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Juicio 11-M: Sesión del 26 de Febrero de 2007 (ABC)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 9:40, Categoría: Juicio 11-M

  

«El Egipcio» afirma que la voz de las cintas no es la suya

Se defiende de su confesión sobre la autoría del 11-M y atribuye el «malentendido» a errores de traducción

MADRID. «Escuché esta grabación con mi abogado durante este fin de semana más de cinco veces y lo que está claro es que no se entiende nada porque hay mucho ruido. Esa voz no es mía. Además, las traducciones son defectuosas en un 80 por ciento». El hombre que pronunció estas palabras es Rabei Osman el Sayed «El Egipcio», procesado como autor intelectual de los atentados del 11-M. Ayer volvió a declarar para responder a la parte del interrogatorio de su defensa que se refería a las conversaciones telefónicas y ambientales intervenidas en Italia, país que en el que ya ha sido condenado a diez años de cárcel por pertenencia a organización terrorista islamista.

-Defensa (D): «¿Ha oído en esa grabación que una voz diga: el atentado de Madrid es un proyecto mío?»

-«El Egipcio» (E): «No, en ningún momento».

-D: «¿Le dijo usted a Yahia (el joven palestino que vivía en Milán con él) o a cualquier otra persona que usted era el hilo conductor de los atentados de Madrid o que era un proyecto suyo?

-E: «La persona que habla en la grabación nunca dice eso»

-D: «¿Y usted?»

-E: «Yo nunca he dicho una cosa igual, y condeno esta acción y estoy en contra».

De esta forma, Rabei Osman trataba de defenderse de la principal prueba de cargo que pesa sobre él: las grabaciones que por indicación de la Policía española realizó la Digos (servicios secretos italianos) en los teléfonos y en los dos domicilios por los que pasó Rabei en Milán. Según la traducción de las autoridades italianas, en esas conversaciones «El Egipcio» se atribuye la autoría intelectual de la matanza, dice que los muertos en Leganés son sus hermanos de Madrid y que el atentado había sido obra de su grupo.

«El Egipcio» no sólo mantuvo que no es el autor de tales comentarios, sino que afirmó que la traducción está completamente desvirtuada. Entre otras cuestiones, señaló que «grupo», en árabe «jamaa», y «hermano» son conceptos que no significan en Occidente lo mismo que en Oriente Próximo, pues el primero para «ustedes es un grupo terrorista y para nosotros es un grupo de amigos»; y el segundo, se utiliza para los «creyentes en la fe islámica». Por eso, al decir el «hermano Serhane (por «El Tunecino», muerto) y Fouad (El Morabit, también procesado) era porque son creyentes en la fe islámica».

Mucho más locuaz que en la primera parte de su declaración, el pasado 15 de febrero, Rabei Osman se desenvolvió también con soltura, aunque poco convincente, cuando se le preguntó sobre el segundo pilar que sostiene su acusación: el uso de los teléfonos móviles, cuya trascendencia radica en el hecho de que, según la Fiscalía, el 1 de febrero de 2004 recibió en la tarjeta SIM de Amena que le fue intervenida en Milán un mensaje de bienvenida a Italia al llegar desde España. Esta y otras circunstancias llevan a la Fiscalía a pensar que ayudó a preparar el 11-M.

El procesado intentó por todos los medios echar por tierra todas las imputaciones al afirmar que desde que salió de España, en febrero de 2003, no ha vuelto a este país y que cuando se marchó no se llevó ningún móvil. Recurriendo de nuevo a la imagen de inmigrante vagabundo, dijo que su primer teléfono fue un regalo y que estuvo largas temporadas sin él porque su situación económica no se lo permitía.

La osadía de compararse con el Papa

La osadía de «El Egipcio», que no se considera ideólogo del 11-M, le llevó a comparar los «malentendidos» de sus conversaciones con «aquel» que se originó en los países árabes cuando el Papa Benedicto XVI, «la más alta autoridad católica del mundo», un hombre de «gran cultura», comentó los riesgos de llevar al extremismo las religiones, pues «podía desembocar en acciones violentas». Rabei Osman utilizó esa comparación para decir que cuando él hablaba de «hermanos» fue distinta la interpretación que se hizo en los países occidentales. «Cuando el Papa pidió perdón, porque se habían malinterpretado sus palabras, el mundo islámico entendió la confusión y ahí acabó todo. Cualquiera, con independencia de su intención, puede equivocarse», afirmó.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Bouharrat no sabe explicar el hallazgo de cuatro fotos suyas en Leganés

MADRID. Mohamed Bouharrat no supo explicar el hallazgo de cuatro fotos suyas en el piso de Leganés. Con respuestas poco convincentes, Mohamed intentó lidiar el contundente interrogatorio del fiscal Carlos Bautista.

De los principales cargos que se le imputan, el marroquí a duras penas se defendió. Uno de ellos es el hallazgo, entre los escombros de Leganés, de cuatro fotos suyas tamaño carné. La versión que ofreció el procesado fue especialmente rocambolesca. Relató que días antes de la explosión, se trasladó junto a un tal Abdelrrahman a Villaverde. Allí, su colega iba a tener una cita con un individuo, al que luego identificó como Jamal Ahmidan, jefe operativo del 11-M, por una fotografía del suicida en la prensa.

El procesado afirmó que al ver a «El Chino» se asustó y le hizo saber a Abdelrrahaman que a esa persona la estaba buscando la Policía. «Salí corriendo -explicó Bouharrat al Tribunal- y dejé mi mochila con la ropa y las fotografías en el coche». A continuación afirmó que desconocía la vía por la que esas fotos habían llegado al piso de la calle Carmen Martín Gaite. La misma explicación dio al hecho de que en Leganés se encontrara un libro con una huella suya. «Lo cogería del asiento de atrás del coche para hojearlo o para escribir algo», apuntó con titubeos.

