El Blog

Calendario

<<   Diciembre 2017    
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Sindicación

Foros

Un Suplemento de

Alojado en
ZoomBlog

Opiniones

Juicio 11-M: Editoriales (27 de febrero de 2007)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 9:00, Categoría: Opiniones

'El Egipcio' no da el perfil de cerebro del 11-M (Editorial de EL MUNDO)

Rabei Osman El Egipcio, acusado de ser cerebro de los atentados del 11-M, negó ayer ser la persona que habla en una cinta grabada por la Policía italiana en la que se atribuye el papel de instigador de la trama. Esta cinta -por la que ya fue condenado en Italia- es la principal prueba contra El Egipcio. Igualmente negó ser el autor de una nota hallada en su residencia de Milán con la fecha del atentado y las palabras «mártir-explosivo». Sí admitió la autenticidad de la cinta grabada en Bélgica en la que conversa con el islamista Mourad Chabarou. En esta grabación, El Egipcio habla de sus «hermanos en España» que «se han ido con Dios» tras relatar sus desventuras conyugales. La declaración de El Egipcio es poco creíble porque, a pesar de su mala calidad, los expertos han acreditado que la voz de la cinta italiana es la suya. Lo que hace poco verosímil que El Egipcio sea el cerebro de la trama es su desconocimiento de los atentados, ya que, en abril de 2004, le dice a Chabarou que su amigo Fouad el Morabit ha muerto e ignora el número de víctimas en Leganés. Cuando El Egipcio se atribuye la masacre de Madrid, está hablando con un joven palestino llamado Yahya y da la impresión de que quiere impresionarle. Ayer explicó que no podía mantener el móvil ni hablar con sus amigos de Madrid porque no tenía ni un euro. Dormía donde podía sin domicilio fijo y vivía gracias a la caridad de sus conocidos. Desde luego, su perfil no es el de cerebro o instigador de unos atentados que requerían de unos conocimientos técnicos y unos medios de los que carecía.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Opiniones (27 de febrero de 2007)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 8:30, Categoría: Opiniones

“Sagaces memeces” por Federico Jiménez Losantos

En el fútbol hay una ley no escrita y adorada por los aficionados según la cual los penaltis injustos no terminan en gol. Naturalmente, el problema está en la diferente valoración del concepto justicia cuando de un penalti a favor o en contra se trata. El animal de grada o forofo irredimible se jacta de desear el triunfo de penalti injusto y en el último minuto de la prórroga. Pero si el jugador que, como vulgarmente se dice, se ha tirado a la piscina y engañado al árbitro es el que debe tirar el penalti, suele producirse una suerte de objeción de conciencia del empeine que acaba mandando el balón a las nubes. ¡Tanta trampa para nada! Pues, mire usted por dónde, a lo mejor eso es lo que les va a pasar a los responsables del tramposo sumario del 11-M y a las dudosas hazañas de 'Pepe Gotera Manzano' y 'Otilio Santano' en el cuidado y contaminación de explosivos.

Ha bastado que un juez, el apresuradamente bautizado como Superber, o sea, Gómez Bermúdez, ordenara lo primero que se hace en cualquier crimen de cualquier país del mundo, que es investigar científicamente el arma del delito, para que el sumario-restario del juez Del Olmo muestre la pavorosa aluminosis de sus cimientos, así como la endeblez de la estructura fiscal que lo sostiene.

¡En los trenes estalló Goma 2 ECO, y vale ya!», dijo un día la fiscal Olga Sánchez. Cabe temer que para entonces ya supiera que estaba mintiendo, pero aun si suponemos que creía de buena fe en las contaminadas chapuzas de Pepe Gotera y Otilio, el resultado legal, aunque no moral, es el mismo. Desde que en el primer análisis científico y legal apareció el DNT -que no existe en la Goma 2 ECO- como componente clave de lo que estalló en los trenes, mató a casi 200 personas, hirió o mutiló a 1.500 y facilitó un cambio radical de Gobierno y de política en España, el sumario es un árbol boca abajo y muerto de pie.

El apresuramiento es una causa habitual de fallo al tirar el penalti injusto. Y eso le ha sucedido a la fiscal al pedir que se adjunte un análisis sobre la Goma 2 ECO que en 2001 fue requisada a Toro y Trashorras en la Operación Pípol. Ya no se fabricaba Goma 2 EC y el DNT difícilmente podía aparecer en Mina Conchita, aparte de que nada demuestra eso sobre el 11-M y ya fue rechazado por el juez en su día. Tardía y torpe, ay, operación Rescate.

Pero aún resulta más inútil la sagacísima memez del Comando OJD, que dice que durante cuatro años los fabricantes de los explosivos vendieron dinamita contaminada. Ayer revelaba Casimiro que ninguna de las severas pruebas de calidad de los laboratorios de la UEE detectó nunca contaminación alguna. ¿E iban a contaminarse sólo el 11-M, ni antes ni después? ¡Amos, quita, moscovita! Total: el balón a las nubes.

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Si le he visto, no me acuerdo” por Victoria Prego

Día aburrido el de ayer y sin apenas tensión en el juicio. Y eso porque, con la excepción de la declaración que El Egipcio, el hombre del callo en la frente, hizo a su abogado defensor, el resto de los participantes -presuntos, siempre presuntos- en el atentado eran ya los de la última fila de responsabilidad. Sus intervenciones nos pasearon, en consecuencia, por el submundo del negocio de la droga casi a pie de calle, por el mundillo de la compraventa de automóviles de dudoso origen y más que dudoso estado y por los sótanos de la falsificación de documentos, cosa esta última que los aludidos negaron con vehemencia.

Tuvo interés el modo en que el abogado de El Egipcio organizó la escalera de su defensa según el orden siguiente: lo que se oye de sus conversaciones en las cintas grabadas en Italia no se oye bien y, por lo tanto, no se puede interpretar; lo que sí puede oírse y se puede interpretar, está mal interpretado porque ahí no se dice lo que dicen que se dice; la voz del hombre que, en los momentos en que se oye y se entiende con claridad, asegura a un amigo que él es el autor y organizador de la matanza, no es su voz; y, por si acaso fuera su voz en los trozos en los que no cabe segunda interpretación posible, quede claro que, a veces, en conversaciones «entre un ser humano con otro ser humano se dicen cosas que no se tiene intención de decir». Lo que se llama en moda un degradé y, en peluquería, un corte a capas.

Por descontado, El Egipcio ha declarado, como absolutamente todos los demás, que jamás apoyaría la matanza perpetrada, que ha calificado de «terrorista». La duda ahora es cómo el tribunal valorará las pruebas contra él y el contenido de las cintas enviadas por la policía italiana. Pero si, como han asegurado algunos de sus socios presuntos, lo suyo fue una fanfarronada, ya sabe el hombre del callo en la frente lo caros que le van a resultar ciertos faroles.

Lo siguiente que tuvo un cierto interés, ya digo que dentro de la calderilla que, desde el punto de vista de las responsabilidades, se repartió en la sesión de ayer, fue la intervención de los hermanos Moussaten, y eso por dos motivos. El primero, porque en sus declaraciones previas ante la Policía y ante el juez, los dos sostuvieron sus versiones contra viento y marea e incluso el jovencísimo Mohamed -22 años en este momento, 19 cuando fue detenido- la aguantó en un careo frente a su tío, considerado uno de los autores intelectuales del crimen de Atocha. Y, sin embargo, después de haber aguantado durante todo este tiempo ese pulso formidable, los dos hermanos se desdijeron ayer de todo. Ya no habían visto nada, ni oído nada. A petición del fiscal y de las acusaciones, se leyó entonces en voz alta el contenido de sus declaraciones previas y lo que se había dicho en el careo. Después de haberlo negado todo, aquellas palabras suyas resonaron en la sala con una fuerza enorme. Difícil lo va a tener el tío Yusef Belhadj.

La razón esgrimida para explicar ese giro fue la misma que han sacado a pasear todos los que hasta ahora han optado por no reconocer lo anteriormente dicho por ellos mismos: que han sido torturados por la Policía, sometidos a malos tratos continuados, cuando no a amenazas que les sumieron en tal estado de miedo que optaron por confesar lo que se les exigía. Pero ni denunciaron esos malos tratos ante el juez ni, cuando fueron examinados por el forense, se les apreció lesión alguna que acreditara tales daños. Así que ¿qué vale más como prueba: lo que dijeron y sostuvieron en su día o lo que quieren contarnos ahora? El tribunal dirá, pero los demás ya podemos ir haciendo nuestras conjeturas.

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El foco se mueve” por Luis del Pino

Ruido. Entramos en la semana del ruido. Ha concluido la declaración de El Egipcio con el interrogatorio de su abogado. Niega que sea él el que habla en esas cintas que grabó la policía italiana, cintas que dice, además, que están llenas de ruido. El tema es, en sí mismo, irrelevante. Sea o no El Egipcio quien en esas cintas se jacta de haber preparado el 11-M, lo cierto es que el jactancioso no tenía demasiada idea de qué estaba diciendo: los detalles sobre el atentado y sobre Leganés son contradictorios con los hechos. Simples palabras de alguien que presume de ser el responsable de algo que no ha hecho. Ruido también las declaraciones de Moussaten, que afirma ahora que las acusaciones contra su tío, Yousef Belhadj, le fueron dictadas bajo amenaza por la Policía. ¿Qué tiene todo esto que ver con los trenes? ¿De verdad sirve todo esto para conocer a los autores de la masacre?

Marruecos. Más interesante ha sido la declaración de Bouharrat, uno de los miembros de esa subtrama (junto con Afalah, Bouchar y Mohamed Belhadj) a quien se relaciona con los servicios secretos marroquíes. De nuevo resulta dudoso que esto nos lleve a los trenes, pero, ¿qué papel jugaron esos servicios de nuestro amigo del sur en el montaje del teatro de Leganés? ¿A quién se encargó alquilar el piso? ¿Qué fue lo que sucedió en él? Inseguro y nervioso, Bouharrat contradice sus declaraciones anteriores. Da la sensación de saber más de lo que cuenta. O de estar mintiendo por encargo. Tiempo al tiempo.

Recusación. Pero el foco se desplaza, gradualmente, hacia fuera de la sala. Los análisis de los explosivos han dinamitado los fundamentos de la versión oficial. No es de extrañar, por tanto, que los nervios estén empezando a causar estragos. Hoy, uno de los abogados de la acusación, Gonzalo Boyé, ha decidido recusar a uno de los peritos que están realizando el análisis de los explosivos, por ser padre de una víctima del 11-M. Podían haber recusado a ese perito desde el principio, porque la identidad de Gabriel Moris es suficientemente conocida, tanto ahora como antes. Pero sólo ahora se les ocurre hacerlo. Está claro que el tema va mal para la versión oficial de los hechos. Resulta curiosa, además, la identidad del recusador. ¿Puede alguien que ha cumplido condena por colaboración con ETA ejercer de acusación? ¿Qué plazos de inhabilitación establecen las leyes? La versión oficial se derrumba por momentos y la partida se va a volver cada vez más sucia.

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Santo varón, que diría Tip” por David Gistau

Marisol vestía pantalones vaqueros y unas gafas de montura morada a juego con el jersey. Podría haberse sentado lejos del habitáculo. Y no en una de esas butacas, tan inmediatas que recuerdan a las sillas de primera fila de ring a las que hay que llevar un periódico para proteger el traje de las salpicaduras, en las que se aprecia incluso el vaho que deja en el cristal la respiración de los acusados. Pero, en su primer día de asistencia al juicio, Marisol quería confrontarse con los asesinos de su hijo. Pilar Manjón, en cuya fuerza se apoyan todas las víctimas a las que ella sostiene con guiños y sonrisas, con complicidades adquiridas, acompañó a Marisol hasta su silla: «Nada de provocaciones, tú tranquila, ¿estarás bien?». Y luego, mientras Trashorras se sacaba mocos y se devoraba las uñas recostado como para ver la tele, mientras el resto de acusados colegueaba en tertulia bien risueña, Marisol sostenía un café de máquina que no temblaba, comía juanolas y aguantaba hasta toser las emociones, como si se hubiera propuesto no concederles el llanto: «Fíjate, así que éstos son los que mataron a mi hijo. Tengo ganas de comerme la mampara, y a ellos todo les da mucha risa».

Más aún que las risas y la actitud sobrada, a las víctimas les llena de bronca que los acusados, por momentos, pretendan ser los que merecen compasión, los agraviados por el sistema o por el destino. Cuando Mohamed Bouharrat, apegado a una táctica recurrente, hizo el relato de unos supuestos malos tratos en comisaría que no advirtieron tres exámenes médicos, hubo alguien en los últimos bancos que se desmoronó, harto de tanta inocencia cínica a través de las jornadas, y hubo de salir al vestíbulo para recomponerse. Cuando 'El Egipcio', alegando que en Francia no tenía dinero ni para pagarse un café y que tan sólo buscaba un amigo con el que desahogar las penas de su matrimonio roto, explicó que la estancia en Europa había significado para él «una tragedia», no hubo víctima que no mascullara, convencida de que la tragedia lo había sido más bien El Egipcio y cuanto representa para Europa. El «teórico jefe del operativo que sin embargo no tenía el euro que cuesta un café», como subrayó su abogado por si alguien no se había enterado ni enternecido todavía, exageró su máscara de bondad incomprendida cuando se comparó, olé, con nadie menos que con el Papa: como las del Pontífice cuando se le sublevó el Islam, sus palabras en las grabaciones policiales, en los pasajes menos comprometedores, los referidos a los «hermanos de Madrid», que son los únicos en los que reconoce su voz, habrían sido mal entendidas además de mal traducidas «al ochenta por ciento». Santo varón, que diría Tip.

Bouharrat, el dueño de una sola camisa que se daba pisto con un llavero de BMW «para decorar la llave» del R9, otro de los que dejaron un rastro en el piso de Leganés, ofreció un interrogatorio precario por el que se comprende que fueran sus propias palabras y contradicciones las que le imputaron e intentó entorpecer al fiscal con constantes «¿Eeeehhh?» festejados en la jaula. Hasta Pilar Manjón, harta de tanto gualdrapa poniendo cara de yo no he sido, dijo en un corrillo: «Casi prefiero a los etarras. Éstos son un aburrimiento».

Publicado por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Odiosa y macabra comparación” por F. Velasco

Podía el personaje en cuestión haber utilizado otra comparación para intentar arrimar el ascua a su sardina; pero no, a ese hombre acusado de ser el «cerebro» de la matanza de Madrid que repetía el «nunca, nunca, nunca» como si del estribillo de la canción del verano se tratara, no se le ocurrió otra cosa, ¿o lo tenía todo bien dispuesto?, que recurrir al Papa, a Benedicto XVI, a utilizarlo como escudo protector. Un hombre profundamente musulmán como «Mohamed El Egipcio», que no tiene reparos en acudir a los sabios consejos de dos Ulemas – uno en Arabia Saudí y otro en Qatar, que se hacen todos los kilómetros que sean necesarios–, para ver si podía casarse por segunda vez manteniendo deudas con su primera esposa, resulta ahora que intenta parapetarse en la cabeza visible de los «infieles», a los que hay que combatir y aniquilar.

«El mundo islámico admitió la confusión –del Papa– y se acabó todo. Cualquier persona, con independencia de su cultura, puede equivocarse», afirmó sin descomponerse el acusado del «nunca, nunca, nunca» ¿Confusión del Papa? ¿Malinterpretación de sus palabras en la Universidad de Ratisbona?. Eso es lo que le ocurrió con Benedicto XVI y lo que le pasó a él mismo, y el tipo se quedó tan tranquilo, pensando que había dado en centro de la diana. «No me pueden condenar por una malinterpretación de mis conversaciones telefónicas con “El Tunecino”, como tampoco se condenó al Romano Pontífice», llegaría a pensar el personaje que no tenía un euro «ni para tomar café», pero que, en cambio, no tenía problemas para ir de Arabia a Qatar por unos consejos religiosos-matrimoniales.

De conocidos personajes cuyas palabras han sido «malinterpretadas» está llena la hemeroteca y el elenco al que podía haber recurrido era abundante. Intentar justificarse poniendo en medio al Papa es, cuanto menos, una falta de respeto hacia los millones de católicos de este país, al menos así lo piensa quien escribe.

Y, puesto a utilizar al Pontífice, se le olvidó mencionar las manifestaciones que se registraron en no pocos países musulmanes donde se pedía, directamente, sin más, su eliminación física, no fue un «se acabó todo» y «el mundo islámico admitió la confusión». Al margen de ello, el hombre quería dar pena relatando pormenorizadamente sus «conversaciones ambientales» con otros vinculados al 11-M. Aquí acudió a algo más ordinario: la mala calidad de esas conversaciones grabadas. Lo que ocurre es que la Justicia italiana ya se pronunció. Sus gustos musicales: «La caravana de los mártires». Pero no piensen mal...

Publicado por el diario LA RAZON el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

“No saben nada pero se conocen” por Germán Yanke

Vuelve El Egipcio al banquillo y vuelve por donde solía: nada sabe, nada tiene que ver con el atentado del 11-M y, además, la voz de la grabación en la que se aludía al mismo, no es la suya. Y luego añade que las traducciones son defectuosas en un ochenta por ciento, lo que resulta una aclaración paradójica después de decir que no era su voz. Condena la violencia. Para El Egipcio la maldición de Europa son sus problemas familiares, en los que se extiende, a estas alturas, un tanto morbosamente. Y, pidiendo no ser malinterpretado, cita al Papa que, según su versión, fue comprendido por los musulmanes cuando aclaró que no relacionaba el Islam con la violencia. Comprendido, sí, dijo comprendido...

No iba a ser menos Mohamed Bouharrat. Si sus fotos y un libro con su huella estaba en el piso de Leganés es por un amigo, Abderramán, que al parecer era amigo de El Chino. Y Brahim Moussatern sabe aún menos y denuncia haber sido maltratado por la Policía, lo que explicaría declaraciones anteriores sobre su relación con su tío, acusado de ser el líder de una red europea para dar cobijo a terroristas. El joven tiene su cosa porque, a veces, sabe más de la cultura europea que de la árabe y otras más de la árabe que de la europea, lo que impediría preguntar a su tío más allá de la hora. A pesar de tanta inocencia, o precisamente para no contaminar su angélica declaración, no responde al fiscal.

Todo lo niegan, pero no pueden negar, al menos, la curiosa red que se teje entre ellos: amigos terroristas en Madrid, tipos que juegan con ellos al fútbol y que luego resultan terroristas, amigos que resultan ser amigos de terroristas... Slimane también conoce a tal y a cual, pero saber, no sabe nada, iba por Madrid persiguiendo una lámpara. Por no saber, ni español, aunque termine contradiciéndose claramente en esa lengua.

Alrededor del improvisado salón para la vista hay quien reprocha: si no se da crédito a estas exculpaciones, por qué se lo da cuando niegan relación con ETA. Pero no se trata de creer a los procesados, sino de contrastar sus declaraciones con la realidad. Y la realidad es que el mapa de las relaciones del terror islamista se va aclarando.

Publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“A vueltas con los perfiles” por Jesús Zarzalejos

Tras la conclusión de los interrogatorios a los principales acusados del 11-M, se ha producido un enconado debate sobre si dan o no el perfil que se le supone a los terroristas. La cuestión es, precisamente, qué perfil debe tener un terrorista islamista. La psicología del terror se ha convertido en una disciplina científica que está ayudando a romper estereotipos sobre los integrantes del yihadismo internacional. Ni los que son pobres son los más proclives a integrarse en sus redes, ni los que tienen una formación superior dejan por esto de hacerlo. Se ha dicho con urgencia que, ante las apariencias de los interrogados, éstos no podían ser los autores del 11-M. Si lo son o no es algo que vendrá dado por otras pruebas, pero sería bueno no otorgar a la apariencia una baza de inocuidad que todos los expertos recomiendan evitar. Dice Robert Pape que «siempre nos gusta que los malos sean monstruos con ojos desorbitados». Así los identificamos mejor y tenemos posibilidad de segregarlos antes de que maten. Pero Pape, autor del interesante ensayo «Morir para ganar. Las estrategias del terrorismo suicida», advierte de que, «en ocasiones, los que cometen los peores crímenes son personas bastante normales».

Las conductas «laicas» o los caracteres pacíficos son una constante en los terroristas integristas afincados en democracias occidentales. El bien formado Mohamed Atta o el dicharachero Ziad Jarrahi, dos de los autores materiales del 11-S, no encajarían en el perfil que parece exigirse para perpetrar el 11-M. Mohamed Sidique Khan, líder de la célula que ejecutó el atentado del 7-J en Londres, era un ciudadano ejemplar dedicado a la mediación social. Entonces, ¿qué perfil hay que tener para cometer un atentado integrista? Probablemente, la falta de respuesta concreta sea sólo una prueba de las dificultades a las que se enfrentan los estados para combatir a un enemigo difuso y camaleónico, pero que está entre nosotros. Por eso, sirve de poco que algunos acusados dijeran que Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet «El Tunecino», muerto en Leganés, no daba la talla como organizador del atentado. Suena a intento de exculpación de sí mismos. Y, en todo caso, no impugna la certeza de que los atentados integristas son la suma de diversas aportaciones singulares, situadas en momentos diferentes del proceso criminal, en el que prima la fuerza de la voluntad mucho más que la formación cultural. La diversidad de acusados por el 11-M y su heterogeneidad socio-cultural no son incompatibles con su concurrencia sucesiva en una secuencia de actos de planificación, preparación y ejecución. Fernando Reinares ha analizado para el Instituto Elcano la tipología de los yihadistas detenidos en España entre 2001 y 2005, con unos resultados sobre sus niveles de estudios que se acoplan, sin gran esfuerzo, a lo visto hasta ahora en el juicio. A lo mejor, a «El Tunecino» le bastó tener capacidad para idear el atentado. Otros impartieron doctrina; otros consiguieron dinero; y otros pusieron bombas. La apariencia de los acusados no les hará culpables, sin duda, pero tampoco dejarán de serlo por ella.

Publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“El señor Abadan y los sobrinos” por Ernesto Ekaizer

Youssef Belhadj, la presunta voz que reivindicó en el vídeo los atentados, ya lo había sugerido durante su declaración. Según explicó a su abogado, comprendía a su sobrino Mohamed Moussaten, con quien, dijo, se lleva muy bien. Una persona joven, bajo la presión y las amenazas de la policía, es capaz de implicar a otra, en este caso a su tío y dijo que él tampoco resistiría si te amenazan con enviar a Marruecos a ti y a tu madre.

Fue así que ayer Mohamed, que tenía 19 años el 11-M y hoy tiene 22, explicó a preguntas de su letrado (se negó a responder al ministerio fiscal y a las acusaciones) que había implicado a su tío Youssef en la organización Al Qaeda lisa y llanamente porque la policía le dictó lo que debía poner en su declaración tras ser detenido. Y que también mantuvo esas afirmaciones al declarar ante el juez Juan del Olmo "por miedo".

Mohamed, con los pelos engominados cual antenas de caracol, luce ropa deportiva blanca y celeste. Está todo el tiempo con su hermano Brahim. Ambos, que están en libertad provisional, miran lo menos posible hacia la pecera donde impertérrito, metódico, Youssef Belhadj, asemeja al marroquí impasible.

Mohamed no sólo declaró a la policía que su tío le dijo en Bruselas, en diciembre de 2004, que militaba en Al Qaeda y que le invitó a hacer la yihad en Afganistán. No sólo mantuvo la versión ante el juez Del Olmo. Se mostró igualmente firme en un careo que el juez convocó entre tío y sobrino. Es cierto que si uno revisa sus declaraciones judiciales, aunque habla de la pertenencia a Al Qaeda Mohamed señala que su tío "no le contó nada sobre si había participado en los atentados de Madrid, él o alguno de su grupo".

Con todo, no es que Mohamed ensayara ayer la fórmula de dónde dije digo, digo Diego. La táctica consiste en que el falso testigo de cargo contra el presunto jefe de Al Qaeda explica su comportamiento por la presión de la policía.

En cierto momento de su declaración, Mohamed, al justificar su conducta, señaló que el no podía mantener las acusaciones contra su tío porque le había afectado a él y a su familia. Ejemplificó: ¿Qué pasaría "si el día de mañana ponen en libertad al declarante [Mohamed Moussaten], siendo que él y su familia han condenado a su tío?". A continuación, en su explicación, añadió algo contradictorio. "Por decir la verdad me han imputado a mí. Me ha dado miedo decir lo que he dicho de mi tío". Mohamed está, en efecto, acusado de colaborar con organización terrorista y la pena que se le pide es ocho años de prisión.

En línea con su hermano Mohamed, Brahim aseguró, sólo a preguntas de su abogado, que nunca oyó decir a su tío Youssef que era miembro de Al Qaeda ni hablar de la yihad. Las declaraciones de los sobrinos, pues, han confirmado lo que se podía esperar de estos falsos testigos de cargo.

Por su parte, Rabei Osman, Mohamed El Egipcio, reiteró en el juicio aquello que ya había declarado en Milán, en el juicio por el que un tribunal le condenó a 10 años de prisión. A saber: que la voz que sale de las grabaciones y micrófonos medioambientales -con autorización judicial- no es suya.

Por si alguien en su momento -cuando se escuchen en la Sala las grabaciones- llega a una conclusión contraria, Rabei Osman se anticipó: es un ser humano y de la misma manera que el Papa se equivocó al denostar al islam, vía una cita indirecta, él también puede cometer errores. En Italia, su abogado llegó a decir, tras su sentencia del 6 de noviembre pasado, que El Egipcio era bastante fanfarrón.

¿Es éste el caso? Habrá primero que escuchar las grabaciones. Rabei Osman tiene una voz muy característica y su expresión en árabe, de raíz egipcia, es tersa y precisa. Su frase favorita a la hora de responder a su letrado: abadan, abadan, abadan. Nunca, nunca, nunca. Pronuncia de forma cerrada y la vocal suena amortiguada.

Una noticia de interés procedió ayer de otro juicio contra ocho acusados en la Audiencia Nacional. Khalid Keimi Pardo narró las andanzas de Amer El Azizi, un alto jefe de Al Qaeda que logró huir de España tras el 11-M, y de Serhane El Tunecino.

Publicado por el diario EL PAIS el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Sólidas razones para creer que en los trenes no estalló GOMA 2 ECO (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 9:30, Categoría: Opiniones

A expensas de los matices que puedan incorporarse al informe definitivo que entregarán dentro de unos días al Tribunal del 11-M, EL MUNDO revela hoy que los peritos independientes -designados por las partes que requirieron el nuevo análisis de los explosivos- se inclinan por dar por sentado que el dinitrotolueno (DNT) hallado en los restos de los focos era un componente básico del explosivo que estalló en los trenes y no el resultado de ningún extraño proceso de «contaminación». Eso implica, naturalmente, que de su diagnóstico se deducirá que el explosivo empleado para causar la masacre no pudo ser Goma 2 ECO y, por lo tanto, no pudo ser el presuntamente robado por la trama asturiana en Mina Conchita.

No faltará quien diga que ésta es una opinión de parte, pero -al margen de su indiscutida capacitación técnica- si se pueden poner reparos a la objetividad de estos peritos, más aún podría cuestionarse la de los representantes de la Guardia Civil y la Policía, por estar sometidos a la cadena de mando y, sobre todo, por estar subordinados en el segundo caso al mismo comisario Santano cuyo enjuiciamiento por falsedad en la investigación del 11-M acaba de ser ratificado por la Audiencia de Madrid.

Lo esencial no es, pues, la personalidad de quien emita una opinión científica sino su fundamento argumental. Y lo que alegan estos peritos parece extraordinariamente sólido. Ante todo, está el hecho de que tres años después, pese al escaso tamaño de las muestras y a su lavado con agua y acetona en 2004, el DNT haya aparecido de forma nítida en todos los focos de los trenes en los que se han hallado restos de explosivos. Eso no puede ser fruto de la contaminación.

Los peritos independientes tienen, al parecer, pocas esperanzas de que con estos restos las pruebas cuantitativas logren determinar la proporción exacta de DNT que tenía el explosivo y, por eso, van a pedir al Tribunal nuevas muestras. A este respecto, resulta esencial averiguar dónde están los resultados concretos de los análisis realizados por los Tedax que Manzano resumió bajo el engañoso cajón de sastre de «componentes genéricos de las dinamitas». Y dónde está, o por qué no fue conservado, el líquido fruto de aquel lavado en el que se disolvieron buena parte de las sustancias que formaban el explosivo. ¿Alguien duda de que si hubieran avalado la tesis de la Goma 2 ECO formarían parte del sumario y estarían a disposición del Tribunal?

Frente a la teoría de la contaminación se alza el carácter «sobrevenido» de las huellas muy «minoritarias» de DNT encontradas ahora en los restos de explosivo entero ya analizados meticulosamente por la Policía Científica en 2004. Si entonces no estaban y ahora sí... sólo cabe preguntarse quién los ha custodiado durante el intervalo. Sobre todo si resulta que en el caso de Mocejón aparece DNT en la muestra de tres gramos que han manejado Manzano y Santano y no en la de más de 80 que permanecía en un sobre cerrado o en la que la Guardia Civil remitió directamente a la Audiencia.

Pero, además, hoy aportamos otro dato esencial: en ninguno de los periódicos controles de calidad de alta precisión realizados en la fábrica de Unión Española de Explosivos ha aparecido jamás DNT en la Goma 2 ECO. ¿Cómo logrará en estas condiciones el Ministerio Público convencer al Tribunal de que lo que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO un poquito contaminada, teniendo en cuenta, sobre todo, que el principal motivo de que el resultado del análisis no vaya a ser inapelable es su propia complicidad -o al menos complacencia- con la negligencia -o la manipulación- policial? Seguro que a los tres magistrados no les bastará ningún «¡vale ya!».

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Opiniones (26 de febrero de 2007)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 7:00, Categoría: Opiniones

  

“Los agitadores de la conspiración pretenden implicar a Aznar” por Pablo Sebastián

Al presidente del PP, Mariano Rajoy, le gusta ubicar su discurso en el ámbito del sentido común, intentando convencer a los ciudadanos de que no siempre hacen falta líderes carismáticos para gobernar, sino personas normales, con «sensatez» -dijo ayer-, que fue lo que pensó Aznar cuando lo designó su sucesor. Pensando el ex presidente que si llegaba un tiempo de excitación política él estaría detrás. El cálculo de Aznar se desvaneció porque la anormalidad política estalló el 11-M de 2004, y en ella quedó sepultada su pretendida gloriosa despedida del poder y su capacidad de influencia. Y se abrió un periodo de incertidumbre que el presidente Zapatero elevó a la enésima potencia con su cabalgada hacia un modelo confederal del Estado, que incluye el pago de un precio político a ETA -que Otegi niega mientras exige al Gobierno la anexión de Navarra al País Vasco y el derecho de autodeterminación- para alcanzar el fin de la violencia.

A tanto ha llegado la excitación nacional que muchos aduladores de Aznar, en el PP y en los medios de comunicación agitadores de la conspiración, ya consideran justificado su regreso al primer plano de la política, bien como el líder absoluto del PP, bien como presidente ejecutivo del partido apadrinando al candidato a la presidencia del Gobierno, como hizo Fraga cuando fracasó Hernández Mancha o siguiendo el modelo de reparto de funciones del PNV. La idea del regreso de Aznar, al estilo del volveré de McArthur en Filipinas, está avalada por quienes, desde la radio y la prensa del ruido, han convertido a Acebes y a Zaplana en la cabeza de playa del presunto desembarco aznarí, y creen que la conspiración del 11-M puede ser la justificación del regreso. Porque si logran mantener viva la sospecha de que ETA participó en la masacre (la autoría del comando islámico no la pueden negar), Aznar tendría motivos para volver, sobre todo si el PP no consigue un buen resultado en los comicios municipales del mes de mayo que todos consideran las «primarias» de las generales de 2008, y no digamos si Rajoy perdiera esta segunda y definitiva oportunidad.

El objetivo de los conspiradores de ocasión no es tanto la victoria del PP, a pesar de las graves consecuencias que tendría para España una segunda victoria de Zapatero -al que cuidan sin exigir responsabilidades políticas por el atentado de ETA en Barajas-, como el de conseguir importantes réditos de audiencia e influencia a costa de la crispación, en busca de la primogenitura editorial de la derecha y de una relación de privilegio con el PP que les permita imitar la relación de Prisa y el PSOE, renunciando al modelo liberal de independencia informativa, al margen de cualquier afinidad ideológica que debe defender el Partido Popular frente al modelo de plena integración y promiscuidad entre el partido y sus medios afines que defiende el Partido Socialista.

