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Juicio 11-M

Juicio 11-M: Sesión del 26 de Febrero de 2007 (EL MUNDO)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 10:00, Categoría: Juicio 11-M

'El Egipcio' dice que la voz que afirma haber ideado el 11-M no es la suya

MADRID.- Rabei Osman, El Egipcio, supuesto ideólogo del 11-M, negó ayer haberse atribuido «el proyecto» de los atentados de Madrid, como se desprende de lo grabado por la policía italiana y que sirve de base a la Fiscalía para solicitar para él casi 40.000 años de prisión.

Según dijo, la calidad de lo captado por los micrófonos instalados en su casa de Milán es muy deficiente y la traducción es incorrecta. Su abogado fue exponiendo ante el tribunal las sucesivas barreras con las que pretende evitar que esas grabaciones le condenen como autor de la masacre: son nulas, no se escuchan con claridad, no es el acusado quien habla y, en todo caso, lo que se oye no puede interpretarse como una implicación en el 11-M.

El presunto ideólogo de los atentados de Madrid compareció ayer por segunda vez ante el tribunal. En esta ocasión, para aclarar las grabaciones que le implican en los hechos. Su testimonio y el de otros presuntos islamistas dan casi por cerrada esta etapa del juicio y abren otra dedicada a esclarecer la 'trama asturiana'

El Egipcio ya ha sido condenado por la Justicia italiana como miembro de una organización terrorista, por lo que las acusaciones necesitan demostrar su intervención concreta en el 11-M para obtener una nueva condena. El elemento fundamental con el que cuentan son las conversaciones entre El Egipcio y Yahia Mamad, detenido en la misma operación y a quien supuestamente intentaba adoctrinar: «Escúchame Yahia, ten cuidado y no hables, la operación entera de Madrid fue mía [idea mía] [...] Fueron de los más queridos amigos [...] Cayeron mártires que Alá les tenga en su misericordia. El hilo de la operación de Madrid fue mío, ¿entiendes? Los trenes [...]».

La segunda comparecencia de El Egipcio ante el tribunal del 11-M abrió ayer la sexta jornada del juicio. El pasado 15 de febrero, la Sección Segunda de la Audiencia Nacional aceptó aplazar hasta ayer el interrogatorio de la defensa para que el acusado y su abogado, Endika Zulueta, pudieran escuchar las cintas. Después de hacerlo, su abogado confirmó que en los próximos días entregará al tribunal un nuevo informe que incorpora traducciones alternativas a los pasajes más comprometidos. El informe comenzó a elaborarse el jueves en la Audiencia, donde El Egipcio, su abogado y los intérpretes de la Audiencia han estado escuchando las grabaciones.

Respecto a la nulidad de las escuchas, se extiende tanto las telefónicas como las ambientales. Las primeras, por haberse iniciado antes de contar con autorización judicial; las segundas, porque la legislación española no permite colocar micrófonos en los domicilios.

El abogado pidió al acusado que diera su opinión: «Escuché esta grabación con mi abogado a lo largo de la semana más de cinco veces, y lo que está claro es que no se entiende nada, porque hay mucho ruido. Esa voz no es mía, no soy el que habla en absoluto. Además, las traducciones son defectuosas en un 80%. Se oye una voz, pero no es mi voz».

«¿Le dijo usted a Yahia que usted fuera el 'hilo' de los atentados de Madrid, que fue proyecto suyo?», insistió el abogado. «El que habla en la grabación nunca ha dicho eso y yo nunca he dicho cosa igual, yo condeno esta acción terrorista», respondió.

Sí admitió, al igual que ante la policía italiana y el juez Juan del Olmo, una conversación mantenida el 24 de mayo de 2004 con Mourad Chabarou, condenado recientemente en Bélgica como miembro de una organización terrorista. En ella, Osman citaba expresamente a sus «hermanos» El Tunecino -fallecido en Leganés- y Fouad Morabit, otro procesado. La transcripción aportada al escrito de acusación de la Fiscalía dice: «Hay tantas de esas cosas que quiero decirte [...] se han ido todos [...] todo ese grupo está con Dios».

Según explicó, con grupo quería decir los conocidos en España que resultaron implicados en el atentado. Una prueba de su falta de relación con la masacre era que creyera que su amigo Morabit era uno de los suicidas. Lo único que hizo, según explicó ayer, fue informar a Chabarou de lo que había oído en televisión unos momentos antes: «¿Te has enterado de las cosas que sucedieron ahí? Quiero decir, en el país [...] y tú conoces al grupo entero [...] Mourad, tú sabes las noticias ahí [...] los chicos, nuestros amigos, estuvieron con ella [la operación]. Serhane y todos los hermanos [...] Juro por Alá [...] Ahora todos están en el Cielo».

El Egipcio sugirió que se habían malinterpretado sus palabras. Como ya sucedió con Benedicto XVI, dijo, en referencia al revuelo causado el año pasado por sus palabras sobre el islam. También resaltó que cinco de los menos de nueve minutos de esa conversación sólo se referían a sus problemas matrimoniales.

A lo largo del interrogatorio, la defensa fue dibujando un panorama en el que el acusado difícilmente podía dar un paso sin que lo supieran las Fuerzas de Seguridad españolas, francesas o italianas: «¿Le comunicaron que su móvil y las cabinas de alrededor de su casa y los locutorios cercanos habían sido intervenidos, que tuvo intervenido su correo, que le siguieron las 24 horas, que le pusieron tres micrófonos en cada una de sus casas e incluso en el calabozo de la comisaría?»

ORDEN EN LA SALA

INTERPRETACION «SUCESIVA»

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, volvió ayer a llamar la atención a los intérpretes de árabe, interrumpiendo el interrogatorio a Mohamed El Egipcio, porque los traductores no estaban haciendo su trabajo como es debido y esto provocaba demasiada demora en el desarrollo de la vista.

Cuando el abogado de El Egipcio, Endika Zulueta, llevaba 40 minutos interrogándole, Gómez Bermúdez advirtió que los intérpretes no estaban haciendo una traducción simultánea y suspendió la vista durante 10 minutos para hablar con ellos en su despacho.

El primer día de juicio, el pasado 15 de abril, Gómez Bermúdez ya tuvo que llamar la atención a los traductores al estimar que no estaban «muy finos» y les tuvo que recordar que debían realizar una traducción simultánea y no «sucesiva».

MIRADAS TENSAS

Javier Gómez Bermúdez aconsejó ayer a dos acusados en la trama asturiana de los explosivos -Antonio Iván Reis y Sergio Alvarez, que se encuentran en libertad provisional- que eviten situaciones de tensión con las víctimas que asisten a la vista oral.

El presidente del tribunal los llamó a su despacho en un receso después de que la presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón, denunciara verbalmente ante el tribunal que, el pasado miércoles, las miradas de uno de estos acusados y de una víctima se cruzaron en un momento determinado, siendo malinterpretadas por ambos. A la salida del juicio, coincidieron en el Metro y el incidente continuó.

Reis y Alvarez se enfrentan a una petición de la fiscal de ocho años de cárcel para cada uno por asociación ilícita y suministro de explosivos.

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


MOHAMED MOUSSATEN: «Mi tío no dijo que era de Al Qaeda»

MADRID.- Mohamed Moussaten, el menor de los sobrinos del supuesto autor intelectual de la matanza Yusef Belhadj, dijo ayer que «mi tío nunca me dijo que era de Al Qaeda», o que lo ocurrido en los trenes de Madrid «le parecía poco». Declaró que, si lo afirmó así ante el juez Del Olmo, fue porque había recibido amenazas de la Policía. Moussaten sólo respondió a preguntas del letrado que patrocina su defensa, Miguel García Pajuelo.

La fiscal pide para Moussaten ocho años de cárcel por colaboración con banda armada, ya que sostiene que proporcionó a dos de los presuntos autores materiales de los atentados, el huido Mohamed Afalah y el procesado Abdelmajid Bouchard, el teléfono de Belhadj en Bélgica para facilitar su huida.

El acusado reconoció ayer que el hermano de Mohamed Afalah, Ibrahim, le pidió el 5 de abril de 2004 el número de su tío y que él se lo dio, pero aseguró que desconocía que Belhadj o Afalah tuviesen relación con el 11-M. En la declaración ante Del Olmo de la que ayer se desdijo consta que su tío no le confesó su pertenencia a Al Qaeda hasta diciembre de 2004.

Moussaten admitió que Belhadj estuvo en su casa desde finales de febrero de 2004 hasta primeros de marzo, cuando volvió a Bélgica

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


MOHAMED BOUHARRAT: «Sospeché algo y me marché»

MADRID.- Mohamed Bouharrat justificó ayer a preguntas del fiscal Carlos Bautista la aparición de cuatro fotografías suyas tamaño carné en los escombros de Leganés, indicando que se las dejó en un vehículo que utilizó para dormir durante una temporada. Según dijo, el coche era propiedad de una persona, de nombre Abderramán, que conocía a Jamal Ahmidan, El Chino.

Según su relato, las fotos se encontraban en una mochila que abandonó en el vehículo después de ver que este amigo suyo saludaba después del 11-M a El Chino, al que reconoció como una de las personas que se encontraba en orden de busca y captura. «Sospeché que había algo, me marché y se me quedaron las fotos», aseguró, según informa Europa Press.

La fiscal Olga Sánchez sostiene que Bouharrat era uno de los integrantes de la célula islamista que atentó en Madrid y pide para él 12 años de cárcel. Se fundamenta en una serie de contactos telefónicos entre el acusado y los suicidas, así como en el hallazgo de las citadas fotografías y de un libro con sus huellas.

Bouharrat reconoció que conocía a los presuntos terroristas huidos Mohamed Afalah y Said Berraj, pero negó que los acompañase a colocar los explosivos al paso del AVE.

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


MAHMOUD SLIMANE: «Me llevaba muy mal con 'El Chino'»

MADRID.- Según el sumario, entre enero y febrero de 2004, el acusado Mahmoud Slimane intercambió 65 llamadas telefónicas con Jamal Ahmidan, El Chino, y 102 con otro de los procesados, Abdelilah Fadual. Para todas ellas, Slimane tuvo ayer una explicación: «Les había prestado una lámpara que era de mi cuñado, y quería que me la devolviesen». La susodicha lámpara sería una herramienta necesaria para reparar un Volkswagen Golf. La Fiscalía pide para el procesado, que seguirá declarando mañana, 13 años de cárcel.

Slimane, pese a los indicios que le relacionan con el supuesto jefe logístico de los suicidas, afirmó que se llevaba «muy mal con El Chino, porque yo soy chiíta». Así, relató un episodio en el que coincidió en un locutorio con Jamal y éste le enseñó escenas de fiestas chiítas, reprochándole que fuesen «malos musulmanes».

Respecto a la llamada desde su móvil localizada el mismo 11 de marzo de 2004 en Morata, y dirigida al hermano de El Chino, Slimane aseguró que se dirigió a la zona buscando a un ladrón que le había robado «la mercancía». Añadió que, cuando supo que el caco conocía a Jamal, trató de ponerse en contacto con él o con sus amigos en los días posteriores.

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


BRAHIM MOUSSATEN: «Dejaría de ser de mi familia»

MADRID.- El mayor de los hermanos Moussaten, Brahim, condenó «radicalmente» el 11-M, como antes había hecho Mohamed. Pero él fue aún más vehemente, y afirmó que «si conozco que alguien de mi familia participó en los atentados, dejaría de ser de mi familia». Yusef Belhadj, tío de los Moussaten, está acusado de ser uno de los autores intelectuales de la matanza. Moussaten dijo de él que nunca le había oído hablar de la yihad. Moussaten rechazó el principal argumento por el que la Fiscalía reclama para él seis años de cárcel: según respondió ayer -sólo a preguntas de su abogado, Eduardo García Peña-, él no proporcionó a Ibrahim Afalah el teléfono de su tío en Bélgica para facilitar la huida de Mohamed Afalah y Abdelmajid Bouchard. «Se lo dio mi hermano, pero yo también lo hubiese hecho», aseguró. Expuso que apenas conocía superficialmente a ninguno de los dos, y que ni sospechaba de su relación con el 11-M.

Añadió que su tío sí conocía a Afalah y a Bouchard. Incluso, precisó que pudo ver cómo Belhadj y éste último visitaban en un locutorio una página web de contenido aparentemente islamista. Por lo demás, corroboró las declaraciones previas de su hermano y aseveró: «Mi cultura es más española que marroquí».

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 26 de Febrero de 2007 (LA RAZON)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 9:50, Categoría: Juicio 11-M

«El Egipcio» niega ahora que fuese «el hilo de la operación de Madrid»

Madrid - Once días después de abrir con sus declaraciones el juicio del 11-M, Rabei Osman, «Mohamed el Egipcio», volvió ayer a comparecer ante el tribunal para dar cuenta de las comprometedoras conversaciones grabadas por la Policía italiana en los meses de abril y mayo de 2004, en las que se ufanaba de ser «el hilo de la operación de Madrid» y explicaba a su interlocutor que el proyecto requirió «mucha paciencia a lo largo de dos años y medio».

Poco después de que su abogado, Endika Zulueta, solicitara una nueva transcripción, el procesado afirmó que no es su voz la que se escucha en las conversaciones intervenidas en su domicilio de Milán. «Yo no he dicho nunca una cosa igual, estoy en contra de esa acción terrorista», insistió a los magistrados, aunque por si acaso se curó en salud: «La persona que habla nunca ha dicho eso».

Y para cerrar el círculo de su estrategia defensiva, también ofreció a la Sala una explicación por si, finalmente, ésta concluye que sí es su voz a la que, entre otras cosas, se le escucha decir: «Yo estaba preparado para ser mártir, pero ciertas circunstancias me lo impidieron». «Cualquier ser humano, cuando habla con otra persona, dice palabras que no han sido intencionadas. Soy una persona normal y esto es lo que ha pasado», declaró rectificándose a sí mismo antes de comparar ese traspiés con las polémicas palabras del Papa Benedicto XVI sobre el Islam.

«Pidió perdón y no pasó nada más en el mundo islámico», subrayó para ilustrar que en todas las culturas existentes se cometen equivocaciones.

Su abogado empleó buena parte del interrogatorio en incidir en la imagen de su cliente como un emigrante desafortunado que no tenía ni siquiera un euro para pagarse un simple café. «Mi estancia en Europa ha sido dramática, una tragedia. No he tenido nada de suerte», corroboró el procesado, más gesticulante que en su anterior comparecencia. «El Egipcio» –que vestía una indumentaria nada integrista, vaqueros y un forro polar rojo– sí reconoció su voz en otra conservación telefónica intervenida por la Policía italiana con Mourad Chabarou, condenado el pasado año 2006 por la Justicia belga por su relación con el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) y con quien, según afirma la Fiscalía, compartía «proyectos para la yihad mundial sublimados por el suicidio». En la misma, el acusado aseguraba a Chabarou: «Se han ido todos. Todo ese grupo está con Dios. Serhane y todos los hermanos».

Peculiaridades culturales

«El Egipcio» se escudó en las peculiaridades culturales árabes para explicar sus palabras. «En Oriente Medio, la palabra “grupo” no implica que exista vinculación, no quiere decir que yo les conozca», dijo antes de precisar que únicamente conocía a Serhane «El Tunecino» (uno de los suicidas de Leganés) y a Fouad El Morabit, otro de los procesados. Y en cuanto a lo de «hermanos», recordó que es el término más común en el mundo islámico. Se limitó, añadió, a comentar lo que había ocurrido en Madrid con Chabarou, quien sorprendentemente dos meses después del 11-M no se había enterado de nada.

«Vi la foto de Serhane en la tele y me enteré de que murió. Cuando vi la de Fouad fue un shock, pensé que también había muerto», confesó «El Egipcio», que se enfrenta a 38.656 años de prisión como uno de los presuntos autores intelectuales de la matanza.

Tras «El Egipcio», declaró el único de los acusados de integrar la célula islamista al que todavía no se había escuchado, Mohamed Bouharrat. Poco convincente, replicó al fiscal Carlos Bautista en varias ocasiones y aunque comenzó muy seguro, terminó liado en un nudo de contradicciones a las que hizo frente con su español castizo.

Se apresuró a negar la principal acusación contra él, que se dedicara a seleccionar objetivos para la célula islamista, pero reconoció conocer a dos de los terroristas huidos tras el 11-M (Mohamed Afalah y Said Berraj). Los frecuentes contactos telefónicos con ambos y con otro de los fugados, Daoud Ouhnane, así como con varios de los suicidas del piso de Leganés, son algunas de las pruebas de peso contra él.

El marroquí declaró que con el procesado Abdelmajid Bouchar, el único superviviente del piso de Leganés, no ha hablado «nunca con él», pero poco después se refirió a él como «Mejido».

Tampoco aclaró nada en relación a las cuatro fotografías suyas encontradas en el piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas. Explicó que se las entregó a un tal Abdelrraman para que le gestionase los papeles, el mismo día que éste le llevó en coche a Villaverde, donde les esperaba Jamal Ahmidan «El Chino». Su foto ya había salido en los periódicos como uno de los presuntos responsables del 11-M. «A ver si me van a meter en el lío de las bombas», contó ayer que pensó. Pero cuando le mostraron sus fotografías de carné, se cerró en banda. «Éstas no son de las que estaba hablando». Otro objeto de Leganés, en este caso un libro, también tenía una huella del procesado. La culpa, de nuevo, del tal Abderraman. «Tenía libros en el coche y quizá eché una ojeada a alguno».

Dos procesados se enfrentan a una víctima

La cercanía de los presuntos culpables de los atentados y las víctimas provocó ayer un enfrentamiento aunque no en la sala, sino en el medio de transporte más utilizado por familiares de acusados y víctimas: el Metro. Dos de los procesados, Antonio Iván Reis y Sergio Álvarez «Amokachi», ambos presuntos integrantes de la «trama asturiana» y acusados de trasladar parte de los explosivos a Madrid, se enfrentaron con la hermana menor de edad de una de las víctimas de la matanza de Madrid.

Según fuentes de la asociación 11-M Afectados del Terrorismo, que preside Pilar Manjón, los acusados insultaron a la adolescente, pero fuentes jurídicas relataron que únicamente hubo «gestos y miradas» ante las que la joven se sintió incómoda.

Para cortar de raíz que la tensión vaya a mayores, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, llamó en un receso a los dos procesados y a sus abogados y les advirtió seriamente de que no quiere que el incidente se repita en el futuro.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El sobrino de Belhadj exculpa ahora al presunto «cerebro»

Achaca a las amenazas de los policías y al miedo el que declarase ante el magistrado Juan del Olmo que su tío le propuso hacer la guerra santa

Madrid - La declaración de los hermanos Mohamed y Brahim Moussaten no pasaría de ser una más sino fuera porque a unos metros de ambos, actualmente en libertad, se sienta en la «pecera» su tío Youssef Belhadj, uno de los presuntos autores intelectuales de los atentados. Y la presencia de Belhadj se justifica, en buena medida, por las declaraciones ante el juez de su sobrino Mohamed, que explicó a Juan Del Olmo que su tío le reconoció ser de Al Qaida y le propuso hacer la Yihad. Pero ayer, la familia Belhadj cerró viejas heridas porque los dos hermanos Moussaten secundaron la versión de los hechos que ofreció Belhadj el segundo día del juicio. Negaron que su tío pertenezca a Al Qaida y que tras los atentados comentase que aprobaba lo ocurrido aunque le parecían «poca cosa». Pero Mohamed tuvo que tragar saliva y escuchar la lectura de sus declaraciones, en las que reconoció que le daba «miedo» decir lo que había dicho de su tío, y de su careo con Youssef. El acusado achacó las acusaciones que vertió contra él a las amenazas policiales. «Te vamos a llevar a Marruecos y te van a cortar las manos. Te vas a tirar 40 años en la cárcel», contó que le aseguraron los agentes. «Ellos me dijeron lo que tenía que decir», se excusó.

Moussaten, que se enfrenta a ocho años por colaboración con organización terrorista, sí reconoció que dio al hermano del huido Afalah el teléfono de sus tíos Youssef y Mimoun en Bélgica, un auxilio que según la Fiscalía permitió a Afalah y a Belhadj huir a ese país. Su hermano Brahim (para quien la fiscal pide seis años de cárcel) declaró que nunca escuchó a su tío decir que había que hacer la Yihad ni animar a llevar a cabo acciones terroristas. El último en declarar fue Mamoud Slimane, que se enfrenta a trece años de prisión.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 26 de Febrero de 2007 (ABC)

Por Narrador - 27 de Febrero, 2007, 9:40, Categoría: Juicio 11-M

  

«El Egipcio» afirma que la voz de las cintas no es la suya

Se defiende de su confesión sobre la autoría del 11-M y atribuye el «malentendido» a errores de traducción

MADRID. «Escuché esta grabación con mi abogado durante este fin de semana más de cinco veces y lo que está claro es que no se entiende nada porque hay mucho ruido. Esa voz no es mía. Además, las traducciones son defectuosas en un 80 por ciento». El hombre que pronunció estas palabras es Rabei Osman el Sayed «El Egipcio», procesado como autor intelectual de los atentados del 11-M. Ayer volvió a declarar para responder a la parte del interrogatorio de su defensa que se refería a las conversaciones telefónicas y ambientales intervenidas en Italia, país que en el que ya ha sido condenado a diez años de cárcel por pertenencia a organización terrorista islamista.

-Defensa (D): «¿Ha oído en esa grabación que una voz diga: el atentado de Madrid es un proyecto mío?»

-«El Egipcio» (E): «No, en ningún momento».

-D: «¿Le dijo usted a Yahia (el joven palestino que vivía en Milán con él) o a cualquier otra persona que usted era el hilo conductor de los atentados de Madrid o que era un proyecto suyo?

-E: «La persona que habla en la grabación nunca dice eso»

-D: «¿Y usted?»

-E: «Yo nunca he dicho una cosa igual, y condeno esta acción y estoy en contra».

De esta forma, Rabei Osman trataba de defenderse de la principal prueba de cargo que pesa sobre él: las grabaciones que por indicación de la Policía española realizó la Digos (servicios secretos italianos) en los teléfonos y en los dos domicilios por los que pasó Rabei en Milán. Según la traducción de las autoridades italianas, en esas conversaciones «El Egipcio» se atribuye la autoría intelectual de la matanza, dice que los muertos en Leganés son sus hermanos de Madrid y que el atentado había sido obra de su grupo.

«El Egipcio» no sólo mantuvo que no es el autor de tales comentarios, sino que afirmó que la traducción está completamente desvirtuada. Entre otras cuestiones, señaló que «grupo», en árabe «jamaa», y «hermano» son conceptos que no significan en Occidente lo mismo que en Oriente Próximo, pues el primero para «ustedes es un grupo terrorista y para nosotros es un grupo de amigos»; y el segundo, se utiliza para los «creyentes en la fe islámica». Por eso, al decir el «hermano Serhane (por «El Tunecino», muerto) y Fouad (El Morabit, también procesado) era porque son creyentes en la fe islámica».

Mucho más locuaz que en la primera parte de su declaración, el pasado 15 de febrero, Rabei Osman se desenvolvió también con soltura, aunque poco convincente, cuando se le preguntó sobre el segundo pilar que sostiene su acusación: el uso de los teléfonos móviles, cuya trascendencia radica en el hecho de que, según la Fiscalía, el 1 de febrero de 2004 recibió en la tarjeta SIM de Amena que le fue intervenida en Milán un mensaje de bienvenida a Italia al llegar desde España. Esta y otras circunstancias llevan a la Fiscalía a pensar que ayudó a preparar el 11-M.

El procesado intentó por todos los medios echar por tierra todas las imputaciones al afirmar que desde que salió de España, en febrero de 2003, no ha vuelto a este país y que cuando se marchó no se llevó ningún móvil. Recurriendo de nuevo a la imagen de inmigrante vagabundo, dijo que su primer teléfono fue un regalo y que estuvo largas temporadas sin él porque su situación económica no se lo permitía.

La osadía de compararse con el Papa

La osadía de «El Egipcio», que no se considera ideólogo del 11-M, le llevó a comparar los «malentendidos» de sus conversaciones con «aquel» que se originó en los países árabes cuando el Papa Benedicto XVI, «la más alta autoridad católica del mundo», un hombre de «gran cultura», comentó los riesgos de llevar al extremismo las religiones, pues «podía desembocar en acciones violentas». Rabei Osman utilizó esa comparación para decir que cuando él hablaba de «hermanos» fue distinta la interpretación que se hizo en los países occidentales. «Cuando el Papa pidió perdón, porque se habían malinterpretado sus palabras, el mundo islámico entendió la confusión y ahí acabó todo. Cualquiera, con independencia de su intención, puede equivocarse», afirmó.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Bouharrat no sabe explicar el hallazgo de cuatro fotos suyas en Leganés

MADRID. Mohamed Bouharrat no supo explicar el hallazgo de cuatro fotos suyas en el piso de Leganés. Con respuestas poco convincentes, Mohamed intentó lidiar el contundente interrogatorio del fiscal Carlos Bautista.

De los principales cargos que se le imputan, el marroquí a duras penas se defendió. Uno de ellos es el hallazgo, entre los escombros de Leganés, de cuatro fotos suyas tamaño carné. La versión que ofreció el procesado fue especialmente rocambolesca. Relató que días antes de la explosión, se trasladó junto a un tal Abdelrrahman a Villaverde. Allí, su colega iba a tener una cita con un individuo, al que luego identificó como Jamal Ahmidan, jefe operativo del 11-M, por una fotografía del suicida en la prensa.

El procesado afirmó que al ver a «El Chino» se asustó y le hizo saber a Abdelrrahaman que a esa persona la estaba buscando la Policía. «Salí corriendo -explicó Bouharrat al Tribunal- y dejé mi mochila con la ropa y las fotografías en el coche». A continuación afirmó que desconocía la vía por la que esas fotos habían llegado al piso de la calle Carmen Martín Gaite. La misma explicación dio al hecho de que en Leganés se encontrara un libro con una huella suya. «Lo cogería del asiento de atrás del coche para hojearlo o para escribir algo», apuntó con titubeos.

Bouharrat afirmó que desconocía la existencia de unas anotaciones encontradas en el piso de los suicidas sobre un colegio británico situado en el barrio residencial de La Moraleja. El fiscal le recordó que las pruebas caligráficas habían determinado que su letra corresponde con la de la anotación, extremo que el procesado ignora. Este hecho ha sido considerado importante en la investigación por cuanto se deduce que ese centro educativo era uno de los cinco objetivos que tenían los terroristas antes de suicidarse.

Respecto a la cita que tuvo en Villaverde su colega Abdelrrahman con Ahmidan, el procesado señaló que era para hablar de tráfico de hachís en Algeciras, y rechazó que se tratara de un traslado de explosivos.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Los sobrinos de Belhadj exculpan a su tío y contradicen su primer testimonio

Los hermanos Moussatem alegan que lo delataron por amenazas de la Policía

MADRID. Los hermanos Mohamed y Brahim Moussatem negaron ayer cualquier vinculación de su tío Youseff Belhadj, procesado junto a ellos en esta causa, con la red Al Qaida. Además, aseguraron desconocer que el huido Mohamed Afallah, a quien le hicieron llegar el teléfono de su tío Belhadj en Bélgica, tuviera alguna relación con los atentados de Madrid.

Los hermanos Moussatem, procesados por colaboración con organización terrorista y para quienes la Fiscalía solicita ocho años de prisión, intentaron desvincularse de cualquier actividad que el presunto ideólogo de la matanza tuviera con otros partícipes en esos hechos, entre ellos Abdelmajid Bouchar, uno de los considerados autores materiales, y aseguraron que lo que declararon sobre su tío cuando fueron detenidos fue porque la Policía les amenazó con hacer daño a su familia, «dejarles 40 años en la cárcel y mandarnos a Marruecos para que nos cortaran allí las manos». A pesar de contar con distintos letrados, la estrategia de defensa de los sobrinos de Youssef Belhadj fue paralela, tanto que en sus declaraciones (en las que sólo contestaron a sus defensas) no se registró ni una sola contradicción, todo lo contrario a lo que sucede si se comparan sus testimonios con el que aportaron a la Policía y al juez.

Mohamed, el sobrino mayor, escuchó las preguntas de la Fiscalía cruzado de brazos y cabizbajo. Bajo la atenta mirada de su tío, a apenas unos metros en la pecera blindada, describió ayer su relación con el presunto ideólogo como «la normal entre tío y sobrino» y negó, a diferencia de lo que consta en autos, que Belhadj le propusiera en alguna ocasión ir a Afganistán, que le hablara del Yihad y que le comentara, a propósito de los atentados de Madrid, que estaba de acuerdo con ellos, pero que le parecían «poca cosa».

Los hermanos Mousatem reconocieron que Belhadj estuvo en Madrid la última semana de febrero y se marchó de nuevo a Bélgica días antes de que se produjeran los atentados del 11-M. Sin embargo, aseguró que no sabe cuáles fueron los motivos por los que decidió abandonar España, pero se imagina que lo decidió así «porque en casa ya eran muchos». Ambos justificaron los desplazamientos de su tío a España en motivos familiares y en el interés de Belhadj en regularizar su situación en nuestro país, lo que no encajaría muy bien con la decisión de marcharse sin dar una explicación a sus familiares.

Mohamed, además, reconoció que el 5 de abril Ibrahim Afallah se presentó en su casa para pedirle el teléfono de su tío (para que ayudara a su hermano Mohamed en su huida tras la explosión de Leganés). Se ratificó en que a continuación borró su número de la agenda «por miedo».

Igualmente, tanto Mohamed como Ibrahim Moussatem dijeron desconocer el apodo de Abu Duhana, que se atribuye a su tío Youssef Belhadj y que también fue utilizado para reivindicar los atentados en el vídeo que fue encontrado en una papelera cercana a la mezquita de la M-30. Mohamed dijo, además, que la Policía le obligó a declarar que su tío era la persona que leyó el comunicado de reivindicación del atentado, aunque en la prueba de audición no reconoció su voz.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un islamista de la «Nova» estuvo con «El Tunecino» en el piso de Leganés

MADRID. El marroquí Khalid Zeimi Pardo, acusado de formar parte de una célula terrorista islamista, admitió ayer durante el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional que el marroquí Amer Azizi, considerado el responsable militar de Al Qaida en Europa, le propuso hacer el yihad (cometer atentados contra los infieles), fuera de Europa. La célula a la que pertenece Zeimi fue fundada por Mustapha «El Maimouni», preso por los atentados de Casablanca.

Zeimi, que estuvo imputado en el 11-M (aunque no fue procesado), se enfrenta a una petición de 10 años de prisión por un delito de integración en organización terrorista. El fiscal sostiene que se sumó a una célula de los Grupos Islámicos Combatientes Magrebíes dirigida por «El Maimouni», cuñado de Serhane Ben Abdelmajid «El Tunecino». Durante su interrogatorio, Zeimi explicó que vino a Madrid en 1998 y entabló amistad con «El Tunecino». Contó que un domingo éste le invitó a desayunar a su piso de la calle Carmen Martín Gaite de Leganés, el mismo en el que Serhane Abdelmajid se suicidó junto con otros seis autores materiales del 11-M. Una vez allí, «El Tunecino» quiso mostrarle un vídeo sobre «víctimas en algunos países», pero se negó a verlo porque «salía sangre» y se mareaba.

Texto publicado por el diario ABC el martes 27 de febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: LA RAZON (26 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

Diez testimonios para aclarar la «trama asturiana»

Los nueve acusados de dar los explosivos a los islamistas y Zouhier, que supuestamente les puso en contacto, declaran esta semana en el juicio

Madrid - Finales de septiembre de 2001. El confidente policial Rafa Zouhier ingresa en la cárcel de Villabona (Asturias) y poco después conoce a otro recluso, Antonio Toro, en prisión provisional por la «operación Pipol» (por la que finalmente sería condenado a once años y medio de prisión por tráfico de drogas y explosivos). Antes de que Toro saliera de prisión cuatro días antes de Nochebuena, Zouhier entra en contacto con alguien que visitaba frecuentemente a Toro, su cuñado Emilio Suárez Trashorras. Así comenzaron a entretejerse, dos años antes del 11-M, los primeros hilos de una trama, la asturiana, acerca de la que se han vertido miles de palabras y no pocas controversias. Sobre sus nueve supuestos integrantes, todos ellos españoles, pesa una acusación que pone los pelos de punta: haber suministrado a la célula islamista responsable de la matanza en los trenes los explosivos necesarios para cometer los atentados, que habrían sustraído de la asturiana «mina Conchita» en los meses inmediatamente anteriores al 11-M. Tres años después, el tribunal que juzga a los supuestos culpables de los atentados escuchará, previsiblemente a partir de mañana, a los protagonistas de esta red acusada de traficar con explosivos a cambio de droga y de trasladar ese material a Madrid, en enero y febrero de 2004, para ponerlo a disposición de los terroristas islamistas encabezados por Jamal Ahmidan «El Chino», uno de los suicidas de Leganés.

