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Juicio 11-M: Opiniones (22 de febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 6:30, Categoría: Opiniones

“Subalternos y fantasmas” por Victoria Prego

De todas las declaraciones que se produjeron ayer en este juicio que lleva ritmo de paso ligero y en el que el presidente sigue sin permitir que el proceso se le desmadeje, la más interesante, por más misteriosa, fue la última. Al filo de las 19.00 horas habló Hamid Ahmidan, un marroquí de 30 años que tiene el especial interés de ser primo de uno de los más destacados suicidas de Leganés, 'El Chino'.

No era la primera vez, sino la segunda, que la sala oía a un procesado decir que en los últimos días de febrero y los primeros de marzo no pudo ir a trabajar a la finca de Morata de Tajuña porque su primo no le dejó entrar. La razón: que estaba allí «una mujer con sus hijos». El otro peón que le hacía por entonces las chapuzas a 'El Chino' en la parcela había contado eso mismo al tribunal 24 horas antes. Pero ni uno ni otro fueron capaces de dar indicación alguna sobre la identidad de esos personajes fantasmales de los cuales los dos procesados hablan, pero a los que ninguno conoce y por los que nadie pregunta tampoco. Todas las preguntas posibles quedaron sin respuesta y quedó también la duda de si este hombre, el primo del suicida, hubiera ofrecido alguna precisión más si se hubiera avenido a responder a las cuestiones del fiscal y de las acusaciones. No fue así, de modo que quedamos pendientes de que llegue el momento de las pruebas y de los testigos.

El resto de la jornada dejó algunos rastros reconocibles en mitad de este bosque desdibujado y oscuro. Uno de esos rastros es la constatación de que, incluso en las intervenciones de los supuestos organizadores de la matanza y de sus autores materiales, la investigación está merodeando en torno a ellos en busca de una implicación que ya es inútil buscar: la de los muertos. Y que, después de haber pasado el lápiz una y otra vez sobre esas efigies desaparecidas, entrevemos un paisaje compuesto por gentes de segunda o tercera categoría, mozos de espadas -mozos de sangre habría que decir- de esos sujetos ausentes a cuyo servicio estos otros actuaban.

El otro rastro es el de que nos movemos en dirección centrífuga, del centro hacia la periferia de la responsabilidad de la matanza. Y que, acusado a acusado, hemos entrado de lleno en el terreno de los meros ayudantes de esta espeluznante operación. Nos acercamos así al borde de este primer círculo pero ya se intuye que, haciendo tangente con él, existe otro. Trasunto de lo que éste nos reserva sí que tenemos, porque en el que aún estamos recorriendo han aparecido ya los primeros aromas del segundo. Hablo de la información que la Policía, la Guardia Civil y los servicios secretos tenían de todo esto y de todos éstos.

Ha habido bastantes preguntas, pero de momento sólo espolvoreadas, sobre el grado de información que los acusados tenían de los seguimientos policiales a que estaban siendo sometidos. Muy pocos han dicho estar enterados de tal cosa. Pero la reiterada mención del asunto no ha pasado desapercibida. Es evidente, pues, que no falta mucho para que empiece a declarar el primero de los que se confiesan públicamente como confidentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y será entonces cuando vuelva a plantearse, gigantesca, la pregunta de por qué, con tantísima información adquirida, con tanto y tan exhaustivo conocimiento de las andanzas y actividades de estos sujetos, pudo llegar el 11 de Marzo y pudieron actuar con libertad escandalosa unos individuos que llevaron a la Policía cosida a los talones hasta el último minuto antes del crimen.

