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22 de Febrero, 2007

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL MUNDO)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

Dos acusados ratifican que unos desconocidos estuvieron en Morata los días previos al 11-M

Ayer se acentuaron algunas de las incógnitas que rodean a los atentados: Harrak negó que su amigo Kounjaa le hubiese entregado la carta de despedida que apareció en la comisaria de Canillas. Además, otros dos implicados corroboraron que personas no identificadas estuvieron en Morata la semana previa.

MADRID.- La quinta jornada del juicio del 11-M fue un repaso sobre la figura de Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo de la célula y uno de los siete suicidas de Leganés. En él se centraron los interrogatorios a su primo, Hamid Ahmidan, Rachid Aglif y Abdelilah Fadoual Akil, acusados por la Fiscalía de pertenecer al grupo terrorista.

Pese a que sólo respondió a su defensa, la declaración más interesante fue la última de la jornada, la de Hamid. El primo de El Chino fue detenido el 25 de marzo. En el interrogatorio relató que cuatro o cinco días antes había llevado a su primo a Leganés. Le había dejado en una rotonda próxima al piso franco de la célula, lo que daba a las Fuerzas de Seguridad una pista de su escondite una semana antes del suicidio colectivo.

El marroquí también relató su trabajo en la finca de Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Allí estuvo haciendo chapuzas junto al también procesado Otman Gnaoui. Allí vivían de manera continua El Chino y los suicidas Abdenabi Kounjaa y Rifaat Anuar, además de Mustafá Hadad. Los dos obreros no dormían allí ni comían con el resto.

Según declaró ayer, Hamid nunca vio armas ni escuchó explosiones, pero sí observó que cuando entraba en la habitación en la que estaban los otros, éstos escondían «algo que tenían en la mano y que tenía cables». Tras su detención, dijo ante el juez que lo que vio era muy similar a los detonadores que le mostraban.

A primeros de marzo, Jamal le dijo que no volviera en una semana porque «una mujer y su familia» iban a estar viviendo allí. Regresó pasado ese tiempo, pero se encontró con un candado nuevo en la verja y un coche desconocido. Un Toyota Corolla que provenía, supuestamente, de la trama asturiana. «Ven mañana», le dijo Jamal. Volvió, pero su primo le dijo que el trabajo se había acabado.

Tras la masacre, estuvo en la finca cuatro o cinco días, hasta el día en que Jamal le pidió que le llevara a Leganés. No volvió a verle.

La jornada de ayer, se abrió con el interrogatorio a Rachid Aglif. El amigo de El Chino explicó al tribunal la transformación del suicida tras pasar por una prisión marroquí. Si antes se le podía describir como «un conocido de la noche madrileña», a su regreso, en el verano anterior a los atentados, «estaba más serio, más consigo mismo». «¿Se había vuelto extremadamente religioso?», insistió el fiscal Carlos Bautista. Aglif fue lacónico pero contundente: «Sí».

Sobre el súbito silencio telefónico entre ambos entre el 11-M y el 17 de marzo, respondió: «Supongo que estaría haciendo sus cosas, luego se ha visto lo que hizo ese hombre».

Rachid fue uno de los asistentes a la reunión en un McDonald's en la que, supuestamente, comenzó a hablarse de intercambio de hachís por dinamita. Allí estaban, por un lado, él y Rafá Zouhier, que llegaron juntos. Por otro, Emilio Suárez Trashorras y su mujer, Carmen Toro, junto a un tercer español, que no reconoció como Antonio Toro. Por parte de la célula llegaron tres suicidas: El Chino y los hermanos Oulad. Según su versión, Carmen y él se mantuvieron al margen de las conversaciones.

También dijo que había mentido ante Del Olmo para vengarse de Zouhier por las supuestas «burradas» que éste contó al juez y que le habían acabado enredando en el 11-M.

A preguntas de su abogado, Andreas Chalaris, el marroquí concluyó su declaración asegurando que no es una persona religiosa -«llevo aquí 17 años y no he leído ni una palabra en árabe»- y condenando «rotundamente» los atentados.

El segundo interrogado de la mañana, el menudo Abdelilah Fadoual, se presentó nervioso ante el micrófono e hizo una declaración torrencial. Cada pregunta de la fiscal era seguida de una aturdidora parrafada que incluía la respuesta a esa pregunta y por lo menos a otra docena.

Fadoual reconoció una visita el 3 de marzo a la casa de Morata. Según explicó, para recoger un Volkswagen Golf en el que supuestamente se habían transportado los explosivos desde Asturias. Según dijo, pudo ver varios coches estacionados en la finca. Aseguró que El Chino no le dejó entrar ni le permitió dejar el Golf allí aparcado unos días, como él le había pedido.

Tras ofrecer varias y largas explicaciones sobre quién le llamó para decirle que lo fuera a buscar, el tribunal le pidió que lo aclarara de manera precisa «¿Hicham o Jamal?». Ni aun así. «Es que la cosa está muy mezclada, lo digo para que lo sepa...».

LOS CONTACTOS CON JAMAL AHMIDAN

RACHID AGLIF

El presunto hombre de confianza de Jamal Ahmidan, 'El Chino', reconoció ayer ante el tribunal haber asistido a una reunión a finales de octubre de 2003 en un restaurante McDonald's de Carabanchel a la que acudieron varias personas, entre las que más tarde reconoció al ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su ex mujer Carmen Toro y donde se habló, según dijo, de la venta de hachís pero no de explosivos.

ABDELILAH FADOUAL

El marroquí reconoció ayer durante la quinta sesión del juicio haberle comprado a 'El Chino' un Volkswagen Golf, que recogió el 1 de marzo de 2004 en la finca de la localidad madrileña de Morata de Tajuña, donde según la investigación se prepararon mochilas-bomba. Además, admitió haber proporcionado a Ahmidan un BMW que condujo hasta Madrid desde Ceuta.

HAMID AHMIDAN

El primo de 'El Chino' explicó ayer haber visto a Jamal Ahmidan y a otro de los suicidas de Leganés manipular «un aparato con cables» en el interior de la finca de Morata de Tajuña, donde acudió junto a uno de los acusados, Otman Gnaoui, y un carpintero de nombre Mustafá para hacer «unas chapuzas».

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Harrak niega que el suicida Kounjaa le entregase la carta que apareció en Canillas

Dos imputados corroboran que días antes del 11-M hubo en la casa de Morata personas que 'El Chino' no permitía ver a nadie

MADRID.- El presunto miembro de la célula del 11-M Saed Harrak aseguró ayer ante el tribunal que no sabe nada de la carta de despedida del suicida Abdenabi Kounjaa, aparecida en su bolsa de trabajo un mes después de la explosión de Leganés. El procesado negó que se la hubiera entregado la última vez que vio a su compañero de trabajo, la noche antes de los atentados.

La carta llegó a manos de la Policía por medio del jefe de Harrak en la obra en la que trabajaba. Después de la detención, este hombre se desplazó a la comisaría de Leganés para entregar una bolsa de deportes con efectos personales de su empleado. Contenía, según había revisado él mismo y se comprobó en la comisaría, 26 cintas de casette, algunas con anotaciones en árabe, un CD y ropa.

La carta no fue encontrada hasta que la bolsa fue a parar a Canillas, la sede central de la Policía. Según informó recientemente EL MUNDO, el informe allí elaborado concluía diciendo: «Revisados los efectos recibidos, en un bolsillo lateral de la bolsa de deportes se encontró un sobre blanco, de pequeño tamaño, conteniendo en su interior tres cuartillas cuadriculadas, con escritura manuscrita en idioma árabe. Dicho sobre y las cuartillas no figuran en la relación de efectos remitidos por la Comisaría de Leganés».

Ayer, Harrak consideró absurdo guardar en un lugar tan poco seguro y de fácil acceso a otras personas una carta tan comprometida. Más aún cuando ya había pasado más de un mes desde el suicidio de Kounjaa. Según explicó, lo lógico al descubrir algo así sería deshacerse de ello inmediatamente o hacérselo llegar a su familia, y no conservarlo.

Buena relación

Harrak conoció a Kounjaa en el verano de 2002 y mantuvo con él una buena relación. La última vez que le vio fue apenas unas horas antes del atentado. En la noche del 10 de marzo, el suicida fue a casa de Harrak casa para devolverle algunas herramientas de trabajo. La pregunta del fiscal Carlos Bautista fue tan directa como la respuesta: «¿Le dio esa noche la carta de despedida?» «No».

Cuando el fiscal le pidió una explicación sobre el hecho de que apareciera en su bolsa de trabajo, Harrak sugirió que, dado que compartían el coche con el que iban a trabajar, Kounjaa podía haberla dejado allí para que él la descubriera y se la hiciera llegar a su familia.

Harrak negó que Kounjaa le pareciera una persona especialmente religiosa. «En ningún momento me habló de la yihad», dijo.

Donde sí se habla de la guerra santa es en el supuesto testamento de Kounjaa a su familia: «Vuestro padre tenía moral y pensaba mucho en la yihad [...]. Os pido que tengáis fe en Dios y que sigáis a los hermanos muyahidin en todo el mundo».

Al margen de la carta-testamento, Harrak vivió durante un tiempo en Mocejón, donde la célula terrorista colocó el explosivo contra el AVE. La Fiscalía considera especialmente sospechosos los dos desplazamientos de Harrak a la zona apenas cuatro días antes del 11-M. Según el escrito de acusación, lo hizo acompañado de Kounjaa, y mantuvo contactos telefónicos con los también suicidas Rachid y Mohamed Oulad Akcha, que supuestamente participaron en la colocación del explosivo.

Respondió que nunca inspeccionó las vías sino que sólo veía pasar el tren desde el campo en el que estuvo empleado sembrando cebollas.

El marroquí también reconoció algunos contactos con tres suicidas que no había admitido anteriormente ante Del Olmo. Según dijo ayer, «por miedo». Aseguró no conocer a El Chino, pese a que sus teléfonos sí llegaron a contactar. También afirmó que nunca había estado en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que entre los escombros aparecieran papeles de un coche suyo, explicó que se lo había comprado a Kounjaa y que aún tenía pendientes trámites.

Harrak es el único presunto integrante del grupo terrorista que se encuentra en libertad. Un error de plazo del juez y de la fiscal impidió prorrogar la prisión provisional.

ORDEN EN LA SALA: ZOUHIER, EXPULSADO

El presidente del tribunal que juzga el 11-M, Javier Gómez Bermúdez, expulsó ayer de la sala de vistas al acusado Rafá Zouhier, que comparece en el habitáculo blindado por estar en prisión. Antes de hacerlo, el magistrado dijo: «Estoy harto de sus gestos». Gómez Bermúdez adoptó esta decisión cuando el abogado de Zouhier, Antonio Alberca, interrogaba al acusado Rachid Aglif, 'El Conejo', presunto lugarteniente de 'El Chino'.

Tras un descanso de unos minutos en la sesión, el presidente del tribunal autorizó a Rafá Zouhier a regresar a la sala blindada. Ya el pasado lunes, el tribunal ordenó a Zouhier, ex confidente de la Guardia Civil para el que la fiscal pide 20 años de cárcel, que se sentara en el primer banco del recinto y que se situaran diversos agentes de Policía entre el público para evitar que se produjeran tensiones y enfrentamientos entre los acusados y las víctimas.

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El mensajero de 'El Egipcio' niega siquiera conocerle

Larbi será juzgado hoy por otra causa, en la que declarará 'Cartagena'

MADRID.- Asegura que ni siquiera le conoce. Mohamed Larbi ben Selam, a quien la fiscal Olga Sánchez atribuye la condición de mensajero de El Egipcio, declaró ayer que nunca coincidió personalmente con el presunto ideólogo del 11-M. «Sólo conozco a su cuñado, que vivía en su casa», señaló.

El Ministerio Público sostiene que Larbi era el encargado de transmitir el material propagandístico y de adoctrinamiento de El Egipcio a la célula islamista que atentó en Madrid. Pide para él 27 años de prisión por integración en organización terrorista e inducción al suicidio.

La acusación por este segundo delito se basa en que Larbi, presuntamente, coordinaba una trama para enviar muyahidin a Irak. Entre estos suicidas se encontraría, según el relato de la fiscal, Mohamed Afalah, uno de los presuntos autores materiales del 11-M, que huyó del cerco policial de Leganés. La Policía informó en mayo de 2005 al juez Del Olmo de que Afalah podría haberse inmolado en un atentado en Kerbala (Irak).