Rajoy conoce estas intrigas y las sufre con su natural parsimonia, pero confía en tener su oportunidad ganando en mayo y en el 2008, aunque más por los errores de Zapatero que por propios méritos. De lo contrario habría cambiado a sus más desgastados dirigentes sin esperar al congreso del otoño, sobre todo porque Acebes y Zaplana saben que están en el punto de mira de la dirección del PP e intentarán, como lo hicieron hasta ahora, favorecer las posiciones más conservadoras y el discurso de la crispación, que es donde ellos tienen puestas todas sus esperanzas de continuar, en lugar de ofrecer al PP una mejor oportunidad dando un paso atrás.

El último sondeo del CIS anuncia un empate técnico entre PSOE y el PP, y puede que incluso esconda una ligera ventaja de los populares, pero en todo caso insuficiente para asegurar la alternancia en el poder, y ello a pesar del atentado de ETA en Barajas y de cuanto acontece con el desgobierno y puesta en entredicho de la cohesión y la unidad nacional. De ahí que resulte llamativo que tanto el PSOE como la orquesta mediática y política de la conspiración coincidan en el objetivo de radicalizar al PP. Los del PSOE, para avalar con ello la teoría de la «derecha extrema»; y los conspiradores, insistiendo en que el ruido moviliza su electorado y empuja el centro izquierda hacia la abstención, al tiempo que favorece sus pretensiones de hegemonía mediática e influencia política en el campo conservador.

El discurso de la alta tensión ha tocado techo en las encuestas y ahora es tiempo para que el PP presente alternativas políticas -¿en la moción de censura?-, nuevos equipos de gobierno y otras maneras de hacer en defensa del interés general y de un proyecto decididamente español. Esto lo deberían saber, actuando en consecuencia, tanto Rajoy como Aznar, si no quieren que el fantasma de La Moncloa convierta su meliflua sonrisa en perenne carcajada nacional. En el PSOE el problema lo tienen en su propio líder al que arropan y protegen, a pesar de los pesares, para no perder el poder agitando la teoría del miedo a un bronco PP. Un partido que tiene un débil liderazgo porque Aznar eligió un sucesor cómodo para él, dotado de sentido común aunque escaso de carisma, como es el caso de Rajoy. El que parecía destinado para gobernar, pero no para liderar oposición. Es lo que hay, y el ex presidente del Gobierno, por muchas cuentas pendientes que tenga con el PSOE, no debería interferir y empeorar la situación.

Publicado por el diario ABC el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

"Las dos caras de Hovstad" por Pedro J. Ramirez

Por Narrador - 25 de Febrero, 2007, 10:00, Categoría: Opiniones

Primero topas con los nombres; después descubres que detrás -algunas veces- también existen las personas. No tengo el gusto de conocer ni a Juan Mayorga, autor de la brillante versión de Un enemigo del pueblo de Ibsen producida por el Centro Dramático Nacional, ni a mi colega Javier Moreno, el meritorio nuevo director de El País que esta semana ha adquirido unas migajas de notoriedad en los medios periodísticos al espetar ante la mirada complaciente de sus jefes que EL MUNDO «se ha embarcado en una grave operación de desestabilizar a las instituciones democráticas sin parangón en Occidente».

Como tampoco sé si ellos se conocen entre sí, o si a Moreno -licenciado en Químicas como Rubalcaba- le gusta el teatro, o siquiera si lee otras cosas que no sean periódicos, no puedo concretar si bastaría con que se llamaran por teléfono, si sería mejor que Mayorga le enviara un par de entradas para la función o si lo más práctico consistiría en que simplemente le remitiera el texto con un propio. Pero a ambos les conviene ese contacto. Al adaptador para difundir la inteligencia de su trabajo. Al meritorio director para disponer de argumentos literarios con los que relativizar y a la vez dotar de mayor sutileza, y por lo tanto profundidad, sus juicios categóricos.

A Mayorga tengo que hacerle un único pero sentido reproche: haber dejado fuera del libreto la que en todas las versiones anteriores ha sido siempre mi frase favorita del texto de Ibsen. Me refiero al inicio del quinto acto cuando el doctor Stockman, agredido durante el mitin en el que se le proclama «enemigo del pueblo» por su empeño en difundir la incómoda verdad de que las aguas del balneario local están contaminadas, se permite su primer y único gesto de ironía autocompasiva, relamiéndose jirones y desgarros: «¡Uno nunca debería ponerse su mejor pantalón para luchar por la libertad y la verdad!». Ahora el concepto pervive con mucha menos intensidad dramática al ser trasladado hasta los labios de una mera espectadora timorata como la señora Stockman, proyectarse sobre otra prenda de vestir y perder por el camino una de las dos motivaciones del combate: «No debería uno ponerse su mejor camisa para luchar por la verdad...».

A cambio cualquier periodista debe sentirse compensado con creces por el acierto con que Mayorga ha fortalecido a modo de historia lateral o paralela el debate sobre el papel de la prensa y la ética informativa a través de la evolución del personaje de Hovstad. El añejo director de La Voz del Pueblo, siempre nadando entre las dos tintas del idealismo y la cobardía de la era de las linotipias, se ha convertido ahora en el líder e impulsor del Canal 99, una dinámica emisora de televisión local cuyos vídeos, sabiamente administrados en el montaje de Gerardo Vera, terminan siendo el mejor atrezzo de la producción.

La tarjeta de visita con la que Hovstad se nos da a conocer en el primer acto no precisa énfasis alguno, pues Ibsen quiere que creamos que es un hombre comprometido con los valores de su profesión. «Petra, si su vocación es la verdad, entonces tiene usted madera de periodista», le dice a la hija del doctor Stockman. «¿Me autoriza a informar sobre su descubrimiento...? La gente debe saberlo cuanto antes», le requiere enseguida al médico.

Es en ese momento, en el que el público percibe con simpatía al periodista como el auxiliar indispensable del héroe dispuesto a revelar el secreto que pondrá a todos frente a sus contradicciones, cuando Mayorga acentúa el mérito de Hovstad. A muchos les habrá pasado desapercibido, a mí no. Su versión recoge fielmente el guiño de complicidad que Ibsen pone en boca del viejo Kul, suegro del doctor Stockman, cuando despidiéndose de él y del director del Canal 99 les dice pillín: «Bueno, os dejo para que conspiréis tranquilamente». Pero añade de su propia cosecha: «¡A por esa gentuza! ¡Sin piedad!». Y también es de Mayorga la proclamación solemne del propio Stockman: «En efecto, el señor Hovstad está implicado en la conspiración para volver loca a toda la ciudad». La reiteración no puede ser más actual y oportuna: el empeño por iluminar las zonas de sombra siempre será contemplado por el poder y sus acólitos como una «conspiración», pero bienaventurados sean esos «conspiradores» porque gracias a ellos los ciudadanos conocerán todo lo que tienen derecho a saber.

En esos minutos de santificación escénica el adaptador permite a Hovstad agrupar en un pequeño monólogo algunas de las declaraciones de intenciones con las que Ibsen había trufado sus más ambiguos diálogos: «Cuando fundé el Canal 99, me comprometí a vigilar al poder, tuviese el color que tuviese... Cuando elegí ser periodista, decidí dar voz a los sin voz. Nunca cejaré en esa lucha, por dura que resulte. Sé que puedo perder. Pero para mí la verdadera derrota sería no tener la conciencia tranquila. Nunca me perdonaría desaprovechar la ocasión de construir una sociedad más justa y más libre».

Pero más dura será la caída. Todo el mimo con el que el texto ha tratado a Hovstad durante la primera parte de la función se transforma en sañuda persecución de su cinismo cuando desde la mitad del tercer acto se convierte en catalizador del cambio de actitud de unos poderes fácticos que, como ocurrió durante el final del felipismo con el crimen de Estado y la corrupción o como ha ocurrido durante la Administración Bush con las pruebas para justificar la invasión de Irak, prefieren mantener como verdad oficial una flagrante mentira antes que ver perjudicados sus intereses.

Hovstad va apareciendo sucesivamente como el abanderado de la telebasura -«Digamos que en esos programas de entretenimiento nos dejamos guiar por los gustos del público»-, como el zafio seductor de la hija del doctor Stockman -«¡Cuánto me gustaría ayudarla a encauzar esa energía que la desborda!»-, como el chaquetero dispuesto a encontrar siempre justificaciones para acudir en auxilio del vencedor -«Doctor, el alcalde nos ha explicado aspectos que usted nos ocultó»-, como el hipócrita capaz de revestir su oportunismo con el ropaje de la solemnidad -«El compromiso con la libre expresión de las ideas no puede reñir con el sentido de responsabilidad cuando lo que está en juego es el interés público»- e incluso como la sanguijuela de alquiler que va insinuando sus tarifas con el más contemporáneo de los léxicos: «Hay formas de ayudar a un medio de comunicación en dificultades: subvenciones, publicidad institucional...».

Es obvio que todos los responsables de los grandes medios de comunicación tenemos nuestros seguidores y nuestros detractores a nada que llevemos unos cuantos años haciendo cada mañana el paseíllo; y si se consolida en el cargo, cosa que sinceramente le deseo, también le ocurrirá más pronto que tarde al meritorio nuevo director de El País. Los unos nos ven como al admirable Hovstad del primer y segundo acto, los otros como al detestable Hovstad del cuarto y quinto acto. En la medida en que nuestras ideas y actitudes suscitan la empatía o el repudio de millones de personas, pasamos simultáneamente por ángeles y demonios. Sin embargo la realidad es mucho más prosaica, entre otras razones porque es imposible que la virtud y el vicio adornen al mismo tiempo a alguien en grados tan extremos. Hovstad no existe al margen de la literatura, aunque en todos los periodistas seguro que habrá alguien que encuentre algo de las dos caras de Hovstad.

Como el buen salvaje, todos los que hemos elegido esta forma de vivir nos levantamos cada mañana henchidos de nobles sentimientos y dispuestos a ejercer de la manera más digna posible nuestra misión informativa. Pero ya en la ducha, al afeitarnos o al tomar el desayuno vamos reencontrándonos con nuestros propios prejuicios. Luego al llegar a la redacción nos topamos los lunes, miércoles y viernes con el proyecto intelectual del que formamos parte y los martes, jueves y sábados con los legítimos intereses creados de nuestros lectores, accionistas y anunciantes. Cada uno en su ámbito toma cada día decenas de decisiones instantáneas que tienen que ver con la jerarquía, el tratamiento o el enfoque de la información, sin que -como acabamos de ver en el caso de Luis Fernández, optando por emitir en TVE sólo los fragmentos de la entrevista con José María García en los que el atacado era él mismo- existan normas canónicas exactas que determinen qué es lo que hay que resolver, pues ningún escenario es idéntico a otro.

La clave para que nadie pueda abusar de su poder o perjudicar a todos con sus errores se llama pluralismo. Es obvio que en la pequeña ciudad del doctor Stockman no había más periódico que La Voz del Pueblo y uno de los contados anacronismos de la versión de Mayorga es que al mitin en el que culmina toda la acción dramática sólo asisten las cámaras del Canal 99. ¿Dónde están las de las otras dos, tres, cuatro o 98 emisoras cuya dispar actitud ante el asunto habría quebrado el falso fatalismo final de que «el hombre más fuerte es el que está más solo»?

Si las exageraciones y dislates del meritorio nuevo director de El País presentando a EL MUNDO como el mayor «desestabilizador institucional» -¿por qué no decir «enemigo del pueblo», Moreno?- en todo el orbe occidental hubieran sido una súbita erupción cutánea propia de toda funcionalidad adolescente, no sería necesario tener que recordar principios tan elementales tales como que la tolerancia es la columna vertebral del pluralismo y que nadie hay tan enfermo como el maniqueo que, a base de ver en su adversario el compendio de todos los males, termina odiándolo hasta el extremo de sufrir con su felicidad y no poder soportar su propia existencia.

El problema es que esto viene de atrás. De muy atrás si nos remontamos al tiempo en el que Juan Luis Cebrián bautizó como «sindicato del crimen» a quienes íbamos cercando con nuestras averiguaciones a los criminales a los que él protegía, sindicando todo tipo de réditos con González, o simplemente de hace unos meses si tomamos como referencia un artículo del propio consejero delegado del grupo Prisa con el elocuente título de Sobre la mierda (de toro). Desde que su amigo, íntimo colaborador y alma gemela proclamara en un almuerzo en Don Benito que «Aznar y Anguita son la misma mierda» y añadiera después ante 3.000 personas en Granada que «el que es una auténtica mierda es Pedro J.», nadie había vuelto a recurrir a esa solución final de la dialéctica que es la escatología.

Bajo el disfraz de un anglicismo, Cebrián se permitía referirse a este diario hablando de «pendejadas altisonantes», «periodismo amarillo, máquina de difamar», «diseminación de basuras», «mentiras e injurias», «desvaríos» que fomentan «la calumnia y la maledicencia» o «voceador de inmundicias». Todo ello a cuenta de nuestra investigación tenaz, abierta y multidireccional sobre la tremenda masacre del 11-M y en paralelo a la consumación por parte de su propio periódico de una manipulación informativa que analistas menos moderados que yo podrían definir, con no poco fundamento, precisamente con algunos de esos epítetos.

Desde que pretendieron inventarme condescendencias primigenias con los GAL, a base de alterar el sentido de algunos párrafos sacándolos de contexto -como si todos tuviéramos un pasado colaboracionista del que avergonzarnos en el armario-, y se vieron obligados a hacerse eco del alud de protestas de sus lectores, que constataron la trapacería tras nuestra reproducción íntegra de los artículos, no habían perpetrado otra igual. «Mientras 'El Mundo' pague, les cuento la Guerra Civil», tronaba un titular a tres columnas en portada. «Las conversaciones en la cárcel de Suárez Trashorras, el minero procesado por los atentados», proclamaba un relampagueante subtítulo. La burda falacia proseguía en el arranque de la información y culminaba con un editorial anatematizador titulado A cualquier precio. Sólo los lectores más pacientes y meticulosos llegaban a enterarse, párrafos adentro, de que lo que Trashorras había comentado a sus padres no es que EL MUNDO le hubiera pagado por unas recientes declaraciones en las que había roto sus dos años y medio de silencio, tal y como se pretendía hacer creer con tamaña tormenta tipográfica, sino que imaginaba, suponía o elucubraba que tal vez lo hubiera hecho con una tercera persona -su ex compinche Nayo-, que a miles de kilómetros de distancia había dicho cosas desagradables para él. Total que en el primer alumbramiento con despliegue de luz y sonido del meritorio nuevo director -Moreno ya firmaba el periódico- parturiunt montes, nascetur ridiculus mus.

Pero, claro, eso no podía quedar así, tratándose de un grupo de comunicación tan poderoso. El director debió poner tan ridículo ratoncillo en manos de un subdirector, el subdirector lo encomendó a un redactor jefe, el redactor jefe se lo pasó a un tertuliano de la Ser, el tertuliano de la Ser a un comentarista de CNN+, el comentarista de CNN+ a quién sabe qué buena comadre y la buena comadre al corresponsal de El País en París que abrió la puerta de la jaula en una emisión de France 5 y soltó al centro de la pista un espectacular león rugiendo y dando zarpazos: no sólo Trashorras había declarado que EL MUNDO le había pagado, sino que lo había hecho ante el juez y denunciando que había sido para implicar a ETA en el 11-M, por todo lo cual -conmoción y espanto entre la desinformada audiencia- «en cualquier otro país ese periódico estaría cerrado».

Fue tras nuestro público emplazamiento para que aclarase si hacía suyas la versión y la receta de su replicante parisino, cuando el meritorio nuevo director nos presentó ante los alevines de su máster de periodismo como la mayor amenaza mediática para la democracia jamás surgida a ambas orillas del Atlántico. Ignoro si cuando sus jefes le pasaron luego la mano por el lomo, estaba también presente el Júpiter tonante que hace unas semanas creyó llegado su turno dentro del concurso televisivo por ver quién dice algo más denigratorio del director de EL MUNDO, apoyándose nada menos que en la tragedia de la T-4: «Te hace mucha gracia todo lo que tiene que ver con el terrorismo... ¡Qué contento estabas el otro día con el atentado!».

¿Qué habremos hecho nosotros para merecer todo esto? ¿Será por lo del gran grupo editorial en marcha, junto a los colegas y amigos de Recoletos? ¿Tendrá que ver con la acentuación de la tendencia -nueva subida significativa de EL MUNDO, nueva caída de dos dígitos de El País- en los inminentes datos de la OJD de enero? ¿O todo se circunscribe, en realidad, al «¡vale ya!» que de modo coral se nos pretende imponer con relación al 11-M, como si en el sacrilegio de nuestra incredulidad se compendiaran todos los motivos que a sus ojos nos hacen execrables?

Si despojamos tanto al angélico como al diabólico Hovstad de su empaque declamatorio y nos centramos estrictamente en su conducta, mi veredicto es que a lo largo de toda la función demuestra ser un director incompetente pues ni cuando está dispuesto a airear los datos descubiertos por el doctor Stockman, ni cuando se empeña en ocultarlos, dedica un solo momento a su estudio, análisis, contraste o corroboración. Se comporta como uno más de esos colegas que tienen decidida de antemano su postura y ni siquiera se molestan en averiguar si la verdad va a estropear o no sus titulares. Las dos caras de Hovstad confluyen finalmente en un mismo diletante de verbo fácil y whisky en ristre cuya gandulería se interpone siempre ante las obligaciones que en el terreno de la comprobación empírica nos impone la ética de la realidad.

Cuando el tribunal del 11-M ordenó analizar los restos de explosivos hallados en los focos de los trenes, nunca pensé que ni el Ministerio del Interior ni El País fueran a reconocer nuestra decisiva contribución a que esa esclarecedora prueba se llevara por fin a cabo, pero sí que di por sentado que la formación adquirida como químicos tanto por Rubalcaba como por Moreno facilitaría mucho la interpretación objetiva de sus resultados. Hétenos aquí, sin embargo, que a la vista de los informes provisionales, uno y otro ya han proclamado -directamente o por persona interpuesta- que la reiterada detección de una sustancia como el dinitrotolueno que no forma parte de la composición de la Goma 2 ECO es precisamente la prueba definitiva de que lo que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO. ¡Toma ya! Será que los que no sabemos nada de química somos nosotros. O que no tenemos el desparpajo de presentar como «muestra de Goma 2 ECO proporcionada por la Unión Española de Explosivos a la Policía para su análisis» lo que no es sino el mismo trozo de dinamita ya aportado como supuesta «muestra patrón» en 2004 no por el fabricante sino por el destituido jefe de los Tedax Sánchez Manzano. Entonces estaba contaminado por metenamina y ahora -qué casualidad- por dinitrotolueno.

Nunca propugnaremos el cierre de El País ni les lapidaremos con pedruscos del calibre -¡«sin parangón en Occidente»!, ha dicho el meritorio- de los que ellos nos lanzan a nosotros. Siempre argumentaremos, debatiremos y razonaremos. Y a la pregunta clave de la derrotista señora Stockman -«¿De qué sirve la razón cuando no se tiene el poder?»- responderemos con la interrogación recíproca que Mayorga añade oportunamente al diálogo de Ibsen: «¿Qué mayor poder hay que tener razón?». Serán el tiempo, los tribunales y los lectores quienes nos la den o nos la quiten. Y conste, una vez más, que este periódico no sostiene al día de hoy ninguna versión alternativa sobre lo que ocurrió el 11-M, pero sigue convencido de que no ocurrió gran parte de lo que nos dicen y de que mucho de lo que ocurrió aún no nos lo ha dicho nadie.

Publicado por el diario EL MUNDO el domingo 25. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Santano, Mélida, Andradas y Ramírez al banquillo: Editoriales (24 de febrero de 2007)

Por Narrador - 24 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Opiniones

Un Auto que avala la investigación de la juez y de EL MUNDO (Editorial de EL MUNDO)

La Audiencia de Madrid avaló ayer en un auto el trabajo de investigación de la juez Gemma Gallego al desestimar los recursos de los imputados y confirmar que los mandos de la Policía Científica tendrán que sentarse en el banquillo.

El auto dictado por tres magistrados de la Audiencia es también una rotunda desautorización de las actuaciones del juez Garzón y del fiscal general del Estado. Hay que recordar que Garzón llegó a dictar un auto de exculpación de los mandos de la Policía Científica antes de inhibirse en un caso en el que no tenía competencias. La Fiscalía de la Audiencia Nacional respaldó las decisiones de Garzón contra los peritos, cuya inocencia ha quedado acreditada por la juez Gallego.

La resolución de la Audiencia de Madrid coincide con todas y cada una de las tesis que ha venido defendiendo este periódico, que siempre sostuvo que había serios indicios de un delito de falsedad documental por parte de los jefes de la Policía Científica. No es cuestión de insistir en la campaña de difamación que sufrió EL MUNDO por decir lo que ahora dicen no ya uno, sino tres jueces. También reivindica la posición del portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, criticada en su día por propios y extraños.

El auto de la Audiencia subraya que es irrelevante entrar a discutir si el informe de los tres peritos que vinculaba a ETA con el ácido bórico era o no un documento oficial. Esa no es la cuestión.

Lo esencial -afirman los tres magistrados- es que sí hay sobrados indicios de que el informe elaborado por Francisco Ramírez a requerimiento de sus superiores y enviado al juez Del Olmo era un documento oficial falso.

El auto señala que hay cuatro indicios de que lo corroboran. El primero es que la UCIE había solicitado «el estudio, análisis e informe pericial» sobre el hallazgo de acido bórico, mientras que en el documento enviado al juez sólo consta «análisis de las muestras». El segundo indicio es que el informe afirma que Ramírez se hizo cargo de las muestras a analizar cuando lo cierto es que fue el perito Manrique. El tercer indicio de falsificación es que el informe indica que fue Ramírez quien realizó los análisis cuando la verdad es que no participó en ellos. Y el cuarto es que el propio Ramírez destruyó el sobre original donde constaba el nombre de Escribano como perito designado y lo sustituyó por otro en el que puso el suyo, alterando a continuación con tipex el libro de registro.

El auto señala que Ramírez tenía la opción de haber enviado al juez el informe original de los peritos, suprimiendo las observaciones con las que discrepaba y firmándolo en su condición de jefe. Pero prefirió simular un nuevo documento, siguiendo las órdenes de Andradas, Mélida y Santano, imputado subsidiariamente de un delito de encubrimiento.

Resulta una paradoja que Santano, comisario general de la Policía Científica, se vea acusado ahora de delitos de falsedad y encubrimiento cuando ha sido el responsable de analizar y custodiar pruebas esenciales en la investigación del 11-M. Hay que recordar que la Policía Científica bajo su mando analizó en 2004 el explosivo hallado en la Kangoo, en la mochila, en las vías del AVE y en el piso de Leganés sin que surgieran los rastros de DNT detectados ahora en sospechosa sintonía con su aparición en los focos de los trenes.

El auto de la Audiencia de Madrid pone en cuestión la fiabilidad de este comisario, que, a buen seguro, a partir de ahora dejará de reír los chistes que han surgido sobre el ácido bórico. Seguimos esperando, por último, que los medios que engañaron a sus lectores rectifiquen en honor a la verdad y para restituir el honor de los peritos injustamente difamados.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el sábado 24. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Opiniones (23 de febrero de 2007)

Por Narrador - 23 de Febrero, 2007, 7:00, Categoría: Opiniones

“Abogados, cerebros y certezas (o no)” por Victor De la Serna

La última jornada de esta segunda semana del juicio del 11-M alimentó el escepticismo ante las explicaciones ya ofrecidas: esa misteriosa visita de «extraños» a la casa de Morata de Tajuña y la extrañísima carta testamento de Abdenabi Kounjaa, descubierta en las renombradas instalaciones policiales de Canillas.

Pero todo eso, claro está, es incidir en la teoría de la conspiración. Y por ahí sí que no pasan otros. En la Ser y en El País ven claro cómo, de las medios conspiracionófilos, el mal ha pasado ominosamente a las filas de los abogados defensores (y de sus supuestas aliadas, las asociaciones víctimas), a los que el diario dedicaba ayer un feroz editorial:

«A los intentos esperpénticos de involucrar a ETA (...) han añadido en la vista comportamientos profesionales de dudosa práctica forense. (...) El juicio pasará a la historia, entre otras cosas, por la simbiosis y sincronización con que actúan algunas acusaciones y defensas».

Su comentarista Ernesto Ekaizer remacha, sobre Morata: «¿Quiénes eran esos desconocidos? (...) ¿Aparte del explosivo de Asturias, alguien les proporcionó dinamita Titadyn? No, no fue por la presencia de Irak en la sala. Se trata de bombardear el juicio no sólo desde fuera, es decir, desde los terminales mediáticos de la otra conspiración, sino también desde dentro».

Quien no suele tener dudas, ¡afortunada ella!, es Edurne Uriarte, en Abc, y ayer lo ratificaba: «He aquí que sólo en 2006 España está explícitamente señalada como objetivo en al menos cuatro comunicados del número dos de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri. En marzo, en julio, en septiembre y en diciembre. Ésa es la autoría intelectual, que no inteligente, del 11-M».

La certeza, en cambio, no invade a J. L. Castaneda, en La Razón, que sigue buscando a un Zacarias Moussaoui, como Diógenes buscaba a un hombre con su linterna: «Si la primera semana del juicio nos dejó el insólito titular de que los supuestos ideólogos de Al Qaeda condenaban los atentados del 11-M, las sesiones de esta semana nos dejan otro lead no menos sorprendente: los presuntos mártires de Al Qaeda escaparon por dos veces de su propio suicidio. Zougam, Ghalyoun y Bouchar, los únicos tres acusados por poner las bombas del 11-M, no se inmolaron en los trenes, como los fanáticos kamikazes de Nueva York, Bali, Casablanca o Londres, pero tampoco en el piso de Leganés. Serían, según la acusación, supervivientes de sí mismos por partida doble. (...) Aunque para algunos todo empieza a encajar después de estos primeros días del juicio, la sensación puede ser más bien la de que todo está más desencajado que nunca. Las preguntas del fiscal y de las acusaciones particulares han podido desentrañar parte de la madeja de amistades peligrosas de los que se sientan en el banquillo. La gran asignatura es hallar la piedra filosofal que convierta esas amistades peligrosas en una bárbara masacre con 192 muertos y 1.800 heridos».

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Editoriales (22 de febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:00, Categoría: Opiniones

De la sospechosa carta de Kounjaa a las misteriosas visitas de Morata (Editorial de EL MUNDO)

El enigma de la carta testamento de Abdenabi Kounjaa, muerto en el piso de Leganés, sigue sin esclarecerse pese al testimonio de ayer de su compañero Saed el Harrak en el juicio del 11-M. El Harrak, acusado de integración en organización terrorista, declaró que ignora cómo pudo aparecer en una bolsa suya en junio de 2004 esa carta en la que Kounjaa se despedía de su familia. La carta fue hallada en las instalaciones policiales de Canillas, pero lo raro es que no fue detectada antes por el empresario que entregó la bolsa ni por la Policía Científica de Leganés, que efectuó un listado del contenido de esa bolsa y otras pertenencias de Saed el Harrak. ¿Cómo es posible que a los expertos de Leganés se les escapara un documento de tal relevancia? El Harrak sostuvo ayer que no tiene explicación sobre esa carta que, según sus palabras, alguien pudo introducir fácilmente en su bolsa. «Si hubiera visto esa carta, no me habría quedado con ella. La habría quemado porque suponía un peligro para mí», declaró ayer. Su argumentación es de puro sentido común: nadie guardaría -y menos siendo sospechoso- una prueba que le vinculara al 11-M. Pero además hay otro factor que induce a dudar sobre su autenticidad: que la misiva está escrita en árabe y firmada en castellano, algo realmente insólito. Otro enigma del 11-M es quienes fueron los misteriosos visitantes de la casa de Morata, donde se prepararon los explosivos. Hamid Ahmidan, primo de El Chino, declaró ayer que tuvo que abandonar la finca el día 29 de febrero, pero que vio antes a su primo manipular un «cilindro con cables» junto a otras personas. El Chino le pidió que no volviera a Morata durante unas semanas, lo que coincide con los testimonios de El Fadoual y Otman Gnaoui, a los que no dejo entrar por esas mismas fechas con la excusa de la llegada de unos familiares.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Confundir al tribunal” (Editorial de EL PAIS)

Se sabía que la teoría de la conspiración sobre el 11-M, uno de cuyos apartados es la implicación de ETA, tenía defensores a ultranza sentados en estrados de la sala de audiencia en la que se celebra el juicio oral sobre el atentado, pero era difícil sospechar que llegaran hasta el extremo de amagar con confundir al tribunal. A los intentos esperpénticos de involucrar a ETA, como los del ácido bórico o la orquesta Mondragón transmutada en el grupo industrial vasco del mismo nombre, llevados a cabo durante la instrucción sumarial, se han añadido en la vista oral comportamientos profesionales de dudosa práctica forense.

Quienes buscan desesperadamente puntos de conexión de ETA con el 11-M creen haber encontrado uno de ellos en el temporizador hallado en el domicilio de un procesado, que ellos consideran, contra toda evidencia, del tipo de los usados por la banda terrorista en sus atentados. Y han aprovechado la primera ocasión que han tenido a mano, en este caso el interrogatorio de este procesado, para intentar dar carta de naturaleza procesal a su obsesión, presentando por sorpresa la fotografía de un temporizador incautado tiempo ha a ETA por la Guardia Civil, como si fuera idéntico al intervenido al procesado que se sienta en el banquillo. Otro aspecto llamativo es que esa fotografía figura en el escrito de calificación presentado al tribunal por el actual abogado particular que recientemente se ha hecho cargo de la defensa de Zougam y Ghalyoun, en sustitución de su antiguo abogado de oficio, mientras que quien primero ha intentado utilizarla procesalmente ha sido el letrado de una de las acusaciones. El juicio sobre el 11-M pasará a la historia, entre otras cosas, por la simbiosis y perfecta sincronización con que actúan algunas acusaciones y defensas, como si su distinta posición en el proceso no fuera obstáculo para compartir el mismo objetivo.

Hay que alabar, en todo caso, el comedimiento con que reaccionó el tribunal a la maniobra con que se le intentó confundir. Ordenó de inmediato retirar la fotografía, por la simple razón de que no figura en el sumario, sin inquirir sobre los motivos e intencionalidades de su presentación, concediendo que entraba dentro de los amplios márgenes del derecho de defensa. También los letrados implicados se han justificado asimilando sin más su extraño proceder a "una estrategia de defensa". Sin duda, el derecho de defensa debe ser lo más amplio posible, y así lo está reconociendo el tribunal que juzga el 11-M. Pero los abogados, más que nadie, saben que tiene unos límites, tanto penales como éticos, que nunca deben traspasarse.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Opiniones (22 de febrero de 2007)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 6:30, Categoría: Opiniones

“Subalternos y fantasmas” por Victoria Prego

De todas las declaraciones que se produjeron ayer en este juicio que lleva ritmo de paso ligero y en el que el presidente sigue sin permitir que el proceso se le desmadeje, la más interesante, por más misteriosa, fue la última. Al filo de las 19.00 horas habló Hamid Ahmidan, un marroquí de 30 años que tiene el especial interés de ser primo de uno de los más destacados suicidas de Leganés, 'El Chino'.

No era la primera vez, sino la segunda, que la sala oía a un procesado decir que en los últimos días de febrero y los primeros de marzo no pudo ir a trabajar a la finca de Morata de Tajuña porque su primo no le dejó entrar. La razón: que estaba allí «una mujer con sus hijos». El otro peón que le hacía por entonces las chapuzas a 'El Chino' en la parcela había contado eso mismo al tribunal 24 horas antes. Pero ni uno ni otro fueron capaces de dar indicación alguna sobre la identidad de esos personajes fantasmales de los cuales los dos procesados hablan, pero a los que ninguno conoce y por los que nadie pregunta tampoco. Todas las preguntas posibles quedaron sin respuesta y quedó también la duda de si este hombre, el primo del suicida, hubiera ofrecido alguna precisión más si se hubiera avenido a responder a las cuestiones del fiscal y de las acusaciones. No fue así, de modo que quedamos pendientes de que llegue el momento de las pruebas y de los testigos.

El resto de la jornada dejó algunos rastros reconocibles en mitad de este bosque desdibujado y oscuro. Uno de esos rastros es la constatación de que, incluso en las intervenciones de los supuestos organizadores de la matanza y de sus autores materiales, la investigación está merodeando en torno a ellos en busca de una implicación que ya es inútil buscar: la de los muertos. Y que, después de haber pasado el lápiz una y otra vez sobre esas efigies desaparecidas, entrevemos un paisaje compuesto por gentes de segunda o tercera categoría, mozos de espadas -mozos de sangre habría que decir- de esos sujetos ausentes a cuyo servicio estos otros actuaban.