Y, entreverada en esta última consideración, la asombrosa constatación de la afición desmedida de todos los procesados por acumular uno, dos, tres y hasta cinco teléfonos móviles con tarjetas distintas, que manejaban con soltura de contorsionista electrónico. No hay uno que diga tener un solo teléfono, un solo número y una sola tarjeta, como los simples mortales. Pero, con afición y todo, con tanto cruce de comunicaciones, con tanto jeroglífico, resulta inaudito que no hayan caído en que detrás de sus conversaciones pudiera haber unos oídos expertos y que, llegada la hora de echarles el guante -demasiado tarde, eso sí- los periplos de todos estos Marco Polo de la yihad asesina pasarían a un minucioso mapa de papel que les cerraría toda posible escapatoria. Lo cual, por cierto, nos habla al mismo tiempo de su incapacidad para tanto.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El juez, héroe por un día” por Victor De la Serna

El incidente del abogado que intentó introducir en el juicio del 11-M la foto de un temporizador de los que utiliza ETA, intento rechazado de inmediato por el juez, sirvió ayer para que los medios que denuncian teorías de la conspiración se desencadenasen contra lo que ven como otra maniobra de los conspiracionófilos. Calle de la conspiración, esquina a engaño, titulaba el otrora frío y factual El País; Gómez Bermúdez aborta otro intento de meter a ETA en la vista del 11-M, decía ABC. En la Ser también estuvieron abriendo sus informativos con esta noticia, que La Vanguardia llevaba también a su portada.

Así iniciaba El País su información: «La vista oral por el mayor atentado en la historia de España destapó ayer una de las múltiples trampas en las que se sostiene la teoría de la conspiración».

En la tertulia matutina de TVE-1, la reacción firme del juez Gómez Bermúdez impidiendo la presentación de un documento gráfico no incluido en el sumario daba pie al periodista Eduardo San Martín para resaltar el estilo ecuánime del magistrado, recordando que ha sido fustigado y recusado desde la izquierda, y que más valdría dejar de encasillar a los jueces en sus supuestas posturas ideológicas, porque luego se demuestra, como en este caso, que son capaces de una actuación profesional e independiente. Algo mohíno, Enric Sopena le replicaba que tanta crítica y acoso previos habrán tenido la virtud de desalentar al juez en el caso de que hubiese tenido la menor tentación de dejarse llevar por su derechismo. Así que Sopena se apunta a las bondades de la descalificación preventiva. En todo caso, miren por dónde, Gómez Bermúdez se convierte en el héroe del juicio. Héroe por un día, al menos.

El desfile de presuntos autores y colaboradores va creando impresiones sobre su catadura. De ello sacan conclusiones Germán Yanke, en ABC, y Victoria Prego, en EL MUNDO. Yanke: «Poco a poco se va viendo la quiebra de tanta declaración exculpatoria, de tanto aparente despistado sentado en el banquillo sin saber nada». Prego, sobre Otman Gnaoui: «Se escabulló con extraordinaria torpeza y sus murmullos se estrellaron contra el silencio de la sala y quedaron ahí desnudos, flotando en el aire. En el aire y en las muchas pantallas de plasma que cuelgan de las paredes del recinto, que demostraban, una y otra vez, que había vuelto a mentir».

En las tertulias, como quien no quiere la cosa, se intercala la próxima manifestación de la AVT y se fustiga al PP por participar. De poco le va a servir a Angel Acebes reiterar en Onda Cero: «Nosotros no nos manifestamos contra la sentencia del Tribunal Supremo. Nos manifestamos en apoyo a las víctimas de De Juana Chaos». Interesa hacer ver que el PP y la AVT van contra la Justicia, y volverán a la carga.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Empieza la campaña” por Luis del Pino

Reunión. Declaración de Rachid Aglif, amigo del confidente Zouhier y extraído como él del mundo sórdido de la noche. Nos adentramos en la versión oficial. Inseguro y nervioso, nos ha hablado de la reunión en una hamburguesería donde, supuestamente, se pactó la entrega de los explosivos. Seguimos sin saber qué se habló o quién lo habló allí, pero tiempo habrá de discutir prolijamente sobre esta escena cumbre de la versión oficial cuando declaren los asturianos.