La «trama asturiana» no se gestó en una cabaña recóndita de Picos de Europa ni en la trastienda de un negocio «tapadera». Ni mucho menos. El primer «cara a cara» entre el grupo de asturianos y los islamistas, un 28 de octubre de 2003, se produjo en un lugar desprovisto de misterio: un McDonalds del madrileño barrio de Carabanchel, una reunión que se repetiría, quince días después, en otro McDonalds (qué afición) de la capital. Éstos son los nueve procesados relacionados con la trama:

Suárez Trashorras: encabeza, con 38.670 años, las peticiones de prisión efectuadas por la Fiscalía. Tras salir de prisión, Zouhier a principios de 2002 se puso en contacto con él. El tráfico de hachís les unió, pero ya entonces Trashorras y Toro «ofrecían a los conocidos la posibilidad de proporcionar sustancias explosivas a cambio de drogas», un hecho que Zouhier denunció a la Guardia Civil según la fiscal.

Trashorras -que trabajó en «mina Conchita» de 1998 a 2002, hasta que le dieron la baja por depresión- asistió a las reuniones en las que se cerró la entrega de los explosivos (cerca de 200 kilos) a cambio de hachís. Por si fuera poco, envió a dos procesados a Madrid (Sergio Álvarez «Amokachi» y Antonio Iván Reis) con bolsas de explosivos para que se las entregaran a los terroristas, así como al menor Gabriel Montoya «El Gitanillo», ya condenado por estos hechos. Además, él mismo facilitó supuestamente la última remesa a los terroristas, encabezados por «El Chino», el 28 de febrero de 2004. Y lo hizo sabiendo que esas cantidades de Goma-2 Eco «podrían ser empleadas para la ejecución de acciones terroristas de gran envergadura». La Audiencia Provincial de Asturias le ha condenado recientemente a diez años de cárcel por tráfico de drogas y explosivos.

Antonio Toro: cuñado de Trashorras (casado con su hermana Carmen, también procesada), fue el encargado de poner en contacto a éste con Zouhier, a quien conocía de la cárcel. También estuvo, según la Fiscalía, en la segunda de las reuniones en las que «se trató del impago de la droga entregada así como del suministro de una cantidad de explosivos». Actualmente en prisión, se enfrenta a una pena de 23 años de cárcel por colaboración con organización terrorista, suministro de sustancias explosivas y asociación ilícita.

Carmen Toro: la mujer de Trashorras asistió a las dos citas con los terroristas. En la primera, según declaró en el juicio Rachid Aglif «El Conejo», se sentó en una mesa aparte, algo que abona lo que ella sostiene: que no se enteró de nada de lo que allí se habló. No obstante, durante la madrugada del 4 de marzo de 2004, cuando su marido envió al menor Gabriel Montoya a Madrid a recoger el Toyota Corolla utilizado por los terroristas para trasladar parte de los explosivos, «se produjeron abundantes contactos telefónicos» entre ella y Trashorras y «numerosísimas llamadas a lo largo del día». La fiscal pide para la acusada cuatro años de cárcel por suministro de explosivos.

Emilio Llano: vigilante de «mina Conchita», según la Fiscalía «omitió cualquier control y vigilancia, incumpliendo las normas de seguridad establecidas». La situación de «descontrol y desidia» a la que no puso coto permitió a Trashorras obtener la Goma-2 Eco y los detonadores que supuestamente entregó a los islamistas. Se enfrenta a cinco años de cárcel por suministro de explosivos.

Sergio Álvarez y Antonio Iván Reis: trasladaron parte de la dinamita a Madrid a cambio de droga, el primero el 4 de enero de 2004 y el segundo cinco días después. Viajaron en autobús y entregaron las mochilas a «El Chino» nada más llegar. Se enfrentan a ocho años de prisión cada uno.

Iván Granados: el ex minero se negó a realizar una de las entregas, pero acompañó a Suárez Trashorras a «mina Conchita» a sustraer explosivos y «era conocedor» de las operaciones que éste llevaba a cabo. La fiscal pide para él ocho años de cárcel.

Javier González Díaz: amigo de Trashorras y ex minero como él, «El Dinamita» le ayudó en una ocasión a sustraer los explosivos. Se enfrenta a ocho años de cárcel.

Raúl González: también acompañó a Trashorras en una de esas «excursiones». «El Rulo» era, según la Fiscalía, «el minero que le proporcionaba los explosivos». Piden para él ocho años de prisión.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: ABC (26 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 7:50, Categoría: Juicio 11-M

¿Cuestiona ahora el ABC el derecho de todo acusado a la defensa? La lectura de esta información sobre el coste de la defensa de los acusados del mayor atentado de la historia de Europa deja a cualquier persona estupefacta. Las consideraciones las dejamos para los lectores.


  

Los principales procesados disponen de abogados privados que cobrarían un mínimo de 100.000 euros

MADRID. Jamal Zougam regentaba hasta marzo de 2004 el locutorio «Jawal Telecom» en Lavapiés, el barrio madrileño donde convive un crisol de razas y culturas procedentes de todos los rincones del mundo. Nació en Tánger en 1973 y se vino a España en compañía de su madre y sus tres hermanos en 1985. Zougam comenzó a trabajar en un puesto de fruta y acabó regentando un locutorio de telefonía en la calle del Tribulete. De allí salieron las tarjetas de los teléfonos móviles que activaron las bombas aquel día infame.

Zougam está procesado por 191 asesinatos terroristas, 1.824 intentos de asesinato, cuatro delitos de estragos y pertenencia a organización terrorista. El acusado ha tenido hasta ahora tres abogados. Primero uno de pago, al que se vio obligado a renunciar por no poder pagar la minuta. Después, el Colegio de Abogados le asignó uno de oficio, pero el presunto autor material de la matanza de Madrid lo rechazó y contrató, varias semanas después, y ya casi a las puertas del juicio, a José Luis Abascal.

Todo normal, si no fuera porque los abogados particulares pueden cobrar cifras millonarias por un macrojuicio como éste, y Zougam, como el resto de los islamistas procesados, vivía en unas circunstancias económicas modestas. Al menos sus posibilidades estaban muy alejadas de afrontar un pago que diversas fuentes jurídicas sitúan en un mínimo de 100.000 euros, ya que la instrucción ha durado casi tres años y la vista se alargará hasta el verano.

Uno de los comentarios que circulan en la trastienda del juicio en la Casa de Campo se refiere a la procedencia de esa cantidad para pagar la minuta del abogado. Aunque también hay quien recuerda que si el letrado no recibe ninguna contraprestación tampoco trascendería.

A todo esto se une que Zougam, según la versión de su hermano difundida en diferentes medios, no buscó a este letrado de pago, sino que fue él quien se ofreció.

Es llamativo, además, que el abogado de este procesado, José Luis Abascal, sea el único de la defensa que trata de vincular, contra viento y marea, el 11-M con ETA, y ello a pesar de que el propio Zougam declaró el lunes pasado que no tenía ninguna relación con la banda terrorista. También es este abogado el que ha propuesto que tres etarras declaren como testigos en la vista y el mismo que aportó en su escrito de defensa la foto de un temporizador intervenido a ETA vinculándolo con el hallado en la calle Virgen del Coro.

Cobrando el paro

Abascal no sólo defiende a Jamal Zougam en este juicio del 11-M. Otro de los principales procesados, considerado por la Fiscalía también autor material de la matanza, Basel Ghalyoun, rechazó al abogado de oficio que se le asignó y contrató a José Luis Abascal para llevar a cabo su estrategia de defensa.

De origen sirio, Ghalyoun vive en España desde enero de 2001. Aquí ha trabajado en varias obras y como vigilante y contable en un aparcamiento de coches, aunque cuando se le detuvo tras los atentados del 11-M llevaba desde septiembre de 2003 cobrando el paro.

Mantenía contactos con «El Tunecino», con Fouad El Morabit Amghar y con «El Egipcio». Un pelo suyo apareció en un gorro de rezo entre los escombros del piso de Leganés y fue identificado por un testigo en el tren de la calle Téllez.

Además de una petición fiscal de más de 38.000 años de cárcel, Ghalyoun y Zougam comparten ahora abogado de pago y estrategia en el juicio del 11-M. Ésta queda claramente plasmada en los escritos de defensa de José Luis Abascal, que poco tienen que ver con la estrategia inicial de estos dos procesados y con la actual de las defensas del resto de acusados.

Ahora, Abascal intenta desmontar las acusaciones contra sus clientes cuestionando el tipo de explosivo que estalló en los trenes, entre otras pruebas. Su razonamiento es éste: si estalló titadyne, detrás de los atentados está ETA; si el explosivo empleado es Goma 2 ECO, son los islamistas, aunque duda incluso de este extremo, porque, como pone de manifiesto en sus respectivos escritos de defensa, «no hay ningún suicida en los trenes».

Además de estos dos, hay otros cuatro procesados que tienen abogados de pago: los españoles José Emilio Suárez Trashorras, Javier González Díaz y Emilio Llano y el marroquí Rachid Aglif.

El resto, es decir las otras 23 personas que están sentadas en el banquillo de los acusados, tienen su defensa en manos de los abogados de oficio. Todos ellos, menos dos, se han mantenido al lado de sus clientes desde el primer día. Ello a pesar de los numerosos obstáculos que se han encontrado durante la instrucción, al carecer de medios económicos y materiales para asistir a sus defendidos. Se da incluso el caso de algún abogado que tuvo que comunicarse a través de gestos con su cliente en la cárcel al no contar con ningún intérprete hasta cinco meses antes del juicio.

Y es que al margen de la trascendencia política y social de este juicio por el mayor atentado cometido en España, el proceso ha superado cualquier previsión en la regulación del turno de oficio, que se ha tenido que adaptar a marchas forzadas a los numerosos contratiempos denunciados por los abogados. Los datos lo dicen todo: un sumario de 90.000 folios, 59 abogados (a los 26 defensores se suman los 23 de las acusaciones), 29 personas en el banquillo (siete de ellas se enfrentan a más de 270.000 años), 650 testigos, 98 peritos y tres años de instrucción. Durante la misma llegaron a estar imputadas 116 personas, se practicaron más de 60 careos, 30 ruedas de reconocimiento, una veintena de comisiones rogatorias, 200 pruebas de ADN, 50 inspecciones oculares, 50 pruebas de documentoscopia en castellano y árabe, 25 inspecciones de vehículos, 50 pruebas de huellas y 50.000 registros telefónicos.

Uno de los principales problemas con los que se han encontrado los abogados de oficio ha sido el económico, no porque aspiraran a cobrar lo mismo que un letrado de libre designación (son conscientes de que están prestando un servicio público), sino por el trabajo que han desarrollado en este complejo sumario durante los últimos tres años y la dedicación absoluta a la que se ven abocados hasta el verano. Algunos incluso corren el riesgo de encontrarse a su vuelta, allá por septiembre, con una cartera de clientes bajo mínimos.

Hasta 20.000 euros

Los abogados de oficio del 11-M van a cobrar un máximo de 20.000 euros, una cantidad que a priori incluye un hipotético recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Esta cantidad es excepcional, y se consiguió por un acuerdo entre el Colegio de Abogados de Madrid y el Ministerio de Justicia, aunque los abogados lo vieron insuficiente.

Los 20.000 euros contrastan con la minuta que pueden devengar los abogados de libre designación. Tampoco los criterios orientativos fijados por el Colegio de Madrid, que datan de 2001, prevén un macrojuicio de estas características, pues tal y como están regulados estos baremos, los honorarios valdrían lo mismo para un robo de un delincuente común que para la mayor matanza de la historia de España,

Ahora mismo hay 1.500 abogados en el turno de oficio penal, de los que sólo una parte de ellos prestan sus servicios en la Audiencia Nacional, pues se requiere una mayor especialización y experiencia.

Un texto de N. Villanueva y M. Calleja publicado por el diario ABC el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Los «Robin Hood» de la justicia

MADRID. Ni la televisión ni los «grandes casos» les han hecho populares y, sin embargo, en poco tiempo se van a encontrar con una fama que no han buscado. Todo porque el azar quiso que aquel día, en el que sus respectivos clientes fueron detenidos, estuvieran de guardia en el turno de oficio.

Son abogados cuya media de edad se sitúa en los 40 años, llevan un mínimo de 15 de ejercicio y en todos los casos su fuente principal de ingresos proviene de clientes particulares. Para ellos el turno de oficio no es una forma de ganar dinero ni tampoco una plataforma de lanzamiento al ejercicio de la Abogacía. No lo necesitan. Son letrados que ya cuentan con una amplia experiencia profesional, que en todos los casos se concreta en un mínimo tres años de colegiación y cinco en el turno penal general (los requisitos que exige el Colegio de Madrid para acceder a la Audiencia Nacional). Todos ellos enmarcan esta otra faceta de su trabajo en la prestación de un servicio público, la de asistir a aquellos que no pueden costearse un abogado de pago.

Hace ocho meses sus rostros aparecieron en los medios. Era la primera vez que se dejaban ver en público desde que comenzó la instrucción de la causa, durante la que habían permanecido en el más absoluto anonimato. Incluso en aquella ocasión, en la que convocaron una rueda de prensa para denunciar las dificultades con las que se estaban encontrando en el ejercicio del derecho de defensa, costó mucho reunirles. Denunciaron la insuficiencia de medios económicos y materiales para poder llevar a cabo la defensa de sus clientes en las mejores condiciones posibles. Se les vapuleó y se les llamó «peseteros» cuando lo único que pedían era dinero para poder desplazarse a cárceles de Andalucía -para hablar con sus clientes- o intérpretes para poder comunicarse con ellos sin recurrir a los gestos.

Los 22 abogados de oficio se han esforzado por llegar al juicio con los deberes hechos, por intentar compaginar el estudio de esta excepcionalísima (por voluminosa y compleja) causa con la atención que merecen sus clientes, lo que han conseguido después de muchos años de esfuerzo y algún que otro disgusto. Además, están dando una auténtica lección de profesionalidad al no poner ninguna piedra en el camino para posibilitar el arranque y desarrollo de esta vista, que califican como un «segundo Nuremberg».

La defensa de sus clientes no les plantea ningún problema de conciencia. «Todo el mundo tiene derecho a que un abogado le defienda, y eso es para nosotros tan sagrado como lo es para un médico operar a un paciente con independencia de quién sea el paciente. Defender a un presunto terrorista no significa que empatices con él. Y eso tienen que saberlo las víctimas».

Un texto de Nati Villanueva publicado por el diario ABC el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Trashorras entra en escena

MADRID. Sobre sus hombros pesa la mayor petición de prisión por parte de la Fiscalía: 38.670 años de cárcel, más incluso que lo solicitado para los presuntos autores materiales o intelectuales de los atentados de Madrid, todos ellos islamistas.

José Emilio Suárez Trashorras es uno de los nueve españoles que se sienta en el banquillo de los acusados y el único considerado cooperador necesario de los 191 asesinatos y las más de 1.800 tentativas de los trenes; colaboración con organización terrorista; cuatro delitos de estragos; suministro y transporte de explosivos e integración, como dirigente, en asociación ilícita. Su declaración, que podría comenzar el martes, inaugurará el turno de los ocho miembros de la trama asturiana.

El papel del ex minero asturiano José Emilio Suárez Trashorras en el juicio por la matanza de Madrid es de suma trascendencia, no sólo porque fue quien presuntamente proporcionó a los islamistas los explosivos con los que se cometieron los atentados, sino porque era consciente de que tenían una inmensa capacidad destructiva.

El fanatismo de Jamal

«Suárez Trashorras entregó a Jamal Ahmidan la Goma 2 ECO sabiendo que podía ser empleada para la ejecución de acciones terroristas de gran envergadura», señala el escrito de la Fiscalía. Las elevadas cantidades de explosivo suministradas, el grave riesgo para la vida e integridad de las personas y el conocimiento del fanatismo integrista que inspiraba Jamal, quien continuamente defendía la necesidad de cometer acciones criminales contra Occidente, eran factores que, según el Ministerio Público, a nadie se le pasan por alto. Ni siquiera al ex minero, aquejado de una esquizofrenia que, pese a los esfuerzos de su abogado, no le ha permitido evadir su presunta responsabilidad en los atentados de Madrid.

El testimonio del ex minero, que se verá precedido por el del confidente Rafa Zouhier -enlace entre los asturianos y los islamistas-, marcará un antes y un después en las declaraciones de los procesados. Si los interrogatorios a los 14 acusados que ya han declarado se han ceñido a la participación o colaboración con los presuntos autores materiales o intelectuales de la matanza o con terroristas huidos, con Suárez Trashorras las acusaciones se ceñirán a los prolegómenos de la matanza: obtención del explosivo, traslado y entrega a la célula de Madrid, con Jamal Ahmidan a la cabeza.

El pasado miércoles, Rachid Aglif «El Conejo» ratificó en el juicio la existencia de la reunión en la que los asturianos y los islamistas acordaron el intercambio de droga por explosivos. Como mantiene la Fiscalía y avaló este procesado, la cita tuvo lugar en el McDonalds de Carabanchel y a la misma acudieron Suárez Trashorras y su mujer, Carmen Toro; Jamal Ahmidan, Rafa Zouhier, enlace entre ambos grupos, y el propio Aglif, si bien este último precisó que ni él ni Toro estuvieron presentes en esa conversación, pues se sentaron en otra mesa. La fiscal, sin embargo, atribuye a Aglif un protagonismo mayor, fue este procesado el que fijó en 60 kilos la cantidad de explosivo que iban a comprar a los asturianos. Tras otro encuentro en el McDonalds de Moncloa, empezaron a sucederse los viajes de los islamistas a Avilés y de los asturianos a Madrid transportando la Goma 2 sustraída de Mina Conchita. Suárez Trashorras conocía a la perfección esta explotación minera (había trabajado allí) y el escaso control que había sobre ella, por lo que no dudó en aprovecharse de estas circunstancias.

Hace menos de un mes la Audiencia Provincial de Asturias condenó al ex minero y a su cuñado, el también procesado Antonio Toro, a diez y once años y medio de cárcel respectivamente por tráfico de drogas y explosivos en el marco de la «operación Pípol». Quedaba probado que el explosivo con el que traficaban era Goma 2 Eco.

El 1 de marzo podría empezar la comparecencia de los 650 testigos

MADRID. Cuando concluyan las declaraciones de los 15 procesados que faltan, nueve de ellos españoles (toda la trama asturiana), empezarán a declarar los 650 testigos admitidos por la Sala, algo que previsiblemente tendrá lugar a partir del próximo jueves, 1 de marzo, jornada que ha sido habilitada por la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional. De esta forma, los acusados terminarán de prestar declaración entre hoy, mañana y el miércoles. Hoy está previsto que el abogado de «El Egipcio», quien declaró el primero, concluya su interrogatorio una vez que ha escuchado las grabaciones ambientales en las que su cliente aseguraba que el 11-M era «obra mía». Después será el turno de Mohamed Bouharrat (procesado por pertenencia a organización terrorista), los hermanos Mohamed y Brahim Moussaten, Mamoud Slimane Aoun y Nasreddine Bousbaa, los cuatro últimos considerados colaboradores.

Un texto de Nati Villanueva publicado por el diario ABC el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

   

Juicio 11-M: EL PAIS (26 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 26 de Febrero, 2007, 7:40, Categoría: Juicio 11-M

  

Rabei Osman revisa sus grabaciones

Madrid - El juicio por los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid iniciará hoy su sexta jornada con la reanudación del interrogatorio de Rabei Osman el Sayed, Mohamed El Egipcio, que contestará a preguntas de su abogado defensor, Endika Zulueta. El interrogatorio de Osman, acusado de la autoría intelectual de la masacre, fue interrumpido el primer día de juicio después de que el letrado solicitara escuchar junto a su cliente las grabaciones de la policía italiana que le incriminan.

El tribunal acordó conceder a Zulueta el tiempo necesario para estudiar junto su defendido estas escuchas telefónicas, en formato de DVD, que duran varias horas. El acusado y su abogado realizaron este repaso a las grabaciones el jueves pasado en los calabozos de la Audiencia Nacional.

El Egipcio ya escuchó estas grabaciones durante la instrucción del sumario por parte del juez Juan del Olmo y, en aquel momento, afirmó no reconocer su voz, pero ahora ha querido volver a escucharlas.

Tras Rabei Osman, hoy está prevista la declaración de Mohamed Bouharrat, para quien la Fiscalía solicita 12 años de cárcel por un delito de pertenencia a organización terrorista.

A continuación se producirán los interrogatorios a los colaboradores de los terroristas: los hermanos Mohamed e Ibrahim Moussaten, Mhamoud Slimane, Nasreddine Bousbaa y Rafa Zouhier, quien supuestamente puso en contacto a la célula terrorista con los traficantes de explosivos asturianos.

Sesión el jueves

El tribunal tratará que todos los acusados terminen de prestar declaración esta semana, para lo que podría habilitar una sesión el jueves, según informó Efe. Los relacionados con la denominada trama asturiana cerrarán los interrogatorios. El grupo comenzará con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, el procesado para el que la Fiscalía solicita un mayor número de años, un total de 38.670.

Fuentes del Ministerio Público informaron de que el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, tiene intención de participar en el interrogatorio a Zouhier y a Suárez Trashorras, si es que éstos acceden a contestar a las acusaciones.

Le seguirán su ex cuñado Antonio Toro, su ex esposa Carmen Toro, Raúl González Peláez, Emilio Llano, Iván Granados y Sergio lvarez. El último de los 29 acusados en ser interrogado será Antonio Iván Reis Aparicio.

Tras interrogar a todos los acusados, el 28 de febrero comenzarán a declarar los primeros testigos, que será policías que intervinieron en la investigación de los hechos.

Texto publicado por el diario EL PAIS el lunes 26. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Cuando los culpables no dan el perfil

Por Narrador - 25 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

Los acusados no forman un grupo homogéneo, como muchos habían asegurado. Todos los observadores destacan las respuestas lógicas de Zougam. El albañil de la obra en la casa de Morata dice que nunca vio explosivos. El joven universitario desbarata la competencia de 'El Tunecino' como líder de la conspiración Parecen carecer de formación para cometer un gran atentado

Los primeros cinco días del juicio del 11-M han provocado desconcierto. Los españoles han podido contemplar, en directo, a los procesados como autores materiales y a parte de los que, según el sumario, les ayudaron en los atentados. No han aportado ningún dato relevante. Se han declarado inocentes -cosa por otra parte lógica- y han renegado de la violencia y de la masacre. Ha sido palpable que, salvo excepciones, su formación es muy baja lo que pone en serias dudas su capacidad para llevar adelante los atentados.

Es pronto, pero ya se pueden hacer, después de lo visto, algunas consideraciones. Es evidente que no forman un grupo homogéneo como muchos habían asegurado. No tienen nada que ver los delincuentes, del lumpen, que se dedicaban al tráfico de hachís, con los hombres de la corbata de seda, un sirio con mucha más formación, el que proporciona un piso para ayudar a los musulmanes sin recursos, o un estudiante universitario, niño de papá, capaz de expresarse con serenidad y de afirmar que Serhane, El Tunecino, era un hombre incapaz de liderar ningún grupo ni de llevar a cabo ninguna acción violenta y menos con eficacia.

Y todavía falta alguien a quien ni siquiera se ha mencionado en las cinco primeras jornadas de este juicio. Me refiero a Alekema Lamari, un argelino taciturno y desconfiado, que nunca congenió con los ahora juzgados. En definitiva, un grupo heterogéneo que en ningún caso formaban una cuadrilla de amigos.

LAS RECTIFICACIONES DE ZOUGAM

Las fotografías de los considerados autores materiales se publicaron en las portadas de todos los periódicos de España el día 1 de abril de 2004. Al verse descubiertos, lo lógico es que se dispersaran en una especie de sálvese quien pueda. Pero hicieron lo contrario. Se juntaron en un piso y esperaron dos días a que la Policía los cercara.

Todos los observadores han destacado que Zougam dio en el juicio respuestas lógicas. Nadie consiguió confundirle y demostró que se había estudiado el sumario mucho mejor que la fiscal. Pudo así rectificarle en varias ocasiones. Otro de los acusados, el sirio Basel Ghalyoun, hizo lo propio en un punto clave. Su ADN no era el único que aparecía en un gorro de rezos encontrado entre los restos del piso de Leganés. Curiosamente, no se ha podido encontrar, al margen de ese gorro -que cualquiera pudo haber llevado al piso- ningún otro lugar en el que aparezca su ADN.

Los terroristas debían ser muy limpios porque ni en la cocina, ni en los cuartos de baño, ni en las sábanas de un piso en el que teóricamente vivían, se hallaron ni sus huellas ni su ADN.

Abdelmajid Bouchar es un caso diferente. Ni su aspecto físico ni sus contestaciones ayudaron a que nadie le creyera. Si estuvo en el piso de Leganés -aunque él lo niega- es un hombre que puede aportar datos muy valiosos a la investigación. Se ha limitado a negarlo todo. Hay varios puntos, sin embargo, que llaman la atención. En primer lugar, parece poco verosímil que pudiera escaparse de un cerco policial tan importante por mucho que fuera un gran corredor.

Y aquí hay datos que no se han mencionado hasta ahora y que el juez debiera investigar. Por ejemplo. No fue la UCIE, la UCI 2 dedicada a extranjeros y terrorismo internacional, la que primero llegó al piso. Dejaron que fueran los de la UCI 1, es decir, los que se encargan de combatir el terrorismo de ETA.

LA HUIDA DE BOUCHAR

Fue una inspectora de este grupo la que cometió un error importante. Llamó al timbre del piso para ver si contestaba alguien. Bouchar bajó con una bolsa de basura medio vacía y a deshoras para ver qué sucedía y se encontró a los inspectores hurgando en el buzón de su piso. Ellos no repararon en ese momento en que el de la bolsa de basura era uno de los inquilinos y eso le dio la ventaja suficiente para correr y desaparecer.

A la inspectora, el timbrazo le costó que la sacaran de Información. Nadie quiso más tarde asumir el error. Sería bueno que el juez llamara a declarar a esa inspectora. Y también podría ser adecuado que comprobara si uno de los inspectores, el que más pudo seguir a Bouchar en su huida, vio cómo dos hombres -que él tomo por policías- le introducían en un vehículo para ayudarle a escapar.

Lo más curioso del episodio de la bolsa de basura es que se encontrara más tarde huesos de dátil con el ADN de Bouchar en su interior, pero no se encontraran sus huellas en la bolsa. Tampoco se consiguió encontrar ADN de Bouchar en el piso. Sí se hallaron sus documentos y ropas entre los restos de Leganés, probablemente porque cuando bajó improvisadamente con la bolsa de basura no tenía intención de escapar.

Sorprende que algunos hayan destacado, como si fuera una revelación, que varios de los parientes y amigos de El Chino trabajaran y visitaran la casa de Morata de Tajuña. Es algo muy conocido y probado por testigos, ubicación de teléfonos y grabaciones de muchas conversaciones telefónicas.

Pero el albañil que hacía parte de las obras de esa casa asegura que nunca vio los explosivos. Sí vio a Jamal con un cilindro y unos cables que no sabe identificar. Es imprescindible que se averigüe quiénes eran los misteriosos visitantes que El Chino llevó a Morata en las fechas inmediatamente anteriores a los atentados.

LOS ENIGMAS DEL VEHICULO

Otman Gnaoui ha dado una versión de su viaje a Burgos, el 29 de febrero de 2004, para encontrarse con El Chino, muy llamativa. Lo más impactante fue cuando le preguntaron por el Toyota en el que viajaba teóricamente Jamal Ahmidan en la caravana de los explosivos asturianos. ¿El Toyota? ¿Qué Toyota? vino a decir Gnaoui. «El Chino viajaba en un Golf negro junto a Mohamed, Oulad Akcha». A Kounjaa, otro de los presuntos suicidas, no lo llegó a ver.

Aseguró que no vio lo que transportaba el Golf, y que tampoco vio si descargaban algo en Morata, porque llegó a la casa en una moto y mucho más tarde que El Chino.

Lo que ya puede darse por seguro es que los explosivos no viajaban en el Toyota que paró ese día la Guardia Civil, cerca de Burgos, para multarle por exceso de velocidad. En la foto del radar que está incluida en el sumario puede verse cómo los amortiguadores traseros no están bajos. El coche de la imagen no puede llevar los 200 kilos de explosivos en el maletero. Precisamente, ese simple detalle de un coche con una carga pesada sirve a menudo a la Benemérita para parar y examinar un vehículo en cualquier control.

Un detalle esclarecedor es cuando Gnaoui les tiene que recordar que las conversaciones de su teléfono en ese día estaban siendo grabadas por la Policía. Por cierto, nadie le ha preguntado qué quería decir en una de esas grabaciones cuando Gnaoui aseguraba por teléfono a un amigo que había cambiado el teléfono con Jamal Ahmidan.

Sorprende también que para una operación de esa envergadura -nada menos que el traslado de los explosivos de los atentados- se utilizara a una persona, Gnaoui, conduciendo un coche a pesar de que no tenía carné. Es curioso también observar que Gnaoui nunca se refiere a Jamal Ahmidan como El Chino y, sin embargo, sí se refiere a El Chino cuando habla del hermano de éste.

LA SENSATEZ DE HARRAK

Saed Harrak ha pronunciado en este juicio la frase más sensata de todas las declaraciones.

Es encofrador y siguió trabajando con normalidad antes y después de los atentados en obras de las cercanías de Madrid. Le detuvieron el 5 de mayo de 2004. En la bolsa con la ropa de trabajo que entregó a los agentes el dueño de la obra, la Policía de la comisaría de Leganés no encontró nada relevante: ropa y cintas de casete.

Mes y medio más tarde, la Policía de la Central de Canillas encontraría un sobre con un manuscrito de tres folios que se ha considerado como el testamento de Kounjaa, uno de los suicidados en Leganés. El argumento de Harrak es simple y demoledor: ¿Para qué iba a guardar en un lugar público que estaba al alcance de todos una carta que le involucraba con el 11-M y eso, dos meses más tarde de los atentados y un mes más tarde de la muerte de Kounjaa? «La hubiera quemado o se la hubiera entregado a la familia».

Contra Harrak sólo tienen esa carta y unas llamadas telefónicas con alguno de los implicados. Francamente, muy poca cosa.

Rachid Aglif, el hombre que acompañó a Gnaoui en su viaje hacia Burgos, para ir al encuentro de Jamal Ahmidan, reafirmó la reunión en un McDonald's madrileño, en el otoño de 2003, pero no pudo escuchar que se hablara nada de explosivos. Ninguna novedad. La reunión existió, pero lo más llamativo es que al menos la mitad de sus componentes trabajaban o bien para la Policía, o bien para la Guardia Civil. El juez debe preguntar si la reunión fue monitorizada y si se grabó su contenido. No dejan de ser chocantes las palabras condenatorias de Gnaoui sobre los atentados: «Los autores no deben tener perdón ni aquí ni en el cielo».

Abdelilah Fadoual aburrió al personal con su verborrea incontenible. Pero habló del BMW que usaba El Chino y eso sí es importante.

Era un coche potente, blindado, que tenía hasta televisor. Y aquí hay que tener en cuenta una historia importante. El 5 de diciembre de 2003, la Guardia Civil cortó la carretera de Burgos unos minutos para que pasara una procesión. Uno de los guardias se fijó en el primer coche. Era un BMW tuneado conducido por un marroquí. Se trataba de Jamal Ahmidan.

Al día siguiente, los mismos guardias civiles estaban de patrulla de madrugada. Era sábado. En el kilómetro 87 de la A-1, en sentido Madrid, cerca de Buitrago de Lozoya, vieron al BMW 530 D con matrícula 8195 CMW aparcado. El conductor era el mismo que habían visto el día anterior. El coche estaba averiado. Llegó en ese momento una patrulla en moto de la Guardia Civil de Tráfico. Jamal estaba nervioso e irritado y empezó a meterse con ellos. La cosa llegó a tal punto que le pidieron la documentación y se encontraron con un pasaporte belga a nombre de Yousef Ben Salah con numeración EB 988593.

Se puso tan chulo que los guardias sospecharon y registraron el vehículo. Le encontraron varios cuchillos y una maza, por lo que lo denunciaron por la ley 1/92. Curiosamente, le ayudaron más tarde a trasladar el coche a Madrid. Jamal dio uno de sus dos auténticos domicilios, el de la calle Pozas.