El otro rastro es el de que nos movemos en dirección centrífuga, del centro hacia la periferia de la responsabilidad de la matanza. Y que, acusado a acusado, hemos entrado de lleno en el terreno de los meros ayudantes de esta espeluznante operación. Nos acercamos así al borde de este primer círculo pero ya se intuye que, haciendo tangente con él, existe otro. Trasunto de lo que éste nos reserva sí que tenemos, porque en el que aún estamos recorriendo han aparecido ya los primeros aromas del segundo. Hablo de la información que la Policía, la Guardia Civil y los servicios secretos tenían de todo esto y de todos éstos.

Ha habido bastantes preguntas, pero de momento sólo espolvoreadas, sobre el grado de información que los acusados tenían de los seguimientos policiales a que estaban siendo sometidos. Muy pocos han dicho estar enterados de tal cosa. Pero la reiterada mención del asunto no ha pasado desapercibida. Es evidente, pues, que no falta mucho para que empiece a declarar el primero de los que se confiesan públicamente como confidentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y será entonces cuando vuelva a plantearse, gigantesca, la pregunta de por qué, con tantísima información adquirida, con tanto y tan exhaustivo conocimiento de las andanzas y actividades de estos sujetos, pudo llegar el 11 de Marzo y pudieron actuar con libertad escandalosa unos individuos que llevaron a la Policía cosida a los talones hasta el último minuto antes del crimen.

Y, entreverada en esta última consideración, la asombrosa constatación de la afición desmedida de todos los procesados por acumular uno, dos, tres y hasta cinco teléfonos móviles con tarjetas distintas, que manejaban con soltura de contorsionista electrónico. No hay uno que diga tener un solo teléfono, un solo número y una sola tarjeta, como los simples mortales. Pero, con afición y todo, con tanto cruce de comunicaciones, con tanto jeroglífico, resulta inaudito que no hayan caído en que detrás de sus conversaciones pudiera haber unos oídos expertos y que, llegada la hora de echarles el guante -demasiado tarde, eso sí- los periplos de todos estos Marco Polo de la yihad asesina pasarían a un minucioso mapa de papel que les cerraría toda posible escapatoria. Lo cual, por cierto, nos habla al mismo tiempo de su incapacidad para tanto.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El juez, héroe por un día” por Victor De la Serna

El incidente del abogado que intentó introducir en el juicio del 11-M la foto de un temporizador de los que utiliza ETA, intento rechazado de inmediato por el juez, sirvió ayer para que los medios que denuncian teorías de la conspiración se desencadenasen contra lo que ven como otra maniobra de los conspiracionófilos. Calle de la conspiración, esquina a engaño, titulaba el otrora frío y factual El País; Gómez Bermúdez aborta otro intento de meter a ETA en la vista del 11-M, decía ABC. En la Ser también estuvieron abriendo sus informativos con esta noticia, que La Vanguardia llevaba también a su portada.

Así iniciaba El País su información: «La vista oral por el mayor atentado en la historia de España destapó ayer una de las múltiples trampas en las que se sostiene la teoría de la conspiración».

En la tertulia matutina de TVE-1, la reacción firme del juez Gómez Bermúdez impidiendo la presentación de un documento gráfico no incluido en el sumario daba pie al periodista Eduardo San Martín para resaltar el estilo ecuánime del magistrado, recordando que ha sido fustigado y recusado desde la izquierda, y que más valdría dejar de encasillar a los jueces en sus supuestas posturas ideológicas, porque luego se demuestra, como en este caso, que son capaces de una actuación profesional e independiente. Algo mohíno, Enric Sopena le replicaba que tanta crítica y acoso previos habrán tenido la virtud de desalentar al juez en el caso de que hubiese tenido la menor tentación de dejarse llevar por su derechismo. Así que Sopena se apunta a las bondades de la descalificación preventiva. En todo caso, miren por dónde, Gómez Bermúdez se convierte en el héroe del juicio. Héroe por un día, al menos.

El desfile de presuntos autores y colaboradores va creando impresiones sobre su catadura. De ello sacan conclusiones Germán Yanke, en ABC, y Victoria Prego, en EL MUNDO. Yanke: «Poco a poco se va viendo la quiebra de tanta declaración exculpatoria, de tanto aparente despistado sentado en el banquillo sin saber nada». Prego, sobre Otman Gnaoui: «Se escabulló con extraordinaria torpeza y sus murmullos se estrellaron contra el silencio de la sala y quedaron ahí desnudos, flotando en el aire. En el aire y en las muchas pantallas de plasma que cuelgan de las paredes del recinto, que demostraban, una y otra vez, que había vuelto a mentir».

En las tertulias, como quien no quiere la cosa, se intercala la próxima manifestación de la AVT y se fustiga al PP por participar. De poco le va a servir a Angel Acebes reiterar en Onda Cero: «Nosotros no nos manifestamos contra la sentencia del Tribunal Supremo. Nos manifestamos en apoyo a las víctimas de De Juana Chaos». Interesa hacer ver que el PP y la AVT van contra la Justicia, y volverán a la carga.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Empieza la campaña” por Luis del Pino

Reunión. Declaración de Rachid Aglif, amigo del confidente Zouhier y extraído como él del mundo sórdido de la noche. Nos adentramos en la versión oficial. Inseguro y nervioso, nos ha hablado de la reunión en una hamburguesería donde, supuestamente, se pactó la entrega de los explosivos. Seguimos sin saber qué se habló o quién lo habló allí, pero tiempo habrá de discutir prolijamente sobre esta escena cumbre de la versión oficial cuando declaren los asturianos.

Esperpento. La declaración de Abdelilah Fadoual, supuesto lugarteniente de El Chino, ha sido esperpéntica, por no decir delirante. El juez ha tenido que emplearse a fondo para cortar sus peroratas muchas veces incomprensibles. ¿Es éste un peligroso terrorista islámico? Algún detalle nuevo: resulta que El Chino tenía un bar. ¿Por qué no nos habían hablado de los aspectos empresariales de la vida de Jamal Ahmidan? Referencias también en la declaración a Hicham Ahmidan, el gran ausente de este juicio. ¿Cómo es posible que nadie le haya interrogado ni siquiera dentro del sumario?

Testamento. Saed Harrak niega, como ya esperábamos, que él tuviera ningún testamento de Abdenabi Kounjaa y manifiesta su extrañeza por que Kounjaa se suicidase. Ya sabíamos que ese testamento era falso, pero Harrak corrobora que nunca pasó por sus manos ese manuscrito que terminó apareciendo, como tantas pruebas de este caso, en la comisaría de Canillas.

Marejada. La atención, sin embargo, va derivando hacia el exterior de la sala. Como cabía esperar, en los medios del Grupo Prisa se ha desatado ya la campaña contra el abogado de Jamal Zougam, que tanto daño ha hecho a la versión oficial. La decisión de este abogado de que sus defendidos sí contestarán a todas las preguntas ha forzado a cambiar la estrategia del resto de las defensas. Ahora casi todos responden a los abogados de las acusaciones. Mal pintan las cosas para la versión oficial y empiezan a cundir los nervios. Estén atentos a los acontecimientos.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Crónicas del subsuelo” por David Gistau

Ayer no fueron los adoctrinados, los guerreros santos erizados por las diversas siglas de la yihad y envenenados por una pretensión de eternidad y de castigo. La sala de la Casa de Campo fue tomada por personajes subterráneos, malevos de cabotaje que recordaban al moromierda de Makinavaja y que siempre han estado ahí, en los barrios de neones, en la Isla Tortuga de Lavapiés, pasando chocolate o atentos al bolso que se descuida.

Incluso 'El Egipcio' les despreció. Él, que hasta entonces había seguido los interrogatorios como si quisiera influir en las respuestas mediante telepatía, se desprendió esta vez de los auriculares de la traducción simultánea y se dedicó a mirar el techo en uno de los bancos del fondo. Como si nada de lo que fueran a decir estos mindundis con hábito carcelario para los que un amigo es alguien a quien «colocar el marrón» pudiera llegar tan alto como para comprometerle. Los suburbios de la conspiración: viejos conocidos de la Policía, infiltrados, controlados que, sin embargo, esquivaron todos los diques de contención.

Rachid, 'El Conejo', Aglif, con su rostro fallido, como aplastado contra un cristal, introdujo el asunto de la trama asturiana. Esa reunión de cutres del lumpen en un McDonald's de Carabanchel donde habría sido negociado con Trashorras el contrabando de explosivos.

Surge de ese encuentro la figura de uno de los suicidas de Leganés: Jamal Ahmidan, 'El Chino'. Un chorizo y traficante de poca monta que regresó «cambiado», iluminado, de un viaje a Marruecos en 2003, y que a partir de entonces habría aprovechado sus recursos y contactos de delincuente habitual para conectar una trama terrorista con los proveedores. 'El Conejo' no soportó la tensión del interrogatorio. No está adiestrado por ningún manual de comportamiento yihadista y, habituado al trapicheo, se le vio desbordado por la inmensa gravedad de lo que se dirime en la Casa de Campo.

En la jaula, los acusados suelen animar con algún gesto cómplice al que es llamado por Gómez Bermúdez para protagonizar en el estrado unos minutos de fama que nada tienen que ver con los que mencionó Andy Warhol. Aglif acudió a los suyos con tanta congoja, con tantas ganas de pasar el trago cuanto antes, que hasta aventuró un «No sé nada de lo que va usted a preguntarme» que convirtió en parodia la estrategia colectiva de la negación.

Provocó en Zouhier tales gestos de desagrado que Gómez Bermúdez expulsó a éste con un tono que lo mismo habría servido para obligar a un alumno díscolo a sujetar dos libros con los brazos en cruz, como en Zipi y Zape. Zouhier sí tiene prisa por ser protagonista, por hablar. Su permanente actuación algo histriónica contrasta con la discreción de las víctimas sentadas en las butacas más distanciadas de la urna. Éstas ni siquiera quieren trabar miradas desafiantes con los acusados: se acarician y alientan para sostenerse, se contentan con aguantar la fatiga y el dolor, la cercanía de esos monstruos personales que siempre encuentran alguna excusa para reír. Como en el clásico etarra, también en este caso nuestras lágrimas son sus carcajadas.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Los islamistas negocian en McDonald´s” por F. Velasco

Las sesiones del juicio van dejando algunas aficiones comunes a gran parte de quienes se están jugando su futuro, en todo caso mucho más despejado que el de los 191 que lo dejaron enterrado ese fatídico 11-M y de las miles de familias que no pueden expulsar esos dramáticos momentos. Son aficiones, la de esos que se partían de risa en su urna blindada, que están muy lejos de las que deben practicar los buenos musulmanes. Hasta ahora, hemos comprobado cómo las rutas discotequeras formaban parte de sus noches y las chicas, ay las chicas, siempre aparecen por uno u otro lado. Cuando no es Tánger es en la disco de moda de Madrid. Siempre como tapadera, como escudo para detener las lanzas de preguntas más que comprometidas.

Así que mucha música nocturna y todo lo que hay a su alrededor. Pero nada más, eh, que quede claro. ¿Carne? Ni pensarlo, si no hay garantías de que el pobre animal ha sido sacrificado conforme mandan los cánones del halal. Bien clarito lo dejó ayer Rachid Aglif, conocido como «El Conejo». Todo el mundo le preguntaba, una y otra vez, por la reunión de amigos en un McDonald´s de Madrid, y todos querían que saliera de la madriguera y sacara a relucir si, entre hamburguesas y patatas con ketchup, se habló algo, por pura casualidad, de venta de explosivos. Pero él, a lo suyo. Que no, que no, que nada de nada, que incluso se sumó tarde a la tertulia que mantenían el ex minero Trashorras, su ex mujer, «El Chino», y Rafa Zouhier, que se está haciendo más popular que el linier de «Rafa, no me jodas». Y todo porque su pedido, una hamburguesa de pescado -como está mandado-, tardaba más que la de carne.

No escuchó nada, sólo de una pequeña operación comercial de hachís, nada de importancia. Por eso tuvo tiempo de percatarse de que la chica era un tanto «heavy». Un pequeño detalle sobre el que le falló el subconsciente. Estaba «El Conejo» enrocado cual partida de ajedrez en que no tenía nada que ver con el trapicheo de hachís, ni nada de eso, y no había quien le sacara de ahí. El fiscal, erre que erre, paciente, que para eso era su debut, y no se le ocurre otra cosa que pedir que se lea parte de la declaración que realizó al ser detenido. Y como estamos sobrados con las nuevas tecnologías en los juicios, ahí que se proyecta en pantalla, y justito una frase detrás de esa minucia en la que se había empeñado el fiscal, aparece, mire usted por dónde, que la joven que estaba en esa tertulia le pareció hace casi dos años «heavy». Exactamente igual que ayer. Será pura coincidencia. Será otra «burrada», escondite favorito de este «animal».

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ni sombra de Moussaoui” por J. L. Castaneda

Si la primera semana del juicio nos dejó el insólito titular de que los supuestos ideólogos de Al Qaida condenaban los atentados del 11-M, las sesiones de esta semana nos dejan otro «lead» no menos sorprendente: los presuntos mártires de Al Qaida escaparon por dos veces de su propio suicidio. Zougam, Ghalyoun y Bouchar, los únicos tres acusados por poner las bombas del 11-M, no se inmolaron en los trenes, como los fanáticos kamikazes de Nueva York, Bali, Casablanca o Londres, pero tampoco en el piso de Leganés. Serían, según la acusación, supervivientes de sí mismos por partida doble.

Aunque para algunos todo empieza a encajar después de estos primeros días del juicio, la sensación puede ser más bien la de que todo está más desencajado que nunca. Las preguntas del fiscal y de las acusaciones particulares han podido desentrañar parte de la madeja de amistades peligrosas de los que se sientan en el banquillo. La gran asignatura es hallar la piedra filosofal que convierta esas amistades peligrosas en una bárbara masacre con 192 muertos y 1.800 heridos.

La primera sorpresa ha sido la de no ver reproducida hasta el momento en ninguno de los procesados la actitud chulesca e intimidante a la que los etarras nos tienen acostumbrados desde hace décadas en sus juicios. Se les supone a los terroristas islámicos un mayor grado de fanatismo que a los terroristas nacionalistas. A lo mejor estábamos equivocados.

Segunda sorpresa. La fiscal Sánchez aseguraba que el 11-M emanaba directamente de una alocución de Bin Laden, pero sus supuestos esbirros en España, «El Egipcio», El Haski y Belhadj, señalados por la acusación como «cerebros» de la masacre, le han negado tres veces como San Pedro. Con ello, hurtaron la posibilidad de revivir aquí el juicio contra Zacarías Moussaoui, el único procesado en los Estados Unidos por los atentados del 11-S en Nueva York y Washington.

Condenado el año pasado a cadena perpetua, Moussaoui no sólo reconoció que su cometido en el 11-S era estrellar un avión contra la Casa Blanca, sino que se declaró culpable, admitió formar parte de Al Qaida y llegó a jurar lealtad a Bin Laden. No hay sombra de este comportamiento en la sala de la Casa de Campo, si bien nada concluye que los miembros de Al Qaida o de cualquiera de sus grupos adyacentes tengan que responder en todas las latitudes a las mismas pautas.

Tercera sorpresa. Los procesados del 11-M se defienden ante las acusaciones con uñas y dientes, sobre todo los que sienten el peso de los 38.656 años de cárcel sobre sus cabezas, por ser los supuestos autores materiales de la matanza. Lo hacen unos mejor que otros. Ghalyoun, provisto de notas y documentos, se lo tomó como una reválida. Bouchar cayó en el estado de confusión que la endorfina provoca en los corredores de fondo, sobre todo cuando se les pregunta si pertenecen a los servicios secretos de algún país.

La huida de Bouchar

El día del presunto suicidio de la célula de «El Tunecino», Bouchar salió a la carrera, según la Policía, del piso de Leganés, sin haber digerido un hueso de aceituna y otro de dátil, y olvidándose el pasaporte. Después de cruzarse siete países europeos, en uno de los cuales pidió asilo político, y ser detenido en Serbia, ¿de quién sigue huyendo?

El que mejor se defendió fue Zougam, ayudado sin duda por la fragilidad del sumario en cuanto a los motivos de su imputación delictiva. No hay rastros de su ADN ni de sus huellas dactilares en ningún escenario vinculado con la matanza: Renault Kangoo, Skoda, casa de Morata, Leganés... Sembró dudas de forma bastante convincente sobre los reconocimientos practicados por los testigos que dijeron verle en los trenes de El Pozo y Santa Eugenia.

Además, Zougam le endosó con toda naturalidad a su socio Bekali, detenido el 12-M y luego puesto en libertad sin cargos, la custodia y venta de las tarjetas de los móviles supuestamente empleados en las bombas. En definitiva, y por lo que respecta a Zougam, quien esperase ver «al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos», se habrá decepcionado.

Publicado por el diario LA RAZON el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Un tonto puede hacerlo” por Edurne Uriarte

«El poner una bomba, el meter cincuenta o cien kilos en un coche y hacerlo explosionar, pues era la cosa más sencilla del mundo. Cualquier tonto lo podía hacer (...) La única obsesión que teníamos era crear el máximo miedo y daño posible a los madrileños (...) Solíamos oír a la gente que decía, joder, es que yo acepto cualquier postura política, pero es que la violencia es una cosa que yo no puedo aceptar. Y nosotros nos reíamos. Y decíamos, joder, ¿la violencia? La violencia es la que hacéis vosotros.» (palabras de un viejo etarra recogidas por Fernando Reinares en su libro Patriotas de la muerte).

Que cualquier tonto puede hacer estallar una bomba, lo sabíamos, aunque es indudable que el reconocimiento del propio terrorista es un testimonio de autoridad. Lo sabíamos hasta el 11-M, hasta que algunos han introducido una variante inusitada en el análisis del terrorismo que es la inteligencia. Insisten estos días en que los islamistas identificados como supuestos autores de la matanza no son los suficientemente inteligentes para prepararla. Cuando cientos de biografías de etarras nos han mostrado que la inteligencia es un requisito muy secundario cuando de matanzas se trata. Y cuando la historia de ETA nos enseña que una sociedad puede vivir completamente condicionada durante décadas, no por la inteligencia de los terroristas, sino por el terror que provocan.

El problema de los introductores de la variable de la inteligencia es evidentemente otro, la negativa a reconocer la integración de los islamistas juzgados en España en una red terrorista internacional. O la negativa a otorgar credibilidad a las reivindicaciones del 11-M realizadas por el fundamentalismo. O la negativa a aceptar la realidad de las amenazas de los líderes de Al Qaida contra España.

Pero he aquí que sólo en 2006 España está explícitamente señalada como objetivo en al menos cuatro comunicados del número dos de Al Qaida, Ayman al Zawahiri. En marzo, en julio, en septiembre y en diciembre. Ésa es la autoría intelectual, que no inteligente, del 11-M, y de lo que vendrá, en España o en cualquier otro lugar de Europa.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“ETA y el 11-M” por Jesús Zarzalejos

Aunque ahora no se insista mucho en ello -a pesar de todo lo que se ha dicho al respecto en los dos últimos años-, en el juicio del 11-M se van a abordar los supuestos indicios de la relación de ETA con este atentado. Sólo el empeño de convertir a ETA en tabú absoluto o, por el contrario, en la mano oculta del atentado, ha distorsionado lo que, desde el principio, debería haber sido un capítulo normal de este proceso.

El Tribunal del 11-M rechazó el pasado martes que se mostrara a un acusado la fotografía de un detonador utilizado habitualmente por ETA, pues tal imagen no formaba parte del sumario. La decisión de la Sala fue acertada porque no hay razón para meter a ETA en el juicio por la puerta de atrás, cuando están admitidas pruebas que van directamente a los hechos que aparentan -y sólo esto- un vínculo entre la organización etarra y el atentado. El ámbito carcelario se va a investigar con la declaración de Henri Parot, cuyo nombre apareció en una nota hallada en la celda de Abdelkrim Benesmail, a quien se le considera «lugarteniente» de Allekema Lamari, uno de los siete suicidados en el piso de Leganés. También se va a tratar la coincidencia temporal de dos viajes: el de los islamistas que llevaban a Madrid, desde Asturias, los explosivos que luego serían empleados en el atentado, y el de Gorka Vidal e Irkus Vadillo, igualmente testigos en el juicio del 11-M, quienes conducían una furgoneta cargada con más de media tonelada de explosivos para hacerlos estallar en un polígono industrial de la capital. Por si fuera poco, el Tribunal ha pedido la desclasificación de una nota del CNI sobre una entrevista con Suárez Trashorras en la que éste habría afirmado que Jamal Hamidan conocía a los etarras Vidal y Vadillo.

El enfoque judicial de estas pruebas no es otro que resolver hasta la última duda. Es muy razonable -y así lo reconoceríamos si nos lo contaran de otro país- que en el juicio por el mayor atentado cometido en España se deje un espacio a la organización terrorista que lleva cuarenta años asesinando. Pero más allá de este fundamento objetivo y de las razones concretas del Tribunal para aceptar las pruebas citadas, sólo hay pura especulación y un intento de endosar a la Justicia valoraciones de carácter político o de opinión publicada. Por otro lado, estas pruebas llegarán a un juicio oral ya muy avanzado, en el que los acusados empiezan a situar piezas fundamentales de la tesis de la Fiscalía, como hizo ayer Rachid Aglif, hombre de confianza de Jamal Hamidan, quien confirmó, como partícipe directo, el momento inicial del vínculo entre las tramas islamista y asturiana: una reunión en octubre de 2003, celebrada en un restaurante de comida rápida de Madrid.

Publicado por el diario ABC el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Viaje hacia el centro de la operación” por Ernesto Ekaizer

Si posas la mirada sobre la pecera la escena se repite. No, lo interesante no son las caras de Rafá Zohuier, cuya vocación de bufón de programa rosa es algo tardía. Los que llaman la atención son Youssef Belhadj y Abdelmajid Bouchar.

Siguen sin perder detalle las declaraciones de todos los acusados. Prácticamente no hablan con nadie. Son lo que queda del estado mayor de la operación. Poco a poco, con sacacorchos, aquellos acusados que fueron los últimos en ver con vida, que diría Truman Capote, a Jamal Ahmidan, El Chino, van aportando detalles sobre la conspiración islamista radical que diseñó y ejecutó el atentado. Desde Rachid Aglif, presunto integrante del grupo terrorista, hasta Hamid Ahmidan, primo de Jamal, pasando por Saed El Harrak, o Mohamed Larbi.

Aglif conoció a El Chino desde muy pequeño. No parece tener dudas que lo que ocurrió el 11-M ha sido obra de su viejo amigo, quien cambió de personalidad después de regresar de Marruecos, donde pasó una temporada en la sombra. "Más serio, más cerrado, extremadamente religioso", explicó.

Fue Aglif quien participó en la reunión del McDonald's de Carabanchel, el 28 de octubre de 2003, en la cual El Chino se reunió con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. "Fui con Zohuier. Cuando llegamos no nos presentamos. A comer hamburguesas. Como yo no las como de carne, sino de pescado, y éstas siempre tardan más fui el último en subir al comedor. Me senté en una mesa aparte. Yo en sus cosas [de Ahmidan] no entro. Allí se iba a llevar rata y dinero", narró Aglif, refiriéndose al tráfico de drogas. Asegura que no oyó nada de explosivos.

Esta reunión es clave. La otra conspiración, aquella que impulsa el PP y que las asociaciones de víctimas vinculadas introducen en el juicio, busca por todos los medios desdibujarla. La abogada de la AVT, por ejemplo, preguntó a Aglif aquello que suele intentar sonsacar a casi todos los acusados.

- ¿Estaba usted vigilado por la policía o el CNI antes de los atentados?

- Eso me hubiera gustado. ¡Se sabría quién soy yo y lo que he hecho!, exclamó Aglif.

Quizá se hablara ayer demasiado de la guerra de Irak, sobre todo durante la declaración de Mohamed Larbi, un hombre que ha tenido vinculación directa con Mohamed Alfallah, presuntamente huido de la casa de Leganés donde se suicidaron siete terroristas, y de quien se sospecha que huyó de España rumbo a Bagdad. Larbi pudo haberlo ayudado en esta salida.

Sería por eso acaso que cuando llegó la declaración de Hamid Ahmidan, el abogado que representa a la asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, aun cuando Hamid anticipó que no respondería más que a las defensas, metió directamente a ETA. La idea es que cuando Hamid estuvo los días previos al atentado en la finca de Morata de Tajuña, había unos desconocidos con El Chino que se dedicaban a montar las bombas. ¿Quiénes eran esos desconocidos? Y, claro, el explosivo. ¿Aparte del explosivo de Asturias, alguien les proporcionó dinamita Titadyne?

No, no fue por la presencia de Irak en la sala. Se trata de bombardear el juicio no sólo desde fuera, es decir, desde los terminales mediáticos de la otra conspiración, sino también desde dentro.

Publicado por el diario EL PAIS el jueves 22 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Opiniones (21 de febrero de 2007)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Opiniones

“Matones de hoy” por Federico Jiménez Losantos

Desde dos años antes de llegar al poder, Zapatero convirtió la política española en un gigantesco acto de repudio castrista, en un alarde callejero, antiparlamentario y antidemocrático contra el PP y todo lo que supusiera derecha. Y aquello, siendo malo, no hubiera sido lo peor si, tras el Prestige y la Guerra de Irak, no hubiera utilizado como herramienta esencial para acceder al poder el 11-M y su manipulación inmediata, dudosa hazaña sobre la que cada vez penden más preguntas sin respuesta, al menos sin respuesta honorable para el PSOE. Pero incluso fechorías al hilo de la masacre, como la de los «terroristas suicidas», propalada por el propio Zapatero y la Ser, o la del 13-M, protagonizada por el PRISOE en pleno, podrían haberse archivado si, al llegar a La Moncloa, no hubiese puesto en marcha una campaña pacífica o violenta, según los días y la conveniencia del momento, para echar de la política a la media España que vota PP, liquidando el régimen constitucional del 78 y abriendo por las bravas un proceso de acuerdo con los partidos separatistas y la ETA, prefigurado en el Tinell y Perpiñán pero ahora a escala nacional, o más exactamente, antinacional.

Entre otros episodios, hay que recordar la persecución sistemática contra la AVT, la detención ilegal de militantes del PP, la manipulación de pruebas sobre el 11-M y, sobre todo, la campaña contra la Cope a través del CAC y la jauría nacionalista, y contra Pedro J., EL MUNDO y los medios que se niegan a comulgar con las ruedas de molino de la versión oficial sobre la masacre.

Los últimos actos de repudio montados por el zapaterismo son elocuentes.

A muchos les ha escandalizado el numerito del escriba de Polanco en la televisión pública francesa pidiendo el cierre de la Cope y EL MUNDO, a los que atribuyó falsedades más que notorias. A otros, por ejemplo al sindicato CEP que lo ha tachado de «fascista», les ha indignado más el portacoz del SUP, el sindicato de Santano, que aprovechó otra televisión pública, Telemadrid, para amenazar de muerte a Luis del Pino por su tarea de investigación sobre las mentiras del 11-M. Ahí está Pilar Bardem insultando a los periodistas de Libertad Digital TV. Ahí está la campaña contra Pedro J. a cuenta de la piscina, incluyendo el asalto a su domicilio y la exhibición del carné parlamentario por los matones. ¿Cómo no recordar el vídeo y otras fechorías gálicas? Y la manipulación de la Justicia por el Gobierno y Polanco, como contra Liaño: ahí están las querellas concertadas de Polanco, ABC y Gallardón contra la Cope y contra mí, o la demanda de Rodríguez Ibarra contra la Cope y EL MUNDO. O la del eviterno Polanco y el provecto Luis del Olmo sobre el Micrófono de Oro. Ahí están, en fin, todos los actos de repudio a la cubana desde Barcelona a Maracena. Matones ayer, matones hoy, matones siempre.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Operación camuflaje” por Victoria Prego

En la dirección de este sangriento crimen masivo puede que no los hubiera más fanáticos, pero lo que ya ha quedado claro es que los había mucho más listos que el considerado oficialmente como autor intelectual de la matanza. Entre el jueves pasado, en que pudimos ver y escuchar a Rabei Osman, 'El Egipcio', y el día de ayer, en que se produjo la actuación estelar del estudiante de ingeniería Fouad Morabit, hubo un abismo. El estudiante es muchísimo más inteligente, más agudo, más rápido, más entero y, puestos a ello, sería más líder que el egipcio detenido en Italia. No hay duda.

Pero ésta fue la conclusión final. No la única, claro, pero sí una de las más evidentes. En una jornada agotadora por la reiteración de las preguntas formuladas por los letrados de las acusaciones y de las defensas, vivimos la primera sorpresa del día nada más comenzar la sesión porque el hombre que se sentó en la silla de los acusados parecía talmente un ejecutivo de cualquier multinacional de la informática. Perfecto traje de corte occidental, modales del lado de acá de la Alianza de Civilizaciones y corbata de seda amarilla, como de pijo madrileño. Un impacto esa imagen, porque aquel señor era nada menos que el casero del piso-pensión-guarida de la calle Virgen del Coro de Madrid por el que pasó en su momento lo más granado de la banda de terroristas que perpetró los crímenes del 11-M, incluido uno de los suicidas de Leganés, que fue inquilino regular de aquel habitáculo. Tan occidental resultó el sirio Mohamed Almallah en sus maneras que hasta puso de vuelta y media a su ex mujer, que parece que ha testificado contra él en este proceso, de la que dijo eso tan clásico de «me quiere hundir, es una prostituta, se ha aprovechado de mí». Pero es que, a pesar de que sus explicaciones fueron relativamente precisas y bien formuladas, resultaron demasiadas veces increíbles y, en ocasiones importantes, contradictorias. El tribunal determinará.

Fue después cuando entró a declarar el sujeto más brillante que ha comparecido en la sala hasta este momento. Contestó con energía, introdujo matices del tipo «Rifaad era más que un conocido pero menos que un amigo» y lanzó al final un mitin en reclamación de un europeísmo garantista que produjo auténtico estupor en la sala. Un camuflaje perfecto si no fuera por lo imposible que resulta explicar y creer cosas tales como que un joven, hijo de un notario marroquí, que estudia primero ingeniería aeronáutica y luego lo deja para iniciar ingeniería electrónica, un señor políglota al que sus padres financian con largueza los gastos de estudios y estancia en España, deje su carrera, se meta a albañil ocasional y vaya a alojarse en un cuartucho del agujero de la calle Virgen del Coro -cuyas ventanas de la planta baja estaban tapadas con papel de periódico- para ir a relacionarse con gentes de nula formación y escasa actividad laboral. Lo que sucede es que ésta, que no es ni mucho menos decisiva, fue la duda más clara que destiló su declaración porque, del resto de preguntas y respuestas escuchadas, no apareció ningún signo llamativo ni escandaloso que dejara en evidencia su auténtico papel en el atentado. Quizá haya pruebas sólidas que lo incriminen, pero eso ayer no se vio.

La intervención cansina y espesa del último de los comparecientes, el marroquí Otman Gnaoui, fue un desastre. Si no fuera porque estamos hablando de una tragedia espantosa, habría que reconocer que sus idas y venidas en torno al «clavo» [pistola] que 'El Chino' -uno de los asesinos que se suicidaron en Leganés- le había pedido, estuvieron a la altura de aquel magistral episodio de la empanadilla de Encanna, de Martes y Trece. Fue incapaz de dar una explicación coordinada, no digamos ya solvente, sobre sus estancias en la casa de Morata de Tajuña o sobre su participación en la caravana de coches que vinieron de Asturias cargados de explosivos el mismo día en que una segunda caravana de la muerte, ésta de ETA, se dirigía también a Madrid. Se escabulló con extraordinaria torpeza y sus murmullos se estrellaron contra el silencio de la sala y quedaron ahí desnudos, flotando en el aire. En el aire y en las muchas pantallas de plasma que cuelgan de las paredes del recinto, que demostraban, una y otra vez, que había vuelto a mentir. Éste, como los dos anteriores, quiso pegarse al terreno. Pero carecía de capacidad para confundir ni al más lego.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“'Todo encaja' y guerra policial” por Victor De la Serna

Una jornada bastante plúmbea del juicio del 11-M, con comparecencia de islamistas acusados de haber instigado el atentado -se negaron a responder a demasiadas preguntas y se declararon inocentes de todo-, incita a toda la prensa a titular de manera semejante: los islamistas niegan su presencia en el piso de Leganés pese a que allí había rastros de su ADN. Toda la prensa, salvo un periódico: la jornada ha servido para que El País, que no se ha distinguido particularmente por indagar en los entresijos de aquellos terribles sucesos, volviese a demostrar su amplia superioridad sobre la competencia a la hora de interpretar lo que se dice en el juicio.

Si durante el fin de semana explicó la notable teoría de que las afirmaciones de inocencia por parte de los imputados demuestran que son culpables, ayer, tras apenas tres sesiones de la vista, ya llegaba a la conclusión de que Todo empieza a encajar (su sorprendente titular principal de la información del juicio, más propio de un editorial). Resalta que lo importante de las declaraciones de Bouchar y Ghalyoun es que Dos supuestos autores del 11-M dan pistas del atentado en la vista oral al reconocer que conocían a «los jóvenes terroristas que se suicidaron en Leganés».

