McDonald's, según la investigación, El Chino ofreció a Trashorras una cantidad de droga a cambio de la dinamita necesaria para cometer la matanza, pero El Conejo dice que no se percató. La coartada, una hamburguesa de pescado.
"Decidí no meterme"
"No me enteré de lo que hablaban porque subí más tarde con la bandeja. Yo tomo hamburguesas de pescado y tardan más en hacerse que las de carne. Por eso, cuando llegué, ya estaban hablando de sus cosas y decidí no meterme".
A medida que El Conejo declaraba, a Rafá Zouhier se lo llevaban los demonios en la habitación de cristal blindado. Tanto gesticuló que el presidente de la Sala se hartó y lo mandó al calabozo para que se tranquilizara. Al margen de la supuesta implicación de cada uno en la matanza de Madrid, la mayoría de los acusados que ayer prestaron declaración procede del mundo del hampa, de ahí la proliferación de motes, tan útiles para identificar a los personajes. Con los retales de sus declaraciones se puede construir un relato muy preciso del submundo del trinque y el trapicheo, una realidad que muchos ni siquiera se esforzaron en ocultar. "Mi negocio", llegó a admitir un tipo apodado Rumenigge, "consistía en comprar coches viejos. Luego los llevaba a un taller y le arreglaban el cuentakilómetros para que parecieran nuevos". El tal Rumenigge, una de esas personas acostumbradas a relatar sus peripecias en tiempo real, para desesperación del tribunal, está acusado de comprar en Ceuta un Golf azul para que El Chino pudiera transportar los explosivos. Ya a nadie se le oculta que los atentados del 11-M se financiaron a través de la venta de droga y, para ello, los supuestos autores no tuvieron más remedio que bajar a las cloacas y tratar con personajes como el tal Rafá Zouhier. "Un domingo", relató ayer El Conejo, "Rafá y yo volvíamos de fiesta. Él había comprado dos gramos de cocaína en el poblado de los yonquis. Me metí en el baño y escuché una explosión. Al salir vi a Rafá con una mano ensangrentada. Me dijo que había sido un petardo". Según la fiscal, la explosión se produjo cuando Zouhier probaba uno de los detonadores y parte del explosivo aportado como muestra por el minero Suárez Trashorras.
Al final de la tarde, declara Mohamed Larbi Ben Sellam, también conocido como Abu Zubair. Sin desanimarse por la rotundidad de su nombre, uno de los abogados suscritos a la teoría de la conspiración sigue buscándole, infatigable, algún primo en Rentería.
EL COLABORADOR DE EL CHINO
Los vídeos de Bin Laden que veían tres suicidas. Abelilah el Fadual declaró que asistió con miedo a una reunión en la que tres terroristas del 11-M que se suicidaron en Leganés veían vídeos de Bin Laden.
Cilindros con cables en la casa de Chinchón. Hamid Ahmidan, el primo de El Chino, confesó ayer que vio cilindros con cables en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas del 11-M.
Una cita en Madrid para negociar el robo de la Goma 2. Rachid Aglif, colega de trapicheos de droga de El Chino, admitió ayer en el juicio que el terrorista que se suicidó en Leganés se reunió unos meses antes en Madrid con el ex minero Trashorras. Allí negociaron el robo de explosivos.
UNA CONSPIRACIÓN LLENA DE AGUJEROS
El abogado defensor de Jamal Zougam sacó a relucir en su escrito de defensa una supuesta prueba, el temporizador encontrado en casa de los islamistas, que implicaba a ETA en los atentados del 11-M. La prueba, aireada en junio de 2006 por el diario El Mundo, resultó falsa
La mentira en que estaba basada la sospecha se encuentra desmontada en el sumario, donde figura el tipo de temporizador encontrado en la casa de Virgen del Coro "usado para actividades comerciales para calderas y calefacciones". Nada que ver con los utilizados habitualmente por ETA. Pese a ello, algunas acusaciones insisten en preguntar por el falso temporizador
LA VISTA DEL LUNES
Declaran colaboradores de los huidos. El próximo lunes declara Mohamed Moussaten, acusado de ayudar a huir a implicados en el 11-M. El fiscal pide para él ocho años de cárcel.
Un texto de Pablo Ordaz publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.