Larbi confesó que conocía a Afalah, pero negó que le hubiese adoctrinado para el suicidio o que le recomendase desprenderse de sus bienes antes de viajar a Irak vía Turquía. A este respecto, dijo que había sabido de la posible muerte de Afalah a través de un amigo y de la Policía.

Larbi tampoco admitió conocer a El Tunecino -al que también se le vincula- ni a ninguno de los suicidas de Leganés. De entre los presuntos autores, reconoció una relación superficial con Basel Ghalyoun y con el huido Said Berraj. A Jamal Zougam dijo conocerle «de vista». También desmintió que se desplazase a Cataluña tras los atentados para facilitar la huida del comando que colocó las bombas.

Asimismo, Larbi rechazó que hubiese estado alguna vez en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que una huella dactilar suya apareciese en un Corán encontrado allí, Larbi explicó que él solía tocar el libro sagrado cuando entraba en una mezquita, por lo que -dijo- los suicidas quizá lo tomasen de una de ellas.

Muchas de las preguntas de acusaciones y defensas giraron en torno a otro juicio que se celebra hoy en la sede ordinaria de la Audiencia Nacional. Larbi está también acusado de integrar una célula terrorista, dirigida por Mustafá Maymouni (el cuñado de El Tunecino al que ayer dijo conocer).

Según el escrito del fiscal Pedro Rubira, de ese grupo salafista (Larbi se desvinculó ayer de este movimiento) también habrían formado parte los implicados en el 11-M El Egipcio, El Tunecino, Said Berraj, Mohamed Afalah y Jamal Zougam, por lo que los hechos que se juzgan están estrechamente vinculados con la matanza de Madrid.

La célula fue desmantelada gracias a las confidencias del imam Cartagena. Éste, que declarará como testigo, estuvo informando desde octubre de 2002 a la Policía y al CNI de los movimientos del grupo que atentó el 11-M.

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Intenta fugarse de Córdoba un preso islamista tras un 'vis a vis'

CORDOBA.- Un preso interno de la cárcel de Córdoba, Mohamed Idrissi, perteneciente al Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), intentó fugarse del centro el pasado lunes intercambiándose con su tío, que tiene el mismo nombre, durante un vis a vis al que también acudió la madre del preso.

El intento de fuga se produjo sobre las 19.00 horas, cuando el detenido tenía concertado un encuentro con sus familiares. Al finalizar la visita, los funcionarios de la prisión llamaron a Idrissi para tomarle las huellas dactilares y conducirlo nuevamente a su celda. Tras realizar dicha prueba, los funcionarios detectaron que la persona que regresó del encuentro no era el preso, sino su tío, mientras que Idrissi permanecía en la sala de vis a vis.

La madre y el tío fueron detenidos y puestos a disposición judicial, informa Efe.

El Gobierno desclasificará el informe del CNI

El Gobierno desclasificará el informe del CNI relativo a una información aportada como confidente por José Emilio Suárez Trashorras, atendiendo a la providencia dictada por la Audiencia Nacional. Dicho informe se refería a unas declaraciones del ex minero en las que aseguraba que 'El Chino' le dijo que conocía a los dos etarras de la 'caravana de la muerte'.

Prorrogan la prisión para Belhadj y Almallah

El tribunal que juzga el 11-M acordó prorrogar dos años más la prisión provisional de Youssef Belhadj, supuesto autor intelectual de los atentados, y de Mohamed Almallah, considerado miembro de la célula dirigida por 'El Tunecino'.

Información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (LA RAZON)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:50, Categoría: Juicio 11-M

Tres suicidas pactaron con la «trama asturiana»

Rachaid Aglif declara al tribunal que, además de «El Chino», estaban los hermanos Oulad Akcha. Otro procesado admite que estuvo en la finca de Chinchón diez días antes, aunque no vio a ninguno de los miembros de la célula islamista

MADRID - A la reunión celebrada el 28 de octubre de 2003 en un McDonalds del barrio madrileño de Carabanchel, donde presuntamente se pactó la entrega de los explosivos utilizados en el 11-M a cambio de hachís, no sólo asistió uno de los suicidas de Leganés, Jamal Ahmidan «El Chino». Otros dos, los hermanos Mohamed y Rachid Oulad Akcha, también acudieron a esa cita que supuso el primer cara a cara de la «trama asturiana» con la célula islamista. Así lo declaró ayer en el juicio por los atentados de Madrid el procesado Rachid Aglif, «mano derecha» de «El Chino», quien indicó que éste estaba acompañado en esa ocasión por dos personas «delgadas y altas» que posteriormente identificó fotográficamente con los hermanos Oulad. Esta versión contradice la mantenida por la Fiscalía en su escrito de calificación, según la cual sólo asistieron a esa cita seis personas, entre ellas Ahmidan, el propio Aglif, el confidente Rafa Zouhier y el minero José Emilio Suárez Trashorras, pero no los hermanos Oulad Akcha.

De blanco inmaculado, Aglif, apodado «El Conejo», contestó cada vez más nervioso a las preguntas que le formuló el fiscal Carlos Bautista. Señalado como la «mano derecha» de «El Chino», lo primero que hizo fue negar que fuese una persona de confianza de Ahmidan. Y cuando salió a colación la reunión de Carabanchel, confirmó que asistió acompañado de Zouhier pero negó que fuese él quien, como mantiene la fiscal, le propuso a Suárez Trashorras que les vendiese 60 kilos de explosivos a cambio de droga.

Contradicciones

A partir de ese momento, Aglif (que se enfrenta a 27 años de cárcel por integración en organización terrorista y cooperador necesario en el transporte de los explosivos) comenzó a contradecir sus declaraciones ante el juez Juan del Olmo. Para empezar, precisó que «El Chino» no estaba en el piso de Zouhier cuando a éste le explosionó, antes de los atentados, un detonador que manipulaba. «Lo dije en venganza porque Zouhier ha dicho tres mil barbaridades de mí y por eso estoy sentado aquí, para que le metieran el marrón», aseguró notablemente soliviantado. Pero a Aglif, sobre todo, le comprometen el «tráfico fluido» de llamadas con «El Chino». Una de ellas se produjo el 28 de febrero de 2004, cuando Ahmidan estaba en Avilés a la espera de recoger los explosivos. Ese intercambio de llamadas se interrumpió abruptamente del 9 al 17 de marzo de 2004, como se encargó de recordarle la letrada María Ponte en representación de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo. «Como se hablaba que era uno de los que ha atentado en Madrid», arguyó el acusado. «Pero eso no se supo hasta el 3 de abril» (cuando se suicidó en Leganés con otros seis terroristas), le interrumpió la abogada. Aglif replicó que Ahmidan «estaría haciendo sus cosas, como luego se ha visto, y por eso no tuvo tiempo de contactar conmigo». «El Conejo» -que se mostraba cada vez más gesticulante e inseguro- negó que guardara armas en casa («las metralletas y todo ese rollo sólo las he visto en las películas»). Y se abonó a dos explicaciones ya escuchadas por boca de otros procesados.

En primer lugar, contó que acudió a la tienda de Zougam en Lavapiés porque vendía más barato. Y poco después aseguró que solo vio tres veces al procesado Mouhannar Almallah Dabas (que reincidió con su corbata amarilla, esta vez combinada con camisa roja) cuando éste acudió a su carnicería del barrio madrileño de Antón Martín para arreglarle, cómo no, un frigorífico. «No pinto aquí nada. No sé de qué va esto», entonó tras proclamar su inocencia. Cuando regresó a la «pecera», se sentó detrás de Rafa Zouhier, pero ni se miraron a la cara y no cruzaron palabra el resto de la vista.

El «show» de «El Enano»

El segundo de los cinco procesados que ayer declararon ante el tribunal, Abdelilah El Fadual El Akil, otro de los colaboradores de «El Chino», reconoció que visitó la finca de Morata donde se montaron los explosivos diez días antes del 11-M, pero no vio allí a ningún miembro de la célula islamista. Acudió, explicó con un hablar atropellado inasequible al cansancio, a recoger un Volkswagen Golf que compró a Ahmidan, el vehículo en el que se habían trasladado los explosivos desde Asturias a Madrid unos días antes. Pero él, insistió, no lo sabía. «Si lo sé cambio la tapicería, que vale doce euros», dijo al tribunal. El acusado -apodado «El Enano»- se apresuró a negar que fuese una de las personas de confianza de «El Chino» y relató que fue en una ocasión al domicilio de los hermanos Oulad Akcha para venderles ropa y les sorprendió viendo en un ordenador imágenes de Ben Laden. «Ellos se reían de mí porque estaba asustado les decía que no quería verlo porque era delito», contó.

En sus prolijas explicaciones -que encadenaba mirando de soslayo al presidente del tribunal, que ya le había instado a ir al grano, y advirtiendo que no quería «que el señor se enfade conmigo» -negó que falsificara documentos para facilitárselos a «El Chino».

Sin embargo, no dio una explicación convincente a las numerosas llamadas telefónicas entre él y «El Chino» y los hermanos Oulad Akcha. Eso sí, condenó, como todos sus compañeros de banquillo, los «salvajes» atentados de Madrid.

Zouhier, expulsado de la «pecera»

Los frecuentes gestos y sonrisas del confidente policial Rafa Zouhier colmaron ayer la paciencia del presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, que terminó por ordenar su expulsión de la «pecera», el habitáculo blindado donde siguen el juicio los 19 procesados presos. El procesado está acostumbrado a regalar sus gestos a diestro y siniestro y ni siquiera la fiscal Olga Sánchez se ha librado en estas primeras sesiones de los efectos de su personalidad expansiva, poco adecuados para un juicio. El primer aviso «sonó» muy pronto. «Señores agentes, a Rafa Zouhier lo quiero en la última fila pegado a la pared», ordenó el magistrado. Pero como la declaración de su amigo Aglif no contribuía a su tranquilidad y los gestos continuaban, Gómez Bermúdez interrumpió a su abogado cuando le estaba interrogando. «Se expulsa a Zouhier momentáneamente de la sala. Señores agentes, bájenle al calabozo. Ya estoy harto de sus gestos». Tras el siguiente receso, sin embargo, el acusado fue «indultado» y volvió a la «pecera». Nada más sentarse, juntó las manos en señal de perdón mirando a unos magistrados que ignoraron su penúltima pantomima. Y es que Aglif, al sentirse traicionado por su amigo Zouhier, no ahorró ayer calificativos para echarle en cara sus «chorradas». «El Conejo» negó que Zouhier acudiese a reuniones religiosas. «Ha sido un fiestero desde siempre. De religión nada». Y explicó que no se enteró de que era confidente policial. «Me sorprendió y me hubiera gustado que detuvieran a esa gente».

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El excarcelado por un error judicial estuvo con un presunto autor horas antes del 11-M

El Harrak niega que uno de los suicidas le diera la carta de despedida que fue hallada en su bolsa

Madrid - De lo dicho, nada de nada. Saed El Harrak se sentó ayer frente al tribunal del 11-M con una frase -«tenía miedo»- y un montón de declaraciones judiciales por rectificar. «Ahora lo digo todo. Yo no he hecho nada para tener miedo», dijo de buenas a primeras cuando las contradicciones con las palabras que escuchó el juez Del Olmo en sus diez horas de declaración judicial eran más que flagrantes.

El procesado, que quedó en libertad el 10 de mayo del pasado año cuando ni el juez ni la fiscal solicitaron la prórroga de su prisión provisional, comenzó por revelar a la sala un hecho hasta ahora desconocido. Uno de los suicidas de Leganés y presunto autor material de los atentados, Abdennabi Kounjaa, le visitó en su domicilio de Parla la noche del 10 de marzo, horas antes del 11-M. «Vino a entregarme una caja de herramientas que le dejé», explicó. Pero no fue la única vez, porque tres días antes, el 7 de marzo, viajó junto a Kounjaa al pueblo toledano de Bargas para llevar un coche a un garaje. «Tenía miedo a que me llevaran a la cárcel. Lo negué todo por eso», adujo para justificar por qué no había relatado antes estos hechos.