También interpreta libremente, como suele, Ernesto Ekaizer al titular El veredicto sumarísimo del PP un comentario en el que acusa a la oposición de negar la vinculación de los acusados con grupos islamistas porque hay organizaciones de víctimas del terrorismo que lo hayan hecho. Resulta que éstas están «vinculadas al PP». Y, por ello, «los acusados tienen una ventaja de partida inusitada». Para sumarísima, la conclusión de El País, ¡a estas alturas!, de que todo empieza a encajar...

Lo del PP no es casual. Los medios de Prisa acompañaban ayer a la perfección al Gobierno en sus reproches al PP por «atacar a la Justicia» al sumarse a la manifestación de la AVT en recuerdo de las víctimas de De Juana. La Ser abría su informativo nocturno con esa noticia: el PP, «por primera vez», se suma a una manifestación «contra el Tribunal Supremo».

Al final, una serie de acontecimientos paralelos a la vista oral tienen tanto significado informativo como el propio desarrollo de ésta; a veces, más. Las operaciones de amedrentamiento, en particular: un representante de El País clama en Francia contra EL MUNDO y la Cope, y al mismo tiempo el portavoz del Sindicato Unificado de Policía, Maximiliano Correal, repite en Telemadrid sus escalofriantes amenazas (ya se las había hecho directamente semanas antes) contra Luis del Pino, uno de los periodistas que han investigado los agujeros negros del 11-M. El lunes, Correal decía en la Cope que las amenazas fueron en «tono coloquial», pero de paso acusa a los miembros del sindicato rival de no ser verdaderos policías, sino sicarios de la extrema derecha. Aterrador el portavoz.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La larga sombra de 'El Chino' de Luis del Pino

Contradicción. Las declaraciones de Abdelmajid Bouchar ayer nos dejaron con las mismas dudas que ya teníamos acerca del episodio de Leganés. Bouchar es, según un policía, la persona que huyó del piso tras depositar una bolsa de basura, horas antes de la explosión, pero Bouchar niega que estuviera nunca en ese piso. Imposible resolver nuestras dudas hasta que los testigos desfilen. Cuando eso suceda, tendremos que hablar mucho de bolsas y de basura. Y también de otras cosas, como por ejemplo de cercos policiales.

Utilidad. Mouhannad Almallah ha declarado con papeles, como ayer Basel Ghalyoun. Resulta curioso que los únicos acusados que llevan papeles en este juicio son, precisamente, aquéllos de los que más se sospecha su vinculación con el CNI. ¿Serán papeles clasificados? Por lo demás, Almallah ha iniciado la estrategia de cargar el muerto a los muertos: El Tunecino era un radical de cuidado, nos dice. ¡Hay que ver lo útiles que resultan los muertos para que se coman el marrón!

Islamista. Hoy sí hemos visto declarar a alguien que podría dar el perfil de auténtico islamista. Fouad Morabit es un hombre culto, preparado y religioso. El único problema es que el ser un musulmán religioso no te convierte necesariamente en terrorista islamista, y Fouad ha negado su participación en el 11-M y ha condenado la violencia. Ha declarado tranquilo, sin ayuda de papeles, y no ha dado en ningún momento la sensación de sentirse acosado o asustado.

Transporte. La versión oficial nos dice que la Goma 2 ECO asturiana se transportó a Madrid en un VW Golf, haciendo de lanzadera un Toyota Corolla propiedad de Trashorras y conducido por El Chino. Hoy, la fiscal le ha preguntado a Otman Gnaoui por ese Toyota que El Chino conducía. «¿Toyota? ¿Qué Toyota? Lo que El Chino conducía ese día era un Golf. No había ningún Toyota». Pregunta para iniciados: ¿qué parte de la historia del transporte de los explosivos desde Asturias es falsa? Respuesta: probablemente todas.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“'El Egipcio' y sus chunguitos” por David Gistau

Los interrogatorios son fríos y educados como una entrevista de trabajo para un puesto de dependiente de ultramarinos. Por más que algunos insultos rebasen la caldera, es una cocción a fuego lento que posterga para otras jornadas el descenso al Hades de Atocha. Cuando otros testimonios harto más emotivos nos obligarán a encontrarnos con los 191 espectros familiares que de momento no son evocados sino como estadística. Mientras, la emisión en sesión continua da al juicio un cierto aire de reality show cuyos personajes apenas empiezan a asociarse a un arquetipo.

Como si la audiencia, bastante desinteresada en realidad, prefiriera a las teas y las horcas de la rabia un simple mensaje sms como el que se estila en otros formatos semejantes. En ese sentido, el que sin duda estaría ya nominado a estas alturas es Abdelmajid Bouchar, el atleta que confundió Belgrado con la casilla de seguridad del parchís.

Durante estas primeras sesiones, con los acusados ha ocurrido lo mismo que con las cucarachas cuando se enciende la luz. Se han desperdigado para ocultarse, no debajo de un mueble, sino detrás de una imagen calculada y llena de palabras de paz y amor con las que una presunta banda terrorista se hace pasar por el grupo Mocedades cantando a la Alianza de Civilizaciones. 'El Egipcio' y sus chunguitos.

Lo que sí han aportado Mouhannad Almallah y Fouad Morabit es una variación en los arquetipos redentores.

Nada que ver con la máscara de la humildad a la deriva que se pusieron El Egipcio y Haski. Fouad, lleno de recursos dialécticos y de templanza, se postuló como el yerno ideal: un joven políglota, sofisticado y de buena posición con suficientes propósitos personales en la vida como para resistirse a la tentación épica propuesta por «torpes» y «extremistas» como aquéllos con los que en algún momento coincidió en la mezquita de Estrecho o en el chiscón de Virgen del Coro. También Mohamed Atta, uno de los pilotos del 11-S, era el hijo acomodado de un médico egipcio, y eso no evitó que fuera abducido por la iluminación con el mismo entusiasmo que un suicida de los de chamizo de adobe. Pero Fouad exudó confianza y solvencia, y habrá que esperar para comprobar si las pruebas le desarman.

Almallah, el presunto conseguidor logístico, el que se afilió al PSOE como si se acogiera a sagrado al saberse perseguido, alegó que de su implicación la culpa la tiene el chachachá. O sea, una ex vengativa que se habría traído de una expedición putañera a Tánger y que ahora estaría intentando arruinar la existencia de un perfecto padre de familia tan alejado de los preceptos islámicos que en su videoteca, además de las filmaciones yihadistas, el gusto morboso también encontraría lugar para el porno duro. El juicio es una maraña. Cada acusado es un nudo por destrenzar. A la espera de las pruebas, los peritos y los testigos, no sabemos a quién hay que aborrecer y a quién compraríamos un coche de segunda mano. Lo que sí ha dejado demostrado el celo garantista de Gómez Bermúdez es que la más terrible matanza terrorista de la Historia española no la resolverá la venganza, sino la Justicia.

Publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Santidad de la mentira” por Gabriel Albiac

Mentir ante el enemigo infiel es mandato coránico. Dios es verdad. El enemigo, basura. Vivo o muerto              

Muchos meses después de la matanza del 11 de septiembre en el World Trade Center, Osama ben Laden seguía declarando a Al Yazeera su absoluta inocencia y la de sus hombres en aquella horrible matanza, que sólo le producía compasión. Exactamente en los mismos términos en que los yihadistas de Madrid entonan, estos días, lacrimoso testimonio de piedad hacia las víctimas de Atocha. Un buen musulmán no mata a inocentes, declaraba el sacrificador de Al Qaeda, entre 2001 y 2002. Un buen musulmán no mata a inocentes, declaran ahora Zugam y compañía: da igual lo que digan los análisis de ADN. Su tono era -es- compungido. Hubiera resultado hasta conmovedor -lo de Ben Laden entonces, los de éstos ahora-, si las pruebas materiales no fueran aplastantes. Pero era y es, sobre todo, misterioso. Para quienes, por edad, forjamos nuestro oído y nuestra mente en la específica retórica del terrorismo revolucionario europeo de los años setenta y ochenta del pasado siglo.

El terrorismo revolucionario de la segunda mitad del XX nace de la aplicación literal de la tesis que inaugura la Europa moderna. Para constituir un Estado existen sólo dos vías: la corrupción o la virtud. La virtud, en política, tiene su nombre: terror. Y, como virtud que es, en el terror no cabe resquicio a la mentira. Para ser virtud, el terror exige del revolucionario jamás mentir. La verdad es siempre revolucionaria. Y el terror, ejemplar: ocultar el dolor necesario para alzar un paraíso sobre la tierra, sería indigno. No es -como ignorantemente se escribe a veces- una tesis personal, más o menos maniática, del Robespierre que dicta la ley del 22 Prairial del año II: Ley del Gran Terror. Es una percepción colectiva, aun para los menos vertiginosos de los protagonistas de 1794. Bajo léxicos en mayor o menor medida modificados, es lo que todas las corrientes revolucionarias han explicitado durante dos siglos: del Zinoviev que reclama, en 1919, el exterminio del 10 por ciento reaccionario de la sociedad rusa, al borrado de las fracciones no analfabetas -contaminadas, pues, por la corrupción burguesa-, que, con certidumbre arcangélica, practicaron los khmer rojos.

Nada de eso hay en el teocratismo yihadista. Ante un Dios de voluntad absolutamente trascendente a la comprensión humana, sólo cabe obediencia. No hay verdad que razonar. Menos aún, ante los kafires (cafres) infieles. A los cuales el Libro ordena matar, sin más, allá donde se les encuentre. Donde sólo hay obediencia, la razón no juega papel. Ni la verdad. Pues que verdad sólo la hay en el Libro, y sólo ante el Dios del Libro debe reconocer verdad su devoto. Mentir -y mentir siempre- al enemigo infiel es deber del buen musulmán, que el Corán dicta. Como dicta la inanidad de todo tribunal que no se atenga a la ley islámica. Éste de Madrid, por supuesto. Cualquier otro.

Nadie espere de este tipo de piadosos asesinos, arrogantes reivindicaciones al estilo de las de los traedores del cielo a la tierra que forjaron la RAF alemana, las BR italianas, la patriótica ETA. El musulmán da testimonio, sí. Pero sólo ante Dios. Lo demás, es basura. También los muertos.

Publicado por el diario LA RAZON el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Circunloquios” por Germán Yanke

Poco a poco se va viendo la quiebra de tanta declaración exculpatoria, de tanto aparente despistado sentado en el banquillo sin saber nada, sin haber estado siquiera en los lugares citados, sin conocer a nadie con un ápice de inclinación a la violencia. Poco a poco se va dando cuenta de las contradicciones y de los absurdos, de la magia contra la ciencia (Ghalyoun y Bouchar no entendían ayer como su ADN estaba en Leganés si nunca estuvieron allí), de lo poco que valen las valoraciones contradictorias de los personajes.

Anteayer, según Ghalyoun, «El Tucenino» sólo quería robar bancos; ayer, según Almallah, quería convencerle de que se fuera a combatir a Irak y según el Morabit era un radical no violento. El Morabit dice que es pacífico pero sólo es un tipo que no se altera, que no es lo mismo. Como no se alteró cuando se detuvo en Italia a «El Egipcio» por su delación. Cada uno dice lo que le conviene pero no a todos conviene lo mismo y vamos, poco a poco, separando la impostura de las pruebas.

El presidente del Tribunal -confirmado ya por el Supremo como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia- pide que se eviten los circunloquios. Pero los circunloquios se usan para dar rodeos y no decir las cosas claramente, que es lo que se trata de evitar, cada vez con menos fuerza, en las declaraciones de acusados como autores intelectuales y materiales.

Ha hecho bien Mariano Rajoy en recordar a las víctimas aunque sea exagerado decir que nadie las cita. La preocupación del Tribunal por ellas va más allá de lo habitual en los juicios. Dicen en el PP que Rajoy ha pedido prudencia a los suyos en las manifestaciones, algunas sorprendentes, sobre la vista. Y él añade, refiriéndose a los jueces: «Ojalá acierten». Si no es un circunloquio, por breve, es un salto acrobático, por si acaso.

Publicado por el diario ABC el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Aumentan las pruebas” por Jesús Zarzalejos

El juicio oral del 11-M ya ha despachado el interrogatorio de los acusados que, según la Fiscalía, integran la autoría de la trama islamista, lo que supone un avance importante de las actuaciones. Una característica común a estas seis declaraciones es la progresión de las pruebas de cargo contra los imputados. A medida que el juicio se ha adentrado en acusaciones con mejor y/o mayor apoyo probatorio, los interrogatorios se han endurecido y precisado de forma notoria, aun cuando los procesados hayan seleccionado a su libre arbitrio tanto a los interrogadores como las preguntas que querían contestar. Es la diversa entidad de las pruebas presentadas contra ellos lo que les ha obligado a mantener una estrategia de defensa diferenciada. Los llamados «ideólogos» del atentado (Rabei Osman «El Egipcio», Hassan el Haski y Youssef Belhadj) ofrecieron una versión «doméstica» de los viajes al extranjero o de las entradas en España, relacionados todos con sus familias o sus trabajos. Similar sesgo dio a su declaración Mouhannad Almallah, el primero de los acusados por el «frente logístico» de captación y apoyo a terroristas islamistas. La verosimilitud de sus coartadas no depende tanto de las declaraciones prestadas, como del resto de pruebas que aún deben practicarse.

La progresión creciente de los indicios de cargo resultó más visible en el caso de los supuestos autores materiales (Zougam, Ghalyoun y Bouchar). Así se comprobó en los interrogatorios de la fiscal, centrados en los medios de vida de los imputados para demostrar que podían haberse financiado ilícitamente; en los elementos vertebradores del grupo islamista, como la relación con Abu Dahdah, líder integrista en España, y con «el Tunecino», impulsor principal de la célula del 11-M; y en las relaciones de sus integrantes a través del uso compartido de teléfonos y de encuentros en locales y mezquitas madrileñas. En todo juicio hay pruebas de cargo y de descargo que tienen «vida propia», y otras cuya eficacia requiere una defensa argumentativa intensa. No es lo mismo apoyar una acusación en pruebas indirectas o condicionadas a su ratificación que en datos objetivos, como la presencia de restos genéticos en los principales escenarios del atentado. Esta diferencia siempre debe reflejarse en la planificación de una defensa y en la presión de los interrogatorios de la acusación. Por eso, tanto Zougam como Ghalyoun anticiparon, con respuestas bien preparadas, la descalificación de los testigos que los reconocieron fotográficamente y combatieron las pruebas singulares que los relacionan con el 11-M. Bouchar no pudo hacer nada parecido. La valoración aislada de estas declaraciones puede producir efectos engañosos. Cuando lleguen los investigadores policiales y, en concreto, los testigos protegidos, se verá si las dudas que quisieron sembrar los acusados toman cuerpo o son rebatidas.

Publicado por el diario ABC el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“El 'muerto', para el difunto Serhane” por Ernesto Ekaizer

La declaración de tres acusados de participar, en distinto grado, en el atentado -integración o pertenencia a banda terrorista en los casos de Mouhannad Almallah Dabas y de Fouad El Morabit; tráfico, transporte o suministro de explosivos en el de Otman el Ghanoui- ha permitido entrar en el submundo de aquellos dirigentes de la matanza que se suicidaron el 3 de abril de 2004. A partir de ayer, Serhane Ben Abdelmajid Faked, El Tunecino, o Jamal Ahmidan ya no serán más una invención de todos aquellos interesados en ocultar la verdad. Las referencias hacia ellos por parte de los acusados, que siguieron ayer a otras realizadas el pasado lunes, como fue el caso de Basel Ghalyoun, pintan unos personajes de carne y hueso.

Aquello que ya era evidente desde hacía tiempo para algunos expertos en contraterrorismo, tanto en EE UU como en la UE -la relevancia de Serhane El Tunecino, o de otros personajes clave, como son Amer El Azizi y Youssef Belhadj, presunto portavoz militar de Al Qaeda en Europa- ya está situado. El juicio tendrá que colocar, como en un gigantesco puzzle, cada pieza en su sitio. Y eso ocurrirá sólo cuando quede atrás la fase actual de confesión o declaración de los acusados. Y falta bastante. Que no cunda el pánico porque hay tela para rato. Juicios como estos son como una maratón y ya se sabe que en éstas lo que se exige es método para aguantar.

Varios acusados han decidido poner la directa y amortizar a Serhane El Tunecino, uno de los líderes que se suicidó con otros seis en el piso de Leganés. El primero en echarle el muerto fue Ghalyoun, quien dijo que Serhane vaticinaba hechos violentos. Ayer le siguió Mouhannad Almallah Dabas, quien seguramente para dar mayor credibilidad a su declaración fue más lejos que Ghalyoun, y definió a Serhane como un hombre que tenía vocación de líder y que pretendió convencerle de que marchara a la guerra de Irak. No dudó en calificarle varias veces como un hombre violento de ideas extremistas y radicales. Tanto Almallah Dabas como Ghalyoun creen, según explicaron, que Mustafá Maymouni, marroquí acusado en el atentado de Casablanca, en mayo de 2003, fue uno de los hombres que enroló a Serhane en la violencia fundamentalista islámica.

El nombre de Amer El Azizi salió a relucir ayer a cuenta de lo que Almallah Dabas achaca a una campaña de la familia de su ex mujer, la que le acusa de haber colaborado en la fuga de El Azizi de España, proporcionando peluca, ropa y pasaporte. El Azizi, se cree, fue la tercera persona que participó en una reunión en Tarragona donde se ultimaron detalles del 11-S, el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Ayer, El Morabit, que niega toda relación con el atentado, dijo que para un terrorista el juicio es la mejor oportunidad para defender su ideología. Pero lejos de Al Qaeda los alegatos en tribunales de justicia. Ésa no es su estrategia.

Otman el Ghanoui, por su parte, admitió haber trabajado para Jamal Ahmidan en Morata de Tajuña, Chinchón. La fiscal le acusa de haber trasladado explosivos de Asturias a Madrid.

Publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Editoriales (17 de febrero de 2007)

Por Narrador - 17 de Febrero, 2007, 10:00, Categoría: Opiniones

La fiscal pierde el primer 'round' ante uno de los acusados clave (Editorial de EL MUNDO)

Tres de los principales imputados declararon ayer en la segunda jornada del juicio del 11-M, que alcanzó momentos de extraordinario interés procesal.

El primero en comparecer fue el marroquí Youssef Belhadj, acusado de ser uno de los instigadores de la masacre y uno de los portavoces de Al Qaeda en Europa. Siguiendo la pauta marcada por El Egipcio, Belhadj se presentó como un islamista moderado, que rechaza la violencia y condena todo tipo de atentados. De entre los implicados, Belhadj sólo admitió conocer a Bouchar, con el que jugaba al fútbol e iba a la mezquita, y al prófugo Afallah, al que vio muy ocasionalmente.

Igual línea de defensa siguió Hassan Haski, al que se le acusa de ser uno de los líderes del Grupo Islámico Combatiente Marroquí y estar implicado en los atentados de Casablanca y Madrid. Haski afirmó que no sabe español, que no conoce a ninguno de los imputados por el 11-M y que no tiene ningún contacto con organizaciones islámicas radicales.

Las declaraciones de ambos -que sólo respondieron a las preguntas de su abogado- son poco creíbles en cuanto a su talante ideológico y sus conexiones pero corresponderá a la fiscal y a las acusaciones demostrar su culpabilidad con pruebas concretas que les vinculen al 11-M y no simplemente por su militancia islamista.

El testimonio de Jamal Zougam, el único al que el juez instructor acusa como autor material de los hechos, fue totalmente distinto, ya que aceptó responder a todas las preguntas con buenas dosis de seguridad y aplomo pese a que su comparecencia no estaba prevista para ayer. La imputación contra Zougam, al que se le piden 38.000 años de cárcel, se basa en dos elementos: fue identificado por cuatro testigos que le situaron en los trenes y las tarjetas de los teléfonos móviles supuestamente utilizados fueron vendidas en su tienda de Lavapiés.

En cuanto a lo segundo, Zougam explicó que fue su socio quien vendió esas tarjetas a unos desconocidos. Y en cuanto a lo primero, argumentó que fue identificado en una rueda de reconocimiento por tres testigos que habían visto previamente su fotografía en los periódicos. Zougam sacó partido a la contradicción de que el otro testigo le situó en el piso bajo del tren cuando la bomba fue colocada en el de arriba.

Zougam ratificó que en el momento de los atentados estaba durmiendo en su casa y afirmó que no tuvo contacto alguno con El Tunecino, El Chino, Lamari y el resto de los miembros del comando, a los que no conocía.

La versión de Zougam tiene sentido porque resulta muy difícil de creer que no huyera si él había colaborado en el atentado y había pistas que conducían directamente a su detención. Por el contrario, parece poco verosímil la tesis de la fiscal de que Zougam vendió las tarjetas al comando del que formaba parte. ¿No habría sido más lógico que el comando las comprara en otro lugar para no dejar una pista tan llamativa?

En su media hora escasa de interrogatorio, la fiscal no logró cazar a Zougam en contradicción o falsedad alguna ni consiguió desmontar su versión exculpatoria. Tratándose de uno de los principales acusados y habiendo esperado tres años para intentar acorralarle ante un tribunal, la intervención de Olga Sánchez no pudo resultar más deslucida. Ello no prejuzga nada, puesto que el juicio no ha hecho más que comenzar y pueden aparecer nuevas pruebas incriminatorias contra él o cualquiera de los acusados. Pero nadie que observara lo ocurrido ayer con un mínimo de ecuanimidad puede dejar de reconocer que la fiscal perdió rotundamente el esperado primer round.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Opiniones (17 de febrero de 2007)

Por Narrador - 17 de Febrero, 2007, 9:30, Categoría: Opiniones

Dicen que el mejor escritor echa un borrón una vez. Algo así ha debido sucederle al gran Alfonso Ussía loando en su artículo un personaje tan lamentable, sectario y detestable como es Pilar Manjón. Nosotros, como siempre nos limitamos a ofrecerles la visión más plural de cuantas hay disponibles.


“Casa de Campo” por Raul del Pozo

En la Casa de Campo la temperatura es un par de grados inferior a la media de la de Madrid. En el primer día de juicio, las tanquetas de la Policía dejaron huellas en la escarcha y los helicópteros arquearon los álamos. Se vio a Pedro 'el Ermitaño' alejarse en el burro que montaba, y salieron a tomar el primer sol los lagartos desde las trincheras y los búnkeres. No se observaron brujas vaticinadoras, ni cuervos sangrientos; volaban los loros que un día se escaparon del zoo, y son tantos que en el Club de Campo los regalan, porque se han convertido en una plaga.

Las ardillas han desparecido, apenas quedan cuervos y loros. Insisto, no se han visto aquellas brujas que anunciaron que lo sublime es terrible, pero a mí me pareció, otra vez, como cuando estuve alguna vez en Moncloa, que la Casa de Campo es el bosque de Birnam que avanza sobre la Europa sin anhelos, sin sueños, sin escudo, ésa que alquila los seguratas a los americanos.

El bosque de castaños frescos, sauces y pinos tuvo un día rebecos y osos para que cazaran los reyes, hasta que la República dejó entrar en él a todos los ciudadanos. En estos días, otros son los dioses, otros son los cazadores, otros los cruzados. Han llegado unos combatientes que, camuflados con ramas de carrasca, lanzan llamadas a la yihad, y llegan por internet desde el Atlas al Himalaya. Nuestros soldados tienen que ser engañados con propaganda para enviarlos al frente; ellos se enrolan voluntariamente porque su religión es en sí misma nihilista, suicida. Ya una vez Umbral vio la Casa de Campo, «donde las putillas orinan su orina fresca y perfumada», Manzanares abajo, como una trinchera eterna. Las brujas aún no han hablado, ni han anunciado que hay en toda Europa un batallón con el objetivo de abreviar la agonía del continente, de España.

Dicen que el bosque de Birnam anunciaba la desintegración de Escocia y avisaba de que el crimen sigue siendo la esencia del poder, la comadrona de la Historia, como después dijo el barbudo. Las democracias ya no conocen el arte de la partera, o sea la mayéutica; a la violencia, en vez de díálogo, oponen retórica, propaganda, bombas. El complot no es oculto y la conspiración no es una paranoia. Los que vienen al asalto traen los planos del castillo. Todo lo han olvidado menos las naves de Mutamid, como muertos en sus fosas, cuando caían en el Guadalquivir los velos, porque las vírgenes no se cuidaban de cubrirse. Son mandangueros con armas químicas. Ellos y los de la boina, no nihilistas, terminan en el teatro, donde mueren Macbeth o Julio César para que se repita la escena, por los siglos de los siglos.

El terrorismo es teatro; no hay nada que se parezca más a una comedia que un juicio. Observen, si no, entre las tanquetas, como se acerca el bosque de encinas.

Publicado en diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El acusado principal presenta batalla” por Victoria Prego

Ayer nos quedamos sin asistir al careo previsto entre la versión que el jueves había dado de sí mismo el hombre del callo en la frente, El Egipcio, y la grabación de las cintas en las que contaba a sus hermanos en el fanatismo que él era el padre y organizador de la matanza de Madrid. Tendremos que esperar hasta el día 26 para poder asistir al acontecimiento: son siete horas de conversaciones las que tiene grabadas la policía italiana y el abogado defensor debe conocer primero los fragmentos que van a ser sometidos a contraste. De modo que Rabei Osman se pasó la mañana de ayer dentro de la cabina en la que, por segundo día, se repitió una escena significativa: él se sienta solo. Todos los demás islamistas acusados se agrupan en los bancos de la habitación blindada dejando en torno a él lo que podría ser una especie de zona instintiva de respeto. Lo cual sugiere inevitablemente al observador que ahí se sienta un jefe y que ese jefe es muy consciente de su autoridad. Y, sin embargo, sentado solo en el canto del banco, con el cuerpo dirigido directamente hacia la silla de los declarantes, casi anhelante, el hombre del callo en la frente se bebió literalmente las palabras de los dos marroquíes de quienes dicen que ocupan con él los puestos de mando de la red del terror.

Al final, y puesto que tampoco ellos, Yusef Belhadj y Hasan Haski, quisieron responder a nadie más que a sus abogados, tuvimos que reconstruir sus vidas y andanzas siguiendo el ordenado hilo de las preguntas de la fiscal. Si todo lo que allí se dijo puede ser demostrado, esos dos cogotes son los de dos fanáticos dispuestos a negar hasta lo innegable -sus convicciones y su locura convertida en fe- porque ni siquiera el orgullo de pertenecer a ese ejército sangriento de Alá está por encima de su determinación para continuar su tarea de exterminio.

Entonces se produjo un quiebro. Dos quiebros en realidad. Y donde había habido silencio o frases apenas musitadas y devueltas luego con la asepsia y el titubeo propios de una traducción simultánea dificultosa, entraron las palabras en torrente. Declaraba Jamal Zougam, acusado de ser uno de los autores material de los crímenes de Atocha que, por primera vez en estas dos jornadas de juicio, sí quiso responder a la fiscal. Y llegó así el segundo quiebro porque, para sorpresa de algunos, el interrogatorio estructurado, sistemático e implacable que la fiscal había practicado con los tres acusados anteriores, perdió energía y densidad. Perdió hasta duración: fue la intervención más corta de Olga Sánchez, pero la más larga de un acusado en lo que llevamos de juicio. Zougam, dijo su defensor, no esperaba tener que declarar ayer por la mañana. Quién lo hubiera dicho. Con un español bien construido, apto para el matiz y también para las reservas, airado a veces y hasta sarcástico, este marroquí que es pieza esencial de la acusación porque es el único que queda vivo de los que Del Olmo consideró autores materiales del atentado, respondió sin aparentes contradicciones al interrogatorio de la fiscal y al de una parte de las acusaciones particulares. Preguntado en ocasiones por el presidente, Gómez Bermúdez, que le forzó a aclarar algunos puntos que él había dejado en nebulosa pero que son determinantes para reconstruir su papel en la tragedia, Zougam demostró que no va a defenderse únicamente con protestas de inocencia y que está dispuesto a no dejarse quebrar. Al término de su declaración, que continuará el lunes, su abogado le transmitió en silencio su clara satisfacción levantando ambos pulgares.

Publicado en diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“No interesa, y las víctimas son amorales” por Victor De la Serna

Los rostros, los gestos, las voces en vivo y en directo: tras las dos primeras jornadas del juicio del 11-M, ése es el impacto informativo más poderoso. Tres años de sombras, de sumergirse en agujeros negros y recoger piedrecitas de Pulgarcito, y ahora empezamos a salir de lo abstracto. Ahí estaba ayer ese Jamal Zougam, único inculpado por Del Olmo como autor material, con su buen castellano. Y sus negativas. Todos los hasta ahora fanáticos islamistas niegan serlo. El autosacrificio ritual, proclamando su fidelidad al profeta y su repudio de Occidente, será para los juicios del 11-S, no del 11-M...

Los editoriales de los principales periódicos continuaban ayer a vueltas con los explosivos. El País seguía despreciando el DNT: «Los datos sobre esa composición no cuestionan lo establecido en la instrucción sumarial de que fue Goma 2 Eco, procedente de la mina asturiana Conchita, lo que estalló en los trenes y en los otros escenarios de actuación terrorista». El fluctuante ABC, en cambio, ya no está tan seguro sobre esa Goma 2 Eco: «La aparición de nuevos rastros de explosivo ha podido empañar este arranque de la vista oral. También ha sido motivo, sin duda, para juzgar críticamente la instrucción sumarial, pero aun así lo importante es que también este capítulo esencial del atentado -los explosivos empleados- será aclarado por los peritos, en juicio oral y ante el tribunal sentenciador». ¿Ah, sí?

El País encontró, eso sí, a los malos de la película en la primera jornada: la gran mayoría de las víctimas del terrorismo. Como suena: es «procesalmente anómalo y moralmente escandaloso que dos de las acusaciones que ejercen la acción popular en representación de las víctimas -no la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo- compartan estrategia con las defensas para debilitar los indicios de prueba acumulados por la instrucción contra quienes se sientan en el banquillo de los acusados. (...) Parece que buscan dar verosimilitud a las teorías conspiratorias empeñadas en buscar unos supuestos 'autores intelectuales' (o verdaderos culpables) diferentes de los que figuran en los casi 100.000 folios de la instrucción».

Pero como el 11-M fue una tragedia, no fue una noticia. A tan notable conclusión llega Soledad Gallego-Díaz en El País: «El 11-M no fue interesante y resulta ofensivo que algunos periodistas y políticos lo miren con esa mirada de dividendo». Tupido velo, mirada de reojo hacia el poco interesante juicio y a aceptar el veredicto con resignación democrática: toda la doctrina Prisa, resumida en una frase.

Curioso: La Razón no opina, pero sí, en sus páginas, Enrique López, portavoz del CGPJ, que reflexiona sobre esta hora de la verdad: «Coartadas morales, las mínimas, Madrid e Irak están muy lejos y deben seguir estándolo».

Publicado en diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Cara a cara con el monstruo” por Luis del Pino

Ideólogos. Las declaraciones han ido hoy más rápido de lo esperado. Se ha acabado el interrogatorio de Yusef Belhadj y de Hasan Haski y se cierra con ello (a falta de interrogar a El Egipcio sobre sus conversaciones grabadas) la presentación de los presuntos autores intelectuales. No hemos podido enterarnos en qué se basa la fiscal para señalar a estos sujetos. No parecen ideólogos, ni líderes religiosos, sino más bien personas de escasa formación intelectual y doctrinal. Tampoco nos hemos enterado de cómo o cuándo organizaron los atentados: viajaban y hablaban por teléfono, sí, pero eso lo hacemos todos. Ellos niegan, como El Egipcio, su pertenencia a organizaciones terroristas. ¿Dónde están las imputaciones concretas? ¿Cuál es el relato de los hechos relativo a la preparación de la masacre? A Belhadj lo extraditaron desde Bélgica porque, según la Policía, era el encapuchado de la cinta de reivindicación del 13-M, pero las pruebas de voz demostraron que no era así.

Parquedad. Por fin hemos podido verle los ojos al monstruo, conocer en vivo la cara del único imputado a quien se acusa de colocar las bombas en los trenes. Y el espectáculo que hemos visto resulta poco comprensible para quien no haya seguido las investigaciones: la fiscal se ha limitado a hacerle un puñado de preguntas. ¿Eso era todo lo que doña Olga tenía que decirle a Jamal Zougam, el culpable oficial del 11-M? Pues qué decepción, ¿no? Claro que, bien mirado, ¿qué demonios le vas a preguntar a alguien cuyas huellas y ADN no aparecen en ningún lugar de la trama; a alguien del que no constan contactos con los restantes compañeros de banquillo; a alguien que lo que ha transmitido, prestándose a contestar en español a todas las preguntas, es que se trata de una persona normal a quien algunos decidieron, por algún motivo, asignar el ingrato papel de cabeza de turco? La sesión del lunes, en la que responderá a su abogado, promete.