Esperpento. La declaración de Abdelilah Fadoual, supuesto lugarteniente de El Chino, ha sido esperpéntica, por no decir delirante. El juez ha tenido que emplearse a fondo para cortar sus peroratas muchas veces incomprensibles. ¿Es éste un peligroso terrorista islámico? Algún detalle nuevo: resulta que El Chino tenía un bar. ¿Por qué no nos habían hablado de los aspectos empresariales de la vida de Jamal Ahmidan? Referencias también en la declaración a Hicham Ahmidan, el gran ausente de este juicio. ¿Cómo es posible que nadie le haya interrogado ni siquiera dentro del sumario?

Testamento. Saed Harrak niega, como ya esperábamos, que él tuviera ningún testamento de Abdenabi Kounjaa y manifiesta su extrañeza por que Kounjaa se suicidase. Ya sabíamos que ese testamento era falso, pero Harrak corrobora que nunca pasó por sus manos ese manuscrito que terminó apareciendo, como tantas pruebas de este caso, en la comisaría de Canillas.

Marejada. La atención, sin embargo, va derivando hacia el exterior de la sala. Como cabía esperar, en los medios del Grupo Prisa se ha desatado ya la campaña contra el abogado de Jamal Zougam, que tanto daño ha hecho a la versión oficial. La decisión de este abogado de que sus defendidos sí contestarán a todas las preguntas ha forzado a cambiar la estrategia del resto de las defensas. Ahora casi todos responden a los abogados de las acusaciones. Mal pintan las cosas para la versión oficial y empiezan a cundir los nervios. Estén atentos a los acontecimientos.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Crónicas del subsuelo” por David Gistau

Ayer no fueron los adoctrinados, los guerreros santos erizados por las diversas siglas de la yihad y envenenados por una pretensión de eternidad y de castigo. La sala de la Casa de Campo fue tomada por personajes subterráneos, malevos de cabotaje que recordaban al moromierda de Makinavaja y que siempre han estado ahí, en los barrios de neones, en la Isla Tortuga de Lavapiés, pasando chocolate o atentos al bolso que se descuida.

Incluso 'El Egipcio' les despreció. Él, que hasta entonces había seguido los interrogatorios como si quisiera influir en las respuestas mediante telepatía, se desprendió esta vez de los auriculares de la traducción simultánea y se dedicó a mirar el techo en uno de los bancos del fondo. Como si nada de lo que fueran a decir estos mindundis con hábito carcelario para los que un amigo es alguien a quien «colocar el marrón» pudiera llegar tan alto como para comprometerle. Los suburbios de la conspiración: viejos conocidos de la Policía, infiltrados, controlados que, sin embargo, esquivaron todos los diques de contención.

Rachid, 'El Conejo', Aglif, con su rostro fallido, como aplastado contra un cristal, introdujo el asunto de la trama asturiana. Esa reunión de cutres del lumpen en un McDonald's de Carabanchel donde habría sido negociado con Trashorras el contrabando de explosivos.

Surge de ese encuentro la figura de uno de los suicidas de Leganés: Jamal Ahmidan, 'El Chino'. Un chorizo y traficante de poca monta que regresó «cambiado», iluminado, de un viaje a Marruecos en 2003, y que a partir de entonces habría aprovechado sus recursos y contactos de delincuente habitual para conectar una trama terrorista con los proveedores. 'El Conejo' no soportó la tensión del interrogatorio. No está adiestrado por ningún manual de comportamiento yihadista y, habituado al trapicheo, se le vio desbordado por la inmensa gravedad de lo que se dirime en la Casa de Campo.

En la jaula, los acusados suelen animar con algún gesto cómplice al que es llamado por Gómez Bermúdez para protagonizar en el estrado unos minutos de fama que nada tienen que ver con los que mencionó Andy Warhol. Aglif acudió a los suyos con tanta congoja, con tantas ganas de pasar el trago cuanto antes, que hasta aventuró un «No sé nada de lo que va usted a preguntarme» que convirtió en parodia la estrategia colectiva de la negación.