Ya lanzado, contó que trabajó plantando cebollas en otro pueblo toledano, Mocejón, cerca de las vías del AVE Madrid-Sevilla donde se produjo un atentado frustrado el 2 de abril de 2004. Pero negó que fueran él y Kounjaa quienes colocaran los explosivos.Tampoco ofreció una explicación demasiado creíble cuando el fiscal le recordó que en una bolsa que guardaba en la taquilla de su trabajo (una empresa de encofrados de Alcorcón) apareció un manuscrito que resultó ser el «testamento» de su amigo Kounjaa, en el que éste se despedía de su familia por carta asegurando que no soportaba vivir «humillado y débil ante los ojos de los infieles y los tiranos». «Como me dejó un par de semanas su coche y se lo devolvía el fin de semana, a lo mejor puso la nota en mi bolsa. A mí no me entregó ninguna carta». Además de Kounjaa, el procesado (para quien la Fiscalía pide doce años de cárcel) mantuvo un «intenso» contacto telefónico con otros tres suicidas de Leganés: los hermanos Oulad Akcha y Rifaat Anuar. Pero en este caso achacó esas llamadas al hecho de que dejara en ocasiones su móvil al terrorista fallecido en Leganés.

«Me querían hacer comer carne de cerdo»

El cuarto de los procesados en comparecer ayer, Larbi Ben Sellam, siguió la estela de El Harrak y se rectificó a sí mismo. «Yo declaré muchas cosas, pero no ciertas», aseguró. Y aunque achacó sus declaraciones ante el juez Del Olmo a las presuntas torturas de la Policía, sorprendió a la sala cuando contó que los agentes le amenazaban «con que me iban a hacer comer carne de cerdo». Con esa máxima, Ben Sellam (controlado por la Policía desde 2002) negó que fuese el «mensajero» de «El Egipcio» y que ayudase a escapar a tres de los terroristas huidos tras los atentados. Sí reconoció que hizo llegar un teléfono móvil a la familia de uno de ellos (según la fiscal para que se despidiera antes suicidarse en Irak), pero sin saber que fuera a cometer un atentado.

El acusado ofreció una peregrina explicación al hecho de que un libro en árabe con sus huellas se hallara entre los escombros del piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas. “Es un libro del Corán. Siempre rezo los fines de semana en la mezquita de Villaverde. Cojo el Corán y lo leo. No tengo otra explicación”.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Ahmidan, primo de «El Chino», le vio manipular un «aparato con cables»

Madrid - Hamid Ahmidan, acusado de colaboración con organización terrorista y tráfico de drogas, sólo contestó ayer a preguntas de los abogados de la defensa y al suyo propio, Andrés Arévalo, para afirmar que no sabía nada de los atentados pese a que estuvo trabajando en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan, que se enfrenta a una pena de 23 años y seis meses de prisión, es primo de Jamal Ahmidam «El Chino». En su declaración relató cómo éste le consiguió un trabajo como «chapuza» en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan declaró que un día entró en la casa de la finca y vio a «El Chino» y a los que estaban allí manipulando un «aparato con cables», que dejaron de tocar en cuanto le vieron llegar; que él abandonó la casa y continuó con su trabajo en la finca. Además, relató que el día de los atentados no fue a trabajar a la finca, pero que sí lo hizo el día siguiente y cuatro o cinco veces después de la masacre. En dos ocasiones vio a «El Chino» en la finca, pero no a otras personas que solían estar por allí, informa Servimedia.

Una información de C. M. publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL ABC)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:40, Categoría: Juicio 11-M

  

Un primo de «El Chino» le vio manipular un artefacto «con cables» en Morata

MADRID. La última declaración de la sesión de ayer del juicio del 11-M aportó nuevos datos de enorme interés sobre la autoría islamista de los atentados. Fue el primo de uno de los autores materiales de la matanza -en concreto de Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe operativo de la célula-, quien a preguntas de su defensa describió cómo a finales de febrero de 2004 vio a este individuo manipular un artefacto «con cables» en la finca de Morata. En ese lugar, y desde principios de febrero de 2004, él realizaba trabajos de reforma -«chapuzas», según dijo-, junto al también procesado Othman el Gnaoui y un carpintero de nombre Mustafá.

Hamid Ahmidan explicó que la escena se produjo un día que bajó desde la primera planta de la vivienda, en la que hacía unas reformas, hasta el salón para ir a beber agua. En ese momento vio a su primo y a varios de los que luego se suicidaron en Leganés manipular un objeto cilíndrico del que salían «unos cables». Al verle, el grupo ocultó el artefacto. Hamid Ahmidan no le dio importancia, entre otras cosas porque, según declaró, nunca vio hacer pruebas con dinamita en la casa, ni oyó disparos, ni detectó ningún tipo de arma.

Una semana

Pero Hamid Ahmidan aportó otro dato interesante. Explicó que a finales de febrero su primo le dijo que no volviera hasta pasada una semana, con la excusa de que iban a pasar unos días en la casa «una mujer y su hijo».

Pasado ese tiempo -corrían los primeros días de marzo-, Hamid regresó a Morata, pero no pudo entrar en la finca porque habían puesto una nueva cerradura. Tocó el claxon de su coche y salió su primo, que le dijo que no podía atenderle porque estaba «acompañado», y le pidió que ya no regresara, ya que de momento «no había trabajo». Había otro detalle importante, que le llamó la atención: en la puerta estaba aparcado un Toyota Corolla, igual al del ex minero José Emilio Suárez Trashorras y que, según la investigación, fue utilizado para el transporte de la Goma 2 ECO desde Asturias a Madrid. Una prueba más que confirma de dónde procede el explosivo de la matanza.

Separados por no rezar

Hamid Ahmidan, como el día anterior Othman el Gnaoui, situó también a buena parte de la célula del 11-M en la mencionada casa de campo -citó expresamente a uno de los hermanos Oulad, a Abdenabbi Kounjaa y a Rifaat Anouar- y aportó algunas pinceladas muy significativas. Así, explicó que ninguno de los dos comía con los ocupantes de la finca, «porque no nos dejaban, ya que no rezábamos». Precisó que sin embargo Mustafá, el carpintero, sí lo hacía.

Hamid añadió que el último día que vio a su primo fue el 20 o 21 de marzo -ya era buscado por la Policía, aunque él lo desconocía- después de recibir una llamada suya en la que le pedía que fuera a recogerle al Puente de Vallecas porque se le había estropeado su coche. Hamid lo llevó a Leganés -precisamente la localidad donde los miembros de la célula del 11-M habían alquilado un piso, en el que después se suicidaron- y desde aquella tarde no volvió a saber de él.

Hamid Ahmidan vivía en Madrid con su primo Rachid, en la actualidad preso en Italia por tráfico de estupefacientes. Precisamente cuando el primero de ellos fue detenido se intervinieron en la vivienda 59 kilos de hachís y 32 de éxtasis, así como una importante cantidad de dinero en efectivo. Las investigaciones judiciales y policiales sostienen que la célula del 11-M se financiaba con el dinero procedente del tráfico de drogas.

Ayer, Hamid Ahmidan aseguró que sabía que su primo Hachim se dedicaba a traficar con drogas. Pero añadió que no sabía que había droga en la casa que compartían y, evidentemente, aseguró que él no se dedica a esa actividad.

Desclasifican los papeles del CNI sobre Trashorras

El Gobierno desclasificará el documento del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con la información aportada en su día como confidente por el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, según informaron fuentes gubernamentales. El Tribunal que juzga los atentados del 11-M dictó el pasado lunes una providencia en la que volvía a instar al Ministerio de Defensa a desclasificar un documento del CNI que se refiere a una supuesta información aportada por el ex minero Trashorras acerca de que Jamal Ahmidan «El Chino» le dijo que conocía a los dos miembros de ETA de la «caravana de la muerte».

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Aglif confirma la reunión de «El Chino» y Trashorras para la compra del explosivo

MADRID. La quinta sesión del juicio por el 11-M arrancó ayer con la declaración de Rachid Aglif, alias «El Conejo», considerado hombre de confianza de Jamal Ahmidan «El Chino» y de Rafa Zouhier y uno de los partícipes en las reuniones que estos mantuvieron en Madrid con los miembros de la trama asturiana. En perfecto castellano, el acusado negó toda relación con los atentados.

En la que ha resultado la jornada más distendida de la vista oral -algunas de las explicaciones ofrecidas por los procesados lograron arrancar las primeras carcajadas del público-, tres fueron las palabras más empleadas por Aglif para tratar de convencer al Tribunal de la Audiencia Nacional de su inocencia: «Burradas, tonterías, barbaridades», términos todos ellos referidos a las declaraciones con las que procesados (en especial Rafa Zouhier) y testigos le han relacionado con el 11-M.

«Un amigo más»

A preguntas del fiscal Carlos Bautista, que se estrenó en el juicio con el interrogatorio a este procesado, Rachid Aglif admitió que conocía a Jamal Ahmidan (uno de los suicidas de Leganés y cerebro, junto a Emilio Suárez Trashorras, de la trama de explosivos) desde que los dos «eran niños», si bien negó haber sido una «persona de su confianza». El amigo de la infancia se convirtió ayer, en palabras de Aglif, en poco más que «un buen cliente» de la carnicería de su padre, en «un amigo más».

Rachid Aglif reconoció su participación en la reunión que «El Chino» mantuvo con los asturianos en Madrid para cerrar la compra de los explosivos a cambio de droga, un encuentro que tuvo lugar en el McDonalds de Carabanchel. Sin embargo, precisó que se limitó a acompañar al suicida y que no intervino en las negociaciones, pues se sentó en otra mesa con Carmen Toro y otro español que no era ni Emilio Suárez Trashorras ni su cuñado Antonio Toro. A este último dijo que no lo ha visto nunca, mientras que al ex minero lo conoció ese día y lo identificó como a una de las personas que compartió la mesa en la que presuntamente se fraguó el acuerdo con Jamal Ahmidan, los hermanos Oulad Achka (ambos también se suicidaron en Leganés) y Rafa Zouhier.

El procesado aseguró que en ningún momento se enteró de lo que hablaban: «Me senté solo y lo único que hice fue reírme de Zouhier y hacerle burlas», dijo. En este sentido, negó haber sido «el portavoz de la compra de explosivos» y «enlace» entre Ahmidan y Zouhier. Aglif aseguró que al salir del local no le preguntó nada a Zouhier (a pesar de la relación de amistad que mantenían) y que éste se limitó a decirle que «iba a sacar tajada». Fue a Zouhier al que acompañó al encuentro del McDonalds, y no a «El Chino», con quien negó haber contactado antes y después del 11-M, haberle ayudado a alquilar el piso de Leganés o haberle acompañado a ningún lado (viaje a Asturias). Finalmente, de Jamal Ahmidan destacó su cambio de actitud cuando, en el verano de 2003, volvió a España de Marruecos. A partir de ese momento, «todo el mundo sabía que era muy religioso, eso se veía en su cara».

Otro episodio relevante en el que también estuvo presente Aglif fue el accidente sufrido por Zouhier cuando un detonador -que el procesado definió como «petardo»- le estalló en las manos a su amigo. Era domingo por la noche y ambos estaban en casa de Rafa Zouhier.

Aglif responsabilizó al que fuera su amigo de su procesamiento por el 11-M y llegó a admitir que situó a «El Chino» en casa de Zouhier para «vengarme por todo lo que ha dicho de mí». No fueron pocos los momentos de su declaración en los que se palpó la mala relación que ahora tienen: Zouhier no paró de hacer gestos y aspavientos durante el interrogatorio, lo que llevó al presidente del Tribunal a expulsarle.

Los siete corderos de «El Chino»

MADRID. «¿Sabía que Jamal Ahmidan había alquilado una finca en Morata de Tajuña?», preguntó el abogado de una de las acusaciones. «Sí», contestó Rachid Aglif, aunque no podía imaginar cuál iba a ser su explicación: «Cuando se llevó los corderos, nos dijo que los iba a matar a su manera, así que imaginé que lo iba a hacer en algún sitio al aire libre, en una finca, porque matar siete corderos en casa es muy difícil». El procesado retomaba así un episodio que había relatado momentos antes, cuando explicó que su hermano vendió a «El Chino» siete corderos para una celebración religiosa, que éste se los llevó vivos en una furgoneta blanca y que dejó a deber 140 euros.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


«El conejo» se siente traicionado

MADRID. Rachid Aglif es conocido como «El Conejo», y hace honor a su apodo. De sus labios sobresalen dos generosos dientes muy blancos que le proporcionan un aspecto inconfundible. Ayer estaba muy nervioso, se frotaba continuamente las manos, pero sobre todo demostró que su amistad con otro de los procesados, el inefable Rafa Zouhier, que incluso fue expulsado de la sala, es ya irrecuperable. Zouhier habló de él, y todo lo que dijo le perjudicó. «El Conejo», a pesar de tantas juergas y andanzas compartidas, no lo olvida.