Publicado en diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Están entre nosotros” por David Gistau

Ese habitáculo en el que por momentos se propaga una chispa de jarana encendida por algunos acusados que se comportan como si estuvieran en el autobús de una despedida de soltero, indiferentes al rigor de su destino y a cualquier escándalo de la conciencia. Ese habitáculo en el cual Rafá Zouhier rotula mensajes merengosos que son como un S.O.S. arrojado al mar dentro de una botella. El cristal no era lo único que establecía una distancia terapéutica entre nosotros y ellos. También lo hacía el idioma. Ese árabe hirsuto, áspero como si cada palabra se despegara de un velcro, que evoca los «desiertos lejanos» y los vídeos montaraces de Al Qaeda, con el atrezo de un AK-47.

Como antes ocurrió con 'El Egipcio', la traducción simultánea nos hizo ajenos a Yusef Belhadj, el que impresionaba a sus sobrinos con hazañas afganas que acaso debían servir como modelo de iniciación, y a Hasan Haski, éste tan tenso durante el interrogatorio sin respuestas de la fiscal Olga Sánchez que para encauzar la cólera jugaba con la batería del traductor como con una PSP. Pudo haber desautorizado el concepto de yihad: eso habría convenido a la imagen calculada de hombre sencillo y familiar cuyo único paraíso anhelado no es el de las huríes, sino el de un permiso de trabajo y un coche en el garaje. Pero no lo hizo, y si ahora el abogado defensor le pregunta por qué le picó cuando le ayudaba a cruzar el río, podrá responderle lo mismo que el escorpión a la rana: «Es mi naturaleza». Es mi credo.

El idioma y la catadura lombrosiana nos hicieron lejanos a Belhadj y Haski. Pero Jamal Zougam, uno de los presuntos autores materiales que metieron la mano en un barril de sangre, que rozaron y miraron sin compadecerse a los que iban a morir reventados, se nos hizo cercano hasta el asco con un castellano algo chulapón y sobrado como el que se aprende en el barrio de Lavapiés que lo mismo le sirvió para ponerse altanero que para urdir tramas que le vincularían con el CNI. Es posible imaginarle hasta un banderín del Atleti en el locutorio, a éste que era de los nuestros por adopción y que en la mañana del 11-M debió de ser el único madrileño que al subirse al coche para ir al curro circuló con fluidez a través de un barrio colapsado por el martirio, sin reparar siquiera en que sus habitantes no buscaban dónde aparcar, sino que se subían la manga para dar su sangre: tremenda capacidad de abstracción.

Si en verdad, como dicen cuatro testigos, Zougam depositó en los trenes una de las mochilas mortíferas, resultaría que él encarna la perfección de los durmientes, de los que están entre nosotros y no en los vídeos del AK-47, integrados en apariencia hasta en el cafelito de media mañana, pero a la espera de que un correo electrónico o un susurro en la mezquita dé la orden. No siempre la convivencia y la prosperidad del negociete rebajan la tentación letal de los iluminados. A veces ocurre que la cercanía no hace sino alimentar aún más el deseo de «castigar a los incrédulos». En su propio barrio, y después de repararles los teléfonos.

Publicado en diario EL MUNDO el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Qué buenos que son” por José Antonio Vera

Estos presuntos terroristas del once-eme aparentan ser supereducados, no saben nada de nada y reniegan hasta de las fechorías de las que antes se jactaban        

Ciertamente, es muy injusta la vida. Se pasa uno todo el tiempo haciendo obras de caridad, y al final te ponen en un banquillo acusado de 191 asesinatos y 1.771 más en grado de tentativa. Viendo las imágenes de la declaración de El-egipcio en el juicio del once-eme, casi nos entran ganas de llorar. Vida dura la de este hombre, según su biografía. Hasta sufría de hemorroides. Con lo que viajaba, y lo molestas que resultan las hemorroides en los viajes. Tuvo la mala suerte de hacerse amigo en Alemania de Mohamed Atta, uno de los ejecutores del once-ese de Nueva York, pero eso no significa nada. Convivió en Madrid con El-tunecino del once-eme, pero eso tampoco. Se le instalaron en Milán micrófonos y cámaras en su apartamento y se le hicieron grabaciones en las que se jactaba de ser el cerebro de la matanza de Atocha, pero eso era una broma. Se le ocupó un papel con la anotación de la fecha «11-03-04» y las palabras «explosivo» y «mártir», pero era pura coincidencia. Le ves hablar y te quedas impresionado. Un tipo supereducado que pide disculpas al tribunal, a su presidente, a los presentes. Que condena los atentados de Madrid y de Estados Unidos y todos los demás atentados. Sólo le faltó hacer apología de la alianza de las civilizaciones. Aunque, claro, hablaba en árabe, y nosotros oímos lo que dice la traducción y no al individuo directamente. Igual resulta que el tío es un maleducado, pero que en árabe se acostumbra a hacer unas traducciones correctísimas. Y podría ser que le preguntaran, por ejemplo, «¿qué opina usted de este tribunal?», y él respondiera «son-todos-una-panda-de-cerdos», pero que la traducción automática dijera: «Son ustedes unos jueces estupendos y muy profesionales». Con lo que el personal se queda boquiabierto. Lógico. Sólo así se entendería que en las cintas que le grabó la policía italiana hablara fatal, con numerosos tacos y palabros, y aquí de forma exquisita. Sólo así se comprendería que un hombre tan pulcro le llamara «perro» a Aznar. Aunque puede que se tratara de un error, pues se podría referir a su compañero El-haski, que tiene nombre de can siberiano, y también está siendo injustamente tratado, como El-egipcio.

Hombre, a mí lo que me parece mal es que la fiscalía pida para cada uno de ellos 38.656 años de cárcel. Esto de pedir miles y miles de años para los terroristas no deja de ser una zarandaja, pues luego resulta que cumplen 21. No hay derecho a que pidan tantos miles de años para un tipo tan educado. Uno casi se conformaría con que pidieran cuarenta y que cumpliera cuarenta de verdad. Pero no, aquí vamos siempre de sobrados: cuarenta mil y que se pudra en la cárcel. Tres mil para De-juana, y va De-juana y cumple sólo 18. Aunque espero que en esta ocasión el tribunal no aplique la doctrina De-juana, que amenazó a seis personas con sus nombres y apellidos, pero sólo le condenan por una amenaza, que además no es de carácter terrorista. Que De-juana es un terrorista no lo discute nadie. Pero resulta que cuando amenaza y anuncia «más-sufrimiento» lo hace como ciudadano normal, con derecho a la libertad de expresión. Qué ingenuidad. Uno pensaba que a los terroristas se les tienen suspendidas todas las libertades, pero resulta que no. De Juana puede escribir en el «Gara» y amenazar a seis, y sólo le cae condena por amenazar a uno. Si el tribunal del once-eme hiciera lo mismo con cada uno de los acusados de la matanza, al egipcio habría que condenarlo por sólo un asesinato, no por 192 y 1.771 en grado de tentativa. Y eso sí que sería escandaloso. Pienso.

Pero es que la justicia tiene estas cosas. La Audiencia dice que los de Jarrai no son terroristas, y luego va el Supremo y dice que sí, que lo son. La Audiencia dice que las amenazas de De-juana son terroristas, y va rápidamente el Supremo y dice que no, que aunque De-juana es un terrorista al que le publican artículos por ser terrorista, sus amenazas no son terroristas, sino normales. Y Henri Parot sí que puede ser condenado por seguir perteneciendo a la banda, pero De-juana no, porque aunque pertenece es como si en realidad sólo hubiera pertenecido, pues ya fue condenado por ello (como Parot, por cierto) y ahora está en huelga de hambre, el pobre. Ah, acabáramos. Es que De-juana tiene hambre porque no le gusta la comida que le ponen y por eso le han hecho unas fotos con las manos atadas «clamando por la paz». No sé qué habrá hecho De-juana para merecer tanto sufrimiento e injusticia. Desde luego no será por haber matado a 25. Por eso ya pagó 18, que son una barbaridad. Matas a 25 y cumples 18, aunque te condenaron a 3.000. Amenazas a seis, pero te condenan por una amenaza, pese a que no te has arrepentido de matar ni de ser terrorista ni te piensas arrepentir ni de los asesinatos ni de las amenazas terroristas.

Por lo menos El-egipcio tiene el detalle de renegar del terrorismo y de condenar los atentados. Qué bueno que es. Qué buenos que son. Al final va a resultar que los malos somos los ciudadanos corrientes, los que les acusan, los que les graban las conversaciones en las que se jactan de sus fechorías. Los malos van a ser los que salen a la calle clamando contra el terrorismo. Los que se manifiestan con visones. A Pepiño-blanco lo que le preocupan de verdad son los visones. Más que el hecho de que pueda quedar en libertad un terrorista como De-juana, lo que le subleva es que haya gente que tenga visones. Ésos sí que son los malos de verdad. Parece.

Publicado en diario LA RAZON el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La mejor Manjón” por Alfonso Ussía

Detuvo con fijeza su mirada en la de todos los acusados, que no se atrevieron a enfrentarse al dolor valiente de una mujer

He estado muchas veces en desacuerdo con las palabras y actitudes de Pilar Manjón, y con dolor las he criticado. Me estremeció su serenidad y tristeza el día que compareció en el Congreso ante la Comisión de Investigación del atentado del 11 de marzo de 2004, en el que perdió a un hijo. Más tarde derivó a otros rumbos, más políticos y sectarios, se enfrentó a otras asociaciones de víctimas del terrorismo y no estuvo oportuna ni afortunada. Su figura, a la que admiré, me llenó de perplejidad. Con el tiempo ha ganado en experiencia y prudencia, y poco a poco ha ido adaptándose a su auténtico cometido, que no es otro que presidir a un grupo, el más numeroso, de víctimas de aquel terrible atentado, de aquella salvajada perpetrada en Madrid por un grupo de terroristas árabes que no se sabe de dónde vienen, con la ayuda de una trama de asturianos desalmados y con una infraestructura y ayuda exterior tan firme como sospechosa. La mayor parte de los asesinos son marroquíes, y con esto no pretendo acusar a nadie, aunque me lo pida el cuerpo.

El pasado jueves, después de tres años de una calamitosa instrucción del juez Del Olmo, se inició el juicio, que me atrevo a aventurar, nos brindará sorpresas. Tiempo al tiempo. Pero no es el asunto que hoy me anima a escribir. Lo que hoy me importa es la sombra negra y alargada de Pilar Manjón, que ha vuelto a ser un junco dignísimo. Detuvo con fijeza su mirada en la de todos los acusados. Casi todos ellos resignaron las suyas y no se atrevieron a enfrentarse al dolor valiente de una mujer. Dedujo, y así lo dijo, que los probables asesinos de casi doscientas personas inocentes eran unos cobardes. Se enfrentó a los canallas que planificaron con la mayor frialdad la masacre. No sólo a los que se amparan en sus fanatismos religiosos, sino a los que proporcionaron los explosivos a quienes se disponían a asesinar a doscientos compatriotas, y mutilar y herir, física y anímicamente, a dos mil inocentes más. Llegó a la Sala especial de la Audiencia Nacional, fuerte, segura, firme y decidida. La mejor versión de Pilar Manjón. Y terminada la primera sesión del que será el juicio más importante y sorprendente de cuantos se han celebrado en España hasta ahora, abandonó el lugar con la tristeza escondida, el dolor calmado y una dignidad admirable. Me atrevo a intuir que el tiempo y la experiencia han matizado los impulsos sectarios de esta mujer destrozada por el terrorismo. Y que ahora comprende mejor a otras madres que padecieron con anterioridad su tragedia por el terrorismo de la ETA y que no encontraron en Pilar Manjón un pleno entendimiento. En apariencia, esta mujer ha roto con sus pasadas fobias y ha recuperado la admiración general que perdió por una cadena de reacciones desafortunadas. El respeto no lo ha perdido nunca, porque su tragedia personal, como la de todas las madres que han llorado a un hijo por el salvajismo terrorista, sobrevuela los criterios y opiniones puntuales.

Me gustó Pilar Manjón, y se lo escribo. Ética y estética. El resultado no puede ser otro que la belleza. Fue valiente, fue dura, fue firme y fue guapa. Volvió a ser la Pilar Manjón que se metió en el corazón de todos los justos - políticas aparte - aquella lejana mañana en el Congreso. Eso no lo entenderán jamás los asesinos. Que una mujer se supere de guapa para asistir al juicio de los criminales que mataron a su hijo. Buena Pilar Manjón.

Publicado en diario LA RAZON el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Déjà vu” por Eduardo San Martín

Desde el jueves, veintinueve reos se sientan frente a sus jueces. Al fin. Un tortuoso camino, plagado de socavones y barrido por el fuego graneado de los francotiradores de siempre, concluye finalmente donde deben acabar barbaridades como la matanza de los trenes de marzo, con los presuntos responsables sentados en el banquillo. El Estado de Derecho toma aliento y respira hondo. Con la sentencia, las víctimas habrán obtenido una reparación, simbólica pero imprescindible, y nosotros, los demás ciudadanos de buena pasta, habremos afianzado nuestra fe en las instituciones, ésa que les ha sido negada durante todo este tiempo por quienes no albergan otras preocupaciones que la bolsa propia y las vidas ajenas.

No todo habrá terminado, sin embargo. Se cierra una página, pero quedan muchas más por delante. Para unos pocos, porque la sentencia no clausurará ninguna sospecha previa, ningún relato fantástico edificado sobre los deseos y el resentimiento, y no sobre los hechos. Buscarán en los pliegues del fallo judicial recovecos en los que sustentar sus esperpentos. De hecho, ya han preparado el terreno con fuego preventivo a fin de deslegitimar la sentencia futura si ésta no se ajustara a sus designios. Para los demás, porque este juicio, por desgracia, no es el epílogo de una amenaza, sino, muy probablemente, el preámbulo de horrores venideros. Sobre todo si seguimos discutiendo sobre el sexo de vete tú a saber qué explosivos y no ponemos inmediatamente manos a la obra para conjurar el desafío de un yihadismo terrorista que incuba sus serpientes en nuestros barrios y ciudades y que acecha, desde el exterior, a escasos kilómetros de nuestras fronteras.

Noticias alarmantes ocupan un espacio raquítico (nostra culpa) en los periódicos nacionales, volcados con frecuencia en mil peripecias circulares menos amenazantes. Al Qaida ya tiene franquicia en el norte de África: son los antiguos salafistas argelinos, que han extendido sus redes por toda la región. Sólo en los últimos días, ha habido combates en Túnez, detenciones en Marruecos de células prontas para atentar. En Argelia, un múltiple atentado contra comisarías de Policía disparaba las alarmas. Parecía como si una página del presente argelino se hubiera plegado hacia atrás para encontrar en el pasado una situación simétrica, formando de esa manera un bucle turbador. Un déjà vu inquietante.

Cuenta el periodista francés Yves Courrire en su monumental «La Guerre d´Algerie», que devoré en mis años de formación gracias de la generosidad del colega Enrique Vázquez, cómo se inició en 1954 la aventura de unos jóvenes nacionalistas, veteranos de la guerra de Indochina en las filas francesas, a quienes la figura emergente de Nasser había devuelto el orgullo de ser árabes. Fue un día de Todos los Santos. Y, ¿saben cómo? Con la colocación de bombas en comisarías de Policía de la Kabilia bereber. Exactamente como el martes pasado. Esta vez habrán sido otros jóvenes, no menos temerarios que los de hace medio siglo, captados para el yihadismo por veteranos de otra guerra, la de Afganistán, que han encontrado en la figura de Bin Laden el símbolo de un nuevo orgullo musulmán en guerra total contra el imperio de mal y sus cómplices. La guerra de Argelia concluyó ocho años más tarde con la independencia del país, a pesar de que las guerrillas del FNL habían sido derrotadas militarmente muy pronto. Pudo más el terror, hostigamientos de desgaste en las fronteras y la derrota psicológica del bando francés.

Recemos para que los paralelismos acaben en los sucesos de esta semana. Pero la desesperante desidia con la que las sociedades europeas se enfrentan a una amenaza permanente (en el Reino Unido se han producido al menos otros dos intentos de matanzas múltiples después de los atentados de Londres de julio de 2005) recuerda algo a la serena placidez con la que los colonos franceses de varias generaciones afrontaban el futuro en un país que consideraban suyo. Déjà vu.

Publicado en diario ABC el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


   

“¿De qué ríe Zougam?” por Germán Yanke

Los interrogatorios son tediosos. Unos se niegan a responder a la fiscal y a las acusaciones y sólo sueltan su retahíla previamente preparada pos sus abogados. El otro, Jamal Zougam, acusado como autor material, lo niega todo. Unos no estaban en España, no conocen a nadie, no han hablado con nadie, son musulmanes «normales» y condenan los atentados. El otro estaba durmiendo y, por no saber, no sabe bien ni cómo se enteró del atentado ni de si eludió o no el tráfico imposible de aquella jornada.

Zougam, además, se ríe. No parece nerviosismo, sino ese mecanismo un tanto chulesco para tratar de hacer ver que algunas preguntas son contradictorias, o que no van con él, que dormía hasta la diez de la mañana, como todo trabajador de un locutorio. Se trata de un trabajador con habilidades peculiares: mira las tripas de un móvil y sabe si se puede arreglar aunque no tenga ni idea de cómo. Pero la risa, inoportuna, es para quitarse de en medio, que es lo que todos los interrogados hasta ahora han intentado con la impostura propia de la mayoría de los acusados en los juicios.

Es el tiempo del Derecho, como dijo el juez Gómez Bermúdez al comienzo de la vista. Y, ya se sabe, el tiempo del Derecho es el de los procedimientos. Fuera de la sala no son obligatorios y ya hay quien nada más empezar se pregunta si «El Egipcio», tan pausado y modoso el primer día, es un peligroso líder islamista. Acabáramos. Va a resultar que a este hombre le condenaron en Italia por reclutar terroristas para la «guerra santa» con el objetivo de enmarañar las cosas y que no nos preguntáramos qué tiene que ver ETA en el atentado. Fuera de la sala vamos a escuchar cosas más que sorprendentes. Hasta quizá algunas expliquen la risa de Zougam.

Publicado en diario ABC el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

   


  

“Interrogatorios a la carta” por Jesús Zarzalejos

Las dos primeras sesiones del juicio oral por el atentado del 11-M han mostrado la táctica común de los tres acusados como inductores (Rabei Osman El Sayed «El Egipcio», Youssef Belhadj y El Haski), consistente en responder sólo a las preguntas de sus letrados. Estos interrogatorios «a la carta» están amparados por el derecho del acusado a guardar silencio y a contestar a quien estime oportuno. En estos casos, las respuestas tienen un valor probatorio muy condicionado por la falta de espontaneidad en el acusado, quien elude enfrentarse a los interrogatorios cruzados del resto de abogados y de la Fiscalía. Aunque la finalidad de esta táctica sea la de ofrecer una versión limpia, coherente y sin riesgos de contradicción, la lectura de la declaración sumarial del procesado permite al Tribunal contrastar una con otra para decidir, en conciencia, en cuál de ellas se ha dicho la verdad o lo más próximo a la verdad. Por otro lado, los interrogatorios hechos a los tres inductores tenían la clara finalidad de dar una apariencia de normalidad a la vida cotidiana de cada uno de ellos en el tiempo anterior y posterior al atentado. La autoría por inducción, en los casos de terrorismo integrista, se construye habitualmente sobre la atribución a los actos del sospechoso de una finalidad de proselitismo tendente a crear en otros la voluntad de cometer el atentado. Tales actos son, en la mayoría de las veces, de apariencia lícita, como reuniones en una mezquita, viajes al extranjero, envíos de dinero y otros similares. La dificultad probatoria se sitúa en la traducción de estos hechos de apariencia inocua en actos de inducción a la perpetración de actos terroristas.

Entre los medios de prueba más eficaces para la investigación de un atentado, particularmente de sus inductores, se encuentran los informes de «inteligencia policial». A medio camino entre la prueba testifical y la pericial, estos informes se están haciendo frecuentes en los juicios contra toda modalidad de delincuencia organizada. Reflejan el análisis de investigadores policiales, expertos en la materia, bien sobre la organización criminal investigada, bien sobre el sospechoso en particular, ubicándolo en la estructura interna de la banda, identificando sus funciones y concretando su participación en el delito. Ofrecen una interpretación de conductas, individuales o colectivas, a partir de su conocimiento y experiencia profesionales. Más que una prueba directa de los hechos que se juzgan, los informes de inteligencia policial suelen servir como criterios autorizados a disposición del Tribunal para la interpretación de esos hechos.

Cuando empiecen a declarar los investigadores policiales del 11-M, sin duda se contrastarán sus manifestaciones con las declaraciones autoexculpatorias de los procesados y el juicio ofrecerá una visión mucho más amplia del atentado.

Publicado en diario ABC el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


   

“La otra conspiración” por Edurne Uriarte

Además de conspiración de derechas, el 11-M tiene su conspiración de izquierdas. Lo que ocurre es que la segunda ha alcanzado un estatus superior. Por una mera cuestión de número. Está tan extendida entre los suyos que la confunden con la verdad mientras que la primera no ha conseguido pasar de mera conspiración. Una pretende encontrar sus culpables entre ETA, la policía, los servicios secretos y el PSOE, y la otra, entre Aznar, Bush y el resto del PP y de la derecha mundial, incluidos Tony Blair y socialistas de su especie.

A los de la conspiración progresista tampoco les parecen demasiado relevantes los 29 acusados sentados en el banquillo. Su responsable final y gran inspirador está en otro lugar, en el PP, concretamente, en la presidencia de FAES. «Yo también quiero saber la verdad», proclamaba esta semana una oyente de Punto Radio. «Quiero que el juicio demuestre que el responsable del 11-M fue Aznar por haber ido a la guerra de Irak». No mencionó al otro culpable, Bush, pero no fue necesario ese esfuerzo suplementario. Había sido perfectamente establecida aquel aciago 13-M en el Queremos Saber la Verdad de Rubalcaba y en las manifestaciones asociadas, antes, durante y después.

Zapatero ha sido algo más indirecto y sofisticado en su atribución de responsabilidades. En un estilo más Noam Chomsky o Michael Moore, que son al ensayismo político o al cine lo que Zapatero a la política, acusó el domingo a Aznar de estar en el origen del odio que mata en Irak. Es decir, que ha inoculado a los suníes su rechazo a la democratización y su amor por Hussein, que FAES diseñó el fanatismo étnico de éstos y de los chíies y que los atentados de Al Qaeda en Bagdad son una respuesta a la guerra. Como el 11-M.

Un intelectual cercano a la conspiración progresista establecía esta semana que el juicio del 11-M demuestra que es posible combatir el terrorismo islámico sin guerras. Consecuentemente, se fueron de Irak, pues el problema no está en los socios de los 29 acusados que asesinan allí, sino en la auténtica verdad del 11-M: Bush y Aznar.

Publicado en diario ABC el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“La condena, truco del almendruco” por Ernesto Ekaizer

  

Ya son tres los acusados que sólo han respondido a las preguntas de sus abogados: Rabei Osman, Youssef Belhadj y Hassan El Haski. El cuarto, Jamal Zougam, es el primero que ha prestado declaración ante la fiscal y las acusaciones.

El Haski reaccionó ofendido por lo que llamó la "película" del medicamento contra las cucarachas y ETA

El patrón seguido en las cuatro declaraciones ha sido diseñado durante el juicio de la célula de Al Qaeda que condenó a Abu Dahdah y otros 17 acusados el 26 de septiembre de 2005.

La yihad, muy lejos de ser el terrorismo islamista radical, es esfuerzo. "En el Corán hay 420 párrafos donde se pronuncia la palabra yihad. Lingüísticamente, todos lo sabemos, es hacer esfuerzo... Mi concepto de yihad es defensa. Se hace con fuerza, con armas, con todo. Aunque defiendes no puedes matar niños y mujeres. Hay que defender, pero sin llegar a ese límite...", explicó Abu Dahdah. Y durante su último turno de palabra, condenó los atentados del 11-M, calificándolos de asesinatos. También dijo: "No hay célula española de Al Qaeda".

Siguiendo los pasos de Rabei Osman, los tres acusados condenaron ayer los atentados por los que están sentados en el banquillo. De la manera sumaria con que despachan el tema parece una fórmula. También calificaron la yihad como esfuerzo.

El primero en declarar ante su letrado fue Youssef Belhadj, quien negó todos los cargos y relaciones que se le imputan. Este hombre, quien según la fiscal Olga Sánchez es el personaje encapuchado que reivindicó el atentado del 11-M en el célebre vídeo, tiene testimonios en contra: el de su sobrino Mohamed Moussaten, procesado y también en el banquillo.

Belhadj explicó ayer a preguntas de su letrado que tenía una buena relación con sus sobrinos. Éstos declararon que él era miembro de Al Qaeda y que les adoctrinó en Bélgica para su causa. El acusado explica así esas declaraciones:

-Le amenazaron con que le iba a llevar a Marruecos, insultaron incluso a su madre. Si yo estuviera en su lugar, con 30 años, también hubiera actuado así.

En la sala, a espaldas de Belhadj, que está declarando ante el micrófono, se puede ver un rostro muy joven. Sus ojos transmiten miedo. Es Mohamed Moussaten. No está en el habitáculo de cristal sino en el lugar habilitado para los otros acusados, que gozan de libertad provisional.

El problema con lo que ha explicado Belhadj es que su sobrino Mohamed no sólo ha cantado ante la policía: ha mantenido su declaración ante el juez. Puede cambiarla, claro. No sería la primera vez que ocurre. Pero hay otras pruebas en la recámara de la fiscal.

En 2001, Belhadj se reunió en la mezquita de Leganés con sus sobrinos Brahim y Mohamed Moussaten, Abdelmajid Bouchar, Mohamed Afalah [huido y aparentemente muerto en Irak] y con su hermano Mimoun Belhadj -preso en Marruecos- para debatir sobre la yihad -el esfuerzo, como definió esta palabra ayer el acusado- y los encuentros se repitieron a finales de 2003. Afalah, hombre estrechamente vinculado a uno de los dirigentes que se suicidaron en Leganés, Allekema Lamari, visitó la residencia de Belhadj en Place de la Duchesse, 4, Bruselas, Bélgica, por esas fechas. Y en octubre de 2003, Abu Dujan Al Afgani o Abu Dujana, como se le conocía, cursó las instrucciones a Madrid para organizar el atentado el 11 de marzo de 2003. En febrero, viajó a Madrid, se reunió con la célula para repasar los detalles. El 19 de marzo fue detenido en Bélgica. En la memoria de la tarjeta SIM instalada en un terminal telefónico estaban entre otros los nombres de Abu Dujana.

El otro duro que ayer declaró fue Hassan El Haski, quizá hubo algo de verdad en lo que dijo. Fue cuando reaccionó ofendido por lo que llamó "la película" del medicamento contra las cucarachas y ETA -el caso del ácido bórico-. "Sí, una relación con ellos [los etarras] en el cielo". La frase es inquietante. La confusión entre ETA y terrorismo islámico le ha irritado.

Publicado en diario EL PAIS el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Dos matanzas de Atocha” por Antonio Elorza

  

El azar ha dispuesto que el comienzo del juicio contra los presuntos responsables del atentado del 11-M coincida prácticamente en el tiempo con el treinta aniversario de otra matanza, el asesinato de un grupo de abogados laboralistas por unos pistoleros de extrema derecha. Muy pocos metros separan la estación ferroviaria en la cual tuvo lugar la principal voladura de trenes por el comando islamista, del despacho de la calle Atocha, creo recordar que en el número 55, donde fueron fríamente ejecutados en su mayoría los jóvenes letrados allí reunidos. En ambos casos, grandes manifestaciones ciudadanas pusieron de relieve la derrota política del terror. Y también en ambos casos el episodio se constituye en momento decisivo para la historia de nuestra democracia.

La primera matanza de Atocha, de fines de enero de 1977, vino a decantar la trayectoria insegura de los primeros meses de posfranquismo hacia una resuelta orientación democrática, dirigida por Adolfo Suárez. Todo el mundo sabía que los franquistas duros no se habían desarmado y que la piedra de toque para una verdadera democracia era la legalización del Partido Comunista. Posiblemente pensaron los primeros que un asesinato ejemplarizante, seguido de una respuesta violenta a cargo del PCE, obligaría al Gobierno a reponer el patrón represivo a que se atuvo el régimen desde la Guerra Civil. Sucedió todo lo contrario. El sector ultra del franquismo dejó ver su brutalidad, y también su falta de cohesión. Las camadas negras, descritas en el filme de Manolo Gutiérrez Aragón, podrían causar más muertos, pero carecían de futuro político. Paralelamente, la impresionante respuesta de masas en homenaje a los asesinados, bajo control del PCE, mostró que sin este partido no podía haber democracia y que además el Partido sería una fuerza de apoyo fundamental para construirla. Con el respaldo sin fisuras de la ciudadanía, la vía hacia una democracia auténtica quedaba abierta.

En los tres años transcurridos desde el 11-M, muchos elementos favorecen la impresión de que también en el nuevo episodio la muerte perdió la partida en el plano político. Ciertamente, el resultado cuantitativo de las elecciones generales del día 14 se vio modificado sensiblemente por el impacto, no del atentado, sino de la apuesta del Gobierno de Aznar por imponer una versión de los hechos que le hubiera dado una clara victoria. Los ciudadanos, no el PSOE, se lo hicieron pagar en las urnas, si bien no cabe olvidar que aun cuando el PP hubiese logrado una mínima ventaja sin 11-M, formar gobierno iba a ser para Rajoy misión casi imposible. Fuera de eso, los datos positivos se acumulan. La respuesta ciudadana, de nuevo impresionante, prolongada más allá de la gran manifestación, supo conjugar el rechazo del terror con la exclusión de todo acto xenófobo contra el colectivo del que procedían los asesinos, a pesar del sustrato existente de maurofobia. Nada parecido a la reacción habida en Holanda tras el asesinato ritual de Van Gogh: entonces y ahora, la islamofobia está presente entre nosotros a modo de espantajo exhibido por simpatizantes del islamismo y teólogos seudo-progres apuntados a la Alianza de Civilizaciones. Y sobre todo, siempre en el marco del Estado de derecho, la respuesta española al 11-M constituye la antítesis al método Bush de convertir el antiterrorismo en violación sistemática de los derechos humanos, por añadidura con paupérrimos resultados. Aquí no hubo ningún Guantánamo y ahí tenemos sentados en el banquillo a los posibles integrantes del grupo de acción terrorista del 11-M. Faltan, lógicamente, cabos por atar. Después de la pérdida de Afganistán, Al-Qaeda tuvo que adoptar una forma de organización descentralizada, con mínimas conexiones entre los comandos actuantes y los núcleos de dirección. Y eso repercute tanto sobre la eficacia de la estrategia como sobre las posibilidades de reconstruir por entero la trama del terror.

De los imputados musulmanes, poco cabe esperar en el juicio. Su creencia les protege y les impone la taqiyya, el encubrimiento. El único lado oscuro en este episodio corresponde al mantenimiento de una estrategia de intoxicación, desde el PP y sus medios, inspirada por un puro y duro sentimiento de revancha, fracturando la conciencia ciudadana.

Publicado en diario EL PAIS el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“Dies horribilis” por Rafael Domingo

Imposible olvidar la masacre de Madrid. Imposible dejar de escuchar los gritos de dolor y el ulular de las sirenas que como dagas sangrantes rasgaron el alma de todos los españoles. Imposible ocultar tras el tenue velo de la política una verdad horrenda que hasta hoy nos atenaza: el terrorismo —en cualquiera de sus formas— es una lacra maldita que atormenta la democracia española.  

Mientras contemplaba, desde un avión, el amanecer madrileño aquel 11 de marzo de 2003, no imaginé que, en tierra, se desataba el infierno. Es increíble cómo un grupúsculo de asesinos puede, en un minuto, cambiar la vida de todo un país. Aunque en este vil atentado hayan perecido hijas, esposos, hermanas o amigos, en el fondo, también nuestra inocencia fue sepultada bajo los escombros de una política plagada de ingenuidad e idealismo. Sí, porque, aunque nos duela, si algo falla en esta piel de toro es el ansia irrefrenable de venganza y utopía, de trivializar los tópicos más supremos convirtiéndolos en carne de cañón del debate mediático. Por eso, es preciso ser muy cuidadosos con la memoria de las víctimas de Atocha. Que nadie profane, con sucias manos, sus nobles sepulturas.  