Provocó en Zouhier tales gestos de desagrado que Gómez Bermúdez expulsó a éste con un tono que lo mismo habría servido para obligar a un alumno díscolo a sujetar dos libros con los brazos en cruz, como en Zipi y Zape. Zouhier sí tiene prisa por ser protagonista, por hablar. Su permanente actuación algo histriónica contrasta con la discreción de las víctimas sentadas en las butacas más distanciadas de la urna. Éstas ni siquiera quieren trabar miradas desafiantes con los acusados: se acarician y alientan para sostenerse, se contentan con aguantar la fatiga y el dolor, la cercanía de esos monstruos personales que siempre encuentran alguna excusa para reír. Como en el clásico etarra, también en este caso nuestras lágrimas son sus carcajadas.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Los islamistas negocian en McDonald´s” por F. Velasco

Las sesiones del juicio van dejando algunas aficiones comunes a gran parte de quienes se están jugando su futuro, en todo caso mucho más despejado que el de los 191 que lo dejaron enterrado ese fatídico 11-M y de las miles de familias que no pueden expulsar esos dramáticos momentos. Son aficiones, la de esos que se partían de risa en su urna blindada, que están muy lejos de las que deben practicar los buenos musulmanes. Hasta ahora, hemos comprobado cómo las rutas discotequeras formaban parte de sus noches y las chicas, ay las chicas, siempre aparecen por uno u otro lado. Cuando no es Tánger es en la disco de moda de Madrid. Siempre como tapadera, como escudo para detener las lanzas de preguntas más que comprometidas.

Así que mucha música nocturna y todo lo que hay a su alrededor. Pero nada más, eh, que quede claro. ¿Carne? Ni pensarlo, si no hay garantías de que el pobre animal ha sido sacrificado conforme mandan los cánones del halal. Bien clarito lo dejó ayer Rachid Aglif, conocido como «El Conejo». Todo el mundo le preguntaba, una y otra vez, por la reunión de amigos en un McDonald´s de Madrid, y todos querían que saliera de la madriguera y sacara a relucir si, entre hamburguesas y patatas con ketchup, se habló algo, por pura casualidad, de venta de explosivos. Pero él, a lo suyo. Que no, que no, que nada de nada, que incluso se sumó tarde a la tertulia que mantenían el ex minero Trashorras, su ex mujer, «El Chino», y Rafa Zouhier, que se está haciendo más popular que el linier de «Rafa, no me jodas». Y todo porque su pedido, una hamburguesa de pescado -como está mandado-, tardaba más que la de carne.

No escuchó nada, sólo de una pequeña operación comercial de hachís, nada de importancia. Por eso tuvo tiempo de percatarse de que la chica era un tanto «heavy». Un pequeño detalle sobre el que le falló el subconsciente. Estaba «El Conejo» enrocado cual partida de ajedrez en que no tenía nada que ver con el trapicheo de hachís, ni nada de eso, y no había quien le sacara de ahí. El fiscal, erre que erre, paciente, que para eso era su debut, y no se le ocurre otra cosa que pedir que se lea parte de la declaración que realizó al ser detenido. Y como estamos sobrados con las nuevas tecnologías en los juicios, ahí que se proyecta en pantalla, y justito una frase detrás de esa minucia en la que se había empeñado el fiscal, aparece, mire usted por dónde, que la joven que estaba en esa tertulia le pareció hace casi dos años «heavy». Exactamente igual que ayer. Será pura coincidencia. Será otra «burrada», escondite favorito de este «animal».

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ni sombra de Moussaoui” por J. L. Castaneda

Si la primera semana del juicio nos dejó el insólito titular de que los supuestos ideólogos de Al Qaida condenaban los atentados del 11-M, las sesiones de esta semana nos dejan otro «lead» no menos sorprendente: los presuntos mártires de Al Qaida escaparon por dos veces de su propio suicidio. Zougam, Ghalyoun y Bouchar, los únicos tres acusados por poner las bombas del 11-M, no se inmolaron en los trenes, como los fanáticos kamikazes de Nueva York, Bali, Casablanca o Londres, pero tampoco en el piso de Leganés. Serían, según la acusación, supervivientes de sí mismos por partida doble.