LAS DENUNCIAS SOBRE 'EL CHINO'

Este BMW con Jamal al volante tuvo un accidente con colisión múltiple el 5 de enero de 2004 a las 22.15 en la M-40 madrileña. De nuevo enseñó su pasaporte belga a nombre de Yousef Ben Salah. El mismo que enseñó a la Guardia Civil cuando le multaron el 29 de febrero de 2004, cuando teóricamente venía con los explosivos de Asturias. No se entiende cómo no sonaron las alarmas al reflejarse en las multas ese pasaporte, que era el mismo de la denuncia de Buitrago por posesión de armas blancas. La verborrea de Fadoual no puede enmascarar todos estos datos.

Fouad El Morabit, el joven universitario, desbarató la competencia de El Tunecino como cabecilla de la conspiración. «Sólo decía chorradas y nadie le tomaba en serio». Mohamed Almallah, el encorbatado sirio que se afilió al PSOE, llegó más lejos. Relató que El Tunecino le propuso ir a Irak y él le dijo algo así como vete tú, que yo estoy aquí muy bien.

Los hermanos Almallah son los que pusieron a disposición de los musulmanes del grupo el piso de Virgen del Coro. Era una especie de albergue para el que quisiera usarlo. Moutaz Almallah, detenido en Londres pero aún no extraditado, es la persona que compró el piso del policía Kalaji -el que manipuló los presuntos teléfonos de los atentados-. Lo más curioso de este hombre es el nombre de cinco de sus seis hijos: Sara, Diana, Luckman, Rian y Hertz Elías. No está nada mal para alguien considerado como un peligroso extremista musulmán.

DESCLASIFICACION DE LOS PAPELES DEL CNI

Las sesiones del juicio no han aportado aún nada sustancial. Los nervios de los considerados paladines de la versión oficial nos indican, sin embargo, que los españoles ven cada vez con más escepticismo el espectáculo de unos culpables que no acaban de dar el perfil. Claro que el juicio no ha hecho más que comenzar.

Sobre la desclasificación de los papeles del CNI con la declaración de Emilio Suárez Trashorras es preciso matizar que no aportará nada sustancial al juicio. Cuatro folios y medio de unas conversaciones de más de 12 horas no son significativos. El juez debería pedir el testimonio de cada uno de los policías que estuvieron presentes. O aún más sencillo, que pida la transcripción íntegra de las grabaciones que se hicieron. ¿O es que el CNI ahora interroga a alguien sin grabarle?

Una información de Fernando Mugica publicada por el diario EL MUNDO el domingo 25. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Ser abogado de oficio, el peor oficio de España

Por Narrador - 25 de Febrero, 2007, 6:00, Categoría: Juicio 11-M

«Hija, yo estuve de abogado de oficio en el 11-M. Dedícate a otra cosa». Antonio, abogado defensor de Zouhier, resume de esta manera tan expresiva el honor y la ruina de intervenir en el juicio del año. Un ejemplo: cobran 19 euros por cada 1.000 folios leídos

Antonio Alberca no ha sido de los más madrugadores. Es jueves, 15 de febrero, día inaugural del macro juicio del 11-M. Hasta 49 abogados, entre defensores y acusadores, están citados en la sede que la Audiencia Nacional tiene en la madrileña Casa de Campo, adonde los togados se mudan cuando las dimensiones del juicio desbordan las dependencias habituales, en el centro de la ciudad. Allí se juzgó también lo de la colza y el 23-F.

Antonio Alberca, 39 años, defensor del marroquí Rafa Zouhier, ha llegado en la posición número 37. Más bien de los últimos. Al menos, el funcionario del colegio de abogados que recibe a los letrados en un pequeño cuarto -les recoge los abrigos y les facilita una toga prestada- le ha asignado la prenda que lleva ese número. Hasta que acabe el litigio será el abogado número 37.

Ya uniformado de negro, ha entrado en la sala y se ha sentado en la última fila, a la derecha del tribunal, frente a la pecera blindada donde se concentran los acusados. A un lado tiene a José Luis Abascal, abogado de Jamal Zougam y Basel Ghalyoun; al otro, a Andreas Chararis, defensor de Rachid Aglif.

Aunque lo tape la toga, Antonio está de estreno. Su mujer, antes de hacer las maletas, coger a la niña y poner tierra de por medio camino de su México natal («ahí te quedas con el juicio»), le ha comprado un par de trajes para que luzca presentable ante el tribunal. El que lleva hoy es de color gris Príncipe de Gales.

-Es que a la puerta están los medios y si salgo siempre con el mismo traje va a cundir el tópico del abogado de oficio pobretón, -decía la tarde antes en su despacho.

-Pues yo paso, me arreglo con los que tengo, porque un buen traje cuesta una pasta..., -le salía al paso Mónica Peña, abogada de Carmen Toro, también del turno de oficio.

Los dos y Beatriz Bernal, a la que le ha tocado en suerte la defensa del marroquí Otman El Gnaoui, se quejaban también de que nadie hubiera pensado en instalar un microondas en el recinto. Durante los cuatro meses que al menos durará el juicio -de lunes a miércoles- tendrán que pagarse las comidas en algún restaurante de la zona. «Parece una tontería, pero pongamos que el menú más barato es de siete euros [ha resultado ser de 11], siete por tres días a la semana ya son 21 euros que por la cara tengo que gastar de mi bolsillo», hacía cuentas Antonio.

La justicia española se enfrenta a uno de los mayores retos de su historia, un proceso llamado a depurar responsabilidades del que, hasta la fecha, ha sido el atentado islamista con más muertos en Europa: 192. Dada la entidad del desafío, cabría pensar que a la sala concurrirían las estrellas de la abogacía española, los letrados con más renombre y minuta. Pero resulta que no. Salvo tres contadas excepciones, la veintena de abogados a los que les ha tocado bailar con la más fea, es decir, defender a los 29 señalados como responsables o participantes en el 11-M, pertenecen a despachos medios cuando no modestos. Han pasado de llevar casos de violencia de género, estafas de tarjetas de crédito o robos con fuerza, a ser parte en un juicio histórico, mediático como ningún otro, donde ampararán los derechos de los presuntos malos.

PILARES DE LA JUSTICIA

Y están en esta tesitura porque sus nombres figuran en la lista de abogados que voluntariamente se prestan a asistir a quienes no pueden pagarse un defensor particular. Podría decirse que son los pilares de la justicia gratuita: abogados de oficio. «Es un trabajo altruista y absolutamente vocacional», dice Eduardo García Peña, quien defiende a Brahim Moussaten y ha hecho de portavoz de los togados de oficio. «Es un servicio público, uno está apuntado al turno de oficio como podría estar apuntado a una ONG».

Y tanto. Lo de la ONG hay que leerlo con literalidad. De otro modo no se entiende que lleven más de tres años trabajándose el litigio por una contraprestación ridícula.

Según el baremo por el que se rige el gremio, un abogado de oficio cobra 315 euros por proceso más 19 euros por cada 1.000 folios de sumario. Hecho el cálculo, el montante total ascendía a 2.215 euros o así. No al mes, sino por los tres años de trabajo y los que vengan. «Yo soy muy buena persona, me gusta colaborar y estoy muy contento de estar en el turno de oficio, pero es que mi familia tiene la mala costumbre de comer a diario y algunos días incluso me pide cena», ironizaba Antonio Alberca acerca de la precaria cobertura económica.

De ese ingreso testimonial debía de salir la gasolina para desplazarse a las entrevistas con sus clientes en una prisión cercana a Madrid, si había suerte. O en Alicante, Lugo, Sevilla, Salamanca o Valencia si el defendido había sido encarcelado lejos de la capital. Era el pago también por las horas invertidas en formalizar recursos y sumergirse en un sumario descomunal formado por 93.226 folios. La materia les fue entregada en junio pasado, distribuida en 241 tomos y almacenada en ocho DVD. Mónica Peña y Antonio Alberca, por ejemplo, tuvieron que comprarse un portátil nuevo, bien porque el suyo no tenía lector de DVD o bien porque el disco duro no daba para guardar tanta letra.

El tocho con el que se toparon no era cualquier cosa: puestos en fila de a uno, los más de 90.000 folios darían para cubrir 27,9 kilómetros de distancia y sólo para leerlos se precisarían 1.836 horas de reloj. Sobra decir que ninguno ha llegado a la palabra fin. «A veces me he acostado a las siete de la mañana leyéndolos. Te metías en un tomo y te comenzaba a picar la curiosidad, a ver qué viene ahora... Era un vicio», dice Antonio Alberca quien aventura que ha debido posar sus pupilas por la mitad del sumario y reconoce que ha contado con la ayuda de su defendido, Rafa Zouhier, al que le ha sobrado tiempo en prisión para leer el auto y señalarle las partes más interesantes a su abogado.

Con los ocho DVD recién salidos de fábrica, desbordados, los abogados defensores de oficio hicieron piña y se plantaron el verano pasado. Querían más medios y más dinero y llegaron a pedir que el juicio se aplazara. El pulso con el Ministerio de Justicia lo perdieron, aunque éste les aumentara la minuta hasta los 20.000 euros. «Una cantidad insuficiente», a decir de Eduardo García Peña quien confiesa que si el caso, en lugar de llegar a sus manos por el turno de oficio, lo hubiera hecho por la vía particular no lo habría aceptado por menos de 120.000 euros.

«Cuando veo que Carmen Martínez Bordiú por mover su cuerpo serrano en televisión cobra 24.000 euros por programa me dan ganas de dejar de ser abogado. Y que a la gente eso le parezca normal y no se preocupen de que a los abogados de oficio ni siquiera nos estén pagando... Me parece escandaloso», denuncia Antonio Alberca, quien, a día de hoy, ha recibido unos 3.000 euros como adelanto por su labor de defensor en el 11-M.

Aparte, hace unos meses, el letrado número 37 se dirigió al colegio de Abogados de Madrid para preguntar cuánto le correspondía por las 18 comparecencias que había tenido con su cliente. «Son 36 euros», le dijeron. «Es que las pagamos de diez en diez. Si hubieras llegado a 20 habrías cobrado el doble».

A diferencia de lo que sucede en otros países, como EEUU, donde el abogado de oficio es un profesional que se dedica exclusivamente a ello, en España es una labor voluntaria que se compagina con el trabajo por cuenta propia, que, en definitiva, es lo que les da de comer. Si aparecen en este reportaje, cuentan, es para reivindicar que se dignifique su profesión. («A ver si por una vez mi madre escucha que hablan bien de nosotros»). Para estar en el turno especial de la Audiencia Nacional, donde se lleva el 11-M, han tenido que atestiguar cinco años en el ejercicio de la abogacía y superar cursos muy exigentes. Como prueba de su valía, exhiben el hecho de que ninguno de sus clientes del 11-M ha prescindido de sus servicios por mucho que algún abogado de relumbrón los haya tentado ofreciéndoles la defensa gratis por la publicidad que conlleva el caso.

A los de oficio preparar el litigio sin desatender a sus clientes particulares les ha costado horas de sueño y broncas familiares. «Yo hace muchísimos meses que no sé lo que es un sábado ni un domingo», dice Miguel García Pajuelo, abogado de Mohamed Moussaten e Iván Granados Peña. Desde marzo de 2004 sus jornadas laborales no bajan nunca de las 15 horas diarias. Algunos llevan tres agostos sin vacaciones y siempre que han tratado de tomarse unos días de respiro una inoportuna llamada del juzgado les ha desgraciado el plan. Como la Semana Santa del año pasado. «El miércoles santo me iba de vacaciones», cuenta Beatriz Bernal, «cuando nos llegaron con el auto de procesamiento. "Esto va a ser así siempre, no vamos a poder descansar. Déjalo o dedícale menos tiempo", me planteaba mi marido. Pero yo no podía dejarlo». En las Navidades pasadas, más de lo mismo. Con todo, la vida se les complica especialmente ahora. Teniendo que asistir al juicio tres días a la semana, ¿cuándo van a encargarse de los clientes que sí les pagan?

Quizás indicativo de lo absorbente de su profesión, quizás no, es el hecho de que entre los cinco sólo sumen dos hijos. El pequeño de ellos, Pablo, el bebé de Mónica Peña, eligió mala fecha para venir al mundo. El parto programado estaba previsto para el 8 de junio pasado, justo cuando a la mamá la urgieron para que formalizara el recurso de Carmen Toro. Mónica Peña justificó sus especiales circunstancias y pidió un aplazamiento. «Y me dijeron que me buscara la vida, con lo cual te puedes imaginar el escrito que presenté en nombre de Carmen Toro, una porquería».

VECINA DE ALCALÁ

A todas estas piedras en el camino, se ha unido el handicap de defender a los presuntos responsables de una masacre que hirió profundamente a la sociedad española. Algunos se lo callaron. Sobre todo Beatriz Bernal, que entonces tenía su despacho en Alcalá de Henares, localidad que perdió a 27 vecinos en el atentado.

«No me atreví a decírselo a nadie porque iba en contra del sentimiento de dolor que existía en el pueblo. Finalmente, se lo conté a un vecino cuya hija había resultado afectada. "¿Pero no lo defenderás?", me dijo angustiado. Le expliqué que era mi trabajo, que me había venido por el turno de oficio y él lo entendió». Ella misma, la mañana del 11 de marzo de 2004, pensaba coger el tren en Atocha camino de Alcalá bien temprano. Cambió de planes a última hora.

Antonio Alberca, en principio, no se lo dijo ni a su propia esposa, también abogada. «Se lo oculté por si temía por mí, para que no sufriera. De hecho, cuando acabé confesándoselo me aconsejó que fuera muy discreto: "A ver si nos va a pasar algo"». Unos días después, en su casa entraron a robar y la duda de si aquello no tendría algo que ver con el 11-M sobrevoló la estancia. El disgusto hizo que a la esposa se le adelantara el parto. En cierto modo, un alivio para Antonio porque el nacimiento estaba fechado para el 11 de marzo de 2005. «Voy a estar tan marcado que hasta el cumpleaños va a coincidir con el 11-M», pensaba.

La misma fecha, el día del primer aniversario, Miguel García Pajuelo encendía velas de duelo en la plaza del pueblo madrileño donde vive cuando sonó el móvil. Era Alá, el padre de su defendido. «Y lo atendí perfectamente. No se puede mezclar una cosa con la otra», dice.

Lo que a ninguno les quitará nadie es haber escrito parte de uno de los episodios más importantes de la historia judicial española. Antonio, a su hija se lo contará así: «Hija, yo estuve de abogado de oficio en el 11-M. Dedícate a otra cosa».

650 TESTIGOS, 200 PRUEBAS DE ADN, 300 AGENTES...

Es el juicio del mayor atentado islamista acontecido en suelo europeo. Está previsto que finalice en julio. Estos son los datos más significativos del macro proceso.

ACUSADOS. Son 29. Los 19 que están en prisión siguen el juicio desde una pecera blindada. Los 10 restantes desde la sala. Se enfrentan a una petición de 270.600 años de cárcel.

ABOGADOS. Suman 49 entre abogados defensores (26) y los 23 representantes de las acusaciones particulares y populares (AVT, Asociación 11-M y Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M).

VÍCTIMAS: La sala habilitada para ellas cuenta con 150 plazas. Les acompañan psicólogos y personal sanitario. El atentado dejó un balance de 192 muertos y 1.824 heridos.

PRUEBAS: Se han realizado 60 careos, 30 ruedas de reconocimiento, una veintena de comisiones rogatorias, 200 pruebas de ADN, 50 inspecciones oculares, 25 inspecciones de vehículos, medio centenar de dactiloscopias y casi 50.000 operaciones de rastreo telefónico.

TESTIGOS: Un total de 650 testigos y 98 peritos están llamados a declarar.

SEGURIDAD: El Ministerio de Interior ha activado el nivel intermedio (2) de alerta incluido en el Plan de Prevención y Protección Antiterrorista. Además, 300 agentes velarán por la seguridad del juicio.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN: 140 periodistas de varios países cubren el juicio desde la sala de prensa y 250 desde el exterior. Hay 17 pantallas de plasma repartidas por el edificio para que periodistas y víctimas sigan el proceso.

DURACIÓN: El juicio se desarrolla de lunes a miércoles -excepcionalmente habrá sesiones los jueves- y está previsto que acabe en julio.

ABOGADOS

ANTONIO ALBERCA PÉREZ

“Muchas veces me he quedado hasta las siete de la mañana leyendo el sumario”

Abogado de Rafa Zouhier.

39 años, 12 en ejercicio, 10 en el turno de oficio.

Suele llevar casos de estafas, atracos, algún homicidio...

MÓNICA PEÑA MAESO

“Tuve que formalizar el recurso de Carmen Toro casi dando a luz”

Defiende a Carmen Toro.

34 años, 10 ejerciendo, seis en el turno de oficio.

Ha dedicado tres horas diarias de media al caso.

BEATRIZ BERNAL GAIPO

“El proceso del 11-M me ha costado más de una bronca familiar”

Abogada de Rachi Aglif.

45 años, 20 en ejercicio, 12 en el turno de oficio.

Desde que aceptó el caso, lleva tres años sin vacaciones.

EDUARDO GARCÍA PEÑA

“A un cliente particular no le cobraría menos de 120.000 euros por este juicio”

Abogado de Brahim Moussasten.

40 años, lleva 17 ejerciendo y 15 en el turno de oficio.

Llevó la defensa del llamado asesinato del rol.

EDUARDO GARCÍA PEÑA

“A un cliente particular no le cobraría menos de 120.000 euros por este juicio”

Abogado de Brahim Moussasten.

40 años, lleva 17 ejerciendo y 15 en el turno de oficio.

Llevó la defensa del llamado asesinato del rol.

Una información de Ana María Ortiz publicada por el diario EL MUNDO (Suplemento CRONICA) el domingo 25. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 26 de Febrero de 2007 (EL PAIS)

Por Narrador - 23 de Febrero, 2007, 9:30, Categoría: Juicio 11-M

  

La marca indeleble de El Egipcio

Una señal en la frente y una grabación desvelan su fanatismo religioso y su relación con el 11-M

Madrid - La primera vez que Mohamed el Egipcio se sentó ante un juez español lo hizo con los pantalones remangados para no contaminarse con el suelo impuro. Luego pidió con lágrimas en los ojos que le devolvieran el reloj que la policía le había quitado porque sólo así podría saber la hora exacta para rezarle a su Dios. Ayer, El Egipcio se esforzó en parecer un hombre moderado y tranquilo, tan distinto de aquel que llegó detenido de Italia hace año y medio. Sin embargo, un tercer detalle, sin duda el que más impresionó entonces a los funcionarios de la Audiencia Nacional, seguía ayer marcando su rostro.

El juez Gómez Bermúdez pide que sienten al acusado ante él. El Egipcio no es un cualquiera. No sólo por la gravedad de los cargos que pesan sobre él, también por su porte innegable de ulema, de doctor de la ley mahometana. Su barba cuidada y el vuelo de sus manos, que acompaña sus palabras con precisión, contrastan con la actitud carcelaria que adoptan los demás acusados en la habitación de cristal blindado. Emilio Suárez Trashorras, el ex minero asturiano acusado de proporcionar el explosivo, no deja de morderse las uñas, cuando no de meterse el dedo en la nariz. Lleva unas zapatillas nuevas, blancas y azules, a las que en prisión les han quitado los cordones para evitar malas tentaciones. Rafá Zouhier, el delincuente y confidente policial que puso en contacto a los dueños de la dinamita con los autores de los atentados, ensaya en silencio la declaración que dentro de unas horas tendrá que dramatizar ante el tribunal. El Egipcio responde tranquilamente a las preguntas de su abogado.

-¿Cuando llamó a su amigo a Bélgica estaba usted escuchando una cinta de La Caravana de Los Mártires?

-Sí, son cánticos religiosos, sin música, pero no tienen relación con la guerra santa. Hablan de la tragedia de los musulmanes en Bosnia. En Egipto los venden hasta en los puestos callejeros de verduras.

"No se entiende nada"

El Egipcio y su abogado, Endika Zulueta, han estado varios días escuchando diversas grabaciones realizadas por la policía italiana en los dos pisos que el acusado ocupó en Milán. "Las he escuchado cinco veces y lo único que está claro es que no se entiende nada. Hay mucho ruido. En cualquier caso, la voz que se oye no es la mía". El Egipcio sólo reconoce ante el juez una grabación telefónica mantenida el 24 de mayo de 2004 con su amigo Mourad Chabarou, actualmente encarcelado en Bélgica por delitos relacionados con el terrorismo islamista. "Yo le pregunté si se había enterado de lo que había ocurrido en España y él me dijo que no. Yo le dije: ¿pero estás loco? Todo el mundo sabe lo que ha pasado. Nuestros amigos de Madrid están implicados...".

Es lo único que reconoce. Dice que si consultó con dos de los ulemas principales de Qatar y de Arabia Saudí fue sólo para preguntarles por un asunto doméstico -si podía casarse con otra mujer antes de satisfacer la deuda que mantenía con la anterior- y se define como un hombre arruinado, sin ni siquiera un euro para tomar café. "Me gustaría decirle a la Sala", dice al principio de su declaración, "que mi paso por Europa ha sido una tragedia: la situación económica, el fracaso de mi matrimonio... Mi paso por Europa ha sido dramático".

Malos tratos continuados

Tras la declaración de El Egipcio, la Sala se llena de la palabra tortura. Tanto Mohamed Bouharrat como Mohamed Moussaten se retractan de todo lo que dijeron ante la policía y lo atribuyen a los malos tratos continuados que sufrieron. "La policía me golpeaba en la cabeza", aseguró Bouharrat, "la tenía roja e hinchada, pero el forense de la Audiencia Nacional, que era un hombre viejo y no veía bien, no se daba cuenta de nada". Moussaten, que sólo contestó a las preguntas de su abogado, dijo que en los interrogatorios -"en los que también participó un policía marroquí encapuchado"- me decían que me iban a cortar las manos, que me iban a caer 40 años de cárcel, por eso declaré contra mi tío [Youssef Belhadj, uno de los considerados cerebros del 11-M]".

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, tiene que interrumpir la sesión varias veces por problemas en la traducción o por papeles que no aparecen. Aprovecha esos segundos para bajar del estrado y dirigirse a las víctimas, a las que ha notado inquietas ante la confusión que les producen ciertas declaraciones. Les dice que todo va bien. Que los juicios son así. Se tranquilizan y le agradecen el detalle de cercanía.

El Egipcio lo observa todo desde detrás del cristal blindado. Sus ojos verdes traspasan a quien tenga el valor de confrontar su mirada. En su frente, la marca indeleble de su fe, el rastro del golpe repetido de su cabeza contra la alfombrilla extendida en el suelo. Fue eso lo que impresionó a los funcionarios de la Audiencia Nacional que lo vieron por primera vez. No sus pantalones remangados para no contaminarse. Tampoco el reloj perdido y con él la puntualidad en la oración. Ni siquiera la magnitud de su supuesto crimen. Sino esa marca que cada día, ante el espejo, le recuerda quién es.

LA VISTA AL DÍA

Rafá Zouhier, el confidente de la Guardia Civil

Hoy declara Rafá Zouhier, que el 17 de marzo contó a la Guardia Civil que El Chino estaba detrás de los atentados. Acusado de colaboración y suministro de explosivos.

EL EGIPCIO, ANTE SUS CONVERSACIONES GRABADAS

Rabei Osman, El Egipcio, al que la investigación judicial y policial sitúa como uno de los líderes intelectuales de los atentados del 11-M, volvió a declarar ayer en relación con las conversaciones grabadas en su piso de Milán donde se atribuía la preparación de la matanza de los trenes. Sólo contestó a las preguntas que le formuló su propio abogado y se negó a responder al resto

"Mi estancia en Europa ha sido dramática, una tragedia. No he tenido suerte,

mi matrimonio fracasó..."

"Yo sí oía la cinta de la Caravana de los Mártires, una cinta de cantos sin instrumentación, que no tiene relación con la yihad, sino que habla de la tragedia de los musulmanes en Bosnia-Herzegovina"

"Yo he contestado con transparencia, aquí y en Italia, incluso cuando allí me interrogó la CIA durante siete horas"

"La voz de la cinta donde se dice que soy el hilo conductor de los atentados de Madrid no es la mía y las traducciones son defectuosas"

"Yo le dije a Mourad Chabarou que nuestros amigos de Madrid estaban implicados, que Serhane [El Tunecino] y Fouad habían muerto porque lo había visto en las noticias"

Un texto de Pablo Ordaz publicado por el diario EL PAIS el martes 27 de febrero. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El sobrino de un presunto cerebro calla para no relacionarlo con Al Qaeda

Madrid - Las contradicciones fueron insalvables. Mohamed Moussaten, sobrino de Youssef Belhadj, uno de los considerados cerebros del 11-M, se negó ayer a contestar a las preguntas del fiscal y de todos los demás abogados, a excepción del suyo, para no implicar a su tío en Al Qaeda. Alegó que si implicó a su tío fue porque tenía miedo y que la policía le presionó y le amenazó. Sin embargo, eso no explica por qué ratificó ante el juez sus acusaciones y las mantuviera en un careo con su tío, ni cuadra con el hecho de que a pesar del supuesto miedo se negara a firmar el acta de entrada y registro de su casa. Por su parte, Mohamed el Egipcio, durante su declaración se autocomparó con el Papa Benedicto XVI para justificar sus propios errores.

Las acusaciones realizadas por Moussaten contra su tío en sus declaraciones ante la policía y ante el juez del Olmo en febrero de 2005 eran casi imposibles de levantar. Youssef Belhadj, según la fiscalía, es Abu Dujanah, presunto portavoz de Al Qaeda, la persona en cuyo nombre se reivindicó el 11-M. Mohamed llegó a decir que su tío estuvo en España en febrero de 2004 y que se marchó de Madrid una semana antes de los atentados. En esa época, según el sobrino, estuvo con Abdelmadid Bouchar -uno de los presuntos autores materiales de la colocación de las bombas en los trenes y que fue quien avisó a los suicidas de Leganés de la presencia de la policía-, con Mohamed Afalah -otro de los presuntos autores materiales que supuestamente se ha suicidado en Irak- y con varios jóvenes más. Agregó que en diciembre de 2004 estuvo en Bélgica en casa de su tío y que éste le dijo que pertenecía a Al Qaeda.

Moussaten, además, relató que en una ocasión presenció cómo su tío obtuvo un taco de billetes de 50 euros, a través de la Mezquita de Bruselas y que tenía como finalidad ayudar a hacer la yihad en Afganistán. Precisó que su tío le invitó a hacer la yihad, pero que a él no le interesó. Indicó que su tío no le dijo quién estaba detrás de los atentados de Madrid, pero le comentó que le parecía poco lo que había pasado.

Acusaciones en un careo

Por si eso no fuera poco, el tribunal, a instancias del fiscal y alguno de los letrados de la acusación, acordó la lectura de la ampliación de su declaración, del 28 de abril de 2005, en la que voluntariamente manifestó que su "palabra es la misma, pero que delante de Youssef no puede mantener lo que ha dicho". Lo más curioso es que Mohamed mantuvo sus acusaciones en un careo que mantuvo con su tío ante el juez.

Su hermano Brahim Moussaten en lo único que había implicado al tío era en que estuvo en España hasta la semana anterior a los atentados. El fiscal pide 8 años de prisión para Mohamed y 6 para Brahim, por colaboración con banda armada.

Rabei Osman, El Egipcio, concluyó ayer la declaración iniciada el 15 de febrero, el del comienzo de la vista. Reconoció como entonces la conversación telefónica mantenida el 24 de mayo de 2004 con Mourad Chabarou, otro islamista condenado por terrorismo en Bélgica, pero reinterpretando su contenido, que calificó de intrascendente.

Si en la transcripción de la conversación El Egipcio había dicho a Mourad que los atentados de Madrid habían sido idea suya y que habían muerto Serhane el Tunecino y Fouad el Morabit, ayer dijo que le informaba de lo que había ocurrido, porque Mourad no se había enterado de lo que había ocurrido. "Tú estás loco, lo sabe todo el mundo. ¿Cómo es que no lo sabes tú?", dice que le preguntó. "Nuestros amigos están implicados en los atentados de Madrid. Le dije que Serhane murió y Fouad también", explicó. Una nueva versión poco creíble y que tampoco explica las conversaciones grabadas con micrófonos ambientales, aunque para esas su explicación es sencilla: Niega que la voz de las grabaciones sea la suya.

El Egipcio se comparó con el Papa. "El Papa del Vaticano, que es la más alta autoridad católica en el mundo, es un hombre cultísimo y cuando habló del islam y de los musulmanes hubo protestas, él pidió disculpas y los musulmanes le han perdonado. Yo tampoco he tenido intención de hacer daño, sino de comentar unos hechos históricos. Hubo una confusión, pero cualquier persona puede equivocarse". Tan sencillo como eso, si el Papa se equivocó y le han perdonado, él también y reclama comprensión y perdón.

También declaró ayer Mohamed Bouharrat, que no supo explicar por qué sus huellas y fotos estaban en la casa de Leganés. Para hoy, el plato fuerte será el confidente Rafá Zouhier.

Un texto de J. Yoldi y J. A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el martes 27 de febrero. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: EL MUNDO (23 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 23 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

El fiscal pide unir al 11-M el informe de la 'operación Pipol' sobre Goma 2 ECO

MADRID.- La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido al tribunal del 11-M que incorpore al sumario un informe de la Policía Científica en el que consta que el explosivo que se intervino en 2001 en la operación Pipol era Goma 2 tipo ECO, según informa Efe.

La Audiencia Provincial de Asturias condenó el pasado 31 de enero a José Emilio Suárez Trashorras y a Antonio Toro, procesado por el 11-M, a 10 años de prisión por sendos delitos de tenencia y tráfico de explosivos y contra la salud pública. La sentencia consideró probado que ambos se dedicaban ya en 2001 a vender drogas y explosivos.

Por otra parte, el fiscal antidroga de Asturias, José Perals, ha solicitado hoy prisión provisional para Suárez Trashorras, imputado en el 11-M alegando su «peligrosidad, riesgo de fuga y la posibilidad de reiteración delictiva», según informa Patricia del Gallo. El fiscal había solicitado además prisión provisional para Toro.

Información publicada por el diario EL MUNDO el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Tres acusados de integrar una célula gemela a la del 11-M niegan reuniones con 'El Tunecino'

El tribunal aparta a Larbi ben Sellam al estar ya acusado de lo mismo en el juicio por la masacre

MADRID.- Eran el otro camino hacia el 11-M. Los ocho presuntos islamistas que desde ayer se sientan en el banquillo integraban a principios de 2003 una célula adoctrinada por Mustafá Maimouni y El Tunecino cuyo objetivo era atentar contra España, según el fiscal de la Audiencia Nacional Pedro Rubira.

La detención de Maimouni tras los atentados de Casablanca llevó a la célula a la situación de durmiente. Sin embargo, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, uno de los suicidas del 11-M, ocupó el papel de Maimouni y reclutó por otras vías a los islamistas que finalmente atentaron en Madrid. Las informaciones que sobre ambos grupos ofreció el confidente Cartagena no bastaron a la Policía para impedirlos.

La prueba más evidente de la similitud entre ambas células es Mohamed Larbi ben Sellam. El marroquí declaró el miércoles en la Casa de Campo como presunto integrante del grupo del 11-M, y ayer volvió a sentarse en el banquillo por su relación con los islamistas arrestados en la operación Nova.

El tribunal, a petición de su defensa, acordó suspender el juicio por lo que se refiere a Allouch hasta que se resuelva el de los atentados de Madrid. Según explicó su abogado con humor, más que para evitar el non bis in idem, para evitar un non tris in idem, puesto que también está encausado en un tercer sumario.

Al margen de las declaraciones de los implicados -tres intervinieron ayer-, el momento culminante del juicio llegará con la declaración del imam, confidente policial y testigo protegido Abdelkader Farssaoui, Cartagena. Sus informaciones a la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) afectaban tanto a los acusados en el juicio iniciado ayer, como a muchos implicados en el 11-M. Espoleados por la masacre de Madrid, los jueces Juan del Olmo y Baltasar Garzón se repartieron en diferentes sumarios a los vigilados por Cartagena arrestados en las sucesivas operaciones Nova.

En su escrito, el fiscal Rubira indica que en febrero 2003 tuvo lugar en Estambul una reunión de los líderes de grupos islamistas del norte de Africa -Libia, Marruecos, Túnez- en la que acordaron que era legítimo extender la yihad allí donde vivieran los muyahidin. Estos objetivos -que en principio apuntaban especialmente a Marruecos- cambiaron tras el «alineamiento» de la política exterior de España con Estados Unidos.