Con aspecto propio de ligón de discoteca de medio pelo -se nota que cuida su aspecto-, Aglif no da la imagen clásica del islamista radical. Sin embargo, la investigación policial y judicial le atribuye un papel determinante en la matanza, ya que fue la persona que puso en contacto al grupo de Jamal Ahmidan, «El Chino», de quien al parecer era lugarteniente, con la trama asturiana a través de su ex amigo Zouhier. Se enfrenta a una petición de condena de 21 años.

Junto con sus amigos Ahmidan y Zouhier participó en las reuniones con Suárez Trashorras y su grupo para conseguir explosivos. Además, mantuvo numerosos contactos telefónicos con el primero (incluso compartieron terminales telefónicas) y sus amigos en fechas inmediatas a los atentados.

Aglif insiste en su inocencia y advierte que escuchará muy atento lo que los demás digan de él. Aviso a navegantes.

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un acusado afirma que los hermanos Oulad veían vídeos «delictivos» del yihad

MADRID. La declaración del segundo de los procesados que compareció ayer en el juicio por los atentados de Madrid fue una caja de sorpresas. Sus largas explicaciones, sin duda consecuencia de sus nervios y de sus dificultades para defenderse en castellano, provocaron risas entre los acusados y el público y llegaron a arrancar tímidas sonrisas incluso a algunos abogados y representantes del Ministerio Fiscal. Fue inevitable.

Los intentos de Abdelilah El Fadual El Akil por demostrar su inocencia (se enfrenta a 12 años de prisión por integración en organización terrorista) se tradujeron en respuestas cargadas de anécdotas que nada tenían que ver con los hechos enjuiciados y plagadas de enredados detalles que acabaron con la paciencia del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, quien llegó a interrumpirle para saber «si le queda mucho para contestar a la pregunta». A partir de ese momento, el procesado fue más breve y preciso y más de una vez respondió a las preguntas de los letrados con un «si quiere yo se lo explico, pero este señor se va a enfadar conmigo».

Considerado «estrecho colaborador» de Jamal Ahmidan «el Chino», Fadual El Akil (que se dedicaba a vender ropa italiana y a la compra-venta de coches usados), declaró haber conocido al suicida en 1999 cuando éste paseaba a su perro y dijo haber mantenido con él una relación «normal».

Sabía que traficaba con drogas -«Jamal era un ladrón», indicó varias veces-, actividad en la que negó haber colaborado, así como negó también que facilitara a «el Chino» documentación falsa («nunca en mi vida, con los papeles no me meto, lo mío son los coches»).

Sólo una vez coincidió con Mohamed y Rachid Oulad Akcha (ambos se suicidaron en Leganés) y fue cuando «el Chino» le llevó a casa de los dos marroquíes para vender ropa. Una vez allí, vio cómo uno de los hermanos, que estaba ante un ordenador, llamó al otro y le enseñó unas imágenes de Osama Bin Laden. Cuando le invitaron a acercarse, el procesado se negó «porque lo que estáis viendo es delito», lo que provocó, dijo, que se rieran de él.

El coche de la dinamita

A la finca de Morata fue el 1 de marzo de 2004, cuando compró a Jamal Ahmidan un vehículo Volkswagen Golf, el mismo que emplearon los terroristas para trasladar parte de los explosivos desde Asturias a Madrid. Restos de la dinamita fueron hallados en el maletero de ese coche. Sin embargo, a preguntas de su abogado, el procesado aseguró que no podía saber lo que habían transportado («yo sólo comprobaba si el vehículo que iba a comprar había sido robado») y afirmó no haber oído nunca por boca de «el Chino» que tuviera intención de cometer un atentado.

En cuanto a sus propias creencias religiosas, indicó que no es musulmán practicante y que el «yihad», tal como le enseñó su padre, «es trabajar por tus hijos».

Uno de los episodios que más risas provocó entre los procesados se produjo cuando El Akil -que mide poco más de metro y medio de estatura- enumeró los apodos que no reconoció como suyos pero sí leyó en el sumario: «enano», «panchito» o «chiquitín».

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Harrak plantó cebollas a 400 metros de las vías del AVE objetivo de los islamistas

MADRID. Saed El Harrak, el primero de los procesados en libertad que declaró ayer ante el Tribunal del 11-M, aseguró que estuvo trabajando durante un año en el campo (sembraba cebollas) a apenas 400 metros de las vías del tren de Mocejón, donde el 2 de abril se encontró una bomba con la que los islamistas pretendían cometer una nueva matanza.

Este procesado, para quien la Fiscalía solicita 12 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista, aportó al tribunal versiones completamente distintas a las que depuso en sus declaraciones policiales y judiciales. Justificó su cambio de actitud en que «tenía miedo» a decir la verdad porque la Policía le había amenazado. De esta forma, ayer sostuvo que las llamadas interceptadas el 7 de marzo en la zona de Mocejón desde su teléfono a los hermanos Oulad Akcha, suicidas de Leganés, no las hizo él, sino el también suicida Abdennabi Kounjaa, que aquel día no llevaba teléfono y El Harrak le prestó el suyo.

Respecto al «testamento» que Kounjaa le dejó, Saed El Harrak aseguró que nunca llegó a ver esa carta de despedida, aunque reconoció que la noche anterior a los atentados, es decir, la del 10 de marzo, fue la última vez que estuvo con el suicida, que se acercó a su domicilio para devolverle una caja de herramientas.

Curiosamente, esa misma noche hay un cruce de llamadas entre el teléfono de El Harrak y el de uno de los hermanos Oulad, algo que el procesado justificó de la misma forma que el episodio de Mocejón: que Kounjaa, a quien nunca oyó hablar de sus planes suicidas, le pidió que le prestara el teléfono.

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL PAIS)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:30, Categoría: Juicio 11-M

 

El subalterno del suicida se confiesa

Las revelaciones de un compinche de El Chino aportan detalles sobre la obtención de la dinamita

Madrid - Dice Rachid Aglif, El Conejo, que su amigo El Chino volvió cambiado de aquel verano en Marruecos. Dejaron de interesarle los tres motivos que les habían unido hasta entonces, las juergas, las drogas y las mujeres. Dice también El Conejo que El Chino se fue volviendo cada vez más serio, más cerrado, más religioso. La noche del sábado 3 de abril de 2004 ya era un hombre completamente distinto. Al saberse acorralado por la policía en el piso de Leganés, se despojó de su pasado, entonó cánticos religiosos y se suicidó junto a otros seis terroristas con la dinamita que les había sobrado de la matanza del 11 de marzo. El Chino dejó mujer e hija, y a El Conejo temblando en su carnicería de Antón Martín.

La policía lo detuvo tres días después. No tardó en admitir su relación con El Chino -a quien en una ocasión llegó a guardar 500 pastillas de éxtasis en la carnicería- y también con Jamal Zougam, el ya famoso dueño del locutorio de Lavapiés donde se vendieron las tarjetas de los móviles que activaron las bombas. El caso es que El Conejo, vestido de blanco y gesticulando constantemente, admitió ayer ante el juez haber estado presente en una reunión que a la postre sería fatal para el destino de 191 personas.

Fue en el McDonald's de Carabanchel. A finales de octubre de 2003. De una parte acudió El Chino. Lo acompañaba El Conejo en labores de subalterno. De otra, un ex minero asturiano llamado José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. También estaba, según declaró ayer El Conejo, el oscuro personaje que los había presentado, un tal Rafá Zouhier, marroquí de Casablanca, delincuente habitual y confidente de la Guardia Civil. En aquel McDonald's, según la investigación, El Chino ofreció a Trashorras una cantidad de droga a cambio de la dinamita necesaria para cometer la matanza, pero El Conejo dice que no se percató. La coartada, una hamburguesa de pescado.

"Decidí no meterme"

"No me enteré de lo que hablaban porque subí más tarde con la bandeja. Yo tomo hamburguesas de pescado y tardan más en hacerse que las de carne. Por eso, cuando llegué, ya estaban hablando de sus cosas y decidí no meterme".

A medida que El Conejo declaraba, a Rafá Zouhier se lo llevaban los demonios en la habitación de cristal blindado. Tanto gesticuló que el presidente de la Sala se hartó y lo mandó al calabozo para que se tranquilizara. Al margen de la supuesta implicación de cada uno en la matanza de Madrid, la mayoría de los acusados que ayer prestaron declaración procede del mundo del hampa, de ahí la proliferación de motes, tan útiles para identificar a los personajes. Con los retales de sus declaraciones se puede construir un relato muy preciso del submundo del trinque y el trapicheo, una realidad que muchos ni siquiera se esforzaron en ocultar. "Mi negocio", llegó a admitir un tipo apodado Rumenigge, "consistía en comprar coches viejos. Luego los llevaba a un taller y le arreglaban el cuentakilómetros para que parecieran nuevos". El tal Rumenigge, una de esas personas acostumbradas a relatar sus peripecias en tiempo real, para desesperación del tribunal, está acusado de comprar en Ceuta un Golf azul para que El Chino pudiera transportar los explosivos. Ya a nadie se le oculta que los atentados del 11-M se financiaron a través de la venta de droga y, para ello, los supuestos autores no tuvieron más remedio que bajar a las cloacas y tratar con personajes como el tal Rafá Zouhier. "Un domingo", relató ayer El Conejo, "Rafá y yo volvíamos de fiesta. Él había comprado dos gramos de cocaína en el poblado de los yonquis. Me metí en el baño y escuché una explosión. Al salir vi a Rafá con una mano ensangrentada. Me dijo que había sido un petardo". Según la fiscal, la explosión se produjo cuando Zouhier probaba uno de los detonadores y parte del explosivo aportado como muestra por el minero Suárez Trashorras.

Al final de la tarde, declara Mohamed Larbi Ben Sellam, también conocido como Abu Zubair. Sin desanimarse por la rotundidad de su nombre, uno de los abogados suscritos a la teoría de la conspiración sigue buscándole, infatigable, algún primo en Rentería.

EL COLABORADOR DE EL CHINO

Los vídeos de Bin Laden que veían tres suicidas. Abelilah el Fadual declaró que asistió con miedo a una reunión en la que tres terroristas del 11-M que se suicidaron en Leganés veían vídeos de Bin Laden.

Cilindros con cables en la casa de Chinchón. Hamid Ahmidan, el primo de El Chino, confesó ayer que vio cilindros con cables en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas del 11-M.

Una cita en Madrid para negociar el robo de la Goma 2. Rachid Aglif, colega de trapicheos de droga de El Chino, admitió ayer en el juicio que el terrorista que se suicidó en Leganés se reunió unos meses antes en Madrid con el ex minero Trashorras. Allí negociaron el robo de explosivos.

UNA CONSPIRACIÓN LLENA DE AGUJEROS

El abogado defensor de Jamal Zougam sacó a relucir en su escrito de defensa una supuesta prueba, el temporizador encontrado en casa de los islamistas, que implicaba a ETA en los atentados del 11-M. La prueba, aireada en junio de 2006 por el diario El Mundo, resultó falsa

La mentira en que estaba basada la sospecha se encuentra desmontada en el sumario, donde figura el tipo de temporizador encontrado en la casa de Virgen del Coro "usado para actividades comerciales para calderas y calefacciones". Nada que ver con los utilizados habitualmente por ETA. Pese a ello, algunas acusaciones insisten en preguntar por el falso temporizador

LA VISTA DEL LUNES

Declaran colaboradores de los huidos. El próximo lunes declara Mohamed Moussaten, acusado de ayudar a huir a implicados en el 11-M. El fiscal pide para él ocho años de cárcel.

Un texto de Pablo Ordaz publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Uno de los procesados describe el primer contacto para la adquisición de la Goma 2

Rachid Aglif relata el encuentro en Madrid entre El Chino y el ex minero Suárez Trashorras

Madrid - El juicio del 11-M entró ayer en los minutos de la basura. Los procesados que declararon tienen una implicación menor, aunque destacada, que la de los supuestos autores intelectuales y materiales de los primeros días. Sin embargo, alguno de ellos, como Rachid Aglif, El Conejo, describió los primeros contactos entre Jamal Ahmidan, El Chino, jefe del grupo del 11-M, con Emilio Suárez Trashorras del que, a cambio de drogas, supuestamente obtuvo los 200 kilos de Goma 2 robados en Mina Conchita y con los que se cometió la matanza. La delincuencia y las drogas, fuentes para financiar el atentado, entraron de lleno en la sala.