Aunque para algunos todo empieza a encajar después de estos primeros días del juicio, la sensación puede ser más bien la de que todo está más desencajado que nunca. Las preguntas del fiscal y de las acusaciones particulares han podido desentrañar parte de la madeja de amistades peligrosas de los que se sientan en el banquillo. La gran asignatura es hallar la piedra filosofal que convierta esas amistades peligrosas en una bárbara masacre con 192 muertos y 1.800 heridos.

La primera sorpresa ha sido la de no ver reproducida hasta el momento en ninguno de los procesados la actitud chulesca e intimidante a la que los etarras nos tienen acostumbrados desde hace décadas en sus juicios. Se les supone a los terroristas islámicos un mayor grado de fanatismo que a los terroristas nacionalistas. A lo mejor estábamos equivocados.

Segunda sorpresa. La fiscal Sánchez aseguraba que el 11-M emanaba directamente de una alocución de Bin Laden, pero sus supuestos esbirros en España, «El Egipcio», El Haski y Belhadj, señalados por la acusación como «cerebros» de la masacre, le han negado tres veces como San Pedro. Con ello, hurtaron la posibilidad de revivir aquí el juicio contra Zacarías Moussaoui, el único procesado en los Estados Unidos por los atentados del 11-S en Nueva York y Washington.

Condenado el año pasado a cadena perpetua, Moussaoui no sólo reconoció que su cometido en el 11-S era estrellar un avión contra la Casa Blanca, sino que se declaró culpable, admitió formar parte de Al Qaida y llegó a jurar lealtad a Bin Laden. No hay sombra de este comportamiento en la sala de la Casa de Campo, si bien nada concluye que los miembros de Al Qaida o de cualquiera de sus grupos adyacentes tengan que responder en todas las latitudes a las mismas pautas.

Tercera sorpresa. Los procesados del 11-M se defienden ante las acusaciones con uñas y dientes, sobre todo los que sienten el peso de los 38.656 años de cárcel sobre sus cabezas, por ser los supuestos autores materiales de la matanza. Lo hacen unos mejor que otros. Ghalyoun, provisto de notas y documentos, se lo tomó como una reválida. Bouchar cayó en el estado de confusión que la endorfina provoca en los corredores de fondo, sobre todo cuando se les pregunta si pertenecen a los servicios secretos de algún país.

La huida de Bouchar

El día del presunto suicidio de la célula de «El Tunecino», Bouchar salió a la carrera, según la Policía, del piso de Leganés, sin haber digerido un hueso de aceituna y otro de dátil, y olvidándose el pasaporte. Después de cruzarse siete países europeos, en uno de los cuales pidió asilo político, y ser detenido en Serbia, ¿de quién sigue huyendo?

El que mejor se defendió fue Zougam, ayudado sin duda por la fragilidad del sumario en cuanto a los motivos de su imputación delictiva. No hay rastros de su ADN ni de sus huellas dactilares en ningún escenario vinculado con la matanza: Renault Kangoo, Skoda, casa de Morata, Leganés... Sembró dudas de forma bastante convincente sobre los reconocimientos practicados por los testigos que dijeron verle en los trenes de El Pozo y Santa Eugenia.

Además, Zougam le endosó con toda naturalidad a su socio Bekali, detenido el 12-M y luego puesto en libertad sin cargos, la custodia y venta de las tarjetas de los móviles supuestamente empleados en las bombas. En definitiva, y por lo que respecta a Zougam, quien esperase ver «al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos», se habrá decepcionado.

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Un tonto puede hacerlo” por Edurne Uriarte

«El poner una bomba, el meter cincuenta o cien kilos en un coche y hacerlo explosionar, pues era la cosa más sencilla del mundo. Cualquier tonto lo podía hacer (...) La única obsesión que teníamos era crear el máximo miedo y daño posible a los madrileños (...) Solíamos oír a la gente que decía, joder, es que yo acepto cualquier postura política, pero es que la violencia es una cosa que yo no puedo aceptar. Y nosotros nos reíamos. Y decíamos, joder, ¿la violencia? La violencia es la que hacéis vosotros.» (palabras de un viejo etarra recogidas por Fernando Reinares en su libro Patriotas de la muerte).