España no volverá a ser la misma. El 11-M hirió su corazón. Tardaremos en recuperar el sano latido de la convivencia pacífica. Corresponde a los jueces hurgar en la herida hasta topar con la bala del odio. Sólo así la arrancaremos, aunque duela. Tenemos derecho a saber la verdad, toda la verdad, sin tapujos ni componendas. Que callen los políticos, que enmudezcan los medios. Que hable, por fin, la justicia.  

Publicado en diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el sábado 17 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Editoriales (16 de febrero de 2007)

Por Narrador - 16 de Febrero, 2007, 9:00, Categoría: Opiniones

“Una apariencia diminuta para una acusación monumental” (Editorial de EL MUNDO)

Será difícil encontrar en los anales de la historia judicial otro caso de una mayor disparidad entre la monumental pena que solicita la Fiscalía y la imagen diminuta que dio ayer uno de los principales acusados -Rabei Osman, El Egipcio- en el comienzo del juicio por el 11-M.

El Egipcio se presentó como un musulmán moderado, maltratado por la vida, de buen corazón y que repudia la violencia. No dudó en condenar el atentado de Madrid y el resto de los actos terroristas cometidos en Europa y en EEUU. La imagen que ofreció no concuerda nada con la que refleja el sumario, donde se le presenta como el fanático cerebro e inductor de la masacre para el que la Fiscalía pide 38.656 años de cárcel.

Sin duda, las apariencias engañan porque el acusado sí es un exaltado islamista que, como reflejan las cintas grabadas en Italia, justifica y alienta el terrorismo. Significativamente, El Egipcio se negó ayer a responder a las preguntas de la Fiscalía y el resto de las acusaciones, pero contestó luego a un cuestionario de su abogado.

El principal elemento incriminatorio son esas cintas grabadas por la Policía italiana, en las que él se jacta de haber organizado los atentados de Madrid. Pero caben serias dudas de que sus palabras sean algo más que un farol, ya que demuestra en esas grabaciones una enorme ignorancia sobre los autores y los detalles del atentado. En una cinta grabada dos meses después de la masacre, afirma que el islamista El Morabit había muerto en Leganés cuando se había publicado que estaba detenido.

Su conexión con los miembros del comando parece endeble y lo único que quedó acreditado ayer es que había sido alumno de El Tunecino, que le dio clases de castellano.

El Egipcio afirmó categóricamente que abandonó España en febrero de 2003, un año antes del 11-M, y que jamás volvió hasta su entrega por el Gobierno italiano. Para condenarle, harían falta pruebas más sólidas que su probablemente fantasiosa autoincriminación en las cintas, habría que acreditar la naturaleza criminal de sus contactos con otros imputados o habría que demostrar que estuvo en Morata en vísperas del 11-M, como mantiene una testigo.

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermudez, interrumpió con buen criterio la sesión para que acusado y abogado pudieran escuchar las grabaciones antes de responder a las preguntas de hoy. Gómez Bermudez presidió con autoridad el juicio, demostró que conoce el sumario y que tiene una gran experiencia procesal. Pero intimidó al abogado defensor de El Egipcio y se excedió al no permitirle que preguntara si el acusado condenaba el 11-M y al reprocharle con ironía fuera de lugar que quisiera asumir el papel de la acusación. Tal vez actuó así porque quiso transmitir el mensaje de que no va a tolerar que el proceso se le escape de las manos.

Entre tanto, fuera de lo que sucedía en el juicio, la cuestión de los explosivos seguía centrando ayer la atención de los medios y los dirigentes políticos. Especialmente llamativas resultan las declaraciones de Rubalcaba, que, emulando el «vale ya» de la fiscal Olga Sánchez, aseguró que no cabe duda de que los análisis corroboran que el explosivo de los trenes fue Goma 2 ECO, al igual que el hallado en Morata, la Kangoo y la mochila. El problema para el Gobierno es que la Goma 2 ECO no contiene el dinitrotolueno (DNT) que han detectado los nuevos análisis. Ello queda reforzado hoy por un informe del Ministerio de Industria, que se suma a los de la Guardia Civil y del fabricante, y corrobora que ese componente no forma parte de la Goma 2 ECO. Es más, señala que esta dinamita se comenzó a producir para eliminar el DNT que sí tenía la Goma 2 EC, lo que implica que la tesis de la contaminación supondría atribuir a Unión Española de Explosivos el mayor de los fiascos comerciales.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“La hora de la verdad” (Editorial de ABC)

Desde ayer, la Justicia es imparable en su tarea de encontrar la verdad sobre los atentados del 11-M. Sin duda, esta es la principal valoración que merece la celebración de la primera jornada del largo juicio oral que va a oír a veintinueve acusados y más de seiscientos testigos. Ese juicio, que tan improbable parecía, toma cuerpo y demuestra, frente a críticas desmesuradas y escepticismos infundados, que el Estado de Derecho funciona en España y que es la única vía legítima para dar justicia a las víctimas y hacer que el peso de la ley caiga sobre los culpables. Aun así, habrá que asumir que este proceso no podrá reparar los terribles daños sufridos por las familias de las víctimas y por los heridos. Hasta ahí no puede llegar la justicia humana, pero sí está en condiciones -debe estarlo- de aclarar qué pasó, quién fue y por qué sucedió.

Muchos se habrán sorprendido al comprobar en directo los medios técnicos y humanos que se han puesto a disposición de este juicio. Sorpresa justificada, pero a la que debería seguir un claro e incondicional voto de confianza para el tribunal, porque, al final, y en contra de lo que anunciaban los agoreros del oscurantismo, están sentados en el banquillo los presuntos responsables de la matanza y todo se va a discutir a la vista de la opinión pública. La aparición de nuevos rastros de explosivo ha podido empañar este arranque de la vista oral. También ha sido motivo, sin duda, para juzgar críticamente la instrucción sumarial, pero aun así lo importante es que también este capítulo esencial del atentado -los explosivos empleados- será aclarado por los peritos, en juicio oral y ante el tribunal sentenciador. Es decir, en el lugar que corresponde.

Parece evidente que el presidente de la sala va a conducir con mano de hierro las sesiones del juicio, porque, en otro caso, se puede romper la cadencia de declaraciones e interrogatorios, que siempre es conveniente mantener, entre otras cosas, para que el propio tribunal tenga una mejor impresión de conjunto sobre el resultado de la prueba. Pero, además, en poco más de un año empiezan a extinguirse los plazos máximos de las prisiones provisionales y, si no hay sentencia -y condena- para entonces, no podrán prorrogarse los encarcelamientos. El tribunal deberá encontrar el punto de equilibrio entre el mantenimiento del ritmo del proceso y las incidencias que vayan surgiendo, sobre todo si éstas pueden comprometer el derecho de las partes a su defensa y a las pruebas.

La primera sesión no deparó sorpresas, ni en la declaración de Rabei Osman El Sayed, Mohamed «El Egipcio», uno de los principales acusados, ni en los interrogatorios del fiscal y de los abogados de la acusación y la defensa. El Sayed anunció que no contestaría a nadie, razón por la que se dio lectura íntegra a su declaración sumarial. Finalmente sólo respondió a las preguntas de su letrado defensor, -después de que por la mañana rechazara hacerlo-, para negar su participación en los atentados y para condenarlos, una vez que la fiscal del caso y el resto de letrados de la acusación y la defensa dieran lectura a sus respectivos interrogatorios al acusado, quien no se inmutó. Interrogatorios que, por otro lado, no reflejaron preguntas con las que se pretendiera dar cobertura a las teorías alternativas que se han construido en paralelo al sumario.

Las que se hicieron sobre la posible colaboración de los islamistas procesados con otros grupos terroristas fueron planteadas de manera que encajaban perfectamente en el interrogatorio a un acusado por delitos de terrorismo. Ahora que el proceso judicial del 11-M entra en su fase decisiva se va a comprobar que es muy fácil propalar versiones extrasumariales que no tienen que pasar el filtro de la prueba, del debate judicial y del veredicto jurisdiccional, porque quien las fabrica actúa como juez y parte, prejuzgando el resultado y descalificando todo aquello que no sirva a su teoría.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Víctimas en el juicio” (Editorial de EL PAIS)

El juicio sobre el 11-M, cuya primera sesión estuvo dedicada ayer al interrogatorio del primer acusado Rabei Osman, El Egipcio, uno de los presuntos autores intelectuales de la masacre, ha comenzado envuelto en los ecos de la polémica sobre la composición química de los explosivos que estallaron en los trenes. Los datos sobre esa composición no cuestionan lo establecido en la instrucción sumarial de que fue Goma 2 Eco, procedente de la mina asturiana Conchita, lo que estalló en los trenes y en los otros escenarios de actuación terrorista, pero la polémica amenaza una vez más con dejar fuera del principal foco del proceso a las 191 víctimas mortales y a las 1.824 que resultaron heridas de diversa gravedad en aquel terrible atentado.

Los efectos políticos atribuidos al 11-M (la pérdida del poder por parte del PP) han envenenado las relaciones entre los principales partidos, y su bronca permanente se ha proyectado de manera perversa sobre la investigación policial y la instrucción judicial, absurdamente cuestionada sobre la base de hechos y datos circunstanciales, objetivamente irrelevantes. Lo más lamentable es que esa división se haya trasladado a la consideración de las víctimas mismas, objeto en ocasiones de actitudes de menosprecio del todo incomprensibles.

Este clima y esta actitud tendrían que desaparecer durante el juicio y quedar a las puertas del tribunal. Sin embargo, hay indicios de que no va a ser así. Resulta procesalmente anómalo y moralmente escandaloso que dos de las acusaciones que ejercen la acción popular en representación de las víctimas -no la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo- compartan estrategia con las defensas para debilitar los indicios de prueba acumulados por la instrucción contra quienes se sientan en el banquillo de los acusados. Algo chocante en cualquier juicio, y mucho más en uno sobre terrorismo. Estas acusaciones parece que buscan dar verosimilitud a las teorías conspiratorias empeñadas en buscar unos supuestos "autores intelectuales" (o verdaderos culpables) diferentes de los que figuran en los casi 100.000 folios de la instrucción. Con el efecto de exculpar o al menos de difuminar la responsabilidad de aquellos a los que la justicia ha identificado, con el aporte de innumerables pruebas.

El proceso tiene como principal cometido hacer justicia, en especial a las víctimas, cuyo recuerdo y dolor de sus próximos merecen todo el respeto por parte de la sociedad y no debates abstrusos sobre minucias convertidas en categorías por especialistas en crear confusión, aprovechando la credulidad de un público sediento de emociones. En la sesión de ayer, El Egipcio, que en una conversación privada grabada por la policía italiana se atribuía el diseño de la matanza, se negó a responder a la acusación, pero sí lo hizo a su defensor para declararse inocente e incluso condenar de boquilla los atentados de Madrid, Londres y Nueva York. Es prematuro sacar conclusiones de esas palabras pues lo que ha de condenarle o absolverle son sobre todo los indicios de pruebas acumulados contra él en la instrucción sumarial y que el tribunal debe valorar.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Que nadie olvide a las víctimas” (Editorial de EL PERIODICO)

El juicio por los atentados del 11 de marzo del 2004 empezó ayer en un clima de gran expectación y sin que decayera la guerra mediática entre quienes agitan el fantasma de la participación de ETA en la masacre y quienes juzgan razonable la instrucción del sumario por el juez Juan del Olmo sobre la base de las investigaciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Esta vez fue a cuenta de los informes periciales sobre los explosivos que estallaron en los trenes. Los ventiladores para crear dudas sobre la instrucción no van a parar, pese a que la maquinaria judicial sigue su camino inexorable. Lo triste es que en medio de esta batalla muy pocos se han acordado de las víctimas directas: de los familiares de los 191 asesinados y de los 1.824 heridos en las explosiones.

Hubo un tiempo en el que las víctimas del terrorismo eran protagonistas solo de las informaciones de los entierros. Pasada la conmoción de los atentados, poco más se sabía de viudas, madres, padres o huérfanos. El Estado tampoco era capaz de compensar económicamente de forma adecuada y de hacer sentir la solidaridad a quienes tanto habían perdido. Después la situación mejoró. La gigantesca movilización por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, en 1997, fue una sacudida a las conciencias. Una ola de afecto con quienes sufrían recorrió el país y los sucesivos gobiernos fueron mejorando el trato a las víctimas. Pero en los últimos tiempos, estas han sido utilizadas demagógicamente por el PP y sus medios afines. En una operación revestida de proclamas humanitarias, lo que se ha intentado ha sido utilizar a las víctimas como ariete contra el Gobierno y el proceso de paz inspirado por Rodríguez Zapatero. Si alguna de ellas discrepaba, se le silenciaba o se le vejaba, como es el caso de Pilar Manjón, madre de uno de los jóvenes asesinados el 11-M y mujer que tuvo ayer el valor de mirar a los ojos a los acusados.

Un vistazo a las informaciones sobre la apertura del juicio oral del 11-M indica que las víctimas han pasado a un segundo plano. Vale la pena hacer un llamamiento a la solidaridad y el respeto a quienes estos días van a soportar testimonios terribles, mentiras hirientes y reproducciones de escenas que causaron tanto dolor. Una llamada extensiva a unos medios de comunicación poco acostumbrados a la reflexión a la hora de reproducir imágenes que devuelven el horror a quienes no consiguen olvidar.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“Normalidad en la Casa de Campo” (LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

El balance de la primera jornada del juicio del 11-M, celebrado en medio de una inusitada expectación en el local preparado al efecto en la Casa de Campo de Madrid, podría resumirse con una frase de corte marcial, que subraya la ausencia de sobresaltos: Sin novedad en el frente. Estamos ante un frente judicial, ante un frente mediático y, sobre todo, ante un frente social, que ha vivido bajo la abrumadora presencia de un hecho terrible, sucedido hace tres años: la matanza de casi doscientas personas en el mayor atentado cometido en España. La primera sesión de la vista oral contra los acusados por esa masacre, que probablemente cambió el curso de nuestra historia, ha transcurrido con normalidad.  

Hay que felicitarse por ello y agradecer a los magistrados —en especial al presidente Gómez Bermúdez— su firmeza frente a las dificultades, porque tienen ante sí el difícil reto de poner el punto final a los enigmas abiertos aquel 11 de marzo de 2004. El primer acusado, el Egipcio, ha hecho uso de su derecho a negar toda participación en los sucesos, y ello también forma parte de la normalidad. Como lo es que su abogado haya tenido que ser llamado al orden en ocasiones, y que el trabajo de los intérpretes no haya sido todo lo fino que sería de desear.  

Sin embargo, al margen de pequeños contratiempos, será bueno para todos que la Justicia se abra paso, en la mayor medida posible, en un asunto que ha enfrentado al Gobierno y a la oposición, que ha desatado enormes pasiones y que ha producido un inmenso dolor a un grupo muy numeroso de personas. Las víctimas, presentes también en la Casa de Campo, se merecen que este juicio esté a la altura de su tragedia.  

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Opiniones (16 de febrero de 2007)

Por Narrador - 16 de Febrero, 2007, 8:30, Categoría: Opiniones

“Justicia, melancolía” por Federico Jiménez Losantos

El comienzo del juicio del 11-M habrá despertado en el ciudadano consciente de sus derechos, pero también de sus problemas para hacerlos valer, muchas y encontradas sensaciones. Se dice que lo que está realmente en los tribunales o sometido a juicio es la propia administración de Justicia. Y se añade que la condena debería darse por hecha tras el ominoso desastre de la instrucción del sumario a cargo del juez Del Olmo, que ha quedado ya para la Historia como la mayor calamidad que haya caído sobre la Justicia, en el más grave de sus casos.

Sin embargo, los partidarios de ver el vaso medio lleno dicen que precisamente por la calamitatis et miserie de Juan del Olmo y la fiscal Valeyá, todo gesto de Javier Gómez Bermúdez y sus compañeros de tribunal será especialmente apreciado, porque, del mismo modo que a los ciudadanos les da miedo pensar que gente del PSOE o del Gobierno pudiera haber participado en los atentados o, como mínimo, obstruido la acción de la Justicia para perseguir a los asesinos, hay muchos que quieren creer en los jueces porque no se atreven a confesarse a sí mismos que el Estado de Derecho no existe en España. O que tiene dificultades insalvables para existir cuando se atraviesa en su camino la política, como es el caso de esta masacre que buscaba echar al PP del Gobierno y que, evidentemente, lo consiguió.

Yo creo que las dos posturas son defendibles. Ha sido tan horrenda la actuación del juez instructor que cualquier desconfianza en la Administración de Justicia está avalada por los hechos. Pero la intolerable manera de instruir el Restario y el modo de actuar de la fiscal Sánchez -«en los trenes estalló Goma 2 ECO ¡y vale ya!»- nos hacen anhelar vehementemente la existencia de jueces y fiscales dignos de esos nombres.

Y como, sin duda, hay muchos fiscales y jueces respetables, nos aferramos a ellos como a un clavo ardiendo. Lo malo es que la desvergonzada operación político-mediática para hacernos comulgar con la rueda de molino de la Versión Oficial constituye un obstáculo difícilmente superable. Y lo normal es que gente que ha sido capaz de actuar de forma tan infame en estos tres años se supere a sí misma. Eso, aparte de que la deficientísima y probablemente delictiva investigación poli-judicial haga intransitable el camino hacia la verdad de los hechos.

Ojalá me equivoque. Ojalá los jueces del 11-M sean capaces de remediar y no sólo de remendar el desastre institucional que los precede. Triste es reconocer que la invocación a la Justicia por encima de la política es de orden melancólico, como explicó Juaristi en su libro sobre el nacionalismo vasco, instalado en el empeño de recuperar algo que nunca existió. Nuestro Aitor se llama Gómez Bermúdez, y, de momento, pertenece más al orden del deseo que al de la esperanza.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“11-M (I)” por Erasmo

Babel de traductores, portátiles, sumarios, encausados, testigos, Audiencia Nacional: súbitamente, elmundo.es. Esos rostros dan presunta corporeidad al terror, al océano de letras en pos de lo ignoto: Mohamed, El Egipcio, Rasputín silente: inocente. Dice. El régimen lo explica, autor intelectual (sic) aparente: pobre. Un secreto, dentro de un misterio, dentro de un enigma, dentro de un arcano: 192 tumbas.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un principio anodino” por Luis del Pino

Inercia. Comienza el juicio del 11-M. Durante tres años, hemos estado avisando de que nos ocultaban los informes de explosivos de los trenes, que todo el caso está basado en pruebas sobre las que pesan graves sospechas de falsedad. Los hechos han venido a darnos la razón. Los nuevos análisis químicos han revelado que en los focos de los trenes pudieron estallar unas bombas que nada tienen que ver con la Goma 2 ECO en que está cimentada la versión oficial. Hubiera sido normal aplazar el comienzo del juicio hasta aclarar las dudas que existen sobre el arma del crimen, pero la maquinaria judicial no puede ya detenerse: se quiere juzgar a estos precisos imputados y se quiere hacerlo ya. La inercia ha ganado la primera batalla. Aunque no está mal que podamos, por fin, interrogar a los testigos sobre tanto enigma pendiente.

Generalidades. Sin sorpresas en la sesión inaugural. Gómez Bermúdez no va a dejar que un juicio tan complejo se le escape de las manos y rechaza los intentos de plantear cuestiones previas. Se entra directamente a interrogar a los acusados, en el orden marcado por la fiscal. Hubiera sido más lógico comenzar por los autores materiales, porque permitiría a la opinión pública entender mejor qué relación tiene el juicio con los hechos. Pero Olga Sánchez ha preferido enfriar las expectativas y ha elegido comenzar por los presuntos ideólogos de los atentados. Se ha hablado mucho, por tanto, de las tendencias islamistas de uno de los imputados, pero poco del propio 11-M. Quien haya seguido la sesión, sale hoy con la misma idea del atentado que tenía ayer.

Condena. Mohamed El Egipcio ha declarado primero. No estaba en España el 11 de marzo de 2004 y ni siquiera sabía cuánta gente había muerto en Leganés, pero le acusan de ser el autor intelectual de la masacre. Niega cualquier participación en los hechos, cosa lógica, pero también ha condenado la matanza del 11-M. ¿Éste es, de verdad, un peligroso líder islamista?

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un hombre, dos personajes” por Victoria Prego

Vayamos con calma, que esto no ha hecho más que empezar. La sesión inaugural del juicio del 11-M careció casi por completo de la carga de emoción que, sin embargo, merece, y que parte de la opinión pública, pero también los partidos políticos, tienen depositada en él. Si exceptuamos la beligerante actitud de Pilar Manjón, presidenta de la asociación mayoritaria de víctimas de aquel atentado, quien hizo notar desde el primer minuto a los acusados que está decidida a perseguirles moral y judicialmente hasta donde sus fuerzas se lo permitan, el resto de los afectados se comportó con una mesura sorprendente. Tanto, que ni siquiera la sala habilitada para ellos llegó ni remotamente a llenarse. Puede que no se atrevieran aún a enfrentarse a quienes están señalados como los causantes de tanta tragedia. Puede que hayan querido esperar a que los periodistas vayamos abandonando el campo para ir acudiendo, poco a poco, a hacer lo que ayer hizo Manjón: mirarles a la cara uno por uno y retarles con su presencia. El caso es que asistieron pocas víctimas y las que lo hicieron se comportaron con extrema discreción, como en voz baja. Nada que ver con los últimos juicios contra los grandes asesinos de ETA, en los que familiares de los muertos dejan resbalar incontenible su ira ante los cristales blindados que encierran a los terroristas.

No fue por tanto la de ayer una sesión cargada de electricidad, pero sí permitió hacer dos constataciones importantes.

La primera, que a partir del momento en que el llamado 'El Egipcio' se decidió a hablar, pudimos los presentes atisbar por dónde pueden ir algunas cosas en esta vista que va a durar meses. Puede que muchos de los acusados, y no sólo éste, vayan a presentarse como víctimas inocentes de una injusticia sin base. Habrá que esperar a la presentación de pruebas para comprobar si es posible pulverizar esa versión arcangélica. Éstos serán los momentos clave: todas las ocasiones en las que las pruebas inculpatorias se presenten y permitan al tribunal -y en cierto modo a los observadores- calibrar la solidez de los datos que señalan la responsabilidad criminal de estos 28 hombres y de esta mujer. Hoy mismo tendremos la primera oportunidad: asistiremos al enfrentamiento de Rabei Osman con su propio personaje. Hoy se celebra una especie de careo entre la versión ovina que él ofreció ayer de sí mismo y las cintas grabadas en las que el propio acusado se jacta de haber inspirado y planificado la matanza. El hecho, ya apuntado por este periódico, de que en sus conversaciones telefónicas intervenidas por la policía haya cometido errores de bulto sobre datos que él debería conocer perfectamente si fuera verdad que había organizado el crimen, otorga mucho interés a la sesión de hoy por la mañana.

Por lo que se refiere al tribunal, se vio ayer con nitidez que su presidente, Gómez Bermúdez, no está ni mínimamente dispuesto a que las partes intenten conducir el juicio según su conveniencia. Es muy posible que con dos o tres jornadas más nadie albergue ya la menor duda de que las cosas se van a hacer bien y se van a hacer todo lo rápido que el rigor procesal permita. Bromas, ni una.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un tipo modesto” por David Gistau

Más allá del perímetro policial, había corredores en chándal y paseantes con perro. El simulacro de una mañana cualquiera en la Casa de Campo, rota por el zumbido del helicóptero y por el trasiego de los furgones celulares que aún preservaban el misterio de los rostros. Sobre todo, rota por la procesión de los dolientes. Las víctimas caminaban como si desde la avenida de Portugal hasta la puerta del búnquer de ladrillo hubieran de atravesar como funambulistas un fino alambre anímico: los psicólogos, los botiquines, eran la red tendida para amortiguar el golpe de los que fueran cayendo. Dentro, a los 29 de la infamia, Pilar Manjón los recibió a portagayola, con una mirada que acaso sea la más viva de las que le quedan y que intentaba decir lo que James Stewart en un Western: «Cada vez que te des la vuelta, ahí estaré yo, persiguiéndote». Una mota de polvo que se agranda.

Oscar Wilde decía que él sólo necesitaba un público.

En la medida en que también puedan tenerlo y necesitarlo los autores de una masacre celebrada en la rapsodia de su ambiente, resulta que Rabei Osman El Sayed, El Egipcio, decepcionó al suyo. No le pudo el ego, como en esas conversaciones telefónicas intervenidas por la policía italiana en las que se ufanaba del atentado como si hubiera dejado impresa la primera huella en la Luna. Tampoco se comportó como los etarras que patean el cristal del habitáculo, cargados de orgullo de ser y entregados a su público.

Hubo de reparar mediante un receso de cinco minutos, una descoordinación con su abogado defensor. Pero, cuando por fin se avino a responder a sus preguntas, fue para retratarse, metido en su abrigo que le quedaba grande e impostando cortesías y respetos, como un paria cualquiera de los que descubren en las luces de costa europeas una oportunidad de mejorar. Como un náufrago social, piadoso, negado a cualquier habilidad, incapaz incluso de enviar sin ayuda un correo electrónico -no digamos, entonces, de aportar conocimientos sobre explosivos a un plan criminal-, que habría malvivido en las calles amparándose en la caridad. Se puso a condenar las acciones de la yihad, 11-M y 11-S incluidos, y si le dejan habría condenado incluso la toma de Jerusalén por Saladino antes de desear la paz mundial igual que una reina de la belleza.

Por más que El Egipcio se pretendiera incapaz hasta de colarse en el Metro, sobre esa silla estaba sentado el presunto organizador del más cruel atentado de nuestra Historia. Que según las escuchas, por cierto, habría sido tramado dos años y medio antes del 11-M: antes, por tanto, de esa fotografía en Azores que tanto ha servido como coartada y como justificante. Al observarle, uno se preguntaba por qué El Egipcio no es para la sociedad española lo mismo que Bin Laden para la estadounidense: un rostro en un cartel de Wanted. Por qué los corredores en chándal y los paseantes con perro vivían una mañana cualquiera llena de desdén por el asesino, y eso si es que les suena.

Ocurre que todo el odio alentado por aquella jornada terrible se volcó en Aznar: contra él tuvo lugar la catarsis colectiva. Aliviada así la ira, cabe preguntarse si a alguien le importa todavía si El Egipcio es algo más que un vendedor de bolsos que tenía discusiones con su mujer y problemas para llegar a fin de mes. Gente de la que viajaba en los trenes.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Entre la expectación y el escepticismo” por Justino Sinova

Para el juicio que empezó ayer no se ha podido dedicar mayor esfuerzo organizativo ni mayor presupuesto. La Audiencia Nacional echó el resto para que no faltara detalle y -lo más importante- lo presiden tres jueces de indiscutible categoría profesional -Gómez Bermúdez, Guevara y García Nicolás- distinguidos por su afán en la búsqueda de la verdad jurídica. Por primera vez se televisa en directo toda la vista -gracias a Telemadrid-, que se puede seguir también desde el ordenador -gracias a elmundo.es-, lo que amplía hasta confines insospechados el principio de la publicidad de la administración de la Justicia. Su inicio pone fin a la primera etapa de la expectación añadida al dolor traumático que nos fue invadiendo desde las primeras noticias del 11-M.

Pero el inicio del juicio no borra la desconfianza que se ha ido acumulando con la instrucción del caso. Estamos ante un juicio materialmente espléndido que cuenta con un sumario evidentemente dudoso. Dicen en la Audiencia que el juez Del Olmo es un buen tipo, lo será, pero su obra en este caso no es el trabajo que ofrece certidumbre. Es seguro que en los 93.226 folios del sumario hay aciertos indudables, pero los cabos sueltos y las incógnitas sin despejar que se detectan son de tan grueso calibre que el juicio no puede ser contemplado sino con gran dosis de escepticismo.

El dato de que el día de su inicio los jueces no disponen de un informe definitivo sobre el explosivo empleado en el atentado es una irrefutable tacha de la instrucción. La solidez formal del juicio no es suficiente antídoto para la inseguridad anímica con que tantos han empezado a asistir a él. Tampoco lo es la musculatura jurídica de los magistrados.

En España estamos invitados ahora al escepticismo político, o sea, a la sospecha, en relación con lo que sucede en los campos del terrorismo. El último motivo de desconfianza lo ofrecen las declaraciones del portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, quien ha asegurado que su formación concurrirá a las elecciones municipales de mayo. Desde el Gobierno se le ha contestado con rapidez que sólo será posible esa pretensión si Batasuna cumple la ley, y debería ser normal que todos creyeran al Gobierno frente a las palabras de un vocero de los terroristas. Pero es que el propio Ejecutivo no deja que se le crea: esa ley que dice que se va a cumplir se está incumpliendo todos los días porque Batasuna es una organización ilegal -terrorista, según el Tribunal Supremo- que desarrolla una intensa actividad a la vista de todos como una organización legal en la práctica. Si hasta el Gobierno le considera a Otegi el portavoz y le responde en calidad de tal...

En estas circunstancias, sería un error de interpretación confiar en que Batasuna vaya a encontrar impedimento para presentarse a las elecciones, no con ese nombre naturalmente, pero sí con cualquier otro que le sirva de disfraz pero no impida que sus electores sepan lo que votan. También sería un error dudar de que Otegi no sepa de qué habla cuando afirma que recibirá al terrorista De Juana Chaos próximamente en la frontera, o sea lo que para los demás españoles es la raya de la provincia. Desgraciadamente, el escepticismo encuentra mucho alimento en este tiempo. Nos gustaría aceptar a pies juntillas que no hay pactos con ETA, que De Juana Chaos cumplirá la condena en la cárcel, que los terroristas no ocuparán sitio en las instituciones mediante la trasgresión de las normas electorales, pero... También nos gustaría confiar en que durante el juicio del 11-M conoceremos toda la verdad, incluso sabremos quién planeó el atentado, pero... Hay muchos motivos para la expectación, pero hay también muchos otros para el escepticismo.

Publicado en diario EL MUNDO el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“11-M: la hora de la verdad” por Enrique López

Nadie debe temer, más allá de los responsables criminales, la consecución de la verdad      

Hace ya casi tres años de los terribles y fatídicos atentados del 11 de marzo, que además de causar la muerte de 191 personas, y miles de heridos, han cambiado muchas cosas en España. Tras una larga instrucción judicial, ha llegado el momento de la justicia, el momento de enjuiciar a los que, hoy por hoy, aparecen como responsables y colaboradores de los atentados. El juicio se presenta como una gran prueba para la justicia española. Estamos ante un juicio muy complejo y difícil.

Todavía hoy, resuenan en el tímpano de nuestra tierra española las tremendas explosiones producidas en aquellos trenes llenos de ciudadanos acudiendo a sus trabajos, totalmente ajenos a la barbarie terrorista y al fundamentalismo, que suele dar cobertura intelectual a las organizaciones terroristas de uno u otro signo; en España sabemos bien de qué hablamos cuando se trata de terrorismo, puesto que siempre tiene el mismo rostro, el terror, el dolor, la muerte y la desolación; lo de menos son las razones por las que matan, porque ninguna de ellas debe ser atendida; coartadas morales, las mínimas, Madrid e Irak están muy lejos y deben seguir estándolo.

La justicia española se convierte desde el día de ayer en un referente mundial, más de 170 periodistas acreditados, televisiones de los cinco continentes, los periódicos más prestigiosos del mundo se dan cita en la sede de la Audiencia Nacional de la madrileña Casa de Campo. Todo ello hace que se abra una ventana a todo el mundo, desde la cual se observará la actuación de nuestros jueces. No debemos tener ninguna preocupación, tenemos a los mejores y se han puesto los medios necesarios. El juicio se va a poder seguir en directo todos los días por un canal gratuito en internet y en La Otra de Telemadrid, además de la cobertura que otras televisiones puedan dar; para ello, se ha montado un sistema de cámaras excepcional, y no sólo para garantizar el principio de publicidad, que ya lo estaría sin tales medios, sino para que la difusión del juicio sea máxima.

Los medios técnicos con los que se cuenta son pioneros, notificaciones telemáticas a los procuradores, plena digitalización de procedimiento, y magníficos profesionales de la justicia, fiscales, abogados, procuradores, funcionarios. Se han adoptado todo tipo de medidas de seguridad, a fin de garantizar el normal desenvolvimiento del juicio. Se ha previsto un marco temporal, que salvo imponderables, va a posibilitar que la sentencia pueda estar dictada en octubre o noviembre de este año.

No podemos olvidarnos de las víctimas, los involuntarios protagonistas de este juicio; se ha dispuesto una sala anexa a la de celebración del juicio, donde casi doscientas van a poder seguir todas las sesiones a través de pantallas de televisión, además de estar asistidas diariamente de psicólogos, habida cuenta el incremento de dolor que va a suponer el recuerdo de los acontecimientos de aquel maldito día.