Aglif se creyó el dicho de que la mejor defensa es un buen ataque y se hundió con todo el equipo. Lo único que llegó a demostrar es que él no es religioso, pero admitió haber estado presente en la reunión del Mc Donald's de Carabanchel en la que El Chino apalabró supuestamente con el ex minero Trashorras la adquisición de explosivos a cambio de drogas. Luego explicó que él iba acompañando a Rafá Zouhier a esa reunión y que no se enteró del contenido de la misma hasta que se lo contó Zouhier, porque se sentó aparte con Carmen Toro, esposa del ex minero. Aseguró que Zouhier le había contado que con la operación iba a obtener "zurraca" [hachís] y dinero.

Aglif negó que fuera persona de confianza de El Chino, pero reconoció que aceptó que le dejase 500 pastillas de éxtasis para que se las entregase a otra persona. Tampoco supo explicar las 21 llamadas que hizo a El Chino en días previos de los atentados de los trenes.

Aglif admitió que había contado que Zouhier estaba con Jamal Ahmidan en su casa, aunque luego reconoció que no era cierto y que lo había contado porque el primero había dicho "40.000 barbaridades" que le implicaban a él. "Lo dije para que se cague y se coma él solo este marrón", precisó. Durante su declaración, el presidente expulsó de la sala a Zouhier, que no paraba de hacer aspavientos.

Abdelilah el Fadual para el que el fiscal pide 12 años, es considerado un lugarteniente de El Chino, pero él explicó que era de confianza de todo el mundo. Luego precisó que cuando Ahmidan volvió de Marruecos se había radicalizado, pero que nunca le contó que iba a cometer un atentado. En la casa de dos de los suicidas, los hermanos Oulad, en Villaverde, vio vídeos de Bin Laden y de muyahidines, pero según dijo, se asustó porque eso es delito en Marruecos.

Saed el Harrak, el procesado que quedó en libertad por el error del juez Del Olmo, y para el que el fiscal pide 12 años, tampoco tuvo su día. No pudo justificar su presencia con varios de los suicidas en Bargas y Mocejón (Toledo), donde los terroristas colocaron una bomba en las vías del AVE. Además, cambió radicalmente la versión de los hechos que había hecho ante el juez. El fiscal Carlos Bautista lo destrozó. La única explicación que ofreció es que tenía miedo, que su mujer estaba embarazada y tenía un hijo de 10 meses, por lo que decidió "mentir para salir [de prisión]".

El Harrak, al que se encontró un testamento del suicida Abdennabi Kounjaa, dijo que había prestado a éste su teléfono para que pudiera hacer algunas llamadas (a otros de los suicidas), pero el fiscal le hizo ver que era improbable, puesto que en ese mismo momento Kounjaa estaba haciendo llamadas con su propio teléfono. La enésima explicación que no supo dar fue por qué los papeles de su coche estaban en la casa de los suididas de Leganés. Larbi Ben Sellam, para el que el fiscal pide 27 años, que presuntamente ayudó a huir a Bélgica a Mohamed Afalah y Mohamed Belhadj, presuntos autores del atentado, negó y negó, pero sin credibilidad. No pudo explicar por qué una huella suya se encontró en un Corán hallado en el desescombro de Leganés.

Por último, Hamid Ahmidan, para el que el fiscal reclama 23 años, debió ver oscuro su futuro porque no quiso contestar a nadie salvo su abogado. Hamid, primo de El Chino, está acusado por el fiscal de financiar los atentados por medio del tráfico de drogas. En su poder se ocuparon 59 kilos de hachís y 125.000 píldoras de éxtasis. Hamid dijo que las drogas y el dinero ocupados en el registro eran de su primo Hicham, preso en Marruecos.

Mientras tanto, el tribunal prorrogó la prisión preventiva para Youssef Belhadj, Abu Dujanah, el supuesto jefe de Al Qaeda para Europa, en cuyo nombre se reivindicaron los atentados, y para Mohannad Almallah Dabas.

SAED EL HARRAK

"Mentí en mi declaración ante el juez porque tenía miedo de ir a prisión, porque mi mujer embarazada y mi hijo están solos en España"

"Viví un año en Mocejón, pero no conozco a la gente que puso los explosivos en las vías del AVE"

"No sé por qué la documentación de mi coche apareció en el piso de Leganés"

LARBI BEN SELLAM

"Encargué un teléfono para que Mohamed Afalah pudiera despedirse de su familia, pero no sé si murió en Irak"

"Yo declaré muchas cosas que no eran ciertas y dije que quería ir a Irak, pero no a suicidarme"

"Conocí a Said Berraj y Mohamed Afalah en la mezquita de Villaverde, y a Sarhane lo vi en la de Estrecho"

HAMID AHMIDAN

"En Chinchón vi a Jamal, Kounjaa y a Rifat con una cosa cilíndrica con cables que ocultaron cuando yo llegué"

"En la finca de Morata de Tajuña nunca escuché explosiones, ni vi armas o explosivos"

"El Toyota Corolla [que pertenecía a Suárez Trashorras] estaba un día en la finca, pero Jamal no me dejó entrar"

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un acusado vio a tres suicidas contemplando vídeos de Bin Laden

Madrid - Abelilah el Fadual el Akil se presentó a sí mismo como un pobre hombre, asustadizo y temeroso. Durante su atropellada y extensa declaración, este tetuaní, de 36 años, explicó cómo el miedo le atenazó cuando vio cómo Jamal Ahmidan, El Chino, y los hermanos Rachid y Mohamed Oulad Akcha, todos muertos en el suicidio de Leganés, estaban visionando vídeos de Osama Bin Laden. Fue durante una visita a la casa de los Oulad, en el barrio madrileño de Villaverde, para venderles "ropa bakaladera". "Ellos estaban viendo en un ordenador imágenes de Bin Laden y me dio miedo (...). Les dije que dejaran esas tonterías, que no podían ver eso porque era delito, porque en Marruecos es delito. Pero se burlaron de mí porque estaba asustado", afirmó.

No era la primera vez que, por culpa de acciones de El Chino, este procesado se acusó. El Fadual era la persona que en 2000 estuvo recluido en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Moratalaz junto a Jamal Ahmidan. Éste fue detenido con el nombre de Said Tildni. "Jamal me dijo que tenía un montón de dinero y de pasaportes e incluso le dijo a la policía que se iba a escapar del centro", relató. Añadió que Jamal le dijo que se fugara con él, a lo que se negó. Eso motivó que fuera objeto de nuevas chanzas de El Chino. "Él se escapó con un espray. Yo no me escapé porque no me interesaba", comentó.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El Chino ocultó a su primo un objeto "con cables" en la finca de Chinchón

Madrid - Hamid Ahmidan vio cómo su primo Jamal, más conocido como El Chino, y otros dos compinches manejaban en la finca de Chinchón "un objeto cilíndrico con unos cables" que ocultaron rápidamente cuando él entró en el salón de la casucha. No sabía qué era, aunque se supone que era un detonador, ni tampoco sabía qué manejos tenía en la casa su primo, que llegó a vetarle la entrada en varias ocasiones. Uno de esos días en que no le permitió entrar, a finales de febrero, vio dentro de la finca un Toyota Corolla que jamás había visto antes y que supuestamente fue el coche que le prestó a El Chino José Emilio Suárez Trashorras para bajar la Goma 2 ECO desde Asturias a Madrid.

Hamid vivía en la casa de otro de sus primos, Hicham, en la avenida del Cerro de los Ángeles, donde la policía encontró una gran partida de pastillas de éxtasis y hachís. Sin embargo, él aseguró que no tenía idea de que en esa vivienda hubiera drogas, y menos que estuvieran en su habitación.

El hombre confesó que estaba en paro y que su primo Jamal accedió a que trabajase de albañil en la finca de Chinchón. El primer día que fue a darle al palustre lo llevó a la casucha Abdenabi Konjaa, uno de los siete suicidas de Leganés. Un día, no recordaba bien si a finales de febrero o primeros de marzo, bajó de la habitación de arriba para coger una botella de agua en el salón. Fue entonces cuando vio cómo su primo, Konjaa y Asrih Rifaat Anouar -todos muertos en Leganés- manejaban el objeto cilíndrico con cables y lo ocultaban cuando él llegó. No dijo nada. "Cogí la botella de agua y me fui".

Los cuatro de siempre

En la casa, según contó, estaban los cuatro de siempre, es decir, los suicidas y Otman. Estuvo trabajando en la finca hasta que El Chino empezó a vetarle la entrada a la casa. Una de esas veces fue cuando estaban en la casa el Toyota Corolla y el Golf supuestamente utilizados para el transporte de explosivos. Lo que nunca vio dentro fue la famosa Renault Kangoo.

Hamid volvió a la vivienda cuatro o cinco veces después de los atentados, pero los cuatro de siempre ya no estaban. De esas visitas, en sólo dos de ellas vio dentro a Jamal, pero solo. Dentro de la finca nunca vio armas ni explosivos, ni escuchó detonaciones o explosiones. Lo que sí vio es que la Guardia Civil estaba siempre "a unos 20 o 25 metros" del camino de entrada de la finca. En esa zona, junto a un peligroso cruce, efectivamente, suele estar la Guardia Civil de Tráfico. No obstante, aclaró que desde fuera no puede verse qué pasa dentro de la parcela, porque la valla está recubierta de tela verde de arpillera.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Me pensé mucho defender a El Egipcio" (Endika Zulueta)

Madrid - Hace una semana, el jueves pasado, todas las televisiones del planeta apuntaban a la cabeza de este hombre: Endika Zulueta, de 43 años, abogado defensor de oficio de Rabei Osman, El Egipcio. Como éste se negó a responder a las preguntas de las distintas acusaciones, Endika se iba a encargar de conducir el primer interrogatorio del juicio más importante celebrado en Europa desde la Segunda Guerra mundial.

Era consciente de que su intervención iba a ser "analizada en todo el mundo: en El Cairo o en Londres, pero también en El Pozo o en Vallecas". Sin embargo, en cuanto conectó el micrófono, asegura que el juicio "se limitó a la sala en la que discurría".

Aquella mañana, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, le reconvino en numerosas ocasiones. Tantas, que al día siguiente pidió disculpas al abogado. Éste las aceptó: "Le honra, porque es difícil pedir disculpas, y menos en público".

Rabei Osman está acusado de ser uno de los cerebros de la matanza. Piden para él más de 38.656 años de cárcel. Zulueta lo defiende por una mezcla de casualidad e interés profesional. "A una compañera le correspondió su defensa por turno de oficio y yo la ayudaba. A mí el caso de Osman me parecía jurídicamente interesante porque la principal prueba eran unas grabaciones efectuadas en su casa por métodos más que discutibles. La colega renunció a la defensa por motivos personales; el caso pasó a otra compañera del turno de oficio que también renunció y después, dado que yo ya había hecho alguna diligencia cuando ayudaba a mi amiga, Osman pidió que fuera yo su abogado".

No aceptó de inmediato. "Me lo pensé mucho, claro. Una cosa es seguir el caso de cerca ayudando a una colega y otra es encargarte de algo de esa trascendencia, rodeado de tanta presión política y mediática. Pero al mismo tiempo no tenía duda de que cualquier abogado penalista querría ser partícipe de un juicio como éste".

No se le escapa que defiende a una de las personas más detestadas en la actualidad, un individuo acusado de haber ideado y organizado el atentado que más muertes y dolor ha causado a la sociedad española. "Sí, claro que me doy cuenta. Habrá gente que piense: 'Estos no merecen ni defensa'. Pero el mensaje debe ser el contrario: algo funciona bien si hasta a estas personas se les procura una defensa. El derecho a la defensa es un derecho constitucional y que los abogados defensores en este juicio hagamos bien nuestro trabajo es algo que beneficiará también a la sociedad". Y añade: "La única abogada que resultó herida en el 11-M era una colega de mi despacho. Estaba en Atocha. Y yo llevo viviendo en Madrid 25 años y ese atentado nos afectó a todos. Una mujer que trabajaba en el Colegio de Abogados y que todos los abogados conocíamos murió en uno de los trenes junto a su marido".

Enumera las dificultades del proceso: "Defiendo a alguien sobre el que pesa una condena de más de 38.000 años de cárcel, es un sumario de más de 100.000 folios, asumí la defensa cuando el proceso estaba muy avanzado". De hecho, el haber aceptado el caso con el proceso en marcha, sin pedir dilaciones que retrasaran el juicio, fue un gesto apreciado por el tribunal.