Que cualquier tonto puede hacer estallar una bomba, lo sabíamos, aunque es indudable que el reconocimiento del propio terrorista es un testimonio de autoridad. Lo sabíamos hasta el 11-M, hasta que algunos han introducido una variante inusitada en el análisis del terrorismo que es la inteligencia. Insisten estos días en que los islamistas identificados como supuestos autores de la matanza no son los suficientemente inteligentes para prepararla. Cuando cientos de biografías de etarras nos han mostrado que la inteligencia es un requisito muy secundario cuando de matanzas se trata. Y cuando la historia de ETA nos enseña que una sociedad puede vivir completamente condicionada durante décadas, no por la inteligencia de los terroristas, sino por el terror que provocan.

El problema de los introductores de la variable de la inteligencia es evidentemente otro, la negativa a reconocer la integración de los islamistas juzgados en España en una red terrorista internacional. O la negativa a otorgar credibilidad a las reivindicaciones del 11-M realizadas por el fundamentalismo. O la negativa a aceptar la realidad de las amenazas de los líderes de Al Qaida contra España.

Pero he aquí que sólo en 2006 España está explícitamente señalada como objetivo en al menos cuatro comunicados del número dos de Al Qaida, Ayman al Zawahiri. En marzo, en julio, en septiembre y en diciembre. Ésa es la autoría intelectual, que no inteligente, del 11-M, y de lo que vendrá, en España o en cualquier otro lugar de Europa.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“ETA y el 11-M” por Jesús Zarzalejos

Aunque ahora no se insista mucho en ello -a pesar de todo lo que se ha dicho al respecto en los dos últimos años-, en el juicio del 11-M se van a abordar los supuestos indicios de la relación de ETA con este atentado. Sólo el empeño de convertir a ETA en tabú absoluto o, por el contrario, en la mano oculta del atentado, ha distorsionado lo que, desde el principio, debería haber sido un capítulo normal de este proceso.

El Tribunal del 11-M rechazó el pasado martes que se mostrara a un acusado la fotografía de un detonador utilizado habitualmente por ETA, pues tal imagen no formaba parte del sumario. La decisión de la Sala fue acertada porque no hay razón para meter a ETA en el juicio por la puerta de atrás, cuando están admitidas pruebas que van directamente a los hechos que aparentan -y sólo esto- un vínculo entre la organización etarra y el atentado. El ámbito carcelario se va a investigar con la declaración de Henri Parot, cuyo nombre apareció en una nota hallada en la celda de Abdelkrim Benesmail, a quien se le considera «lugarteniente» de Allekema Lamari, uno de los siete suicidados en el piso de Leganés. También se va a tratar la coincidencia temporal de dos viajes: el de los islamistas que llevaban a Madrid, desde Asturias, los explosivos que luego serían empleados en el atentado, y el de Gorka Vidal e Irkus Vadillo, igualmente testigos en el juicio del 11-M, quienes conducían una furgoneta cargada con más de media tonelada de explosivos para hacerlos estallar en un polígono industrial de la capital. Por si fuera poco, el Tribunal ha pedido la desclasificación de una nota del CNI sobre una entrevista con Suárez Trashorras en la que éste habría afirmado que Jamal Hamidan conocía a los etarras Vidal y Vadillo.