El fiscal pide 10 años para siete de los acusados y 12 para Faisal Allouch, al que considera responsable económico del grupo.

Allouch fue el primero en declarar. Aparentemente, el marroquí no está en sus cabales. Su obsesión durante el sufrido interrogatorio del fiscal -con la paciente ayuda de la presidenta del tribunal, Manuela Fernández de Prado- fue acusar a todos los que le rodeaban de estar a sueldo de los servicios secretos marroquíes; desde su mujer hasta su abogado, pasando por su antena parabólica. Los forenses de la Audiencia están pendientes de concluir una pericial psiquiátrica sobre Allouch.

Allouch, en cualquier caso, lo negó todo, al igual que Abderrazak Azzi y Abdelkrim Ouazani, en cuyas casas, según el fiscal, se mantenían semanalmente las reuniones de adoctrinamiento.

Tanto Ouazani como su primo Mohamed Ouazani se desdijeron ante Fernando Grande-Marlaska de lo declarado ante Garzón, y denunciaron presiones policiales. Azzi, por su parte, acusó a Cartagena de haber robado en su local y de estar enemistado con él.

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: ABC (23 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 23 de Febrero, 2007, 7:50, Categoría: Juicio 11-M

   

La fiscal pide incluir el análisis de la Goma 2 ECO con DNT de la «Pipol» en el Rollo del 11-M

MADRID. La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha solicitado al Tribunal del 11-M -la Sección Segunda de lo Penal, presidida por Javier Gómez Bermúdez-, que incorpore al Rollo de Sala de esta causa los análisis de los explosivos intervenidos en 2001 durante la «operación Pipol». La Audiencia Provincial de Asturias condenó a once años y seis meses y diez años de cárcel, respectivamente, a Antonio Toro y a José Emilio Suárez Trashorras, ambos juzgados ahora por la matanza de los trenes y acusados de haber proporcionado a los islamistas la dinamita con la que se cometió la matanza.

De hecho, el ex minero Suárez Trashorras es el procesado que se enfrenta a la mayor petición de pena del fiscal y el único que está considerado cooperador necesario en el peor atentado terrorista de la historia de España.

Para la Fiscalía resulta relevante que ya en 2001 Trashorras guardara en su garaje de Avilés Goma 2 ECO que robaba de «Mina Conchita» y, sobre todo, que esa dinamita, ya entonces, estuviera contaminada por dinitrotolueno (DNT), tal como sucede en el caso de la dinamita intervenida durante las investigaciones del 11-M.

Cinco técnicas

El informe pericial de la «Pipol» que la Fiscalía quiere incorporar a las actuaciones de la matanza que ahora se juzga, recoge que se emplearon cinco técnicas analíticas sobre una muestra de 3,8 gramos de «una sustancia apelmazada de color beis», que no era otra cosa que parte de la Goma 2 ECO intervenida en el garaje de Trashorras, cuyo uso compartía con su cuñado Toro.

Los resultados de los análisis fueron concluyentes: esa sustancia apelmazada estaba compuesta de nitrato amónico, nitrocelulosa, ftalato de dibutilo, dinitroetilenglicol, dinitrotolueno (DNT) y almidón. Resulta llamativo que en la última prueba pericial practicada sobre los explosivos del 11-M y los restos recogidos en los focos de las explosiones se llega a la conclusión de que la dinamita empleada por los islamistas tiene exactamente los mismos compuestos químicos.

Es significativo igualmente que ya entonces apareciera el DNT en los cartuchos de Goma 2 ECO de «Mina Conchita», fabricados por la empresa UEB en sus instalaciones de Páramo de Masa (Burgos). Tal como adelantó ABC, la explicación de que apareciera DNT tanto en 2001 como en los explosivos empleados por los islamistas en 2004 es que en esa instalación se elaboraba de forma alternativa Goma 2 EC, que suele llevar asociado ese compuesto, y Goma 2 ECO, en la que no es frecuente su presencia, pero no incompatible. Fue precisamente esa alternancia en la producción la que produjo la contaminación, que en cualquier caso no afecta a las propiedades de la Goma 2 ECO, por lo que sólo se podía detectar con unos análisis en los que se emplearan unas técnicas tan avanzadas como las que ha usado para sus pericias la Comisaría General de Policía Científica.

La Sala, si así lo decide, puede pedir un informe a la empresa que suministraba Goma 2 ECO a «Mina Conchita» para que aporte todos los detalles sobre ese proceso de producción. Además, el informe definitivo de la prueba pericial recogerá cómo se produjo la contaminación.

Presentados a destiempo

Los resultados de los análisis de la «operación Pipol» no fueron finalmente incorporados a ese sumario ya que el presidente de la Sala los consideró «muy anteriores» a la calificación provisional del fiscal, y si no los había aportado hasta entonces, en el acto del juicio oral «no era el momento procesal oportuno». En cualquier caso, la prueba pericial se hizo sobre una muestra indubitada, por lo que está perfectamente demostrado que se trataba de Goma 2 ECO.

Aunque no hay informes que vinculen directamente esa dinamita con «Mina Conchita», la pericia realizada entonces demuestra que ya en 2001 había partidas de Goma 2 ECO contaminadas con DNT, sustancia que, según algunos, determina necesariamente la presencia de Titadyne o de otras dinamitas, pero en ningún caso de la citada Goma 2 ECO. Los resultados de la prueba desmienten ese extremo, lo mismo que los análisis realizados a los explosivos recuperados a los islamistas de la matanza de Madrid.

Más pruebas

El análisis de la «Pipol» vendría a reforzar para la Fiscalía la acusación contra la trama asturiana como la única que facilitó la dinamita, que descartaría definitivamente la vinculación de ETA con los atentados de Madrid. Lo mismo sucede con el último informe pericial, del que aún quedan por conocer algunos de sus resultados, aunque no se esperan sorpresas. El informe completo será expuesto por los mismos expertos que intervinieron en la pericia durante la vista oral.

La Sección Octava de la Audiencia Provincial de Asturias condenó a Suárez Trashorras a 10 años de prisión por sendos delitos de tenencia y tráfico de explosivos y contra la salud pública por su implicación en la «operación Pipol». Asimismo, Antonio Toro fue condenado a una pena de 11 años y seis meses de prisión por los mismos delitos.

En concreto, la resolución judicial impuso a Trashorras seis años de cárcel por tenencia y tráfico de explosivos -dos menos de lo solicitado por el fiscal- y cuatro años más por venta de drogas, así como una multa de 218.000 euros, mientras que condena a Toro a seis años por el primer delito y a cinco años y seis meses por el segundo, además de al pago de la misma sanción económica que su cuñado.

El fiscal del caso aseguró en su momento que «la importancia de la sentencia» de cara al juicio del 11-M es «evidente, a la vista del escrito de acusación de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que arranca precisamente con los hechos de la «Pipol»».

A partir del próximo martes comenzarán a prestar declaración ante el Tribunal del 11-M los miembros de la trama asturiana. El primero en hacerlo será Rafa Zouhier, ex confidente de la Guardia Civil y después de él será el turno del ex minero, seguido de su cuñado Antonio Toro.

Un texto de N. Villanueva y P. Muñoz publicado por el diario ABC el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Abren pieza separada en la «Nova» para un procesado por la matanza de Madrid

MADRID. La Audiencia Nacional abrió ayer pieza separada en la «operación Nova», que la Sección Primera de lo Penal comenzó a juzgar ayer, para Larbi ben Sellam, también uno de los 29 procesados por el 11-M y al que se conoce como «El Mensajero». Esta decisión supone que se le aparta de esta causa hasta que se conozca la sentencia por la matanza de los trenes, con el fin de que no sea juzgado dos veces por el delito de integración en organización terrorista.

En la sesión de ayer, tres de los ocho acusados de integrar una célula islamista acusada de haber decidido atentar contra intereses españoles, entre ellos la propia Audiencia Nacional, negaron haber celebrado reuniones en sus domicilios y negocios para ver vídeos sobre la yihad y preparar atentados terroristas. El fiscal, en su escrito de acusación, consideró a este grupo el antecedente inmediato de la célula del 11-M y de hecho estuvo «dormida» hasta que se «reactivó» con motivo de la matanza.

El fiscal pide 12 años para Faisal Allouch, al considerarlo dirigente de la célula, junto con Larbi Ben Sellam, mientras que para el resto -Abderrazak Azzi, Abdelkrim El Ouzzani, su primo Mohamed, los hermanos Noureddine y Azzedine Bullid, Samir Ben Abdellah (imán de Alcorcón) y Khalid Zeimi Pardo- solicita 10.

Allouch, imputado pero no procesado por el 11-M, negó haber mantenido reuniones con el resto de los acusados en la tienda de rótulos que regentaba en Villaverde (Madrid), si bien señaló que alguna vez había visto a alguno de ellos en su casa. «Estas reuniones que hice yo en mi casa no eran para este tema [preparar acciones terroristas]. Mi casa es una vivienda no una sala de reuniones de muyahidines», aseveró Allouch, quien culpó a «los servicios secretos de España» de estar sentado en el banquillo. La Fiscalía asegura que el segundo líder de esas reuniones era Serhane «El Tunecino».

Un texto de N. Villanueva y P. Muñoz publicado por el diario ABC el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

   

Juicio 11-M: EL PAIS (23 de Febrero de 2007)

Por Narrador - 23 de Febrero, 2007, 7:40, Categoría: Juicio 11-M

  

El Gobierno acepta desclasificar un informe del CNI sobre el 11-M que tampoco vincula a ETA

Trashorras sólo habló de islamistas en una entrevista ante un agente del servicio secreto

Madrid - El Gobierno ha decidido desclasificar el informe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) elaborado el 19 de marzo de 2004, a raíz de la visita que uno de sus miembros, con residencia en Oviedo, realizó a Avilés en compañía de cuatro policías para entrevistarse con el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, entre el 15 y el 18 de marzo de 2004, con el PP aún en el poder. El Ejecutivo socialista acepta así la petición del tribunal de la Audiencia Nacional que está juzgando desde hace 10 días el 11-M. La desclasificación se producirá el viernes de la próxima semana, dado que la Audiencia Nacional aún no ha tramitado la solicitud.

El informe del CNI detalla en un folio y cuarto, sin firma y con la clasificación de "confidencial", el encuentro de casi tres días en el que el ex minero ahora procesado facilitó abundante información sobre unos islamistas, "unos moros de Madrid", que, según creía, perpetraron el 11-M, ya que los había oído enaltecer el 11-S mientras trapicheaba con ellos y les contaba que tenía explosivos a disposición.

Trashorras no mencionó a ETA ni que los islamistas de los que sospechaba tuvieran relación con etarras, según los tres policías que firmaron su detención el 18 de marzo y el comisario que dirigió el viaje, tal y como figura en los escritos oficiales obrantes en el sumario. Sí escriben, en cambio, que el ex minero procesado citó expresamente a un tal Mowgli, identificado como Jamal Ahmidan, El Chino, con quien había trabado contacto a través de "otro marroquí al que conoce como Rafá", Zouhier.

Copia del documento

La existencia del informe del CNI era ya conocida, y de hecho figura una referencia a él en el folio 79.385 del sumario. En esa página se asegura que, además de los informes sobre las entrevistas con Trashorras elaborados por la policía que obran en poder de la Unidad Central de Inteligencia, existe "una copia de un informe del CNI sobre dicho tema, de fecha 19 de marzo de 2004, clasificado como confidencial, que igualmente coincide con lo que figura en las diligencias policiales y judiciales". Y se añade: "En ninguno de los documentos se hace referencia alguna a las referencias sobre afirmaciones de José Emilio Suárez Trashorras en relación con posibles contactos o conocimientos de Jamal Ahmidan, alias Mowgli, con etarras o detenidos por pertenencia a ETA, legales o liberados".

Pese a ello, los impulsores de la teoría de la conspiración que intentan involucrar en el atentado a policías, guardias civiles, servicios de información españoles y extranjeros, a ETA e incluso al PSOE, han exigido la desclasificación de esos documentos del CNI. Y ahora el tribunal ha accedido a ello, a petición de la defensa de Zouhier.

Todo el enredo se basa en que el ex minero, que llegó a contarle a sus padres que si El Mundo le pagaba estaba dispuesto a contar "hasta la Guerra Civil", declaró en una entrevista con ese periódico que El Chino le había dicho que conocía a los etarras que habían sido detenidos en Cañaveras con un cargamento de 500 kilos de explosivos.

El juez Juan del Olmo, instructor de la causa, ya solicitó al CNI que se levantase el velo sobre el documento, pero se le emplazó a que lo solicitase al Gobierno. También lo pidió de forma "urgente" en enero el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, para que el documento pudiera estar antes del comienzo de la vista oral. El director de la agencia, Alberto Saiz, le comunicó que el procedimiento era solicitarlo al Ejecutivo.

No es urgente

La petición al Gobierno para que desclasifique la nota, una vez comenzada la vista, ya no se considera urgente, según indicaron fuentes de la Audiencia Nacional. Es una prueba pertinente y fue aceptada, pero no es necesaria hasta dentro de unos meses, cuando sea el turno de la prueba documental.

La solicitud se está cursando siguiendo lo que marca la Ley de Secretos Oficiales, que exige una exposición razonada y un auto judicial, que explique que la desclasificación no afecta a la seguridad del Estado, que tampoco se va a revelar cómo trabajan los servicios secretos y se va a proteger la identidad del agente que elabora la nota, entre otras cuestiones.

El tribunal trabajará mañana en el borrador, y el lunes por la tarde se remitirá al presidente de la Audiencia, Carlos Dívar para seguir el trámite. Éste consiste en su envío al presidente del Tribunal Supremo y del Poder Judicial, Francisco José Hernando, para que a su vez lo haga llegar al ministro de Defensa, José Antonio Alonso, quien, si lo considera oportuno, lo pasará al consejo de Ministros.

Aunque Trashorras puede declarar la tarde del martes o la mañana del miércoles, el documento no corre prisa. Incluso aunque el abogado de Zouhier ponga el grito en el cielo reclamando indefensión. Como el que interviene en los hechos es el propio Trashorras, puede aclarar, por medio del interrogatorio lo que quiera. Trashorras, según han informado fuentes de las defensas, no piensa contestar ni al fiscal ni a las acusaciones, por consejo de su abogado.

LA VISTA DEL LUNES

El Egipcio declarará por las grabaciones en Italia

Mohamed el Egipcio volverá a declarar el lunes, una vez que ha escuchado las grabaciones que le hicieron en Italia, en las que se atribuye los atentados de Madrid.

EL JUICIO DEL 11-M, AL DÍA

Un informe del CNI de la detención de Trashorras tampoco habla de ETA

El Gobierno ha accedido a desclasificar un informe del CNI sobre la detención de José Emilio Suárez Trashorras, en el que se señala que éste implicó en los atentados a unos "moros de Madrid", pero ni siquiera citó a ETA.

Los informes de explosivos siguen dando Goma 2 Eco

La fiscal ha incorporado a la causa del 11-M los informes de la Goma 2 Eco intervenida a Trashorras en 2001, contaminada de DNT como la de la matanza.

La fiscalía pide el archivo del 'caso del ácido bórico'

La fiscalía cree que los policías acusados de falsificación no deben ser juzgados. La ley exige que el fiscal o la acusación particular acusen, y ambos piden el archivo.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Los explosivos intervenidos a Trashorras en 2001 eran iguales a los de los trenes

Madrid - La fiscal Olga Sánchez, en una sagaz maniobra, incorporó ayer a la causa del 11-M el informe oficial sobre el análisis de los 16 cartuchos de Goma 2 Eco que fueron intervenidos a José Emilio Suárez Trashorras en 2001, en la denominada Operación Pipol. Y las pruebas son concluyentes: se trata de una Goma 2 Eco un tanto especial, ya que se encuentra contaminada con dinitrotolueno (DNT). Los peritos señalaron que los cartuchos del ex minero asturiano estaban compuestos de nitrato amónico, nitrocelulosa, ftalato de dibutilo, dinitroetilenglicol (nitroglicol), almidón y DNT.

Exactamente la misma composición que los explosivos sin estallar que fueron encontrados en la Renault Kangoo -en la que se trasladó parte de las bombas desde la infravivienda de Chinchón hasta la estación de Renfe de Alcalá de Henares-, de la bolsa bomba desactivada en el Parque Azorín en Vallecas, del explosivo recuperado en la vía del AVE en Mocejón (Toledo), y en el explosivo intacto recuperado del piso de la calle Carmen Martín Gaite de Leganés, donde se volaron los siete suicidas causando la muerte del geo Francisco Torronteras.

Contaminación de fábrica

Además, las muestras de los focos de las explosiones, según el informe provisional sobre explosivos encargado por el tribunal, han dado como resultado la existencia de nitroglicol y de dinitrotolueno. Estos componentes de la Goma 2 Eco fabricada por la Unión Española de Explosivos (UEE), en la fábrica de Páramo de Masa, han sido encontrados en los trenes de la estación de Atocha, en la calle Téllez, en la estación de El Pozo y en la estación de Santa Eugenia.

El dinitrotolueno no es un componente específico de la Goma 2 Eco, pero según la fábrica, los restos que aparecen en los explosivos intactos -en cantidades inferiores al 1%- obedecen a una contaminación en sus tolvas, ya que ese producto se utiliza en la fabricación de otros explosivos.

De modo que precisamente la presencia de dinitrotolueno determina que el explosivo de los islamistas sea el mismo que el fabricado por la UEE, vendido a la Mina Conchita de Asturias, robado por Suárez Trashorras y cambiado por drogas al jefe operativo del comando, Jamal Ahmidan, El Chino.

Obviamente, la presencia de esa sustancia descarta también que los explosivos del 11-M sean Titadyne, puesto que su composición, según figura en la página web de la empresa Titanite es: nitrato amónico -entre el 62 y el 68%-, dinitroetilenglicol (nitroglicol) -entre el 25 y el 29%- y nitrocelulosa, en cantidad inferior al 2%. Ni rastro de DNT.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un acusado del 11-M, apartado de otro juicio hasta que se falle el primero

Madrid - La Audiencia Nacional acordó apartar a Mohamed Larbi Ben Sellam -uno de los acusados por el 11-M- del juicio que comenzó ayer contra nueve presuntos integrantes de una célula islamista, detenidos en la Operación Nova, "en tanto no sea resuelto" el proceso que éste tiene pendiente por los atentados de Madrid.

La Sección Primera de la Sala de lo Penal adoptó esta decisión a instancias del fiscal Pedro Rubira, que realizó esta petición al considerar que Lardi Ben Sellam no puede ser juzgado en este nuevo proceso hasta que no se resuelva el juicio del 11-M, en el que también se le acusa de un delito de pertenencia a organización terrorista.

Tanto su defensa como la de los otros ocho acusados se adhirieron a la petición del fiscal y no mostraron inconveniente alguno a que este acusado sea apartado del proceso.

Larbi Ben Sellam fue trasladado a los calabozos de la Audiencia mientras continuaba la vista contra el resto de acusados por pertenencia a la célula de la corriente salafista de los Grupos Islámicos Combatientes Magrebíes creada entre finales de 2002 y febrero de 2003 en Madrid por Mustapha El Maimouni. En el juicio están acusadas también dos personas que estuvieron imputadas por el 11-M, aunque finalmente no fueron procesadas, Faisal Allouch, quien estuvo más de un mes en prisión por los atentados de Madrid, y Khalid Zeimi Pardo.

Reuniones para la 'yihad'

El fiscal Rubira sostiene en su escrito de acusación que El Maimouni, preso en Marruecos por los atentados de Casablanca del 16 de mayo de 2003, comenzó a captar marroquíes para convertirlos al islamismo radical y utilizarlos en la yihad.

Así, comenzó la captación con su cuñado Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Sarhane el Tunecino, uno de los siete terroristas que se suicidaron en Leganés tras los atentados del 11-M; su amigo Mohamed Larbi Ben Sellam; y Faisal Allouch, que se ocupaba de las finanzas.

Allouch, para el que la fiscalía pide 12 años de cárcel, reconoció haber participado en reuniones en su vivienda, pero negó que éstas estuviesen dirigidas a adoctrinar al resto de procesados para realizar la yihad, así como que El Maimouni actuase como líder en las mismas.

Durante todo el interrogatorio, Allouch acusó a los procesados de colaborar con "los servicios secretos" para controlarle desde que dejó Marruecos. "Vine a España sin saber que el servicio secreto me estaba manejando desde el primer momento", relató el procesado, quien aseguró entre sollozos que estando ya encarcelado le revelaron que su mujer también colaboraba con ellos.

Texto publicado por el diario EL PAIS el viernes 23. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL MUNDO)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 8:00, Categoría: Juicio 11-M

Dos acusados ratifican que unos desconocidos estuvieron en Morata los días previos al 11-M

Ayer se acentuaron algunas de las incógnitas que rodean a los atentados: Harrak negó que su amigo Kounjaa le hubiese entregado la carta de despedida que apareció en la comisaria de Canillas. Además, otros dos implicados corroboraron que personas no identificadas estuvieron en Morata la semana previa.

MADRID.- La quinta jornada del juicio del 11-M fue un repaso sobre la figura de Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo de la célula y uno de los siete suicidas de Leganés. En él se centraron los interrogatorios a su primo, Hamid Ahmidan, Rachid Aglif y Abdelilah Fadoual Akil, acusados por la Fiscalía de pertenecer al grupo terrorista.

Pese a que sólo respondió a su defensa, la declaración más interesante fue la última de la jornada, la de Hamid. El primo de El Chino fue detenido el 25 de marzo. En el interrogatorio relató que cuatro o cinco días antes había llevado a su primo a Leganés. Le había dejado en una rotonda próxima al piso franco de la célula, lo que daba a las Fuerzas de Seguridad una pista de su escondite una semana antes del suicidio colectivo.

El marroquí también relató su trabajo en la finca de Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Allí estuvo haciendo chapuzas junto al también procesado Otman Gnaoui. Allí vivían de manera continua El Chino y los suicidas Abdenabi Kounjaa y Rifaat Anuar, además de Mustafá Hadad. Los dos obreros no dormían allí ni comían con el resto.

Según declaró ayer, Hamid nunca vio armas ni escuchó explosiones, pero sí observó que cuando entraba en la habitación en la que estaban los otros, éstos escondían «algo que tenían en la mano y que tenía cables». Tras su detención, dijo ante el juez que lo que vio era muy similar a los detonadores que le mostraban.

A primeros de marzo, Jamal le dijo que no volviera en una semana porque «una mujer y su familia» iban a estar viviendo allí. Regresó pasado ese tiempo, pero se encontró con un candado nuevo en la verja y un coche desconocido. Un Toyota Corolla que provenía, supuestamente, de la trama asturiana. «Ven mañana», le dijo Jamal. Volvió, pero su primo le dijo que el trabajo se había acabado.

Tras la masacre, estuvo en la finca cuatro o cinco días, hasta el día en que Jamal le pidió que le llevara a Leganés. No volvió a verle.

La jornada de ayer, se abrió con el interrogatorio a Rachid Aglif. El amigo de El Chino explicó al tribunal la transformación del suicida tras pasar por una prisión marroquí. Si antes se le podía describir como «un conocido de la noche madrileña», a su regreso, en el verano anterior a los atentados, «estaba más serio, más consigo mismo». «¿Se había vuelto extremadamente religioso?», insistió el fiscal Carlos Bautista. Aglif fue lacónico pero contundente: «Sí».

Sobre el súbito silencio telefónico entre ambos entre el 11-M y el 17 de marzo, respondió: «Supongo que estaría haciendo sus cosas, luego se ha visto lo que hizo ese hombre».

Rachid fue uno de los asistentes a la reunión en un McDonald's en la que, supuestamente, comenzó a hablarse de intercambio de hachís por dinamita. Allí estaban, por un lado, él y Rafá Zouhier, que llegaron juntos. Por otro, Emilio Suárez Trashorras y su mujer, Carmen Toro, junto a un tercer español, que no reconoció como Antonio Toro. Por parte de la célula llegaron tres suicidas: El Chino y los hermanos Oulad. Según su versión, Carmen y él se mantuvieron al margen de las conversaciones.

También dijo que había mentido ante Del Olmo para vengarse de Zouhier por las supuestas «burradas» que éste contó al juez y que le habían acabado enredando en el 11-M.

A preguntas de su abogado, Andreas Chalaris, el marroquí concluyó su declaración asegurando que no es una persona religiosa -«llevo aquí 17 años y no he leído ni una palabra en árabe»- y condenando «rotundamente» los atentados.

El segundo interrogado de la mañana, el menudo Abdelilah Fadoual, se presentó nervioso ante el micrófono e hizo una declaración torrencial. Cada pregunta de la fiscal era seguida de una aturdidora parrafada que incluía la respuesta a esa pregunta y por lo menos a otra docena.

Fadoual reconoció una visita el 3 de marzo a la casa de Morata. Según explicó, para recoger un Volkswagen Golf en el que supuestamente se habían transportado los explosivos desde Asturias. Según dijo, pudo ver varios coches estacionados en la finca. Aseguró que El Chino no le dejó entrar ni le permitió dejar el Golf allí aparcado unos días, como él le había pedido.

Tras ofrecer varias y largas explicaciones sobre quién le llamó para decirle que lo fuera a buscar, el tribunal le pidió que lo aclarara de manera precisa «¿Hicham o Jamal?». Ni aun así. «Es que la cosa está muy mezclada, lo digo para que lo sepa...».

LOS CONTACTOS CON JAMAL AHMIDAN

RACHID AGLIF

El presunto hombre de confianza de Jamal Ahmidan, 'El Chino', reconoció ayer ante el tribunal haber asistido a una reunión a finales de octubre de 2003 en un restaurante McDonald's de Carabanchel a la que acudieron varias personas, entre las que más tarde reconoció al ex minero José Emilio Suárez Trashorras y su ex mujer Carmen Toro y donde se habló, según dijo, de la venta de hachís pero no de explosivos.

ABDELILAH FADOUAL

El marroquí reconoció ayer durante la quinta sesión del juicio haberle comprado a 'El Chino' un Volkswagen Golf, que recogió el 1 de marzo de 2004 en la finca de la localidad madrileña de Morata de Tajuña, donde según la investigación se prepararon mochilas-bomba. Además, admitió haber proporcionado a Ahmidan un BMW que condujo hasta Madrid desde Ceuta.

HAMID AHMIDAN

El primo de 'El Chino' explicó ayer haber visto a Jamal Ahmidan y a otro de los suicidas de Leganés manipular «un aparato con cables» en el interior de la finca de Morata de Tajuña, donde acudió junto a uno de los acusados, Otman Gnaoui, y un carpintero de nombre Mustafá para hacer «unas chapuzas».

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Harrak niega que el suicida Kounjaa le entregase la carta que apareció en Canillas

Dos imputados corroboran que días antes del 11-M hubo en la casa de Morata personas que 'El Chino' no permitía ver a nadie

MADRID.- El presunto miembro de la célula del 11-M Saed Harrak aseguró ayer ante el tribunal que no sabe nada de la carta de despedida del suicida Abdenabi Kounjaa, aparecida en su bolsa de trabajo un mes después de la explosión de Leganés. El procesado negó que se la hubiera entregado la última vez que vio a su compañero de trabajo, la noche antes de los atentados.

La carta llegó a manos de la Policía por medio del jefe de Harrak en la obra en la que trabajaba. Después de la detención, este hombre se desplazó a la comisaría de Leganés para entregar una bolsa de deportes con efectos personales de su empleado. Contenía, según había revisado él mismo y se comprobó en la comisaría, 26 cintas de casette, algunas con anotaciones en árabe, un CD y ropa.

La carta no fue encontrada hasta que la bolsa fue a parar a Canillas, la sede central de la Policía. Según informó recientemente EL MUNDO, el informe allí elaborado concluía diciendo: «Revisados los efectos recibidos, en un bolsillo lateral de la bolsa de deportes se encontró un sobre blanco, de pequeño tamaño, conteniendo en su interior tres cuartillas cuadriculadas, con escritura manuscrita en idioma árabe. Dicho sobre y las cuartillas no figuran en la relación de efectos remitidos por la Comisaría de Leganés».

Ayer, Harrak consideró absurdo guardar en un lugar tan poco seguro y de fácil acceso a otras personas una carta tan comprometida. Más aún cuando ya había pasado más de un mes desde el suicidio de Kounjaa. Según explicó, lo lógico al descubrir algo así sería deshacerse de ello inmediatamente o hacérselo llegar a su familia, y no conservarlo.

Buena relación

Harrak conoció a Kounjaa en el verano de 2002 y mantuvo con él una buena relación. La última vez que le vio fue apenas unas horas antes del atentado. En la noche del 10 de marzo, el suicida fue a casa de Harrak casa para devolverle algunas herramientas de trabajo. La pregunta del fiscal Carlos Bautista fue tan directa como la respuesta: «¿Le dio esa noche la carta de despedida?» «No».

Cuando el fiscal le pidió una explicación sobre el hecho de que apareciera en su bolsa de trabajo, Harrak sugirió que, dado que compartían el coche con el que iban a trabajar, Kounjaa podía haberla dejado allí para que él la descubriera y se la hiciera llegar a su familia.

Harrak negó que Kounjaa le pareciera una persona especialmente religiosa. «En ningún momento me habló de la yihad», dijo.

Donde sí se habla de la guerra santa es en el supuesto testamento de Kounjaa a su familia: «Vuestro padre tenía moral y pensaba mucho en la yihad [...]. Os pido que tengáis fe en Dios y que sigáis a los hermanos muyahidin en todo el mundo».

Al margen de la carta-testamento, Harrak vivió durante un tiempo en Mocejón, donde la célula terrorista colocó el explosivo contra el AVE. La Fiscalía considera especialmente sospechosos los dos desplazamientos de Harrak a la zona apenas cuatro días antes del 11-M. Según el escrito de acusación, lo hizo acompañado de Kounjaa, y mantuvo contactos telefónicos con los también suicidas Rachid y Mohamed Oulad Akcha, que supuestamente participaron en la colocación del explosivo.

Respondió que nunca inspeccionó las vías sino que sólo veía pasar el tren desde el campo en el que estuvo empleado sembrando cebollas.

El marroquí también reconoció algunos contactos con tres suicidas que no había admitido anteriormente ante Del Olmo. Según dijo ayer, «por miedo». Aseguró no conocer a El Chino, pese a que sus teléfonos sí llegaron a contactar. También afirmó que nunca había estado en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que entre los escombros aparecieran papeles de un coche suyo, explicó que se lo había comprado a Kounjaa y que aún tenía pendientes trámites.

Harrak es el único presunto integrante del grupo terrorista que se encuentra en libertad. Un error de plazo del juez y de la fiscal impidió prorrogar la prisión provisional.

ORDEN EN LA SALA: ZOUHIER, EXPULSADO

El presidente del tribunal que juzga el 11-M, Javier Gómez Bermúdez, expulsó ayer de la sala de vistas al acusado Rafá Zouhier, que comparece en el habitáculo blindado por estar en prisión. Antes de hacerlo, el magistrado dijo: «Estoy harto de sus gestos». Gómez Bermúdez adoptó esta decisión cuando el abogado de Zouhier, Antonio Alberca, interrogaba al acusado Rachid Aglif, 'El Conejo', presunto lugarteniente de 'El Chino'.

Tras un descanso de unos minutos en la sesión, el presidente del tribunal autorizó a Rafá Zouhier a regresar a la sala blindada. Ya el pasado lunes, el tribunal ordenó a Zouhier, ex confidente de la Guardia Civil para el que la fiscal pide 20 años de cárcel, que se sentara en el primer banco del recinto y que se situaran diversos agentes de Policía entre el público para evitar que se produjeran tensiones y enfrentamientos entre los acusados y las víctimas.

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El mensajero de 'El Egipcio' niega siquiera conocerle

Larbi será juzgado hoy por otra causa, en la que declarará 'Cartagena'

MADRID.- Asegura que ni siquiera le conoce. Mohamed Larbi ben Selam, a quien la fiscal Olga Sánchez atribuye la condición de mensajero de El Egipcio, declaró ayer que nunca coincidió personalmente con el presunto ideólogo del 11-M. «Sólo conozco a su cuñado, que vivía en su casa», señaló.

El Ministerio Público sostiene que Larbi era el encargado de transmitir el material propagandístico y de adoctrinamiento de El Egipcio a la célula islamista que atentó en Madrid. Pide para él 27 años de prisión por integración en organización terrorista e inducción al suicidio.