Y continúa: "El aislamiento sufrido en prisión por Rabei Osman, que pasaba 21 horas sin salir de su celda y tres horas en el patio en soledad, dificultaba también las entrevistas que tenía con él, dado que se pasaba mucho tiempo denunciándome su situación y yo debía convencerle para volver a centrarnos en la defensa. Además, todas estas entrevistas eran siempre con intérprete".

Y concluye: "Pero en mi caso, el confiar en la inocencia de Rabei Osman, facilita mi trabajo".

Un texto de Antonio Jiménez Barca publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Editoriales (22 de febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:00, Categoría: Opiniones

De la sospechosa carta de Kounjaa a las misteriosas visitas de Morata (Editorial de EL MUNDO)

El enigma de la carta testamento de Abdenabi Kounjaa, muerto en el piso de Leganés, sigue sin esclarecerse pese al testimonio de ayer de su compañero Saed el Harrak en el juicio del 11-M. El Harrak, acusado de integración en organización terrorista, declaró que ignora cómo pudo aparecer en una bolsa suya en junio de 2004 esa carta en la que Kounjaa se despedía de su familia. La carta fue hallada en las instalaciones policiales de Canillas, pero lo raro es que no fue detectada antes por el empresario que entregó la bolsa ni por la Policía Científica de Leganés, que efectuó un listado del contenido de esa bolsa y otras pertenencias de Saed el Harrak. ¿Cómo es posible que a los expertos de Leganés se les escapara un documento de tal relevancia? El Harrak sostuvo ayer que no tiene explicación sobre esa carta que, según sus palabras, alguien pudo introducir fácilmente en su bolsa. «Si hubiera visto esa carta, no me habría quedado con ella. La habría quemado porque suponía un peligro para mí», declaró ayer. Su argumentación es de puro sentido común: nadie guardaría -y menos siendo sospechoso- una prueba que le vinculara al 11-M. Pero además hay otro factor que induce a dudar sobre su autenticidad: que la misiva está escrita en árabe y firmada en castellano, algo realmente insólito. Otro enigma del 11-M es quienes fueron los misteriosos visitantes de la casa de Morata, donde se prepararon los explosivos. Hamid Ahmidan, primo de El Chino, declaró ayer que tuvo que abandonar la finca el día 29 de febrero, pero que vio antes a su primo manipular un «cilindro con cables» junto a otras personas. El Chino le pidió que no volviera a Morata durante unas semanas, lo que coincide con los testimonios de El Fadoual y Otman Gnaoui, a los que no dejo entrar por esas mismas fechas con la excusa de la llegada de unos familiares.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Confundir al tribunal” (Editorial de EL PAIS)

Se sabía que la teoría de la conspiración sobre el 11-M, uno de cuyos apartados es la implicación de ETA, tenía defensores a ultranza sentados en estrados de la sala de audiencia en la que se celebra el juicio oral sobre el atentado, pero era difícil sospechar que llegaran hasta el extremo de amagar con confundir al tribunal. A los intentos esperpénticos de involucrar a ETA, como los del ácido bórico o la orquesta Mondragón transmutada en el grupo industrial vasco del mismo nombre, llevados a cabo durante la instrucción sumarial, se han añadido en la vista oral comportamientos profesionales de dudosa práctica forense.

Quienes buscan desesperadamente puntos de conexión de ETA con el 11-M creen haber encontrado uno de ellos en el temporizador hallado en el domicilio de un procesado, que ellos consideran, contra toda evidencia, del tipo de los usados por la banda terrorista en sus atentados. Y han aprovechado la primera ocasión que han tenido a mano, en este caso el interrogatorio de este procesado, para intentar dar carta de naturaleza procesal a su obsesión, presentando por sorpresa la fotografía de un temporizador incautado tiempo ha a ETA por la Guardia Civil, como si fuera idéntico al intervenido al procesado que se sienta en el banquillo. Otro aspecto llamativo es que esa fotografía figura en el escrito de calificación presentado al tribunal por el actual abogado particular que recientemente se ha hecho cargo de la defensa de Zougam y Ghalyoun, en sustitución de su antiguo abogado de oficio, mientras que quien primero ha intentado utilizarla procesalmente ha sido el letrado de una de las acusaciones. El juicio sobre el 11-M pasará a la historia, entre otras cosas, por la simbiosis y perfecta sincronización con que actúan algunas acusaciones y defensas, como si su distinta posición en el proceso no fuera obstáculo para compartir el mismo objetivo.

Hay que alabar, en todo caso, el comedimiento con que reaccionó el tribunal a la maniobra con que se le intentó confundir. Ordenó de inmediato retirar la fotografía, por la simple razón de que no figura en el sumario, sin inquirir sobre los motivos e intencionalidades de su presentación, concediendo que entraba dentro de los amplios márgenes del derecho de defensa. También los letrados implicados se han justificado asimilando sin más su extraño proceder a "una estrategia de defensa". Sin duda, el derecho de defensa debe ser lo más amplio posible, y así lo está reconociendo el tribunal que juzga el 11-M. Pero los abogados, más que nadie, saben que tiene unos límites, tanto penales como éticos, que nunca deben traspasarse.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Opiniones (22 de febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 6:30, Categoría: Opiniones

“Subalternos y fantasmas” por Victoria Prego

De todas las declaraciones que se produjeron ayer en este juicio que lleva ritmo de paso ligero y en el que el presidente sigue sin permitir que el proceso se le desmadeje, la más interesante, por más misteriosa, fue la última. Al filo de las 19.00 horas habló Hamid Ahmidan, un marroquí de 30 años que tiene el especial interés de ser primo de uno de los más destacados suicidas de Leganés, 'El Chino'.

No era la primera vez, sino la segunda, que la sala oía a un procesado decir que en los últimos días de febrero y los primeros de marzo no pudo ir a trabajar a la finca de Morata de Tajuña porque su primo no le dejó entrar. La razón: que estaba allí «una mujer con sus hijos». El otro peón que le hacía por entonces las chapuzas a 'El Chino' en la parcela había contado eso mismo al tribunal 24 horas antes. Pero ni uno ni otro fueron capaces de dar indicación alguna sobre la identidad de esos personajes fantasmales de los cuales los dos procesados hablan, pero a los que ninguno conoce y por los que nadie pregunta tampoco. Todas las preguntas posibles quedaron sin respuesta y quedó también la duda de si este hombre, el primo del suicida, hubiera ofrecido alguna precisión más si se hubiera avenido a responder a las cuestiones del fiscal y de las acusaciones. No fue así, de modo que quedamos pendientes de que llegue el momento de las pruebas y de los testigos.

El resto de la jornada dejó algunos rastros reconocibles en mitad de este bosque desdibujado y oscuro. Uno de esos rastros es la constatación de que, incluso en las intervenciones de los supuestos organizadores de la matanza y de sus autores materiales, la investigación está merodeando en torno a ellos en busca de una implicación que ya es inútil buscar: la de los muertos. Y que, después de haber pasado el lápiz una y otra vez sobre esas efigies desaparecidas, entrevemos un paisaje compuesto por gentes de segunda o tercera categoría, mozos de espadas -mozos de sangre habría que decir- de esos sujetos ausentes a cuyo servicio estos otros actuaban.

El otro rastro es el de que nos movemos en dirección centrífuga, del centro hacia la periferia de la responsabilidad de la matanza. Y que, acusado a acusado, hemos entrado de lleno en el terreno de los meros ayudantes de esta espeluznante operación. Nos acercamos así al borde de este primer círculo pero ya se intuye que, haciendo tangente con él, existe otro. Trasunto de lo que éste nos reserva sí que tenemos, porque en el que aún estamos recorriendo han aparecido ya los primeros aromas del segundo. Hablo de la información que la Policía, la Guardia Civil y los servicios secretos tenían de todo esto y de todos éstos.

Ha habido bastantes preguntas, pero de momento sólo espolvoreadas, sobre el grado de información que los acusados tenían de los seguimientos policiales a que estaban siendo sometidos. Muy pocos han dicho estar enterados de tal cosa. Pero la reiterada mención del asunto no ha pasado desapercibida. Es evidente, pues, que no falta mucho para que empiece a declarar el primero de los que se confiesan públicamente como confidentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y será entonces cuando vuelva a plantearse, gigantesca, la pregunta de por qué, con tantísima información adquirida, con tanto y tan exhaustivo conocimiento de las andanzas y actividades de estos sujetos, pudo llegar el 11 de Marzo y pudieron actuar con libertad escandalosa unos individuos que llevaron a la Policía cosida a los talones hasta el último minuto antes del crimen.

Y, entreverada en esta última consideración, la asombrosa constatación de la afición desmedida de todos los procesados por acumular uno, dos, tres y hasta cinco teléfonos móviles con tarjetas distintas, que manejaban con soltura de contorsionista electrónico. No hay uno que diga tener un solo teléfono, un solo número y una sola tarjeta, como los simples mortales. Pero, con afición y todo, con tanto cruce de comunicaciones, con tanto jeroglífico, resulta inaudito que no hayan caído en que detrás de sus conversaciones pudiera haber unos oídos expertos y que, llegada la hora de echarles el guante -demasiado tarde, eso sí- los periplos de todos estos Marco Polo de la yihad asesina pasarían a un minucioso mapa de papel que les cerraría toda posible escapatoria. Lo cual, por cierto, nos habla al mismo tiempo de su incapacidad para tanto.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El juez, héroe por un día” por Victor De la Serna

El incidente del abogado que intentó introducir en el juicio del 11-M la foto de un temporizador de los que utiliza ETA, intento rechazado de inmediato por el juez, sirvió ayer para que los medios que denuncian teorías de la conspiración se desencadenasen contra lo que ven como otra maniobra de los conspiracionófilos. Calle de la conspiración, esquina a engaño, titulaba el otrora frío y factual El País; Gómez Bermúdez aborta otro intento de meter a ETA en la vista del 11-M, decía ABC. En la Ser también estuvieron abriendo sus informativos con esta noticia, que La Vanguardia llevaba también a su portada.

Así iniciaba El País su información: «La vista oral por el mayor atentado en la historia de España destapó ayer una de las múltiples trampas en las que se sostiene la teoría de la conspiración».

En la tertulia matutina de TVE-1, la reacción firme del juez Gómez Bermúdez impidiendo la presentación de un documento gráfico no incluido en el sumario daba pie al periodista Eduardo San Martín para resaltar el estilo ecuánime del magistrado, recordando que ha sido fustigado y recusado desde la izquierda, y que más valdría dejar de encasillar a los jueces en sus supuestas posturas ideológicas, porque luego se demuestra, como en este caso, que son capaces de una actuación profesional e independiente. Algo mohíno, Enric Sopena le replicaba que tanta crítica y acoso previos habrán tenido la virtud de desalentar al juez en el caso de que hubiese tenido la menor tentación de dejarse llevar por su derechismo. Así que Sopena se apunta a las bondades de la descalificación preventiva. En todo caso, miren por dónde, Gómez Bermúdez se convierte en el héroe del juicio. Héroe por un día, al menos.

El desfile de presuntos autores y colaboradores va creando impresiones sobre su catadura. De ello sacan conclusiones Germán Yanke, en ABC, y Victoria Prego, en EL MUNDO. Yanke: «Poco a poco se va viendo la quiebra de tanta declaración exculpatoria, de tanto aparente despistado sentado en el banquillo sin saber nada». Prego, sobre Otman Gnaoui: «Se escabulló con extraordinaria torpeza y sus murmullos se estrellaron contra el silencio de la sala y quedaron ahí desnudos, flotando en el aire. En el aire y en las muchas pantallas de plasma que cuelgan de las paredes del recinto, que demostraban, una y otra vez, que había vuelto a mentir».

En las tertulias, como quien no quiere la cosa, se intercala la próxima manifestación de la AVT y se fustiga al PP por participar. De poco le va a servir a Angel Acebes reiterar en Onda Cero: «Nosotros no nos manifestamos contra la sentencia del Tribunal Supremo. Nos manifestamos en apoyo a las víctimas de De Juana Chaos». Interesa hacer ver que el PP y la AVT van contra la Justicia, y volverán a la carga.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Empieza la campaña” por Luis del Pino

Reunión. Declaración de Rachid Aglif, amigo del confidente Zouhier y extraído como él del mundo sórdido de la noche. Nos adentramos en la versión oficial. Inseguro y nervioso, nos ha hablado de la reunión en una hamburguesería donde, supuestamente, se pactó la entrega de los explosivos. Seguimos sin saber qué se habló o quién lo habló allí, pero tiempo habrá de discutir prolijamente sobre esta escena cumbre de la versión oficial cuando declaren los asturianos.