El enfoque judicial de estas pruebas no es otro que resolver hasta la última duda. Es muy razonable -y así lo reconoceríamos si nos lo contaran de otro país- que en el juicio por el mayor atentado cometido en España se deje un espacio a la organización terrorista que lleva cuarenta años asesinando. Pero más allá de este fundamento objetivo y de las razones concretas del Tribunal para aceptar las pruebas citadas, sólo hay pura especulación y un intento de endosar a la Justicia valoraciones de carácter político o de opinión publicada. Por otro lado, estas pruebas llegarán a un juicio oral ya muy avanzado, en el que los acusados empiezan a situar piezas fundamentales de la tesis de la Fiscalía, como hizo ayer Rachid Aglif, hombre de confianza de Jamal Hamidan, quien confirmó, como partícipe directo, el momento inicial del vínculo entre las tramas islamista y asturiana: una reunión en octubre de 2003, celebrada en un restaurante de comida rápida de Madrid.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Viaje hacia el centro de la operación” por Ernesto Ekaizer

Si posas la mirada sobre la pecera la escena se repite. No, lo interesante no son las caras de Rafá Zohuier, cuya vocación de bufón de programa rosa es algo tardía. Los que llaman la atención son Youssef Belhadj y Abdelmajid Bouchar.

Siguen sin perder detalle las declaraciones de todos los acusados. Prácticamente no hablan con nadie. Son lo que queda del estado mayor de la operación. Poco a poco, con sacacorchos, aquellos acusados que fueron los últimos en ver con vida, que diría Truman Capote, a Jamal Ahmidan, El Chino, van aportando detalles sobre la conspiración islamista radical que diseñó y ejecutó el atentado. Desde Rachid Aglif, presunto integrante del grupo terrorista, hasta Hamid Ahmidan, primo de Jamal, pasando por Saed El Harrak, o Mohamed Larbi.

Aglif conoció a El Chino desde muy pequeño. No parece tener dudas que lo que ocurrió el 11-M ha sido obra de su viejo amigo, quien cambió de personalidad después de regresar de Marruecos, donde pasó una temporada en la sombra. "Más serio, más cerrado, extremadamente religioso", explicó.

Fue Aglif quien participó en la reunión del McDonald's de Carabanchel, el 28 de octubre de 2003, en la cual El Chino se reunió con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. "Fui con Zohuier. Cuando llegamos no nos presentamos. A comer hamburguesas. Como yo no las como de carne, sino de pescado, y éstas siempre tardan más fui el último en subir al comedor. Me senté en una mesa aparte. Yo en sus cosas [de Ahmidan] no entro. Allí se iba a llevar rata y dinero", narró Aglif, refiriéndose al tráfico de drogas. Asegura que no oyó nada de explosivos.

Esta reunión es clave. La otra conspiración, aquella que impulsa el PP y que las asociaciones de víctimas vinculadas introducen en el juicio, busca por todos los medios desdibujarla. La abogada de la AVT, por ejemplo, preguntó a Aglif aquello que suele intentar sonsacar a casi todos los acusados.

- ¿Estaba usted vigilado por la policía o el CNI antes de los atentados?

- Eso me hubiera gustado. ¡Se sabría quién soy yo y lo que he hecho!, exclamó Aglif.

Quizá se hablara ayer demasiado de la guerra de Irak, sobre todo durante la declaración de Mohamed Larbi, un hombre que ha tenido vinculación directa con Mohamed Alfallah, presuntamente huido de la casa de Leganés donde se suicidaron siete terroristas, y de quien se sospecha que huyó de España rumbo a Bagdad. Larbi pudo haberlo ayudado en esta salida.

Sería por eso acaso que cuando llegó la declaración de Hamid Ahmidan, el abogado que representa a la asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, aun cuando Hamid anticipó que no respondería más que a las defensas, metió directamente a ETA. La idea es que cuando Hamid estuvo los días previos al atentado en la finca de Morata de Tajuña, había unos desconocidos con El Chino que se dedicaban a montar las bombas. ¿Quiénes eran esos desconocidos? Y, claro, el explosivo. ¿Aparte del explosivo de Asturias, alguien les proporcionó dinamita Titadyne?

No, no fue por la presencia de Irak en la sala. Se trata de bombardear el juicio no sólo desde fuera, es decir, desde los terminales mediáticos de la otra conspiración, sino también desde dentro.

Publicado por el diario EL PAIS el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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