La acusación por este segundo delito se basa en que Larbi, presuntamente, coordinaba una trama para enviar muyahidin a Irak. Entre estos suicidas se encontraría, según el relato de la fiscal, Mohamed Afalah, uno de los presuntos autores materiales del 11-M, que huyó del cerco policial de Leganés. La Policía informó en mayo de 2005 al juez Del Olmo de que Afalah podría haberse inmolado en un atentado en Kerbala (Irak).

Larbi confesó que conocía a Afalah, pero negó que le hubiese adoctrinado para el suicidio o que le recomendase desprenderse de sus bienes antes de viajar a Irak vía Turquía. A este respecto, dijo que había sabido de la posible muerte de Afalah a través de un amigo y de la Policía.

Larbi tampoco admitió conocer a El Tunecino -al que también se le vincula- ni a ninguno de los suicidas de Leganés. De entre los presuntos autores, reconoció una relación superficial con Basel Ghalyoun y con el huido Said Berraj. A Jamal Zougam dijo conocerle «de vista». También desmintió que se desplazase a Cataluña tras los atentados para facilitar la huida del comando que colocó las bombas.

Asimismo, Larbi rechazó que hubiese estado alguna vez en el piso de Leganés. Sobre el hecho de que una huella dactilar suya apareciese en un Corán encontrado allí, Larbi explicó que él solía tocar el libro sagrado cuando entraba en una mezquita, por lo que -dijo- los suicidas quizá lo tomasen de una de ellas.

Muchas de las preguntas de acusaciones y defensas giraron en torno a otro juicio que se celebra hoy en la sede ordinaria de la Audiencia Nacional. Larbi está también acusado de integrar una célula terrorista, dirigida por Mustafá Maymouni (el cuñado de El Tunecino al que ayer dijo conocer).

Según el escrito del fiscal Pedro Rubira, de ese grupo salafista (Larbi se desvinculó ayer de este movimiento) también habrían formado parte los implicados en el 11-M El Egipcio, El Tunecino, Said Berraj, Mohamed Afalah y Jamal Zougam, por lo que los hechos que se juzgan están estrechamente vinculados con la matanza de Madrid.

La célula fue desmantelada gracias a las confidencias del imam Cartagena. Éste, que declarará como testigo, estuvo informando desde octubre de 2002 a la Policía y al CNI de los movimientos del grupo que atentó el 11-M.

Una información de Joaquín Manso publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Intenta fugarse de Córdoba un preso islamista tras un 'vis a vis'

CORDOBA.- Un preso interno de la cárcel de Córdoba, Mohamed Idrissi, perteneciente al Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), intentó fugarse del centro el pasado lunes intercambiándose con su tío, que tiene el mismo nombre, durante un vis a vis al que también acudió la madre del preso.

El intento de fuga se produjo sobre las 19.00 horas, cuando el detenido tenía concertado un encuentro con sus familiares. Al finalizar la visita, los funcionarios de la prisión llamaron a Idrissi para tomarle las huellas dactilares y conducirlo nuevamente a su celda. Tras realizar dicha prueba, los funcionarios detectaron que la persona que regresó del encuentro no era el preso, sino su tío, mientras que Idrissi permanecía en la sala de vis a vis.

La madre y el tío fueron detenidos y puestos a disposición judicial, informa Efe.

El Gobierno desclasificará el informe del CNI

El Gobierno desclasificará el informe del CNI relativo a una información aportada como confidente por José Emilio Suárez Trashorras, atendiendo a la providencia dictada por la Audiencia Nacional. Dicho informe se refería a unas declaraciones del ex minero en las que aseguraba que 'El Chino' le dijo que conocía a los dos etarras de la 'caravana de la muerte'.

Prorrogan la prisión para Belhadj y Almallah

El tribunal que juzga el 11-M acordó prorrogar dos años más la prisión provisional de Youssef Belhadj, supuesto autor intelectual de los atentados, y de Mohamed Almallah, considerado miembro de la célula dirigida por 'El Tunecino'.

Información publicada por el diario EL MUNDO el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (LA RAZON)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:50, Categoría: Juicio 11-M

Tres suicidas pactaron con la «trama asturiana»

Rachaid Aglif declara al tribunal que, además de «El Chino», estaban los hermanos Oulad Akcha. Otro procesado admite que estuvo en la finca de Chinchón diez días antes, aunque no vio a ninguno de los miembros de la célula islamista

MADRID - A la reunión celebrada el 28 de octubre de 2003 en un McDonalds del barrio madrileño de Carabanchel, donde presuntamente se pactó la entrega de los explosivos utilizados en el 11-M a cambio de hachís, no sólo asistió uno de los suicidas de Leganés, Jamal Ahmidan «El Chino». Otros dos, los hermanos Mohamed y Rachid Oulad Akcha, también acudieron a esa cita que supuso el primer cara a cara de la «trama asturiana» con la célula islamista. Así lo declaró ayer en el juicio por los atentados de Madrid el procesado Rachid Aglif, «mano derecha» de «El Chino», quien indicó que éste estaba acompañado en esa ocasión por dos personas «delgadas y altas» que posteriormente identificó fotográficamente con los hermanos Oulad. Esta versión contradice la mantenida por la Fiscalía en su escrito de calificación, según la cual sólo asistieron a esa cita seis personas, entre ellas Ahmidan, el propio Aglif, el confidente Rafa Zouhier y el minero José Emilio Suárez Trashorras, pero no los hermanos Oulad Akcha.

De blanco inmaculado, Aglif, apodado «El Conejo», contestó cada vez más nervioso a las preguntas que le formuló el fiscal Carlos Bautista. Señalado como la «mano derecha» de «El Chino», lo primero que hizo fue negar que fuese una persona de confianza de Ahmidan. Y cuando salió a colación la reunión de Carabanchel, confirmó que asistió acompañado de Zouhier pero negó que fuese él quien, como mantiene la fiscal, le propuso a Suárez Trashorras que les vendiese 60 kilos de explosivos a cambio de droga.

Contradicciones

A partir de ese momento, Aglif (que se enfrenta a 27 años de cárcel por integración en organización terrorista y cooperador necesario en el transporte de los explosivos) comenzó a contradecir sus declaraciones ante el juez Juan del Olmo. Para empezar, precisó que «El Chino» no estaba en el piso de Zouhier cuando a éste le explosionó, antes de los atentados, un detonador que manipulaba. «Lo dije en venganza porque Zouhier ha dicho tres mil barbaridades de mí y por eso estoy sentado aquí, para que le metieran el marrón», aseguró notablemente soliviantado. Pero a Aglif, sobre todo, le comprometen el «tráfico fluido» de llamadas con «El Chino». Una de ellas se produjo el 28 de febrero de 2004, cuando Ahmidan estaba en Avilés a la espera de recoger los explosivos. Ese intercambio de llamadas se interrumpió abruptamente del 9 al 17 de marzo de 2004, como se encargó de recordarle la letrada María Ponte en representación de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo. «Como se hablaba que era uno de los que ha atentado en Madrid», arguyó el acusado. «Pero eso no se supo hasta el 3 de abril» (cuando se suicidó en Leganés con otros seis terroristas), le interrumpió la abogada. Aglif replicó que Ahmidan «estaría haciendo sus cosas, como luego se ha visto, y por eso no tuvo tiempo de contactar conmigo». «El Conejo» -que se mostraba cada vez más gesticulante e inseguro- negó que guardara armas en casa («las metralletas y todo ese rollo sólo las he visto en las películas»). Y se abonó a dos explicaciones ya escuchadas por boca de otros procesados.

En primer lugar, contó que acudió a la tienda de Zougam en Lavapiés porque vendía más barato. Y poco después aseguró que solo vio tres veces al procesado Mouhannar Almallah Dabas (que reincidió con su corbata amarilla, esta vez combinada con camisa roja) cuando éste acudió a su carnicería del barrio madrileño de Antón Martín para arreglarle, cómo no, un frigorífico. «No pinto aquí nada. No sé de qué va esto», entonó tras proclamar su inocencia. Cuando regresó a la «pecera», se sentó detrás de Rafa Zouhier, pero ni se miraron a la cara y no cruzaron palabra el resto de la vista.

El «show» de «El Enano»

El segundo de los cinco procesados que ayer declararon ante el tribunal, Abdelilah El Fadual El Akil, otro de los colaboradores de «El Chino», reconoció que visitó la finca de Morata donde se montaron los explosivos diez días antes del 11-M, pero no vio allí a ningún miembro de la célula islamista. Acudió, explicó con un hablar atropellado inasequible al cansancio, a recoger un Volkswagen Golf que compró a Ahmidan, el vehículo en el que se habían trasladado los explosivos desde Asturias a Madrid unos días antes. Pero él, insistió, no lo sabía. «Si lo sé cambio la tapicería, que vale doce euros», dijo al tribunal. El acusado -apodado «El Enano»- se apresuró a negar que fuese una de las personas de confianza de «El Chino» y relató que fue en una ocasión al domicilio de los hermanos Oulad Akcha para venderles ropa y les sorprendió viendo en un ordenador imágenes de Ben Laden. «Ellos se reían de mí porque estaba asustado les decía que no quería verlo porque era delito», contó.

En sus prolijas explicaciones -que encadenaba mirando de soslayo al presidente del tribunal, que ya le había instado a ir al grano, y advirtiendo que no quería «que el señor se enfade conmigo» -negó que falsificara documentos para facilitárselos a «El Chino».

Sin embargo, no dio una explicación convincente a las numerosas llamadas telefónicas entre él y «El Chino» y los hermanos Oulad Akcha. Eso sí, condenó, como todos sus compañeros de banquillo, los «salvajes» atentados de Madrid.

Zouhier, expulsado de la «pecera»

Los frecuentes gestos y sonrisas del confidente policial Rafa Zouhier colmaron ayer la paciencia del presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, que terminó por ordenar su expulsión de la «pecera», el habitáculo blindado donde siguen el juicio los 19 procesados presos. El procesado está acostumbrado a regalar sus gestos a diestro y siniestro y ni siquiera la fiscal Olga Sánchez se ha librado en estas primeras sesiones de los efectos de su personalidad expansiva, poco adecuados para un juicio. El primer aviso «sonó» muy pronto. «Señores agentes, a Rafa Zouhier lo quiero en la última fila pegado a la pared», ordenó el magistrado. Pero como la declaración de su amigo Aglif no contribuía a su tranquilidad y los gestos continuaban, Gómez Bermúdez interrumpió a su abogado cuando le estaba interrogando. «Se expulsa a Zouhier momentáneamente de la sala. Señores agentes, bájenle al calabozo. Ya estoy harto de sus gestos». Tras el siguiente receso, sin embargo, el acusado fue «indultado» y volvió a la «pecera». Nada más sentarse, juntó las manos en señal de perdón mirando a unos magistrados que ignoraron su penúltima pantomima. Y es que Aglif, al sentirse traicionado por su amigo Zouhier, no ahorró ayer calificativos para echarle en cara sus «chorradas». «El Conejo» negó que Zouhier acudiese a reuniones religiosas. «Ha sido un fiestero desde siempre. De religión nada». Y explicó que no se enteró de que era confidente policial. «Me sorprendió y me hubiera gustado que detuvieran a esa gente».

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El excarcelado por un error judicial estuvo con un presunto autor horas antes del 11-M

El Harrak niega que uno de los suicidas le diera la carta de despedida que fue hallada en su bolsa

Madrid - De lo dicho, nada de nada. Saed El Harrak se sentó ayer frente al tribunal del 11-M con una frase -«tenía miedo»- y un montón de declaraciones judiciales por rectificar. «Ahora lo digo todo. Yo no he hecho nada para tener miedo», dijo de buenas a primeras cuando las contradicciones con las palabras que escuchó el juez Del Olmo en sus diez horas de declaración judicial eran más que flagrantes.

El procesado, que quedó en libertad el 10 de mayo del pasado año cuando ni el juez ni la fiscal solicitaron la prórroga de su prisión provisional, comenzó por revelar a la sala un hecho hasta ahora desconocido. Uno de los suicidas de Leganés y presunto autor material de los atentados, Abdennabi Kounjaa, le visitó en su domicilio de Parla la noche del 10 de marzo, horas antes del 11-M. «Vino a entregarme una caja de herramientas que le dejé», explicó. Pero no fue la única vez, porque tres días antes, el 7 de marzo, viajó junto a Kounjaa al pueblo toledano de Bargas para llevar un coche a un garaje. «Tenía miedo a que me llevaran a la cárcel. Lo negué todo por eso», adujo para justificar por qué no había relatado antes estos hechos.

Ya lanzado, contó que trabajó plantando cebollas en otro pueblo toledano, Mocejón, cerca de las vías del AVE Madrid-Sevilla donde se produjo un atentado frustrado el 2 de abril de 2004. Pero negó que fueran él y Kounjaa quienes colocaran los explosivos.Tampoco ofreció una explicación demasiado creíble cuando el fiscal le recordó que en una bolsa que guardaba en la taquilla de su trabajo (una empresa de encofrados de Alcorcón) apareció un manuscrito que resultó ser el «testamento» de su amigo Kounjaa, en el que éste se despedía de su familia por carta asegurando que no soportaba vivir «humillado y débil ante los ojos de los infieles y los tiranos». «Como me dejó un par de semanas su coche y se lo devolvía el fin de semana, a lo mejor puso la nota en mi bolsa. A mí no me entregó ninguna carta». Además de Kounjaa, el procesado (para quien la Fiscalía pide doce años de cárcel) mantuvo un «intenso» contacto telefónico con otros tres suicidas de Leganés: los hermanos Oulad Akcha y Rifaat Anuar. Pero en este caso achacó esas llamadas al hecho de que dejara en ocasiones su móvil al terrorista fallecido en Leganés.

«Me querían hacer comer carne de cerdo»

El cuarto de los procesados en comparecer ayer, Larbi Ben Sellam, siguió la estela de El Harrak y se rectificó a sí mismo. «Yo declaré muchas cosas, pero no ciertas», aseguró. Y aunque achacó sus declaraciones ante el juez Del Olmo a las presuntas torturas de la Policía, sorprendió a la sala cuando contó que los agentes le amenazaban «con que me iban a hacer comer carne de cerdo». Con esa máxima, Ben Sellam (controlado por la Policía desde 2002) negó que fuese el «mensajero» de «El Egipcio» y que ayudase a escapar a tres de los terroristas huidos tras los atentados. Sí reconoció que hizo llegar un teléfono móvil a la familia de uno de ellos (según la fiscal para que se despidiera antes suicidarse en Irak), pero sin saber que fuera a cometer un atentado.

El acusado ofreció una peregrina explicación al hecho de que un libro en árabe con sus huellas se hallara entre los escombros del piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas. “Es un libro del Corán. Siempre rezo los fines de semana en la mezquita de Villaverde. Cojo el Corán y lo leo. No tengo otra explicación”.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Ahmidan, primo de «El Chino», le vio manipular un «aparato con cables»

Madrid - Hamid Ahmidan, acusado de colaboración con organización terrorista y tráfico de drogas, sólo contestó ayer a preguntas de los abogados de la defensa y al suyo propio, Andrés Arévalo, para afirmar que no sabía nada de los atentados pese a que estuvo trabajando en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan, que se enfrenta a una pena de 23 años y seis meses de prisión, es primo de Jamal Ahmidam «El Chino». En su declaración relató cómo éste le consiguió un trabajo como «chapuza» en la finca de Morata de Tajuña. Ahmidan declaró que un día entró en la casa de la finca y vio a «El Chino» y a los que estaban allí manipulando un «aparato con cables», que dejaron de tocar en cuanto le vieron llegar; que él abandonó la casa y continuó con su trabajo en la finca. Además, relató que el día de los atentados no fue a trabajar a la finca, pero que sí lo hizo el día siguiente y cuatro o cinco veces después de la masacre. En dos ocasiones vio a «El Chino» en la finca, pero no a otras personas que solían estar por allí, informa Servimedia.

Una información de C. M. publicada por el diario LA RAZON el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL ABC)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:40, Categoría: Juicio 11-M

  

Un primo de «El Chino» le vio manipular un artefacto «con cables» en Morata

MADRID. La última declaración de la sesión de ayer del juicio del 11-M aportó nuevos datos de enorme interés sobre la autoría islamista de los atentados. Fue el primo de uno de los autores materiales de la matanza -en concreto de Jamal Ahmidan, «El Chino», jefe operativo de la célula-, quien a preguntas de su defensa describió cómo a finales de febrero de 2004 vio a este individuo manipular un artefacto «con cables» en la finca de Morata. En ese lugar, y desde principios de febrero de 2004, él realizaba trabajos de reforma -«chapuzas», según dijo-, junto al también procesado Othman el Gnaoui y un carpintero de nombre Mustafá.

Hamid Ahmidan explicó que la escena se produjo un día que bajó desde la primera planta de la vivienda, en la que hacía unas reformas, hasta el salón para ir a beber agua. En ese momento vio a su primo y a varios de los que luego se suicidaron en Leganés manipular un objeto cilíndrico del que salían «unos cables». Al verle, el grupo ocultó el artefacto. Hamid Ahmidan no le dio importancia, entre otras cosas porque, según declaró, nunca vio hacer pruebas con dinamita en la casa, ni oyó disparos, ni detectó ningún tipo de arma.

Una semana

Pero Hamid Ahmidan aportó otro dato interesante. Explicó que a finales de febrero su primo le dijo que no volviera hasta pasada una semana, con la excusa de que iban a pasar unos días en la casa «una mujer y su hijo».

Pasado ese tiempo -corrían los primeros días de marzo-, Hamid regresó a Morata, pero no pudo entrar en la finca porque habían puesto una nueva cerradura. Tocó el claxon de su coche y salió su primo, que le dijo que no podía atenderle porque estaba «acompañado», y le pidió que ya no regresara, ya que de momento «no había trabajo». Había otro detalle importante, que le llamó la atención: en la puerta estaba aparcado un Toyota Corolla, igual al del ex minero José Emilio Suárez Trashorras y que, según la investigación, fue utilizado para el transporte de la Goma 2 ECO desde Asturias a Madrid. Una prueba más que confirma de dónde procede el explosivo de la matanza.

Separados por no rezar

Hamid Ahmidan, como el día anterior Othman el Gnaoui, situó también a buena parte de la célula del 11-M en la mencionada casa de campo -citó expresamente a uno de los hermanos Oulad, a Abdenabbi Kounjaa y a Rifaat Anouar- y aportó algunas pinceladas muy significativas. Así, explicó que ninguno de los dos comía con los ocupantes de la finca, «porque no nos dejaban, ya que no rezábamos». Precisó que sin embargo Mustafá, el carpintero, sí lo hacía.

Hamid añadió que el último día que vio a su primo fue el 20 o 21 de marzo -ya era buscado por la Policía, aunque él lo desconocía- después de recibir una llamada suya en la que le pedía que fuera a recogerle al Puente de Vallecas porque se le había estropeado su coche. Hamid lo llevó a Leganés -precisamente la localidad donde los miembros de la célula del 11-M habían alquilado un piso, en el que después se suicidaron- y desde aquella tarde no volvió a saber de él.

Hamid Ahmidan vivía en Madrid con su primo Rachid, en la actualidad preso en Italia por tráfico de estupefacientes. Precisamente cuando el primero de ellos fue detenido se intervinieron en la vivienda 59 kilos de hachís y 32 de éxtasis, así como una importante cantidad de dinero en efectivo. Las investigaciones judiciales y policiales sostienen que la célula del 11-M se financiaba con el dinero procedente del tráfico de drogas.

Ayer, Hamid Ahmidan aseguró que sabía que su primo Hachim se dedicaba a traficar con drogas. Pero añadió que no sabía que había droga en la casa que compartían y, evidentemente, aseguró que él no se dedica a esa actividad.

Desclasifican los papeles del CNI sobre Trashorras

El Gobierno desclasificará el documento del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con la información aportada en su día como confidente por el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, según informaron fuentes gubernamentales. El Tribunal que juzga los atentados del 11-M dictó el pasado lunes una providencia en la que volvía a instar al Ministerio de Defensa a desclasificar un documento del CNI que se refiere a una supuesta información aportada por el ex minero Trashorras acerca de que Jamal Ahmidan «El Chino» le dijo que conocía a los dos miembros de ETA de la «caravana de la muerte».

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Aglif confirma la reunión de «El Chino» y Trashorras para la compra del explosivo

MADRID. La quinta sesión del juicio por el 11-M arrancó ayer con la declaración de Rachid Aglif, alias «El Conejo», considerado hombre de confianza de Jamal Ahmidan «El Chino» y de Rafa Zouhier y uno de los partícipes en las reuniones que estos mantuvieron en Madrid con los miembros de la trama asturiana. En perfecto castellano, el acusado negó toda relación con los atentados.

En la que ha resultado la jornada más distendida de la vista oral -algunas de las explicaciones ofrecidas por los procesados lograron arrancar las primeras carcajadas del público-, tres fueron las palabras más empleadas por Aglif para tratar de convencer al Tribunal de la Audiencia Nacional de su inocencia: «Burradas, tonterías, barbaridades», términos todos ellos referidos a las declaraciones con las que procesados (en especial Rafa Zouhier) y testigos le han relacionado con el 11-M.

«Un amigo más»

A preguntas del fiscal Carlos Bautista, que se estrenó en el juicio con el interrogatorio a este procesado, Rachid Aglif admitió que conocía a Jamal Ahmidan (uno de los suicidas de Leganés y cerebro, junto a Emilio Suárez Trashorras, de la trama de explosivos) desde que los dos «eran niños», si bien negó haber sido una «persona de su confianza». El amigo de la infancia se convirtió ayer, en palabras de Aglif, en poco más que «un buen cliente» de la carnicería de su padre, en «un amigo más».

Rachid Aglif reconoció su participación en la reunión que «El Chino» mantuvo con los asturianos en Madrid para cerrar la compra de los explosivos a cambio de droga, un encuentro que tuvo lugar en el McDonalds de Carabanchel. Sin embargo, precisó que se limitó a acompañar al suicida y que no intervino en las negociaciones, pues se sentó en otra mesa con Carmen Toro y otro español que no era ni Emilio Suárez Trashorras ni su cuñado Antonio Toro. A este último dijo que no lo ha visto nunca, mientras que al ex minero lo conoció ese día y lo identificó como a una de las personas que compartió la mesa en la que presuntamente se fraguó el acuerdo con Jamal Ahmidan, los hermanos Oulad Achka (ambos también se suicidaron en Leganés) y Rafa Zouhier.

El procesado aseguró que en ningún momento se enteró de lo que hablaban: «Me senté solo y lo único que hice fue reírme de Zouhier y hacerle burlas», dijo. En este sentido, negó haber sido «el portavoz de la compra de explosivos» y «enlace» entre Ahmidan y Zouhier. Aglif aseguró que al salir del local no le preguntó nada a Zouhier (a pesar de la relación de amistad que mantenían) y que éste se limitó a decirle que «iba a sacar tajada». Fue a Zouhier al que acompañó al encuentro del McDonalds, y no a «El Chino», con quien negó haber contactado antes y después del 11-M, haberle ayudado a alquilar el piso de Leganés o haberle acompañado a ningún lado (viaje a Asturias). Finalmente, de Jamal Ahmidan destacó su cambio de actitud cuando, en el verano de 2003, volvió a España de Marruecos. A partir de ese momento, «todo el mundo sabía que era muy religioso, eso se veía en su cara».

Otro episodio relevante en el que también estuvo presente Aglif fue el accidente sufrido por Zouhier cuando un detonador -que el procesado definió como «petardo»- le estalló en las manos a su amigo. Era domingo por la noche y ambos estaban en casa de Rafa Zouhier.

Aglif responsabilizó al que fuera su amigo de su procesamiento por el 11-M y llegó a admitir que situó a «El Chino» en casa de Zouhier para «vengarme por todo lo que ha dicho de mí». No fueron pocos los momentos de su declaración en los que se palpó la mala relación que ahora tienen: Zouhier no paró de hacer gestos y aspavientos durante el interrogatorio, lo que llevó al presidente del Tribunal a expulsarle.

Los siete corderos de «El Chino»

MADRID. «¿Sabía que Jamal Ahmidan había alquilado una finca en Morata de Tajuña?», preguntó el abogado de una de las acusaciones. «Sí», contestó Rachid Aglif, aunque no podía imaginar cuál iba a ser su explicación: «Cuando se llevó los corderos, nos dijo que los iba a matar a su manera, así que imaginé que lo iba a hacer en algún sitio al aire libre, en una finca, porque matar siete corderos en casa es muy difícil». El procesado retomaba así un episodio que había relatado momentos antes, cuando explicó que su hermano vendió a «El Chino» siete corderos para una celebración religiosa, que éste se los llevó vivos en una furgoneta blanca y que dejó a deber 140 euros.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


«El conejo» se siente traicionado

MADRID. Rachid Aglif es conocido como «El Conejo», y hace honor a su apodo. De sus labios sobresalen dos generosos dientes muy blancos que le proporcionan un aspecto inconfundible. Ayer estaba muy nervioso, se frotaba continuamente las manos, pero sobre todo demostró que su amistad con otro de los procesados, el inefable Rafa Zouhier, que incluso fue expulsado de la sala, es ya irrecuperable. Zouhier habló de él, y todo lo que dijo le perjudicó. «El Conejo», a pesar de tantas juergas y andanzas compartidas, no lo olvida.

Con aspecto propio de ligón de discoteca de medio pelo -se nota que cuida su aspecto-, Aglif no da la imagen clásica del islamista radical. Sin embargo, la investigación policial y judicial le atribuye un papel determinante en la matanza, ya que fue la persona que puso en contacto al grupo de Jamal Ahmidan, «El Chino», de quien al parecer era lugarteniente, con la trama asturiana a través de su ex amigo Zouhier. Se enfrenta a una petición de condena de 21 años.

Junto con sus amigos Ahmidan y Zouhier participó en las reuniones con Suárez Trashorras y su grupo para conseguir explosivos. Además, mantuvo numerosos contactos telefónicos con el primero (incluso compartieron terminales telefónicas) y sus amigos en fechas inmediatas a los atentados.

Aglif insiste en su inocencia y advierte que escuchará muy atento lo que los demás digan de él. Aviso a navegantes.

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un acusado afirma que los hermanos Oulad veían vídeos «delictivos» del yihad

MADRID. La declaración del segundo de los procesados que compareció ayer en el juicio por los atentados de Madrid fue una caja de sorpresas. Sus largas explicaciones, sin duda consecuencia de sus nervios y de sus dificultades para defenderse en castellano, provocaron risas entre los acusados y el público y llegaron a arrancar tímidas sonrisas incluso a algunos abogados y representantes del Ministerio Fiscal. Fue inevitable.

Los intentos de Abdelilah El Fadual El Akil por demostrar su inocencia (se enfrenta a 12 años de prisión por integración en organización terrorista) se tradujeron en respuestas cargadas de anécdotas que nada tenían que ver con los hechos enjuiciados y plagadas de enredados detalles que acabaron con la paciencia del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, quien llegó a interrumpirle para saber «si le queda mucho para contestar a la pregunta». A partir de ese momento, el procesado fue más breve y preciso y más de una vez respondió a las preguntas de los letrados con un «si quiere yo se lo explico, pero este señor se va a enfadar conmigo».

Considerado «estrecho colaborador» de Jamal Ahmidan «el Chino», Fadual El Akil (que se dedicaba a vender ropa italiana y a la compra-venta de coches usados), declaró haber conocido al suicida en 1999 cuando éste paseaba a su perro y dijo haber mantenido con él una relación «normal».

Sabía que traficaba con drogas -«Jamal era un ladrón», indicó varias veces-, actividad en la que negó haber colaborado, así como negó también que facilitara a «el Chino» documentación falsa («nunca en mi vida, con los papeles no me meto, lo mío son los coches»).

Sólo una vez coincidió con Mohamed y Rachid Oulad Akcha (ambos se suicidaron en Leganés) y fue cuando «el Chino» le llevó a casa de los dos marroquíes para vender ropa. Una vez allí, vio cómo uno de los hermanos, que estaba ante un ordenador, llamó al otro y le enseñó unas imágenes de Osama Bin Laden. Cuando le invitaron a acercarse, el procesado se negó «porque lo que estáis viendo es delito», lo que provocó, dijo, que se rieran de él.

El coche de la dinamita

A la finca de Morata fue el 1 de marzo de 2004, cuando compró a Jamal Ahmidan un vehículo Volkswagen Golf, el mismo que emplearon los terroristas para trasladar parte de los explosivos desde Asturias a Madrid. Restos de la dinamita fueron hallados en el maletero de ese coche. Sin embargo, a preguntas de su abogado, el procesado aseguró que no podía saber lo que habían transportado («yo sólo comprobaba si el vehículo que iba a comprar había sido robado») y afirmó no haber oído nunca por boca de «el Chino» que tuviera intención de cometer un atentado.

En cuanto a sus propias creencias religiosas, indicó que no es musulmán practicante y que el «yihad», tal como le enseñó su padre, «es trabajar por tus hijos».

Uno de los episodios que más risas provocó entre los procesados se produjo cuando El Akil -que mide poco más de metro y medio de estatura- enumeró los apodos que no reconoció como suyos pero sí leyó en el sumario: «enano», «panchito» o «chiquitín».

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Harrak plantó cebollas a 400 metros de las vías del AVE objetivo de los islamistas

MADRID. Saed El Harrak, el primero de los procesados en libertad que declaró ayer ante el Tribunal del 11-M, aseguró que estuvo trabajando durante un año en el campo (sembraba cebollas) a apenas 400 metros de las vías del tren de Mocejón, donde el 2 de abril se encontró una bomba con la que los islamistas pretendían cometer una nueva matanza.

Este procesado, para quien la Fiscalía solicita 12 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista, aportó al tribunal versiones completamente distintas a las que depuso en sus declaraciones policiales y judiciales. Justificó su cambio de actitud en que «tenía miedo» a decir la verdad porque la Policía le había amenazado. De esta forma, ayer sostuvo que las llamadas interceptadas el 7 de marzo en la zona de Mocejón desde su teléfono a los hermanos Oulad Akcha, suicidas de Leganés, no las hizo él, sino el también suicida Abdennabi Kounjaa, que aquel día no llevaba teléfono y El Harrak le prestó el suyo.

Respecto al «testamento» que Kounjaa le dejó, Saed El Harrak aseguró que nunca llegó a ver esa carta de despedida, aunque reconoció que la noche anterior a los atentados, es decir, la del 10 de marzo, fue la última vez que estuvo con el suicida, que se acercó a su domicilio para devolverle una caja de herramientas.

Curiosamente, esa misma noche hay un cruce de llamadas entre el teléfono de El Harrak y el de uno de los hermanos Oulad, algo que el procesado justificó de la misma forma que el episodio de Mocejón: que Kounjaa, a quien nunca oyó hablar de sus planes suicidas, le pidió que le prestara el teléfono.

Un texto de N. C. y N. V. publicado por el diario ABC el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Sesión del 21 de Febrero de 2007 (EL PAIS)

Por Narrador - 22 de Febrero, 2007, 7:30, Categoría: Juicio 11-M

 

El subalterno del suicida se confiesa

Las revelaciones de un compinche de El Chino aportan detalles sobre la obtención de la dinamita

Madrid - Dice Rachid Aglif, El Conejo, que su amigo El Chino volvió cambiado de aquel verano en Marruecos. Dejaron de interesarle los tres motivos que les habían unido hasta entonces, las juergas, las drogas y las mujeres. Dice también El Conejo que El Chino se fue volviendo cada vez más serio, más cerrado, más religioso. La noche del sábado 3 de abril de 2004 ya era un hombre completamente distinto. Al saberse acorralado por la policía en el piso de Leganés, se despojó de su pasado, entonó cánticos religiosos y se suicidó junto a otros seis terroristas con la dinamita que les había sobrado de la matanza del 11 de marzo. El Chino dejó mujer e hija, y a El Conejo temblando en su carnicería de Antón Martín.

La policía lo detuvo tres días después. No tardó en admitir su relación con El Chino -a quien en una ocasión llegó a guardar 500 pastillas de éxtasis en la carnicería- y también con Jamal Zougam, el ya famoso dueño del locutorio de Lavapiés donde se vendieron las tarjetas de los móviles que activaron las bombas. El caso es que El Conejo, vestido de blanco y gesticulando constantemente, admitió ayer ante el juez haber estado presente en una reunión que a la postre sería fatal para el destino de 191 personas.