Esperpento. La declaración de Abdelilah Fadoual, supuesto lugarteniente de El Chino, ha sido esperpéntica, por no decir delirante. El juez ha tenido que emplearse a fondo para cortar sus peroratas muchas veces incomprensibles. ¿Es éste un peligroso terrorista islámico? Algún detalle nuevo: resulta que El Chino tenía un bar. ¿Por qué no nos habían hablado de los aspectos empresariales de la vida de Jamal Ahmidan? Referencias también en la declaración a Hicham Ahmidan, el gran ausente de este juicio. ¿Cómo es posible que nadie le haya interrogado ni siquiera dentro del sumario?

Testamento. Saed Harrak niega, como ya esperábamos, que él tuviera ningún testamento de Abdenabi Kounjaa y manifiesta su extrañeza por que Kounjaa se suicidase. Ya sabíamos que ese testamento era falso, pero Harrak corrobora que nunca pasó por sus manos ese manuscrito que terminó apareciendo, como tantas pruebas de este caso, en la comisaría de Canillas.

Marejada. La atención, sin embargo, va derivando hacia el exterior de la sala. Como cabía esperar, en los medios del Grupo Prisa se ha desatado ya la campaña contra el abogado de Jamal Zougam, que tanto daño ha hecho a la versión oficial. La decisión de este abogado de que sus defendidos sí contestarán a todas las preguntas ha forzado a cambiar la estrategia del resto de las defensas. Ahora casi todos responden a los abogados de las acusaciones. Mal pintan las cosas para la versión oficial y empiezan a cundir los nervios. Estén atentos a los acontecimientos.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Crónicas del subsuelo” por David Gistau

Ayer no fueron los adoctrinados, los guerreros santos erizados por las diversas siglas de la yihad y envenenados por una pretensión de eternidad y de castigo. La sala de la Casa de Campo fue tomada por personajes subterráneos, malevos de cabotaje que recordaban al moromierda de Makinavaja y que siempre han estado ahí, en los barrios de neones, en la Isla Tortuga de Lavapiés, pasando chocolate o atentos al bolso que se descuida.

Incluso 'El Egipcio' les despreció. Él, que hasta entonces había seguido los interrogatorios como si quisiera influir en las respuestas mediante telepatía, se desprendió esta vez de los auriculares de la traducción simultánea y se dedicó a mirar el techo en uno de los bancos del fondo. Como si nada de lo que fueran a decir estos mindundis con hábito carcelario para los que un amigo es alguien a quien «colocar el marrón» pudiera llegar tan alto como para comprometerle. Los suburbios de la conspiración: viejos conocidos de la Policía, infiltrados, controlados que, sin embargo, esquivaron todos los diques de contención.

Rachid, 'El Conejo', Aglif, con su rostro fallido, como aplastado contra un cristal, introdujo el asunto de la trama asturiana. Esa reunión de cutres del lumpen en un McDonald's de Carabanchel donde habría sido negociado con Trashorras el contrabando de explosivos.

Surge de ese encuentro la figura de uno de los suicidas de Leganés: Jamal Ahmidan, 'El Chino'. Un chorizo y traficante de poca monta que regresó «cambiado», iluminado, de un viaje a Marruecos en 2003, y que a partir de entonces habría aprovechado sus recursos y contactos de delincuente habitual para conectar una trama terrorista con los proveedores. 'El Conejo' no soportó la tensión del interrogatorio. No está adiestrado por ningún manual de comportamiento yihadista y, habituado al trapicheo, se le vio desbordado por la inmensa gravedad de lo que se dirime en la Casa de Campo.

En la jaula, los acusados suelen animar con algún gesto cómplice al que es llamado por Gómez Bermúdez para protagonizar en el estrado unos minutos de fama que nada tienen que ver con los que mencionó Andy Warhol. Aglif acudió a los suyos con tanta congoja, con tantas ganas de pasar el trago cuanto antes, que hasta aventuró un «No sé nada de lo que va usted a preguntarme» que convirtió en parodia la estrategia colectiva de la negación.

Provocó en Zouhier tales gestos de desagrado que Gómez Bermúdez expulsó a éste con un tono que lo mismo habría servido para obligar a un alumno díscolo a sujetar dos libros con los brazos en cruz, como en Zipi y Zape. Zouhier sí tiene prisa por ser protagonista, por hablar. Su permanente actuación algo histriónica contrasta con la discreción de las víctimas sentadas en las butacas más distanciadas de la urna. Éstas ni siquiera quieren trabar miradas desafiantes con los acusados: se acarician y alientan para sostenerse, se contentan con aguantar la fatiga y el dolor, la cercanía de esos monstruos personales que siempre encuentran alguna excusa para reír. Como en el clásico etarra, también en este caso nuestras lágrimas son sus carcajadas.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Los islamistas negocian en McDonald´s” por F. Velasco

Las sesiones del juicio van dejando algunas aficiones comunes a gran parte de quienes se están jugando su futuro, en todo caso mucho más despejado que el de los 191 que lo dejaron enterrado ese fatídico 11-M y de las miles de familias que no pueden expulsar esos dramáticos momentos. Son aficiones, la de esos que se partían de risa en su urna blindada, que están muy lejos de las que deben practicar los buenos musulmanes. Hasta ahora, hemos comprobado cómo las rutas discotequeras formaban parte de sus noches y las chicas, ay las chicas, siempre aparecen por uno u otro lado. Cuando no es Tánger es en la disco de moda de Madrid. Siempre como tapadera, como escudo para detener las lanzas de preguntas más que comprometidas.

Así que mucha música nocturna y todo lo que hay a su alrededor. Pero nada más, eh, que quede claro. ¿Carne? Ni pensarlo, si no hay garantías de que el pobre animal ha sido sacrificado conforme mandan los cánones del halal. Bien clarito lo dejó ayer Rachid Aglif, conocido como «El Conejo». Todo el mundo le preguntaba, una y otra vez, por la reunión de amigos en un McDonald´s de Madrid, y todos querían que saliera de la madriguera y sacara a relucir si, entre hamburguesas y patatas con ketchup, se habló algo, por pura casualidad, de venta de explosivos. Pero él, a lo suyo. Que no, que no, que nada de nada, que incluso se sumó tarde a la tertulia que mantenían el ex minero Trashorras, su ex mujer, «El Chino», y Rafa Zouhier, que se está haciendo más popular que el linier de «Rafa, no me jodas». Y todo porque su pedido, una hamburguesa de pescado -como está mandado-, tardaba más que la de carne.

No escuchó nada, sólo de una pequeña operación comercial de hachís, nada de importancia. Por eso tuvo tiempo de percatarse de que la chica era un tanto «heavy». Un pequeño detalle sobre el que le falló el subconsciente. Estaba «El Conejo» enrocado cual partida de ajedrez en que no tenía nada que ver con el trapicheo de hachís, ni nada de eso, y no había quien le sacara de ahí. El fiscal, erre que erre, paciente, que para eso era su debut, y no se le ocurre otra cosa que pedir que se lea parte de la declaración que realizó al ser detenido. Y como estamos sobrados con las nuevas tecnologías en los juicios, ahí que se proyecta en pantalla, y justito una frase detrás de esa minucia en la que se había empeñado el fiscal, aparece, mire usted por dónde, que la joven que estaba en esa tertulia le pareció hace casi dos años «heavy». Exactamente igual que ayer. Será pura coincidencia. Será otra «burrada», escondite favorito de este «animal».

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ni sombra de Moussaoui” por J. L. Castaneda

Si la primera semana del juicio nos dejó el insólito titular de que los supuestos ideólogos de Al Qaida condenaban los atentados del 11-M, las sesiones de esta semana nos dejan otro «lead» no menos sorprendente: los presuntos mártires de Al Qaida escaparon por dos veces de su propio suicidio. Zougam, Ghalyoun y Bouchar, los únicos tres acusados por poner las bombas del 11-M, no se inmolaron en los trenes, como los fanáticos kamikazes de Nueva York, Bali, Casablanca o Londres, pero tampoco en el piso de Leganés. Serían, según la acusación, supervivientes de sí mismos por partida doble.

Aunque para algunos todo empieza a encajar después de estos primeros días del juicio, la sensación puede ser más bien la de que todo está más desencajado que nunca. Las preguntas del fiscal y de las acusaciones particulares han podido desentrañar parte de la madeja de amistades peligrosas de los que se sientan en el banquillo. La gran asignatura es hallar la piedra filosofal que convierta esas amistades peligrosas en una bárbara masacre con 192 muertos y 1.800 heridos.

La primera sorpresa ha sido la de no ver reproducida hasta el momento en ninguno de los procesados la actitud chulesca e intimidante a la que los etarras nos tienen acostumbrados desde hace décadas en sus juicios. Se les supone a los terroristas islámicos un mayor grado de fanatismo que a los terroristas nacionalistas. A lo mejor estábamos equivocados.

Segunda sorpresa. La fiscal Sánchez aseguraba que el 11-M emanaba directamente de una alocución de Bin Laden, pero sus supuestos esbirros en España, «El Egipcio», El Haski y Belhadj, señalados por la acusación como «cerebros» de la masacre, le han negado tres veces como San Pedro. Con ello, hurtaron la posibilidad de revivir aquí el juicio contra Zacarías Moussaoui, el único procesado en los Estados Unidos por los atentados del 11-S en Nueva York y Washington.

Condenado el año pasado a cadena perpetua, Moussaoui no sólo reconoció que su cometido en el 11-S era estrellar un avión contra la Casa Blanca, sino que se declaró culpable, admitió formar parte de Al Qaida y llegó a jurar lealtad a Bin Laden. No hay sombra de este comportamiento en la sala de la Casa de Campo, si bien nada concluye que los miembros de Al Qaida o de cualquiera de sus grupos adyacentes tengan que responder en todas las latitudes a las mismas pautas.

Tercera sorpresa. Los procesados del 11-M se defienden ante las acusaciones con uñas y dientes, sobre todo los que sienten el peso de los 38.656 años de cárcel sobre sus cabezas, por ser los supuestos autores materiales de la matanza. Lo hacen unos mejor que otros. Ghalyoun, provisto de notas y documentos, se lo tomó como una reválida. Bouchar cayó en el estado de confusión que la endorfina provoca en los corredores de fondo, sobre todo cuando se les pregunta si pertenecen a los servicios secretos de algún país.

La huida de Bouchar

El día del presunto suicidio de la célula de «El Tunecino», Bouchar salió a la carrera, según la Policía, del piso de Leganés, sin haber digerido un hueso de aceituna y otro de dátil, y olvidándose el pasaporte. Después de cruzarse siete países europeos, en uno de los cuales pidió asilo político, y ser detenido en Serbia, ¿de quién sigue huyendo?

El que mejor se defendió fue Zougam, ayudado sin duda por la fragilidad del sumario en cuanto a los motivos de su imputación delictiva. No hay rastros de su ADN ni de sus huellas dactilares en ningún escenario vinculado con la matanza: Renault Kangoo, Skoda, casa de Morata, Leganés... Sembró dudas de forma bastante convincente sobre los reconocimientos practicados por los testigos que dijeron verle en los trenes de El Pozo y Santa Eugenia.

Además, Zougam le endosó con toda naturalidad a su socio Bekali, detenido el 12-M y luego puesto en libertad sin cargos, la custodia y venta de las tarjetas de los móviles supuestamente empleados en las bombas. En definitiva, y por lo que respecta a Zougam, quien esperase ver «al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos», se habrá decepcionado.

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Un tonto puede hacerlo” por Edurne Uriarte

«El poner una bomba, el meter cincuenta o cien kilos en un coche y hacerlo explosionar, pues era la cosa más sencilla del mundo. Cualquier tonto lo podía hacer (...) La única obsesión que teníamos era crear el máximo miedo y daño posible a los madrileños (...) Solíamos oír a la gente que decía, joder, es que yo acepto cualquier postura política, pero es que la violencia es una cosa que yo no puedo aceptar. Y nosotros nos reíamos. Y decíamos, joder, ¿la violencia? La violencia es la que hacéis vosotros.» (palabras de un viejo etarra recogidas por Fernando Reinares en su libro Patriotas de la muerte).