Ha llegado pues, la hora de la justicia, y la que debe hablar es la justicia a través de su sentencia; el objetivo de cualquier proceso penal es la fijación de los hechos y la determinación de las responsabilidades, en suma, la búsqueda de la verdad material, y nadie debe temer, más allá de los responsables criminales, la consecución de la verdad; cuanto esta más se acerque a lo que realmente ocurrió, cuanto más alcance a las personas que lo perpetraron, que los inspiraron, que los financiaron, mejor y más eficaz habrá sido el juicio. No sólo se habrá hecho más justicia, sino que además se podrá satisfacer a las víctimas con el conocimiento de la verdad. Por ello todos deberíamos ayudar a los jueces a la consecución de tal fin.

Por último no se debería desaprovechar la oportunidad para hacer algo que hasta el momento no se ha producido, revisar nuestra legislación terrorista; en cualquier país en el que ha ocurrido un hecho de esta naturaleza, lo primero que se ha comenzado a evaluar es su legislación contra el terrorismo, con el fin de buscar soluciones legislativas, que respetando el Estado de Derecho y las libertades fundamentales, sean más eficaces en la lucha contra el terrorismo; mirar hacia atrás no vale, debemos prepararnos para el fututo, pensar que ningún país esta exento de sufrir esta lacra, y que la misma se puede repetir. En España, salvo un cambio legislativo en materia de control de explosivos, no se ha hecho nada en los últimos tres años; a veces cuando se escuchan peticiones de cambio en materia antiterrorista en sentido inverso, rebaja de penas para los colaboradores, derogación de la Ley de Partidos políticos, etc., uno piensa si realmente somos conscientes de lo que está pasando en el mundo.

Las posibles negociaciones con una banda terrorista, además de injustas e inoportunas, no pueden justificar reformas legislativas que pretendan desarmar al Estado de Derecho frente al terrorismo, no puede olvidarse que cualquier trato de favor legal a un terrorista es automáticamente extensible a todos, puesto que las ideologías que puedan sustentar su acción delictiva no los hace de mejor o peor condición; un terrorista es un terrorista.

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Las víctimas ante «El Egipcio»” Carmen Gurruchaga

Los terroristas de ETA son diferentes a los de Al Qaeda. O por lo menos, no actúan de la misma manera ante un magistrado o un Tribunal. Esta diferencia hizo que ayer algunas de las víctimas del 11-M, presentes en la vista, se sintieran confusas ante la negativa total de Rabei Osman «El Egipcio» a asumir responsabilidad alguna en la matanza de Atocha. La extrañeza fue creciendo al ver que el principal inculpado de aquella barbaridad condenó los hechos. Y no sólo éstos, sino también los de Nueva York contra las Torres Gemelas, así como los de Londres, en julio del año pasado.

Los españoles hemos interiorizado que si una persona acusada de ser etarra, durante la celebración de un juicio, niega su vinculación con la banda y condena sus atentados, lo hace porque no pertenece a la organización terrorista vasca o se ha desvinculado de ella. Lo contrario sería impensable, porque su gente, la que a él le importa, no lo aceptaría y sería rechazado socialmente. En cambio, los fundamentalistas islámicos pueden negar un hecho por la simple razón de que en ese momento le conviene, sin que sea mal visto. Apelan al oportunismo, sin rubor y sin vergüenza. Tienen un código deontológico distinto, una manera de actuar que no se corresponde con nuestros parámetros occidentales. En el mundo árabe, una persona puede defender al día siguiente lo contrario que el anterior o no cumplir un compromiso verbalmente adquirido sin que le ocasione ningún problema social o de otro tipo. Cuando alguien con mentalidad occidental le recrimina su comportamiento su respuesta es bien sencilla y muy clara: «Es que de ayer a hoy he aprendido muchísimo». Y se queda tan tranquilo.

Ayer, los pocos familiares de las víctimas del 11-M que acudieron a la Casa de Campo para seguir el juicio, apoyados por psicólogos, no podían creer lo que estaban escuchando. Acostumbrados a ver la actitud chulesca y desafiante de los etarras en la Audiencia, se sorprendieron de que los presuntos culpables se mostraran sumisos, no les miraran de frente y les rehuyeran. En este sentido, Gabriel Moris, vicepresidente de la AVT y padre de un joven muerto en el 11-M, manifestó su perplejidad ante la reacción de Rabei Osman, pero afirmó: «Los humanos, con tal de eludir responsabilidades, decimos lo que no sentimos, salvo en el caso de los etarras». Y seguro que los tiros van por ahí.

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El valor pacificador de la Justicia” por Luis Martí Mingarro

Ayer empezó el juicio frente a los acusados de haber perpetrado el horrendo crimen que el 11 de marzo de 2004 inundó de sangre, de tragedia y de angustia a la ciudad de Madrid, a España entera. Es un momento para que todos nos concentremos en hacer buena la convicción, de la que tanto se alardea, de que España es un Estado de Derecho.

Esperemos que, del trabajo de todos, surja un resultado justo y convincente, que permita superar los recelos e incomprensiones que se han generado durante la fase de instrucción. Estamos en el juicio plenario, donde se debe construir la verdad.

Sobre jueces, fiscales y abogados recae ahora la responsabilidad de conducir bien, con luz y taquígrafos ante todo el mundo, la forma de impartir justicia en este concreto y extremoso caso. A todos nos compete asumir y desempeñar lealmente el papel que a cada uno nos reserva el aparato de justicia que la Constitución ha puesto en nuestras manos.

Víctimas e imputados tendrán sus abogados -no pocos de oficio-, que con plenitud de independencia y con el valor necesario afrontarán las respectivas posiciones de acusación y defensa. De todos va a depender que el juicio transcurra con orden y rigor, dando cauce a la contradicción que pone en valor la presunción de inocencia y la tutela judicial efectiva. Sólo así el resultado del juicio tendrá el efecto pacificador que se espera de la justicia de los hombres.

Nada reparará suficientemente el daño que los autores causaron, arrebatando la vida de las víctimas mortales y dejando secuelas imborrables en unos y otros.

Esperemos, sin embargo, que el buen funcionamiento de la Justicia alumbre la verdad y haga posible que se recupere la serenidad y que, compartiendo el dolor de las víctimas y la esperanza de un futuro sin terrorismo, reforcemos la convivencia en paz que los asesinos quisieron truncar.

Luis Martí Mingarro es Decano del Colegio de Abogados de Madrid

Publicado en diario LA RAZON el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Ciento noventa y dos” por Carlos Herrera

Los nombres y apellidos de las ciento noventa y dos personas que perdieron la vida y de las cientos de ellas que resultaron heridas en la explosiones del fatídico once de marzo del 2004 merecen estar por encima de cualquier otra consideración, de cualquier otra noticia, de cualquier otro comentario. Hoy cabría considerar las maniobras de ETA-Batasuna para estar presente en las elecciones municipales de mayo, cosa que conseguirán merced a la inacción del fiscal general del Estado y a la voluntad política del Gobierno de Rodríguez, esa que se adivina tras la iniciativa del eurodiputado Yáñez en el Parlamento europeo proponiendo quitar a Batasuna de la lista de organizaciones terroristas con la excusa del diálogo y esas zarandajas.

Hoy cabría valorar las informaciones según las cuales el trato de favor a De Juana Chaos llevó a que éste se quitara amenazante la sonda con la que se alimenta por la nariz al saber que la novia con la que se encama estaba siendo registrada para impedirle entrar el aerosol con gas pimienta que portaba no se sabe bien para qué.

Hoy cabría analizar cómo Rodríguez Ibarra reconoce que Rodríguez Zapatero maniobró para apartar de la primera línea a los barones socialistas de aire más españolista y así no tener estorbos internos para desarrollar su política de «descentralización».

Hoy cabría hablar de las propuestas de ley de Rafael Simancas al efecto de que el derecho a una vivienda digna y a precio accesible deje de ser una frase retórica y se pueda exigir ante los tribunales, lo cual no deja de ser un brindis fantástico no sé si al viento o al vacío.

Hoy cabría hablar de la pretensión del nacionalismo catalán de que Aragón asuma el idioma de Verdaguer como idioma oficial, lo cual es otro brindis, pero no sé a quién. Hoy cabría hablar del viaje imposible del «Marine I», el barco auxiliado frente a Mauritania y que ha servido para darnos cuenta, de nuevo, de la birria de nuestra significación exterior; los inmigrantes hacían aerobic y los policías dormían en cartones, significación perfecta de la política de Interior.

Hoy cabría hablar de la intención del Gobierno de escandalizar a cuenta del viaje de una delegación española a la base de Guantánamo, supuestamente a interrogar prisioneros entre torturas y vejaciones, cuando la realidad reconocida por el juez Garzón es que quienes allí fueron lo hicieron por cuenta de un mandamiento del juez, al que nadie hacía caso, al objeto de intentar repatriar a los posibles españoles capturados en las operaciones anti-talibán.

Hoy cabría hablar de la sensata decisión que ha tomado la Comunidad de Madrid de prohibir el uso de los teléfonos móviles en las aulas de los colegios, cosa que, por lo que se ve, no estaba prohibida, pásmense.

Hoy cabría hablar, por terminar, hasta de la mamarrachada de gala carnavalesca que endosó a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife -a cambio de un buen puñado de euros de presupuesto- el bailarín Rafael Amargo, al que se le van a pedir hasta daños y perjuicios.

Pero todo lo relacionado se me queda en nada ante la imagen de «El Egipcio», acusado fundamental del atentado de los trenes de Madrid, declarando ante el tribunal que le juzga a él y a otros veintiocho sujetos más. Se acaba de abrir la vía final de la justicia, después de una complicada instrucción, para que ciento noventa y dos almas descansen en la paz definitiva. Ciento noventa y dos razones para que no olvidemos nunca que los enemigos de nuestra civilización están pendientes de cómo hacernos el mayor daño posible. Ciento noventa y dos nombres en el mármol de la historia para que todos los creadores de excusas y componendas recuerden que no hay alianza posible con quienes nos quieren eliminar.

Ayer comenzó en la Casa de Campo de Madrid el aquelarre de los justos, la ceremonia de la restitución, la suprema celebración del más exquisito ajuste de cuentas. A partir de ayer deberíamos tener muy presentes los nombres de los que entregaron inconscientemente su vida por pertenecer a una sociedad muy por encima de las que aún persisten en el medievo. En su memoria, no desviemos la atención. No les olvidemos nunca.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“Un juicio inoportuno” por M. Martín Ferrand

Como mi responsabilidad en la factura de ABC se circunscribe al cultivo de esta parcelita que me tiene encomendada su director, puedo, sin pecar de vanidad, sacar pecho y mostrar mi orgullo por el hecho de ser una mínima parte en el esfuerzo cotidiano de su elaboración. Un repaso cuidadoso de la prensa nacional, a propósito de los largos prólogos del juicio que comenzó ayer, pone en evidencia a las cabeceras -digamos- de la izquierda que, en esta ocasión como en cualquier otra, ven al PP como una perversa sucursal del averno. La mayoría de los diarios, conservadores o incalificables, se han entregado a distintas teorías conspirativas que enrarecen el ambiente, dificultan la percepción del hecho judicial, empalidecen cualquier sentencia que pueda producirse y, sobre todo, amplifican el mucho ruido que ya soporta nuestra incómoda convivencia. Creo que estas páginas son, en ese sentido, excepcionales y meritorias, una luz en un túnel oscuro, y lo digo para que conste, porque el juicio del 11-M llegará a producir una hinchazón social de imprevisibles consecuencias.

Ignoro si el talento que ha convocado la vista que nos va a entretener, por lo menos, hasta el verano es de naturaleza jurídica o de fibra política; pero, vistos los primeros cohetes de la fiesta, puede anticiparse que, en vísperas de comicios autonómicos y locales, el acontecimiento judicial -sus ecos mediáticos- serán la clave de una campaña que, golpe a golpe, irá desgastando, por mucho que fuere, que no lo es, la capacidad de resistencia del partido que, según las crónicas, dirige Mariano Rajoy.

En pleno mutis de José María Aznar, Rajoy era el líder y candidato de su partido y Ángel Acebes, el titular de Interior. Ahora, cada mañana, la reseña de las declaraciones y los silencios de los implicados, los alegatos de las defensas y acusaciones, el conocimiento -¿morboso?- de nuevos detalles y todos los demás vagones que arrastra un tren de dos centenares de muertos serán, incluso desde la mejor de las voluntades, una denuncia contra de la inteligencia, la solvencia y la capacidad previsora de Rajoy y su equipo. Vamos a oír hablar del 11-M como un efecto colateral de nuestra presencia en Irak más de lo mucho que hemos oído desde que se produjo y así, poco a poco, con la perseverancia y precisión de un campeón de los pesos pesados, se irá doliendo el hígado de un partido que no tiene demostrada gran capacidad fajadora.

Si la fecha del macrojuicio es buscada, no podría su promotor haber hecho más daño con menos esfuerzo. Si resulta casual, debe entenderse que los dioses no le son propicios a un equipo que, por no atender nunca los más mínimos detalles, no podrá llegar a encontrar el camino de la buena suerte. El ombligo propio es el espejismo del paisaje. De ahí que no convenga mirarlo fijamente.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Lo que niega «el egipcio»” por Germán Yanke

La vista oral del atentado del 11-M ha comenzado sin la solemnidad estética de otros recintos de la Justicia, pero con toda la gravedad formal que el asunto merece. Y con la emoción contenida de las víctimas presentes -no todas las previstas- que se enfrentan a una nueva prueba. «Desde aquel día, todos son para nosotros el 11-M», decía el padre de uno de los asesinados. Estos, naturalmente, de modo especial, aunque el juez Gómez Bermúdez no parece dispuesto a aceptar florituras ni desviaciones.

Comenzaba la vista, con un dato contundente sobre el eco de la última polémica precedente: el explosivo incautado a Trashorras en Asturias en 2001 tenía el famoso DNT de los usados el 11-M, como publicaba ayer ABC. Parece, según los sondeos, que aún hay un porcentaje de españoles que cree o espera que ETA aparezca de algún modo relacionada con el atentado. Pero «El Egipcio», que tuvo que acceder a responder por la tarde a su abogado porque por la mañana no le permitieron una declaración al margen de los interrogatorios, daba la impresión de haberle captado otro aire en el juicio. Porque su empeño, en contra de evidencias y expedientes policiales, era negar vinculación alguna con Al Qaida, la militancia yihadista y la red de grupos del terrorismo islámico. Hasta en las películas se sabe que al acusado se le permite mentir.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“El 11-m como pretexto” por César Alonso de los Ríos

¿Islamistas o etarras? Sea cual fuere la respuesta, los seguidores de las tesis del Gobierno están dispuestos a poner la otra mejilla. En el caso de que la masacre del 11-M hubiera sido organizada por Al Qaida, la actitud de los españolitos más próximos a las tesis del Gobierno es fortalecer la «Alianza de Civilizaciones», introducir los ritos musulmanes en la Catedral de Córdoba o incluso reconvertir esta en Mezquita; fomentar la enseñanza del Islam en las escuelas públicas y, por supuesto, denunciar la política de Israel como una expresión del imperialismo americano; incluso del «holocausto» palestino.

Pero esta actitud habría sido también de «generosidad» con el enemigo en el caso de que ETA hubiera sido la autora del 11-M. De hecho, esta lleva practicando el Terror durante cuatro décadas y, sin embargo, el Gobierno y sus sostenedores de izquierda han renunciado a perseguirla hasta el exterminio con los medios que recomienda el Estado de Derecho y, por el contrario, intentan transar con ella y han puesto en marcha un «proceso de paz» basado en el diálogo y que deberá culminar en el triunfo de aquella: excarcelación de presos, soberanía territorial, reconocimiento de Euskal Herria...

Desde luego, no creo que haya que atribuir este comportamiento a un espíritu «evangélico». Me inclino a pensar, más bien, que es una prueba del desprecio que les merece lo propio, es decir, todo lo que forma parte de las creencias que tienen que ver con la civilización occidental (en el caso de la Alianza de Civilizaciones) o con la realidad histórica y cultural de España (en el caso del reconocimiento de las tesis de ETA). Quizá lo que está detrás del comportamiento aparentemente dialogante es mera flojera de espíritu, relativismo moral, aceptación acrítica de la realidad.

Es más: pienso que tanto el «proceso de paz» como la «Alianza de Civilizaciones» no son sólo formas de reconocimiento de ETA y del fundamentalismo islamista sino una forma de buscar aliados contra su verdadero enemigo, que es aquel que le disputa el poder.

En este sentido, las posiciones ante la autoría del 11-M vienen dictadas por los intereses de poder, no por la búsqueda de la verdad. La masacre es un mero pretexto.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

“Marcando pautas” por Jesús Zarzalejos

La sesión inaugural de la vista oral por los atentados del 11-M mostró algunas de las pautas principales del probable desarrollo del juicio. La primera es la clara voluntad del Tribunal de mantener un ritmo constante en la práctica de las pruebas, evitando interrupciones por cuestiones de orden que, según indicó con meridiana claridad el Presidente de la Sala, quien no está para bromas, habrán de presentarse por escrito. Cabe presumir que no correrán mejor suerte las solicitudes de suspensión de la vista para practicar nuevas pruebas, aunque las decisiones que afectan al derecho de defensa deben tomarse con suma precaución. La dirección del juicio oral es un aspecto esencial en proceso como el del 11-M, con una pluralidad de acusaciones y defensas, que, legítimamente, utilizan los medios procesales para mejorar las expectativas de sus representados. Pero si no hay un criterio estricto por parte de la Presidencia del Tribunal -para lo que no es necesario hacer comentarios con sorna sobre el interrogatorio que está practicando el letrado-, el juicio corre el riesgo de ser sometido a continuas interrupciones y dilaciones. Aunque esta lucha contra el tiempo para evitar, antes de que haya sentencia, el vencimiento de las prisiones provisionales de una buena parte de los acusados tampoco puede justificar la desestimación por principio de toda petición de los letrados sobre cuestiones sobrevenidas. Aun así, si la jornada inaugural no ha permitido siquiera concluir el interrogatorio del primer procesado, difícil será predecir un plazo máximo de duración del proceso.

La actitud de Rabei Osman el Sayed, «Mohamed el Egipcio», procesado como autor material, será también una opción probable para otros acusados. Los derechos constitucionales a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable comprenden el derecho a guardar silencio y a contestar a quien plazca al acusado. Así lo hizo «El Egipcio», forzando una larga y tediosa, pero necesaria, lectura de la declaración que prestó ante el juez instructor, lo que habrá de hacerse, con toda seguridad, cada vez que un acusado se niegue a declarar o incurra en contradicciones con sus manifestaciones hechas en el sumario. De esta manera, tras ser sometida a publicidad y a contradicción de las partes, la declaración sumarial tendrá plena condición de prueba, según los cánones constitucionales, y podrá ser valorada por el Tribunal, junto con los restantes medios probatorios, para decidir sobre la responsabilidad del acusado. En cuanto al silencio, obviamente, no es una prueba de cargo que desvirtúe por sí misma la presunción de inocencia, pero sí supone una actitud que el Tribunal puede valorar en sentencia, más aún si ese silencio se mantiene después de que, como sucediera ayer, el Ministerio Fiscal y los letrados leyeran los interrogatorios que tenían preparados para «El Egipcio».

Por otro lado, el papel protagonista del Fiscal se puso de manifiesto ayer al llevar la iniciativa del interrogatorio, no sólo porque es siempre el primero en interrogar a los acusados, sino también porque el Tribunal emplazó a todos los abogados a evitar la repetición de preguntas que hubiera formulado el Ministerio Público. Este criterio de «economía procesal» es, sin duda, muy útil. Pero a veces sólo gracias a la reiteración de una pregunta es posible poner de manifiesto una contradicción o, simplemente, una falsedad en la declaración anterior del interrogado.

En definitiva, es un proceso con un guión escrito, una dirección estricta y un calendario más abierto de lo deseable.

Publicado en diario ABC el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


  

“Rabei Osman, el memorioso” por Ernesto Ekaizer

"Nadie había percibido el calor y la presión de la realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre él", escribe Jorge Luis Borges en su conocido cuento sobre Ireneo Funes, aquel muchacho que tras sufrir un accidente desarrolla una potentísima memoria. Si en el abarrotado mundo de Funes, según narra Borges, no había sino detalles, inmediatos, en el de Rabei Osman, Mohamed El Egipcio, lo que hay es una versión contada ya en diciembre de 2004 ante el juez Juan del Olmo. Y su voluntad de repetirla.

Que un acusado sólo acepte declarar ante su abogado es una táctica muy ejercitada. Pero la secuencia de lo que ocurrió ayer quizá tenga algún interés.

Endika Zulueta, letrado de Osman, dijo en sus contactos con la prensa de la mañana de ayer que el misterio sobre si su cliente prestaría o no declaración se desvelaría, claro, al comenzar el juicio. Ya en la sala, el acusado dijo que no respondería a las preguntas, "incluso", añadió, a las de su letrado. Un conciliábulo de cinco minutos entre abogado y acusado persuadió a este último para que se sometiera a las preguntas del letrado. Antes, empero, se procedió a leer la declaración sumarial de Rabei Osman de diciembre de 2004.

Bien. Y cuando se produce el interrogatorio, Rabei Osman repite, casi de memoria, ante un tribunal que lo advierte inmediatamente, lo que había declarado al juez instructor. El acusado niega su participación en el 11-M y rechaza haber tenido contactos con los autores del atentado para tal fin. No niega, por supuesto, su conocimiento con uno de los líderes, Serhane El Tunecino, a quien recuerda como su profesor de español en los alrededores de la mezquita de Estrecho.

Es interesante seguir el relato de Rabei Osman, por intérprete, a través de sus manos. Su mano derecha, de largos dedos, marca la cadencia de un discurso que enfatiza con golpecitos sorbe su regazo. La mano izquierda empuña el aparato de traducción simultánea y lo mueve hacia adelante y atrás como si se tratase de un control remoto. Sus grandes ojos están mirando al mundo con una concentración extraordinaria.

Como Funes, Mohamed El Egipcio, al recitar de memoria su declaración de 2004, padece de hipermnesia. Su capacidad para retener y evocar hechos -aquéllos referidos a su servicio militar obligatorio en el Ejército egipcio, a su relación con su padre, a su trabajo como conductor de camión y autobús, a sus viajes por Europa- está fuera de toda duda. Quizá haya tenido el tiempo y la soledad en prisión para memorizar. Puede ser.

Pero he aquí que incluso cuando se trata de una declaración preparada con asistencia de letrado tanta capacidad para el detalle biográfico más lejano choca con la página casi vacía que ofrece sobre su vida más reciente, en los años 2003 y 2004, por ejemplo.

Sobre su voz nada se puede apreciar, sencillamente porque Rabei Osman se expresa a través de un intérprete de árabe. Y conocer su voz interesa. Porque una parte del material probatorio contra él son las grabaciones que la justicia italiana autorizó en su domicilio de Milán.

A Rabei Osman le empezaron a controlar por reclutar yihadistas para enviar a Irak. Y mira por dónde, tras escuchar las grabaciones y micrófonos instalados en su casa, salió su voz explicando cómo había organizado el atentado del 11-M.

El acusado negó en Milán, donde se le ha condenado, que su voz es la que reproduce las cintas.

Se supone que estas cintas se reproducirán en el juicio. Pero no es menos cierto que las pruebas acumuladas en la instrucción sumarial contra Rabei Osman exceden las cintas italianas.

Según el escrito de acusación de la fiscal Olga Sánchez, Rabei Osman recibió en su tarjeta de teléfono SIM española 0034653263295 un mensaje de bienvenida a Italia tras desplazarse a España el 1 de febrero de 2004, un mes y 10 días antes del atentado del 11-M. Fue precisamente después de su regreso de España, el 4 de febrero de 2004, que Rabei Osman activó en el servidor Yahoo el buzón de correo electrónico Kishkmohammed@yahoo.com, usado por él, y en cuyo formulario de solicitud colocó como su fecha de nacimiento el 11 de marzo de 1970. Y hay más conversaciones interceptadas.

La negación de los hechos por parte de Rabei Osman será, seguramente, el patrón de comportamiento de los demás 28 acusados. Será difícil que salgan elementos inculpatorios de peso a partir de las declaraciones testificales de los acusados. Por aquí no van los tiros.

La idea de que esto es un juicio a la americana donde el acusado se te desploma ante el interrogatorio de la fiscal es una ilusión. Los acusados de la matanza echarán balones fuera.

Publicado en diario EL PAIS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


“Tranquilidad y buenos alimentos” por Álvaro Delgado-Gal

La esperanza es que el 11-M deje de ser utilizado como un instrumento de recíproca deslegitimación

Concluida la instrucción, comienza el juicio sobre el 11-M, propiamente dicho. En la experiencia política, rige un principio parecido al que teorizó Freud para la vida síquica: las verdades no reconocidas por el sujeto consciente subsisten como represiones y producen patologías varias. En rigor, no sabemos qué sucedió el 11-M, ni un sumario imperfectamente instruido nos ha ayudado a averiguarlo. La conciencia pública se ha polarizado en torno de una serie de cuestiones inquietantes, y de lectura no fácil. Enumeremos algunos de los elementos que parecen menos discutibles:

1) El atentado contribuyó a la victoria del PSOE. El mecanismo por el que esto tuvo lugar está perfectamente filiado por los expertos en demoscopia. Los socialistas ganan cuando su electorado se moviliza: la mala gestión de la crisis por el Gobierno, la asociación del atentado con la causa irakí, y la terrible campaña desarrollada por el Partido Socialista contra el Popular entre el 11 y 14 de marzo, invirtieron el signo del sufragio, o, al menos, deshicieron un empate.

2) Hubo servicios de inteligencia que conectaron con el Partido Socialista a espaldas del Ministerio del Interior. Entra dentro de lo muy probable que, además, suministraran información falsa al Gobierno.

3) Algunos de los elementos más activos en estas labores subterráneas fueron promovidos poco después por la nueva Administración.

4) La Comisión de Investigación encargada de estudiar los hechos en el Congreso no sólo fue inútil, sino contraproducente. Uno de los depositantes llegó a reconocer que había redactado su declaración en Gobelas. De modo inexplicable a mi entender, no se concedió a este hecho la dimensión escandalosa que objetivamente tenía.

5) Se ha verificado una muerte en cadena de testigos. La proximidad de muchos de los imputados a la policía, añadida al hecho de que ni las trazas de los que siguen vivos, ni su condición social, encajan del todo con la pericia técnica que la comisión del atentado parece presuponer, ha desatado toda suerte de especulaciones.

Los enemigos del Gobierno se han valido de todo esto para insinuar, o temerariamente afirmar, una complicidad de los servicios de seguridad prosocialistas con el atentado. Los amigos del Gobierno han replicado que la derecha no acepta el resultado de las elecciones cuando éstas le son adversas, abundando en la tesis de que el PP no consigue desprenderse de sus adherencias franquistas. Este agrietamiento, de consecuencias potencialmente nefastas, se ha acentuado por obra de la política agresiva del presidente. Varios millones de españoles, unos de izquierda, otros de derecha, cultivan en este instante nociones atroces sobre la honorabilidad del rival. El país, en fin, está dividido, y esto no es una broma.

El juicio que ahora se inicia suscita una pregunta e impulsa una esperanza. La pregunta, es si llegarán a determinarse hechos que todas las partes reconozcan sin reticencias ni reservas. La esperanza, es que el 11-M deje de ser utilizado como un instrumento de recíproca deslegitimación. La pregunta, y la concomitante esperanza, se encuentran, obviamente, vinculadas entre sí. Si los hechos son contundentes, habrá menos pretextos para apoyarse en ellos con el fin de desautorizar sin fundamento al interlocutor político.

Sospecho que sería imprudente esperar novedades dramáticas, o estupendas revelaciones. Y temo que los mal dispuestos seguirán encontrando razones para no cambiar de actitud. Valga, por lo menos, el siguiente recordatorio: la llamada “verdad judicial” no equivale a la verdad a secas. Los señores togados alcanzan conclusiones y emiten veredictos siguiendo procedimientos altamente ritualizados. El fin de la justicia no consiste en esclarecer, meramente, los hechos, sino en determinar si alguien es culpable a la luz de la evidencia acumulada con arreglo a las garantías que prevé la ley. Dar a cada uno, sin más, lo que se merece, es una tarea más propia del Llanero Solitario que de un servidor del Derecho en un Estado constitucional.

Los partidos, al revés que los ciudadanos normales, están obligados a resolver ciertas dudas sin subrogarse en el fallo de los tribunales. La razón reside en que los partidos, en principio, no son sólo depositarios de intereses particulares, sino del interés público.

Su altísimo ministerio exige que inspiren una confianza que no se puede obtener sólo de los trámites de la ley, excogitada para que el inocente no sea injustamente condenado, más que para asegurar que el culpable arrostre los costes de su delito. Hasta la fecha, los partidos no han estado a la altura de su cometido. La Comisión, como se ha dicho, fue un desastre. ¿Qué deberían hacer los partidos ? Primero, ser discretos a lo largo del juicio. Dos, no sacar los pies del tiesto si, por ventura, se levantan algunas piedras y sale corriendo, por debajo, un escorpión.

Publicado en diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La verdad y el juicio” por Joaquín Madina  

En apariencia, todas las partes están de acuerdo en la inmensa mayoría de los asuntos importantes. Todas afirman querer saber la verdad sobre el crimen del 11 de marzo de 2004, que costó la vida a 192 personas, además de las secuelas de los heridos. Sin embargo, al inicio del juicio se advierten muchas ideas preconcebidas y bastantes certezas difíciles de modificar. El obligado reduccionismo informativo practicado ha simplificado la matanza y parece que sólo nos importa saber si ETA participó o no en el asesinato masivo. Los políticos están divididos sobre este punto, al igual que las víctimas y la prensa. El 11-M no condujo a nada. Nos lo hemos tragado como una purga. Su mayor éxito ha sido el enfrentamiento que ha creado entre españoles.  

Publicado en diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 16 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Tres falacias oficialistas sobre el informe de los explosivos (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 15 de Febrero, 2007, 15:20, Categoría: Opiniones

La difusión del informe preliminar sobre los explosivos del 11-M volvió ayer a desatar el torbellino de confusión intencionada que ha rodeado desde el inicio la investigación de los atentados. La prensa gubernamental, que siempre se apuntó a la ciega tesis del «vale ya» y nunca mostró interés por que se llevaran a cabo estos análisis, trata ahora de presentar falsamente sus resultados como el aval de la versión oficial y de su propio e interesado conformismo.

Nada más lejos de la realidad. Como ya dijimos ayer en estas páginas, lo más importante de las pruebas es que han detectado una sustancia -dinitrotolueno (DNT)- que no está entre los componentes de la Goma 2 ECO, la sustancia con la que traficaban Toro y Trashorras y que según la policía había causado la masacre.

Emboscados en la alta dificultad técnica del asunto, las dos cabeceras oficialistas no tuvieron ayer reparos en difundir tres afirmaciones falsas pero muy fácilmente rebatibles. La primera es que el hallazgo de DNT demuestra que lo que explotó en el 11-M fue Goma 2 ECO. No es cierto. Como ya advertimos ayer, la presencia de DNT demuestra justo lo contrario: que lo único que no pudo estallar en los trenes es Goma 2 ECO, en cuya fórmula no se halla esta sustancia. Así lo dicen la Guardia Civil y la propia empresa que lo fabrica.

La segunda falacia es que la presencia de DNT no sólo en los focos de los trenes sino también en los otros restos demuestra que se trata del mismo explosivo en todos los casos. Tampoco es cierto. A la espera de análisis cuantitativos que determinen -si todavía es posible- cuáles son sus proporciones exactas, son varios los peritos que piensan que el explosivo de los trenes no es el mismo que el resto. El motivo es que el nivel de DNT en uno y otro caso es muy diferente. Si en el explosivo intacto de Vallecas, Mocejón, Leganés y la Kangoo aparece en cantidades casi imperceptibles -hasta el punto de que pasaron inadvertidas en los análisis de la Policía Científica-, en los restos de los trenes su rastro es mucho mayor, de tal manera que ni la explosión ni los tres años ni el corrosivo efecto de la acetona con la que se les ha lavado lo ha hecho desaparecer. Así como en el primer caso esto podría achacarse a una contaminación, en el de los trenes el rastro es tan intenso que ésta es muy improbable.

La tercera falacia es que la aparición junto al DNT de nitroglicol en los análisis descarta definitivamente que fuera Tita-dyn lo que estalló en los trenes. Quienes defienden esta tesis aseguran que en la fórmula de esta dinamita no hay nitroglicol sino nitroglicerina. No es cierto. No lo hay en algunas variedades, pero sí en el Titadyn 30. De hecho, entre los explosivos que se han barajado sólo dos incluyen DNT y nitroglicol: la Goma 2 EC y el Titadyn 30. Ni uno ni otro podían haber salido de Mina Conchita. Sin embargo, ETA sí tenía Titadyn 30: lo robó en Plévin en 1999.