Fue en el McDonald's de Carabanchel. A finales de octubre de 2003. De una parte acudió El Chino. Lo acompañaba El Conejo en labores de subalterno. De otra, un ex minero asturiano llamado José Emilio Suárez Trashorras y su esposa, Carmen Toro. También estaba, según declaró ayer El Conejo, el oscuro personaje que los había presentado, un tal Rafá Zouhier, marroquí de Casablanca, delincuente habitual y confidente de la Guardia Civil. En aquel McDonald's, según la investigación, El Chino ofreció a Trashorras una cantidad de droga a cambio de la dinamita necesaria para cometer la matanza, pero El Conejo dice que no se percató. La coartada, una hamburguesa de pescado.

"Decidí no meterme"

"No me enteré de lo que hablaban porque subí más tarde con la bandeja. Yo tomo hamburguesas de pescado y tardan más en hacerse que las de carne. Por eso, cuando llegué, ya estaban hablando de sus cosas y decidí no meterme".

A medida que El Conejo declaraba, a Rafá Zouhier se lo llevaban los demonios en la habitación de cristal blindado. Tanto gesticuló que el presidente de la Sala se hartó y lo mandó al calabozo para que se tranquilizara. Al margen de la supuesta implicación de cada uno en la matanza de Madrid, la mayoría de los acusados que ayer prestaron declaración procede del mundo del hampa, de ahí la proliferación de motes, tan útiles para identificar a los personajes. Con los retales de sus declaraciones se puede construir un relato muy preciso del submundo del trinque y el trapicheo, una realidad que muchos ni siquiera se esforzaron en ocultar. "Mi negocio", llegó a admitir un tipo apodado Rumenigge, "consistía en comprar coches viejos. Luego los llevaba a un taller y le arreglaban el cuentakilómetros para que parecieran nuevos". El tal Rumenigge, una de esas personas acostumbradas a relatar sus peripecias en tiempo real, para desesperación del tribunal, está acusado de comprar en Ceuta un Golf azul para que El Chino pudiera transportar los explosivos. Ya a nadie se le oculta que los atentados del 11-M se financiaron a través de la venta de droga y, para ello, los supuestos autores no tuvieron más remedio que bajar a las cloacas y tratar con personajes como el tal Rafá Zouhier. "Un domingo", relató ayer El Conejo, "Rafá y yo volvíamos de fiesta. Él había comprado dos gramos de cocaína en el poblado de los yonquis. Me metí en el baño y escuché una explosión. Al salir vi a Rafá con una mano ensangrentada. Me dijo que había sido un petardo". Según la fiscal, la explosión se produjo cuando Zouhier probaba uno de los detonadores y parte del explosivo aportado como muestra por el minero Suárez Trashorras.

Al final de la tarde, declara Mohamed Larbi Ben Sellam, también conocido como Abu Zubair. Sin desanimarse por la rotundidad de su nombre, uno de los abogados suscritos a la teoría de la conspiración sigue buscándole, infatigable, algún primo en Rentería.

EL COLABORADOR DE EL CHINO

Los vídeos de Bin Laden que veían tres suicidas. Abelilah el Fadual declaró que asistió con miedo a una reunión en la que tres terroristas del 11-M que se suicidaron en Leganés veían vídeos de Bin Laden.

Cilindros con cables en la casa de Chinchón. Hamid Ahmidan, el primo de El Chino, confesó ayer que vio cilindros con cables en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas del 11-M.

Una cita en Madrid para negociar el robo de la Goma 2. Rachid Aglif, colega de trapicheos de droga de El Chino, admitió ayer en el juicio que el terrorista que se suicidó en Leganés se reunió unos meses antes en Madrid con el ex minero Trashorras. Allí negociaron el robo de explosivos.

UNA CONSPIRACIÓN LLENA DE AGUJEROS

El abogado defensor de Jamal Zougam sacó a relucir en su escrito de defensa una supuesta prueba, el temporizador encontrado en casa de los islamistas, que implicaba a ETA en los atentados del 11-M. La prueba, aireada en junio de 2006 por el diario El Mundo, resultó falsa

La mentira en que estaba basada la sospecha se encuentra desmontada en el sumario, donde figura el tipo de temporizador encontrado en la casa de Virgen del Coro "usado para actividades comerciales para calderas y calefacciones". Nada que ver con los utilizados habitualmente por ETA. Pese a ello, algunas acusaciones insisten en preguntar por el falso temporizador

LA VISTA DEL LUNES

Declaran colaboradores de los huidos. El próximo lunes declara Mohamed Moussaten, acusado de ayudar a huir a implicados en el 11-M. El fiscal pide para él ocho años de cárcel.

Un texto de Pablo Ordaz publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Uno de los procesados describe el primer contacto para la adquisición de la Goma 2

Rachid Aglif relata el encuentro en Madrid entre El Chino y el ex minero Suárez Trashorras

Madrid - El juicio del 11-M entró ayer en los minutos de la basura. Los procesados que declararon tienen una implicación menor, aunque destacada, que la de los supuestos autores intelectuales y materiales de los primeros días. Sin embargo, alguno de ellos, como Rachid Aglif, El Conejo, describió los primeros contactos entre Jamal Ahmidan, El Chino, jefe del grupo del 11-M, con Emilio Suárez Trashorras del que, a cambio de drogas, supuestamente obtuvo los 200 kilos de Goma 2 robados en Mina Conchita y con los que se cometió la matanza. La delincuencia y las drogas, fuentes para financiar el atentado, entraron de lleno en la sala.

Aglif se creyó el dicho de que la mejor defensa es un buen ataque y se hundió con todo el equipo. Lo único que llegó a demostrar es que él no es religioso, pero admitió haber estado presente en la reunión del Mc Donald's de Carabanchel en la que El Chino apalabró supuestamente con el ex minero Trashorras la adquisición de explosivos a cambio de drogas. Luego explicó que él iba acompañando a Rafá Zouhier a esa reunión y que no se enteró del contenido de la misma hasta que se lo contó Zouhier, porque se sentó aparte con Carmen Toro, esposa del ex minero. Aseguró que Zouhier le había contado que con la operación iba a obtener "zurraca" [hachís] y dinero.

Aglif negó que fuera persona de confianza de El Chino, pero reconoció que aceptó que le dejase 500 pastillas de éxtasis para que se las entregase a otra persona. Tampoco supo explicar las 21 llamadas que hizo a El Chino en días previos de los atentados de los trenes.

Aglif admitió que había contado que Zouhier estaba con Jamal Ahmidan en su casa, aunque luego reconoció que no era cierto y que lo había contado porque el primero había dicho "40.000 barbaridades" que le implicaban a él. "Lo dije para que se cague y se coma él solo este marrón", precisó. Durante su declaración, el presidente expulsó de la sala a Zouhier, que no paraba de hacer aspavientos.

Abdelilah el Fadual para el que el fiscal pide 12 años, es considerado un lugarteniente de El Chino, pero él explicó que era de confianza de todo el mundo. Luego precisó que cuando Ahmidan volvió de Marruecos se había radicalizado, pero que nunca le contó que iba a cometer un atentado. En la casa de dos de los suicidas, los hermanos Oulad, en Villaverde, vio vídeos de Bin Laden y de muyahidines, pero según dijo, se asustó porque eso es delito en Marruecos.

Saed el Harrak, el procesado que quedó en libertad por el error del juez Del Olmo, y para el que el fiscal pide 12 años, tampoco tuvo su día. No pudo justificar su presencia con varios de los suicidas en Bargas y Mocejón (Toledo), donde los terroristas colocaron una bomba en las vías del AVE. Además, cambió radicalmente la versión de los hechos que había hecho ante el juez. El fiscal Carlos Bautista lo destrozó. La única explicación que ofreció es que tenía miedo, que su mujer estaba embarazada y tenía un hijo de 10 meses, por lo que decidió "mentir para salir [de prisión]".

El Harrak, al que se encontró un testamento del suicida Abdennabi Kounjaa, dijo que había prestado a éste su teléfono para que pudiera hacer algunas llamadas (a otros de los suicidas), pero el fiscal le hizo ver que era improbable, puesto que en ese mismo momento Kounjaa estaba haciendo llamadas con su propio teléfono. La enésima explicación que no supo dar fue por qué los papeles de su coche estaban en la casa de los suididas de Leganés. Larbi Ben Sellam, para el que el fiscal pide 27 años, que presuntamente ayudó a huir a Bélgica a Mohamed Afalah y Mohamed Belhadj, presuntos autores del atentado, negó y negó, pero sin credibilidad. No pudo explicar por qué una huella suya se encontró en un Corán hallado en el desescombro de Leganés.

Por último, Hamid Ahmidan, para el que el fiscal reclama 23 años, debió ver oscuro su futuro porque no quiso contestar a nadie salvo su abogado. Hamid, primo de El Chino, está acusado por el fiscal de financiar los atentados por medio del tráfico de drogas. En su poder se ocuparon 59 kilos de hachís y 125.000 píldoras de éxtasis. Hamid dijo que las drogas y el dinero ocupados en el registro eran de su primo Hicham, preso en Marruecos.

Mientras tanto, el tribunal prorrogó la prisión preventiva para Youssef Belhadj, Abu Dujanah, el supuesto jefe de Al Qaeda para Europa, en cuyo nombre se reivindicaron los atentados, y para Mohannad Almallah Dabas.

SAED EL HARRAK

"Mentí en mi declaración ante el juez porque tenía miedo de ir a prisión, porque mi mujer embarazada y mi hijo están solos en España"

"Viví un año en Mocejón, pero no conozco a la gente que puso los explosivos en las vías del AVE"

"No sé por qué la documentación de mi coche apareció en el piso de Leganés"

LARBI BEN SELLAM

"Encargué un teléfono para que Mohamed Afalah pudiera despedirse de su familia, pero no sé si murió en Irak"

"Yo declaré muchas cosas que no eran ciertas y dije que quería ir a Irak, pero no a suicidarme"

"Conocí a Said Berraj y Mohamed Afalah en la mezquita de Villaverde, y a Sarhane lo vi en la de Estrecho"

HAMID AHMIDAN

"En Chinchón vi a Jamal, Kounjaa y a Rifat con una cosa cilíndrica con cables que ocultaron cuando yo llegué"

"En la finca de Morata de Tajuña nunca escuché explosiones, ni vi armas o explosivos"

"El Toyota Corolla [que pertenecía a Suárez Trashorras] estaba un día en la finca, pero Jamal no me dejó entrar"

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un acusado vio a tres suicidas contemplando vídeos de Bin Laden

Madrid - Abelilah el Fadual el Akil se presentó a sí mismo como un pobre hombre, asustadizo y temeroso. Durante su atropellada y extensa declaración, este tetuaní, de 36 años, explicó cómo el miedo le atenazó cuando vio cómo Jamal Ahmidan, El Chino, y los hermanos Rachid y Mohamed Oulad Akcha, todos muertos en el suicidio de Leganés, estaban visionando vídeos de Osama Bin Laden. Fue durante una visita a la casa de los Oulad, en el barrio madrileño de Villaverde, para venderles "ropa bakaladera". "Ellos estaban viendo en un ordenador imágenes de Bin Laden y me dio miedo (...). Les dije que dejaran esas tonterías, que no podían ver eso porque era delito, porque en Marruecos es delito. Pero se burlaron de mí porque estaba asustado", afirmó.

No era la primera vez que, por culpa de acciones de El Chino, este procesado se acusó. El Fadual era la persona que en 2000 estuvo recluido en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Moratalaz junto a Jamal Ahmidan. Éste fue detenido con el nombre de Said Tildni. "Jamal me dijo que tenía un montón de dinero y de pasaportes e incluso le dijo a la policía que se iba a escapar del centro", relató. Añadió que Jamal le dijo que se fugara con él, a lo que se negó. Eso motivó que fuera objeto de nuevas chanzas de El Chino. "Él se escapó con un espray. Yo no me escapé porque no me interesaba", comentó.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El Chino ocultó a su primo un objeto "con cables" en la finca de Chinchón

Madrid - Hamid Ahmidan vio cómo su primo Jamal, más conocido como El Chino, y otros dos compinches manejaban en la finca de Chinchón "un objeto cilíndrico con unos cables" que ocultaron rápidamente cuando él entró en el salón de la casucha. No sabía qué era, aunque se supone que era un detonador, ni tampoco sabía qué manejos tenía en la casa su primo, que llegó a vetarle la entrada en varias ocasiones. Uno de esos días en que no le permitió entrar, a finales de febrero, vio dentro de la finca un Toyota Corolla que jamás había visto antes y que supuestamente fue el coche que le prestó a El Chino José Emilio Suárez Trashorras para bajar la Goma 2 ECO desde Asturias a Madrid.

Hamid vivía en la casa de otro de sus primos, Hicham, en la avenida del Cerro de los Ángeles, donde la policía encontró una gran partida de pastillas de éxtasis y hachís. Sin embargo, él aseguró que no tenía idea de que en esa vivienda hubiera drogas, y menos que estuvieran en su habitación.

El hombre confesó que estaba en paro y que su primo Jamal accedió a que trabajase de albañil en la finca de Chinchón. El primer día que fue a darle al palustre lo llevó a la casucha Abdenabi Konjaa, uno de los siete suicidas de Leganés. Un día, no recordaba bien si a finales de febrero o primeros de marzo, bajó de la habitación de arriba para coger una botella de agua en el salón. Fue entonces cuando vio cómo su primo, Konjaa y Asrih Rifaat Anouar -todos muertos en Leganés- manejaban el objeto cilíndrico con cables y lo ocultaban cuando él llegó. No dijo nada. "Cogí la botella de agua y me fui".

Los cuatro de siempre

En la casa, según contó, estaban los cuatro de siempre, es decir, los suicidas y Otman. Estuvo trabajando en la finca hasta que El Chino empezó a vetarle la entrada a la casa. Una de esas veces fue cuando estaban en la casa el Toyota Corolla y el Golf supuestamente utilizados para el transporte de explosivos. Lo que nunca vio dentro fue la famosa Renault Kangoo.

Hamid volvió a la vivienda cuatro o cinco veces después de los atentados, pero los cuatro de siempre ya no estaban. De esas visitas, en sólo dos de ellas vio dentro a Jamal, pero solo. Dentro de la finca nunca vio armas ni explosivos, ni escuchó detonaciones o explosiones. Lo que sí vio es que la Guardia Civil estaba siempre "a unos 20 o 25 metros" del camino de entrada de la finca. En esa zona, junto a un peligroso cruce, efectivamente, suele estar la Guardia Civil de Tráfico. No obstante, aclaró que desde fuera no puede verse qué pasa dentro de la parcela, porque la valla está recubierta de tela verde de arpillera.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Me pensé mucho defender a El Egipcio" (Endika Zulueta)

Madrid - Hace una semana, el jueves pasado, todas las televisiones del planeta apuntaban a la cabeza de este hombre: Endika Zulueta, de 43 años, abogado defensor de oficio de Rabei Osman, El Egipcio. Como éste se negó a responder a las preguntas de las distintas acusaciones, Endika se iba a encargar de conducir el primer interrogatorio del juicio más importante celebrado en Europa desde la Segunda Guerra mundial.

Era consciente de que su intervención iba a ser "analizada en todo el mundo: en El Cairo o en Londres, pero también en El Pozo o en Vallecas". Sin embargo, en cuanto conectó el micrófono, asegura que el juicio "se limitó a la sala en la que discurría".

Aquella mañana, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, le reconvino en numerosas ocasiones. Tantas, que al día siguiente pidió disculpas al abogado. Éste las aceptó: "Le honra, porque es difícil pedir disculpas, y menos en público".

Rabei Osman está acusado de ser uno de los cerebros de la matanza. Piden para él más de 38.656 años de cárcel. Zulueta lo defiende por una mezcla de casualidad e interés profesional. "A una compañera le correspondió su defensa por turno de oficio y yo la ayudaba. A mí el caso de Osman me parecía jurídicamente interesante porque la principal prueba eran unas grabaciones efectuadas en su casa por métodos más que discutibles. La colega renunció a la defensa por motivos personales; el caso pasó a otra compañera del turno de oficio que también renunció y después, dado que yo ya había hecho alguna diligencia cuando ayudaba a mi amiga, Osman pidió que fuera yo su abogado".

No aceptó de inmediato. "Me lo pensé mucho, claro. Una cosa es seguir el caso de cerca ayudando a una colega y otra es encargarte de algo de esa trascendencia, rodeado de tanta presión política y mediática. Pero al mismo tiempo no tenía duda de que cualquier abogado penalista querría ser partícipe de un juicio como éste".

No se le escapa que defiende a una de las personas más detestadas en la actualidad, un individuo acusado de haber ideado y organizado el atentado que más muertes y dolor ha causado a la sociedad española. "Sí, claro que me doy cuenta. Habrá gente que piense: 'Estos no merecen ni defensa'. Pero el mensaje debe ser el contrario: algo funciona bien si hasta a estas personas se les procura una defensa. El derecho a la defensa es un derecho constitucional y que los abogados defensores en este juicio hagamos bien nuestro trabajo es algo que beneficiará también a la sociedad". Y añade: "La única abogada que resultó herida en el 11-M era una colega de mi despacho. Estaba en Atocha. Y yo llevo viviendo en Madrid 25 años y ese atentado nos afectó a todos. Una mujer que trabajaba en el Colegio de Abogados y que todos los abogados conocíamos murió en uno de los trenes junto a su marido".

Enumera las dificultades del proceso: "Defiendo a alguien sobre el que pesa una condena de más de 38.000 años de cárcel, es un sumario de más de 100.000 folios, asumí la defensa cuando el proceso estaba muy avanzado". De hecho, el haber aceptado el caso con el proceso en marcha, sin pedir dilaciones que retrasaran el juicio, fue un gesto apreciado por el tribunal.

Y continúa: "El aislamiento sufrido en prisión por Rabei Osman, que pasaba 21 horas sin salir de su celda y tres horas en el patio en soledad, dificultaba también las entrevistas que tenía con él, dado que se pasaba mucho tiempo denunciándome su situación y yo debía convencerle para volver a centrarnos en la defensa. Además, todas estas entrevistas eran siempre con intérprete".

Y concluye: "Pero en mi caso, el confiar en la inocencia de Rabei Osman, facilita mi trabajo".

Un texto de Antonio Jiménez Barca publicado por el diario EL PAIS el jueves 22. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

Juicio 11-M: Sesión del 20 de Febrero de 2007 (EL MUNDO)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 9:00, Categoría: Juicio 11-M

Sus amigos ven a 'El Tunecino' como un fanático 'sin nivel' para montar el 11-M

MADRID.- Cuando El Tunecino le dijo que quería viajar a Irak para hacer la yihad, Mohamed Almallah le respondió: «Yo estoy contento aquí, vete tú». Cuando Fouad Morabit supo que el suicida anunciaba «algo fuerte» en Madrid y que aconsejaba abandonar la capital, lo consideró «una chorrada». Los dos procesados en el 11-M, interrogados ayer ante el tribunal de la Audiencia Nacional, describieron a El Tunecino, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, como un musulmán radical, aunque con pocas posibilidades de liderar un grupo terrorista.

La Fiscalía acusa al sirio y al marroquí de ser integrantes de la célula y pide para ellos 12 años de prisión. Junto a otros seis procesados, que ayer les observaban tras el cristal blindado, suponen el nivel inmediatamente inferior a los seis acusados de idear la masacre y colocar las mochilas.

Ayer comenzaron los interrogatorios a los integrantes de la célula islamista, responsable de la organización de los atentados del 11 de Marzo en Madrid, que continuarán en los próximos días con las declaraciones de otros seis procesados, que siguen el juicio atentos tras el cristal blindado

Las palabras de El Tunecino sobre lo que iba a ocurrir en Madrid fueron el asunto recurrente en la jornada de ayer. El más explícito fue el segundo interrogado, Fouad Morabit, al afirmar: «Era pura fantasía o tontería. Era radical, podríamos decir extremista, pero no violento», dijo.

El marroquí -que cursó estudios de ingeniería aeronáutica y habla varios idiomas-, explicó, con tono tranquilo y aire intelectual, que la «pura lógica» lo llevaba a no asociarle a la masacre. «Una persona que llega a cometer un atentado tiene que estar dentro de un grupo, tener contactos, alguien que le facilite el material adecuado. Serhane era una persona, según se veía, que no estaba en ninguna organización clandestina, tenía una vida aparentemente normal».

Morabit añadió que el consejo que le dio de salir de Madrid «era típico de Serhane», que defendía constantemente que los musulmanes no debían vivir en un país de infieles. «Sólo pude pensar en aquel momento que era una chorrada, una tontería. No tenía ningún fundamento, no podía llegar a hacerse realidad nunca».

Red logística

Si, como él mantiene, no ha tenido nada que ver con organizaciones islamistas, Morabit tendrá que reconocer que tuvo mala suerte. Conoció a El Tunecino nada más llegar a España y fue a alojarse en un local de la calle de Virgen del Coro gestionado por Almallah, que la Policía describe como «un punto imprescindible de la red logística de apoyo al reclutamiento de muyahidin».

Fouad no intentó disimular su amistad con algunos implicados en la masacre. Por ejemplo, con El Egipcio. «Le conocí, y nuestra relación se fue estrechando hasta llegar a la amistad». Admitió que habló con él después de que emigrara a Francia, pero dijo que no lo había visto en Madrid en los meses previos a los atentados. Sobre el hecho de que dijera que los atentados habían sido obra suya, Morabit lo atribuyó a su «fanfarronería».

Parte del interrogatorio discurrió sobre la visita del suicida Rifaat Anuar a Virgen del Coro en la noche del 11 de Marzo. Morabit explicó que no acudió a pedirle refugio porque él mismo había vivido allí antes y de vez en cuando volvía a pasar una noche.

En su interrogatorio, con el que se que abrió la jornada, Almallah describió el local de Virgen del Coro como un lugar en el que se alojaban de manera temporal musulmanes con pocos recursos económicos.

Según explicó, era propiedad de su hermano Moutaz -colaborador en Londres del líder islamista Abu Qutada-, y él se encargaba de alquilar las tres habitaciones. Moutaz fue detenido en Reino Unido a petición del juez Juan del Olmo y está pendiente de extradición. Por el lugar pasaron El Tunecino y Anuar, así como Basel Ghalyoun y Morabit.

Almallah, provisto de traje, corbata y una carpeta con anotaciones, negó que el local albergara reuniones sobre la yihad. Esos encuentros descritos por la fiscal eran puro teatro, es decir, que cuando cerraban el centro musulmán de la M-30 en el que preparaban una obra de teatro, se iban hasta allí para seguir ensayando. Tampoco, dijo, se visionaban vídeos islamistas, como sostienen las acusaciones.

La fiscal Olga Sánchez repasó ante Almallah la habitual quiniela de presuntos -o ya convictos- terroristas islamistas. Entre las opciones amigo-conocido-desconocido, la mayoría iba cayendo entre las dos primeras: El Egipcio, El Tunecino, Abu Dahdah, Amer Azizi, Basel Ghalyoun, Fouad Morabit, Rifaat Anuar, Mustafa Maimouni...

Cuando llegó el turno de El Tunecino, la fiscal le preguntó si le había propuesto viajar a Irak. «Me dijo que quería ir allí. Yo le dije, 'me da igual si vas o no. Yo estoy bien aquí, vete tú'». Explicó que el asunto volvió a salir en presencia de Ghalyoun. Con igual éxito. «Nos llegamos a enfadar con él», dijo ayer Almallah.

A quien nunca conoció, dijo, fue a Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo del grupo. La fiscal recordó la declaración de una testigo protegido que asegura que los vio juntos, en compañía de El Tunecino, unos meses antes del 11-M.

Testigo protegido

Según Almallah, eso es mentira. El testigo protegido es su ex pareja, a la que describió como mentirosa, ladrona y vengativa. «Mi ex es mi enemiga. Nos hemos denunciado mutuamente. Luego le cuento si hace falta», le dijo a la fiscal.

En una de esas denuncias, la mujer informó a la Policía de que Almallah había dicho que no se quedaría tranquilo hasta volar las torres de plaza de Castilla. «¿Cómo voy a querer eso? Estoy contra la violencia». El sirio explicó por su afición a coleccionar el hallazgo en su poder de material comprometido. Si tenía cintas de cantos al martirio en el coche era porque escuchaba de todo. «También tengo películas porno», añadió.

Almallah sí reconoció su afinidad con los Hermanos Musulmanes, una organización prohibida en algunos países por su interpretación extremista del islam. Dijo que no era miembro, sólo simpatizante, aunque sí pertenecía a otras organizaciones. La fiscal no aprovechó para preguntarle a qué organizaciones se refería. Contestó a esta cuestión a preguntas del letrado de la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M, José María de Pablo. Su respuesta fue que al PSOE. Se afilió tras los atentados y fue expulsado en cuanto trascendió la noticia. Ayer dijo que se unió al partido por consejo del líder de los Hermanos Musulmanes en España y porque su familia era de tradición socialista.

COMO EXPLICARON SU FE

MOHAMED ALMALLAH

El sirio aseguró, al ser preguntado por si era propietario de cintas de vídeo en las que se mostraban escenas violentas relacionadas con la 'yihad', que disponía de gran cantidad de cintas en su vivienda. «Tengo también películas porno», añadió. Explicó, además, que sus hijos estudian en un colegio público de Madrid y que no asisten a clases de educación islámica, aunque van a la mezquita de la M-30, donde reciben clases de árabe.

FOUAD MORABIT

Interrogado sobre su pertenencia a organizaciones o grupos islámicos radicales, el marroquí aseveró: «No pertenezco a ninguna corriente del islam, ni radical ni moderada». A preguntas de su abogada, explicó que acudía «dos o tres veces» por semana a la mezquita madrileña de Estrecho. También manifestó su oposición a la violencia: «Soy un hombre pacífico, quizá demasiado pacífico», añadió durante su intervención.

OTMAN GNAOUI

A preguntas de su abogada defensora sobre si acudía con regularidad a la mezquita, el marroquí contestó rotundo: «Nunca». «Soy musulmán, pero no soy religioso». La letrada le preguntó entonces sobre si era consumidor de drogas y alcohol, a lo que El Gnaoui respondió: «Tenía drogas para mi propio consumo».

Una información de Manuel Marraco publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Gnaoui admite que «una familia» estuvo en Morata la semana previa a los atentados

Dice que 'El Chino' le pidió el 2 de marzo que no volviese porque habría allí unos desconocidos

MADRID.- Otman Gnaoui, acusado de pertenecer a la célula islamista que atentó el 11 de marzo de 2004 en Madrid, reconoció ayer que varios desconocidos estuvieron en la finca de Morata de Tajuña en los días inmediatamente previos a la masacre. Admitió que había realizado obras en la casa desde mediados de febrero hasta el «2 o el 3 de marzo». Entonces, según declaró a la fiscal Olga Sánchez, «Jamahl [El Chino] me dijo que iba a venir una familia con sus hijos». Añadió que no volvió por allí, ni a ver a El Chino, hasta el 17 de marzo, cuando éste le llamó para completar la faena.

La representante del Ministerio Público, que pide para Gnaoui 24 años de cárcel, no quiso insistir sobre esa cuestión. Sí lo haría después el letrado José María de Pablo, de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que le preguntó si sabía quiénes eran esas personas -«no lo sé», respondió- y si estableció contacto con ellos -«yo no podía ir a a la casa cuando estaba esa gente», dijo-.

[EL MUNDO publicó el 18 de septiembre de 2006 la transcripción de una grabación policial efectuada por la Udyco que recoge una conversación entre El Chino y Gnaoui que tuvo lugar a las 20.59 horas del 2 de marzo de 2004. En ella, El Chino le ofrece a Gnaoui una «pequeña moto»; según le dice, «te servirá durante la semana que está esta gente. Es un señor con su familia y sus hijos [...]». Si esto es así, esos desconocidos habrían permanecido allí hasta el 10 de marzo, fecha en la que, según la Policía, se montaron las bombas].

Gnaoui dijo haber conocido en Morata, además de a El Chino, a los suicidas de Leganés Rifat Anouar, Abdenabi Kounjaa, Mohamed Oulad Akcha y el hermano de éste, Rachid. Según él, sólo vio una vez a El Tunecino y ninguna a Allekema Lamari.

El zulo y el transporte

El auto de procesamiento del juez y el escrito de acusación de la Fiscalía atribuyen a Gnaoui la construcción del zulo donde se guardaron los explosivos con los que se cometió la matanza, y haber participado en el transporte de la Goma 2.

Respecto al primer episodio, Gnaoui negó que hubiese sido él quien hubiese fabricado el habitáculo que se encontró en el jardín, y desmintió que supiese que su finalidad fuese guardar los explosivos, sino que explicó que pensaba que era «para dar de comer a los animales».

Sí admitió que había acompañado a El Chino a comprar las planchas de porespán con las que se recubrieron las paredes del zulo y que habrían actuado como aislante contra la humedad. No obstante, matizó que él creía que «eran para que las gallinas y los corderos no pasasen frío».

Más confuso fue su relato del viaje al encuentro de El Chino, quien supuestamente estaría trasladando la dinamita desde Asturias. Gnaoui narró cómo El Chino le llamó por teléfono para que fuese a la entrada de Madrid a llevarle «un clavo, y a los chicos»; a continuación, se desplazó hasta Morata en moto, donde recogió a Rachid Oulad Akcha y a Rifat Anouar, y los condujo en un Opel Astra hasta la localidad de Cogollos, en la provincia de Burgos (aunque señaló que él desconocía que el viaje fuese ser tan largo). Una vez allí, según dijo, se encontraron en una gasolinera con El Chino y Mohamed Oulad Akcha, que se desplazaban en un Volkswagen Golf, y los dos coches dieron la vuelta hacia Madrid.

La fiscal preguntó repetidamente si la palabra clavo significaba arma de fuego, lo que Gnaoui rechazó. Otros letrados sí inquirieron si lo que necesitaba El Chino era ayuda para transportar algo pesado, pero Gnaoui no quiso contestar.

Respecto al hecho de que su ADN apareciese en las prendas que abandonó Rifat Anouar tras los atentados, aclaró que quizá éste vistiese en ese momento alguno de los trajes que él había utilizado para trabajar en Morata.

Sobre su presunto islamismo, Gnaoui respondió a la letrada que patrocina su defensa, Beatriz Bernal, que «nunca voy a las mezquitas; soy musulmán, pero no religioso». También admitió que había tomado alcohol y hachís, y que había sido detenido en una ocasión en Marruecos por «tener drogas para mi propio consumo».

Una información de Joaquin Manso publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Olfato de muerte

MADRID.- Llevar esta entrevista hasta el final le ha supuesto a Lorin una decena de silencios de hasta un minuto en que el hombre cerraba los ojos, agachaba la cabeza y pedía tiempo con la mano. Ha sido también verle retorcer el gesto de tormento físico y llevarse la mano a la espalda en no menos de una veintena de ocasiones, pegar una boca a unos oídos para hacernos entender, presenciar su cambio de postura en la silla a cada poco, ayudarle a levantarse después, y tener que dejar de preguntarle por el instante aquel en la calle de Téllez.

- Si quieres lo dejamos.

- Es que no sé qué me sigue pasando después de tanto tiempo...

Perdón por el dolor reabierto, que oscurece. Gracias a pesar de todo, Lorin, por esa luciérnaga de tu sonrisa.

Tiene 43 años y aparece andando por Coslada como esos maratonianos que ven que no llegan a meta. Perdió un 87% de audición en cada oído, lleva un corsé metálico, toma al día un buen puñado de pastillas contra la depresión y los insoportables mordiscos que siente en la columna, y desde el 11-M sólo ha podido dedicar cuatro meses a su afición favorita, a su pasión, a lo que dice que le da vida y le hace no pensar, a lo que hacía ya desde bien chiquito en el taller de su padre: trabajar.

«Llegué aquí a España hace cuatro años y medio, pensando que para las niñas y para todos iba a ser mejor. Iba a mi trabajo de fontanero cuando el tren explotó», cuenta Lorin, rumano con nacionalidad española después del día aquel de autos. «Después de cinco meses de baja, volví a trabajar. De fontanero ya no podía, por la espalda. Y un carpintero amigo mío me dio trabajo. Duré poco porque caí al suelo por un pinchazo en la espalda. Han dicho que no me operan porque, a lo mejor, me quedo sin movilidad en las piernas».

Luminita, su esposa, limpia en casas para que las cuentas cuadren. Y Lorin, que está de baja, anda buscando trabajo a pesar de que sabe que vamos como los cangrejos con el tema de la espalda. Pero por ganas no va a ser: tiene mil revistas subrayadas con ofertas de empleo. Se ha apuntado a un curso de perfeccionamiento de castellano en el Inem. Dice que, si logra hablar bien, seguro que le saldrá algo.