Uno de los procesados describe el primer contacto para la adquisición de la Goma 2
Rachid Aglif relata el encuentro en Madrid entre El Chino y el ex minero Suárez Trashorras
Madrid - El juicio del 11-M entró ayer en los minutos de la basura. Los procesados que declararon tienen una implicación menor, aunque destacada, que la de los supuestos autores intelectuales y materiales de los primeros días. Sin embargo, alguno de ellos, como Rachid Aglif, El Conejo, describió los primeros contactos entre Jamal Ahmidan, El Chino, jefe del grupo del 11-M, con Emilio Suárez Trashorras del que, a cambio de drogas, supuestamente obtuvo los 200 kilos de Goma 2 robados en Mina Conchita y con los que se cometió la matanza. La delincuencia y las drogas, fuentes para financiar el atentado, entraron de lleno en la sala.
Aglif se creyó el dicho de que la mejor defensa es un buen ataque y se hundió con todo el equipo. Lo único que llegó a demostrar es que él no es religioso, pero admitió haber estado presente en la reunión del Mc Donald's de Carabanchel en la que El Chino apalabró supuestamente con el ex minero Trashorras la adquisición de explosivos a cambio de drogas. Luego explicó que él iba acompañando a Rafá Zouhier a esa reunión y que no se enteró del contenido de la misma hasta que se lo contó Zouhier, porque se sentó aparte con Carmen Toro, esposa del ex minero. Aseguró que Zouhier le había contado que con la operación iba a obtener "zurraca" [hachís] y dinero.
Aglif negó que fuera persona de confianza de El Chino, pero reconoció que aceptó que le dejase 500 pastillas de éxtasis para que se las entregase a otra persona. Tampoco supo explicar las 21 llamadas que hizo a El Chino en días previos de los atentados de los trenes.
Aglif admitió que había contado que Zouhier estaba con Jamal Ahmidan en su casa, aunque luego reconoció que no era cierto y que lo había contado porque el primero había dicho "40.000 barbaridades" que le implicaban a él. "Lo dije para que se cague y se coma él solo este marrón", precisó. Durante su declaración, el presidente expulsó de la sala a Zouhier, que no paraba de hacer aspavientos.
Abdelilah el Fadual para el que el fiscal pide 12 años, es considerado un lugarteniente de El Chino, pero él explicó que era de confianza de todo el mundo. Luego precisó que cuando Ahmidan volvió de Marruecos se había radicalizado, pero que nunca le contó que iba a cometer un atentado. En la casa de dos de los suicidas, los hermanos Oulad, en Villaverde, vio vídeos de Bin Laden y de muyahidines, pero según dijo, se asustó porque eso es delito en Marruecos.
Saed el Harrak, el procesado que quedó en libertad por el error del juez Del Olmo, y para el que el fiscal pide 12 años, tampoco tuvo su día. No pudo justificar su presencia con varios de los suicidas en Bargas y Mocejón (Toledo), donde los terroristas colocaron una bomba en las vías del AVE. Además, cambió radicalmente la versión de los hechos que había hecho ante el juez. El fiscal Carlos Bautista lo destrozó. La única explicación que ofreció es que tenía miedo, que su mujer estaba embarazada y tenía un hijo de 10 meses, por lo que decidió "mentir para salir [de prisión]".
El Harrak, al que se encontró un testamento del suicida Abdennabi Kounjaa, dijo que había prestado a éste su teléfono para que pudiera hacer algunas llamadas (a otros de los suicidas), pero el fiscal le hizo ver que era improbable, puesto que en ese mismo momento Kounjaa estaba haciendo llamadas con su propio teléfono. La enésima explicación que no supo dar fue por qué los papeles de su coche estaban en la casa de los suididas de Leganés. Larbi Ben Sellam, para el que el fiscal pide 27 años, que presuntamente ayudó a huir a Bélgica a Mohamed Afalah y Mohamed Belhadj, presuntos autores del atentado, negó y negó, pero sin credibilidad. No pudo explicar por qué una huella suya se encontró en un Corán hallado en el desescombro de Leganés.
Por último, Hamid Ahmidan, para el que el fiscal reclama 23 años, debió ver oscuro su futuro porque no quiso contestar a nadie salvo su abogado. Hamid, primo de El Chino, está acusado por el fiscal de financiar los atentados por medio del tráfico de drogas. En su poder se ocuparon 59 kilos de hachís y 125.000 píldoras de éxtasis. Hamid dijo que las drogas y el dinero ocupados en el registro eran de su primo Hicham, preso en Marruecos.
Mientras tanto, el tribunal prorrogó la prisión preventiva para Youssef Belhadj, Abu Dujanah, el supuesto jefe de Al Qaeda para Europa, en cuyo nombre se reivindicaron los atentados, y para Mohannad Almallah Dabas.
SAED EL HARRAK
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