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Juicio 11-M: LA RAZON (26 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

Diez testimonios para aclarar la «trama asturiana»

Los nueve acusados de dar los explosivos a los islamistas y Zouhier, que supuestamente les puso en contacto, declaran esta semana en el juicio

Madrid - Finales de septiembre de 2001. El confidente policial Rafa Zouhier ingresa en la cárcel de Villabona (Asturias) y poco después conoce a otro recluso, Antonio Toro, en prisión provisional por la «operación Pipol» (por la que finalmente sería condenado a once años y medio de prisión por tráfico de drogas y explosivos). Antes de que Toro saliera de prisión cuatro días antes de Nochebuena, Zouhier entra en contacto con alguien que visitaba frecuentemente a Toro, su cuñado Emilio Suárez Trashorras. Así comenzaron a entretejerse, dos años antes del 11-M, los primeros hilos de una trama, la asturiana, acerca de la que se han vertido miles de palabras y no pocas controversias. Sobre sus nueve supuestos integrantes, todos ellos españoles, pesa una acusación que pone los pelos de punta: haber suministrado a la célula islamista responsable de la matanza en los trenes los explosivos necesarios para cometer los atentados, que habrían sustraído de la asturiana «mina Conchita» en los meses inmediatamente anteriores al 11-M. Tres años después, el tribunal que juzga a los supuestos culpables de los atentados escuchará, previsiblemente a partir de mañana, a los protagonistas de esta red acusada de traficar con explosivos a cambio de droga y de trasladar ese material a Madrid, en enero y febrero de 2004, para ponerlo a disposición de los terroristas islamistas encabezados por Jamal Ahmidan «El Chino», uno de los suicidas de Leganés.

La «trama asturiana» no se gestó en una cabaña recóndita de Picos de Europa ni en la trastienda de un negocio «tapadera». Ni mucho menos. El primer «cara a cara» entre el grupo de asturianos y los islamistas, un 28 de octubre de 2003, se produjo en un lugar desprovisto de misterio: un McDonalds del madrileño barrio de Carabanchel, una reunión que se repetiría, quince días después, en otro McDonalds (qué afición) de la capital. Éstos son los nueve procesados relacionados con la trama:

Suárez Trashorras: encabeza, con 38.670 años, las peticiones de prisión efectuadas por la Fiscalía. Tras salir de prisión, Zouhier a principios de 2002 se puso en contacto con él. El tráfico de hachís les unió, pero ya entonces Trashorras y Toro «ofrecían a los conocidos la posibilidad de proporcionar sustancias explosivas a cambio de drogas», un hecho que Zouhier denunció a la Guardia Civil según la fiscal.

Trashorras -que trabajó en «mina Conchita» de 1998 a 2002, hasta que le dieron la baja por depresión- asistió a las reuniones en las que se cerró la entrega de los explosivos (cerca de 200 kilos) a cambio de hachís. Por si fuera poco, envió a dos procesados a Madrid (Sergio Álvarez «Amokachi» y Antonio Iván Reis) con bolsas de explosivos para que se las entregaran a los terroristas, así como al menor Gabriel Montoya «El Gitanillo», ya condenado por estos hechos. Además, él mismo facilitó supuestamente la última remesa a los terroristas, encabezados por «El Chino», el 28 de febrero de 2004. Y lo hizo sabiendo que esas cantidades de Goma-2 Eco «podrían ser empleadas para la ejecución de acciones terroristas de gran envergadura». La Audiencia Provincial de Asturias le ha condenado recientemente a diez años de cárcel por tráfico de drogas y explosivos.

Antonio Toro: cuñado de Trashorras (casado con su hermana Carmen, también procesada), fue el encargado de poner en contacto a éste con Zouhier, a quien conocía de la cárcel. También estuvo, según la Fiscalía, en la segunda de las reuniones en las que «se trató del impago de la droga entregada así como del suministro de una cantidad de explosivos». Actualmente en prisión, se enfrenta a una pena de 23 años de cárcel por colaboración con organización terrorista, suministro de sustancias explosivas y asociación ilícita.

Carmen Toro: la mujer de Trashorras asistió a las dos citas con los terroristas. En la primera, según declaró en el juicio Rachid Aglif «El Conejo», se sentó en una mesa aparte, algo que abona lo que ella sostiene: que no se enteró de nada de lo que allí se habló. No obstante, durante la madrugada del 4 de marzo de 2004, cuando su marido envió al menor Gabriel Montoya a Madrid a recoger el Toyota Corolla utilizado por los terroristas para trasladar parte de los explosivos, «se produjeron abundantes contactos telefónicos» entre ella y Trashorras y «numerosísimas llamadas a lo largo del día». La fiscal pide para la acusada cuatro años de cárcel por suministro de explosivos.

Emilio Llano: vigilante de «mina Conchita», según la Fiscalía «omitió cualquier control y vigilancia, incumpliendo las normas de seguridad establecidas». La situación de «descontrol y desidia» a la que no puso coto permitió a Trashorras obtener la Goma-2 Eco y los detonadores que supuestamente entregó a los islamistas. Se enfrenta a cinco años de cárcel por suministro de explosivos.

Sergio Álvarez y Antonio Iván Reis: trasladaron parte de la dinamita a Madrid a cambio de droga, el primero el 4 de enero de 2004 y el segundo cinco días después. Viajaron en autobús y entregaron las mochilas a «El Chino» nada más llegar. Se enfrentan a ocho años de prisión cada uno.

Iván Granados: el ex minero se negó a realizar una de las entregas, pero acompañó a Suárez Trashorras a «mina Conchita» a sustraer explosivos y «era conocedor» de las operaciones que éste llevaba a cabo. La fiscal pide para él ocho años de cárcel.

Javier González Díaz: amigo de Trashorras y ex minero como él, «El Dinamita» le ayudó en una ocasión a sustraer los explosivos. Se enfrenta a ocho años de cárcel.

Raúl González: también acompañó a Trashorras en una de esas «excursiones». «El Rulo» era, según la Fiscalía, «el minero que le proporcionaba los explosivos». Piden para él ocho años de prisión.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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