Luminita sabe bien de los desvelos diarios de Lorin, de sus sacudidas nocturnas, del «maletero de pastillas» que ha tenido que tomar, de esas noches en que se levanta gritando. «Tengo pesadillas cada noche: sueño que me quedo en silla de ruedas...», se toma otro minuto. «Lo más raro de todo es cuando me despierto oliendo a explosivos. No me lo puedo explicar. Los psicólogos me dicen que, con el trauma, aquel olor se quedó en el cerebro, y que lo saca el subconsciente cuando intento dormir».

A Lorin le llamaron de la Asociación de Víctimas de Terrorismo por si quería estar presente en el macrojuicio. A dónde iba a ir él si no aguanta una hora sentado. A dónde si no cree que el proceso vaya a servir para nada.

«Todo me parece un juego. Nada está claro. No contestan a las preguntas. No me gusta la cara de algunos, esa forma de reírse de todos... A mí sólo me despiertan rabia y odio».

Lorin no sabe por qué, pero el tribunal médico por el que ha pasado no le ha dado la incapacidad laboral. Claro que no quiere pensar que se lo deniegan porque sea extranjero, cómo iba a ser por eso. Así que, a rastras, como pudo, ayer fue a Mejorada a la carpintería.

- Me dicen que puedo trabajar.

- ¿Trabajar así, Lorin, tal y como tienes la espalda? -le preguntó el amigo-. Si tú estás para comer sopas.

«Quiero trabajar porque es lo mío, porque el tiempo pasa de otra manera, para no pensar, porque me hace falta. ¿Pero de qué?».

El día en que regresó a casa desde el hospital arrastrando los pies, Andrea y Alice, sus hijas, le habían puesto un cartel en la televisión pegado con papel celo. Estaba escrito: «Papá, bienvenido, te queremos mucho».

No se crean que aquella frase de cinco palabras, que se lee en apenas tres segundos, la suelta de corrido el hombre que tenemos delante. A Lorin, que cierra los ojos y toma aire como quien coge carrerilla, le lleva un minuto y tres silencios poder terminar de decir que se leía papá, bienvenido, te queremos mucho.

Y va ser que era una buena forma de terminar. Nos da las gracias por el bocadillo de tortilla. Valga este artículo como el abrazo que pedías, Lorin, y que no te dimos por miedo a romperte la espalda.

Una información de Pedro Simón publicada por el diario EL MUNDO el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 20 de Febrero de 2007 (LA RAZON)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 8:50, Categoría: Juicio 11-M

Un procesado admite que «El Tunecino» le propuso hacer la «yihad»

MADRID - Mouhannad Almallah Dabas se engalanó ayer para declarar ante el tribunal que juzga los atentados del 11-M. Fue el primer procesado en lucir traje y demostró no ser supersticioso: desafiando la memoria de Molière, eligió una camisa y una corbata amarillas para tan delicado trance. Y como hizo su compañero de banquillo Basel Ghalyoun, acudió acompañado de unos folios para afrontar su declaración, en la que no ahorró a los magistrados escabrosos detalles de su vida privada. Acusado de adoctrinar en la «yihad» a jóvenes musulmanes en un local de la madrileña calle de Virgen del Coro, Dabas abrió, tras las declaraciones en días pasados de los presuntos autores intelectuales y materiales, el turno de comparecencias de la «segunda línea» de la célula que, presumiblemente, cometió la matanza de Madrid.

El acusado -para quien la fiscal pide doce años de cárcel por integración en organización terrorista- reconoció que Serhane «El Tunecino» le animó a hacer la «yihad» después de la guerra de Irak, un ofrecimiento que él rechazó, como cuando le habló «de ir a matar policías a una comisaría». «Le dije que estaba contento en España y que se fuese él, que a mí no me interesaba», afirmó antes de definir a «El Tunecino» (uno de los suicidas de Leganés) como «extremadamente radical» y «violento», que pretendía influir en los demás y ejercer de jefe. Igualmente, explicó que esa misma propuesta se la formuló en 2003 a Ghalyoun, uno de los presuntos ejecutores del 11-M, en su propia casa, algo que enfadó a este último.

Almallah Dabas admitió que conoció a cuatro de los suicidas de Leganés, pero no a Jamal Zougam, a quien sin embargo también compró (como hizo Ghalyoun) un accesorio para el móvil, en este caso un cargador, en su tienda del barrio de Lavapiés. «Me dijeron que vendía todo tipo de cargadores y a buen precio», argumentó. Fue precisamente Ghalyoun (que paradójicamente declaró que no conocía a Zougam) quien le recomendó el establecimiento.

El procesado, que tuteó a la fiscal durante el interrogatorio, se declaró inocente y negó que alojara a muyahidines en el local de Virgen del Coro y que recaudara dinero en la mezquita para apoyar la guerra santa. Y justificó su relación con algunos de los procesados, incluso con el líder de la célula española de Al Qaida, «Abu Dada», en que acudía a sus casas a arreglarles electrodomésticos. Además, se cuidó mucho de admitir que existiera cualquier tipo de reunión en el citado local. Se trataba, explicó, de prolongar los encuentros que mantenían en la mezquita para preparar la representación de obras de teatro.

«Somos gente generosa»

A diferencia de lo que declaró ante el juez Del Olmo, aseguró que no oyó hablar a Ghalyoun «de armas y cuchillos», y también negó que el imán de la mezquita de Estrecho expulsase a «El Tunecino» por sus ideas radicales. «Sería porque quería vivir ahí», declaró en esta ocasión. Sí admitió conocer a «El Egipcio» (uno de los presuntos ideólogos del 11-M), a quien ofreció (según contó nada más conocerlo) el chalé de su hermano en Coslada para que celebrase la fiesta de su boda. «Somos gente generosa», adujo.

Dabas achacó a las «fabulaciones» de su ex pareja, que según relató conoció en un viaje a Tánger cuando trabajaba de prostituta (y a quien repudió al volver a España cuando estaba embarazada tras apenas un mes de relación), buena parte de las acusaciones que pesan sobre él, entre ellas su intención de atentar contra las Torres Kio (su ex novia declaró a la Policía que al pasar por Plaza de Castilla afirmó que «no iba a estar tranquilo hasta que se cayeran»). «Soy un hombre occidental, no pienso en esas cosas».

En ese mismo viaje, que reconoció sin rubor emprender «para buscar el placer, a las chicas», admitió que se encontró en un café con Zougam (a quien había visto en la mezquita de la M-30). Tampoco tuvo pelos en la lengua cuando un abogado de la acusación, Antonio García, le recordó el centenar de cintas de contenido religioso halladas en su domicilio de la calle Químicos. «Soy coleccionista y tengo vídeos de contenido religioso, y también porno, hay que decir la verdad, pero yihadistas no, no me interesan».

Tras explicar que los temporizadores con los que trabajaba no eran en ningún caso para activar explosivos, sino lavadoras, frigoríficos y demás electrodomésticos en cuya reparación se ganaba la vida (a razón de 30 a 150 euros al día), sorprendió al declarar que tenía varios coches, entre ellos un mercedes «pero viejo, del año 85», que compró su hermano (preso en Londres).

Almallah Dabas contó que se afilió al PSOE tras los atentados del 11-M (fue expulsado tras ser detenido en relación a ellos), al que «había votado varias veces desde el 99» y, al igual que Zougam, explicó que la Policía se presentó en su casa para que colaborara con ella y delatase a los musulmanes que repartían revistas radicales en la mezquita. «Les dije que les avisaría, pero luego vi que dejaban los ejemplares encima de un radiador y nadie los distribuía».

Advertencias

Luego le llegó el turno a Fouad El Morabit, marroquí de 33 años, que se enfrenta a una petición de doce años de prisión acusado también de integración en organización terrorista. Vivió, como Almallah Dabas y Ghalyoun, en el piso de Virgen del Coro, en su caso de diciembre de 2003 hasta que fue detenido, por primera vez, dos semanas después del 11-M (El Morabit fue puesto en libertad dos veces antes de su definitiva detención el 6 de abril de 2004). Pero lo más llamativo de su declaración fue la defensa a ultranza que hizo de Ghalyoun, hasta el punto de que ligó su suerte a la suya. «Si él estaba implicado yo lo tenía que saber. Si lo está, yo también. No sé por qué nos tienen que implicar en esto».

Además, también sacó la cara por «El Tunecino» y «El Egipcio», aunque por motivos bien distintos. En el primer caso, para justificar por qué no se tomó en serio la advertencia que hizo Serhane a Ghalyoun y Almallah Dabas (y que el primero le contó en diciembre de 2003) de que regresaran a sus países porque «algo muy fuerte» iba a suceder en Madrid. «No era una persona que estuviera metida en una organización clandestina. Llevaba una vida aparentemente normal». «Nunca pensé que podía tener repercusión, si no hubiera avisado», añadió. El consejo de abandonar Madrid, insistió, «era típico de Serhane, que nunca estaba contento. Los musulmanes, dentro de su ideología, tienen que volver a sus países y no estar en Europa». «Eran tonterías y fantasías de Serhane». Por este motivo, negó que estuviera al tanto de los planes del 11-M y de que supiese que España, como afirmó ante el juez, fuese un «objetivo terrorista». «Nunca he dicho eso», apuntó el acusado, que se jactó de hablar seis idiomas.

El Morabit, que estudió tres años Ingeniería aeronáutica en la Complutense, contó que «El Tunecino» estuvo en el piso de Virgen del Coro cinco días antes del 11-M, antes de ir a comer con el procesado al restaurante de la mezquita de la M-30. Además, relató cómo uno de los suicidas de Leganés, Rifaat Anuar, acudió a dormir a ese local la noche del 11-M. «Me llamó dos veces por teléfono y vino una hora después». No era algo inhabitual, explicó, pues lo había hecho cuatro o cinco veces en los últimos tres meses. Le contó que se había enterado en el trabajo de los atentados y hablaron «de si era ETA o Al Qaida». Igualmente, negó haber estado alguna vez en el piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas o en la finca de Morata de Tajuña donde se montaron los explosivos.

También restó credibilidad a las palabras de «El Egipcio» sobre que «el hilo de Madrid soy yo». «Es una persona muy sencilla. Se precipita en sacar conclusiones y fantasear. Eso es típico suyo», arguyó. «No tengo nada que ver con los atentados. Si esto ocurre en Europa -se quejó- ¿qué sucederá en el Tercer Mundo?. ¿Mejor que me vaya a Marte?». «Si yo fuera terrorista -concluyó- reivindicaría ahora los atentados, ¿qué mejor momento que éste?». «No tengo ni la más mínima relación con el 11-M. Estoy en contra de toda violencia. Mi fe no es compatible con los atentados».

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La mano derecha de «El Chino» reconoce que preparó la finca de Chinchón antes del 11-M

Madrid - Otman El Gnaoui, señalado por la fiscal Olga Sánchez como el hombre de confianza de Jamal Ahmidan «El Chino», uno de los siete suicidas de Leganés, reconoció ayer ante el tribunal que trabajó en el acondicionamiento de la finca de Chinchón donde se montaron los explosivos desde febrero de 2004 hasta unos días antes de los atentados (aunque el día 17 acudió, tras una llamada de «El Chino», para rematar la obra). El acusado explicó que en esa finca conoció a seis de los siete suicidas del piso de Leganés, todos menos Allekema Lamari. Preguntado por el «zulo» donde la Policía hallaron restos de explosivos, relató cómo acompañó a Ahmidad a comprar planchas de porexpán que estaban destinadas a construir una jaula para que las gallinas no pasaran frío.

Preguntado acerca del agujero donde se escondieron los explosivos, reconoció que sacó la tierra y «lo limpió un poco», pero añadió que pensaba que se utilizaría para guardar la comida de los animales. Según la fiscal, participó en el traslado de los explosivos de Asturias a Madrid a finales de febrero de 2004, aunque él negó saber nada de este asunto, como también que colocara alguna de las bolsas-bomba en los trenes el 11 de marzo.

Cuando «El Chino» regresaba de Bilbao, pidió a El Gnaoui que le llevara «el clavo grande» (término con el que, según la fiscal, se refería a una pistola). El procesado adujo que se trataba de un clavo carpintero, aunque en la conversación intervenida por la Policía le contestó a «El Chino»: «Dime dónde y te lo llevo».

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Almallah Dabas niega que HB suministrase el tytadine

Madrid - El nombre de ETA volvió a escucharse ayer en la sala, pero la mayoría de las veces, en las preguntas que tenían a la banda terrorista como telón de fondo ni siquiera se mentaba a la organización criminal. El abogado de la acusación particular que ejerce la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M se interesó por la relación entre Mouhannat Almallah Dabas y José Luis «Yusuf» Galán, condenado por su pertenencia a la célula española de Al Qaida que lideraba Imad Eddin Barakat Yarkas «Abu Dahdah». El acusado admitió que conoció a Galán -un español convertido al Islam- «en la mezquita de la M-30».

Pero la siguiente pregunta (y lo que anticipaba) ya fue demasiado para el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez. «¿Sabe que era interventor de Herri Batasuna?», inquirió el letrado. El magistrado declaró la pregunta impertinente y dejó al procesado con la palabra en la boca. Pero el abogado, inasequible, volvió al ataque. «¿Le suministró Yusuf Galán temporizadores y dinamita tytadine para cometer los atentados?». Almallah Dabas contestó que no mientras se escuchaban algunas risas en la sala.

La letrada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Manuela Rubio, preguntó a continuación al acusado por qué se afilió al PSOE. Éste contestó que «tradicionalmente, mi familia era socialista desde hace treinta años» y que él se afilió con 15 años a las juventudes socialistas en Siria. «El presidente de los Hermanos Musulmanes me animó a afiliarme a algún partido político», relató.

El abogado Antonio García puso en un brete al procesado cuando le recordó que en el disco duro del ordenador hallado en el piso de Leganés donde se suicidaron los terroristas la Policía halló una dirección web con su nombre.

Una información de Ricardo Coarasa publicada por el diario LA RAZON el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Juicio 11-M: Sesión del 20 de Febrero de 2007 (ABC)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 8:40, Categoría: Juicio 11-M

  

El presidente del Tribunal aborta otro intento de introducir a ETA en el juicio

MADRID. No es la primera vez que en las cuatro jornadas celebradas ya de juicio, dos de las acusaciones populares y el letrado José Luis Abascal, defensor de Jamal Zougam y Basel Ghalyoun, aprovechan la mínima ocasión para «colar» en sus interrogatorios alguna vinculación de ETA con los atentados. Y ello, pese a que los dos procesados han negado reiteradamente cualquier relación. Estos intentos han sido abortados en todos los casos por el presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez. Ayer fue el abogado Gonzalo Boyé, que defiende a una de las víctimas, el que puso al descubierto la estrategia del letrado Abascal de intentar meter en la vista una prueba que no está recogida en el sumario: una foto de un temporizador que fue incautado a ETA por la Guardia Civil.

Fue en la declaración de Mouhannad Almallah, quien ya había contestado a la Fiscalía, cuando el abogado de una de las acusaciones particulares le preguntó sobre el hallazgo en el piso de la calle Virgen del Coro de un temporizador ST. Su existencia figura en el acta de entrada y registro a este local que consta en el sumario. Boyé preguntaba por este extremo al procesado Almallah por su condición de técnico en reparación de electrodomésticos, por lo que utiliza temporizadores. Su pretensión era ver si el acusado identificaba como suyo el temporizador que figura en el escrito de defensa de Ghalyoun, un artilugio ajeno a esta causa.

Bermúdez rechazó esta solicitud al tratarse de un escrito de la defensa que no forma parte del sumario, aunque sí del Rollo de Sala. Y si el documento no está en el sumario, no se puede someter al principio de contradicción.

En el escrito de la defensa de Ghalyoun, en el que el letrado habla del temporizador que quiere relacionar con el hallado en Virgen del Coro, se señala: «Todos aquellos que investigamos el armamento y explosivo de (...) ETA sabemos que cuando aparece un temporizador ST es de procedencia etarra, descartando a cualquier otro grupo terrorista. ¿Por qué? (...) Este temporizador está marcado por la banda vasca después de manipular otro original (...) A todos los temporizadores manipulados por ETA se les marca con las siglas ST, que significan, como se puede ver en la foto, «Segurtasun Tenporizadorea». Nadie más que ETA usa estos temporizadores marcados con las siglas ST». Debajo de estas líneas aparece la imagen de un temporizador, pero con un detalle que no pasa inadvertido: en la medición del artilugio se lee: «Guardia Civil-Policía Judicial», cuando el registro de Virgen del Coro lo hizo la Policía. Es decir, la fotografía está extraída de otro sumario, de una incautación a ETA.

El intento de la defensa de Zougam y Ghalyoun, en cualquier caso, resulta grotesco, porque el temporizador que apareció en el local es completamente distinto al de la fotografía, pues se trata de uno redondeado utilizado en las lavadoras. Ni siquiera tiene la inscripción «ST 17», sino «STA».

Los intentos de vincular a ETA con el 11-M por parte de esta defensa se producen aun cuando el defendido negó el lunes por activa y por pasiva cualquier relación con la banda. Esto respondió al ser preguntado por su regreso del País Vasco tras trabajar en San Sebastián:

Fiscal: «¿Adquirió algún temporizador allí?».

Ghalyoun: «No».

F: «¿Lo trasladó o hizo que lo trasladaran a Virgen del Coro?».

G: «No».

F: «¿Alguien le dio el temporizador para dejarlo en Virgen del Coro?».

G: «No».

F: «¿Vio usted el temporizador en poder de los que vivieron en Virgen del Coro?».

G: «No, sólo cosas que Mouhannad (Almallah) usaba en su trabajo».

Ya han sido varias las preguntas encaminadas a vincular la banda con el 11-M. La Asociación de Ayuda a las Víctimas o la AVT han preguntado a los procesados por vínculos con ETA. Todos los niegan y algunos, como El Haski, han ido más lejos: «Eso de ETA es como la película de las cucarachas», (en relación con el hallazgo de ácido bórico en su casa).

Ayer, la abogada de Asociación de Ayuda a las Víctimas preguntó a Almallah si conocía a Yusuf Galán, español convertido al Islam, mano derecha de Abu Dahdah, condenado por pertenencia a Al Qaida e interventor en el pasado de HB. Dijo que sí, pero negó cualquier trato. También Bermúdez cortó en seco y no permitió mayor desarrollo de esta vía.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Dos procesados sitúan al «Tunecino» como líder de la célula del 11-M

MADRID. Fue en la cuarta jornada del juicio por los atentados de Madrid cuando quedó definida la responsabilidad de Serhane «El Tunecino» en la célula del 11-M. Mouhannad Almallah Abas y Fouad El Morabit, ambos procesados como integrantes en organización terrorista, avalaron ayer con sus declaraciones las investigaciones judiciales y policiales que sitúan al suicida de Leganés en el epicentro del plan terrorista que se llevó por delante las vidas de 191 personas.

Almallah, responsable del alquiler del piso de Virgen del Coro (en el que se realizaban reuniones de adoctrinamiento y apología del yihad), afirmó que «El Tunecino» no sólo era un radical, sino que también realizaba labores de captación para enviar muyahidines a Irak. Afirmó que lo intentó tanto con él como con Ghalyoun y que tenía «ansias de liderazgo». Además, reconoció que este individuo hablaba de atentar contra una comisaría de Policía y de atracar bancos y joyerías como vía de financiación.

Sin embargo, este procesado situó estos últimos planes en un contexto muy distinto de aquel al que se refirió en su declaración judicial. Si en aquella ocasión lo vinculó como respuesta a la guerra de Irak, ayer sostuvo que «El Tunecino» hizo este comentario como queja por lo que le iba a costar la reparación de un frigorífico y lo difícil que es para un inmigrante ahorrar en España.

Además de quedar patente el protagonismo de Serhane, la jornada volvió a poner en evidencia las artes de defensa de los procesados, que si bien continuaron negándolo todo y cargando la culpa en los muertos incurrieron en no pocas contradicciones. Bien es verdad que las mismas se ponen cada vez más de manifiesto según va siendo mayor el número de personas que prestan declaración. Es decir, hay más testimonios y, por lo tanto, más datos que someter a contradicción.

La jornada comenzaba con el testimonio de Mouhannad Almallah, quien, para la ocasión y a diferencia del resto de procesados, optó por vestir traje y corbata, ésta de dudoso gusto. Con una carpeta azul entre las manos, que abrió y cerró pero de la que no llegó a sacar ningún papel, comenzó negando que en su casa alquilada de Virgen del Coro, en la que compartieron habitación, entre otros, el autor material de la matanza muerto en Leganés Asrif Rifaat y el presunto partícipe en esos mismos hechos Basel Ghalyoun, se celebraran reuniones en las que se ensalzaba la yihad y se visionaban vídeos de acciones suicidas de islamistas en Bosnia, Chechenia o Afganistán.

Simples excursiones

Igualmente, no admitió que el adoctrinamiento se llevara a cabo también en las reuniones del río Alberche, cerca de Navalcarnero. El procesado aseguró que se trataba de simples excursiones (acudían muchos de los procesados y miembros del grupo suicida) a las que iba con sus hijos «para jugar al fútbol, bañarse y disfrutar».

Almallah, que se dedica a la reparación de electrodomésticos, afirmó que conoció a Serhane «El Tunecino» en 1996 en la Escuela Oficial de Idiomas de Madrid y que, con posterioridad, le siguió viendo en la mezquita de la M-30. El sirio, nacionalizado español, afirmó a preguntas de la fiscal, que después de la guerra de Irak «El Tunecino» le propuso trasladarse a ese país. «Vete tú, a mí no me interesa», aseguró que le respondió. La fiscal insistió: ¿Pero se lo llegó a proponer?». «Él lo intentaba, no sólo conmigo, sino también con Basel Ghalyoun». Además, Almallah dijo que no sólo se desvinculó él de los planes del suicida, sino que intentó apartar de él a sus conocidos.

La noche de la matanza

Almallah reconoció que a uno de los que había alquilado una de las habitaciones de Virgen del Coro fue a Asrif Rifaat, suicida de Leganés, quien permaneció en aquel inmueble unos días en 2003 y durmió la noche de los atentados del 11-M (cuando ya no era inquilino). Es precisamente este individuo en el que los procesados descargan la mayor parte de las pruebas inculpatorias contra ellos. Ayer no fue una excepción. Si el día anterior Basel Ghalyoun había declarado que su gorro de rezo apareció en Leganés porque desde Virgen del Coro se lo llevó allí Rifaat, ayer mantuvo lo mismo, pero en su caso con unas cintas de casettes, propiedad de Almallah. En la casa de Leganés la Policía recuperó unas cintas con unas anotaciones manuscritas cuya caligrafía corresponde al sirio. «Yo tengo muchas cintas y cedés, tanto de contenido religioso como porno. Me gusta mucho coleccionar», dijo.

Admitió conocer a Jamal Zougam (procesado como autor material) y, de hecho, relató que fue a su tienda de Lavapiés (desde el distrito madrileño de San Blas) para comprar un cargador de móvil por recomendación de Zeimi Pardo (procesado en la operación Nova) y Basel Ghalhyoun. A diferencia de lo que declaró ante el juez, ayer negó haber escuchado a este último hablar de «armas, pistolas, cuchillos o explosivos». Agregó que el ordenador de Ghalyoun era el único en el piso de Virgen del Coro y que sólo lo utilizaba él. «Era muy egoísta», explicó. La existencia de este aparato en la causa es vital, por cuanto la fiscal considera que era utilizado por los procesados y suicidas para visionar imágenes de la yihad.

Respecto al resto de los acusados, sostuvo que su relación con ellos era estrictamente laboral. En este contexto, desvinculó a su hermano Moutaz, encarcelado en el Reino Unido, de la célula del 11-M.

Además de confesarse seguidor de los «Hermanos Musulmanes», dijo que se había afiliado al PSOE por consejo del presidente de esa organización. Recordó que su familia es socialista «desde hace 30 años y desde 1999 siempre he dado mi voto a los socialistas».

Una novia «malvada»

El procesado intentó quitar valor al rosario de pruebas que hay contra él alegando que las acusaciones provienen de su ex novia y que todo se trata de una fabulación. Ella, dijo, se está vengando «porque yo no quise seguir con nuestra relación, porque era mala». Relató, además, que las cosas ya fueron mal desde el principio (ella le denunció pronto por malos tratos), y que le robó. Entre esas «fabulaciones» citó las labores de auxilio a los muyahidines que iban de Europa a Afganistán o que él fuera uno de los encargados de recaudar dinero en las mezquitas. También es otra «fabulación», dijo, el que asegurara que pensaba cometer un atentado contra las Torres KIO. «Soy un hombre occidental y estoy en contra de todas esas cosas», proclamó.

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El militante del PSOE

MADRID. Mohannad Almallah Dabas fue detenido en dos ocasiones durante las investigaciones del 11-M. La primera vez, en marzo de 2004, quedó en libertad aunque acusado de un delito de colaboración con banda terrorista, ya que entonces se pensaba que su único «pecado» había sido alquilar una habitación de su local de la calle Virgen del Coro a Basel Ghalyoun, ya entonces detenido como sospechoso de ser autor material de la matanza. Su segundo arresto, sin embargo, fue el definitivo. Realizado un año después, el instructor consideró entonces que ya disponía de pruebas que lo implicaban no sólo en una mera colaboración, sino también en un delito de pertenencia a organización terrorista.

En el auto de prisión, el juez Del Olmo explicaba que Mouhannad Almallah había seguido recaudando fondos «de manera ilícita con los que contribuir al sostenimiento de las actividades relacionadas con el terrorismo islamista». Este hombre, además, proporcionó alojamiento a varios de los autores de la matanza y facilitó tarjetas «ilegales» y documentación falsa a varias personas, entre las que ser podría encontrar el dirigente de Al Qaida en Europa Amer el Azizi, que en la actualidad está en busca y captura.

Pocas semanas después de salir en libertad por primera vez, Mouhannad Almallah se afilió al PSOE en la Agrupación Socialista de San Blas, en Madrid, por razones poco claras que él vincula con una especie de tradición familiar en este sentido. Una tradición que en cualquier caso sólo se hizo presente tras los atentados de Madrid y su posterior arresto.

La Policía, tras sus pasos

Durante el año en el que estuvo en libertad, este acusado fue seguido muy estrechamente por la Policía, que estaba convencida de que no sólo era un colaborador de los islamistas, sino también uno de sus miembros, y no precisamente de los menos activos. Así, se comprobó que «al margen de lo que puede ser la hospitalidad de cualquier persona, especialmente dentro de un ámbito cultural concreto, se evidencia en actitudes y con relaciones personales denotadoras un nivel de implicación relevante en el islamismo radical». El juez consideró que había hecho actividades de adoctrinamiento, proselitismo o captación, obtención de fondos, y facilitación de infraestructura y logística.

Entre sus relaciones «peligrosas», además, se encontraban «El Tunecino», Jamal Ahmidan «El Chino» y «El Egipcio». El número de teléfono de Mouhannad Alfallah fue encontrado en la agenda de este último individuo, considerado autor intelectual del 11-M.

Un texto de D. M. y D. V. publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El Morabit arruina la coartada de un supuesto autor material

MADRID. Fouad el Morabit, amigo de uno de los supuestos autores materiales de la matanza de Madrid, en concreto Basel Ghalyoun, cometió ayer durante el interrogatorio de la fiscal Olga Sánchez uno de esos errores que pueden acabar con cualquier amistad, por muy sólidas bases que tenga. Con una sola frase este procesado, que está acusado de pertenencia a banda armada, echó por tierra la coartada de Ghalyoun para desvincularse del peor atentado de la historia de España. Éste había dicho que el 11 de marzo, por la mañana, había despertado a El Morabit «a las siete o siete y media de la mañana, para rezar». La fiscal quiso que Fouad lo confirmase, y ahí saltó la sorpresa: «Basel me despertó entre las diez y las once de la mañana», respondió con firmeza. En el primer caso, Basel Ghalyoun no pudo perpetrar la matanza; en el segundo, obviamente, sí.

La respuesta de El Morabit provocó también gran sorpresa en el resto de las acusaciones y en las defensas. A ellos les tocó interrogar en la sesión de tarde y en ese momento, entonces sí, el procesado cambió radicalmente su versión. Esta vez aseguró que ambos se levantaron a rezar alrededor de las seis y media de la mañana y que después se acostó hasta que su compañero de habitación le despertó entre las diez y las once. Corroboró por tanto la versión de su amigo, pero quizá cuando lo hizo ya era demasiado tarde.

Virgen del Coro

El Morabit residía en el momento en que se produjeron los atentados con Ghalyoun en el local situado en la calle Virgen del Coro, donde se realizaban presuntamente reuniones dirigidas a alentar la yihad. La noche de los atentados también durmió allí uno de los suicidas de Leganés, Anouar Rifaat. Ya lo había hecho en otras ocasiones, pero tampoco se puede decir que fuera un asiduo, pues la última vez que pasó una noche en el local fue un mes atrás, según explicó ayer Fouad.

También por la mañana este procesado dijo que nunca supo que se estaba planeando un atentado en Madrid, si bien admitió que le contaron que Serhane «el Tunecino» había hablado de que pasaría «algo fuerte». En concreto, atribuyó ese comentario a su amigo Ghalyoun, lo que de nuevo situaba a éste en el disparadero. Eso sí, consideró esas afirmaciones como una «tontería o fantasía» de Serhane.

De nuevo por la tarde El Morabit matizó esta respuesta. Sostuvo que «el Tunecino» «no era una persona violenta. Era radical, podríamos decir extremista, pero no violento. Manifestaba sus ideas de manera radical, muy entusiasta, como si quisiera imponerlas, pero nunca llega a la violencia. Tampoco se le conoce que forme parte de algún grupo o perteneciera a algo que le pudiera relacionar» con un atentado.

La Fiscalía, sin embargo, considera acreditado que mantuvo conversaciones con varios de los implicados en la matanza, incluidos algunos de los suicidas de Leganés. Según la versión de El Morabit si se produjeron llamadas desde su teléfono a alguno de los suicidas, como Rifaat Anouar, es porque las realizaron otras personas.

El Morabit, que llegó a España a finales de 1999 para estudiar Ingeniería Aeronáutica, dio muestras de ser una persona preparada y llevaba un discurso bien elaborado, hasta el punto de que se permitió reproducir algunas de las teorías que han circulado para rebatir la acusación de una autoría islamista en el 11-M, con el argumento de que si fuera un terrorista reivindicaría la autoría de esos atentados. Considera que lo que busca esta gente es proyección internacional y este juicio sería una buena oportunidad para conseguir esa proyección.

«Para un terrorista ésta [el juicio] es la mejor oportunidad de defender su ideología -explicó con tranquilidad-. Es lo que busca un terrorista. Yo ahora estoy delante de un micrófono y me ve todo el mundo, es la mejor oportunidad para difundirlo y defenderlo».

Y muy probablemente con la intención -legítima, en su caso- de añadir elementos de confusión en el juicio, afirmó que cuando se enteró de los atentados de los trenes «inmediatamente, como otros ciudadanos, pensé que era ETA».

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Una vez más, por la boca muere el pez

MADRID. Algunos le describen como una persona «culta y educada». Marroquí de 33 años, Fouad El Morabit (Nador, 1973) cursó tres años de electrónica en la Universidad Politécnica de Madrid, estudios que después amplió en Gijón y, según la prensa alemana, también en la Universidad de Darmstadt. Hasta aquí, parece el retrato de uno de tantos inmigrantes que salen de su país para mejorar su formación y buscar un futuro mejor. Sin embargo, el currículum de El Morabit incluye otros aspectos que le colocan con un alto grado de certeza en los escenarios y en los preparativos del 11-M, de cuya gestación se enteró por boca de «El Tunecino» (uno de los suicidas de Leganés) ya en el verano de 2003.

Detenido por primera vez el 24 de marzo de 2004 en Ugena (Toledo), fue puesto en libertad al poco tiempo para volver a ser arrestado después hasta en dos ocasiones más. La última, el 12 de abril de ese mismo año, después de que los investigadores comprobaran que había hablado por teléfono con varios imputados. Y es que Fouad El Morabit tiene entre quienes le acompañan en el banquillo a un buen número de amigos, como el sirio Basel Ghalyoun (considerado autor material de los atentados), con quien vivía en el piso de la calle Virgen del Coro, donde los islamistas celebraban reuniones de adoctrinamiento. En ese mismo piso, Basel y Fouad dieron alojamiento a Asrih Rifaat, otro de los suicidas y autor directo de la matanza. La ropa de Rifaat apareció en los alrededores de la estación del tren de cercanías de Vicálvaro.