Que cualquier tonto puede hacer estallar una bomba, lo sabíamos, aunque es indudable que el reconocimiento del propio terrorista es un testimonio de autoridad. Lo sabíamos hasta el 11-M, hasta que algunos han introducido una variante inusitada en el análisis del terrorismo que es la inteligencia. Insisten estos días en que los islamistas identificados como supuestos autores de la matanza no son los suficientemente inteligentes para prepararla. Cuando cientos de biografías de etarras nos han mostrado que la inteligencia es un requisito muy secundario cuando de matanzas se trata. Y cuando la historia de ETA nos enseña que una sociedad puede vivir completamente condicionada durante décadas, no por la inteligencia de los terroristas, sino por el terror que provocan.

El problema de los introductores de la variable de la inteligencia es evidentemente otro, la negativa a reconocer la integración de los islamistas juzgados en España en una red terrorista internacional. O la negativa a otorgar credibilidad a las reivindicaciones del 11-M realizadas por el fundamentalismo. O la negativa a aceptar la realidad de las amenazas de los líderes de Al Qaida contra España.

Pero he aquí que sólo en 2006 España está explícitamente señalada como objetivo en al menos cuatro comunicados del número dos de Al Qaida, Ayman al Zawahiri. En marzo, en julio, en septiembre y en diciembre. Ésa es la autoría intelectual, que no inteligente, del 11-M, y de lo que vendrá, en España o en cualquier otro lugar de Europa.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“ETA y el 11-M” por Jesús Zarzalejos

Aunque ahora no se insista mucho en ello -a pesar de todo lo que se ha dicho al respecto en los dos últimos años-, en el juicio del 11-M se van a abordar los supuestos indicios de la relación de ETA con este atentado. Sólo el empeño de convertir a ETA en tabú absoluto o, por el contrario, en la mano oculta del atentado, ha distorsionado lo que, desde el principio, debería haber sido un capítulo normal de este proceso.

El Tribunal del 11-M rechazó el pasado martes que se mostrara a un acusado la fotografía de un detonador utilizado habitualmente por ETA, pues tal imagen no formaba parte del sumario. La decisión de la Sala fue acertada porque no hay razón para meter a ETA en el juicio por la puerta de atrás, cuando están admitidas pruebas que van directamente a los hechos que aparentan -y sólo esto- un vínculo entre la organización etarra y el atentado. El ámbito carcelario se va a investigar con la declaración de Henri Parot, cuyo nombre apareció en una nota hallada en la celda de Abdelkrim Benesmail, a quien se le considera «lugarteniente» de Allekema Lamari, uno de los siete suicidados en el piso de Leganés. También se va a tratar la coincidencia temporal de dos viajes: el de los islamistas que llevaban a Madrid, desde Asturias, los explosivos que luego serían empleados en el atentado, y el de Gorka Vidal e Irkus Vadillo, igualmente testigos en el juicio del 11-M, quienes conducían una furgoneta cargada con más de media tonelada de explosivos para hacerlos estallar en un polígono industrial de la capital. Por si fuera poco, el Tribunal ha pedido la desclasificación de una nota del CNI sobre una entrevista con Suárez Trashorras en la que éste habría afirmado que Jamal Hamidan conocía a los etarras Vidal y Vadillo.

El enfoque judicial de estas pruebas no es otro que resolver hasta la última duda. Es muy razonable -y así lo reconoceríamos si nos lo contaran de otro país- que en el juicio por el mayor atentado cometido en España se deje un espacio a la organización terrorista que lleva cuarenta años asesinando. Pero más allá de este fundamento objetivo y de las razones concretas del Tribunal para aceptar las pruebas citadas, sólo hay pura especulación y un intento de endosar a la Justicia valoraciones de carácter político o de opinión publicada. Por otro lado, estas pruebas llegarán a un juicio oral ya muy avanzado, en el que los acusados empiezan a situar piezas fundamentales de la tesis de la Fiscalía, como hizo ayer Rachid Aglif, hombre de confianza de Jamal Hamidan, quien confirmó, como partícipe directo, el momento inicial del vínculo entre las tramas islamista y asturiana: una reunión en octubre de 2003, celebrada en un restaurante de comida rápida de Madrid.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Viaje hacia el centro de la operación” por Ernesto Ekaizer

Si posas la mirada sobre la pecera la escena se repite. No, lo interesante no son las caras de Rafá Zohuier, cuya vocación de bufón de programa rosa es algo tardía. Los que llaman la atención son Youssef Belhadj y Abdelmajid Bouchar.

Siguen sin perder detalle las declaraciones de todos los acusados. Prácticamente no hablan con nadie. Son lo que queda del estado mayor de la operación. Poco a poco, con sacacorchos, aquellos acusados que fueron los últimos en ver con vida, que diría Truman Capote, a Jamal Ahmidan, El Chino, van aportando detalles sobre la conspiración islamista radical que diseñó y ejecutó el atentado. Desde Rachid Aglif, presunto integrante del grupo terrorista, hasta Hamid Ahmidan, primo de Jamal, pasando por Saed El Harrak, o Mohamed Larbi.

Aglif conoció a El Chino desde muy pequeño. No parece tener dudas que lo que ocurrió el 11-M ha sido obra de su viejo amigo, quien cambió de personalidad después de regresar de Marruecos, donde pasó una temporada en la sombra. "Más serio, más cerrado, extremadamente religioso", explicó.

Fue Aglif quien participó en la reunión del McDonald's de Carabanchel, el 28 de octubre de 2003, en la cual El Chino se reunió con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. "Fui con Zohuier. Cuando llegamos no nos presentamos. A comer hamburguesas. Como yo no las como de carne, sino de pescado, y éstas siempre tardan más fui el último en subir al comedor. Me senté en una mesa aparte. Yo en sus cosas [de Ahmidan] no entro. Allí se iba a llevar rata y dinero", narró Aglif, refiriéndose al tráfico de drogas. Asegura que no oyó nada de explosivos.

Esta reunión es clave. La otra conspiración, aquella que impulsa el PP y que las asociaciones de víctimas vinculadas introducen en el juicio, busca por todos los medios desdibujarla. La abogada de la AVT, por ejemplo, preguntó a Aglif aquello que suele intentar sonsacar a casi todos los acusados.

- ¿Estaba usted vigilado por la policía o el CNI antes de los atentados?

- Eso me hubiera gustado. ¡Se sabría quién soy yo y lo que he hecho!, exclamó Aglif.

Quizá se hablara ayer demasiado de la guerra de Irak, sobre todo durante la declaración de Mohamed Larbi, un hombre que ha tenido vinculación directa con Mohamed Alfallah, presuntamente huido de la casa de Leganés donde se suicidaron siete terroristas, y de quien se sospecha que huyó de España rumbo a Bagdad. Larbi pudo haberlo ayudado en esta salida.

Sería por eso acaso que cuando llegó la declaración de Hamid Ahmidan, el abogado que representa a la asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, aun cuando Hamid anticipó que no respondería más que a las defensas, metió directamente a ETA. La idea es que cuando Hamid estuvo los días previos al atentado en la finca de Morata de Tajuña, había unos desconocidos con El Chino que se dedicaban a montar las bombas. ¿Quiénes eran esos desconocidos? Y, claro, el explosivo. ¿Aparte del explosivo de Asturias, alguien les proporcionó dinamita Titadyne?

No, no fue por la presencia de Irak en la sala. Se trata de bombardear el juicio no sólo desde fuera, es decir, desde los terminales mediáticos de la otra conspiración, sino también desde dentro.

Publicado por el diario EL PAIS el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Las Victimas (22 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 6:00, Categoría: Victimas

Testimonios (Laura Jiménez): Tres años de onda expansiva

MADRID. - El otro día Laura miró la tele de refilón y vio a uno de los acusados reírse. Aquella hilera de dientes presuntamente terroristas le mordió la mañana entera, como si la bomba que la dejó sin aire hace tres años en un tren hubiera explotado ahora en el salón de casa. «No me gustó. Dejé de seguir el juicio. No quiero verles la cara. No les odio, ni siento venganza. Aquel 11 de Marzo acabó una vida mía y empezó otra. Me repartieron otras cartas y estoy demasiado ocupada en aprender a jugarlas como para que mi cabeza piense en los que pusieron las bombas».

Quizá usted conozca a Laura, esa chica de Alcalá de Henares que supo de su embarazo un día antes del atentado, que estuvo ocho días en coma y tan hinchada que no cabía en la cama del Gregorio Marañón, que se quedó sin la quinta vértebra por desintegración, que salía en las radiografías sin pulmones, menudo álbum de fotos privadas. Se trata de esa chica que se sentó aquella mañana de marzo y que sigue sentada esta noche de febrero, una silla de ruedas «que un día tengo debajo del culo y otro, metida en la cabeza».

Laura ha hablado para los periódicos y para las televisiones, ha estado en manifestaciones y en congresos, ha dado la cara con sus piernas. Pero está cerca de la retirada. «Creo que ésta va a ser la última entrevista que doy. Estoy harta de que los políticos nos usan para su provecho. Al principio éramos víctimas, ahora somos objetos útiles. Nos clasifican: 'Tú, de derechas; tú, de izquierdas'. Si eres de una asociación, apoyas tal teoría y estás contra el Gobierno. Si eres de otra, te ríes de la teoría y apoyas al Gobierno. Me dan asco».

Antes del atentado, Laura botaba y votaba. Usaba las piernas para saltar y la cabeza para vivir la política. «Yo era una persona convencida de mis ideas, debatía con mis amigos y votaba en todas las elecciones. Pero no volveré a votar. Ya ni siquiera siento la solidaridad ciudadana de antes. La política se ha infiltrado hasta en los amigos. Todo se está pudriendo. El otro día le pedí a uno que intentara ver que la política estaba haciendo que la gente nos olvidase como seres que aún sufrimos. Me avergüenzo de nuestra clase política. A veces querría vivir fuera de España y ser sólo lo que soy».

¿Y tú qué eres, Laura? «Yo tengo que hacer mi vida, no seguir siendo víctima toda mi vida. Si tuviera 60 años, a lo mejor. Pero la bomba me estalló a los 28 y ya no quiero más vueltas y vueltas».

Las vueltas las ponen las ruedas de su silla, esos pies redondos que mueve con las manos y que le recuerdan su «segunda vida», como dice ella. La silla le ha traído ocupaciones nuevas, más tiempo para la familia y un poco de terapia profesional para ir tirando. Cuando un sobreviviente habla, siempre dice que le importan cosas que antes no le importaban. A Laura también le pasa, pero eso sólo la consuela la mitad. «Me encantaría tener los problemas de coco que tenía antes del atentado».

A Laura se le salen las sinceridades por la boca, ni esa imagen de víctimas sobrehumanas que pueden con todo ni el tremendismo lagrimal que hay en quien ensaya ante las cámaras.

Al lado de un mal rollo convive la vida, tan cabezona. «Yo celebro cada 11 de marzo. Mi novio y yo nos juntamos con mis hermanos y sus parejas y nos vamos a cenar por todo lo alto. Ellos dicen que ese día nací otra vez. En el hospital les dijeron que yo era joven y que los milagros existían. Me inculcaron tanto esa idea que es como si tuviera dos cumpleaños».

El milagro todavía no se lo explica la enfermera que sigue cruzándose cartas y llamadas con Laura. Cuando llegó al hospital, era una víctima sin posibilidades, un cuerpo sin cara sólo reconocible por una marca de nacimiento en la frente intacta. Laura oyó a la enfermera pedir a gritos una radiografía y tuvo un instante de consciencia para negar con el brazo y señalarse la tripa embarazada. Después, el sueño del coma le ahorró unos días la mala noticia del aborto involuntario, quién sabe si otra vida menos en las cuentas de los terroristas.

En el hospital no le encontraban los pulmones, ni la vértebra que picoteó tanto el canal medular. «Toda la explosión se me quedó dentro... en todos los sentidos. El embarazo me duró un día. Ahora tengo una vida más chunga y me joroba tener miedo a los lugares muy concurridos o incluso a ponerme de pie. Puedo estar un rato de pie, pero tengo miedo. Es como si ellos hubieran ganado. Pero sé que al final ganaré yo. Les contaré a mis hijos quiénes, cómo, cuándo y por qué pusieron las bombas». Ese día, habrá que hacer otra entrevista.

Una información de Rafael J. Alvarez publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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