A diferencia de nuestros competidores, nosotros no tenemos ninguna versión cerrada sobre la masacre. No hemos hecho otra cosa que intentar arrojar luz sobre sus puntos oscuros, abriendo nuevas vías para la Justicia. Si el instructor hubiera explorado algunas de ellas, no estaríamos aún discutiendo qué explosivo mató a casi 200 personas en 2004. Ojalá el juicio que hoy se inicia sirva para descubrir la verdad. Hace tres años habría sido posible. Hoy, desde luego, es mucho más difícil.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Editoriales (15 de febrero de 2007)

Por Narrador - 15 de Febrero, 2007, 12:00, Categoría: Opiniones

“11-M: La hora de la verdad” (Editorial de LA RAZON)

El juicio oral arranca hoy con demasiadas lagunas y muchas contradicciones              

Casi tres años después del más sangriento atentado terrorista sufrido por nuestro país, empieza hoy en Madrid el juicio oral con más incógnitas que certezas. La instrucción del sumario, realizada con relativa celeridad, ha suscitado enconadas polémicas a las que no han sido ajenos los intereses de partido. En todo caso, a la luz de lo esclarecido hasta la fecha, la ciudadanía se muestra muy escéptica sobre los resultados del juicio, tal y como puso de manifiesto la encuesta publicada por LA RAZÓN el domingo pasado. El propio sumario instruido por el juez Del Olmo, con sus aciertos y limitaciones, alimenta esa impresión generalizada de que en la masacre del 11-M se ignora más que se sabe. Para empezar, en el banquillo de los acusados se sientan 29 presuntos terroristas, pero sólo tres de ellos están imputados como autores materiales, aunque sólo hay pruebas sólidas contra uno de ellos. De los 26 imputados restantes, la mayoría son presuntos colaboradores indirectos. Tampoco se sabe quién dió la orden de atentar, ni quién eligió ni por qué el 11 de marzo. Por no saberse con seguridad no se sabe ni qué tipo exacto de explosivo utilizaron, ni cuántos terroristas intervinieron en la planificación y ejecución del atentado, ni lo que hicieron aquel fatídico día y los sucesivos... De todas las lagunas e incógnitas no despejadas tal vez las más inquietantes para el ciudadano son las que tienen a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluidos los servicios de inteligencia, en su epicentro. No se entiende ni puede digerirse fácilmente el hecho de que los principales sospechosos fueran confidentes o estuvieran estrechamente vigilados por la Policía. Y que, a pesar de ello, pudieran perpetrar la matanza con asombrosa facilidad. Es muy probable que las incongruencias, contradicciones y «chapuzas» que tachonan la instrucción del sumario tengan su explicación en esta especie de «pecado original». Entre las escasas certezas a las que ha llegado la investigación sobresale una: el porqué del atentado. El propio juez instructor, amén de sólidos estudios universitarios, ha sido concluyente: derrocar al Gobierno de José María Aznar. Tal vez por eso, porque era notorio el propósito que buscaban los terroristas, la investigación de la masacre ha tropezado con tantas incógnitas, sospechas no confirmadas y confirmaciones sospechosas. Por todo ello, del juicio que hoy comienza no cabe esperar ni grandes revelaciones, ni el esclarecimiento más convincente de los hechos, ni que se desenmascare a los verdaderos inspiradores de la matanza. Pero eso no significa que el juicio sea estéril o innecesario. Muy al contrario, el Estado de Derecho asienta su fortaleza en el ejercicio de la justicia, a pesar incluso de sus limitaciones. No cabe otra actitud democrática que la de confiar plenamente en los tribunales. Lo cual no impide que se siga investigando hasta alcanzar toda la verdad y nada más que la verdad. 192 asesinados y 1.500 heridos así lo exigen.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

“11-M, el juicio que nos espera” (Editorial de EL PERIODICO)

Nunca la instrucción de un sumario judicial ha sufrido tantos acosos para tratar de ser desacreditada. Las presiones y ofensas sufridas por el juez Juan del Olmo y los funcionarios que le han acompañado en la instrucción solo pueden ser calibradas por ellos mismos. Pese a todo, han logrado terminar su trabajo que, con las imperfecciones de toda obra humana, no presenta carencias graves que menoscaben los objetivos procesales que permiten abrir hoy el juicio oral.

El fiscal tratará de demostrar durante el juicio que la masacre del 11 de marzo del 2004, el mayor atentado ocurrido en Europa desde el final de la segunda guerra mundial, y en la que murieron 191 personas y resultaron heridas otras 1.824, fue obra de una célula islamista de Al Qaeda como acción de respuesta a la invasión de Irak. Los cuerpos de seguridad han identificado a 12 de los 13 presuntos autores materiales (siete de ellos se suicidaron en Leganés cuando se vieron rodeados por la policía). En total, hay 29 personas procesadas y se piden más de 200.000 años de cárcel. El atentado fue inspirado, siempre según las conclusiones de la instrucción, por Rabei Osman, el Egipcio, que fue detenido en Milán y trasladado a España. El narcotráfico sirvió para financiar el atentado, que se realizó mediante la compra de explosivos robados por el minero español José Emilio Suárez Trashorras, también procesado.

Teoría conspirativa

Sin embargo, una teoría de la conspiración ha tratado de poner en duda esas conclusiones básicas. El motivo es que desde el instante mismo en que se produjeron las explosiones de Atocha se desencadenaron consecuencias políticas con intereses contradictorios. En realidad, en los trenes se dinamitó algo más que la vida de 191 inocentes, porque se alteró el ánimo de los ciudadanos españoles, que acudieron a votar tres días después inevitablemente influidos por los acontecimientos y por la gestión de la catástrofe hecha por Aznar. Se produjo entonces lo que en sociología se llama vuelco electoral. La sorpresa por un resultado difícilmente imaginable antes del atentado alimentó todo tipo de elucubraciones para restar legitimidad al Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Los dirigentes del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, podían haber optado por digerir la derrota, realizar la autocrítica de los hechos ocurridos durante aquellos tres días de marzo que fueron determinantes y haber extraído lecciones para el futuro. No fue así y, como en tantas ocasiones de la vida, la tentación fue esquivar las responsabilidades propias y tratar de debilitar al adversario que había ganado la partida.

El propio expresidente Aznar, durante su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, se encargó de alimentar la convicción de que nunca se llegaría a saber la verdad de lo ocurrido, ocultada por los más siniestros intereses. La insistencia en tratar de introducir a la organización terrorista ETA en la autoría del atentado ha tenido sus altibajos, con pretensiones absolutamente carentes de todo rigor. Por eso uno de los puntos calientes del juicio será el interrogatorio de tres etarras que comparecerán como testigos.

Nos esperan largos días de forcejeo entre lo que se conozca en la vista pública y lo que sostengan en los medios de comunicación habituales quienes han tratado de buscar contradicciones y sembrar dudas sobre la versión expuesta en el sumario. Muchos tratarán estos días de justificar sus actos políticos o sus ensoñaciones periodísticas, aunque sea pasando por encima de la verdad.

La hora de la Justicia

Es la hora de la Justicia con mayúsculas, en la que el tribunal de la Audiencia Nacional dictará una sentencia y sancionará a unos culpables. No habrá nada más que decir cuando el recorrido judicial acabe en las instancias de casación o, en caso de que alguien considere vulnerados sus derechos fundamentales, en el Tribunal Constitucional. Habrá quien insista en no darse por contento, pero un Estado de derecho es lo que determinan sus instituciones y quien quiera cuestionar la legitimidad de las mismas solo podrá esperar el más severo juicio de la historia.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Opiniones (15 de febrero de 2007)

Por Narrador - 15 de Febrero, 2007, 11:30, Categoría: Opiniones

"11M-entirosos" por Federico Jiménez Losantos

Uno puede equivocarse por muchas causas: una argumentación errada, una base informativa incompleta, una experiencia insuficiente, una valoración equivocada de los hechos o un prejuicio ideológico invencible. Pero equivocarse no es mentir. Como bien definía el Catecismo, «mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar». Y exactamente eso, mentir a sabiendas, mentir con alevosía, mentir con total ensañamiento contra la verdad de los hechos y la lógica más elemental, es lo que están haciendo los medios de obediencia prisoica, y muy señaladamente el antaño faro de la derecha española, llamado ABC, convertido en simple satélite del polanquismo, al servicio del candidato del todopoderoso Don Jesús para dirigir la derecha, que es, desde hace muchos años, el alcalde de Madrid y zanjas anejas, Don Alberto Ruiz Gallardón.

Pero ni siquiera el Diario totalmente independiente de la Mañana (y aún más de la Verdad) fue ayer tan lejos como el medio de Vocento, que tuvo el valor de titular a toda página que lo que estalló en los trenes, el arma del inmenso crimen, de la espantosa masacre para cambiar el rumbo político de España, fue Goma 2 ECO, cuando les consta que es imposible porque, pese a los lavados de los Tedax manzaniles con agua y acetona, se ha detectado dinitrotolueno en los trenes, que es un componente que no existe en la Goma 2 ECO. Más aún, que es el ingrediente que por su toxicidad llevó a la Unión Española de Explosivos a suprimirlo en la Goma 2 EC creando así la ECO, también conocida como Goma 2 EC sin DNT, o sea, sin dinitrotolueno.

Es, por tanto, imposible que el explosivo que mató a 192 personas fuera el de la trama asturiana, como dice el diario de Vocento, puesto que se nos ha asegurado por activa y por pasiva que esta banda controlada por la policía asturiana y por la UCO del coronel Hernando cuando salía del Principado traficaba con Goma 2 ECO, que vendió a unos moritos traficantes de hachís -no menos conocidos de la Policía y el CNI que los asturianos-, y que entre los dos hatos de delincuentes y confidentes menores, con algún adorno islamista, perpetraron la mayor masacre de la Historia de Europa. Cuatro pelanas y cuatro confidentes. Vamos, increíble.

Mentirán cuanto quieran, pero el primer análisis científico ha demostrado que no pudo ser Goma 2 ECO lo que estalló en los trenes, y toda la versión oficial se viene abajo estrepitosamente. Mientras, como dijo ayer la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, se debería volver a otras pistas de investigación. Especialmente, una: la pista del Tytadine, es decir, de la ETA, que es lo que le dijo la Policía a Aznar y él transmitió a los medios de comunicación.

Al final, resultará que el único que no mintió fue el PP.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"El juicio" por Raul Del Pozo

Marco Antonio era un aborto, Cleopatra un loro. No se parecían nada ni a Richard Burton ni a Liz Taylor; sus rostros no evocaban el cielo. Ahora resulta engañosa la narración de Plutarco, uno de los historiadores más solventes, cuando escribe que «la popa de la nave era de oro, los remos de plata y la reina de Alejandría, semejante a Venus». Como cronista errabundo en tantos acontecimientos, ya sospechaba yo que la Historia, incluso la que hemos narrado, era una fantasmagoría, una rama de la literatura fantástica. Que Antonio, el mujeriego, y Cleopatra, la puta del imperio romano, eran callos y cazo, lo prueba una moneda de plata que se exhibe ahora en la universidad inglesa de Newcastle; según esa calderilla, Cleopatra soportaba un mentón horripilante y una nariz puntiaguda, y Marco Antonio, unos ojos saltones y un cuello de toro.

¿Qué podían hacer los historiadores romanos sino describir a Cleopatra como a una diosa de voz dulce, que se bañaba en leche de burra, y a Antonio como un playboy que montaba cócteles en la víspera de las batallas?

Sabemos que a César lo mató Bruto, y a Enrique de Trastámara, Pedro el Cruel, y eso que entonces no había cámaras ocultas ni comisiones de investigación; y no sabemos quién o por qué mataron a Kennedy, rodeado de cámaras, en el país donde la libertad de prensa es la viga maestra de la democracia; en el siglo de conspiraciones, servicios secretos y chicas del tambor, la Comisión Warren fue un artificio de Estado.

En España aún se oscurecen más las tragedias y las conspiraciones, porque la política es una continuación de la teología y la Historia es una faramalla; es decir, una política encaminada a engañar. El juicio de nuestra vida que comienza hoy está escrito en 100.000 folios; nadie los ha leído ni los leerá nunca, porque sería como hojear 500 novelas en una semana. Sí que han leído los reportajes de investigación de EL MUNDO. Si sabemos algo más de las mentiras oficiales ha sido gracias a este periódico, que ya no sufre aquel acorralamiento de los años 90, porque se ha batido y ha salido vivo de su viaje a la oscuridad de los servicios secretos y de los confites.

Ante la inexpresividad de los ensotanados, no todo el proceso se resumirá en el bizantinismo de dinitrotolueno o Goma 2 ECO, galgos autrigones o podencos islámicos; tenemos que ir al fondo y que no llamen paranoia ni teoría de la conspiración al afán por descubrir los recovecos de una tragedia que ha estado sometida a tergiversaciones y trampas políticas. Hay que penetrar en la duda y en la oscuridad.

Si la nariz de Cleopatra hubiese sido de otra forma, la historia hubiera cambiado, pero nosotros ya no creemos en el destino fatal que se expresa en el final de Antonio y Cleopatra: el luminoso día ha terminado y estamos destinados a la oscuridad.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Las víctimas del 11-M" Cayetano González

Es lógico pensar que hoy no va a ser un día fácil para los familiares de las 192 personas que hace casi tres años fueron asesinadas en el brutal atentado del 11-M. El comienzo del juicio por aquella masacre terrorista y la lógica atención informativa que se le va a prestar durante su desarrollo volverá a reavivar en todos, pero especialmente en los familiares de las víctimas y en los heridos, aquellos momentos tan duros y dolorosos.

Las víctimas del 11-M son, antes de cualquier otra consideración, personas, con nombre y apellidos, con una historia vital, con un proyecto de futuro que fue truncado de manera injusta y vil por la barbarie terrorista. La sociedad española sabe de sobra lo que es sufrir ese zarpazo. Desde hace 40 años lo ha padecido a manos de ETA, que a modo de goteo inhumano y cruel ha ido dejando un reguero de 819 personas asesinadas, las dos últimas, los dos ciudadanos ecuatorianos del atentado de Barajas. Desde el punto de vista humano no hay diferencia entre las víctimas de ETA y las del 11-M. Pero sin embargo se dan dos circunstancias que hacen que, dentro de la enorme tragedia que supone la pérdida de un ser querido, las víctimas del 11-M no hayan tenido que soportar los errores que, durante años, la sociedad española en general y las instituciones en particular cometieron con las víctimas de ETA.

En primer lugar, la solidaridad, el afecto, el apoyo y el cariño que todas las víctimas del 11-M recibieron desde el mismo momento del atentado de dentro y de fuera de nuestro país no tienen parangón con la soledad que durante mucho tiempo -los tristemente famosos años de plomo- tuvieron que soportar las víctimas de ETA. La segunda diferencia radica en el plano asistencial, de las ayudas económicas y de otro tipo, que, en el caso de las víctimas del 11-M, los mecanismos para aplicarlas funcionaron rápida y eficazmente, mientras que en el otro caso, hasta que en el año 1998 se aprobó la Ley de Solidaridad, no existía ninguna regulación al respecto.

A las víctimas de ETA y a las del 11-M les unen sus justas reivindicaciones de respeto a la memoria y a la dignidad de los muertos y la petición de justicia para los asesinos. El juicio que empieza hoy es de esperar y desear que aclare todos los puntos oscuros que el sumario instruido por el juez Del Olmo no ha sido capaz de lograr. Todos tenemos derecho a saber la verdad de lo que pasó y quién estaba detrás del mayor atentado terrorista cometido en nuestro país que, además, cambió el rumbo de nuestra historia reciente. Y a la cabeza de ese deseo de conocer toda la verdad y de que se haga justicia están las víctimas, entre las que a pesar de que algunas que han tenido un excesivo protagonismo mediático y han adoptado un claro posicionamiento político manifiesten que ya se conforman con llegar a este juicio, ése no es el pensamiento mayoritario que predomina en el colectivo.

Cuenta una de ellas -María Angeles Pedraza, que perdió a su hija Miriam de 25 años en el tren de la calle de Téllez- que se encontró con el entonces candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno en el Hospital Gregorio Marañón horas antes de conocerse el resultado electoral del 14-M. En aquella breve conversación, Zapatero le prometió a esta víctima que en el caso de llegar al Gobierno, emplearía todo su tiempo y su energía para que se supiera todo lo que pasó. Es evidente que ésa no ha sido la actitud de quien a las pocas horas de prometer eso se instaló en La Moncloa. A las víctimas y al resto de los ciudadanos sólo nos queda confiar en la Justicia y esperar que ésta consiga esclarecer la verdad de lo que pasó.

Publicado por el diario EL MUNDO el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

"Lo que la verdad esconde" por Ignacio Camacho

El remedio más eficaz para evitar los fiascos consiste en no crearse demasiadas expectativas. Por eso los estoicos aconsejaban huir de la búsqueda de una Verdad abstracta y absoluta, sustituyendo ese objetivo tan escurridizo y ambicioso por la persecución de pequeñas certezas morales y de modestas revelaciones sucesivas que encauzan el espíritu hacia un camino de superación y templanza. Y ni siquiera es seguro que esas verdades austeras, decorosas, asequibles, no contengan en sí mismas el poliédrico contraste de una cierta y reversible complejidad.

Ante el juicio del 11-M, que hoy arranca después de tres años de polémicos trabajos sumariales, se ha creado una burbuja de expectación que amenaza con desembocar en un desengaño colectivo. Sobre todo porque lo que se va a tratar en esa vista no es la realidad global de la matanza que cambió el Gobierno y quizá la Historia de España, sino la responsabilidad concreta de una serie de personas acusadas de participar en mayor o menor medida en la horrenda masacre. Como además un buen número de los presuntos culpables están muertos, no resulta aventurado pronosticar que los buscadores de verdades absolutas van a quedar insatisfechos con la proclamación de algunas certidumbres parciales, lo que les permitirá proveerse de nuevos argumentarios con los que proseguir su pesquisa.

También es probable que los defensores de la certeza unívoca de que todo está de antemano sabido y resuelto tropiecen con alguna sorpresa. La Sala tiene facultades para practicar pruebas, diligencias y testimonios que traten de iluminar los aspectos más confusos de una instrucción que, más que de agujeros negros, está trufada de espacios en blanco. Los expertos más sensatos coinciden en que el juez Del Olmo basó el sumario sobre una excesiva confianza en la investigación policial, renunciando en gran medida a dirigirla por su propio criterio. El margen del tribunal para solventar esas carencias es limitado, pero lo va a utilizar sin la menor duda. Su principal desafío consiste en mantenerse al margen del ruido exterior, de la alharaca interesada y de las turbulencias ambientales, y ceñirse al muy delicado compromiso de ponderar dudas, evaluar indicios y atenerse a evidencias, circulando por el medio de una calle atestada por el alboroto de quienes tienden a llegar a conclusiones saltándose las premisas.

No es misión de los magistrados elaborar un mapa completo de las responsabilidades de la matanza, por lo que con seguridad quedarán al final espacios para la especulación más allá de la sentencia. Quienes ya han decidido su propio veredicto político o moral no se van a salir de su vereda, pero los demás debemos estar atentos, ver, oír y pensar por cuenta propia y sin prejuicios. Nuestra justicia es lenta, politizada, a veces torpe y con frecuencia ineficaz, pero es la que tenemos y más allá sólo queda la jauría del caos. La vista del 11-M se va a celebrar bajo una especie de carpa, pero sería estupendo que no acabara convertida en un circo.

Publicado por el diario ABC el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  


 

"Inasequibles al dato" por Edurne Uriarte

Son inasequibles al dato. Inúndeles de pruebas, que da igual. A los autores de la teoría de la conspiración les importa la gloria de su conspiración, que no los resultados de la investigación. Los segundos se adaptan a la primera. En todo momento, lugar y circunstancia. Subráyese lo de la circunstancia, porque la conspiración pervive aún en las más desfavorables condiciones. Me refiero a pruebas contundentes en otra dirección, como las de la naturaleza y origen de los explosivos del 11-M. Si los peritos demuestran, como acaba de suceder, con al menos un 90% de fiabilidad, que el explosivo utilizado en todos los escenarios del 11-M es Goma-2 ECO procedente de la trama asturiana, ellos se agarran al 10%. Si la fiabilidad es del 100%, es que la prueba ha sido fabricada por la policía. Y si el análisis de explosivos vuelve a aportar 100 datos que ratifican la autoría islamista y 0 que indican la etarra, ellos se quedan con el 0 y, además, lo argumentan.

No es tan complicado como parece porque el cero es perfectamente válido para una hipótesis, para una fabulación y para una conspiración. Sobre todo, si uno está dispuesto a sostener que hay una trama político-policial que ha guiado el atentado para echar al PP del poder y ha amañado pruebas para ocultar la identidad de los auténticos cerebros. A partir de esa hipótesis, los datos del 11-M y el juicio oral que hoy comienza les son accesorios. Incluso cuando la demostración sea aplastante, sugerirán que fue fabricada.

Por eso, porque la conspiración es inmune al dato, no son las reacciones de sus autores lo que importa del juicio del 11-M, sino la actitud del PP que es el referente de toda esta historia y no puede eludir su liderazgo. La derecha se juega en este juicio su autoridad moral. Y más en este momento histórico en que la izquierda ha perdido esa autoridad moral de la que siempre presumió. Y la autoridad moral sólo se fundamenta en el respeto a los hechos, en el reconocimiento de la legitimidad de los jueces y en la defensa de los cuerpos policiales y de las instituciones del estado. Todo lo demás es autodestrucción moral, política y electoral.

Publicado por el diario ABC el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

"Saber la mentira" por Irene Lozano

La humanidad es injusta con los mentirosos. No reconoce la importancia de su papel ni cultiva su memoria; los libros están plagados de embusteros malos y en las películas pierden y no se casan con la chica. Por mi parte, tengo en gran estima a los que mienten, pues demuestran la existencia de la verdad. Frente a quienes aseguran que nada es verdadero ni falso, sino subjetivo; y frente al discurso postmoderno que se regodea en demoler todas las certezas (aunque deja a salvo la suya: que no hay certezas), los mentirosos nos recuerdan el valor de la verdad cada vez que mienten. Porque representan lo opuesto a la indiferencia hacia la verdad y, lejos de prescindir de ella, la usan como preciada materia prima con la que elaborar sus tergiversaciones.

Al final del juicio que hoy comienza, el tribunal establecerá los hechos probados del 11-M. Y con arreglo a ellos tomará una grave decisión: privar o no de libertad a unos hombres. Los jueces salen en busca de la verdad, y recorren un camino en el que algunos hechos consiguen ser probados y otros no. Si bien al final del recorrido pueden no tener una verdad en mayúsculas y absoluta, habrán obtenido muchas pequeñas verdades, que permitirán nada menos que impartir justicia y resarcir a las víctimas.

Afortunadamente, nuestro sistema judicial exige probar la culpabilidad de una persona antes de condenarla. Y lo probado se convierte en un hecho. Gracias a los mentirosos apreciamos la importancia que revisten los hechos frente a las especulaciones; recordamos que no da igual demostrar que conjeturar. Se merecerían un homenaje público, pero por desgracia no se les puede rendir porque, como es esperable, mienten sobre su naturaleza. No se presentan pregonando su interés por la mentira, sino afirmando: «Queremos saber la verdad». Y nada se puede hacer, salvo estar precavidos.

Publicado por el diario ABC el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


  

"La pistola humeante" por Ernesto Ekaizer

Los preparativos para poner todo a punto en la Casa de Campo ante la sesión inaugural de hoy seguían anoche a ritmo trepidante. Aunque el aire muy escandinavo y minimalista de la madera clara perfilaba ayer una estampa de desierto, quizá nunca un juicio haya estado tan pletórico de teorías y especulaciones como éste, que condensan un enfrentamiento civil y político casi sin precedentes en tiempos de paz y de normalidad democrática.

¿Qué se ventila a partir de hoy? Este juicio va a tratar de probar las responsabilidades de 29 acusados en la matanza del 11-M. Lo ha explicado a este periódico Javier Gómez Bermúdez, el presidente del tribunal que se encargará durante los próximos meses de juzgar los hechos: "La ley sólo exige que el tribunal tenga la convicción del hecho más allá de toda duda razonable. El tribunal valora la prueba y la ley no exige, porque somos humanos, que tengamos la convicción cien por cien".

Y en el camino de probar los hechos, ¿cuáles pueden ser sus consecuencias? Armar el rompecabezas -examen de las pruebas y valoración de ellas por el tribunal, las acusaciones y las defensas- supondrá también colocar en su sitio a aquellos que con el objetivo de difuminar los actos del Gobierno de José María Aznar el mismo 11-M y los días posteriores han lanzado una campaña de casi cuatro años de engaño de la opinión pública que evoca, en tiempos recientes, la fallida campaña de venta de la guerra de Irak y las inexistentes, como ha reconocido Aznar muchos años después, armas de destrucción masiva.

En otros términos, así como la campaña de marketing para invadir Irak pudo ser desnudada como campaña de manipulación, la teoría de la conspiración o venta de la participación de la banda terrorista ETA en el 11-M, a juzgar por el material probatorio, puede correr idéntica suerte.

Este material es, en casos como el del acusado que abre hoy el juicio oral, Rabei Osman, alias Mohamed El Egipcio, equivalente a lo que en la jerga judicial anglosajona denominan un smoking gun o pistola humeante. Es decir, una prueba de cargo.

Este terrorista islamista radical, que falsificó en febrero de 2004, un mes antes de los atentados de los trenes, su fecha de nacimiento poniendo en un documento la del 11 de marzo de 1970 -es decir, el 11-M-, señala en una conversación con un correligionario suyo llamado Yahia, grabada con autorización judicial por la policía de Italia, país donde residía, lo siguiente: "La operación entera de Madrid fue mía, idea mía... Fueron de los más queridos amigos... Cayeron mártires que Alá les tenga en su misericordia... El hilo de la operación de Madrid fue mío, ¿entiendes? Los trenes... Todos fueron mi grupo. En realidad, yo no estuve con ellos el día de la operación, pero el día 4 me puse en contacto con ellos, y me enteré de todos los detalles...".

Rabei Osman, El Egipcio, no es un bravucón. Todos sus viajes, contactos teléfónicos y personales que mantuvo en España han sido rastreados durante más de dos años por el juez Juan del Olmo y constan en el escrito de acusación de la fiscal de la Audiencia Nacional Olga Sánchez.

Problema: juzgado en Italia en noviembre pasado y condenado por reclutar yihadistas para enviar a Irak, Rabei Osman negó todas las pruebas contra él. Este hombre sonriente negó hasta su propia voz saliendo del magnetofón en la sala de juicio de Milán. El fiscal Maurizio Romanelli calificó esa y otras grabaciones como "una reivindicación del hecho" del atentado de Madrid. Osman fue condenado a 10 años de cárcel, pero no por el 11-M, que es lo que se juzga a partir de hoy. La pistola de Osman, ¿expulsará humo hoy? Esa breva no caerá. En sus declaraciones por videoconferencia ante el juez del Olmo, el 6 de junio de 2006, se declaró inocente ante la acusación de haber participado en la conspiración de Madrid.

Pero la descripción del material grabado y el examen de la estrecha relación entre Rabei Osman y los principales dirigentes de la célula -Serhane el Tunecino, entre otros- que el 11-M situó las bombas en los trenes de la muerte será muy instructiva. Esta "persona para bien", como se definió Osman en Milán ante la sentencia de 10 años, tiene la palabra.

Publicado por el diario EL PAIS el jueves 15 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

¿Por qué no imputó Del Olmo a Hernando? (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 31 de Enero, 2007, 9:00, Categoría: Opiniones

Decíamos ayer que era increíble que el juez Del Olmo no hubiera actuado contra el jefe de la UCO, Félix Hernando, y contra su subordinado el alférez Trigo, pese a que tenía indicios sobrados de que uno y otro podían haber delinquido. Nuestra perplejidad es doble a la luz de la información que hoy publicamos: el propio Del Olmo llegó a desestimar una denuncia de Rafá Zouhier contra Hernando. El confidente marroquí le acusó de cometer falso testimonio ante la comisión parlamentaria que investigaba la masacre. Lo que este dato revela es que el instructor del 11-M no sólo no hizo nada por indagar en la conducta de Trigo y Hernando, sino que zanjó de antemano cualquier investigación. Y eso pese a que tenía en sus manos el documento que demuestra que Hernando había mentido: la prueba de que la trama de Antonio Toro operaba fuera de Asturias y de que el último informe de la UCO sobre la dinamita asturiana no se efectuó en febrero de 2003, sino el 6 de marzo. Por si esto fuera poco, aunque en un careo Del Olmo apreció menos serenidad y firmeza en el alférez -que presumiblemente encubría a Hernando- que en el comandante, no hizo absolutamente nada. En este contexto, llama la atención que el Gobierno le negara al PP hasta tres veces el famoso informe del 6 de marzo de 2003 con el pretexto de que era parte del sumario -entonces secreto- del juez Del Olmo. Levantado ese secreto, esperemos que el tribunal no mire también ahora hacia otro lado.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el miércoles 31 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La UCO intentó encubrir un presunto delito con otros dos más (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 30 de Enero, 2007, 8:00, Categoría: Opiniones

Cuanto más sabemos sobre el papel de la UCO y de su jefe en la investigación del 11-M, más sombras aparecen en torno a su actuación antes y después de la masacre. Si ayer revelábamos que Hernando no dijo la verdad ante el Congreso cuando afirmó que la UCO dejó de indagar en el tráfico de explosivos en Asturias en febrero de 2003, EL MUNDO cuenta hoy cómo uno de sus subordinados trató de destruir la prueba irrefutable de que había mentido. Se trata de un informe redactado por la UCO y fechado el 6 de marzo de 2003, en el que se detallan las andanzas de Toro y Trashorras buscando compradores para sus explosivos por distintos puntos de la Península. Según publica hoy EL MUNDO, seis días después de la intervención de Hernando ante la Comisión, su subordinado el alférez Jaime Trigo llamó al móvil del segundo jefe de la Comandancia de Asturias, Francisco J. Jambrina, para que destruyese la nota que dejaba en evidencia a su superior. Jambrina declaró ante el juez Del Olmo que se sintió molesto por la petición y decidió conservar la nota. El alférez negó esta versión y dijo que llamando al comandante sólo quería cerciorarse de que la nota no se filtraba a los medios. A la vista de estas declaraciones, no se entiende cómo Del Olmo no dedujo el testimonio del alférez para que la jurisdicción ordinaria investigase el caso, máxime cuando él mismo confiesa haber observado menos serenidad en sus palabras que en las de Jambrina. Trigo podría haber cometido un delito de encubrimiento y otro de infidelidad en la custodia de documentos públicos -castigados con penas de hasta siete años- y su jefe, uno de falso testimonio, por el que podría ir a la cárcel. En este contexto, cobra un gran valor el que el tribunal pidiera ayer las declaraciones de Hernando y Manzano en el Congreso, que ayudarán a aclarar nuestras últimas revelaciones.

Una información de Antonio Rubio publicada por el diario EL MUNDO el martes 30 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Hernando mintió en la Comisión del 11-M (Editorial de EL MUNDO)

Por Narrador - 29 de Enero, 2007, 6:00, Categoría: Opiniones

Aunque hace mucho tiempo que la credibilidad de Félix Hernando, coronel jefe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, es nula, EL MUNDO aporta hoy todos los datos de un informe oficial que demuestran, sin margen de duda, que mintió y ocultó información en su comparecencia ante la Comisión de Investigación del 11-M del Congreso. El informe, elaborado en marzo de 2003 -un año antes de los atentados de Madrid-, recogía información sobre quiénes estaban llevando a cabo un importante tráfico de explosivos, armas y drogas en todo el territorio español. De forma detallada, dejaba constancia de la llegada a Madrid, procedentes de Asturias, de Antonio Toro y «un tal Emilio» -Suárez Trashorras- con el fin de vender una importante cantidad de Goma2, comprar una pistola y dos fusiles Kalasnikov y encargar «la eliminación» de una persona. En la capital, fueron seguidos de forma exhaustiva por los subordinados de Hernando, que siguieron sus pasos hasta Cádiz, donde se desplazaron posteriormente. Pese a estos hechos, en su comparecencia, Hernando sostuvo que su departamento sólo había investigado en 2003 una red de tráfico de explosivos «de ámbito local, reducida a Asturias», por lo que había remitido sus pesquisas al coronel jefe de esta comunidad, escudándose -sin razón- en que las investigaciones no eran competencia de la UCO. Ante la gravedad de este falso testimonio, cabe esperar su inmediata destitución, al margen de que los tribunales determinen si ha incurrido en responsabilidad penal, como todo parece indicar.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 29 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Otros mensajes en Opiniones

Blog alojado en ZoomBlog.com