Antes y después del 11-M, Fouad El Morabit mantuvo contacto telefónico con más suicidas, «El Tunecino» y «El Chino» (con éste último mantuvo hasta cuatro conversaciones el mismo 11 de marzo), así como con Rabei Osman «El Egipcio», ideólogo de la matanza al que conoció en la mezquita de Estrecho. En su declaración ante el Tribunal en la primera jornada del juicio, «El Egipcio» negó haber mantenido contactos con los demás imputados, pero no pudo negar, por evidente, su vinculación con El Morabit, en cuya agenda telefónica se halló el número de Rabei Osman. En las conversaciones que le fueron «pinchadas» «El Egipcio» señaló a El Morabit y a Ghalyoun como personas «vinculadas directamente» al 11-M.

Un texto de N. Colli publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Gnaoui sitúa en la casa de Chinchón a la célula del 11-M

MADRID. Laberíntica e imprecisa fue la declaración de Othman el Gnaoui, uno de los hombres de confianza de Jamal Ahmidan, jefe operativo de la célula del 11-M. Arrastrando las palabras, el procesado reconoció que estuvo trabajando, por indicaciones de «El Chino», en la casa de Chinchón, donde fueron confeccionadas las bombas y de donde los terroristas salieron en la mañana del 11 de marzo hacia la estación de tren de Alcalá de Henares.

No obstante, el Gnaoui se esforzó en desvincularse de Jamal Ahmidan en los días inmediatamente anteriores y posteriores a los atentados. Así, el acusado dijo ante el Tribunal que dejó de trabajar en la casa de Chinchón el 4 de marzo y que volvió a ver a Ahmidan el 17 del mismo mes. Además, situó a todos los miembros de la célula del 11-M -a excepción de Lamari- en ese lugar.

Un altillo

El procesado, aunque reconoció haber trabajado en Chinchón, negó que hubiera hecho alguno de los dos agujeros en los que los terroristas ocultaron el explosivo. En este sentido, afirmó que su labor fue la de hacer un altillo y acondicionar una zona con polisplán para «proteger a las gallinas». No obstante, las inspecciones realizadas por la Policía Científica determinaron que en ese material se hallaron restos de explosivo, extremo que el procesado dijo desconocer.

Igualmente ambigua fue la declaración de Gnaoui al ser preguntado sobre las conversaciones telefónicas que mantuvo con Jamal Ahmidan el 29 de febrero de 2004, el día que el jefe operativo de la célula del 11-M regresó de Asturias con un cargamento de dinamita procedente de Mina Conchita. El procesado reconoció que recibió una llamada de Ahmidan en la que éste, además de indicarle que dirigiera hacia Burgos, le preguntó algo sobre unos «clavos». Gnaoui se fue por los cerros de Úbeda cuando se le preguntó que explicara el significado de esta palabra y por ello la fiscal le pidió que aclarase si es un término que en su argot significa «pistolas». Ante ello, el procesado dijo: «No, no, se refiere sólo a clavos de carpintería». Fue una respuesta que provocó risas entre los asistentes al juicio.

El declarante admitió que se dirigió, siguiendo las indicaciones de Ahmidan, hacia Burgos en compañía de Rachid Oulad Akcha y Asrih Riffaat y que al llegar a un determinada localidad (se trata de Cogollos, le precisó la fiscal) «nos encontramos con Jamal». Tras afirmar que desconocía el motivo por el que «El Chino» se había desplazado a Asturias, dijo entre dientes: «Jamal viaja mucho, pero nunca decía dónde iba». Igualmente, señaló que no sabía si trajo explosivo. «Después, cuando fui a la cárcel fue cuando me enteré de todo».

Gnaoui se sorprendió cuando una de las acusaciones le preguntó sobre la existencia de un casquillo de bala del 7 milímetros, hasta el tal punto que dio muestras de no entender a qué se refería. Pero la pregunta tenía su sentido, ya que en la finca de Chinchón se halló un casquillo de este calibre. No obstante, esta circunstancia fue aprovechada por la defensa de Basel Ghalyoun para vincular en su escrito de defensa a ETA con el 11-M. Para ello, expone el letrado que una bala de similares características se habría empleado en un intento de atentado a Su Majestad el Rey en Palma de Mallorca en el verano de 1995.

Otman El Gnaoui, el albañil de la finca de Chinchón

Según el escrito de acusación de la fiscal, Otman El Gnaoui contribuyó «activamente» a la preparación de los atentados pues ayudó a transportar la dinamita desde Asturias hasta Madrid y a acondicionar la finca de Chinchón, donde los terroristas prepararon los artefactos explosivos. Pero no sólo eso: su perfil genético aparece mezclado con el de otros implicados en las prendas que el suicida Asrih Rifaat dejó cerca de la estación de Vicálvaro y, con sus documentos, «El Chino» (muerto en Leganés) se confeccionó papeles falsos. Este marroquí de 31 años (Tetuán, 1975), mantenía una estrecha relación con Jamal Ahmidan «El Chino» y su familia, en especial con sus primos Hamid (otro de los procesados) y Hicham (preso en Marruecos).

Un texto de N. Villanueva y D. Martínez publicado por el diario ABC el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

   

Juicio 11-M: Sesión del 20 de Febrero de 2007 (EL PAIS)

Por Narrador - 21 de Febrero, 2007, 8:30, Categoría: Juicio 11-M

 

El abogado de dos procesados del 11-M aporta pruebas falsas para implicar a ETA

Calle de la conspiración, esquina a engaño: El abogado de dos procesados del 11-M cambia la foto de un temporizador para implicar a ETA

Madrid - El sirio del traje verde y la corbata amarilla es un secundario de lujo. La fiscal pide para él 12 años de prisión por realquilar su casa a algunos de los suicidas de Leganés. En medio de su declaración, se le ponen los ojos de viejo verde al reconocer ante el juez que, a pesar de estar casado y ser padre de cuatro chiquillos, hizo un viaje a Tánger "en busca del placer de las mujeres". Luego declara Fouad El Morabit, otro de sus inquilinos, el hijo listo de un notario de Nador que llegó a Madrid para estudiar ingeniería y terminó alternando con lo peor de cada casa. Al juicio, en su largo y difícil viaje hacia la verdad, le tocaba ayer transitar por personajes secundarios, conocer a los que conocieron a los peores. Pero, de nuevo, intereses extraños intentaron que ese viaje desembocara en la calle de la conspiración.

El de la corbata amarilla se llama Mouhannad Almallah Dabas, más conocido por Abu Omar. La semana pasada asistió al juicio desde detrás del cristal blindado, vestido de manera informal tirando a descuidada. Ayer, en cambio, apareció con un terno oscuro recién comprado. Para responder, cogía el micrófono de medio lado, como un cantante, y conforme avanzaba el interrogatorio se iba gustando en la suerte. Cuando le llegaba una pregunta que no le agradaba, la rechazaba sin complejos: "Esa no la respondo, ¡otra!". Abu Omar, cuyo negocio teórico consistía en la reparación de electrodomésticos a domicilio, basó su defensa en reconocer algunas acusaciones -su amistad con un suicida, su simpatía por cierto grupo religioso, la posesión de vídeos sospechosos- para darles después pintura blanca de inocencia.

Atracar bancos

Cuando se le preguntó si El Tunecino -uno de los suicidas de Leganés- le había dicho en algún momento que había que "dar un buen golpe, matar policías", él dijo que sí, pero lo explicó de esta forma: "Fue el día que se le estropeó la nevera. Yo le dije que había que sustituir el compresor y que se iba a tener que gastar 150 euros. El Tunecino me dijo entonces que no tenía dinero, que no iba a tener más remedio que atracar bancos o joyerías, que matar a policías". Cuando le preguntaron si tenía vídeos en su casa llamando a la guerra santa, dijo que no recordaba, pero que le gustaba tener de todo, "incluso vídeos porno, señoría".

Tanto Abu Omar como su inquilino Fouad El Morabit -el hijo del notario de Nador- dieron la impresión de defenderse bien, cada uno a su estilo, achacando ambos al maldito azar una circunstancia innegable: durante los días que rodearon al 11-M, ellos estuvieron muy cerca, demasiado cerca, de los que sí dejaron sus huellas en los escenarios de la tragedia. Un juicio, y más un juicio como este, es como un puzle de un millón de piezas del que no se conoce el modelo. Si a esto se añade que esas piezas hablan otro idioma y tienen nombres imposibles de memorizar a este lado del Estrecho, el juego se complica. De ahí que jueces, fiscales y abogados exhiban una concentración especial para atrapar, si salta, el hilo de la verdad. Una concentración que ayer, de nuevo, saltó por los aires.

Ya en el segundo día de juicio, la teoría de la conspiración -según la cual ETA y Al Qaeda se pusieron de acuerdo para terminar con el Gobierno del PP- penetró en el juicio de la Casa de Campo a través de las preguntas de algunos abogados. No era la primera vez. Para mantener viva la teoría de la conspiración, sus patrocinadores se habían llegado a apoyar en circunstancias verdaderamente exóticas como que los terroristas de ETA y los islamistas utilizaban el mismo matacucarachas; la falsa presencia de una tarjeta del Grupo Mondragón en una furgoneta de los autores del 11-M; de supuestos testimonios -desmentidos por la investigación- que implican a etarras y que no aparecen en ningún documento oficial; de sustancias explosivas que no aclaran nada... Ayer, sin embargo, se produjo una vuelta más de tuerca.

José Luis Abascal, el abogado de Basel Ghalyoun y de Jamal Zougam, ambos acusados de ser autores de la matanza, cambió en su escrito de defensa la fotografía de uno de los temporizadores hallados en uno de los registros del 11-M -un temporizador normal, cuyo precio de mercado es de 18 euros- por otro incautado por la Guardia Civil en una operación contra ETA y en el que se puede leer la inscripción "Segurtasun Temporizadorea (ST)". El abogado escribió junto a la fotografía: "Nadie más que ETA usa estos temporizadores marcados con las siglas de ST". O lo que es lo mismo, si ese temporizador fue hallado en la casa de la calle Virgen del Coro -refugio de islamistas-, la conexión ya estaba clara... Salvo que ese temporizador no estaba allí, ni la Guardia Civil registro aquella casa, sino que fueron agentes del Cuerpo Nacional de Policía.

Ayer, una vez más, dio la impresión de que la calle de la conspiración y la del engaño juntan sus esquinas en el mismo barrio. Supuestamente, claro.

MÁS CONSPIRACIÓN: Un temporizador rectangular para implicar a ETA

El abogado de Jamal Zougam, acusado de 191 asesinatos, introdujo en un escrito de defensa la idea de que en casa de los islamistas se halló un temporizador como los usados por ETA. Falso, era otro modelo.Más pistas sobre los suicidas de LeganésEl albañil que trabajó en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas del 11-M reconoció en el juicio que por la finca pasaron seis suicidas de Leganés.El PP extiende las sospechasEl portavoz parlamentario del Partido Popular, Eduardo Zaplana, aseguró ayer que "las cosas no están tan claras como dice la fiscal" del caso.

LA VISTA AL DÍA: Declaran colaboradores de El Chino

La vista oral se inicia hoy con el interrogatorio a Rachid Aglif, para el que la fiscalía pide 21 años por pertenencia a organización terrorista y suministro de explosivos.

EL NINGUNEO A LOS CEREBROS DEL 11-M

- Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino, era sin duda "un radical, un extremista", pero también tenía tendencias a decir "chorradas". Rabei Osman, Mohamed el Egipcio, en cambio, era "un fabulador" que se pasaba el día "fantaseando", según declararon ayer sus amigos en el juicio.

- Fouad El Morabit, posiblemente el más preparado de quienes han comparecido hasta ahora, descalificó los supuestos deseos de atentar de El Tunecino y echó por tierra el contenido de las conversaciones intervenidas en Italia a El Egipcio. Sencillamente, ninguno de los dos tenía preparación, sentenció el acusado, estudiante de ingenierías, dominador de seis idiomas, hijo de un notario de Nador.

- El Morabit admitió que, a finales de diciembre de 2003, El Tunecino había hablado de hacer "algo fuerte" y que lo mejor que podían hacer sus amigos era irse de Madrid. "Según me consta, lo que decía Serhane era una chorrada, no tenía fundamento".

- Casi peor fue con El Egipcio, del que dijo que era un hombre sin preparación, que sacaba "conclusiones precipitadas".

- "Yo no sé en qué circunstancias dijo eso Rabei", señaló al ser repreguntado por las conversaciones de Italia. "Suponiendo que sea cierto, estaba fantaseando, presumiendo de importancia, no lo sé, quizás se estaba pavoneando", sentenció. "Habla de un arma como de un secador de pelo, de preparar coches en la frontera entre Jordania e Irak para colocarlos en Irak... Por eso digo que habla mucho y que le gusta fantasear, es típico suyo".

Un texto de Pablo Ordaz publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


La trampa del temporizador

Madrid - La foto de un temporizador incautado a ETA por la Guardia Civil abrió ayer una extraña polémica en el juicio del 11-M. La foto del aparato, que tiene adherida una pegatina en la que se lee "segurtasen temporizadorea", ha sido incluida en un escrito de la defensa de Basel Ghalyoun, en el que se dice que es idéntico a otro hallado en el registro de la vivienda de la calle de la Virgen del Coro, donde pernoctaban el citado, Fouad el Morabit y durante 10 días el suicida de Leganés Asrih Rifaat Anouar.

Sin embargo, lo único que se halló fue un temporizador de lavadoras, de la marca Remle SA, que se vende por 18,57 euros. Mohanad Almallah Dabas, que alquilaba habitaciones en dicho local, ya dijo ayer que él compraba habitualmente a Remle repuestos de electrodomésticos, y que solía guardar algunas piezas en dicha vivienda. El temporizador estaba en una habitación llena de chatarra.

El famoso temporizador ya se había oído en la primera sesión del juicio. José María de Pablo Hermida, acusador por parte de la minoritaria Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que apoya las teorías conspirativas, le preguntó por el "segurtasen temporizadorea" a Hassan el Haski, cuando sabía que no iba a contestarle.

Los temporizadores han planeado por el resto de las sesiones, pero ayer saltaron a primer plano. Fue cuando el letrado de otra acusación, Gonzalo Boyé, pidió al tribunal que se mostrase una foto de un temporizador incluida en el escrito de la defensa de Basel Ghalyoun, representado por José Luis Abascal.

Lo hizo cuando Mohanad Almallah Dabas dijo que, como reparador de electrodomésticos, solía manejarse con temporizadores para lavadoras o microondas, pero también programadores.

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, consideró que era improcedente que una acusación pidiera que se exhibiera una foto de un escrito de defensa, ya que, técnicamente, un escrito de defensa no pertenece al sumario, sino al rollo de sala. El presidente sí se avino a que se mostrase el acta de entrada y registro, donde figuraba ese hallazgo.

Efectivamente, en dicha acta manuscrita de registro de Virgen del Coro, número 11, efectuado el 25 de marzo de 2004, se dice que se había hallado, en una habitación llena de chatarra, un temporizador STA MEC 24h INT/60, sin más precisiones ni foto.

El escrito de la defensa, en cambio, dice que se trata del temporizador ST17 MEC 24H INT/160. El escrito contiene una fotografía del supuesto temporizador. "No es el mismo", precisó ayer José Luis Abascal, abogado de Ghalyoun y también de Jamal Zougam: "Es uno incautado por la Guardia Civil en otra operación, que lo he puesto ahí para que se vea cómo son, pero no es para nada el de Virgen del Coro, porque yo no lo he visto ni he visto foto alguna. Es para una cuestión visual".

El escrito del abogado Abascal, no obstante, añade que el hallazgo del temporizador apunta necesariamente a la banda terrorista ETA. "Todos aquellos que investigamos armamento y explosivos de ETA sabemos que cuando aparece un temporizador ST es de procedencia etarra, descartando cualquier otro grupo". Argumenta el abogado de dos implicados en el 11-M que es así porque procede de la manipulación de un temporizador Casio original.

Sin embargo, basta consultar los catálogos de la empresa Remle, dedicada a la venta de este tipo de accesorios, para comprobar que nada es así. El programador horario STA MEC 24h INT/60 se vende en el mercado como tal, sin proceder de manipulación alguna.

El precio es de 18,57 euros y es habitual en determinado tipo de electrodomésticos. Además, el propio Almallah Dabas, que alquilaba las habitaciones de la calle de Virgen del Coro, dijo ayer que era cliente de la empresa Remle y que solía manejar temporizadores. "Yo tengo y he tenido temporizadores", declaró ayer durante la vista oral. "Tengo muchos temporizadores para lavadoras, hornos, lavavajillas y algunos frigoríficos para mi trabajo".

CONCLUSIONES DESCABELLADAS

El escrito del abogado de Zougam para defender a su cliente establece una serie de conclusiones fruto de un supuesto hallazgo que no es tal. El abogado mantiene que, según el sumario, en el piso que ocupaban islamistas relacionados con el 11-M se halló un temporizador que es, sin duda, "de procedencia etarra, descartando a cualquier otro grupo terrorista". Para ilustrar su argumentación coloca una foto de un temporizador incautado a ETA que no es el que se encontró en el piso de los islamistas.

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Un supuesto autor material con tres abogados distintos

Madrid - La estrategia de defensa que ha utilizado Jamal Zougam desde que fue detenido el sábado 13 de marzo como dueño del locutorio donde se vendieron las tarjetas de los teléfonos móviles que se usaron en las bombas y posteriormente acusado de ser autor material de la muerte de 191 personas ha variado radicalmente en los últimos meses.

Ese cambio coincidió con la llegada de su tercer abogado en todo este tiempo. Zougam se pagó un abogado privado cuando se inició todo el proceso. Se trataba de Mateo Seguí. El procesado por los atentados decidió prescindir de los servicios de Seguí porque no podía pagar la estancia del abogado en Madrid durante la celebración del juicio. Y entonces se encargó de su caso un abogado de oficio, Juan Ramón Gemeño, con el que el procesado estuvo sólo un mes.

Hace poco más de dos meses, un abogado de pago, José Luis Abascal, asumió la defensa de Zougam —que había renunciado al primer letrado que tuvo por falta de dinero— y, a partir de ahí, todo cambió. Zougam había basado hasta entonces su defensa en quitar credibilidad a los testigos que le habían apuntado en diversas ruedas de reconocimiento y en asegurar que cuando ocurrieron los hechos, estaba durmiendo en su casa. El procesado, a partir de la llegada de José Luis Abascal, concedió una entrevista exculpatoria al diario El Mundo y pidió, a través de su abogado, que se tomase declaración en el juicio a tres etarras, a los que la teoría conspirativa ha querido involucrar en los hechos, y se hiciese una prueba pericial de los explosivos.

El abogado de oficio Juan Ramón Gemeño asegura, según informó ayer Cuatro Televisión, que en noviembre pasado le llamó Abascal para indicarle que se hacía cargo de la defensa de Zougam. Le pareció raro y Gemeño explica que le preguntó a su cliente, quien supuestamente le dijo que él prefería seguir con su abogado de oficio.

Gemeño ha presentado una queja ante el Colegio de Abogados por lo que considera una práctica irregular por parte de Abascal al asumir la defensa de Zougam. Se ha abierto una investigación para esclarecer estas posibles irregularidades.

Texto publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Dos procesados consiguen sembrar la duda sobre su participación en los atentados

Almallah Dabas y El Morabit respondieron a todas las preguntas de la fiscal y los abogados

Madrid - Por fin la inteligencia. Mouhannad Almallah Dabas y Fouad el Morabit, dos de los procesados que declararon ayer y a los que el fiscal acusa de pertenencia a la célula terrorista islamista, aunque no de haber participado en los atentados -pide 12 años para cada uno-, bordaron ayer su actuación. Sus declaraciones, contestando a la fiscal y al resto de las partes, fueron tan inteligentes que sembraron la duda sobre su actuación. Salvo que los testigos que declaren en el futuro o los dictámenes periciales pendientes constituyan pruebas insalvables, probablemente conseguirán una sentencia muy favorable.

Almallah Dabas, de 43 años, padre de cinco hijos de corta edad, que se dedica a reparar electrodomésticos, dio una lección de aplomo y serenidad. Vestido con traje y corbata, afrontó las pruebas en su contra como si no fuera con él.

Mouhannad está acusado de la captación de jóvenes radicales islamistas en España para su posterior envío al extranjero, albergándoles entre otros lugares en una vivienda sita en la calle Virgen del Coro de Madrid, de la que era titular del arrendamiento su hermano Moutaz Almallah, preso en Londres. En aquel lugar, así como en el domicilio del fallecido Serhane El Tunecino y en un local de Lavapiés, se procedía principalmente a la exhibición de vídeos sobre campos de entrenamiento de muyahidin, de ejecuciones y charlas sobre la yihad.

Almallah tiene tráfico de llamadas con varios de los supuestos autores de los atentados. Además, una testigo protegida le acusa de que él y sus amigos planeaban realizar un atentado en Madrid 13 meses antes del 11-M, de haber proporcionado un pasaporte a Amer Azizi para que huyera cuando estaba siendo buscado por el juez Baltasar Garzón y haber tenido amistad con Serhane El Tunecino y Jamal Ahmidan, dos de los suicidas.

Pues de esos aprietos Almallah salió con soltura. Afirmó que no adoctrina a nadie, que ése era Serhane El Tunecino, que quería ir a Irak a luchar e intentaba ser el jefe de todos los jóvenes de su entorno. Sobre el tráfico de llamadas a teléfonos de los suicidas, dijo que uno de ellos, al que conocía, Rifaat Anouar, fue quien llamó a los compañeros, porque siempre alegaba que no tenía saldo.

Despecho de una mujer

Las demás acusaciones fueron contestadas de forma simple. Todo obedeció al despecho de una mujer. Él estaba casado con su esposa Turia, con la que tiene cuatro hijos, pero atravesó problemas y se separó. En un viaje conoció en Tánger a una mujer llamada Nouza y vivió un tiempo con ella. La hizo su novia y tuvo un hijo con ella, pero aunque pensó en casarse luego creyó que no le convenía. Por venganza, ella le ha denunciado cinco veces por malos tratos falsamente, según Mouhannad, se ha convertido en testigo protegida y le ha acusado de todo aunque nada sea verdad. Él a su vez ha denunciado a la mujer por robo.

El acusado reconoció que es simpatizante de los Hermanos Musulmanes, que es un partido legal en Siria y que tras los atentados del 11-M se afilió al Partido Socialista porque en su familia es tradición desde hace más de 30 años.

Fouad el Morabit, además de inteligente, fue elegante. Conocía a la mayoría de los suicidas, tuvo tráfico de llamadas con ellos, estudió ingeniería aeronáutica, alojó en el local de Virgen del Coro al suicida Rifaat Anouar la noche del 11-M y Rabei Osman, El Egipcio, le dijo por teléfono a Mourad Chabarou que los atentados de Madrid eran idea suya y que Fouad el Morabit podría haber muerto en la acción. Lo único que le salva es que no hay huellas suyas ni su ADN aparece en los escenarios del atentado.

Pero Fouad demostró cómo se debe fundamentar una defensa. De entrada, contestó todas las preguntas de todos los abogados y lo hizo con solvencia. Podrá no creérsele, pero su discurso fue lógico y perfectamente armado. Es un tipo formado que ha estudiado ingeniería aeronáutica y electrónica, aunque no acabó los estudios, y que habla seis idiomas: árabe, bereber, inglés, francés, español y alemán. Es hijo de un notario de Nador (Marruecos) y no ha pasado apuros económicos porque su padre le financiaba los estudios.

Serhane era radical, pero decía muchas tonterías y nadie le creía. Según dijo, "no tenía información, nivel o contactos para que yo pudiese relacionarlo con los atentados. Yo, como todos los ciudadanos, pensaba que había sido ETA. A Serhane le conocía todo el mundo, y no era una persona violenta. Era radical, extremista, pero no violento", dijo.

De Rabei Osman, El Egipcio, dice que es un fabulador. Piensa que cuando dijo que los atentados eran idea suya probablemente estaba fantaseando o fanfarroneando para darse importancia ante el interlocutor.

Fouad afirmó que los atentados son "una barbaridad" y recalcó que no tiene nada que ver con los mismos. "Si yo fuera terrorista reivindicaría el atentado, porque este juicio es la mejor oportunidad para un terrorista para difundir sus ideas y defender el atentado, pero no lo soy". "Si por el mero hecho de conocer a alguien ya te implican en un atentado y esto ocurre en Europa, nos tendremos que ir a Marte", concluyó.

ALMALLAH DABAS

- "Mi ex novia era mi enemiga y tenía denuncias contra ella"- "Soy un hombre occidental y estoy en contra de la violencia, de cualquier tipo de violencia, también la de género"- "Esa testigo decía muchas cosas para hundirme, no para ayudar a la justicia"- "No he llevado dinero a mi casa. Ella me ha robado mucho"- "Soy simpatizante de los Hermanos Musulmanes, pero no pertenezco a ellos"- "Me afilié al PSOE por tradición familiar y porque me lo pidió el presidente de los Hermanos Musulmanes"

FOUAD EL MORABIT

- "Serhane el Tunecino no tenía información, nivel o contactos para que yo le pudiese relacionar con los atentados"- "Serhane era radical, extremista, pero no violento"- "No tengo ninguna relación con los atentados. Soy un hombre pacífico, quizás demasiado pacífico"- "Si por el hecho de conocer a alguien te implican en un atentado y eso ocurre en Europa nos tendremos que ir a Marte"- "Para un terrorista este juicio, ahora que está mirando todo el mundo, sería la mejor oportunidad para difundir y defender los atentados"- "Basel me dijo que iba a ocurrir algo fuerte. ¡Qué tiene que ver algo fuerte con un atentado!

OTMAN GNAOUI

- "Una vez Serhane vino a Chinchón con un [vehículo] Golf para hablar con Jamal Ahmidan"- "Ya estaban en la casa los hermanos Oulad, Ashri Rifaat y Abdemnabi Kounjaa"- "Jamal quería cubrir de porexpan la caseta de la gallina para que no se 'frescaran"- "El 11-M yo no trabajé en Chinchón, ni fui a la estación de Alcalá de Henares, ni coloqué ninguna mochila"- "Jamal me llamó el 29 y me dijo que cogiera el clavo y que fuera a recogerlo a la entrada de Burgos"- "Un día fue con Jamal con una furgoneta blanca a comprar cemento y arena. No me acuerdo si era una Kangoo o una Express"

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


El Gnaoui sitúa en Chinchón la furgoneta Kangoo y a seis de los suicidas de Leganés

Madrid - Uno de los interrogados ayer en el juicio situó en la finca de Chinchón, la supuesta guarida de los terroristas, a seis de los suicidas de Leganés y a la furgoneta Renault Kangoo hallada en Alcalá de Henares, clave para las investigaciones. Othman el Gnaoui, que trabajó como albañil en la casucha hasta una semana antes de los atentados, admitió que el 29 de febrero de 2004 fue a recoger a Jamal Ahmidan, El Chino, cuando éste regresaba de Asturias con un coche lleno de explosivos. El Gnaoui fue además el constructor del zulo en el que supuestamente se escondió la dinamita Goma 2 ECO de la mina Conchita (Tineo, Asturias).

El Gnaoui aseguró que estuvo trabajando en la casucha desde mediados de febrero hasta principios de marzo. El Chino, que había alquilado la finca, le encargó construir una habitación en la planta superior, y un habitáculo recubierto de material aislante "para que no se 'afrescaran' las gallinas". Mientras trabajaba allí, vio cómo en las fechas antes del 11-M, se acercó por la finca Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino. "En la casa ya estaban Mohamed y Rachid Oulad Akcha, Abdenabi Kounjaa y Asri Rifaat Anouar". Es decir, que ya paraban e incluso dormían en la finca seis de los suicidas de Leganés. Aclaró que tampoco había visto nunca allí a Abdelmajid Bouchar, juzgado como autor material, ni a Mohamed Afallah, supuestamente muerto en un atentado suicida en Irak.

Recogida de explosivos

Un día fue con El Chino en una furgoneta a comprar material de construcción. En su primigenia declaración judicial, señaló que esa furgoneta era la famosa Kangoo. Ayer no estaba seguro: "La usamos para traer cemento y arena. Fui con Jamal. Era blanca, pero no me acuerdo si Citroën o Renault o Express o Kangoo". Presionado por la fiscal, admitió que en el juzgado y en su presencia firmó que era la Kangoo.

El acusado aseguró que el 29 de febrero de 2004 le llamó el Chino desde la carretera de Burgos, cuando regresaba de coger los explosivos, para que le fuera a recoger. "Me dijo que cogiera el clavo en la carretera de Burgos. Entendí que era un clavo normal, nada raro". Recogió a Rachid Oulad en Chinchón y se fue hacia Burgos. "Le dije a Rachid que cogiera el clavo, pero él tampoco sabía qué era. Le dije 'pues llama a Jamal y que te lo diga'. No llegaron a entrar en Burgos. "Hicimos un cambio de sentido y nos encontramos con Jamal, que venía en un Golf. Vinimos para Madrid". Su guía fue siempre Rachid Oulad. Sin embargo, aseguró que él nunca supo nada de explosivos, y que se enteró de que su amigo podía haberlos traído "cuando ya estaba en prisión".

Un texto de José Yoldi y Jorge A. Rodríguez publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Los procesados comerán caliente

Madrid - Terminó la sesión de la mañana, a las dos de la tarde, y el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, hizo un anuncio: "A partir de mañana [por hoy] habrá un catering para los procesados, para que coman caliente".

Los procesados que asisten al juicio desde la pecera blindada se levantan a las siete o siete y media en su prisión correspondiente. Proceden de Alcalá Meco, Navalcarnero, Soto del Real y Aranjuez. Desayunan y, en furgones de la Guardia Civil, son trasladados al edificio de la Audiencia Nacional en la Casa de Campo.

Desde el jueves, cada prisión se encargaba de entregar a sus reclusos una bolsa con bocadillos. El edificio donde se celebra el macrojuicio carece de cafetería y llevar a los presos a un restaurante cercano es imposible por motivos de seguridad. De ahí que la Dirección General de Instituciones Penitenciarias haya recurrido a una empresa de servicio de comidas a fin de que los procesados coman caliente.

Al llegar al edificio de la Audiencia, a eso de las nueve de la mañana, los procesados son conducidos a los calabozos de la planta baja. En tres celdillas anexas con dos asientos divididos por una pared de cristal con agujeros a la altura de la cabeza, los abogados defensores aprovechan esa hora para dialogar con sus defendidos. Por lo general, estas celdillas son utilizadas por los procesados que van a declarar esa mañana.

A las diez de la mañana comienza la sesión. El presidente del tribunal ordena trasladar a los procesados, que desde los calabozos suben una planta para acomodarse en los bancos de madera con que cuenta la pecera blindada.

No tienen sitio asignado. Y sin embargo, casi todos se colocan siempre en el mismo lugar, día tras día: Rabei Osman, El Egipcio, acusado de ser uno de los cerebros de la masacre, prefiere la fila del medio y el centro mismo del habitáculo. Sigue las sesiones con las manos en las rodillas y la cabeza inclinada, sin hablar con nadie.

Jamal Zougam, acusado de poner él mismo las bombas en uno de los trenes, elige la misma esquina, la que está más cerca del público, por lo general víctimas o familiares de víctimas. Zougam lo observa todo con expresión ausente, casi aburrida. Ayer, hasta escondía la cabeza entre los brazos para adoptar una posición más cómoda.

Una cámara de seguridad les enfoca constantemente. Además, de vez en cuando se aprecia una cabeza vigilante asomando por el ojo de buey de la puerta blindada. Por lo general, no dialogan entre ellos. Los que ya han declarado se muestran más relajados. No volverán a hablar hasta el término del juicio, como mínimo en mayo. Hasta entonces nada interrumpirá el horario.

A las dos de la tarde se interrumpe la sesión. Los presos vuelven a bajar al calabozo. Comen ahí. Alguno habla con su abogado en la celdilla correspondiente. Vuelven a subir a las cuatro. Se sientan en los mismos sitios. Así hasta las ocho.

A esa hora, en el exterior, la policía se mueve: comienzan a intercambiar mensajes en los radiotrasmisores avisando de que el juicio está a punto de acabar. Los guardias civiles encargados del traslado de los presos pasan conduciendo los furgones. Un agente corre en dirección a los calabozos enarbolando una porra en la que están ensartadas las esposas.

A las nueve y media, los presuntos culpables del 11-M cenan en su cárcel.

Un texto de Antonio Jiménez Barca publicado por el diario EL PAIS el miércoles 21. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

  

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