Bouharrat afirmó que desconocía la existencia de unas anotaciones encontradas en el piso de los suicidas sobre un colegio británico situado en el barrio residencial de La Moraleja. El fiscal le recordó que las pruebas caligráficas habían determinado que su letra corresponde con la de la anotación, extremo que el procesado ignora. Este hecho ha sido considerado importante en la investigación por cuanto se deduce que ese centro educativo era uno de los cinco objetivos que tenían los terroristas antes de suicidarse.

Respecto a la cita que tuvo en Villaverde su colega Abdelrrahman con Ahmidan, el procesado señaló que era para hablar de tráfico de hachís en Algeciras, y rechazó que se tratara de un traslado de explosivos.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Los sobrinos de Belhadj exculpan a su tío y contradicen su primer testimonio

Los hermanos Moussatem alegan que lo delataron por amenazas de la Policía

MADRID. Los hermanos Mohamed y Brahim Moussatem negaron ayer cualquier vinculación de su tío Youseff Belhadj, procesado junto a ellos en esta causa, con la red Al Qaida. Además, aseguraron desconocer que el huido Mohamed Afallah, a quien le hicieron llegar el teléfono de su tío Belhadj en Bélgica, tuviera alguna relación con los atentados de Madrid.

Los hermanos Moussatem, procesados por colaboración con organización terrorista y para quienes la Fiscalía solicita ocho años de prisión, intentaron desvincularse de cualquier actividad que el presunto ideólogo de la matanza tuviera con otros partícipes en esos hechos, entre ellos Abdelmajid Bouchar, uno de los considerados autores materiales, y aseguraron que lo que declararon sobre su tío cuando fueron detenidos fue porque la Policía les amenazó con hacer daño a su familia, «dejarles 40 años en la cárcel y mandarnos a Marruecos para que nos cortaran allí las manos». A pesar de contar con distintos letrados, la estrategia de defensa de los sobrinos de Youssef Belhadj fue paralela, tanto que en sus declaraciones (en las que sólo contestaron a sus defensas) no se registró ni una sola contradicción, todo lo contrario a lo que sucede si se comparan sus testimonios con el que aportaron a la Policía y al juez.

Mohamed, el sobrino mayor, escuchó las preguntas de la Fiscalía cruzado de brazos y cabizbajo. Bajo la atenta mirada de su tío, a apenas unos metros en la pecera blindada, describió ayer su relación con el presunto ideólogo como «la normal entre tío y sobrino» y negó, a diferencia de lo que consta en autos, que Belhadj le propusiera en alguna ocasión ir a Afganistán, que le hablara del Yihad y que le comentara, a propósito de los atentados de Madrid, que estaba de acuerdo con ellos, pero que le parecían «poca cosa».

Los hermanos Mousatem reconocieron que Belhadj estuvo en Madrid la última semana de febrero y se marchó de nuevo a Bélgica días antes de que se produjeran los atentados del 11-M. Sin embargo, aseguró que no sabe cuáles fueron los motivos por los que decidió abandonar España, pero se imagina que lo decidió así «porque en casa ya eran muchos». Ambos justificaron los desplazamientos de su tío a España en motivos familiares y en el interés de Belhadj en regularizar su situación en nuestro país, lo que no encajaría muy bien con la decisión de marcharse sin dar una explicación a sus familiares.

Mohamed, además, reconoció que el 5 de abril Ibrahim Afallah se presentó en su casa para pedirle el teléfono de su tío (para que ayudara a su hermano Mohamed en su huida tras la explosión de Leganés). Se ratificó en que a continuación borró su número de la agenda «por miedo».

Igualmente, tanto Mohamed como Ibrahim Moussatem dijeron desconocer el apodo de Abu Duhana, que se atribuye a su tío Youssef Belhadj y que también fue utilizado para reivindicar los atentados en el vídeo que fue encontrado en una papelera cercana a la mezquita de la M-30. Mohamed dijo, además, que la Policía le obligó a declarar que su tío era la persona que leyó el comunicado de reivindicación del atentado, aunque en la prueba de audición no reconoció su voz.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un islamista de la «Nova» estuvo con «El Tunecino» en el piso de Leganés

MADRID. El marroquí Khalid Zeimi Pardo, acusado de formar parte de una célula terrorista islamista, admitió ayer durante el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional que el marroquí Amer Azizi, considerado el responsable militar de Al Qaida en Europa, le propuso hacer el yihad (cometer atentados contra los infieles), fuera de Europa. La célula a la que pertenece Zeimi fue fundada por Mustapha «El Maimouni», preso por los atentados de Casablanca.

Zeimi, que estuvo imputado en el 11-M (aunque no fue procesado), se enfrenta a una petición de 10 años de prisión por un delito de integración en organización terrorista. El fiscal sostiene que se sumó a una célula de los Grupos Islámicos Combatientes Magrebíes dirigida por «El Maimouni», cuñado de Serhane Ben Abdelmajid «El Tunecino». Durante su interrogatorio, Zeimi explicó que vino a Madrid en 1998 y entabló amistad con «El Tunecino». Contó que un domingo éste le invitó a desayunar a su piso de la calle Carmen Martín Gaite de Leganés, el mismo en el que Serhane Abdelmajid se suicidó junto con otros seis autores materiales del 11-M. Una vez allí, «El Tunecino» quiso mostrarle un vídeo sobre «víctimas en algunos países», pero se negó a verlo porque «salía sangre» y se mareaba.

Texto publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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